Amour : un mot, cinq lettres et une signification
Amor: Una palabra, cuatro letras, un significado
Capitulo 22
Akane sonrió al sentir las manos de Ranma sobre su cuerpo. Abrió los ojos perezosamente y se encontró con la luz del sol que la dejó ciega por unos segundos. Los apretó con fuerza y enfocó su mirada en aquel bello rostro que la miraba con una paz inmensa.
—¿Dormiste bien? —preguntó y ella sonrió, acercándose más a él mientras se apoyaba en su pecho y sentía como la mano de Ranma recorría su espalda.
—Por supuesto que si —respondió ella, levantando su mirada para encontrarse con aquellos ojos que la examinaban profundamente. —Extrañaba tanto estar así contigo —dijo abrazándolo, mientras Ranma reía levemente y la estrechaba con fuerza.
La giró, colocándose él sobre ella y la miró con una gran sonrisa.
—Eres una adicción, Akane. Me tienes vuelto loco, con solo escuchar tu voz… No sabes todo lo que sucede dentro de mí.
Se besaron, lentamente, no había prisa de nada. Sentir el cuerpo desnudo del otro daba cavidad a millones de sensaciones agradables, que compartían. Ranma se perdió en la tierna mirada de Akane y acaricio su delicado rostro mientras sentía como las manos de ella se enredaban en su cabello azabache. Odiaba que lo tocaran , pero con Akane la cosa era diferente. Pues hasta eso amaba de ella. Nuevamente sus bocas se encontraron y los dedos de Akane aprisionaban los músculos trabajados de la espalda de Ranma, quien subía la intensidad de aquel beso. La situación cambió y Akane estuvo encima de él, notando como las manos de Ranma la recorrían por completo como la noche anterior en donde se amaron con locura y desenfreno.
—Necesito comida, eres demasiado cruel —dijo Ranma como la primera noche que se habían amado en aquel lugar. Akane rió al escuchar aquello. Pero compartía su opinión, habían agotado toda fuente de energía la noche anterior.
—Es culpa tuya, me tienes con ninfomanía —bromeó buscando aquel roce tan intimo que tanto ansiaba. Ahí estaba, despierto y dispuesto para darle amor y placer.
Ranma sonrió y se incorporó tomándola con firmeza para hacerla nuevamente suya, mientras escuchaba el goce de Akane que tanto le fascinaba.
***
—¿Está bueno? —preguntó Ukyo mirando a Ryoga que se había llevado a la boca el primer bocado de aquel desayuno que había preparado mientras él iba a traer ropa limpia a su departamento. Este la miró y sonrió asintiendo.
—Definitivamente. Tus manos hacen maravillas, Ukyo —felicitó y ella sonrió agradecida, Ryoga sonrió con malicia y la miró burlonamente —, no solo con la comida, debo agregar.
Aquello había sido doble sentido, lo fulminó con la mirada y se controló para no matarlo ahí mismo, Ryoga rió y sacudió la cabeza.
—Es solo una broma, no exageres.
—No me gustan ese tipo de bromas —replicó ella indignada y Ryoga la retó.
—No seas una niña, que te la has pasado tan bien como yo.
Ukyo bajó la mirada. Aquello no le estaba gustando, parecía que él solo estaba buscando diversión con ella. Pero no dijo nada, no quería llevarse otra decepción como la de Ranma. No quería presionar las cosas, no sabía que hacer. Necesitaba una amiga, necesitaba a Akane. Era demasiado orgullosa para hablar con ella de nuevo como antes, pero la extrañaba.
—¿Pasa algo? —preguntó Ryoga de inmediato al ver aquel cambio, Ukyo lo miró y sacudió apresuradamente su cabeza, sonriendo fingidamente.
—No pasa nada, solo me dolió el estomago. Debe de ser por el hambre que tengo.
Ryoga sonrió sin entender la razón de su verdadero malestar —Entonces apresúrate a comer para irnos.
Ukyo lo obedeció, era lo mejor que podía hacer. Comer para no hablar con él. Creía que estaba haciendo mal las cosas y supo que su orgullo caería esa misma tarde, pues ocupaba de Akane.
***
—Intenta controlarte Shampoo, no conseguirás nada con esa actitud —replicó Cologne mientras hablaba de mala gana, meditando sobre la situación. Shampoo explotó. Pensó que su bisabuela le daría la solución para sus problemas pero parecía que no tenía nada en mente.
—Apresúrate, bisabuela. Cada minuto que pasa pierdo a Ranma. Akane tuvo que hacer algo para que se fijara en ella, de otra forma jamás hubiera podido contra mí, contra lo que Ranma sentía.
