Druida Cliodna: antes que nada ¡gracias por la dire! Y gracias también por avisarme de lo de los reviews anónimos, no me había dado cuenta de que los tenía bloqueados.

Y no te equivocas, no es lo primero que escribo, pero si que es lo primero que publico. Me alegro de que mis personajes resulten creíbles y reales, creo que eso es de lo más difícil a la hora de escribir.

Yedra Phoenix: todo llegará a su momento… sólo espero que al acabar no se me quede ningún cabo suelto. Espero que te siga gustando mi historia : )

Zelany: a ver qué te parecen el segundo capi y este. Y el chico Snape… se sabrá en un futuro.

Besos para las tres!!! Y gracias por sus reviews.

Aquí os dejo el tercer capítulo. Este creo que me ha salido algo más corto que los otros dos. Me he dado cuenta de que el origen del nuevo Snape se ha convertido en un gran misterio… : ) pero todo a su debido tiempo. ¡Qué lo disfrutéis!

3. EL CASTIGO Y EL PREMIO POR SERVICIOS ESPECIALES PRESTADOS AL COLEGIO.

-Está bien, si vamos por detrás, puede que la profesora Hooch no nos vea.

-Si, pero Filch o la Señora Norris podría vernos desde una ventana.

-Si claro, y volando también. Es mejor entrar a saco y ya está.

-Todo esto es una estupidez, ¿no podéis esperar hasta el año que viene?

Tres pares de ojos fulminaron a Teddy, que enmudeció al instante.

Sean, Brian, Ethan y él estaban sentados a la sombra de un haya, bajo el plomizo cielo de Octubre. Los cuatro amigos habían aprovechado la mañana libre del primer sábado del mes para descansar por primera vez en aquellos 30 días que llevaban en Hogwarts.

Dejando a sus tres amigos cuchicheando y planeando la mejor forma de robar las escobas del cuarto donde las guardaban, Ted apoyó la espalda contra el tronco del árbol y miró a su alrededor. Los terrenos estaban sembrados de estudiantes que iban y venían. Sentado en la puerta de su cabaña, Hagrid, el guardabosques, entablillaba las ramas de unos cuantos bowtruckles. Cerca de la orilla del lago, Alex descansaba con sus amigas Alicia, Catherine y Patricia. Cuando vio que Teddy las estaba mirando, la hermana de Ethan levantó una mano a modo de saludo, que el chico respondió. Por más que intentara contenerse, Ted solía descubrirse a si mismo mirando a Alex, como en aquel momento, deseoso de que ella lo mirara también a él. Por suerte, Ethan no lo había descubierto: el chico era tan protector con su hermana, que se había llevado un castigo el día en que el profesor Jarrows lo había descubierto apuntando con su varita a Christopher Petersen, después de que éste empujara a Alex a la salida de Transformaciones.

El gran problema al que se enfrentaban Teddy y sus amigos eran los Slytherins. Buscaban cualquier pretexto para insultarles y provocarles, y a Ted cada día le resultaba más difícil contenerse para no ir a pegarle un puñetazo a alguno de ellos, en especial a Lewis, que le tenía más aversión. El metamorfomago sabía que se comportaban así porque él había atacado a Petersen el primer día.

Los ojos dorados de Teddy vagaron por el terreno, hasta que se fijaron en alguien más.

No muy lejos de allí, apartado de los demás y leyendo un libro estaba Francis Snape.

Ted lo observó durante unos instantes. El chico no había vuelto a dirigirle la palabra a nadie desde su segunda noche en Hogwarts. Siempre se mantenía apartado de los demás, siempre estudiando o leyendo; no era de extrañar que se hubiera convertido en el mejor alumno del curso. Y a pesar de esto nunca hablaba con nadie, si el profesor preguntaba algo en clase, nunca levantaba la mano deseoso de responder, aunque Teddy estaba seguro de que siempre sabía las respuestas.

En ese momento, una suave brisa movió las hojas de los árboles del Bosque Prohibido, y Teddy tomó una decisión. Si que sus compañeros se diesen cuenta, se levantó y se dirigió con paso decidido hacia Francis Snape. Cuando ya casi estaba frente a él, el chico lo taladró con aquellos ojos negros sin fondo, pero Ted no se acobardó. Intentó sonreírle.

-Hola. Esto… me preguntaba si… si querrías venirte con nosotros. En fin… - Snape lo miraba como si estuviera loco, y podía sentir los ojos de sus amigos clavados en su nuca.

Francis levantó las cejas y giró la cabeza para echar un vistazo a los amigos de Teddy, que permanecían bajo el haya, mirándolos.

