Amour : un mot, cinq lettres et une signification

Amor: Una palabra, cuatro letras, un significado

En découvrant un peu de… Saotome Ranma (Descubriendo un poco de Saotome Ranma)

Segundo capitulo

Los inversionistas chinos estaban consternados, Ranma dijo que no sabía hablar mandarín, pero le había dicho al traductor que les dijera que no quería hacer ningún trato con ellos, Akane alarmada trató de detenerlo pero como era obvio fue inútil porque el traductor solo obedecía a Ranma, cuando el traductor le dijo eso a los inversionistas Akane intervino llamando a Takú, el inversionista chino más viejo y mayoritario de las acciones.

—Señor Takú, no le haga caso, no sabe lo que dice. Acaba de tomar el mando de la empresa y aún no entiende muy bien los términos que hemos firmado en el contrato —dijo Akane apresuradamente mientras el traductor se lo decía a Ranma en japonés, pero antes de que terminara de decírselo Ranma ya sabía lo que Akane había dicho.

—Dígales que soy el nuevo dueño y que como dije antes, no quiero ningún trato con los chinos —dijo Ranma molesto mirando a Akane con impaciencia.

El traductor se lo dijo de la manera más diplomática que pudo y Akane nuevamente trato de solucionar el nuevo problema que estaba surgiendo pero antes de que pudiera terminar de hablar con el chino, Ranma la tomó del brazo y la obligó a mirarlo.

—Dejé ya de intervenir, no quiero ningún trato con los chinos —dijo Ranma cortante y Akane arrugó el ceño.

—¡¿Es estúpido o qué?! –espetó Akane fuera de sí mientras lo miraba con desconcierto y preocupación, Ranma solo sonrió irónicamente y negó con la cabeza.

—No quiero tratos con los chinos –repitió tranquilo e imperturbable, Akane con la boca abierta miró a los chinos que hablaban entre sí, igual que ella no entendían nada, agradecía que no supieran japonés y miró de nuevo a Ranma.

—Mire, Saotome, esos chinos son unos clientes muy importantes, si usted pone atención a los ingresos se dará cuenta que son el aporte más importante en la empresa y…

—Eso simplemente es porque ustedes están cerrados ante el mundo —le cortó Ranma mirándola fijamente —, solo les importa simpatizar con los chinos y americanos ¿Qué hay de los coreanos, europeos o los árabes? Y lo latinos ¿Dónde quedan? —preguntó Ranma y Akane le miró sorprendida, ella tenía la idea de expandir el mercado, pero su padre y hermana siempre se lo habían negado, diciendo que era casi imposible competir en los demás mercados.

—Sería una gran pérdida, estamos muy bien instaurados en esas dos zonas —dijo Akane bajando la cabeza, Ranma sonrió, no sabía porque pero sentía que esas palabras e ideas no eran propias de ella.

—¿Tiene miedo entonces? —preguntó Ranma y Akane lo miró de inmediato mordiéndose los labios, quería decirle que no, que ella también tenías esas ideas y los deseos de que se expandieran, pero recordó las palabras de su padre.

"Para que buscar más, ahora estamos bien, si nos arriesgamos corremos el riesgo de perder todo"

—No, pero quiero guardar las bases —dijo Akane desviando la mirada y ladeando un poco el rostro para no verlo.

Ranma sonrió satisfecho, entendió que ella deseaba lo mismo, solo que no lo hacía seguramente por su familia, miró a los chinos y después al traductor.

—Dígales que desde este momento queda disuelto el contrato y que busquen otra casa productora porque esta no tiene contrato con los chinos —dijo Ranma y Akane lo miró con los ojos llenos de sorpresa. —Y que no traten de insistir, porque siempre encontraran esa respuesta —agregó, retomando su lugar en la mesa directiva.

Akane tembló de cólera, como se atrevía a hacerle algo así después de lo que ella le había dicho.

—¡Pero la campaña con ellos es una de las mejores que hemos tenido! Además tenemos que terminar el último contrato que teníamos.

—Usted no me dijo nada de ningún contrato —dijo Ranma algo serio, eso era un cambio para sus planes.

