Amour : un mot, cinq lettres et une signification

Amor: Una palabra, cuatro letras, un significado

I lest seulement second Dans lequel j´ose à pedirt que tu m´aimes (Sólo es un segundo en el que me atrevo a pedirte que me ames)

Capitulo 20

Ryoga se despertó pesadamente, reconoció inmediatamente el cuerpo que estaba a su lado. Se rascó los ojos adormecidos y bostezó. Sintió como el peso del otro cuerpo encima de suyo se movía perezosamente y sonrió al sentir como la cabeza de Ukyo se levantaba de su pecho mientras la televisión seguía encendida.

—Nos hemos quedado dormidos.

—Sí, ya me he dado cuenta —apuntó Ukyo mientras se incorporaba de nuevo y estiraba los músculos tensos de su espalda. Notó como los rayos de sol se filtraban por las grandes ventanas de aquel departamento que tanto le gustaba. Ryoga también se puso en pie y se estiró, mientras hacía crujir algunos de sus huesos.

—Vale más que la película estaba divertida —bromeó Ryoga, mientras Ukyo lo miraba con fingido fastidio. Elevó sus ojos.

—Estuvo tan interesante que nos quedamos dormidos a la mitad, ya no vimos que paso con Jenny —dijo recordando el nombre de la protagonista. Ryoga rió y rascó su cabeza, mientras iba a la cocina, buscando algo de comer. Ukyo sabía que tenía que irse, no había planeado dormir ahí y tenía que ir de nuevo a su casa a cambiarse, Ryoga salió de improviso de la cocina y sonrió vagamente.

—¿Adónde vamos a desayunar?

Ukyo lo miró algo confusa y él sonrió —Todavía tenemos tiempo, nos bañamos y luego vamos a tu casa para que te cambies de ropa y ya podríamos desayunar, ¿te parece bien?

—¿Bañarme aquí? —preguntó sin dar crédito a lo que escuchaba. Ryoga sonrió levemente y se encogió de hombros.

—Tranquila que no pienso meterme en la ducha, si es lo que te preocupa.

Las mejillas de Ukyo se abarrotaron de sangre, sintiendo la vergüenza por aquellas palabras —¡No es eso! Solo que…

—Bien, ve a tu casa y en media hora paso por ti para ir a desayunar, ¿vale? —preguntó y Ukyo aceptó, sabiendo que en su coche llegaría en menos de diez minutos a su casa. Aceptó y Ryoga abrió la puerta, mientras una sacudida lo sucumbía. No entendió la razón, pero le estaba gustado la compañía de Ukyo más de lo que hubiera llegado a pensar.

Akane se levantó de nuevo en aquel colchón cómodo y delicado, en el cual descansaba más que en su propia casa. Se estiró sobre la cama y notó la falta del cuerpo de Ranma, cuando se incorporó acomodo mejor su camisa y calzó unas zapatillas de dormir que Ranma le había prestado. Antes de poder salir de la habitación fue atajada por los brazos de Ranma que la recibieron con el beso de los buenos días. Akane rió al retroceder sobre sus pasos y notó el olor a comida proveniente de la cocina.

—¿Por qué no me despertaste?, por lo menos te hubiera ayudado a preparar el jugo de naranja. Te juro que eso si me queda bien.

Ranma sonrió, besándola suavemente, mientras sentía los brazos de Akane anudarse sobre sus hombros —Me gusta verte dormir, además, no pensaba perturbarte por nada, solo he hecho unos cuantos huevos, pan y jugo.

—¿Te he dicho que eres la mujer perfecta? —preguntó Ranma rozando su nariz con de la Akane. Sonriendo abiertamente mientras Akane lo miraba completamente enamorada, no sabía si estaba haciendo lo correcto pero sabía que estaba haciendo lo que su corazón decía. Ambos sonrieron al escuchar la queja que presentaba el estomago de Akane, Ranma deshizo su agarre y Akane corrió hacía él y subió a sus hombros con suma facilidad, mientras Ranma la llevaba en su espalda a la cocina, pasando por el salón donde Akane notó un ramo de lirios que la deslumbraron al verlos contra los rayos del sol que inundaban la habitación.