—Deja eso ya, supera lo que esta pasando y mejor piensa una forma para que Ranma regrese contigo. Akane es una muchacha muy linda, es capaz de volverlo loco.
—¡¡No digas eso!! —exclamó enfurecida mientras se controlaba para que nadie pudiera escucharla en el Dojo. Cologne la miró detenidamente, notando que su bisnieta estaba demasiado desmejorada.
—Soy realista. Entiende que ya es tarde. Si me cuentas todo eso me estás diciendo que Ranma esta mucho más interesado en Akane de lo que pensabas.
—No puedo dejar que esto pase, Ranma es mío, ¡¡Mío!!
Cologne suspiró. Jamás había visto a su bisnieta en aquel estado. Era bastante extraño, había sido la heredera de la aldea, la mejor luchadora. Vencida solamente por una extraña pelirroja que le robó el título. Esto estaba demasiado mal desde su punto de vista.
—No puedes vivir con los Tendo por más tiempo. Te debilitas a cada minuto que pasas aquí.
Shampoo sonrió desmesuradamente, mientras disfrutaba de aquel punto de vista que prácticamente le estaba devolviendo la vida —¿Hablas enserio? —preguntó incrédula, mirando a su abuela como si no le estuviera hablando en mandarín sino más bien en otro idioma. —¿Puedo dejar de fingir ya que estos idiotas son mi familia? —Cologne asintió, pensando cual sería la mejor alternativa para ayudarla.
***
—Me sorprende que puedas caminar, pensé que vendrías fundida —se rió Nabiki mientras notaba el rubor que cubría las delicadas mejillas de su hermana, quien la miró con fastidio y vergüenza.
—Eres una cerda, Nabiki. Aunque tienes razón, no sé como estoy caminando —se burló, uniéndose aquel humor negro que caracterizaba a su hermana. Unos leves golpes llamaron a su puerta y ambas dejaron de reír. Se abrió la puerta y por ella entró Ukyo desconcertando a ambas, pues no llevaba ningún diseño en las manos. Últimamente solo hablaba con ella para organizar y planificar lo de las diversas campañas.
—Lo siento, tu secretaria no esta. Fue por café…
—No te preocupes, pasa —indicó Akane con cordialidad, Nabiki la miró desconcertada y Akane le devolvió aquella misma mirada. Sin comprender realmente lo que estaba sucediendo.
—¿Podría hablar contigo? —preguntó tímidamente, mientras enlazaba sus manos —A solas —agregó notando la presencia de Nabiki que se puso en pie inmediatamente al escuchar aquello. Se despidió de Akane y cerró la puerta a sus espaldas para darles la privacidad que había solicitado Ukyo.
—¿En que puedo ayudarte? —preguntó sintiendo algo extraño en su estomago. Aquella situación se había vuelto incomoda. Parecía que Ukyo pensaba lo mismo porque apenas y podía moverse.
—Creo… Creo que te debo una disculpa por el comportamiento que he tenido estos días.
Akane no lo podía creer. Ukyo era tan orgullosa como ella y esto le parecía completamente increíble. Ella la miró con los ojos crispados —Necesito una amiga, Akane. Te necesito.
Akane acudió a su lado al escucharla llorar, la abrazó y Ukyo se lo agradeció desde el fondo de su alma. Eso era lo que necesitaba y agradecía tener a alguien como ella. —Tengo que contarte tantas cosas —dijo entre llanto y Akane palmeó su espalda, dándole consuelo para calmar aquella amarga sensación que la devoraba.
***
Ranma terminó de mirar unos balances que Haposai le entregó aquella mañana y escuchó como su secretaría utilizaba la línea número uno para comunicarse con él. Tomó el teléfono y escuchó la voz de su secretaria.
—Señor. La señorita Tatewaqui Kodashi insiste en hablar con usted.
—¿Qué rayos quieres esa loca? —musitó sabiendo que solo le traería problemas, miró el reloj, le extrañaba que Akane no hubiera llegado. Habían quedado a esa hora.
—¿Le digo que esta en una junta?
—Hazla pasar, si viene la señorita Akane la haces pasar de inmediato, le dices que estoy atendiendo a una visita inesperada.
—Sí señor.
Colgó el teléfono y después escuchó los pasos apresurados que se dirigían a su despacho, supuso que se trataba de Kodashi y atinó bien. Se trataba de ella que venía con un conjunto mucho más provocativo que la primera vez. Ranma se lamentó por haber echo una mísera amistad con ella, eran de esas mujeres que se creían dueñas de cualquier relación y detestaba aquello, porque sabía que estaba enferma de la cabeza.
