Nimue-Tarrazo: me alegro de que te guste mi historia :). ¡Ya hay otra miembro del club de enamoradas de Teddy Lupin! 3 Es que siendo hijo de quien es… no tenía escapatoria genética posible ;)

Sufjan Tweedy: XD no andas descaminada con respecto a ese "todo está bien", pero no te preocupes, que pronto se sabrá qué le he hecho a Ted.

Y bueno… decidí cambiar el nombre del fic por si el autor del Herencia de Merodeador se sentía ofendido. Pero aún así me da lástima la gente que sólo sabe decir las cosas de ese modo :(… ¡pero no importa! Y acuérdate de mandarme la factura de tu psicólogo XD

Victoire I. Lupin: la próxima vez que unos matones vengan a mi casa, ya sabré de parte de quién vienen :).

En fin, no te preocupes, que no voy a dejar de actualizar el fic. ¡Me alegro de que te guste!

Sion-Allegra: no sé si preocuparme por lo que me has dicho… ¬¬' ¡pero mantengamos la intriga un poco más! Ahora espero actualizar más a menudo, ¡disfruta del capi!

Mary-Tonks: me he sentido muy tentada de dejar a Francis solo todo el verano, no te creas, pero en realidad soy incapaz de hacerle algo así :3 Y aunque ahora no me lo preguntes… sé que sigues comiéndote las uñas pensando en el pobre Ted XD.

Muchas gracias a todos por sus reviews y por leer el fic. Espero que les guste el siguiente capi, ¡muchos besos a todos!

8. SHELL COTTAGE Y LA PLAYA

La lechuza entró en el cuarto por la ventana abierta.

Hacía tiempo que el sol había salido, pero el chico que dormía en la cama lo ignoraba por completo. La lechuza planeó hacia la percha de su jaula, y desde allí observó la habitación. El suelo se encontraba enmoquetado por varias cartas abiertas, releídas y esparcidas. A los pies de la cama se encontraba un libro abierto, cuyas ilustraciones mostraban a lo jugadores de los Appleby Arrows volando de un lado a otro. Encima de la mesa descansaban varias cosas: una miniatura de dragón que dormitaba echando humo por las fosas nasales, una caja abierta que contenía la última rana de chocolate del paquete y una varita mágica, aunque su dueño sabía de sobra que no podía utilizarla fuera del colegio. En una estantería, las piezas de un ajedrez mágico se entretenían pelando entre si, y las cartas de un mazo temblaban deseosas de explotar. La lechuza observó entonces al ocupante del dormitorio, y único causante de todo aquel desorden.

El chico de doce años descansaba en su cama, ajeno al examen del ave. Su pelo verde oliva se veía despeinado y descuidado; no era muy alto, y tal vez estaba algo delgado para su edad. Valkiria ululó con fuerza, pero el chico no despertó, por lo que la lechuza voló hasta la cama y fue a posarse, no sin brusquedad, sobre la almohada. Su dueño entreabrió los ojos, y se encontró con los del ave, grandes y amarillos, que lo taladraban sin piedad. Se incorporó de golpe, golpeándose la cabeza con la estantería. Las cartas del snap explosivo cayeron de golpe sobre la colcha, y allí explosionaron con estruendo, provocándole un susto aún mayor.

-¡Ostras, Valkiria, que susto!

Llevándose una mano a su dolorida cabeza, Teddy Remus Lupin se levantó y miró confuso a su alrededor. Luego se dirigió al ave, que lo miraba desde la cama, y vio la carta que llevaba atada a la pata.

-La próxima vez que traigas el correo, podrías ulular o algo así.

La lechuza ladeó la cabeza, indignada, y sobrevoló la habitación hasta el brazo del chico, que le desató la carta y la dejó en su jaula. Allí, Valkiria comenzó a comer ajena a todo lo demás.

Ted se sentó de nuevo en su cama, y abrió la carta. Reconoció la caligrafía apretada y enjuta al instante:

Querido Ted:

¿Cómo va todo? Por aquí todo bien.

Recibí la carta de Brian, y los responsables del orfanato me han dado el permiso para pasar una semana en su casa de la playa.

Seguramente pensarás mal porque he aceptado la invitación de Brian, pero no la tuya; aunque a estas alturas espero que ya lo hayas entendido (si no, deberías pensar seriamente sobre tus capacidades mentales) solo te pido que no te ofendas, ni nada por el estilo.

Nos veremos en la casa de Brian, dentro de una semana. Yo usaré la chimenea del Callejón Diagon, porque este es un pueblo muggle, y no puedo solicitar una conexión a la red flu sin un mago adulto que la supervise.

Nos vemos en una semana:

Francis.