—¿Ranma….

—No son para ti, pero desayunemos, nos alistamos y respondo tu incógnita, ¿vale?

—¡¡Buenos días!! —exclamó la alegre voz de Shampoo, que junto con Kasumi se encargaba de preparar el desayuno. Nabiki sintió nauseas al ver como abrazaba tan hipócritamente a su padre. Recordó cuando le había dicho a Ranma que si el precio de estar con él era la muerte de su tío lo aceptaría gustosa. Apretó su puño, odiaba a los dos. A Ranma porque no tenía ni idea de que podía estar pasado por su mente y por la forma en que Akane ya sufría por él, y a Shampoo porque no era más que una niña frívola y caprichosa que no valoraba el esfuerzo y cariño que le había dedicado su padre.

—¡Nabiki, mira, Shampoo nos ha preparado unos exquisitos panes al vapor! —exclamó Soun alegre, tomando un par y metiéndolos apresuradamente a su boca mientras masticaba en dos segundos. Nabiki arqueó su delgada ceja, no confiaba para nada en ella, sus ojos bailaron hasta la cocina y pudo ver que Kasumi se estaba encargando de la otra parte del desayuno.

—¿Quieres un poco? —preguntó con fingido cariño, Nabiki la destazó con la mirada y después sus ojos castaños se posaron en su padre.

—Lo siento, tengo mucho trabajo y ya voy retrasada, nos vemos luego —se despidió y salió apresuradamente del Dojo, mientras sentía los ojos púrpuras clavados en su espalda.

—¿Qué hacemos aquí, Ranma? —preguntó Akane tensa, cuando se percató del lugar, este detuvo el auto en la entrada del cementerio. Apagó el motor y se quitó las gafas oscuras que cubrían sus hermosos ojos.

—Ayer, cuando hablaba con tu padre, me contó que tu madre cumple Veintiún años desde que….

—Pensaba verla después del trabajo.

—Quería darle esto —dijo tomando los lirios, los ojos de Akane se detuvieron en los ojos de Ranma, que la miraron con completa sinceridad —, pero si te molesta….

—No me molesta, solo me tomaste por sorpresa, no pensé que….

—Quiero conocerla, de la misma forma que quiero conocer todo de ti.

Akane sonrió agradeció aquel gesto. Salieron del auto sin decir nada más, Ranma la tomó de la mano mientras Akane le mostraba el camino, saludó al conserje y se sumaron a un hermoso camino que llevaba por varios trayectos. Las lapidas y placas eran hermosas. Ranma sabía que no era para menos, el señor Soun le había demostrado el gran amor que seguía sintiendo por ella y la prueba más grande era que no había rehecho su vida. Se detuvieron delante de una lápida bastante llamativa, Akane suspiró pesadamente y apretó la mano de Ranma, quien observó que aquel lugar estaba mucho más vivo que otros. Tenía flores frescas que aún despedían un agradable aroma.

—Vine hace dos días, cada semana vengo tres veces y cuando estoy triste vengo a hablar con ella —rió, soltando a Ranma e inclinándose delante de aquella lápida de mármol. Ranma la imitó y pudo ver una lágrima de Akane rodar por su mejilla.

—Mamá, él es Ranma. De quien te he hablado tanto.

Ranma sonrió al escuchar aquello, extendió sus manos para dejar las flores al pie de la lápida, mientras apreciaba el bello contraste que hacían con el ambiente. Escuchó como Akane empezaba a llorar, cubriendo su rostro con sus delgadas manos y Ranma la tomó inmediatamente entre sus brazos. Rodeándola con un dulce abrazo que ella agradeció, mientras se apretaba más a él.