—¡¡Buenos días!! —exclamó con una voz efusiva, Ranma sonrió forzadamente y la saludó desde su escritorio, invitándola a tomar asiento. Así lo hizo, posando sus manos coquetamente sobre el escritorio mientras lo miraba con una enorme sonrisa.
—Que bueno verla, pensé que esta vez si me avisaría…
—Te vengo a invitar. Quiero que comamos juntos.
Eso no fue nada agradable para Ranma, que la miró con un profundo desinterés mientras ella hablaba describiendo el lugar. Tuvo que aguantarse un bostezo que quería salir y cuando terminó Ranma sacudió su cabeza con negativas.
—Lo siento, pero tengo un compromiso.
—Cancélalo.
—Sabe una cosa —dijo mirándola fijamente mientras Kodashi lo miraba con interés —, no me gusta que decidan por mí, ni tampoco que dispongan de mi tiempo. Así que no puedo.
La puerta se abrió y Mao entró por ella seguida de Akane que miró la escena con desconcierto, no entendiendo porque ella estaba ahí, pero Ranma sabía que tendría problemas con ella y lamentó esa situación.
—¡¡Akane!! —saludó Kodashi de forma hipócrita sin levantarse de la silla. Akane la miró con recelo.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a ver a Ranma, ¿no puedo? —dijo enmarcando una ceja, Akane la miró con una sonrisa molesta y se encogió de hombros.
—Da lo mismo, vuelvo más tarde…
—La señorita Tatewaqui estaba por irse. Le explique que tenemos unos asuntos de trabajo —dijo Ranma.
Kodashi se retiró de una forma que le resulto bastante patética a Akane, se comportaba como una adolescente encaprichada, eso no era nuevo en Kodashi pero enfermaba a Akane. Miró a Ranma cuando estuvieron a solas y él se acercó a ella pero, Akane se retiró algo molesta.
—¿Qué tiene que estar haciendo ella aquí? —preguntó con mala expresión.
Ranma rió y tomó la mano de Akane jalándola hacia él, mientras la miraba con una leve sonrisa.
—No te metas cosas raras en la cabeza. ¿Qué puede interesarme de Kodashi? Te tengo a ti y con eso me basta —dijo y le dio un leve beso en los labios, Akane acarició su rostro y sonrió levemente, pero el semblante de Ranma cambió de inmediato.
—¿Qué tienes?
—Nada —respondió Akane de inmediato, pero Ranma tomó su rostro entre sus manos y la miró inquisidoramente, queriendo desnudar su alma.
—No soy torpe Akane, sé que algo te pasa, ¿Kuno te ha dicho algo del dinero?
—Ni siquiera he hablado con él. Se trata de Ukyo —dijo Akane triste y Ranma recordó los malos ratos que habían pasado por ella y se tensó.
—¿Qué te dijo ahora? —preguntó serio, pero Akane sacudió su cabeza, mientras se alejaba un poco de él y le daba la espalda.
—¿Ryoga es una buena persona?
Eso tomó a Ranma por sorpresa. No entendía porque le preguntaba aquello. La miró con el ceño fruncido y cruzó los brazos.
—¿Por qué preguntas?
—Solo responde.
—Es muy noble. Yo no tengo amigos, pero a él lo considero uno. Se preocupa por los demás y nunca ha dañado a nadie.
Akane guardó silencio y Ranma no dijo nada más, pero aquello le preocupaba y empezó a anudar cabos y antes de poder decir su conclusión Akane habló.
—Ukyo y Ryoga tienen algo, pero ella no está segura si Ryoga la quiere solo para pasar el rato —dijo y se giró para mirarlo, Ranma estaba en la misma posición, no se había si quiera movido y lamentó escuchar aquello. Pudo ver dolor en la mirada de Akane y lamentó que estuviera pasando.
—No sé que decirte, la verdad es que no he hablado con él.
—¿Podrías hacerlo? —preguntó tímidamente.
—No lo sé. Hay confianza entre Ryoga y yo, pero no sé si quiera contarme acerca de eso…
—Por favor.
Ranma no podía resistirse aquella mirada de suplica que Akane le daba, ni tampoco negarse a ayudarla así que sonrió de forma derrotada —Lo haré, pero no te prometo nada.
Akane se acercó a Ranma y lo besó suavemente en los labios, agradeciendo aquellos pequeños gestos que eran importantes para ella.