Akane sonrió esta vez, estaba confiada, sabía que por más prepotente que fuera no podía romper ese contrato por los términos legales que le correspondían a dicho documento —Se lo estoy diciendo ahora. Tenemos un contrato con ellos, es de la colección de verano.

—Entonces lo terminaremos mañana y romperemos todos los lazos con ellos —dijo Ranma serio, Akane sonrió de nuevo y negó con la cabeza.

—Eso no será posible, porque el señor Takú y esta compañía designaron una modelo para el comercial.

—No veo el problema.

Los inversionistas estaban al tanto de la pelea gracias al traductor que se encargaba de decirle los que pasaba y también gracias a uno de los chinos más jóvenes que entendía algo de japonés.

—Solo quieren a una, y ella ahora no se encuentra aquí —dijo y Ranma negó con la cabeza.

—Aquí hay más de mil modelos, cualquiera de ellas puede hacerlo.

—Me temo que no —intervino Akane victoriosa, sintiendo ganas de gritar al ver que esta vez le estaba ganando a Ranma.

—Señor Takú puede prestarme el contrato —dijo Akane en mandarín mirando al viejo inversionista que se apresuró a darle los documentos para que ella se los pudiera enseñar a Ranma.

—Se los puedo leer, o dígale a su traductor si no confía en mí —dijo Akane cruzada de brazos mientras Ranma estudiaba los papeles que estaban escritos en mandarín.

Ranma leyó rápidamente y arrugó el ceño cerrando la carpeta de inmediato.

—¿Cómo se llama la modelo? —exigió mirando a Akane severamente, Akane sintió un extraño escalofrió dentro de ella al ver aquella mirada. Era completamente dura, fuerte y llena de odio.

—Sha… Shampoo —balbució, las negras cejas de Ranma se juntaron un poco más y sus ojos se llenaron más de odio, el sentimiento de Akane se afianzó.

—Llámela entonces, tiene un trabajo por hacer.

—E… eso no será posible —dijo Akane intimidada por la mirada de Ranma, tomó aire y se regañó a si misma por estar así, no tenía porque ser de esa forma, no podía tenerle miedo, no le iba a demostrar que lograba intimidarla con una sola mirada.

—¿Por qué no? —preguntó entre dientes, conteniendo apenas su rabia.

—Porque está en su vieja de bodas.

Si los ojos de ese hombre hubieran sido espadas Akane estaría en ese momento destazada, su mirada era tan intensa que no podía describirla, solo la embargaba un feo y extraño sentimiento que lograba congelar todos sus sentidos y despertaban el pánico en ella.

—¿Hace cuanto se casó? —preguntó Ranma y Akane arqueó una de sus delgadas cejas.

—¿Cómo dice?

—¡Responda! —exigió Ranma.

—No creo que eso le deba de import…

—¡Respóndame! –exclamó Ranma dándole un golpe seco a la mesa que hizo saltar a los inversionistas que entendían poco de lo que pasaba ahí.

—Más o menos dos semanas —dijo Akane nerviosa y con la garganta completamente seca.

—¿Tatewaki Kuno? —preguntó Ranma con la mirada fija en la pared.

—¿Cómo? —preguntó Akane desconcertada.

—¡¿Se casó con Tatewaki Kuno?!

—Usted como sabe… —vaciló Akane congelándose cuando Ranma la miró a los ojos.

—Ese hombre es muy conocido en la ciudad al igual que su prima.

Ahora sí que Akane estaba impactada, como ese hombre sabía que era su prima, se imaginó que lo pudiera saber de las revistas y noticieros, pero él no era la persona que diera la impresión de estar atento a los chismes de la farándula.

—Llaméela, dígale que tiene que presentarse aquí más tardar el miércoles —dijo Ranma poniéndose de pie, mientras iba a la puerta para irse.

Akane se atragantó levemente y también se levantó llamándolo, Ranma se giró levemente y la miró con impaciencia.

—¡Pero hoy es lunes! —dijo Akane, Ranma sonrió de medio lado y se giró de nuevo tomando el pomo de la puerta.

—Con dos días es suficiente, dígale a los inversionistas que nuestro contrato termina el miércoles, buenas tardes —dijo y salió de la oficina dejando a Akane pasmada y temblando nuevamente de rabia.