-No parece que ellos estén de acuerdo contigo.

Ted no se volvió para mirarlos.

-Lo estarán.

Los ojos de Francis se clavaron en los suyos.

-No quiero causarte problemas con tus amigos. Deberías dejarme en paz e irte con ellos.

-Deberías ser más optimista – Teddy no sabía qué hacer para convencerle – no lo sabrás si no lo intentas.

Francis lo ignoró, y volvió a fijar la vista en su libro. Ted se quedó allí de pie, sin saber muy bien qué hacer. Y ya iba a darse por vencido cuando sintió que un brazo le rodeaba los hombros. Sean los había alcanzado y estaba de pie a su lado, mirando a Snape.

-Eh, Francis, ¿por qué no vienes con nosotros?

Teddy cruzó una mirada de agradecimiento con su amigo, que le había tendido una mano a Francis, muy serio. El chico pareció dudar, pero finalmente la aceptó y se incorporó, llevando su libro bajo el brazo. Los tres se pusieron en camino hacia el haya, donde esperaban Ethan y Brian.

-¿Qué es eso que llevas ahí? – preguntó Sean, agarrando el libro de Snape. Leyó el título – es el libro de Transformaciones. ¿No pillas algo?

Francis pareció avergonzado.

-Es lo de transformar el lápiz en un cuchillo… no acabo de entenderlo.

-Genial, Brian te echará un cable. El hijo de mala bludger parece que haya nacido transformándolo todo.

Un atisbo de sonrisa pareció formarse en la expresión pétrea de Francis.

Pero cuando llegaron al haya, los tres Gryffindors se encontraron con una desagradable sorpresa.

Leopold Lewis, Angelus Zabini y Christopher Petersen estaban allí. Brian y Ethan parecieron aliviados cuando vieron aparecer a sus compañeros. Sean se adelantó y se enfrentó a los Slytherins.

-¿Qué queréis ahora?

Lewis se plantó frente al rubio y le sostuvo la mirada.

-Nada, sólo comentábamos el paisaje – señaló a Hagrid, que en aquel momento se dirigía al linde del bosque con Fang trotando a sus pies – nos preguntábamos desde cuándo se permite que bestias enseñen en Hogwarts.

Teddy se adelantó y se situó junto a Sean.

-Ya te gustaría a ti valer la mitad que Hagrid, Lewis.

Leopold soltó una carcajada seca, mientras Christopher lo miraba expectante y Angelus observaba con cierto interés los movimientos de Alex y sus amigas en la orilla del lago.

-Aparta tus sucios ojos de ella, Zabini – gruñó Ethan.

-No preocupes, Wood. No está prohibido mirar.

-A ella, si.

Teddy desvió la mirada de su amigo y centró su atención en Lewis.

-De todas formas eso no me preocupa demasiado – estaba diciendo - por lo que sé, ese Hagrid lleva años enseñando aquí. Y no sería la primera vez que entran animales en el colegio. Mi padre me ha dicho que Dumbledore contrataba todo tipo de gentuza: desde hombres lobo hasta mortífagos traidores…

Sean intentó sujetar a Ted, pero llegó demasiado tarde. El chico se había abalanzado sobre Lewis, y lo había derribado de un puñetazo. Angelus y Christopher sacaron sus varitas, pero Ethan y Brian fueron más rápidos. Los cuatro permanecieron de pie, apuntándose unos a otros y fulminándose con la mirada. Leopold se levantó y se llevó una mano al labio, que se le había partido y sangraba copiosamente. Teddy respiraba agitadamente. Había sacado su varita, y apuntaba a Lewis. Sentía que algo intentaba estallar en su pecho, por lo que intentó respirar hondo y calmarse un poco.

-¿Vas a hacerme algo, Lupin? – lo retó el pelirrojo entornando sus ojos azules – no te preocupes, no te pasará nada. Últimamente, ni los seguidores del- que- no- debe- ser- nombrado van a Azkaban…

Algo golpeó el brazo con el que Ted sujetaba la varita, desviándola. Un instante después, vio que Francis corría hacia Leopold, que no se lo esperaba, y que los dos caían al suelo y rodaban sin dejar de pelear…

-¡LEWIS, SNAPE! ¿¡QUÉ CREÉIS QUE ESTÁIS HACIENDO!?

Era el profesor Princestone, que les impartía Defensa contra las Artes Oscuras. Detrás de él venían Neville, con gesto preocupado, y Hagrid. Con un movimiento de la varita, Francis y Leopold salieron despedidos cada uno en una dirección. Teddy le ofreció su mano a Snape.