Teddy sonrió y volvió a guardar la carta en su sobre. Luego se agachó y recogió las otras tres que se encontraban desparramadas por el suelo, y volvió a releer la invitación de su amigo:

Querido Ted:

¿Cómo te va todo?

Te escribo para invitarte a pasar una semana en mi casa, junto a la playa. También he invitado a los demás: Sean, Ethan y Francis. Mis padres tienen un cobertizo en el jardín, y es lo suficientemente espacioso para que durmamos todos. ¿Vendrás? Mándame la respuesta con tu lechuza. Si vienes, nos vemos el día 15. La dirección es Remain Street nº 6, Seaford. Mi chimenea está conectada a la red flu, así que espero que no tengas problemas.

Espero que vengas.

Brian.

El metamorfomago cogió un trozo de pergamino y mojó su pluma en el tintero.

Querido Brian:

Mi padrino me deja ir a tu casa. ¿Te viene bien que aparezca por ahí a eso de las seis de la tarde? He recibido cartas de Sean, Ethan y Francis, y me alegro de que podamos ir todos.

Nos vemos el 15 de Agosto.

Ted.

P.D.: Casi se me olvida: ¡gracias por invitarme!

Ted.

Cuando acabó, enrolló la carta y se dirigió a la jaula de Valkiria, que descansaba con la cabeza debajo del ala. Muy a su pesar, la despertó con unos golpecitos en los barrotes. La lechuza lo miró altaneramente.

-Tienes trabajo – musitó Ted mientras alargaba un brazo dentro de la jaula. El ave salió sin dejar de mirarlo ofendida – y no me mires así. Después de esta, no más cartas, ¿vale? – por toda respuesta recibió un picotazo en el dedo – bien, pues ve a casa de Brian.

Se quedó observando cómo la lechuza se perdía en el horizonte. Solo entonces fue consciente de lo tarde que era. Se vistió a toda prisa y bajó las escaleras de tres en tres. No tardó en darse cuenta de que la casa estaba completamente desierta. Encontró su plato con el bacon ya frío y una nota en la mesa de la cocina.

Ted: Los críos y yo hemos ido al médico a la revisión de Lily. Llegaremos para la hora de comer, porque además recibimos una lechuza de Seamus y vamos a pasarnos por su casa. Pórtate bien. Recuerda que esta noche estamos invitados a cenar en Shell Cottage.

Harry.

Tras leer la nota, Teddy se encogió de hombros y engulló su desayuno ya tardío. Luego, subió de nuevo a su cuarto y se dispuso a terminar una redacción para Historia de la Magia que tenía pendiente.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Ted contemplaba el mar sentado en el borde del acantilado. El viento impregnado de salitre le azotaba el rostro y agitaba su pelo azul eléctrico. Aunque estaban en pleno agosto, la noche era muy fresca, y llevaba puesta una sudadera de un equipo de fútbol muggle encima de su camiseta de las Brujas de Macbeth. Sintió la presencia a su espalda sin necesidad de volverse.

-Ten cuidado, si te caes al mar, tus padres me echarán la culpa a mí – comentó.

-Conozco este sitio mil veces mejor que tú, vivo aquí – respondió una enojada voz femenina.

Victoire se sentó a su lado y lo observó.

-¿Cómo sabías que era yo?

-Siempre sé que eres tú – dijo Teddy enigmáticamente.

Victoire le dio un puñetazo en el hombro.

-No dices más que tonterías.

Se quedaron en silencio hasta que Ted volvió a hablar.

-Me alegro de que al final vayas a venir a Hogwarts.

La mayor de los nuevos Weasley sonrió.

-¿Verdad que si? Al final mi hermana prefiere ir a Beauxbatons.

-¿Y el pequeño Gerard?

Se refería al hermano pequeño de Victoire y Stella, que había nacido hacía poco.

-Él también podrá decidir.

-Eso está bien.

-Si…

Al cabo de un rato, Victoire suspiró y apoyó su cabeza en el hombro de Ted, que rodeó sus hombros con un brazo.

-¿Y qué vais a hacer este verano? – preguntó el chico.

-Lo de siempre. Supongo que iremos a Francia y les haremos una visita a mis abuelos. ¿Y tú?

-Me iré una semana a casa de un amigo, vive en Seaford, junto a la costa.

-Suena mejor que mi plan.

La chica parecía bastante desanimada.

-A mí me gustaría ir a Francia.

-Te lo cambio.

Ted se rió.

-No gracias.

-Estoy deseando ir a Hogwarts…

-No te queda mucho.

-Ya… pero aún tengo que esperar un año más…

-¡Teddy! ¡Teddy!

El joven Lupin se volvió. Albus y Rose corrían hacia él.

-¡Eh! ¡No corráis!