—Gracias.
***
La noche llegó. Nabiki y Akane salieron hacía el Dojo y al llegar vieron algo que llamó la atención de ambas, se trataba de una sombra que descendía por la ventana de su prima. Akane se llenó de miedo al pensar que podía ser Ranma, pero recordó todo lo que habían pasado y la promesa de confianza que había echo y se prometió no sugestionarse. Cuando entraron vieron que su padre cenaba tranquilamente y les sorprendió que no las esperara, cuando lo saludaron Soun miró a Akane de forma seria y extraña.
—Tienes una visita Akane.
—¿Visita? —preguntó sin entender. Soun señalo la sala y Akane se dirigió hacía ella y cuando entró se sorprendió de ver a Shinnosuke, pues pensaba que ya se había marchado. Se puso en pie y sonrió al verla, una emoción recorría todo su ser cuando ella estaba cerca.
—¿Cómo estás Akane? —saludó desde lejos mientras Akane tomaba lugar, quedando enfrente de él, Shinnosuke retomó su lugar, sonriendo ampliamente.
—Me sorprende verte aquí. Pensé que te marcharías.
—Lo iba hacer, cuando hablamos aquella noche vine a despedirme de ti, pero tu prometido llego y no me dio la oportunidad de hacerlo —dijo algo incomodo y Akane sintió lo mismo, recordando lo loca que había sido su noche.
—Vaya, bueno… Espero que te vaya muy bien, vayas donde vayas —dijo de forma vacilante, no sabiendo como tenía que manejar la situación.
Shinnosuke rió al verla de aquella forma y recordó el día en que se despidieron.
—Quería saber —dijo con la voz ronca. Akane clavó sus ojos en él recordando cuando usaba aquel tono —si puedo contarte algo.
—Depende —respondió secamente, no estando segura si quería escucharlo de verdad.
Shinnosuke la entendió, bajó la mirada sin saber por donde empezar y notó como sus manos sudaban por la situación en la que estaban. Le parecía que el tiempo retrocedía y que volvían a ser los mismos adolescentes que apenas y sabían de la vida.
—Quiero contarte porque desaparecí.
—No creo que tenga sentido —cortó Akane sintiendo algo extraño en su interior, algo que no le gustaba en lo más mínimo. —¿Qué sentido tiene? Eso fue hace mucho tiempo, además todo entre nosotros esta bien, no tengo ningún rencor hacia ti…
—Déjame hablar Akane, por favor. Te pido que me escuches y si después quieres que desaparezca lo haré.
Akane suspiró. No sabía porque pero no quería oírle, aún así le indicó que siguiera, notando que aquello era muy importante para él. Tomó una carpeta que llevaba y puso unos documentos que Akane no identifico, sobre la mesa. Aunque hubo uno que si llamó su atención y fue una extraña radiografía.
—¿Recuerdas mis malestares en la preparatoria? —preguntó fijándose en que los ojos de Akane bailaban de un documentos a otro, ella asintió y él prosiguió sin prisa, queriéndose explicar correctamente. —Mi abuelo insistió en que me examinara. Decía que no le gustaban esos malestares para nada. Me hice los estudios y salió una extraña enfermedad. Es poco conocida. Va matando los tejidos y las células blancas hasta el punto de dejarme inofensivo. Incluso un bebe llego a tener más fuerza que yo —dijo mientras le mostraba aquellos exámenes a Akane, que los miraba con impaciencia y un extraño sentimiento que no pudo determinar. Akane intentaba entenderlos, pero por el lenguaje técnico que utilizaban los doctores solo podía distinguir lo que Shinnosuke se explicaba y llegó un momento en donde se escandalizó.
—¡¡Desahuciado!! —exclamó con un grito, Shinnosuke sonrió levemente y asintió. Notando como los ojos de Akane se crispaban.
—Ahora estoy sano Akane. Por eso desaparecí todo este tiempo. No quería causarte un sufrimiento, no quería que me vieras como estuve. Daba pena, quería morir.
Akane no era capaz de hablar, aquellas palabras la estaban matando y se echó sobre la mesa para revolver los papeles que concedían perfectamente con las fechas que ella recordaba —No quise ser una molestia y mucho menos que me tuvieras lástima. Al creer que moriría pensaba que era mejor que me odiaras por el abandono a que siguieras queriéndome.
—Shinnosuke… ¿Porqué? —preguntó con voz fúnebre, mirándolo con un reproche que él apenas y soportó.