-Lupin, ¿qué se supone que es eso? – los ojos bicolor de Princestone se clavaron en su mano manchada por la sangre de Lewis. Ted no supo qué responder.

-Me… ellos me agredieron, profesor – gimoteó Leopold – se me echaron encima… yo no pude hacer nada.

-¡Es cierto! – exclamó Christopher.

-Quisimos intervenir, pero sus amigos nos amenazaron – añadió Zabini. Ted vio, no sin consternación, que Angelus y Chris habían guardado sus varitas a tiempo, mientras que Ethan y Brian aún permanecían con las suyas en ristre. Al darse cuenta de esto, las bajaron lentamente.

-Han empezado ellos, profesor… - intervino Sean. Pero no tenían ninguna prueba y además, Lewis se había limitado a hacer comentarios sin dirección, aunque con el claro objetivo de ofender a Teddy y Francis.

Gabriel Princestone fulminó con la mirada a Sean y se dirigió a Ted.

-¿Alguna explicación?

Enfurruñado, Teddy se encogió de hombros.

-Supongo que pensarás que ellos mismo se lo buscaron.

-A lo mejor – murmuró Francis.

-¿Dices algo, Snape? – lo increpó el profesor, pero Francis negó con la cabeza.

Neville se adelantó y agarró del brazo a Leopold.

-Será mejor que me lleve a este chico a la enfermería, Gabriel.

-Si claro – dijo el nombrado sin mirarlo – y estos dos me van a acompañar a hacerle una visita a Julius Jarrows, ¿verdad que si? Es el jefe de vuestra casa. Andando. Vosotros, Wood y Stebbins. Que sepáis que habéis perdido diez puntos para Gryffindor cada uno. Ahora, iros todos a vuestras salas comunes. Hagrid, asegúrate de que llegan sin pelearse.

De modo que todos emprendieron el camino de vuelta al castillo. Brian, Ethan, Angelus y Christopher marcharon delante, con Hagrid. Neville llevaba a Leopold del brazo, y Francis y Teddy caminaban cabizbajos al lado del profesor Princestone. En un momento dado, Lewis les dirigió una mirada burlona a Ted y Snape, pero Princestone no lo vio. Teddy sintió que le hervían las entrañas.

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Cinco horas después, Teddy miraba ausente por la ventana de la sala común de Gryffindor, demasiado frustrado y enfadado para hablar con nadie. Después de quitarles veinticinco puntos a cada uno, el profesor Jarrows les impuso un castigo para aquella misma tarde, estropeándole el día libre. Francis no había vuelto a abrir la boca, y mucho menos se había acercado al grupo de los cuatro Gryffindors. Sean, que era el que tenía fama de alborotador, era el único que se había librado de aquella, pero estaba tan enfadado como sus amigos.

-Ese Lewis – murmuraba, más para si mismo que para los demás – uno de estos días lo pillaré y me encargaré de cerrarle la bocaza.

Ted no lo escuchaba. Había vuelto a hacerlo, se había comportado como un auténtico imbécil. Se había dejado llevar, había caído en la trampa de Lewis, y había salido perdiendo. Intentaba olvidarlo, pero las palabras de Leopold, llamando gentuza y bestias a los hombres lobo lo llenaban de ira, y le hervía la sangre en las venas. Estaba pensando cómo podría buscar una forma de vengarse del Slytherin cuando unos golpes en el cristal de la ventana lo sacaron de su ensimismamiento. Valkiria se encontraba allí, posada en el alféizar de piedra. El chico se sintió aún más culpable: se había olvidado por completo de su lechuza, a la que no había visto desde su primera mañana en Hogwarts. Teddy se apresuró a abrir el cierre para que el ave azabache entrara en la sala común. Se sorprendió al ver la gruesa carta que le traía. Cuando se la desató, la lechuza planeó por la sala hasta posarse en el pasamanos de la escalera, esperando tal vez algún agasajo de su amo. Pero Teddy la ignoró al reconocer la letra de su padrino en el sobre. Se apresuró a abrir la carta y la leyó.

Querido Teddy:

Antes que nada, enhorabuena por tu selección para Gryffindor, aunque sabes que habríamos estado igual de orgullosos si hubieras acabado en cualquier otra casa.

Me alegro también de que hicieras amigos, esos que me has descrito parecen buenos chicos, espero que no os metáis en demasiados líos.

El motivo de que hayamos tardado tantísimo en contestarte es lo que nos contaste en tu carta acerca de ese tal Francis Snape. Nos sorprendió muchísimo, y decidimos investigarlo, pero no hemos encontrado ningún indicio de la familia Snape en los libros, así que supongo que hasta que él mismo decida desentrañarlo, su origen es un misterio. De todas formas, descartamos a la familia de Tobías Snape, puesto que él era muggle.