—¡Eso es imposible Nabiki! —exclamó Shampoo por el teléfono cuando ella le informó que se tenía que presentar el miércoles para terminar de firmar el comercial y modelar la nueva colección de verano de los chinos.

—Lo siento, prima —dijo Nabiki con desagrado –tienes que hacerlo, son órdenes del nuevo dueño.

—¿Nuevo dueño? —preguntó y Nabiki asintió.

—Cuando llegues te lo contaremos todo, lo único que te digo es que es un hombre que está acostumbrado a dar órdenes, así que lo mejor es que no nos compliques las cosas —dijo Nabiki y Shampoo rió sarcásticamente.

—¡No pienso ir!

Nabiki puso los ojos en blancos y hizo una mueca de cansancio —Tienes que hacerlo, como te dije el da órdenes, así que mejor aparécete por aquí si no quieres que tengamos problemas con él.

—Te dije que no pienso ir, estoy en mi luna de miel y jamás las interrumpiré para ir a trabajar.

Akane se desesperó y fue directo a su hermana para arrebatarle el teléfono de mala gana y escuchar la voz desagradable de su primita.

—Mira Shampoo, no te estoy preguntando, te estoy informando.

Shampoo al escuchar la voz de Akane sonrió de forma maliciosa.

—¡Akane! Prima ¿cómo estás? –preguntó y Akane arrugó el ceño.

—No te llamo para charlar, solo te digo lo que Nabiki ya te explicó.

—Pero no me parece justo, yo estoy de luna de miel con mi esposo, Kuno y yo estamos pasando los mejores momentos —Akane sintió una puñalada al escuchar aquello, era un golpe para su corazón y su orgullo. —No te he contado, no sabes que apasionado que es, es de los hombres que ya no hay, cuando estoy en sus brazos…

—Ya sabes, en dos días tienes que estar aquí —le cortó Akane y Nabiki negó con la cabeza suponiendo por la expresión de su hermana que no era nada bueno.

—¡No quiero trabajar!

Ñ—¡Cómo si tuvieras que hacer mucho! Solo tienes que ponerte un maldito traje de baño tomarte fotos y después caminar con el por una Pasarella —espetó Akane molesta, cuando Shampoo iba a decir algo Akane le cortó rápidamente. —Ya lo sabes, el miércoles —dijo y aventó el teléfono para no escuchar más su molesta voz.

Nabiki la miró y pudo ver que estaba conteniendo las lágrimas que siempre amenazaban en salir de sus ojos al saber noticias de su antiguo prometido y su prima.

—Es una estúpida, no debes de demostrarle nada, sabe que estas sufriendo —dijo Nabiki y Akane solo levantó los hombros.

—Qué más da, solo espero que recuerde su lugar y no trate de hacerle una treta a Kuno —dijo Akane apretando el puño con fuerza.

—¿Lo dices por la llamada que escuchamos antes de que ella se casara con él? —preguntó Nabiki y Akane asintió.

—Espero que solo haya sido un mal entendido, porque si es verdad que Shampoo estaba con otro hombre mientras me quitaba a Kuno lo va a pagar caro —dijo Akane y Nabiki la miró con interés.

—Si eso fuera cierto… ¿le dirías a Kuno?

—No lo sé —dijo Akane algo dudosa. —Kuno es un hombre muy celoso y sumamente orgulloso, su orgullo esta primero que nada, a pesar de todo Shampoo es mi prima y no quiero que le hagan nada.

—A veces eres muy tonta Akane —dijo Nabiki cruzando sus piernas mientras Akane dejaba reposar su espalda en el respaldar de la silla. —Shampoo te quitó lo que más querías y no quieres que Kuno le haga daño.

—No es eso, no quisiera ver como Kuno se ensucia las manos, además ya sabes cómo es Shampoo, seguro que su relación termino cuando se casó con Kuno.

—Esa es la esperanza —dijo Nabiki mirando a su hermana resignada.

—Espero que sí.

—Ya lo veremos, cuando estén aquí será más fácil tener a Shampoo bajo la mira. Nunca me ha caído bien lo sabes y mucho menos después de lo que te hizo, quitarte a Kuno.

