Vuelvo para subir el capítulo 14.

Espero que os guste =D

Y no os preocupéis por Teddy, esta vez no se lo voy a hacer pasar muy mal xD

14. LIBRE

Lo despertó el brillo del sol traspasando sus párpados cerrados. Molesto, soltó un gruñido y entreabrió los ojos. Todo rastro de sueño se disipó cuando descubrió que no se encontraba en su familiar cama con dosel de la torre de Gryffindor. Se incorporó de golpe, alerta, y miró a su alrededor.

Al cabo de unos segundos, comprendió que se encontraba en la enfermería del colegio. Suspiró de alivio y se llevó una mano a la cabeza, donde encontró una venda cubriendo su frente. Extrañado, volvió a echar un vistazo a su entorno, intentando recordar qué lo había llevado a dormir en la enfermería.

Un movimiento en la cama de al lado lo alertó. Un chico moreno dormía profundamente. Estaba, como él mismo, cubierto de vendajes, y tenía la pierna izquierda envuelta en un aparatoso cabestrillo.

La visión de Brian en el claro del Bosque Prohibido, cubierto de sangre y moribundo lo golpeó como un vendaval, iluminando sus recuerdos.

Teddy soltó un grito ahogado e intentó levantarse de la cama, pero una mano en su hombro se lo impidió.

-¡Ted!

El metamorfomago se movió para intentar zafarse, y fue entonces cuando sus ojos se encontraron con los de Harry Potter.

-¡Eh! ¡Ted! Tranquilo, soy yo…

-Harry… - murmuró Teddy.

-Oye, tranquilo, ¿vale? No pasa nada, estás en la enfermería…

-Harry – repitió el chico. Lo miró atemorizado – lo siento mucho, Harry, yo no quería… no quería hacer nada de lo que hice anoche, de verdad que no… no sé lo que me pasó… - comenzó a temblar incontrolablemente. Su padrino lo agarró por los hombros y lo miró a los ojos.

-Ted, no pasa nada, tú no has hecho nada malo. Todo se ha arreglado, ¿de acuerdo?

Teddy sacudió la cabeza, confuso, y finalmente volvió a acostarse en la cama.

Harry sonrió a su ahijado con cariño y le revolvió el pelo.

-¿Qué ha pasado con Greyback? ¿Y los hombres lobo? ¿Y Lewis? ¿Y el profesor Princestone…?

-Ya te lo he dicho: todo está arreglado, no tienes que preocuparte por eso ahora.

-¿Van a expulsarme?

Los ojos de Harry se abrieron con sorpresa.

-¿Y por qué iban a expulsarte? ¿Por arriesgar tu vida para salvar a Brian y conseguir expulsar a los hombres lobo del Bosque Prohibido? Ted…

-Pero tienes que decirme qué ha ocurrido.

Harry suspiró.

-Todo salió bien, gracias a ti. Greyback murió, los hombres lobo se fueron y Brian se está recuperando. En cuanto a Princestone, ha sido enviado a Azkaban y ese chico que les ayudaba, Lewis, se ha sabido que se encontraba obligado y por fin le han permitido reunirse con su familia.

-¿De qué estás hablando?

-Greyback provenía del Paso de Véstar, al igual que tu padre y Leopold Lewis. Por lo visto, hacía años que preparaba su supuesta invasión de Hogwarts, y al saber de la familia de Lewis allí, se llevaron a su madre y a su hermana a las montañas hace ahora dos años.

-¡¿Qué?!

-El chico lo ha pasado realmente mal. Y desde entonces él y su padre han estado ayudando a los hombres lobo desde dentro de Hogwarts, sumando eso al fanatismo de Princestone…

-¿Y por qué Lewis no se lo dijo a nadie?

-Por las amenazas de Greyback. El chico y su padre les tienen un terror supersticioso a los hombres lobo, sobre todo después de que a Richard, su hermano mayor, lo mordieran hace cinco años.

-¿El hermano de Lewis es un hombre lobo?

-Lo era. Murió hace tres años.

Teddy calló, intentando asimilar toda aquella información.

-¿Brian está bien? – preguntó mirando con aprehensión a su amigo.

-Se recuperará. No lo mordieron. Tal vez sufra algunas secuelas, pero nada con lo que no pueda vivir. De no ser por ti, estaría muerto.

Ted negó.

-Hubo un momento… en el bosque… en que creí que realmente iba a hacerlo. Pensé que sería capaz de… de asesinar a Brian, a mi amigo. Estuve tentado de hacerlo. – El chico bajó la mirada – y al final maté a Greyback – murmuró.

-Era o tú o él, Ted.

-Si, pero lo maté.

-En defensa propia, y sin que esa fuera tu intención.