—Ya te lo dije Akane, no quería que sufrieras por mi culpa. Prefería que me odiaras, por eso desaparecí de esa forma y cuando tuve una esperanza de vida vine a buscarte, recuperé parcialmente mis fuerzas y cuando te vi estabas… Comprometida con Kuno. Me di cuenta que tu vida ya había cambiado y que yo te había perdido. Después me enteré que terminaste con él y esperé hasta restablecerme totalmente.
—Ahora estoy con Ranma —dijo sintiendo un nudo en su garganta. Shinnosuke sonrió con dolor y la miró con vacía expresión.
—Lo sé y créeme que lo entiendo. Es más, soy feliz si tú lo eres, aunque no sea conmigo.
Akane cerró sus ojos, sentía como un cálido liquido corría por sus mejillas. Estaba frustrada, no sabía que hacer ni que decir. Apretó sus puños con fuerza, no entendiendo lo que sentía. Habían varios sentimientos encontrados, estaba enojada, molesta, pero también conmovida y triste por aquella declaración que ciertamente había mutilado su alma.
—¿Por qué me dices todo esto, porque ahora? —cuestionó, Shinnosuke la miró. Todo en él era sincero, no habían intenciones ocultas.
—Quería hacerlo, quería enterarte de cual era la verdad. No hago esto para que regreses conmigo ni mucho menos. Si eso sucediera sería la persona más feliz del mundo. Solo… No quiero que la mujer a la que amo me odie.
Akane sintió que las lágrimas no se podían detener y no sentía cual era aquella sacudida que estaba sintiendo en su interior. ¿Por qué sentía ese extraño cosquilleo?
—Hace ocho años esperaba oír eso, ¡ocho años! Ahora es demasiado tarde.
—¿Amas a Ranma? —le preguntó atentó, queriendo cerciorarse.
Akane sentía su garganta seca, sabía que lo amaba, pero no lo podía decir, no sabía la razón pero sentía como su lengua se había anudado —C… Claro que sí.
—No te veo muy convencida —apuntó.
—Ranma es lo mejor que me ha pasado en la vida.
—¿Cuándo se casaran? —preguntó desviando su mirada, sabía que no podía mantenerla por mucho tiempo. Aquella pregunta tomó a Akane por sorpresa, no se la esperaba, ni siquiera lo había pensado, pues no habían hablado siquiera del compromiso.
—No lo sé, ese tema lo tengo que discutir con Ranma.
—¿Me invitaras?
—No creo que sea lo más indicado.
—Me gustaría que lo hicieras —dijo con una pequeña sonrisa que demostraba todo el dolor que sentía, aunque estaba fingiendo para que Akane no se sintiera más culpable de lo que ya se sentía.
—Ni siquiera se lo diré a Ranma, es lo más estúpido que he escuchado en mi vida. ¿Qué harás en mi boda?
—Celebrar contigo, de verdad que soy feliz si tú lo eres, te amo y…
—¡No lo digas!
—¿Qué te amo?
—¡¡No!! —exclamó apenas articulando. No entendía porque estaban hablando de aquel tema tan incoherente para ambos. Aunque Shinnosuke no parecía molesto ni embustero. Estaba preocupado y dolido por ella, pero sin ninguna mala intención con respecto a dañar su relación con Ranma como las demás personas que lo habían intentado.
—Akane, es cierto.
—No quiero escucharlo —replicó con firmeza, poniéndose en pie, Shinnosuke hizo lo mismo y la miró derrotado ni siquiera entendía porque se lo decía pero era algo que no podía callarse.
—Lo siento, pero no puedo evitarlo…
—Vete ya, por favor vete.
—¿Volveré a verte? —preguntó casi desesperado, Akane ni siquiera lo miró. No podía hacerlo y mucho menos contestar aquella pregunta, sabía que no estaba haciendo nada malo pero no quería tener problemas con Ranma.
—No lo creo. Tengo un prometido y sé que no le gustara.
Eso fue un duro golpe para Shinnosuke, que clavo sus ojos tristes en ella, sintiendo que todo se había perdido ya. No reprochaba nada, incluso la entendía, pero no podía evitar sentir aquel dolor que se clavaba en su pecho.
—Entiendo, de igual forma… Si necesitas algo sabes donde encontrarme. Espero verte, un día de estos —dijo y abandonó la habitación, mientras Akane sentía un extraño vacío en su interior, del cual no entendía la razón.