—La extraño tanto, Ranma —pronunció Akane de una forma apenas audible, mientras su llanto seguía sin control. Ranma la abrazó con más fuerza, queriéndola consolar pero sabía que no podía hacerlo. Aquella perdida no se podía compensar con nada y mucho menos se podía llenar aquel vacío.

—Tranquila…

—No puedo evitarlo, siempre que la veo lloro. Me hace mucha falta. Debes de pensar que es una tontería….

—Por supuesto que no, para nada es una tontería. Puedes llorar, eso ayuda Akane, es bueno que saques todo. —dijo él, acariciando su cabello, mientras sentía como se estremecía en sus brazos, sollozando con profundo dolor. Se aferraba más a él y Ranma la apretaba cada vez con más firmeza. Akane había superado ya la muerte de su madre, pero cada vez que la veía no podía evitar estar triste. Derramaba algunas lágrimas, pero en aquel momento sus emociones le había jugado una mala pasada, al estar Ranma ahí, interesado por conocer su vida, le hizo ver que tan diferente había sido a Kuno y Shinnosuke, quienes jamás se había preocupado realmente por lo que ella sentía o pensaba. No sabía si él le estaba mintiendo, pero agradecía aquel gesto más que nada de lo que ya había vivido con él.

—¿Cuál será entonces el plan para separar a Ranma y Akane? —preguntó Ryoga mientras jugaba con una rosquilla remojándola en su café negro. Ukyo sonrió, no había pensado en eso, tomó también una rosquilla y la llevó a su boca.

—No lo sé, estuve pensando, pero nada se me ocurre. Tal vez si Akane se queda a solas contigo.

—No lo creo, ya hemos estado a solas y no veo que pueda haber algún tipo de acercamiento. Tal vez deberíamos dejarlo…

—¡¡No!! —exclamó Ukyo con energía, mientras lo miraba con determinación. Ryoga se encogió de hombros y tomó otra rosquilla al acabarse la primera.

—Ranma y Akane no podrían estar más separados de lo que ya están. Creo que si Akane pudiera acabar con él lo haría sin pensarlo dos veces.

—Sé que están peleados, pero aún así, hay que ver las manera de que se odien…

—Te ves bien, ese color te sienta bastante bien —apuntó Ryoga desviando el tema. Ukyo se percató de ellos y no pudo evitar que sus mejillas enrojecieran al escuchar aquello, no esperaba que un chico tan despistado como Ryoga se hubiera fijado en su atuendo de esa mañana.

—No viene al caso.

—¿No te cansas de hablar de Ranma todo el día? —preguntó Ranma mientras elevaba sus manos y sonreía levemente. —Deben de haber cosas más interesantes en tu vida que solo Ranma.

Ukyo se incomodó un poco, no entendía porque Ryoga le estaba hablando de esa forma. Recordó la noche en su departamento después de haber ido a la disco con Ranma y supuso que se debía por eso.

—Ryoga, creo que me estas malinterpretando.

—¿Malinterpretando? —repitió mientras fruncía el ceño, sacudió la cabeza y se encogió de hombros nuevamente. —Solo estaba pensando en eso, a mi me gusta mucho Akane, pero intento pensar en otras cosas. No sé, no quiero que se me vuelva una obsesión ni mucho menos.

—¿Piensas que Ranma para mi es una obsesión? —cuestionó Ukyo mientras se cruzaba de brazos echando su peso de su espalda sobre el respaldar de la silla.

—Eso solo lo sabes tú, pero anda. Dime tu plan para separar a Akane de Ranma —retomó Ryoga al ver que Ukyo se había molestado. Sonrió de nuevo y empezó a explicar su plan con puntos y señales, mientras Ryoga la escuchaba atentamente.

