Yedra Phoenix: bueno, puedo decirte que Princestone siempre dice menos de lo sabe, así que ojos con él… ;) pásatelo muy bien en tus vacaciones!!!

taniamalfoyfelton:este capi ha tardado un poco más que los anteriores, pero aquí lo tienes, espero que lo disfrutes! Me alegra que te gustara cómo he puesto a Teddy y Francis, la verdad es que me preocupaba que a la gente no le parecieran buenos personajes.

Tsu Asakura:de nada XD. Espero tu fic de Teddy, ¿eh? Ya sería buenísimo que a J.K. se le ocurriera escribir su historia, pero… ¿no lo hará sufrir como hizo con Harry? Es que esta mujer es aficionada a dejar niños huérfanos…

Mary-Tonks:la verdad es que yo tampoco me imagino a Greyback con un delantal en una carnicería despachando clientes, pero es lo mejor que se me ocurrió, porque si no, no sé cómo pudo ofenderle el padre de Remus. Y si, Greyback siempre fue y será el peor de los peores licántropos (le arruinó la vida a mi Remus :'( )

Iriel: me alegro de que te gustara el fic n.n

saralppyo también odié profundamente a JKR… pero bueno, por lo menos lo dejá semi aparecer en el epílogo . . Y escribe ese fic de Teddy que tenías pensado!!! Cuantos más, mejor.

Francesca: la verdad es que la página se pone pesada a veces con eso de no dejar entrar a las historias (a mí me pasa continuamente) pero me alegro de que al fin pudieras entrar a leer el fic

Druida Cliodna: la verdad es que a mí Ted siempre me ha parecido que es el diminutivo de Theodore, claro que también creía que Harry era diminutivo de Henry… no lo sé. Por si acaso, mejor lo dejo en Ted y Francis y Sev, bueno, pueden parecerse todo lo que quieras, pero no olvides que Francis SI se lava el pelo XD.

Zelany: intentaré que Teddy sufra lo menos posible a lo largo de este fic, pero creo que alguna que otra vez (vale, muchas veces) va a tener que pasarlas canutas XD.

Krissalis Potter:bueno, Francis prácticamente conoce el secreto de Lewis por pura casualidad, por eso le dice a Teddy que él también podría saberlo. Me alegra que te guste Ted, yo me confieso enamorada de él.

Muchos besos a todas y gracias por sus reviews!!!

Capítulo 5, espero que les agrade. Creo que tal vez baje el nivel un poco con respecto a los anteriores, pero en el siguiente volverá la intriga y el misterio, lo prometo XD. Para compensar, en este vuelven algunos viejos conocidos, difrutadlo.

5. NAVIDAD

Noviembre pasó como un suspiro ante los ojos de Teddy. Las clases, los deberes, su preocupación por el hecho de que Lewis no había vuelto a Hogwarts desde Halloween y el partido de Quidditch (que Slytherin ganó 180 a 450 tras cuatro horas jugando en la tormenta) hicieron que, antes de que nadie se diera cuenta, las vacaciones de Navidad estuvieran a la vuelta de la esquina. Ted no firmó por quedarse en Hogwarts, se moría de ganas por ir a conocer a la pequeña Lily Potter. Sean, Brian y Ethan también volvían a sus casas, pero Francis firmó, y nada de lo que Teddy le dijo lo hizo cambiar de opinión.

-¿Por qué no te vienes conmigo? Voy a pasar las Navidades en casa de mi padrino. Puedo escribirles, seguro que no les importa.

-Déjalo estar, Ted. Te lo agradezco, pero no pienso volver al orfanato, y no quiero ir a pasar las fiestas a casa de Harry Potter.

-¿Es por él? – Ted no lo entendía. No entendía nada.

Francis suspiró y lo miró con disgusto.

-Es complicado. Pero no creo que sea una buena idea, ¿vale?

De modo que Francis se quedó solo en Hogwarts por Navidad, y Teddy no pudo dejar de sentirse culpable. Pero él ya les había dicho a los Potter que iba a ir, y no se le ocurría nada para arreglar todo aquello.

Tal vez su disgusto se le veía en la cara, y por eso, cuando Ted bajó del tren en el andén 9 y 3/4, oyó una vocecita acusadora y un poco llorosa.

-¿Por qué está Teddy triste?