Shampoo sonrió desde el rincón en donde había observado todo hasta ese momento. Aquello había dado justo en el blanco, sabía que si Ranma se llegaba a enterar que ella se veía con Shinnosuke rompería todo. Odiaba las palabras que Akane había dicho al final, donde le decía que no esperaba verlo de nuevo. Tenía que cambiar eso, tenía que verse diferente para que Ranma arrojara todo a la basura y poder retomar su lugar.
***
—¿A que viene eso? —preguntó Ryoga al escuchar el interrogatorio que Ranma estaba protagonizando en su departamento mientras se vestía para visitar a Akane tal y como habían acordado.
—Interés, me dijiste que te gustaba y quiero saber como va todo con Ukyo. No tiene nada de extraño.
—¿Akane te dijo que hablaras conmigo? —preguntó con una media sonrisa mientras tenía clavados sus ojos en aquella pantalla plana. Ranma rió y ató bien su trenza.
—Solo responde.
—Ukyo me gusta, y mucho debo decir —empezó a decir mientras mantenía sus brazos detrás de su cabeza. —Sé que no le intereso, esta obsesionada contigo.
—Hablaré con ella.
—Aún así, no soy el tipo de chico que le gusta, así que solo esta tirando polvos conmigo, no es que se entusiasme con esto.
—Creo que ella no piensa de esa forma.
—Mejor dime que te dijo Akane —rió y Ranma hizo lo mismo, notando que los dos estaban conectados.
—Creo que si quiere algo contigo —dijo y Ryoga se incorporó de inmediato, mirándolo con desconcierto y sorpresa, Ranma sonrió aún más y se encogió de hombros. —¿No lo imaginabas, P- Chan? —se burló de aquel viejo apodo que Ryoga tenía. Este se levantó de la cama en la que había estado echado y lo miró aún con incredulidad.
—¿No me estas tomando el pelo?
—No, si le gustas, según lo que Akane me dijo.
—Pero estaban enojadas.
—Ya sabes como son las mujeres. Así son ellas se pelean y odian a muerte y al otro día son hermanas de nuevo.
Ryoga sonrió de una forma que Ranma nunca antes había visto, se dispuso a salir apresuradamente y Ranma lo llamó con cierto reproche de broma.
—¡Mira como desacomodaste la cama, por lo menos límpialo cerdo!
—¡Nos vemos Ranma, suerte esta noche! —gritó desde el vestíbulo, Ranma rió y le respondió de la misma forma antes de que abandonara su departamento.
—¡¡Suerte para ti P-Chan!!
***
—¿Estás más tranquila? —preguntó Nabiki mientras se sentaba enfrente de Akane que sonrió débilmente.
—Algo, la hora de salir con Ranma se acerca y no me puede ver así. Me conoce muy bien y sabría que algo malo me pasa —dijo mirándose en el espejo mientras limpiaba el resto de lágrimas que le quedaban. Nabiki no sabía que decir, definitivamente aquello la había tomado por sorpresa. No esperaba que Shinnosuke hubiera sido tan directo ni que le hubiera dolido tanto a Akane.
—¿Empiezo a maquillarte? —preguntó y Akane asintió mientras cerraba los ojos sintiendo como Nabiki abría las sombras y los delicados trazos del pincel se movían gracias a los hábiles movimientos de su hermana.
La puerta de la habitación de Akane se abrió y Sanosuke se asomó por el marco de la puerta cautivando a Akane con su hermosa sonrisa —Tía, Ranma ya esta aquí.
—Gracias cielo, ya bajo —dijo y el niño desapareció mientras se escuchaban sus pasos apresurados por la escalera.
—¿Segura que estás bien?
—Sigue maquillando —dijo Akane mientras se tragaba todos los sentimientos encontrados que intentaba manejar en ese momento.
—Ya viene —dijo el niño al llegar al lado de Ranma y este sonrió.
—Gracias, ¿cómo ha estado todo?
—Bien, ayer estaba en la escuela y unos niños…
—Ve a tu habitación Sanosuke —dijo una voz suave y dulce. Ranma sabía de quien se trataba y no se equivocó al ver el impactante cuerpo de Shampoo dentro de un hermosos conjunto que resaltaba sus curvas. El niño miró a Shampoo con reproche y la obedeció, yéndose a regañadientes ya que siempre disfrutaba de la compañía de Ranma.
—Que bien se te ve hoy —dijo ella seductoramente, mirándolo sin reservas, Ranma sonrió de forma irónica y la miró directamente a los ojos.
—Me parece que tú también, ¿Esperas que Mouse entre por tu ventana?