-Al final si que me convertí en un asesino…

Harry observó al chico de trece años que tenía delante, se inclinó sobre él y lo abrazó, tal y como sabría que habría hecho su padre si hubiera tenido la ocasión.

-Nada, absolutamente nada de lo que hicieras la otra noche puede convertirte en un asesino, Ted Lupin – dijo Harry con firmeza. Se separó de su ahijado y le sonrió. – Serás un gran mago.

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Más tarde, Teddy se enteró de que los acontecimientos del Bosque Prohibido habían tenido lugar tres noches antes. De modo que había pasado tres días inconsciente, y Brian aún no se había despertado.

Lo hizo después de dos días más. Teddy, que ya había recibido el alta de la señora Pomfrey, se encontraba en la Sala Común de Gryffindor con Ethan y Francis cuando Sean entró como una exhalación, con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en su rostro.

-Brian se ha despertado.

Los cuatro amigos acudieron rápidamente junto a su compañero, que se encontraba un tanto aturdido pero completamente sano.

-Es pronto para saber qué consecuencias sufrirás, pero podrás llevar una vida plenamente normal.

-Gracias, señora Pomfrey.

-Tus amigos tienen tres minutos de visita.

-De acuerdo.

-Dos minutos cincuenta segundos.

-¡Vale!

Cuando la enfermera se hubo marchado, Brian se volvió hacia Ted. Una impresionante cicatriz recorría su rostro, desde la frente hasta el pómulo, atravesando su ojo derecho.

-Brian, lo siento mucho…

-¿De qué hablas? Me queda genial – contestó él quitándole importancia con un gesto mientras examinaba su reflejo en el espejo. Serio de nuevo, sonrió a Ted – me salvaste la vida.

El metamorfomago bajó los ojos. Había acordado con Harry, la directora McGonagall y el profesor Jarrows que sería mejor no hablarle a nadie de su transformación en el bosque. Brian no recordaría nada, y aparte de Francis (que guardaría el secreto) nadie más lo había visto bajo aquel aspecto. Sintió la mano de Brian en su hombro.

-Gracias.

Teddy se tragó el nudo que oprimía su garganta y sonrió.

-No hay de qué.

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Cuando Brian pudo salir de la enfermería, comenzaron los exámenes finales, y los cuatro amigos no tuvieron mucho tiempo para hablar sobre aquella terrorífica noche. Pronto, todo lo vivido en el bosque se volvió más borroso en la mente de Ted, aunque a menudo esos recuerdos lo asaltaban en sueños en los que el cuerpo desmadejado de Edmund Greyback saltaba sobre él, cerrando sus colmillos alrededor de su cuello. En estas ocasiones, cuando se despertaba jadeante y bañado en sudor, podía sentir la respiración irregular y los gemidos de Brian, a quien las pesadillas tampoco dejarían descansar en mucho tiempo.

Pronto, el final del curso se lanzó sobre ellos antes de que pudieran darse cuenta. Slytherin se alzó con la Copa de Quidditch tras vencer a Gryffindor en la final por 750 a 600, enviando a la enfermería a un malogrado Peter Garand después de que una buggler le golpeara en la cabeza, impidiéndole coger la snitch.

Sin embargo, el mal sabor de boca que pudo dejarle este partido a la casa Gryffindor fue paliado cuando ganaron la Copa de las Casas gracias a los doscientos puntos ganados por Teddy en su incursión al Bosque Prohibido y en la expulsión de los licántropos.

Finalmente, y sin saber muy bien cómo, Ted Lupin se encontró ante su baúl semivacío, buscando ajetreadamente todas sus cosas. En menos de dos horas, partiría en el Expreso de Hogwarts. Se encontraba buscando el modo de apilar todos sus libros y túnicas dentro del caldero para hacerle sitio al resto de su ropa cuando un movimiento a su espalda le hizo volverse bruscamente. Julius Jarrows lo observaba desde la puerta de la habitación.

-Profesor Jarrows… - dijo Ted, sorprendido.

-Hoy se ha celebrado el juicio de Gabriel Princestone – informó el jefe de la casa Gryffindor en un tono neutral – ha sido declarado culpable de los cargos de conspiración, cómplice de secuestro, e intento de asesinato. Pasará una buena temporada en Azkaban.

-Ah – hizo Ted. No se le ocurría nada que decir.

-Ted – continuó el profesor – durante los últimos dos meses hemos estado observándote, tanto Harry como la profesora McGonagall como yo. Queríamos asegurarnos…

-De que el hecho de haber asesinado a Edmund Greyback no me afectara más de lo necesario – interrumpió Teddy con voz fría – tal vez también deberían celebrar un juicio contra mí, y contra el resto de licántropos…

-Tú no eres un hombre lobo, Ted.