El joven Gryffindor miró hacia abajo y se encontró con unos ojos verdes que lo observaban con una mezcla de admiración y suspicacia. Sonrió y se agachó para coger al pequeño en brazos.

-Porque estoy seguro de que algún que otro niño no se ha portado bien.

-¡Yo he sido muy bueno, Teddy! ¡Lo he sido!

-¿Ah, si? Bueno, pues entonces creo que no tengo motivos para estar triste…

Y dicho esto se cargó a Albus Severus Potter sobre los hombros y echó a correr, mientras el niño no paraba de reír.

-¡Teddyyyyyyyyyyyy!

Otro crío, muy parecido a su hermano, pero con los ojos marrones y alegres y un par de años mayor corrió hacia él por el andén y se abrazó a sus rodillas, con lo que el chico estuvo a punto de caer.

-¡James! Aghhh… qué fuerza tienes ya… un poco más y me levantas con tu hermano encima.

El rostro sonriente de James se iluminó aún más.

-¿Quieres que lo vuelva a intentar?

-¡No! – Por un momento, la idea aterró a Ted - No, mejor dime dónde está tu papá…

El hijo mayor de su padrino le agarró la mano y lo arrastró por el andén, mientras Albus se agarraba a su pelo y tiraba de él.

-¡El pelo de Teddy ya no es bonito! ¡El pelo de Teddy ya no es bonito!

El joven metamorfomago cerró los ojos un momento, y al instante su pelo pasó de un castaño normal y corriente a verde brillante.

-¡Siiiiiiiiiiii!

Por fin, entre grupos de alumnos que se reunían con sus padres y nubes de humo Ted vio a Harry Potter esperándolo, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Parece que ya han conseguido secuestrarte – comentó.

Teddy fingió estar ofendido.

-¡No es justo! ¡Son dos contra uno! ¡Y dos que abultan como veinte! – soltó en el suelo a Albus, que automáticamente se aferró a sus piernas. – Os he echado de menos.

Harry se acercó a él.

-Y nosotros a ti.

Padrino y ahijado se abrazaron con fuerza.

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Cuando Teddy se hubo despedido de sus amigos (tarea difícil de realizar, ya que Albus y James se agarraban continuamente a sus brazos y piernas tirando de ellos, y Harry no hacía nada por impedirlo) y se subió en el coche (obligado por los hijos de su padrino a ir sentado atrás con ellos) pudo al fin, entre los gritos de los críos, hacerle algunas preguntas a Harry.

-¿Ginny está con Lily?

-Si, ellas han preferido quedarse en casa. La niña tiene que comer… tú sabes.

Teddy asintió.

-Esta noche van a venir Ron y Hermione a cenar. Tengo entendido que se van a traer a Rose y Hugo.

-Madre mía la que me espera.

Harry rió.

-¿Qué tal todo por Hogwarts?

-Bien. Todo bien. Aunque cualquiera que viera a los profesores diría que tenemos que aprenderlo todo en un año en lugar de siete.

-Veo que todo sigue igual.

-¡Yo también voy a ir a Hogats! – Exclamó James de pronto - ¡voy a ir y voy a aprender mucho! ¡Y voy a jugar al Qidditch!

-Seguro que si. Y apuesto a que vas a ganar muchas copas. – Afirmó Ted. – El año que viene piensan renovar el equipo de Gryffindor, creo que la mayoría de los jugadores acaban Hogwarts este año…

Harry lo miró por el espejo retrovisor.

-¿Quieres empezar a jugar el año que viene?

Ted se encogió de hombros.

-No lo sé. Puede que si… ya veré.

-¡Yo ya sé vuelar! – gritó Albus - ¿verdad que si, papá? Yo ya vuelo con la escoba del tío Ron…

-¿La escoba del tío Ron?

-Ron y Hermione le enviaron una de esas escobas para críos por su cumpleaños. – Explicó Harry. – Nos vino bastante bien. Al todavía es muy pequeño para volar con la de James, y estaban empezando a pelearse por ello.

En ese momento, la casa de los Potter apareció al final de la calle.

-Fíjate, ya hemos llegado – el pueblo parecía una postal, con el humo saliendo de las chimeneas y los tejados de las casas cubiertos de nieve.

Se bajaron del coche. Harry se dirigió al maletero para sacar el equipaje de Ted, y mientras éste lo ayudaba, Ginny apareció en la puerta, sonriendo.