Ranma se estiró sobre su silla, intentaba poner atención a unos balances que su padre le estaba explicando, pero no conseguía hacerlo. Sus pensamientos estaban concentrados en una sola persona que creía que lo estaba trastornando. Recordó el bello rostro de su amante contrariado cuando se batió a duelo con Shinnosuke y también recordó lo cariñosa que había sido la pasada noche cuando él había hablado de sus sentimientos. Lo había echó por primera vez, pues él no se acostumbraba a abrirse con tanta facilidad, ni siquiera con Shampoo lo había echo.

—¡¡Ranma!! —gritó Genma al ver la mirada azulina de su hijo vagar por el despacho, cuando este reaccionó lo miró con pregunta.

—No me estás escuchando, ¿cierto?

Ranma se incorporó correctamente sobre la silla y lo miró de nuevo —Perdón, mi cabeza estaba en otra parte.

Genma rió —No tienes que decírmelo, por supuesto que lo he notado. Pensé que todo estaba bien, me dijiste que arreglaste las cosas que Akane.

—Todo esta perfectamente, solo que me perdí por un momento.

Genma iba a empezar a hablar cuando sonó el teléfono. Ranma tomó la llamada de inmediato y se encontró de nuevo con la suave y maternal voz de Mao que tanto le gustaba, pues le recordaba a su madre.

—Señor, tiene una llamada en la línea dos del señor Tatewaqui Kuno.

Ranma inmediatamente frunció el ceño. No entendía porque lo llamaba y su voz se tensó, Genma lo notó, le hizo algunos ademanes, pero él los ignoró.

—Pasa la llamada Mao, gracias —dijo cortante. Inmediatamente la secretaria acató sus ordenes y Ranma notó el cambio de ambiente en la línea, no era el tranquilo y relajado de la recepción, sino se escuchaban muchas personas hablando al mismo tiempo y pudo distinguir al fondo la voz de Kuno, quien tomó la llamada apresuradamente.

—¿Qué se le ofrece? —preguntó Ranma con una forzada cordialidad. Genma puso los ojos en blanco al suponer con quien estaba hablando su hijo.

—¡¡Es usted un canalla, Saotome. Debería darle vergüenza lo que ha sido capaz de hacer!!

—Mire, no sé que le pasa, o la razón del porque este alterado, pero usted no es nadie para hablarme en ese tono y mucho menos para insultarme —replicó Ranma sin subir el tono de su voz, pero si hablando de una forma ronca y áspera que dejaba ver toda la rabia que estaba sintiendo en esos momentos.

—¡No puedo creer que siendo el prometido de Akane sea capaz de hacerle lo que le hizo!

—Lo que pase entre Akane y yo es asunto de nosotros, nada tiene que estar haciendo usted y mucho menos tiene el derecho de meter sus narices.

—Cobrarle la reparación de su auto es una entera desfachatez.

—¿Cómo sabe eso? —preguntó algo cortado. No tenía ni idea que Akane se lo había contado, recordaba que en ese tiempo, Akane no quería que él se acercara ni un centímetro a Kuno.

—Akane confía ciegamente en mí. Me pidió el dinero para la reparación.

—¡¿Qué rayos está diciendo?! —espetó Ranma perdiendo el control de su voz y explotando de la misma forma que lo había echo Kuno.

—Recuerde que fue mi prometida, y la relación de los amantes nunca muere. Akane puede fingir perfectamente con usted, pero él día que llego a pedirme el dinero me hizo saber que aún sigue pensando en mí. Por esa razón estoy en tramites de mi divorcio.

Genma jamás había visto los ojos de Ranma tan grandes como en ese momento. Sabía que algo malo estaba pasando, por la forma en que su hijo estaba reaccionando. Pudo apreciar como Ranma apretaba el puño y lo levantaba contra la madera creando un ruido ensordecedor que haría temblar a cualquiera.

—¡Bastardo!

—Luchare por Akane, eso téngalo por seguro —dijo y terminó con la llamada, dejando a Ranma con las palabras en la boca, mientras sentía que estas le quemaban por dentro. Arrojó el teléfono y se levantó bruscamente, mientras su padre lo imitaba e intentaba detenerlo.