-Ya, no – Ted se sintió invadido por la ira – no lo soy, eso está claro. Pero hace unas semanas, por un momento estuve dispuesto a devorar vivo a uno de mis mejores amigos, y sólo porque había luna llena. – Dirigió su mirada a la foto de sus padres que descansaba sobre su mesilla – mi padre sí era un licántropo, y no creo que representara un auténtico peligro para mi madre, o cualquiera que estuviera cerca suya. Él si valía lo suficiente como para cargar con algo así…

-Conocí a Remus Lupin brevemente, Ted – dijo Jarrows. El metamorfomago lo miró con asombro – él iba dos o tres cursos adelantado a mí en el colegio. Luego traté brevemente con él durante la primera guerra… antes de que Harry Potter derrotara a Voldemort por primera vez, y fue él quien me… - por un momento, Jarrows pareció perder el hilo de la conversación en sus propios recuerdos. Sacudió la cabeza, sobresaltando a Teddy – lo que intento decirte es que lo conocí lo suficiente como para saber que estaría orgulloso de ti, Ted.

-Pero no lo puede estar – respondió el chico sombrío – murió, y realmente no importa todo lo que me pueda decir la gente que lo conoció. Yo no lo hice, y nada de lo que intente hacer me pondrá a su altura, ¿no lo entiende?

Julius Jarrows pareció meditar las palabras del chico unos segundos. Luego se acercó a él y puso una mano en su hombro, que apretó levemente.

-No tienes que hacer nada para ponerte a la altura de tu padre, Ted. Él no te podría definir nunca, ni tú a él. Y basta con que mires a tu alrededor para que veas que tengo razón.

Teddy no supo que contestar. El profesor Jarrows se apartó de él y la puerta del dormitorio se abrió, dejando entrar a Francis.

-Ah, hola, profesor, ¿va todo bien?

Jarrows le sonrió y salió de la habitación. En la puerta se volvió para mirar a los dos chicos de catorce años.

-Tranquilo, Francis. Todo va a ir bien.

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El viaje en tren pasó sin percances.

A excepción del encuentro de Leopold Lewis y Teddy en el pasillo, cuando el metamorfomago se dirigía al vagón de Alex y las chicas para despedirse de ellas.

El Slytherin, que no se encontraba acompañado de sus inseparables Zabini y Petersen, lo miró fijamente con sus gélidos ojos azules. Ted permaneció callado, aguantando su escrutinio.

-Supongo que tienes todo el derecho del mundo a sentirte superior a mí a partir de ahora – murmuró Lewis.

-No lo haré. – respondió Teddy.

Lewis apretó los dientes.

-No tengo nada que agradecerte.

Minutos después, el Gryffindor llegó al compartimento de Alex, Alicia, Catherine y Patricia.

-¡Ted! – la hermana de Ethan lo abrazó. - ¿Cómo estás?

-Ah, si, bien. Venía a despedirme, ya sabes.

-¿Te ocurre algo, Ted? – Preguntó Patricia – estás muy serio.

El chico intentó sonreír. Luego se encogió de hombros, fingiendo indiferencia.

-Supongo que es porque voy a echar de menos Hogwarts…

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-¡Teddy!

Un niño de unos seis años, de pelo negro azabache y brillantes ojos verdes atravesó la multitud para correr a abrazarse a sus rodillas.

-¡Al!

-¡Hola, Teddy!

Levantó sobre sus hombros a Albus Severus Potter, como solía hacer cada vez que volvía a verlo cada mes de Julio y giró la cabeza de un lado a otro en busca de la familia de su padrino. Al hacerlo, los mechones de su pelo, de un púrpura intenso, cayeron sobre sus ojos dorados.

-¿Y donde están tus padres y tus hermanos?

Guiado por el niño, Ted finalmente distinguió a los Potter junto a la barrera.

-¡Ted!

-¡James! ¿Desde cuándo te ha dado por crecer?

Teddy bajó a Albus y se agachó (ocasión que aprovechó James para colgarse de su espalda) para saludar a Lily.

-Hola Teddy – dijo la niña de dos años.

-Hola, Lily Luna Potter-Weasley. – Dijo Ted en tono solemne, llevándose una mano al pecho.

La hija menor de su padrino rió. Y por primera vez en meses, sonrió con sinceridad.

Se levantó (aún con James colgando de sus hombros) y abrazó a Harry y Ginny.

-Bienvenido a casa – le susurró la mujer de su padrino.

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Hasta aquí el capítulo 14, y en breves (lo prometo, en breves) llegará el 15.

Muchas gracias por leer, y espero que os haya gustado.