KARLAGILMORE:me alegro de que te encante mi fic y espero que sea verdad eso que dices, porque el final de la saga de Harry Potter da para muchísimos fics más.
Yedra Phoenix: bueno mujer¡el fic no se lo van a llevar a ninguna parte! Si eso, pues te doy permiso para que veas todos los partidos de la selección que quieras XD.
Y bueno, ten en cuenta que los chicos apenas llevan un mes en Hogwarts¡y aún no han aprendido a maldecirse los unos a los otros!
Y la verdad es que no se me ocurrió lo de la postdata de Ginny, pero ahora que lo pienso, tal vez si que dejé al pobre Teddy un poco aplastado…
Que pases unas buenas vacaciones en el pueblecito, para cuando llegues te encontrarás con un montón más de capis esperándote; )
Druida Cliodna: no te preocupes, yo también he pensado que a lo mejor esa rivalidad entre los Slytherins y los Gryffindors me estaba quedando algo convencional y tópica, pero creo que he encontrado la manera de enmendarlo en capítulos futuros : )
Mary-Tonks:bueno… lo de llamarlo o no Voldemort fue algo que pensé un poco; pero si la primera vez que Harry lo derrotó, la gente aún temía pronunciar su nombre, supuse que después de una segunda guerra las cosas seguirían igual, porque por muy muerto que esté, lo que hizo ahí queda…
Y no te preocupes, que no voy a dejar a Francis marginado : 3
Zelany:bien, menos mal que tu servidor ya te permitió volver a la página. A mí también me pasa a veces que no me deja abrir ciertos fan fics, y la verdad es que molesta lo que se dice bastante.
Y no se, pero tampoco creo que a nadie le moleste que haya desaparecido una placa que le otorgaron a lord voldemort, encima injustamente .
Muchas gracias por sus reviews, animan enormemente a continuar. Muchos besos a todas!!!
Aquí dejo el cuarto capítulo, disfrutenlo:
4. EL ORIGEN DEL LOBEZNO
Tras aquel castigo juntos, Francis pasó a formar parte del grupo de amigos de Teddy; y aunque podría decirse que sólo hablaba con el joven metamorfomago, Sean, Brian y Ethan lo aceptaron de inmediato.
Mientras Octubre avanzaba, los profesores cada día aumentaban su exigencia, aunque las clases se volvían cada vez más interesantes. Ahora los alumnos apenas salían de la sala común o la Biblioteca, aunque si hubieran podido tampoco lo habrían hecho, porque la lluvia azotaba el castillo día y noche.
Ted y sus amigos pasaban la mayor parte del tiempo en la torre de Gryffindor, cuando Sean y Ethan no estaban castigados. Tras el fallido intento de robar algunas escobas de la profesora Hooch, fueron sancionados por encerrar a la Señora Norris, que ya caminaba cabizbaja y con las orejas caídas, en un armario escobero; también causaron conmoción en las cocinas cuando cambiaron el contenido del barril de salsa por el de zumo de calabaza, y viceversa, y cuando realizaron un encantamiento levitador en el cuarto de baño de las chicas… la lista era casi interminable, y eso que llevaban menos de dos meses en Hogwarts. Por eso, la víspera de Halloween; sólo Brian, Ted y Francis permanecían en la sala común, inmersos en sus redacciones sobre la Maldición de los Demonios para el profesor Princestone, sin duda el que más les exigía de todos. Resultaba difícil no sentirse cohibido en sus clases, mientras el profesor les describía las secuelas de las maldiciones más desagradables con todo lujo de detalles y con un entusiasmo que intimidaba.
Pero si había algo que a Teddy no le hacía mucha gracia, eran las clases de pociones con el viejo Slughorn y los de Ravenclaw, sobre todo desde que un chico de Ravenclaw llamado John Sanders había cogido la molesta costumbre de sentarse en la misma mesa que Ted y Francis, y que dedicaba la clase a corregir todo lo corregible en el trabajo de sus compañeros.