—¡¡Ranma!! ¡¿Qué diablos piensas hacer?!

—¡No te metas en esto, ni siquiera se te ocurra seguirme! —exigió y salió de la oficina cerrando de un portazo. Sintió la mirada aterrada de su secretaria clavada en su espalda, pero la ignoró y se apresuró a la oficina de Akane. Esto sí que no se lo pasaría.

—Señor Saotome —saludó la secretaria de Akane con una enorme sonrisa, que murió cuando este le dedicó una mirada llena de furia.

—No pase ninguna llamada y mucho menos alguna visita —indicó y ella asintió, nerviosamente. Ranma entró de golpe a la oficina de Akane y la pobre secretaria tembló, cerrando el teléfono de Akane. Tomó aire para normalizar su respiración.

Akane levantó los ojos de forma inmediata al escuchar aquello. Dejó a un lado su lápiz de dibujar sobre su nuevo diseño para las diferentes colecciones en las que estaba trabajando y pudo ver que algo andaba mal con Ranma al ver que colocaba el cerrojo de la puerta.

—¿Ranma, que pasa?

—¡Maldita sea Akane, no sabes como te detesto! —exclamó tomándola por la fuerza mientras la hacía retroceder hasta chocar con la pared. Haciendo que la espalda de Akane resintiera levemente el impacto. Ella abrió los ojos de forma enorme y sintió su cuerpo temblar al ver aquella mirada llena de odio.

—Ranma pero que…

—¿¡Porque le pediste dinero a Kuno!? ¿¡Porqué!? —exclamó, subiendo el tono de su voz, mientras hacía más fuerte la presión en las muñecas de Akane, esta no sabía que hacer, ni siquiera tenía la más mínima idea de cómo se había enterado.

—¡¡Responde!!

—Ranma intenta calmarte…

—¡¡Maldición, responde!!

—¡¡No me hables así!! —espetó Akane, intentando sacarse con rabia de aquel agarre, pero no lo consiguió.

—¡Cómo esperas que me tome que le pediste dinero a Kuno para arreglar el auto!

—No me dejaste otra opción, eso sucedió cuando estábamos distantes y me pediste el auto. Solo Kuno podía ayudarme...

—El auto a mi no me interesa Akane, solo lo hice para molestarte, ¡¡Porque diablos tuviste que pedirle dinero a Kuno!!

—¡¡No había nadie más!!

—¿Cuál fue el precio para que te entregara todo ese dinero? Mi auto no es nada barato y los repuestos salen en una fortuna, ¿¡Cuál fue el precio?! —gritó.

—¡Kuno no me pidió nada, solo que me alejara de ti!

—¡No me mientas!

—¡No es mentira! —gritó Akane desesperada. Ranma clavó sus ojos crueles en ella, notando su abatimiento de nuevo. Sus ojos marrones estaban crispados y estaba a punto de llorar de nuevo. Ranma la tomó con fuerza, apretando su cintura hasta el grado de lastimarla levemente, sabiendo que podría moretear la zona. La besó con una rabia ciega, que Akane percibió al instante. Sus labios ardían y las manos de Ranma se clavaron en sus caderas.

—¿Te acostaste con él?

—¡¡Quítate!! —gritó Akane, empujándolo con todas sus fuerzas. Lo único que consiguió fue toparse de nuevo con los labios ardientes de Ranma, que la hicieron presa de aquel salvaje roce, lo único que se lo ocurrió fue morderlo con todas sus fuerzas, notando como la saliva se mezclaba con el sabor de la sangre. Ranma se separó de ella, sin romper el agarre solo para mirarla con una expresión que Akane no pudo determinar, aquella mirada era animal y Ranma sonrió cruelmente.

—No debiste de hacer eso Akane —susurró con rabia, mordiendo ahora su oreja, mientras escuchaba un quejido de Akane, quien se aferraba a sus hombros para separarse de él. —Eso me excita más.