Akane solo bajó la mirada y se encogió de hombros.

Ranma estaba en su oficina, a pesar de los tantos olores que había pedido a las conserjes que pusieran no podía sacar el aroma de Akane, su fragancia se mezclaba con todas las demás y eso lograba irritarlo.

—¿Entonces era cierto? —preguntó Ryoga entrando a su oficina, Ranma lo miró, estaba serio, distante, el odio seguía presente en su mirada y la rabia se había acentuado con más fuerza.

—Sí, era cierto, todo lo que nos dijo esa anciana era cierto, todo —dijo Ranma mirando a Ryoga de forma frustrada.

—Lo siento —dijo Ryoga y Ranma rió amargamente.

—No hay nada que sentir, no quiero inspirar pena y lastima, así que no me vuelvas a decir eso si no quieres que te mate —dijo Ranma sin gritar, pero logrando que Ryoga sintiera un escalofrío en su espina dorsal.

—¿Entonces que pasara? —preguntó y Ranma solo sonrió con amargura.

—Ya lo veremos… el miércoles lo veremos.

Nabiki ya se había ido, hace una hora que todos los empleados podían irse, pero Akane quería adelantar unas cuantas cosas que tenía que hacer y entregarle el siguiente día a Ranma, tenía que llevara un chofer, porque Nabiki se había llevado el auto. Pasaron rápidamente las horas sin que se diera cuenta y se alarmó cuando miró en su reloj que ya eran las doce de la noche.

–¡Maldición! –exclamó recordando que la hora de salida había sido a las ocho y que seguramente el chofer ya no estaba, se apresuró a marcar el número del chofer donde no le contestó, el teléfono de choferes se encontraba en la plata baja en el estacionamiento, pero no hubo respuesta alguna.

—¡No puede ser que no haya nadie! —exclamó frustrada, habían catorce choferes en toda la empresa y ya todos se habían ido.

—Eso resulta algo obvio —dijo Ranma que se apareció en la oficina de Akane haciendo que esta diera un respingo al escuchar su voz.

—¡¿Qué hace usted aquí?! —preguntó algo alarmada, pero respiró hondo para calmarse.

—Eso mismo le iba a preguntar yo, ya me iba cuando escuche su grito —dijo Ranma entrando a la oficina, Akane se apenó un poco por eso y empezó a ordenar sus cosas distraídamente, para evitar ver aquellos ojos que la lograban intimidar.

—Estaba adelantando unos informes que tengo que entregarle mañana ¿quiere verlos de una vez?

—No, solo quiero irme ya. Supongo que usted no tiene como irse.

—No se preocupe, llamaré un taxi —dijo Akane y el rió.

—Bien, hasta mañana entonces —dijo Ranma despidiéndose de un ademán mientras se giraba para salir de la oficina, Akane no pudo evitar abrir su boca con sorpresa al saber que Ranma no pensaba acercarla a su casa ¿Qué clase de tipo era? No tenía educación definitivamente, era un patán con ropa de caballero.

—Hasta mañana –dijo Akane entre dientes, no iba a decirle nada, no iba dejar que se burlara de ella y aunque le diera terror irse sola en taxi a esa hora lo iba a hacer.

—¡¡Esto no puede ser posible!! —exclamó Akane al ver que no había ningún taxi disponible, ya estaba en la parte baja del edificio y cada vez que le decían que esperara cinco minutos para que el taxi llegara no llegaba ninguno.

—¡Maldición, maldición! —gritó mirando su reloj, ya habían pasado dos horas desde que se despidió de Ranma, intentó llamar a Nabiki un par de veces pero no había respuesta, llamó a su casa y tampoco le contestaban, definitivamente la suerte estaba en contra de ella.

—Señorita Tendo —fue una voz que sonó detrás de ella, Akane dio un respingo por la sorpresa y se giró de inmediato encontrándose con un hombre que le resultaba familiar.

—¡¿Quién es usted?! —preguntó algo alarmada, la empresa ya estaba vacía y solo se encontraba ella con un hombre, definitivamente eso no era bueno.