—¿Celoso? —preguntó ella con una risa traviesa que hizo reír a Ranma, no entendía como había podido estar enamorado alguna vez de una mujer como ella.
—No digas tantas estupideces —dijo sin molestia, jamás se imaginó poder hablar con ella sin sentir nada realmente —, solo me da lastima ver como juegas con los hombres y me doy lastima yo al ver que tan ciego estaba por haber caído en tus telarañas. Te pareces tanto a la viuda negra.
Eso provocó gracia en Shampoo que se acercó levemente, pero Ranma la midió. Si se acercaba un poco más pondría una distancia exagerada para evitar cualquier problema, estaba demasiado bien con Akane para perder todo eso. No estaba dispuesto.
—Ya lo he pagado contigo. Desearía que todo fuera diferente —dijo con algo de nostalgia, Ranma no fue capaz de decir nada. Ni siquiera encontraba sentido en hacer tal cosa. —No te perdonaré lo que me hiciste, solo me utilizaste para salirte con la tuya.
—Que bueno que te hayas enterado y lo siento de verdad, pero créeme que valió toda la pena del mundo y si tuviera que volverlo hacer para estar con Akane, lo haría.
—Eres lo peor, Ranma —replicó mientras entrecerraba los ojos por aquella forma en que se lo había dicho. Ranma sonrió sin sentir pena por ella, sabía que solo le dolía el orgullo, no le gustaba insultarle ni utilizar aquellos comentarios con una mujer, pero sabía que Shampoo se lo merecía. —Pero puedes estar tranquilo, que te van a pagar con la misma moneda. Cuando regreses llorando, te estaré esperando.
Ranma la conocía, sabía que era capaz de sembrar cualquier cizaña por conseguir lo que deseaba y ese comentario solo lo hizo reír —Que considerada.
—De verdad, no tienes una idea de todo lo que te amo. A pesar de que hayas jugado de esa forma tan baja conmigo estaré esperándote. Cuando Akane te clave el mismo puñal que me acabas de clavar.
—No tengo ganas de escuchar tus historias fantásticas, Shampoo —replicó Ranma notando la seriedad con que le estaba hablando ella. Sabía que tenía que creer en Akane, en su sinceridad, se lo habían prometido aquella tarde en su oficina, si querían sacar la relación adelante tenía que confiar en ella.
—No son historias fantásticas, Ranma. Pero te darás cuenta y cuando regreses aquí estaré…
—Buenas noches —dijo la voz de Akane que se acercó a donde ellos estaban. Ambos se giraron y Ranma se quedó pasmado al verla, esa mujer le encantaba. Se acercó con una enorme sonrisa, la tomó de las manos y la besó suavemente, saludándola cordialmente.
—Buenas noches, que la pases bien, Ranma —dijo Shampoo y desapareció del lugar. Akane no entendió porque le había dicho aquello en aquel tono, pero Ranma no le presto real atención, sabía que tenía que confiar en Akane.
—¿Adónde quieres ir? —preguntó, pero ella no tenía ganas de nada, después de saber lo de Shinnosuke se sentía extraña, pero tenía que fingir, elevó sus ojos y se encontró con los de Ranma que la miraban de forma atenta.
—Dónde tú quieras.
****
Ukyo se limpió unas cuantas lágrimas que recorrieron su mejilla, aquella película la hacía llorar, aunque le hubiera visto más de cinco veces no podía parar de llorar en las mismas escenas. Escuchó el timbre de su puerta y se extraño, no esperaba a nadie y sabía que Akane no podía ser, ya que ella estaba con Ranma. Lamentó perderse las escenas que ya conocía pero que la entusiasmaban como si fuera la primera vez que las veía. Fue hasta la puerta, la abrió y se quedó de piedra. Seguramente estaba soñando —se dijo a si misma. Aquello era una treta que le estaba jugando su imaginación. Pero al apartarse aquel enorme ramo de flores pudo ver el rostro de Ryoga con una gran sonrisa.
—¿Todo en orden? —preguntó casualmente, siendo consciente de que algo estaba ocurriendo con Ukyo, que lo miraba sin dar crédito a sus ojos.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz seca, como si estuviera viendo a un muerto, Ryoga sonrió levemente, entró al departamento siguiendo a Ukyo.
—Estaba dando una vuelta y decidí pasar a visitarte, debes felicitarme, mi sentido de ubicación esta mejorando.
—Me doy cuenta —dijo ella sin ninguna emoción. Definitivamente aquello debía de ser un sueño y Ryoga supuso que lo estaba pensando por la forma en que lo miraba.