Esperamos que disfrutes de un buen curso, y que no nos llegue ninguna lechuza con malas noticias sobre ti.

Un abrazo

Harry Potter.

PD: Acerca de tu amigo Sean: le preguntamos a Luna, y nos dijo que es primo suyo, y que si ha acabado en Gryffindor es porque seguramente fue concebido tras la muda de piel de los Blibbering Hundinger…

Harry.

PPD: Theodore: estábamos a punto de enviar a Valkiria, cuando nos llegó una carta de Neville Longbottom. En ella nos ha contado todo lo referente a tu pelea con ese chico de Slytherin, Leopold Lewis. Tengo que decirte que me he sentido muy decepcionado, Ted, no me esperaba ese tipo de reacción por tu parte, y te aseguro que ni tu madre, ni muchísimo menos tu padre lo habrían aceptado. Estoy plenamente de acuerdo con el castigo que os han impuesto a Francis y a ti, y me desilusionaría aún más si vuelvo a recibir otra carta contándome algo parecido. No dudo que tuvo que decir algo para merecérselo, pero la violencia sólo genera más violencia, y eso puede ser algo muy peligroso en el mundo mágico, tú lo sabes muy bien.

Ginny sale de cuentas en un mes, te mandaremos una lechuza cuando de a luz.

Harry.

Cuando acabó de leer la carta de su padrino, Ted se sintió si cabe aún peor que antes, y no pudo dejar de sentirse furioso con Neville, por actuar como si fuera su niñera. Sacudió la cabeza y miró la hora. Tenía que cumplir con su castigo en cinco minutos. Con un suspiro y un gesto de despedida hacia sus amigos, se levantó y salió por el hueco del retrato. Pudo oír el ululato indignado de Valkiria a su espalda, pero lo ignoró.

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Su castigo consistió en sacarle brillo manualmente a las condecoraciones del salón de los trofeos. Francis y él trabajaron sin mirarse, completamente solos, durante más de tres horas. Sin que se dieran cuenta, el sol comenzó a ponerse, pero como Filch aún no se había dignado a aparecer por ahí, siguieron trabajando sin parar. Teddy estaba exhausto y le apestaban las manos a abrillantador cuando se incorporó tras pulir la superficie de la copa de Quidditch de 1993. Miró a su alrededor y vio a Snape parado, con la vista fija en una gran placa, situada junto a un armario esquinero, que ocupaba más de media pared y que contenía más de cincuenta nombres. Ted se acercó a él y leyó la inscripción.

A LOS CAÍDOS DURANTE LA BATALLA DE HOGWARTS (1997)

Y encabezando la lista de los nombres:

SEVERUS SNAPE (1960 – 1997)

REMUS JOHN LUPIN (1960 – 1997)

NYMPHADORA TONKS - LUPIN (1973 – 1997)

FRED FABIAN WEASLEY (1978 – 1997)

COLIN CREEVEY (1981 – 1997)

La lista se extendía hasta los cincuenta y cuatro nombres. Cincuenta y cuatro magos y brujas que habían dado la vida, junto a sus padres. Ted respiró hondo y se esforzó en apartar la vista de la placa. Miró a Francis, pero este había dejado de prestarle atención a la placa de los caídos y ahora miraba con una extraña expresión crispada la repisa del armario esquinero que estaba junto a la placa. Ahí había otra condecoración, y cuando la leyó, Teddy volvió a sentir una ira sorda que se extendía por su interior. La placa rezaba:

PREMIO A LOS SERVICIOS ESPECIALES PRESTADOS AL COLEGIO

T. S. RYDDLE

1942

Como en un sueño, sin prestar atención realmente a lo que hacía, Teddy se acercó al armario, lo abrió y cogió la placa de Tom Ryddle. Luego, sin decir nada, se dirigió hacia la puerta, la abrió, y salió seguido de Francis. Los dos bajaron las escaleras en silencio, cruzaron el vestíbulo sin dirigirse una mirada y atravesaron los oscurecidos terrenos en dirección al lago con la misma determinación en mente. En la orilla, Teddy se paró y miró a Francis a los ojos. Luego, como si de un ritual se tratara, le entregó la placa.

El joven Snape tomó impulso y luego, con un solo movimiento rápido, lanzó la condecoración con todas sus fuerzas. Ambos observaron el brillo del oro girando en el aire, rompiendo la noche, hasta que cayó en las frías aguas del lago y se hundió para siempre.

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Y hasta aquí llegó el tercer capi. Espero que os haya gustado. ¡Gracias por leer hasta aquí!