—Soy Ryoga Hibiki —dijo él algo nervioso —no sé si me recuerda, entre a su oficina cuando…

—Sí, ya recuerdo —dijo Akane aliviada y sonrió al abiertamente. —¿Pero que hace aquí a esta hora? —preguntó y Ryoga sonrió tímidamente, le gustaba mucho aquella sonrisa de Akane en donde se perdía el tiempo y las preocupaciones.

—Bueno… yo solo estaba ordenando unas cuantas cosas que el señor Saotome me dijo, escuché que había alguien más así que la vi a usted.

—Vaya, Ranma no me dijo nada.

—Si usted quiere la puedo llevar a su casa, ya me voy y…

—¡Gracias! —dijo Akane alegre, agradeciéndole a Kami que pasara algo bueno en su día.

Como Ryoga se lo prometió la llevó a su casa, se bajó apresuradamente del auto, se despidió de él con un ademán ya estando en el marco de la puerta principal, Ryoga esperó hasta que entrara para irse, cuando se fue Akane corrió a la cocina para prepararse algo de cenar, se moría de hambre y a pesar de la hora se tomó un poco de leche y un par de galletas que Kasumi había cocinado esa noche, cuando entró a su habitación se puso rápidamente la ropa de dormir para dejarse caer pesadamente en la cama. Recordó lo que había pasado ese día y pensó con desagrado que en menos de dos días vería de nuevo a su prima y al hombre que había roto su corazón.

Llegó el miércoles, Akane se despertó más temprano que de costumbre, Nabiki le dijo que no dejara que ninguno de los dos la vieran desarreglada por primera vez le hizo caso. Se vistió como antes lo hacía, cuando estaba comprometida con Kuno.

Llevaba un traje de sastre de color negro y una camisa de color blanca de fondo, toda una ejecutiva, se daba cuenta que había perdido algo de peso, porque antes la ropa le quedaba más tallada, ahora estaban mucho más holgadas, se colocó sus medias semitransparentes que hacían que su piel pálida se bronceara considerablemente y se colocó unos tacones bajos para cambiar unos cuantos centímetros su estatura, se maquilló muy poco y ató su largo cabello con una cinta de color blanca.

Cuando Nabiki la miró suspiro resignada.

—Pensé que te ibas a arreglar.

—Y lo hice –replicó Akane tomando un poco de jugo de naranja.

—Me refería a que te vistieras diferente, eres la vicepresidente de la empresa, es de moda, deberías de vestiste más…

—Tú te vistes igual –replicó Akane frunciendo el ceño.

—Pero soy administradora y no tengo que impresionar a nadie, además soy una mujer comprometida no debó de andar provocando a nadie —rió y Akane se sonrojó levemente.

—Yo no quiero provocar a nadie.

—Algunas veces me desesperas sabes —dijo Nabiki resignada —yo que tu vería la forma en quitarle a Shampoo a Kuno y borrar de una vez por todas esa sonrisita de estúpida que tiene.

—Kuno es un hombre casado ahora y no voy a meterme en su matrimonio. Está decidido.

—¿Cómo se llama el hombre que compro la empresa de tu familia? —preguntó Kuno algo molesto, Shampoo lo miró con desagrado pero él no lo notó ya que ella llevaba gafas de sol.

—No lo sé, no pregunte, pensé que no era importante —dijo Shampoo despectiva y Kuno se cruzó de brazos, tenía el ceño fruncido y miraba por la ventana del auto mientras el chofer manejaba apresuradamente con dirección a la empresa.

—¿Por qué no me llamarón a mi? —preguntó y Shampoo sonrió al descubrir porque había estado molesto desde que le dijo que tenían que regresar para terminar el contrato con los chinos.

—No lo sé, seguramente porque estábamos de viaje de bodas —dijo Shampoo mirando del otro lado de la ventana.

"Pobre idiota, siempre queriendo ser el centro de atracción, no soportas que no estés siempre de primero en la lista de todos" pensó sonriendo amargamente "Y pensar que tengo que aguantarte como esposo, si las cosas hubieras sido diferentes" pensó ahora algo triste, perdiendo su vista en el sol que tenía una imagen sepia por el cristal oscuro de sus gafas de sol.

—¿No ha llegado? —preguntó Akane desconcertada al encontrarse a Haposai en la oficina de Ranma.