-¡Teddy! – el chico corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. – Vaya, si que has crecido… me gusta tu pelo.

Ted se dio cuenta de que llevaba con el pelo verde desde la estación.

-Bueno… Albus me obligó. He de decir que tienes unos hijos muy persuasivos.

Ginny lo volvió a abrazar.

-Me alegro de que hayas venido.

El chico se encogió de hombros.

-Tú también eres muy persuasiva.

Albus y James corrían por el jardín, y Harry mandó los bultos de Teddy directos a su habitación haciéndolos entrar por la ventana abierta.

-¿Dónde está Lily? – preguntó el joven Lupin mientras entraban en el recibidor.

-Ven, sube a verla, está dormida.

Teddy siguió a Ginny escaleras arriba mientras Harry procuraba controlar a los niños. Al parecer, su llegada los había vuelto locos.

Cuando entró en la habitación de Harry y Ginny, vio que éstos habían instalado allí la cuna para la recién llegada. Se inclinó con su madre y vio que la pequeña tenía los grandes ojos castaños abiertos.

-Vaya… mira quién está despierta cuando no debería…

Teddy observó a la niña. Tenía el pelo rojo fuego de los Weasley, y unos ojos brillantes e inteligentes que lo miraban con curiosidad.

-Es… genial – murmuró. Levantó la vista hacia la mujer de su padrino – enhorabuena.

Ginny le sonrió maternalmente y le acarició la cabeza.

-Debes de estar cansado después de todo el viaje en el tren. Si quieres puedes ducharte antes de la cena, supongo que Ron y Hermione están al llegar. Tienes muchas cosas que contarnos.

Ted asintió y salió de la habitación. Se volvió en el hueco de la puerta.

-Ginny – la pelirroja levantó la cabeza – gracias por todo.

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Ron y Hermione se alegraron enormemente de ver a Teddy. El chico, que no los veía desde el nacimiento del pequeño Hugo el verano anterior, los abrazó con fuerza a los dos, mientras Rose le tironeaba del jersey, intentando que la cogiera en brazos.

-¡¿Dónde está mi pelirroja favorita?! – exclamó por fin, centrando su atención en la pequeña Weasley y levantándola. La niña chilló de alegría y se abrazó a su cuello.

Hermione corrió a salvarlo de morir estrangulado mientras Ron saludaba a Harry y Ginny.

-Hemos dejado a Hugo en casa de mis padres. Mi madre está encantada, creo que echa de menos eso de tener la casa llena de gente correteando de un lado a otro. Dice que, por supuesto, estáis todos invitados a cenar en La Madriguera el día de Navidad.

-Claro que si, será un placer. – Aceptó Harry.

Después de los saludos de rigor, se sentaron a cenar. Pasaron una velada más que agradable; hablando del trabajo de Harry, Ron y Hermione, de Quidditch, del Mundial que se celebraría en pocos años, y de todo lo que había ocurrido en la familia mientras Teddy estaba en el colegio. Así, el joven metamorfomago se enteró de que Angelina, la mujer de George, estaba embarazada de su segundo hijo; al igual que Fleur, que espera ya el tercero. Supo también que a Percy le habían ofrecido un puesto en la Embajada Mágica al sur de Francia, y que se marcharía a trabajar allí cuando acabaran las vacaciones de Navidad.

-Y Charlie escribió hace un par de días – explicó Ron – dijo que vendría el día de Navidad, a celebrar las fiestas con la familia. Creo que piensa quedarse algunos meses en Inglaterra, para conocer a todos sus nuevos sobrinos, que no son pocos.

-¡El tío Charlie me dijo que me va a regalar un dragón! – Dijo James - ¡y me enseñará a montarlo!

-James, es de mala educación hablar con la boca llena – lo reprendió Ginny.

No hablaron de Hogwarts hasta que la mesa estuvo recogida, los platos lavándose solos en la pila, y los adultos y Teddy sentados en el salón, en torno a la chimenea encendida, con los pequeños durmiéndose en sus brazos.

-Bueno – empezó Harry - ¿qué tal todo? ¿Bien?

Ted asintió enérgicamente. Tenía a Albus Severus sentado sobre sus rodillas, medio dormido.

