Druida Cliodna: no sabes la ilusión que me ha hecho ver que tenía mi primer review. Muchas gracias por tus consejos, procuraré seguirlos.
Krissalis Potter: con la foto de Ted Lupin, me refería a la que Remus le enseña a Harry en al sala de los menesteres, que la describen como el niño con el pelo turquesa. Sería muy bueno que alguien se trabajara una fanart o algo así de Teddy!
Sylac: me encanta que te haya encantado el primer cap!!! Sobre el pequeño Snape sólo diré que pronto se sabrá su origen… pero habrá que esperar algo más.
Yedra Phoenix: la verdad es que en cuanto me enteré de que J.K había dejado huérfano también al pobre Teddy, no pude contenerme y decidí que había que hacerle historia. Y en cuanto a Snape… me daba lástima que un personaje tan bueno tuviera que acabar de esa forma, de modo que el pequeño Francis es una especie de tributo. En breve sabremos más sobre él.
Aquí está el segundo capítulo. ¡Gracias por sus reviews, muchos besos a las cuatro!
2. AMIGOS Y ENEMIGOS:
Cuando despertó a la mañana siguiente, Teddy tardó unos instantes en recordar que ya estaba en Howgarts, que aquel día comenzaban las clases, y que había sido seleccionado para Gryffindor. Al recordar esto último, se levantó de un salto y miró su reloj. No eran más que las seis de la mañana, pero se sentía incapaz de volver a dormirse. Procurando no despertar a sus compañeros, se levantó y se vistió lo más rápido que pudo, cogió pluma, tinta y pergamino y luego salió de la habitación.
En la sala común de Gryffindor había sólo dos personas: Francis Snape, recostado en una butaca frente a las brasas de la chimenea, leía atentamente su libro de Encantamientos; y en un sillón bajo la ventana estaba sentada una chica de su edad, que Teddy recordaba haber visto en la selección. Tenía el pelo castaño, largo y rizado y los ojos alegres. Cuando le sonrió, Teddy vio que tenía además la sonrisa más sincera y hermosa que había visto en su vida. En su regazo descansaba un mullido gato persa blanco.
-¡Hola! – Lo saludó ella – eres de primero también, ¿verdad? Yo me llamo Alexandra Wood, pero puedes llamarme Alex.
-Ted Lupin – se presentó.
-Creo que compartes habitación con mi hermano.
-¿Tu hermano? – Teddy se lo pensó, luego se acordó del chico que había conocido la noche anterior – Claro, Ethan.
-Si, Ethan – afirmó ella. Señaló los utensilios que Teddy había bajado consigo. - ¿Acaso piensas ponerte a trabajar antes de que empiecen las clases?
Confuso, Teddy miró los objetos, como si no supiera para qué servían.
-Ah, esto. No, tengo que escribirle una carta a mi familia.
-Ah, claro – no dijo nada más. Ted se sentó en una mesa y comenzó la carta. Francis ni siquiera lo miró y Alex se sumergió en la lectura de la Historia de Hogwarts, sin dejar de acariciarle la cabeza a su gato, que ronroneaba suavemente.
Cuando acabó de escribir, Teddy miró la hora. Eran las seis y media. Tenía tiempo de sobra para encontrar la lechucería y enviar a Valkiria con la carta para los Potter. Se columpió sobre las patas traseras de su silla y la leyó una vez más.
Queridos Harry y Ginny:
En Hogwarts todo bien. Hice amigos en el tren, y uno de ellos creo que es familia de vuestra amiga Luna Lovegood, se llama Sean y es bastante simpático. El otro se llama Brian Stebbins y aunque es más serio, puede ser gracioso si se lo propone.
No sé si lo sabíais, pero Neville ha entrado como profesor de Herbología este año. También hay un nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, un hombre muy extraño llamado Gabriel Princestone.
Por cierto, tanto a mí como a mis amigos Sean y Brian nos seleccionaron para Gryffindor, la casa vuestra y la de mi padre, aunque el Sombrero Seleccionador se lo pensó un buen rato conmigo, y por un momento temí que me mandara a Slytherin.
Bueno, llevamos menos de veinticuatro horas separados, así que tampoco ha pasado nada más. Espero que por allí esté todo bien. Dadle un abrazo de mi parte a James y Albus, y mandadle un beso a mi abuela.
Besos.