Akane sintió su espalda libre de la pared, pero inmediatamente Ranma la arrojó sobre el escritorio. Desordenando todo lo que Akane estaba usando.

—¡Eres un animal!

—¡Y tu eres mía, solo mía! —atajó, besándola de nuevo. De una forma desesperada aprisionó sus caderas contra las suyas y apretó sus muñecas con sus enormes manos, mientras intentaba hacerla suya, tratándola con salvajismo. Akane lo empujó, golpeándolo en su estomago, logrando que perdiera aire. Se soltó ágilmente y corrió hacía la puerta pero antes de poder abrirla Ranma la jaló de nuevo hacia él, atrapándola entre sus brazos mientras la arrojaba en el sillón y la aprisionaba de nuevo tal y como lo había echó en el escritorio.

—Ranma, por favor, me estas lastimando —dijo Akane, haciendo que Ranma reaccionara de golpe. Cuando supo que le estaba causando dolor se separó lo necesario para verle el rostro.

Akane pudo ver que estaba contrariado, enojado y dolido. Ranma aflojó su agarre para no hacerle daño y la miró con desespero.

—Miénteme Akane, dime que no sientes nada por Kuno… Miénteme.

Los ojos de Akane se empañaron, no sabía que había pasado pero podía sentir el dolor que él estaba pasando en esos momentos. Con solo verlo a los ojos se percató de ello —Ranma, yo solo te quiero a ti. A nadie más que no seas tú.

Ranma la miró de nuevo fijamente, quería saber si le mentía o no. La mirada de Akane era sincera, pero las palabras de Kuno retumbaban en su cabeza.

—Dime que paso, ¿por qué reaccionaste de esa forma? —preguntó acariciando su rostro, sintiendo sus ásperas mejillas y rodeando sus sienes.

—¿Cuándo le pediste el dinero?

—Unos días después de llegar de Inglaterra. Pero solo me los presto, no me los regalo ni me pidió nada a cambio. Solo me dijo que me alejara de ti por mi propio bien. Te lo juro Ranma, te lo juro.

—Quiero creerte, Akane. De verdad quiero hacerlo —dijo, sintiendo como su brazo dejaba de hacer presión debajo de la cintura de Akane. Esta sonrió levemente, acariciando su cabello, sabiendo que Ranma odiaba que lo tocaran pero recordando la preferencia y el permiso que tenía para poderlo hacer.

—Te amo —susurró alzándose un poco, mientras besaba la mejilla de Ranma, produciendo una dulce descarga en esa zona —, no hay nadie como tú. Soy completamente tuya, Ranma —Akane sonrió al ver como Ranma cerraba los ojos y aspiraba su aroma. Se alzó nuevamente y atrapó los labios de Ranma, mientras sentía como ambos descendían. Sintió el colchón del sillón en su cabeza, y se abrazó con mucha fuerza a él, mientras sentía ahora suaves caricias que él le proporcionaba.

—Ni Kuno ni nadie son algo en mi vida, solo existes tú.

—No sé que me has dado, Akane, o que me hayas hecho, pero me tienes completamente hechizado —dijo, presionando levemente su cuello, mientras ahondaba el beso y deslizaba sus dedos por el delgado cuello de Akane hasta llegar a sus hombros, en donde se perdió al llegar al escote de Akane. Abrió los ojos al mismo tiempo que Akane lo hizo, buscando su aprobación y una sonrisa fue lo que le dio carta blanca para seguir. Ranma extendió su mano sobre el pecho de Akane, cubierto por la ropa mientras empezaba a apretarlo sin hacerle daño, pero si excitándola de una forma que ella disfrutó, al igual que Ranma. Akane deslizó el saco de sastre que llevaba él, mientras sentía sus perfectos músculos debajo de aquella camisa de algodón que eran tan suave como su piel. Exhaló con fuerza cuando Ranma introdujo sus manos por debajo de su camisa negra, erizando cada fracción de su piel que iba recorriendo. Con la otra mano libre empezó a recorrer sus piernas, cubiertas por aquellas delicadas medias, subiendo su mano para rozar su muslo y más de eso.