-Harry y Ginny nos contaron que te pelaste con un chico de tu curso. Con un Slytherin – comentó Hermione con gesto preocupado.

-Insultó a mi padre – explicó Teddy con enojo – dijo que Dumbledore había dado trabajo a gentuza. Mencionó a Hagrid y a mi padre. Y también dijo algo sobre mortífagos.

Ron soltó un gruñido.

-Espero que le dieras su merecido.

-¡Ron!

-¿Qué? – El pelirrojo miró a su mujer y se encogió de hombros – es lo que yo habría hecho, Ted.

-Estoy segura, pero no es lo que hubiera hecho Remus Lupin – repuso Hermione.

Teddy bajó la mirada y observó al crío que dormitaba en sus brazos. Se acordó de Francis, solo en Hogwarts. Un tenso silencio se apoderó de todos ellos. Harry se aclaró la garganta.

-Muy bien. Ted, quiero que me prometas que, diga lo que diga ese chico, no volverás a reaccionar de esa forma.

-Al menos espera a saber unos cuantos maleficios.

-¡Ron!

Teddy sonrió y miró a su padrino a los ojos.

-Está bien, te lo prometo.

-Así me gusta – Harry parecía satisfecho – ahora me gustaría hablarte de ese chico, Snape.

-¿Francis?

-Estuvimos haciendo preguntas, intentando saber de dónde ha salido. – Ginny acababa de llegar de asegurarse de que Lily estaba bien y dormida. – Pero no encontramos nada – se sentó junto a su marido y le cogió a James.

-Se me hace raro – comentó Ron – pensar que el Snape que nosotros conocimos tuvo tiempo de tener un hijo… - fingió estremecerse.

Hermione le dio un codazo.

-¿Y cómo es el chico? – preguntó.

-Es… - Teddy dudó – es muy serio y… es un buen amigo. Si quiere, puede ser incluso simpático, aunque no es su estilo.

-¿Buen amigo? ¿Simpático? – preguntó Ron. Parecía incrédulo – realmente, tenemos que conocer a la mujer que transformó los genes de Snape de esa forma.

Harry sonrió.

-No entiendo esa curiosidad. – Comentó Teddy. – Ni siquiera me ha contado a mí quién es su madre. Puede que ni siquiera la conozca, ¿sabéis? Vive en un orfanato.

Su padrino se incorporó un poco.

-Mira… durante mis siete años en Hogwarts, yo creía que Snape me odiaba. Y después de que asesinara a Dumbledore, yo también lo aborrecí. Todos lo hicimos. El caso es que él se expuso a ser odiado por todos: los mortífagos desconfiaban de él por su cercanía a Dumbledore durante tantos años, y el resto lo depreciábamos porque creíamos que nos había traicionado. Y ahora resulta que tuvo un hijo. – Harry volvió a recostarse. – Estoy seguro de que no esperaba terminar como acabó. Y ese Francis… Albus Severus lleva el nombre de su padre, yo fui el último que estuvo con él, quien escuchó sus últimas palabras. No puedo evitar sentir algo de lástima hacia él, lástima y respeto. Y siento haber pensado de su padre como lo hice, en realidad era un gran hombre.

Teddy asintió en silencio.

-Bueno… si algo es seguro es que Francis es su hijo, pero no podría preguntarle por su madre. Es… es mejor esperar a que él decida contármelo, si lo decide, ¿no creéis?

Hermione le sonrió.

-Por supuesto. Preguntarle algo así a un chico que seguramente ha sufrido muchísimo… sería más propio de Ron.

-¡Oye! – Exclamó él, aparentemente ofendido – yo soy una persona con mucho tacto…

Ted bajó la mirada.

-No es sólo eso… yo sé cómo se siente. A mí tampoco me gusta que me pregunten por mi madre.

De nuevo el silencio se apoderó de todos ellos, hasta que Ron decidió romper el hielo.

-Bueno, será mejor que hablemos de algo más alegre si no queremos echarnos a llorar. – Ginny rió - ¿piensas unirte al equipo de Gryffindor el año que viene?

Ted se encogió de hombros.

-No lo sé. Nunca he probado a volar, así que no estoy seguro de que se me de muy bien. Pero no estaría mal probar, ¿no? – miró a Harry.

-Bueno, no fui el mejor jugador de mi generación en vano – dijo Ron. Todos rieron – ya sabes, yo estoy aquí para lo que necesites…

Hermione se levantó.