—No querida Akane, y tampoco sé la hora en que llegara.

—¿Usted sabe algo? —preguntó mirando ahora a Ryoga quien negó con la cabeza.

Akane frunció levemente el entrecejo y salió de la oficina, dejando a Ryoga y a Haposai dentro.

—No te hagas ilusiones muchacho —dijo Haposai mirando a Ryoga que se sonrojaba.

—¿De qué habla? —preguntó desviando la mirada, queriendo ocultar lo que era más que obvio.

Haposai rió levemente y negó con la cabeza —La señorita Tendo no es para ti.

—¿Quién ha dicho eso? —preguntó más sonrojado que nunca, Haposai rió, también conocía a Ryoga desde hace mucho y sabía de sus reacciones cuando quería ocultar algo.

—Tu boca no, pero tus ojos hablan más que tu lengua —rió y Ryoga miró el lugar vacío que Akane había dejado en el marco de la puerta ya cerrada.

—No sé de lo que hablas anciano —negó Ryoga a pesar de su explicación.

—Bueno… eso no importa ahora ¿Qué piensa hacer Ranma? —preguntó Haposai ahora serio mirando a Ryoga que se encogió de hombros. —¡¿Habla muchacho?! —ordenó Haposai impaciente.

—No lo sé, pero lo que sí le puedo decir es que ahora se lo está llevando el demonio .

—Me cuesta creer todo lo que me han contado ustedes, me cuesta demasiado, pero tenemos que estar atentos para que Ranma no cometa ninguna estupidez de la que pueda arrepentirse.

Shampoo tenía ya puesto el traje de baño que pensaba modelar frente a los inversionistas chinos y si ellos estaban de acuerdo desfilaría esa noche en la Pasarella de la nueva línea de verano que pensaban hacer. Esa noche el señor Takú estaba muy interesado en hablar con Ranma, "Le Paserelle" era una de las empresas más importantes en la moda y no estaba dispuesto a perderla, pensaba ofrecerle cielo y tierra a Ranma para que no los ignorara, pero Akane sabía que estaban perdidos, por lo poco que sabía de Ranma era un hombre muy terco y no echaba para atrás sus ideas.

—¿Dónde está el monigote ese? —preguntó Shampoo con molestia mientras la maquillaban.

Nabiki y Akane estaban ahí con ella, organizando todos los detalles, había más modelos que presentarían las otras prendas, pero Shampoo se encargaba de las principales. Además de ser una gran modelo era una belleza que pocas igualaban, su cuerpo era perfecto, sus senos eran erguidos e insinuantes y su trasero era redondo con caderas anchas, toda una delicia de mujer para los hombres. Desde niñas había sido así, Shampoo siempre había sido la más exótica, pero Nabiki se acercaba mucho a ella, Akane no, ella era más delgada y no tenía mucho busto ni trasero a su gusto. —¿De quién hablas? —preguntó Nabiki.

—De quien más va a ser, el dichoso dueño.

—No lo sé —contestó Akane mirando su reloj, estaba tan impaciente como Nabiki, la usencia de Ranma se sentía en la empresa, los inversionistas preguntaban cada cinco minutos por él y ni siquiera se dignaba a llamar.

—Vaya pero que tipo más nefasto, ni lo conozco y ya lo aborrezco —dijo Shampoo con molestia.

—Se llama Ra…

—¡No lo quiero saber! —exclamó Shampoo cortando a su prima Akane quien levantó los hombros. —No sabe todas las molestias por las que me ha hecho pasar, interrumpir mi luna de miel —dijo y la molestia se borró para dejar entrar una sonrisa traviesa, miró a su prima y se dio cuenta de que había desviado la mirada al escucha "luna de miel" —No saben cómo se ha puesto Kuno, cuando se lo he dicho se puso como un verdadero demonio, estábamos tan bien los dos solos aman…

—¡Bien! —exclamó Nabiki bostezando —será mejor que tomemos nuestros lugares Akane, se está haciendo tarde y no queremos distraer más a Shampoo —se apresuró a decir y antes de que Shampoo pudiera decir algo más que dañara a su hermana arrastró a Akane fuera del set de Shampoo.