-Tal vez no deberías cortar las raíces en trozos tan desiguales, o burbujeará demasiado fuerte, Ted – el aludido fulminó con la mirada al Ravenclaw y siguió cortando las raíces como le dio la gana. – Francis¿quieres que te diga cómo hay que aplastar eras hojas de eucalipto para que queden flotando exactamente como describe en el libro? – el joven Snape murmuró algo ininteligible entre dientes. – Señor profesor¿debo añadir los colmillos de serpiente plateada ahora o después de tres minutos de cocción?
Teddy cruzó una mirada incrédula con Francis y observó la mesa de al lado. En ella, Ethan, Brian y Sean se partían de risa. Ted bajó la vista hacia su poción para enmudecer, que debía ser de un suave color malva, y descubrió horrorizado que había pasado del añil al rojo brillante. Sin embargo, el contenido del caldero de Francis reflejaba en su cara los tonos violáceos. John observaba con curiosidad por encima de su hombro, espiando el trabajo de sus compañeros. Soltó un silbido de admiración.
-¡Vaya¿Cómo has hecho que se condense tan rápido¿Acaso le has añadido las púas de pino antes que los ciempiés o…? - ignorándolo, Francis se levantó y se dirigió a la pila para lavar sus instrumentos. – Vaya… - repitió John – tu amigo es muy bueno en pociones¿verdad que si? – le dijo a Ted.
Él se encogió de hombros, echando unos ingredientes al azar en su poción, que silbó y se volvió negra.
-Supongo que si.
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La mañana del día de Halloween, Teddy se llevó dos gratas sorpresas. La primera le esperaba a su entrada en el Gran Comedor, cuando vio la imponente decoración: calabazas del tamaño de cabañas que lo iluminaban todo, nubes de murciélagos que volaban de un lado a otro bajo el oscurecido cielo encantado, y aún más fantasmas de los que de por si poblaban el castillo, venidos de otros lugares de Inglaterra, que creaban una atmósfera irreal y etérea. La segunda se la trajo Valkiria durante el desayuno, y era una carta de Harry Potter. Ted, que llevaba sin noticias de su padrino desde el día de su pelea con Leopold Lewis, la cogió precavido, pero el contenido del mensaje dibujó una amplia sonrisa en su rostro.
Querido Teddy:
¿Cómo va todo? Espero que bien, ha sido una suerte que apareciera Valkiria por aquí esta mañana, de lo contrario no te habría mandado esta carta tan pronto.
Bueno¡Ginny ya ha tenido el niño! O mejor dicho: la niña. Nació de madrugada; tiene el pelo tan rojo como los Weasley, y los ojos de su madre. Hemos decidido llamarla Lilly Potter. James y Albus están encantados con ella, y estoy seguro de que está deseando conocerte. Ginny te manda muchos besos, y me manda decirte que como no vengas en Navidad para ver a la pequeña Lilly, te desheredaremos. Espero poder mandarte una foto pronto.
Besos:
Harry J. Potter.
-Genial – murmuró Teddy para si. La pequeña Lilly Potter. Aún sonriendo, releyó la carta una vez más. Sus amigos lo observaban con curiosidad. – Es de mi padrino. Dice que su mujer ha tenido una niña, su tercer hijo.
-Vaya, en Halloween – comentó Sean – tarde o temprano desarrollará una tendencia a mostrar rasgos de Sziflumbert Alado. – Teddy lo miró con los ojos muy abiertos, pero Sean se encogió de hombros y guiñó un ojo – es lo que siempre dice mi prima Luna.