Teddy
Posdata: hay un chico aquí que se llama Francis Snape. ¿Sabíais que Snape tuviera familia? Tenía entendido que su padre era muggle, y que no tenía hermanos. Además, Francis está también en Gryffindor.
Besos.
Satisfecho, se levantó y enrolló el pergamino. Alex lo miró.
-Voy a mandar la carta – informó Teddy. Se sintió estúpido. – Nos… nos vemos en el desayuno.
-Hasta luego – se despidió ella con una sonrisa.
En su rincón junto a la chimenea, Francis Snape ni siquiera levantó la vista.
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Teddy tardó veinte minutos más en encontrar la pajarería de las lechuzas. Finalmente, tras subir una empinada escalera de caracol, llegó a aquella sala oscura llena de susurros y ululatos. Valkiria voló hasta él desde su percha situada entre dos lechuzas pardas. Dio un picotazo de saludo a su dueño, y extendió solícita su pata para que le atara la carta.
-Es para Harry y Ginny, ¿de acuerdo? – Teddy se acercó a la ventana mientras le acariciaba las suaves plumas negras como la noche – es la primera vez que vas a recorrer una distancia tan larga, pero a partir de ahora esta va a ser la costumbre. - Valkiria ululó en señal de aprobación. Luego extendió las alas y emprendió el vuelo. Cuando la lechuza hubo desaparecido en el horizonte, Ted miró la hora. Tenía cinco minutos para volver a la sala común de Gryffindor y reunirse con sus amigos.
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Cuando llegó a la torre, la sala común estaba vacía, y los ruidos provenientes de la escalera le indicaron que sus compañeros se estaban levantando. Echó una mirada a su alrededor y descubrió al gato de Alex observándolo desde un sillón. Se acercó y le acarició la cabeza, con cuidado. El gato ronroneó y cerró los ojos. En ese momento, aparecieron Sean, Brian y Ethan.
-Pareces que le caes bien al gato de mi hermana – comentó Ethan - ¿la has visto por aquí?
-Me la he encontrado antes, pero ahora mismo no sé donde está – explicó Teddy. El gato blanco se apartó de él súbitamente y se marchó en dirección a los dormitorios de las chicas.
-Será mejor que bajemos a desayunar, o llegaremos tarde a clase – dijo Brian. Los demás lo siguieron por el hueco del retrato.
-Por cierto, ¿alguien ha visto a ese Snape? – preguntó Sean – no estaba cuando nos levantamos.
Los otros dos se encogieron de hombros, pero Teddy habló:
-Antes lo vi también a él en la sala común, pero fui a la lechucería y cuando volví ya no estaba.
En ese momento los cuatro Gryffindors pasaban junto a un enorme espejo situado en una pared del cuarto piso. Teddy observó su reflejo, y se sorprendió al darse cuenta de que no había cambiado su aspecto desde el día anterior, justo antes de subirse al tren. Se concentró un momento, y justo después su pelo había pasado del castaño claro a rojo fuego. Frunció el ceño; así parecía un Weasley, y podría acarrear confusión. Volvió a intentarlo, y esta vez pasó a ser rubio con un matiz dorado. Sonrió satisfecho y se apresuró a alcanzar a sus compañeros, que lo observaron con asombro.
-¿Cómo has hecho eso? – preguntó Sean asombrado. Ted recordó que no les había dicho a sus amigos nada acerca de su habilidad.
-Ah, bueno… eso. Em… es algo que heredé de mi madre.
-¡Qué pasada! – Exclamó Ethan - ¿¡eres un metamorfomago!?
-Si, algo así.
Sean soltó un silbido de admiración.
-¿Y eso dónde se puede aprender? – preguntó Brian.
-Lo siento… tengo entendido que no se puede.
Por fin habían alcanzado el vestíbulo. Torrentes de estudiantes se dirigían a las grandes puertas de roble del Gran Comedor, de camino a su desayuno. Frente a ellos cruzaron tres Slytherins que habían sido seleccionados con ellos la noche anterior. Ted reconoció a Leopold Lewis, el del pelo caoba y los ojos fríos, y Angelus Zabini, que había mirado a los demás con gesto altanero, justo como los estaba mirando a ellos en ese momento. Con ellos iba un niño con el pelo castaño cortado casi al cero, lo que acentuaba sus ojos saltones y grises. Era muy pálido, y tenía una desagradable cara alargada, con una mueca despectiva dibujada en sus labios. En aquel momento, mientras pasaba junto a Teddy y sus amigos, los señaló, les dijo algo al oído a sus compañeros, y los tres se echaron a reír. Luego continuaron su camino hacia el Comedor. Los cuatro Gryffindors entraron tras ellos.