—Ranma —susurró, arqueándose al sentir una agradable presión en su entrepierna que la hizo vibrar, abrió sus ojos y se encontró con los hermosos ojos de Ranma que la miraban completamente atento. Mientras se mostraba un poco más tranquilo que antes.

—Me encantas, Akane —dijo y ella empezó a desatar aquellos botones que cubrían el perfecto torso de Ranma. Cuando tuvo contacto con su piel se abrazó a él, sintiendo su calor. Ranma también se deshizo de su camisa negra, teniendo un vista magnifica de sus pechos cubiertos por un hermoso sostén de encaje del mismo color de su camisa, donde se notaban sus suaves pezones erizados. Los tomó sin restricciones y escuchó un suspiro de ella que lo volvió loco, paso aquella delicada barrera y tuvo un contacto pleno, disfrutando de nuevo de su cuerpo. Sintió que estaba tocando el cielo una vez más, al igual que Akane que aventuró una de sus piernas para atrapar sus caderas y sentirlo excitado, mientras ambos se rozaban con necesidad.

—Te extrañaba mucho —dijo Akane con una voz extraña que hizo a Ranma levantar su cabeza para dejar los pechos de Akane. Al verla sintió que su corazón se encogía, habían lágrimas en los hermosos ojos marrones que lo observaban. Apoyó su peso en sus manos al lado del cuerpo de Akane.

—Akane —dijo sentándose de inmediato en el cómodo sillón, Akane hizo lo mismo y sacudió su cabeza.

—No pasa nada.

—Por favor dímelo. No soy un tonto, ¿Qué tienes?

Akane apretó sus manos sobre su pecho y sacudió la cabeza, queriendo ocultar sus lágrimas y sintiéndose torpe por no poder esconder un detalle como aquel en un momento como ese. El que tanto había extrañado.

—No quise ser rudo, perdón. Kuno me saco de mis casillas….

—Esto no tiene nada que ver con Kuno, sino contigo.

—¿Conmigo? —dijo desconcertado. La escuchó sollozar e inmediatamente la tomó de las muñecas, abatido por aquel hecho. —Perdón, no quise hacerte daño.

—Eso es lo que me hace daño, Ranma.

Ranma no entendió. Akane lo miró esta vez firme y sintió que su corazón latía a mil por hora, sabía que debía controlarse y respiró forzadamente.

—Siento que te quiero más de lo que debería, y me da miedo que llegues a ser una necesidad para mí. Aunque ya lo eres —dijo casi en un susurro las últimas palabras que Ranma pudo escuchar. Se quedo de piedra. Aquella declaración fue demasiado profunda y Akane demostraba una entera sinceridad que le hizo dudar de las palabras de Kuno.

—No me creo capaz de soportar otro golpe y mucho menos si se trata de ti. No quiero que te alejes de mí nunca. Cuando nos peleamos en Inglaterra sentí que una parte de mí era mutilada. La relación que tenemos es muy frágil.

—Explica frágil —replicó Ranma algo enfadado. Akane apretó sus manos, jugando con sus dedos nerviosos. Definitivamente Ranma era alguien que la acosaba con solo mirarla.

—No hay confianza… Yo no te la tengo ni tú tampoco a mi.

Eso fue un duro golpe para Ranma, pero sabía que en el fondo tenía razón. Él no se fiaba de Kuno, ni tampoco de Shinnosuke y Akane le pasaba exactamente eso con Shampoo, Ukyo y Kodashi.

—Eso puede cambiar.

—¿Crees que podamos hacerlo? —cuestionó Akane, frunciendo su ceño. Ranma sonrió levemente, echando su espalda sobre el respaldar, sintiendo como el cuero se adhería a su espalda desnuda. Intentó no ver el torso desnudo de Akane, pues no conseguía concentrarse y tuvo que forzarse a no bajar la mirada.

