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12. MONSTRUO
-¡Victoire!
La pequeña Weasley se volvió y sonrió al ver a su "primo" acercarse a ella con algo de urgencia.
-¡Teddy!
El metamorfomago la agarró por el brazo y la arrastró hasta un rincón apartado de la Sala Común de Gryffindor.
-¿Qué se supone que estabas haciendo ayer por la noche sola en los terrenos?
El tono acusatorio de Ted enfadó a la chica, que se zafó de un manotazo y se le encaró.
-Para tu información, no era tarde en absoluto, no estaba sola, y Vanessa Gringmour y yo habíamos bajado porque decían que no iba a pasar nada, y dicen que hay unicornios en el Bosque Prohibido.
-También hay centauros, y no son una raza precisamente amigable. Y hombres lobo.
Victoire y Teddy se miraron en silencio. Finalmente, Ted suspiró.
-En fin, prométeme que no volverás a hacerlo.
Tras un asentimiento rápido, la chica echó a correr para reunirse con sus amigas. Y sin saber muy bien por qué, Ted no pudo evitar sentirse mal.
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Ted pasó el resto del mes entre asustado y enfadado. Por un lado, Francis no había vuelto a mencionar lo ocurrido, pero Teddy podía leer la expresión alerta de sus ojos cada vez que lo miraba. A menudo se exaltaba por nimiedades, y rara vez conseguía conciliar el sueño por las noches. Se quedaba completamente despierto, los ojos fijos en el dosel de su cama, imaginando un hermoso y terrorífico círculo de luz lunar que lo esperaba y llamaba. Cuando dormía, numerosas pesadillas plagadas de aullidos y olor a sangre poblaban sus sueños. Al despertar aún de madrugada y cubierto de sudor frío, miraba la foto de sus padres y se imaginaba a un Remus Lupin de su edad sufriendo su misma experiencia.
Otra de sus preocupaciones eran los Slytherins. Se preguntaba si Petersen habría notado algo aquella noche en el bosque, o si había tenido la suerte de encontrarse con el chico más estúpido de su curso en aquellas desafortunadas circunstancias. Por eso, no sabía si las miradas de sospecha que le dirigían Lewis y Zabini eran o no producto de su imaginación.
Pronto llegaron las vacaciones de Navidad, y con ellas la siguiente luna llena, que pasó sin sobresaltos. Esto no ayudó a Teddy, que había comenzado a preocupar a sus amigos.
-Ey, Ted, ¿se puede saber qué te pasa?
-No me pasa nada, Ethan.
-No, si te lo digo porque estás muy raro últimamente.
-No sé de que me hablas.
-Ya bueno, oye... no me voy a enfadar, ¿vale?
-¿Pero qué dices?
-Digo... si es por mi hermana, no pasa nada, ¿vale?
Teddy dejó por un momento de escribir su redacción sobre las alienaciones de Mercurio y la Luna para mirar hacia la otra punta de la Sala Común, donde Sean y Alexandra reían mientras jugaban juntos al snap explosivo. Ted suspiró. Ethan, Alex, Brian, Sean, Francis y Teddy se habían quedado en Hogwarts en las vacaciones. Los padres de Ethan y Alex se habían marchado de vacaciones a Sudamérica, mientras que los de Brian le habían recomendado a él y a su hermano Paul que se quedaran en el colegio en Navidad debido a los continuos avisos sobre la búsqueda de Edmund Greyback en el sur.
-Lo último que me faltaba era que un asqueroso semi-licántropo me fastidie las vacaciones – había dicho Brian tras leer la carta de los Stebbins. La afirmación le revolvió el estómago a Teddy.
Por otro lado, Francis nunca iba al orfanato excepto en verano, y Ted había rechazado la invitación de los Potter alegando que no quería molestar en casa de su padrino. Con tres críos de siete, cinco y dos años, dijo, él no sería más que una carga. Aunque lo que en realidad asustaba a Teddy había sido su comportamiento la noche del cumpleaños de Alex. ¿Qué ocurriría si le volvía a pasar? No quería estar cerca de James, Albus Severus o Lily. Debía protegerlos. Sean, al ver que todos sus amigos se quedaban, dijo que pasaba de aguantar a su "aburrida" familia durante dos semanas.
Y ahora que todas sus amigas se habían ido, Alex pasaba el tiempo con los chicos, cosa que en cualquier otras circunstancias habría alegrado a Teddy. Pero su mal carácter en las últimas semanas lo había alejado de todos sus amigos. Incluso de Francis.
-¿Ted?
El joven metamorfomago miró a Ethan confuso.
-¿Me estás escuchando?