-¿De qué van? – susurró Ethan mirando despectivamente las tres espaldas que iban delante suya.
Cuando llegaron a su mesa, Sean miró a los Slytherins con desprecio.
-No les hagas caso. Esos iban liándola en el tren. Se creían los dueños o algo así, supongo que han encontrado a un amiguito tan imbécil como ellos y se han puesto así de contentos.
Julios Jarrows pasó en aquel momento repartiendo los horarios. Teddy miró el suyo con interés. A su lado, Brian soltó un bufido de disgusto.
-Nada más empezar la mañana tenemos Historia de la Magia con Binns, dicen que es un auténtico aburrimiento. Luego, pociones dobles con el viejo Slughorn y los de Ravenclaw. Y más tarde, ¡Transformaciones con los Slytherins!
-Pero luego tenemos Herbología, mira – añadió Ethan.
-Será lo único que se salva del día – repuso Brian.
Teddy no participó en la discusión. Su mirada se dirigía a la esquina de la mesa, donde Francis Snape comía sus gachas en silencio. Cerca de él, Alex reía con sus amigas sin parar de hablar. En ese momento, cientos de lechuzas atravesaron los amplios ventanales, volando en dirección a sus destinatarios. Teddy ni siquiera buscó una mancha negra en aquel mar de alas, era imposible que Valkiria hubiera llegado a casa de los Potter.
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La mañana se desarrolló sin grandes imprevistos. Pasaron una aburrida hora en Historia de la Magia, tomando apuntes del monótono dictado del fantasma profesor Binns. En la hora de Pociones, el profesor Horace Slughorn comenzó la clase pasando lista, y se paró para preguntarles a algunos alumnos sobre sus orígenes. Cuando llegó al nombre de Ted Lupin, miró al chico con suspicacia.
-Lupin, ¿eh? Recuerdo muy bien a tu padre, chico. Él y Evans eran los mejores de su clase, sin duda alguna. Aunque hay que admitir que las Pociones no eran su fuerte. Evans, sin embargo poseía un don natural… - el profesor pareció perderse en sus propios recuerdos, hasta que volvió bruscamente a la realidad – supongo que tendrás numerosas noticias de Harry Potter, siendo su ahijado, ¿no es así?
-Em… si, profesor – Teddy fue consciente de que sus compañeros lo observaban con curiosidad – él está bien, y… bueno…
-¡Naturalmente! – lo interrumpió Slughorn – bueno, la próxima vez que le escribas, mándale mis recuerdos. Bien, volviendo a la clase…
Pasaron las dos horas intentando fabricar una infusión contra el mareo, aunque al final de la clase sólo Brian y una chica de Ravenclaw llamada Sarah Burton se habían acercado al resultado.
Sin embargo, tras aquella tranquila mañana, llegó la hora de compartir clase con los Slytherins. Leopold Lewis, Angelus Zabini y el chico de los ojos saltones estaban ya en el pasillo cuando Ted y sus amigos llegaron. El joven Lupin tuvo la impresión de que los estaban esperando, ya que en cuanto los vieron aparecer se acercaron a ellos con gesto engreído.
-Tú eres ese que viene de una familia de chiflados – le espetó Lewis a Sean - ¿es verdad que tu tío es editor de una revista para bichos raros, y que tu primar es Lunática Lovegood?
Ethan y Brian agarraron a Sean para que no se lanzara contra Lewis. La sonrisa había desaparecido de su rostro, y apretaba las mandíbulas mientras lo miraba con rabia.
-A vosotros no os conozco – dijo Angelus señalando a Brian y Ethan – pero tú – añadió mirando a Ted – eres el hijo de Remus Lupin.
El tercer Slytherin soltó una carcajada que más bien pareció un graznido. Teddy se puso tenso. En aquel momento, un corro de alumnos se había formado a su alrededor. Ted vio a Alex mirándolo con aprensión. Sólo Francis se mantenía apartado.