Terminaron de desayunar y salieron a los fríos terrenos. Había dejado de llover, pero la hierba aún se encontraba húmeda, por lo que se encaminaron hacia los bancos de piedra del patio, esperando que quedara alguno libre. Allí se encontraron con Lewis, Petersen y Zabini apiñados en torno a un trozo de pergamino que sostenía Leopold. Ignorándolos, fueron a sentarse junto a unos cuantos alumnos de Ravenclaw y Hufflepuff de primero (John Sanders no se encontraba entre ellos). Pronto salió en el grupo el tema de conversación del inminente primer partido de la temporada de Quidditch: Gryffindor contra Slytherin. Mientras sus compañeros comentaban que sin duda alguna los leones tenían todas las de ganar, ya que contaban con el equipo más veterano (cinco de los siete jugadores estaban ya en su séptimo año), Teddy observaba a los tres Slytherins. Los profesores Slughorn y Princestone se habían acercado a ellos y ahora hablaban con Lewis, que parecía por primera vez auténticamente preocupado y nervioso. Súbitamente, Leopold se echó a llorar. Luego, el chico se levantó y los siguió de nuevo al interior del castillo. Ted frunció el ceño.
-¿Tú que opinas, Teddy?
-¿Eh¿Qué?
Se volvió. Jeffrey Morton, un chico moreno y bajito de Ravenclaw lo estaba mirando.
-Estábamos preguntándonos si piensas presentarte al equipo de Gryffindor el año que viene, se van a quedar un montón de plazas libres.
-Ah, no sé… no tengo escoba.
El tema giró de pronto hacia la calidad de la serie Typhooner, que sin duda dejaban muy atrás a las viejas Nimbus. Cuando Teddy giró la cabeza, vio los ojos negros de Francis fijos en él.
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Como Ted se temía, Francis aprovechó el primer momento a solas que se les presentó para hablar con él.
-Olvídate de Lewis – le susurró en la mesa que compartían en la biblioteca – no es buena idea acercarse a él, ni mucho menos tenerlo como enemigo – daba la impresión de que su amigo no quería irse de la lengua – será mejor que no te hagas preguntas acerca de él.
-¿Qué es lo que sabes? – murmuró Teddy con urgencia. Snape lo silenció con un gesto impaciente.
-Cosas que no debería. Oye, si estoy al tanto de las circunstancias que rodean a la familia Lewis, es por pura casualidad. Tú también podrías saberlo, pero son cosas que es mejor no divulgar…
-¿Tiene algo que ver… con Lord Voldemort?
Francis pareció aterrorizado al oírle decir aquello; no porque Ted hubiera pronunciado el nombre que aún muchos temían, sino por la simple idea de situar a los Lewis cerca del mago tenebroso más temido de todos los tiempos.
-¡No! – exclamó. La bibliotecaria, la señora Magpie, los miró escandalizada. Francis bajó la voz – no tiene nada que ver con Voldemort. No puedo decirte más, y no te molestes en preguntarle a Harry Potter, él tampoco sabrá nada.
-Oye… Lewis sabe que mi padre era un licántropo, y no entiendo por qué le caigo mal, más que eso: parece que simplemente me odia. Nunca le he hecho nada, pero creo que tengo derecho a saber qué es lo que oculta.
La señora Magpie apareció detrás de ellos y los agarró por el pescuezo.
-¡Esto no es vuestra sala común¡Fuera de aquí!
Ted y Francis se encontraron en el pasillo del tercer piso.
-Está bien – comentó Teddy en voz alta – allá tú si no quieres ayudarme. Averiguaré lo que le ha pasado a Lewis yo solo…
Pero Francis no lo escuchaba. Miraba algo que se encontraba detrás de Ted con una expresión extraña en sus ojos oscuros. Antes de que el joven Lupin tuviera tiempo siquiera de volverse, una mano como una zarpa le aferró el hombro.
-Será mejor que me acompañes, Lupin – dijo una voz afónica que el muchacho conocía muy bien – será mejor que tú vuelvas a la torre de Gryffindor, Snape.
Ted le dirigió una mirada resignada a su amigo, y luego siguió al profesor Princestone hasta su despacho. Francis Snape no se movió de donde estaba, sino que permaneció ahí de pie, con los ojos fijos en la figura del profesor, hasta que el pliegue de su túnica desapareció por la esquina.