-Eh, ah, si... – Teddy apartó los ojos de Sean y Alex y miró a Ethan – no te preocupes, Ethan. Estoy bien.
Dicho esto se levantó y se apresuró a huir de la Sala Común de Gryffindor.
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Francis encontró a Ted en los jardines, sentado en la fría y húmeda hierba y observando la superficie helada del lago.
-Te vas a congelar.
El joven Lupin se encogió de hombros. Francis suspiró y se sentó a su lado. Aquel invierno la nieve no había cuajado demasiado, y la mayor parte ya estaba derretida. Sin embargo, el viento frío cortaba la respiración y entumecía todos los huesos.
-¿Cuánto tiempo vas a estar en este plan?
-No sé de qué me hablas.
-Yo creo que si.
-Bah.
Teddy sacudió la cabeza y miró en dirección opuesta a su amigo.
-¿Es que estás asustado? – Al no obtener respuesta, Francis siguió hablando – es por lo que pasó aquella noche, ¿verdad? Por lo de la lu...
-Cállate.
Francis enmudeció. Finalmente, Teddy lo miró aterrado.
-¡Claro que estoy asustado! ¿No debería estarlo? Soy un maldito semi-licántropo. Como ese pirado, el hijo de Greyback. Si alguien se enterara, me expulsarían. Y supongo que debería entregarme, porque no creo que alguien que puede poner en peligro a la gente de este colegio deba permanecer aquí.
-Pero tú no le haces daño a nadie...
-¡Pero eso no quiere decir que no pueda hacerlo llegado el momento!
-¡Ted, son doce noches al año en las que no puedes salir, y esto es el Reino Unido, la mayoría de esas noches estarán nubladas!
-No sé si el peligro surge tan solo con la exposición, ¿vale? Porque ese Edmund Greyback... se le ha visto atacando a gente a plena luz del día.
Francis sujetó a Teddy del hombro y lo obligó a mirarlo a los ojos.
-Greyback es un monstruo. Tú no.
Dicho esto, Francis Snape se levantó y se marchó dándole la espalda a un confundido y reconfortado metamorfomago.
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Le despertaron los aullidos.
Al principio pensó (y temió) que se trataba de otra de sus pesadillas.
Pero hacía dos meses que Teddy Remus Lupin no tenía pesadillas relacionadas con los hombres lobo.
Entonces, ¿por qué oía aquellos insistentes y aterradores aullidos?
"Por fin..."
"Hemos llegado".
"Nos ha abierto la puerta".
-Por fin...
-¿Ted?
Abrió los ojos. Sean lo sacudía insistentemente.
-¿Qué ocurre?
-Estabas hablando en sueños...
-¿Qué?
Un aullido, más fuerte que los demás, resonó en la distancia.
"Hemos vencido".
-Se oyen muchos aullidos...
"HEMOS LLEGADO".
Teddy se levantó de un salto y se acercó a la ventana. Brian, Ethan y Francis se agolpaban contra ella, escudriñando el Bosque Prohibido. Un nuevo aullido...
"¡¡¡LO TENEMOS!!!"
-¡NO!
Todos se volvieron a mirar a Teddy.
-Ted, ¿qué?
-Maldita sea...
Sin dar explicaciones, Ted salió por la puerta y bajó a saltos las escaleras de caracol de las habitaciones de los chicos.
Más alumnos se agolpaban en la Sala Común.
-¡Teddy! – Victoire corría hacia él.
-¡Victoire! ¡Quédate aquí y no salgas! ¿Entendido?
-¡Ted! ¿Has visto a mi hermano? – gritó Alex.
-¡Ted! – Kevin Walter caminaba hacia él. - ¿A dónde te crees que vas?
-Tengo que salir un momento...
-¡El profesor Jarrows acaba de venir a avisarme de que vigilara que ningún estudiante saliera de la Torre de Gryffindor esta noche!
-¡Pero tengo que ir!
-¡El profesor Princestone viene! – gritó Peter Garand desde la puerta.
Antes de que nadie pudiera moverse, el viejo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras apareció por la puerta.
En la Sala Común reinó un silencio sepulcral. Ethan y Sean se quedaron helados en las escaleras. Cath, Alicia y Pat se movieron hacia el final de la sala instintivamente. Alex se agarró al brazo de Teddy y a Victoire se le escapó un grito ahogado.
Gabriel Princestone estaba fuera de si. Sus ojos bicolores se hallaban inyectados en sangre. Con cada respiración, un jadeo ahogado se escapaba silbando entre sus dientes. Tenía todos y cada uno de los músculos de su cuerpo en tensión, y la varita en ristre.