Pero ya era tarde, el joven Potter resbaló en las húmedas rocas del borde y cayó a la oscuridad impenetrable del mar.

-¡¡¡ALBUS!!!

Teddy se levantó de un salto y corrió a asomarse. Ni rastro del pequeño. Victoire corrió a su lado.

-No, no, no, no…

Rose lloraba.

-Ve a pedir ayuda, ¡rápido! – Le dijo el metamorfomago a la pequeña - ¡Albus! ¡ALBUS! ¡¡¡ALBUS!!!

-¡¡¡TEDDY!!!

El niño de ojos verdes se abalanzó sobre Ted, que lo abrazó con fuerza, temblando de miedo.

-¿Qué? ¿Cómo…?

-¡Teddy, es muy divertido! ¡Saltas y vuelves arriba! ¡Vamos a hacerlo otra vez!

-Albus, por Dios… no.

Victoire se reía sin parar. Ted, completamente aterrado, cogió en brazos al hijo menor de su padrino y echó a andar hacia la casa. En el camino se cruzó con Harry, Ron y Bill, que corrían hacia ellos.

-¡Ted! ¿Qué ha pasado?

-Rosie nos dijo que Albus había caído al mar…

-¡Os tenemos dicho que no os acerquéis al acantilado!

-¿Estáis todos bien?

-Albus… Albus se ha caído al mar – explicó el chico – y luego, luego volvió a subir – sentía que el corazón amenazaba con salírsele del pecho. Respiró hondo – lo siento muchísimo, Harry.

-¡Ha sido guay, papi! ¡Yo quiero hacerlo otra vez!

-Creo que no, Al. Ya has tenido suficiente por hoy.

La pequeña Rose aún lloraba.

-Al se ha caído, Al se ha caído.

-No, Rosie, cariño. Al está ahí, ¿no lo ves? – Ron se había agachado junto a su hija. La levantó sobre sus hombros - ¿quién quiere un poco más de pastel de la abuela?

-¡Yo! – Albus saltó de los brazos de Ted y echó a correr detrás de su tío, riendo sin parar.

Bill, Harry, Victoire y Teddy se quedaron en silencio.

-Bueno, Al ha tenido suerte – comentó Harry al fin.

-Vic, te tengo dicho que no te acerques al acantilado…

-Lo sé, papá. Lo siento.

Bill le acarició el pelo.

-Eres mi chica preferida…

Ted notaba la mirada de su padrino clavada en él, pero no se atrevía a levantar la mirada. ¿Lo castigaría Harry después de aquello? ¿Le reprendería?

-Bueno, ya sabéis, no os acerquéis más al acantilado. Y venid adentro, hace frío.

-Si.

-Si.

Los dos adultos se marcharon sin más. Mientras se alejaban, Ted escuchó a Bill:

-Bueno, Harry, no se puede negar que tu Al es un mago…

Teddy y Victoire cruzaron una mirada llena de entendimiento, y luego rompieron a reír alegremente.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

-¿Lo llevas todo?

-Si.

-¿Para qué quieres la escoba?

-Ethan me pidió que la llevara.

-Pórtate bien.

-Claro.

-¿No necesitas más equipaje?

-No lo creo.

-Pórtate bien.

-¡Abuela, eso ya me lo has dicho!

Andrómeda sonrió con dulzura y acarició el pelo de su nieto, que había pasado los últimos cuatro días con ella.

-Pásatelo bien. Y recuerda que tienes que decir la dirección bien claro.

Ted la abrazó.

-Gracias por todo, abuela.

-Venga, lo estás deseando. Vete ya y pierde de vista cualquier lazo con tu aburrida familia.

-Yo no creo que…

-Te tomaba el pelo, Teddy.

El chico soltó un bufido que hizo reír a su abuela. Luego agarró con una mano su Typhooner 654, con la otra la jaula de Valkiria, y con su mochila al hombro avanzó hacia la chimenea, donde ya crepitaban sonoramente las llamas azules.

-Número seis de Remain Street, Seaford – dijo en voz alta.

Al instante sintió la desagradable sensación de viajar a través de las chimeneas. Giró a toda velocidad, con la boca llena de hollín y los ojos cerrados hasta que sintió que caía en el duro suelo de piedra de la cocina de la familia Stebbins.

-¡Ted!

Se incorporó ayudándose en su amigo, que había corrido a recibirle.

La cocina era una estancia agradable y acogedora. Los padres de Brian, un mago muy parecido a su hijo y una bruja alta y delgada con una larga cabellera rubia, le sonrieron.

-Bueno, estos son mis padres: Charles y Sophie Stebbins. A mi hermano Paul ya lo conoces.

El niño sentado en un extremo de la mesa de la cocina se entretenía con una varita de pega.

-Paul, saluda a...