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Gabriel Princestone lo hizo pasar delante. Cuando entró en el despacho que años antes había pertenecido a su padre, Teddy Lupin no pudo reprimir un grito ahogado.
Las paredes estaban totalmente forradas de fotografías e ilustraciones que mostraban las más atroces enfermedades y maldiciones, las más terribles criaturas. Había allí una imagen mostrando el primer caso de spattergroit, una mantícora que rugía furiosa desde su hueco entre un dibujo de un basilisco y un recorte de periódico que informaba de un asesinato llevado a cabo por una quimera…
Pero lo peor de todo era la ilustración animada a tamaño natural que el profesor tenía colgada detrás de su mesa. En ella se veía claramente la transformación de un hombre en lobo; cómo su espalda se arqueaba, la forma en que sus manos se retorcían hasta convertirse en zarpas, el modo en que su cara se deformaba para pasar a ser un hocico con una boca abierta y llena de dientes afilados como cuchillas…
-¿Te encuentras bien, hijo?
Teddy reprimió un estremecimiento.
-Siéntate – el chico obedeció – supongo que te debo una disculpa – señaló por encima de su hombro la horrible ilustración – lo tengo a mano porque las clases de los de tercero consisten ahora en aprender a identificarlos – lo observó largamente. Ted, incómodo, intentó no fijar sus ojos en la mirada bicolor del profesor - ¿te asusta?
El chico dudó.
-Un poco – reconoció.
-¿Sólo eso? – Teddy no entendía a qué se refería el profesor - ¿no te causa otro tipo de sentimientos¿Ira, alegría tal vez? – parecía animado ante la perspectiva.
-No, señor.
-Entiendo - ¿estaba decepcionado? – no sé si sabrás que yo conocí a tu padre.
Esta vez Ted si que lo miró a los ojos, sorprendido.
-No llegué a tratar con él cuando era ya un adulto – continuó el profesor – pero si que lo conocí cuando no era más que un crío que apenas me llegaba a la altura de la rodilla. Y por supuesto también conocí a sus padres, tus abuelos; John y Silvia Lupin. – Ted no entendía por qué el profesor le estaba contando todo aquello, pero escuchó con atención – por aquel entonces, los Lupin y yo vivíamos en un pueblo al Este de Londres. Se llamaba El Paso de Véstar, y se encontraba rodeado de montañas, montañas cubiertas de bosques, bosques poblados por hombres lobo…
"Por aquel entonces, yo acababa de terminar mi instrucción en Durmstrang y me acababa de instalar en Inglaterra. No hablaba demasiado bien el inglés, pero los Lupin en seguida entablaron amistad conmigo. Recuerdo perfectamente como, todas las noches de luna llena, los hombres lobo aullaban en las montañas. Muchos de ellos eran habitantes del pueblo, que antes de transformarse huían lejos para no herir a sus amigos y familiares. Al pequeño Remus le aterrorizaban, no era más que un crío, cada vez que escuchaba los aullidos lejanos, se echaba a llorar."
"Por desgracia, su padre, John Lupin, era un muggle, y no entendía qué podía ocurrirle a su familia si realizaba una ofensa contra un hombre lobo. Fenrir Greyback era el carnicero del pueblo. A nadie le gustaba aquel hombre, había algo extraño y siniestro en sus formas y en su aspecto… pero nadie se atrevía a plantarle cara, todos sabían que Greyback era un hombre lobo. Y sin embargo, un día en que pretendió cobrarle más de lo que había comprado, John Lupin lo acusó de ladrón. Lo hizo en su propia tienda, delante de todos sus clientes, yo mismo estaba allí presente. Se atrevió a acusarlo de ladrón, y le dijo a la cara muchas de las cosas que todos los del pueblo pensábamos, pero que nunca nos habíamos atrevido a decirle."