-Bueno, creo que ya va siendo hora de dejar que esta familia se vaya a dormir.

-¿Ahora que estábamos en lo mejor? – se quejó su marido. Sin embargo, pareció enmudecer ante la mirada de Hermione. Cogió a la pequeña Rose y se dirigieron a la puerta. Ginny se despidió y fue a acostar a James y Albus, tarea que seguramente le llevaría un buen rato. Harry y Teddy despidieron a Ron y Hermione, que salieron al jardín y se desaparecieron.

Cuando se dirigía a su cuarto, Ted pasó por la puerta del dormitorio de Albus, que peleaba con su madre.

-¡Yo quiero dormir con Teddy! – se quejaba el pequeño. - ¡Quiero dormir con Teddyyyyyyyyy!

-¡Albus! Cállate o despertarás a tu hermano. No puedes dormir con Teddy porque entonces James también querría, y no podéis dormir los tres juntos.

Ted dejó a Ginny guerreando con su hijo, fue a su habitación y se acostó. Cerró los ojos y sonrió. Hogwarts era un hogar, pero ahora estaba en casa.

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La mañana de Navidad, Teddy se despertó y vio una pequeña montaña de paquetes acumulados a los pies de su cama. Sonrió y se incorporó. Justo en ese momento entraron James y Albus en su cuarto, se subieron al colchón y comenzaron a dar saltos gritando sin parar.

-¡Feliz Navidad Teddy! ¡Feliz Navidaaaaaaaaaaaad!

James sujetaba en sus manitas el regalo que el metamorfomago le había hecho: un puffskein color crema. Albus también se había puesto como loco con su enorme peluche de un hipogrifo.

-¡Bajaros ya! ¡Quiero abrir mis regalos!

Los pequeños Potter se bajaron de la cama, pero se quedaron en el dormitorio observando al joven Lupin mientras desenvolvía sus regalos: el jersey tejido a mano de la Señora Weasley, verde oscuro; una caja llena de productos de los Sortilegios Weasley de George y Angelina; una capa de los Appleby Arrows de Brian (se rió al recordar que él le había comprado a su amigo un gorro de las Avispas de Wimbourne); una caja grande de ranas de chocolate de Sean; un juego de ajedrez mágico de Ethan y Alex (con una nota de su amiga en la que le prometía que le enseñaría a jugar en cuanto se volvieran a ver); una pluma autocorregible de Bill y Fleur, una miniatura de dragón de Charlie que además se movía como uno de verdad; una caja de pasas caseras de su abuela Andrómeda y la última edición de Equipos de Quidditch de Gran Bretaña e Irlanda, de Francis.

-¿Te gustan tus regalos, Teddy? – le preguntó Albus cuando los hubo abierto todos.

-Si, claro que si. - No pudo dejar de notar que no había regalo de Harry y Ginny.

-Papá nos mandó a que te dijéramos que te vistieras y salieras al jardín trasero – James

Teddy obedeció automáticamente y bajó con Albus en brazos y James siguiéndolo. Cuando llegó al jardín, no se podía creer lo que veía: su padrino estaba esperándolo allí, con su vieja Saeta de Fuego en una mano, y en la otra una increíblemente reluciente Typhooner 654, el último modelo de escobas de carreras en el mercado. El grito de alegría que soltó Ted pudo oírse en toda la manzana.

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Harry y Teddy se pasaron toda la mañana en el jardín, oculto de las miradas de los muggles, volando. El chico no podía creerse que hubiera permanecido aquellos once años de su vida sin subirse a una escoba, y desde luego no lo parecía. En las pocas horas que Harry dedicó a enseñarle a volar, se puso rápidamente casi a su altura.

-Aún te falta para volar como Harry – le dijo Ginny – pero te aseguro que igualas a Ron.