-Si, Chris – una sonrisa se había formado en el rostro de Zabini. No era una sonrisa agradable. Ted recordó el nombre del otro chico. Christopher Petersen. Así se llamaba. – Dicen que su padre fue en héroe – añadió Angelus.
-¡También dicen que su padre era tan pobre que no podía mantener a su mujer, y que vivía en casa de sus suegros! ¡Dicen que lo echaron de Hogwarts por…!
Teddy se había abalanzado sobre Petersen, lo había agarrado del cuello de la túnica y lo mantenía estampado contra la pared, mirándolo con odio. Algunas Slytherins gritaron. Justo entonces Julios Jarrows abrió la puerta del aula.
-¿Qué está pasando aquí? – Teddy soltó de inmediato a Chris, pero el profesor ya lo había visto - ¿qué es todo esto?
Ted no dijo nada. Dirigió la mirada al suelo.
-No ha sido culpa suya, profesor, se estaban metiendo con su padre… - era la voz de Brian.
Jarrows lo miró un momento y luego se dirigió a Petersen.
-¿Es eso cierto?
-¡No! – mintió él. Su respuesta fue acogida por un corro de gritos.
-¡Es verdad! – gritó Ethan.
-¡También se metieron con Sean! – añadió una chica de Gryffindor llamada Catherine Carter.
-¡Ellos no le habían dicho nada! – dijo Alex.
-¡Se lo estaban buscando! – sentenció Alicia Lordwell, otra Gryffindor.
Jarrows se lo pensó durante unos minutos, luego se cruzó de brazos.
-Cinco puntos menos para Slytherin, por insultar a un compañero y mentir a un profesor. Y cinco puntos menos para Gryffindor, por mucho que te insulten, no hay que reaccionar con la violencia. Ahora, entrad en clase.
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Teddy no habló en lo que quedó de tarde. Y ni siquiera se preocupó por parecer cortés cuando Neville Longbottom le preguntó por los Potter en Herbología. Apenas cenó, y cuando volvieron a la sala común subió directamente a su dormitorio. Una vez solo, le pegó una patada al baúl, que se abrió de golpe, y se sentó en la cama, furioso. En realidad, sentía que estaba enfadado con Zabini, Lewis y Petersen; pero sobre todo consigo mismo. No debería haber reaccionado de esa manera. Su padre, según le habían contado, había sido un hombre pacífico, que prefería solucionar las cosas hablando antes que luchando. Su padre no habría reaccionado como él en una situación como aquella. Enterró el rostro entre las manos. Se levantó y se dirigió al baúl para cerrarlo. Entonces se fijó en algo que sobresalía del bolsillo interior de una de sus túnicas de repuesto. Lo cogió y lo observó.
Era una foto de sus padres. En ella, un hombre de 37 años, con el pelo castaño lleno de canas y los ojos dorados como los suyos, le sonreía tímidamente mientras abrazaba a una bruza de pelo corto y rosa fucsia, que saludaba con la mano. La bruja estaba embarazada, aproximadamente de siete meses. Si una palabra podía describir lo que expresaban era sin duda felicidad. Ted se sentó de nuevo en la cama, sin dejar de observar la foto. En aquel momento, la tristeza por no haber conocido a sus padres lo inundó como nunca, y sintió una cálida emoción que subía por su pecho y se instalaba en su garganta, formándole un nudo. Parpadeó para no llorar, y en ese instante se abrió la puerta de la habitación, y entró Francis Snape. Se lo quedó mirando, con el pelo negro cayéndole sobre los ojos y una expresión inescrutable.
-No deberías dejar que te afecte – dijo. Ted lo miró, sobrecogido. Francis parecía sorprendido consigo mismo, pero siguió hablando – es mejor no escucharlos, sobre todo si tú sabes que no tienen razón, ni saben la verdad.
Después de aquello salió del dormitorio.
Teddy colgó la foto de sus padres en la pared junto a su cama, al lado de un póster de los Appleby Arrows; y, sintiéndose mucho mejor, se dispuso a bajar y reunirse con sus amigos.
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Hasta aquí el segundo capítulo. Espero que hayan disfrutado leyéndolo tanto como yo escribiéndolo. Puede que el fic tenga un ritmo un poco lento al principio, pero luego lo aligeraré (si fuera escribiendo a día por capítulo, imagináoslo). ¡Gracias por leer!