—¿Quieres intentar?

—¿Te sientes capaz?

—Siempre —respondió sin pensarlo. Akane sonrió levemente y apoyó sus manos en el muslo de Ranma.

—Sé que puedo ser una tonta, pero quiero correr el riesgo —dijo y se apoyó sobre sus manos, levantándose para poder besar a Ranma que la recibió conforme, abrazándola con una fuerza que Akane amó. Ahondó el beso, acariciando por completo su espalda, desde los hombros hasta donde esta perdía su nombre. Akane se sentó sobre los muslos de él, mientras, sentía las fuertes manos de Ranma sobre su cuerpo y tuvo un suspiró que la impresionó, este sonrió y ella lo miró confusa.

—¿Qué hiciste?

Ranma sonrió con picardía y acarició de nuevo aquella zona cerca de su abdomen causándole una sensación agradable. —¿Esto?

—¿Qué haces? —preguntó curiosa. Ranma tomó suavemente con sus dientes la piel de su clavícula y sonrió abiertamente.

—Tocó las zonas más sensibles, quiero que disfrutes al igual que yo lo hago.

Akane rió, lo besó ahora ella. Hundió sus dedos en aquellos cabellos azabache que tanto le gustaban —Disfruto demasiado contigo, jamás había tenido un orgasmo hasta que te conocí.

—Te enseño a disfrutar, me gusta que aprendas. Porque no dejamos esto para la noche, quiero verte diseñar.

Akane se desconcertó, no pensó jamás escuchar aquello. Nunca nadie le había dicho algo así y mucho menos su pareja.

—¿Te molesta…

—Solo me pillaste desprevenida —dijo, mientras se colocaba de nuevo aquel sugerente sostén y los ojos de Ranma brillaron. Akane se dio cuenta y sus mejillas se sonrojaron inmediatamente, apresurándose en su tarea.

—Esta noche no tendré compasión de ti, me has tenido demasiado tiempo adieta.

Akane rió ante aquella comparación, se acercó de nuevo a él y le dio un beso corto, que disfrutó totalmente.

—Tú solo te has puesto adieta —se burló y Ranma también se colocó de nuevo la camisa y la corbata, mientras observaba como Akane se arreglaba su despeinado cabello, para regresar a su escritorio, pero antes de sentarse. Ranma la tomó por detrás atrayéndola una vez más a él.

—Te lo juro, esta noche no tendré compasión contigo —susurró, mientras le daba un beso en la nuca y la soltaba para que retomara su lugar.

Akane se tensó, solo Ukyo y sus hermanas la habían visto diseñar, nunca nadie había mostrado interés en admirarla y ahora Ranma le proponía aquello. Intentó controlarse, pero sentía sus dedos nerviosos que se volvían cada vez más torpes. Ranma no hablaba, solo la miraba en silencio. No quería molestarla y notó su nerviosismo, sonrió y se acercó a ella depositando un beso en su mejilla.

—Debo ir a revisar unos papeles, supongo que iras a comer con tu hermana.

—Seguramente.

—Bien, entonces la noche será para mí. Esta vez si deseo cenar en un restaurante.

Akane sonrió y al ver que ya se marchaba lo llamó, este se giró y recibió un abrazó de ella que lo tomó por sorpresa, pero que le gustó y correspondió.

—No vemos, Kane. Cualquier cosa ya sabes donde estoy —dijo y la besó de nuevo, causando una sacudida agradable en el corazón de Akane, quien no quería despertar de aquel sueño que temía que se convirtiera en pesadilla.

Posó una de sus manos en aquella mejilla que él había besado y sonrió. Sintiéndose torpe, pero feliz.

—¿Kane? —repitió al escuchar como la había llamado, sonrió aún más —Espero no despertar de este sueño, mamá —susurró.

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