"Aquello fue un grave error. Los vecinos intentamos protegerle, le ofrecimos ayuda, le aconsejamos que se disculpara; pero tu abuelo era un hombre muy orgulloso, y no dio su brazo a torcer. Y fue entonces cuando, la siguiente luna llena, Fenrir Greyback no subió a la montaña a transformarse con su manada. Se quedó en el pueblo. Se las ingenió para colarse en el desván de la casa de tu padre y al anochecer, su mente deformada sólo podía pensar en su principal objetivo: el hijo de su enemigo, tu padre, Remus Lupin."
Gabriel Princestone miró al enmudecido Teddy a los ojos.
-Tu padre no tenía más de un año. Y sin embargo, nunca he conocido a un chico como él. Curioso, inteligente, simpático, valiente, y tranquilo. Me mudé del Paso de Véstar cuando el joven Remus empezaba su cuarto año en Hogwarts, y no lo volví a ver. Y si no hubiera vuelto aquí para dar clase, no me hubiera enterado de su muerte – el profesor hizo una pausa – otra de las familias que tiene sus orígenes en ese pueblo rodeado de montañas es la de tu compañero Leopold Lewis. – Princestone se recostó en su silla – te pareces mucho a tu padre, chico, en todos los aspectos. Aunque tal vez no seas muy tranquilo. El caso es que eres extremadamente curioso, como él. – Hizo otra pausa y de pronto se incorporó y miró al muchacho que tenía sentado frente a él, muy serio – La curiosidad no es mala, Theodore, pero no es buena consejera. Hazme caso y apártate de los asuntos de la familia Lewis. Será mucho mejor para todos.
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-Ted¿estás bien? Estás muy pálido…
Teddy se enderezó en su silla. Llevaba toda la tarde y buena parte de la noche pensando en todo lo que le había relatado el profesor. Y aunque en el fondo le estaba agradecido, ya que Harry no había podido facilitarle ningún tipo de detalles sobre la vida de su padre, presentía que tal vez no le había gustado tanto enterarse de cómo su progenitor, su modelo a seguir, se había convertido en un licántropo. Levantó la mirada hacia la luna llena que se dejaba entrever por un hueco entre las nubes. Sacudió la cabeza y miró a Brian.
-Si, claro. Supongo que no es más que cansancio.
Sean reprimió un bostezo.
-Si, bueno. Ha sido una noche larga…
Después del banquete, se habían entretenido con una exhibición de los fantasmas de Hogwarts e invitados, y el profesor Flitwick había hecho las delicias de todos haciendo que las más de cien calabazas gigantes levitaran por todo el Gran Comedor mientras explotaban fuegos artificiales negros.
Ethan se desperezó en su silla.
-Yo también creo que va siendo hora de irse a la cama.
Los cinco Gryfindors se volvieron. Kevin Walter, el prefecto de su casa, estaba de pie detrás de ellos.
No sin protestar, Ted y sus amigos se pusieron en camino.
-¿Habéis visto a Lewis? – preguntó Brian.
-No desde esta tarde – comentó Teddy. Cruzó una mirada con Francis.
-Es algo raro – continuó Brian – no ha estado en el banquete. Habían llegado al retrato – Ojos de escarabajo – añadió.
Subieron directamente al dormitorio y se metieron en la cama sin hablar. Ethan, Sean y Brian se durmieron de inmediato, pero Teddy sabía que Francis aún permanecía despierto.
-Francis…
El chico descorrió las cortinas de su cama y miró a su amigo.
-¿Qué?
Teddy dudó.
-¿Te dice algo el nombre del Paso de Véstar?
Francis permaneció unos segundos en silencio. Sus ojos negros brillaron en la oscuridad.
-No.
Luego corrió las cortinas. Teddy hizo lo propio con las suyas, pero tardó un largo rato en dormirse. Le daba la impresión de que la respuesta de su amigo no había sido del todo sincera.
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Hasta aquí el cap nº 4. La historia de Remus realmente necesitaba escribirla, para mí fue uno de los mayores cabos que Rowling dejó sueltos en la saga. ¡Espero que les haya gustado!