Andrómeda, la abuela de Ted, fue a comer con ellos. Y Teddy tuvo otra oportunidad para mostrarle el maravilloso regalo que le había hecho su padrino. Cuando terminaron de comer, los siete utilizaron la red flu para ir apareciendo en La Madriguera y comenzar a ayudar a la Señora Weasley, que opinó con acritud que la comida de Hogwarts sin duda dejaba mucho que desear, y que Teddy estaba desnutrido. Mientras el chico se ocupaba de poner la mesa (colocada en el jardín), enderezar los adornos de Navidad, abrillantar la cubertería de plata y vigilar que los niños no se acercaran demasiado a la chimenea; y Ginny y Andrómeda ayudaban a la Señora Weasley, fueron llegando los demás invitados. Los primeros fueron Bill y Fleur, acompañados de sus hijas: Victoire, de nueve años, y Stella, de siete. Luego llegaron George y Angelina con Fred, de siete años también; Ron y Hermione con Rose y Hugo; y Percy, que informó de que el Señor Weasley iría a esperar a Charlie en el punto donde lo llevaría su traslador. Ambos llegaron media hora después. En total, fue una cena de Navidad para veinte comensales. El rumor de las risas y conversaciones llenaba el frío aire de Diciembre, mientras la familia Weasley al completo se reunía por primera vez en años. Teddy se sentó entre Victoire y George, que le explicó que la caja de Sortilegios Weasley que le había mandado por Navidad incluía una versión mejorada de los Surtidos Saltaclases.

-Pero no se lo digas a nadie, porque no creo que Angelina lo apruebe, ya sabes.

-¿Cómo es Hogwarts? – le preguntó Victoire.

-Es increíble, ya lo verás cuando vayas – repuso Teddy emocionado – un castillo enorme, lleno de pasadizos secretos, de fantasmas y de escaleras que cambian cuando quieres. Y luego están las clases, nunca dejas de aprender cosas nuevas cada vez más interesantes…

Los ojos de Victoire brillaron.

-Supongo que cabe una posibilidad de que yo no llegue a conocerlo – murmuró apenada.

-¿Qué dices? – dijo Teddy asustado. Ella lo miró y se encogió de hombros.

-Mis padres discuten la posibilidad de enviarme a Beauxbatons…

-¡Pero eso es una estupidez! – Exclamó Ted – está lejísimos, lejos de la familia, de tus padres… es una locura.

-Eso es lo que piensa mi padre, pero a mi madre le gustaría que uno de sus hijos fuera a su colegio.

-¡Pueden mandar a tu hermana, o al que viene ahora!

Ella lo miró con los ojos muy abiertos.

-¿No se sentirían ellos igual que yo?

-Eso no lo sabes, a lo mejor les interesa más que a ti – repuso él.

Charlie, sentado frente a ellos, intervino.

-No creo que tengas que preocuparte, Vic, seguro que al final tu madre se da cuenta de que no es un buen plan. Tú sólo tienes que decirle que te encantaría ir a Hogwarts.

-¡Y entonces seguro que te dejarán venir! – afirmó Teddy con vehemencia.

A su pesar, Victoire sonrió. Al verla sonreír así, con aquella ilusión, Teddy no pudo evitar acordarse de Alex, y por consiguiente, de Francis. ¿Estaría él en ese momento cenando solo en la mesa de Gryffindor, pasando unas Navidades más que tristes? Ted bajó la mirada hacia su plato de pavo, y tomó una decisión.

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A la mañana siguiente, se levantó más temprano que nadie y esperó a Harry en la cocina. Cuando su padrino llegó, se sorprendió al ver a su ahijado tan serio, con un extraño brillo de determinación en sus ojos dorados.

-Quiero pedirte un favor – e dijo a modo de saludo.

El Chico que Vivió frunció un poco el ceño y se sentó a la mesa.

-Quiero volver a Hogwarts.

La noticia pareció sorprender un tanto a Harry.

-¿Cómo?

-Quiero volver. Es… algo complicado, pero me gustaría que llamaras al autobús noctámbulo. Esta misma tarde.

-¿Puedo saber por qué?

-Yo… - Ted no sabía muy bien cómo explicarse, y temía que si no lo hacía de un modo apropiado, su padrino le negaría el permiso – soy su único amigo, y él está allí solo. Estoy seguro de que nunca ha celebrado la Navidad con nadie, y me gustaría estar con él por lo menos para Año Nuevo – Harry no dijo nada, se limitó a observarlo muy serio, más serio que nunca. Teddy se temió lo peor. – Por favor…

Harry suspiró y se levantó.

-Lo entiendo, Ted. Está bien, esta tarde llamaré al autobús noctámbulo, y volverás a Hogwarts.