-Profesor, ¿qué?
-Quiero a todos los alumnos en sus camas en diez minutos. ¡Ya!
-Pero profesor... lo lobos – comenzó a decir Ted.
-Los profesores estamos en ello, Lupin. Ahora marcharos todos a la cama.
-Pero prof...
-¡AHORA MISMO! – el profesor lanzó a una mirada a los petrificados Gryffindors – y se descontarán cincuenta puntos a Gryffindor por su deslealtad al colegio.
-¿¡Qué!?
-Sesenta puntos, Wood. Y si no te callas, serán ochenta.
-Viejo estúpido – musitó Sean de camino a la cama.
-¿Qué ha pasado? – preguntó Brian con aprehensión.
-Princestone nos ha mandado a la cama – explicó Ethan.
-Y luego nos ha quitado un montón de puntos porque si – añadió Sean.
-Actuaba de un modo muy raro – musitó Ted.
Los cinco alumnos de tercero se marcharon a la cama. Los aullidos de los lobos seguían resonando en la distancia.
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Teddy Remus Lupin permanecía sentado en el borde de su cama de dosel, con los ojos entrecerrados.
Ni por todos los galeones del mundo podría dormir.
Los lobos seguían aullando en los terrenos de Hogwarts.
-¿Ted? – Musitó Francis - ¿estás despierto?
-Si...
-Yo también – dijo Brian.
-Dormiros los dos – ordenó Ted – no va a pasar nada...
-Espera...
-¿Brian?
-¿No lo notáis?
-¿Qué?
-Los lobos han dejado de aullar – dijo Brian aliviado. – A lo mejor lo profesores han hecho algo...
Ted notó cómo su amigo se levantaba y se acercaba a la ventana. Oyó a Francis respirar hondo de puto alivio. Si los lobos si habían callado, ¿por qué él sentía erizado el pelo en la nuca y todos los nervios en tensión?
Pudo sentir cómo Brian abría la ventana.
-Brian...
-¿Qué...?
-Brian, no, no abras la ventana.
-No se ve nada – dijo el chico. Ted se levantó de un salto y descorrió la cortina de su cama. Brian había sacado la cabeza al exterior y observaba los jardines. - ¿Qué raro huele, no?
Teddy también pudo sentir ese olor. Sólo que a el no le resultaba raro, sino familiar...
-¡BRIAN, NO! ¡ALÉJATE DE LA VENT...
Y justo entonces, muchas cosas comenzaron a suceder al mismo tiempo.
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El grito de Ted hizo que Ethan y Sean se incorporaran en sus camas asustados. Pero no lo suficientemente rápido como para ayudar a Brian, que soltó un grito ahogado mientras se alejaba de la ventana abierta de un salto. Trastabilló y cayó al suelo.
Rápidamente, Francis corrió a cerrarla, pero una fuerza sobrehumana la abrió de golpe, quebrando el cristal en mil astillas. Francis cayó al suelo llevándose las manos a la cara.
Y entonces, un rostro desfigurado se introdujo en la habitación de los chicos.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH!
-¡NO!
El rostro sólo miró a Ted. Luego, sonrió dejando al descubierto una hilera de dientes afiladísimos.
Y Ted supo que había ido hasta allí buscándolo a él.
El dueño de aquel rostro se relamió y lanzó una mirada a su alrededor. Y sus ojos se posaron en el chico de trece años que lo observaba aterrorizado desde el suelo.
El ser se movió rápidamente. Muy rápidamente. Demasiado rápido.
Un instante después, había desaparecido.
Y Brian con él.
-¡NO!
Ted fue el primero en correr hacia la ventana. Ni rastro de nadie. Ni de Brian, ni del ser, ni de los hombres lobo.
Nada.
Estupefacto, se apartó de la ventana para dejarse caer en el suelo. Sean sacó la cabeza por el hueco en el muro.
-¡¡¡BRIAN!!! ¡¡¡BRIAN!!!
La puerta del dormitorio se abrió de golpe. Kevin Walters entró, seguido de Julius Jarrows y de Minerva McGonagall.
-¡Chicos! ¿Qué ha pasado?
Y los cuatro alumnos de tercer curso de Gryffindor, dos de ellos en el suelo, no pudieron o no supieron responder.
-Se lo han llevado – musitó Ted – se han llevado a Brian.
-¿Qué? ¿Quién...?
-Edmund Greyback – dijo el joven Lupin.
Como coreando sus palabras, los lobos volvieron a aullar desde el Bosque Prohibido.
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Y hasta aquí el capítulo 12.
Espero que os haya gustado.
Y muchas gracias por leer.