—Estúpida, estúpida —vociferó Akane mientras Nabiki se encargaba de llegar a donde todos esperaban a Shampoo.

—¿Cuánto falta para empezar? —preguntó uno de los socios minoristas.

Nabiki miró su reloj y contó rápidamente en la mente.

—Menos de cinco minutos.

—Muero por ver a Shampoo —dijo Kuno que se acercó a ellas.

Akane lo miró con dolor.

—Lo único que me pudre es que todos estos hombres la miren en traje de baño —agregó, causándole otra puñalada certera e su corazón.

Estaba celoso, la amaba, no podía hacer nada. Cuando la vio la saludó como si no le hubiera impactado verla, se sentía peor que un trapo viejo y sucio, sus intentos por arreglarse había sido en vano, nada había servido, Kuno ni se había dado cuenta de ello. Lo miró y solo veía sus labios moverse no le escuchaba, no escuchaba a nadie, sintió de nuevo ese extraño nudo en la garganta mientras las lágrimas se abarrotaban en sus ojos marrones. Tenía que salir de ahí, no quería que nadie la viera llorar, ni ella misma se quería ver llorar, se lo había prometido ya, no iba a llorar nunca más por Kuno, él ya no era suyo, nunca lo sería.

—Iré a buscar al señor Saotome, debe de estar ya en su oficina —dijo Akane apresurándose para irse.

—¡Pero ya va a empezar! —gritó Ukyo que era otra accionista y amiga de Akane.

Akane corrió, agradecía haber elegido unos tacones bajos que no le incomodaran tanto, aunque echaba de menos a sus zapatos deportivos en esos momentos, lo único que quería era un punch bag para pegarle hasta que sus brazos se arratonaran y le doliera si quiera moverlos.

—¡Maldición —gritó al sentir que una lágrima salía de sus ojos, pero la limpió en el acto. Su primera intención era correr hacía el baño, pero si lo hacía sabía que lloraría y eso era lo que no quería.

—¡Saotome! —recordó, ¡SI! Era el único que la iba a ayudar a no llorar, ese hombre lo único que le inspiraba era rabia, enojo y molestia, si se encontraba con él sus sentimientos cambiarían, cambió de dirección y fue directamente a la oficina de Ranma, se alegró al escuchar su voz de lejos y cuando estuvo de frente a la puerta antes de entrar escuchó que se encontraba discutiendo con alguien más, así que la curiosidad la venció y se acercó a la puerta apoyando su cabeza y su oreja en la madera, en donde no reconoció la otra voz, nunca antes la había escuchado.

—¡¡Estás loco!! —gritó una voz madura y varonil desesperado, Akane trató de agudizar su oído y pudo escuchar unos pasos impacientes dentro, de seguro se trataba de Ranma caminando por la alfombra.

—¡Loco estaba cuando acepte todo este maldito juego! —replicó Ranma exasperado, pero no gritaba, solo hablaba con fuerza y autoridad. —¡Loco estaba cuando compre esta empresa!

Akane arrugó el ceño al escuchar aquello ¿Por qué decía todo eso? Si hacía lo que le daba la gana con la empresa.

—Dime has que has venido —dijo Ranma cansado.

—A evitar que hagas una locura —dijo de nuevo la voz.

—¿No crees que es un poco tarde para preocuparte por mí, todos estos años me las he arreglado yo solo, además, no haré nada ¡solo reclamare lo que es mío! —objetó Ranma energéticamente.

—¡Pero ahora ella está casada!

—¡Eso a mí no me importa! —exclamó Ranma golpeando la pared con fuerza, Akane abrió los ojos con sorpresa ¡¿Dé quién estaban hablando?! Tenía una idea pero se negaba en aceptarla. —¡Ella me prometió casarse con migo!

—¡Pero se caso con Tatewaki Kuno!

—¡Dios! —exclamó Akane ahogando su grito entre sus manos, Shampoo se había liado con Ranma, por esa razón Ranma estaba ahí, por esa razón había comprado con tanto interés la empresa y también esa razón había adelantado el contrato ese miércoles.

—Señorita Tendo —dijo Ranma abriendo la puerta de golpe y haciendo que gritara por al susto repentino que le había dado, la había descubierto ¡Mierda!