Las horas restantes hasta que llegó el momento de marcharse se le fueron preparando el equipaje e intentando consolar a James y Albus, que en cuanto se enteraron de que Teddy se marchaba, se echaron a llorar como posesos. Aunque intentaba parecer alegre y despreocupado, Ted se sentía inquieto. Sabía que estaba haciendo lo correcto, lo que iba a favor de sus principios, pero Ginny no le había preguntado sus motivos para marcharse cuando aún le quedaba una semana de vacaciones, y Harry no había vuelto a dirigirle la palabra: su padrino se limitaba a observarlo en silencio.

Justo después de comer, Ted subió a despedirse de la pequeña Lily, que lo miró sorprendida desde su cuna. Teddy la cogió en brazos y la acunó.

-Bueno, pequeña, ha sido un placer conocerte, ¿sabes? – Los ojos oscuros de la niña estaban fijos en los suyos - Ya nos veremos en verano. Escucha, quería decirte que cuides muy bien a tus hermanos, porque seguro que en cuanto yo me marche volverán a pelearse, tú lo sabes muy bien. – Teddy le sonrió. La pequeña levantó uno de sus puños y agarró el índice de Ted. Él le acarició la manita y luego la volvió a dejar en su cuna, donde Lily Potter se quedó adormecida como si le hubieran cantado una nana.

Cuando salió, Harry estaba arreglando el pago con el revisor del autobús. Albus se agarró a su manga y se colgó de su cuello cuando se agachó.

-¿Teddy se va porque he sido malo?

-¡No! Claro que no, Al. Lo que pasa es que tengo un amigo que está solo en Hogwarts, y…

-¿No ha tenido regalos por Navidad? – preguntó James.

-Si, claro que si. Pero los ha abierto solo.

Los niños se miraron como si comprendieran, pero Teddy sentía que era mucho más complicado. Se levantó y abrazó a Ginny.

-Te estaremos esperando en verano – le susurró con suavidad.

Teddy cruzó el jardín y se acercó a su padrino, que se agachó para quedar a su altura, tal y como había hecho tres meses atrás, antes de que su ahijado se marchase a Hogwarts por primera vez.

-¿Estás enfadado conmigo? – le preguntó el metamorfomago con voz trémula.

Harry negó en silencio.

-Ted, tienes once años. Eres aún un niño, nadie espera grandes cosas de ti, por el momento. Y sin embargo, hoy has hecho algo que te honra. Es… este tipo de cosas eran un gesto característico de tu padre.

Ted Lupin miró a los ojos a Harry. Luego se abrazaron en silencio.

-No te metas en líos – añadió su padrino revolviéndole el pelo.

-Descuida.

Teddy sonrió. Cuando se subió al autobús y este arrancó con una violenta sacudida, se sintió, por primera vez en su vida, orgulloso de si mismo y de ser quien era.

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Cruzó los pasillos casi desérticos corriendo. No se acercó a la torre de Gryffindor, sabía que, estando solo, Francis no estaría allí. Derrapó al llegar a la puerta de la Biblioteca. La señora Magpie lo miró sorprendida.

-Ya decía yo que llevabas unos cuantos días sin aparecer por aquí. Supongo que me hice ilusiones pensando que estabas de vacaciones.

-He estado en casa de mi padrino – explicó Teddy, jadeante. Sin más palabras se internó en el laberinto de estanterías.

-¿Y no te aguantaban un solo día más?

Ted se volvió y sonrió. Francis estaba sentado en una silla junto a una ventana, con un libro abierto sobre la mesa. Sus ojos negros examinaron a Teddy cuando éste se sentó frente a él.

-¿Qué haces aquí?

-Los hijos de mi padrino me estaban volviendo loco – mintió él.

-Ya, claro. Creía que adorabas a esos críos.

-Y lo hago – dijo Ted con firmeza.

Francis Snape lo miró fijamente por espacio de casi un minuto. Luego, por primera vez desde que Teddy Lupin lo conocía, una sonrisa de auténtica felicidad se formó en su rostro, y sus ojos ya no parecieron tan fríos.

-Me gusta tu pelo – comentó.

Teddy se agarró uno de los mechones verdes. Luego, los dos amigos se echaron a reír.

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Y hasta aquí el 5. No me convence demasiado, pero eso es algo que tendrán que juzgar ustedes. ¡Hasta la próxima!