-Me aburro, ¿puedo irme a mi cuarto ya? – el chico se levantó y sin mirar siquiera a Ted, desapareció escaleras arriba.

-Eh… si, ya. Es un poco inmaduro, y cuando hay invitados se pone nervioso. Vamos, los demás ya han llegado.

Salieron al amplio jardín. La casa era de ladrillo, y tenía tres plantas. En el jardín crecía la hierba salvajemente, aunque se notaba que de vez en cuando la recortaban un poco, y en medio se alzaba una gran cabaña de madera. Desde allí podía escucharse el fragor de las olas en la costa, a apenas cien metros de la casa.

-Como ves, vivimos un poco alejados del pueblo: más cerca de la costa.

La puerta de la cabaña se abrió, y la cabeza rubia de Sean se asomó por el hueco

-¡Ted! ¡Tienes que venir a ver esto, es impresionante!

Los chicos corrieron por el césped hasta el cobertizo.

-¡Ostras, Brian!

La cabaña, obviamente, había sido hechizada por los padres de su amigo. Si no, era prácticamente inexplicable que en aquella construcción cupiera ampliamente un dormitorio con cinco camas (cuatro literas y una plegable) una sala de estar con varios cojines para sentarse y un cuarto de baño completamente equipado, todo en una sola planta.

-¡Está genial!

Brian sonreía.

-¿Verdad que si? Mi padre lo hizo todo esta mañana. Le pedí que nos instalaran también una cocina, pero dijo que podíamos provocar un incendio…

Teddy miró a su alrededor, maravillado.

Sentados en la cama plegable, Francis y Ethan lo saludaron.

-¿Cómo va todo, Ted?

-Bien, genial…

-Ethan y yo dormiremos en esta – dijo Sean señalando una de las literas – y Francis y tú podéis dormir en la otra. Nuestro generoso anfitrión se ha adjudicado la cama plegable.

-¿Seguro que no te importa? – preguntó Francis a Brian.

-No te preocupes por eso. Eh, ¿Qué se supone que estáis haciendo?

Se refería a Sean y Ethan, que se habían quedado mirándose fijamente. De repente, ambos se lanzaron hacia su litera.

-¡Yo la cama de arriba!

-¡Que te lo has creído!

-¡Me la he pedido yo antes!

-¡Quítate de ahí si no quieres que te mande al suelo!

-¡Eh, parad los dos! ¡Lo echaremos a suertes!

En medio de la refriega, Teddy se sentó junto a Francis.

-¿Yo la cama de arriba? – preguntó.

-Por supuesto.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Los siete días en casa de Brian pasaron como un suspiro para los cinco amigos.

Casi todas las mañanas iban a la playa, donde el agua estaba fría como el hielo, y las mareas provocaban unas olas que asustaban, para alegría de los chicos.

Luego comían con los padres de Brian en la casa, y disponían del resto de la tarde para hacer lo que quisieran, aunque pasaban la mayor parte del tiempo volando en el jardín, jugando partidos de tres contra tres junto a Paul, el hermano pequeño de Brian. Por la noche, después de cenar, se quedaban despiertos hasta tarde en el cobertizo del jardín, contando historias de terror o jugando al snap explosivo.

La última noche, mientras los demás dormían, Teddy se volvió y se asomó a la cama de abajo. Los ojos oscuros de Francis brillaban en la penumbra.

-Francis.

-¿Si?

-¿Por qué no has venido a mi casa?

-Creí que eso ya lo habías entendido.

-Pues no, no lo entiendo.

Francis se incorporó. Parecía molesto.

-Vives con Harry Potter, con su mujer y sus hijos. ¿No crees que sería terriblemente incómodo para todos tenerme en la casa sabiendo de quién soy hijo?

-Puede… pero Harry respeta a su padre.

-Prefiero seguir viviendo en un lugar en el que nadie me conozca.

Se hizo un pesado silencio entre ellos.

-¿Por qué vives en un orfanato?

-Eso puede que te lo cuente algún día, pero no hoy.

-¿Por qué?

-No me gusta hablar de ese tipo de cosas, ¿vale?
Teddy comprendió que si seguía interrogando a su amigo de aquel modo, no tardaría en enfadarse.

-Vale, está bien. Pero sabes que las puertas de mi casa siempre están abiertas.

-Ya lo sé.

Ted se movió y volvió a tumbarse en su cama, mirando el techo de la cabaña fijamente. No sabía muy bien si sentirse enfadado con su amigo.

-Ted…

-¿Si?

-De todos modos, gracias por todo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Hasta aquí el capítulo 8. ¡Espero que os haya gustado! Creo que este primer año en Hogwarts ha estado un poco soso… pero ya se me han ocurrido algunas cosillas para animar el segundo curso.

¡Gracias por leer:)