—Esto es para ti, ¿estás bien? —preguntó al verla de aquella forma tan extraña. Ukyo sacudió su cabeza y tomó las flores que le estaba ofreciendo. Las llevó a la cocina y las dejo sobre la mesa para girarse y hablar con él.
—No pasa nada, solo estaba viendo un película que siempre me hace llorar.
—Eres demasiado masoquista, Ukyo. Si sabes que vas a llorar no deberías verla.
—Ryoga, ¿qué haces aquí? No me voy a tragar el cuento que viniste a dar una vuelta y se te ocurrió pasar por mi casa, además, supongo que me vas a decir que cortaste estas flores de la casa de mi vecino.
Ryoga sonrió levemente, sabiendo que su excusa había sido la peor —Venía a verte por supuesto. Creo que debemos hablar, Ukyo.
Ukyo sintió que su suelo se movía, pero antes de poder decir algo Ryoga tomó sus manos y la miró de forma seria, como jamás lo había visto —¿Qué sientes por mí?
***
Ranma penetró a Akane con la pasión que ella amaba, se aferró a su espalda y gimió sintiendo las contracciones de su cuerpo por el esfuerzo que estaba haciendo, aunque Ranma era quien hacia casi todo el trabajo. El beso se hizo más profundo, más intimo mientras que la penetración llevaba el mismo ritmo, la misma velocidad y la misma pasión.
—De… Déjame estar arriba —gimió Akane mordiendo el lóbulo de la oreja de Ranma que se tragó una exhalación que luchaba por salir de su pecho. Se giró tal y como ella se lo pidió y pudo ver como Akane se movía sobre sus caderas, dándole una mejor vista de sus pechos. Los cuales subían y bajaban por los constantes y arduos movimientos que hacía. Las ásperas manos recorrieron toda la espalda de Akane y la penetró con más fuerza, haciendo que las exhalaciones y gemidos de Akane aumentaran de forma vertiginosa. Akane se abrazó a Ranma mientras lo sentía enorme dentro de ella. Amándola como nadie lo había echo antes. Ranma la estrechó entre sus brazos y la sintió temblar al recibir una nueva oleada de calor que anunciaba su segundo orgasmo. Akane dio un leve grito que había intentado controlar por los vecino y besó a Ranma en el cuello, sintiendo como esperaba que su cuerpo se restableciera para buscar su propia culminación y así lo hizo. Después de que Akane se restableció se movió de nuevo para encontrar un buen ritmo que no la lastimara y por el brusco cambio de respiración de Ranma, Akane supo que había encontrado su orgasmo también. Se abrazaron de nuevo y Akane sintió como el cálido cuerpo de Ranma soportaba todo su peso.
—Te amo, Ranma —susurró acomodando un fleco rebelde que se escapó de la cabellera de Ranma. Él la tomó de la cintura y la giró para besarle de una forma profunda y tierna mientras la cabeza de Akane se hundía en las suaves almohadas.
—¿Tienes hambre? —preguntó Akane cuando Ranma se acostó a su lado, descansando su cuerpo.
—¿Tú sí? —preguntó y Akane sacudió su cabeza, abrazándose a él, mientras se recostaba en su costado.
—Tengo sed, ahora tomó un poco de agua.
—Tengo jugo, ¿no prefieres eso?
—Da lo mismo, solo quiero algo para quitarme esta sed que me está matando. Te dije que mi pasta estaba demasiada salada.
Ranma rió y la besó de nuevo, cuando terminó se levantó de la cama y se colocó sus boxers.
—¿Ranma que…
—Traeré tu agua.
—No te molestes…
—No me molesta en nada —respondió él dándole una hermosa sonrisa y Akane sonrió también. Lo esperó y cuando Ranma le entregó aquel vaso se dio cuenta que venía con un tentempié. Sonrió, era demasiado goloso. Encendieron la televisión y cuando Akane refrescó su garganta se abrazó de nuevo al costado de Ranma, sintiendo sus músculos trabajados y reposo su cabeza sintiendo como subía y bajaba por la respiración de Ranma, que acariciaba su espalda desnuda.
Akane intentaba centrar sus pensamientos en la película que estaban transmitiendo, pero realmente su mente estaba en otro lugar. Aquella tarde había sido una de las peores, todo hubiera sido más sencillo sino hubiera hablado con Shinnosuke. No estaba confundida ni nada, amaba a Ranma y no lo dejaría por Shinnosuke ni otro. Pero le parecía demasiado injusto lo que había pasado, ¿por qué no dejo las cosas como estaban? Jamás lo había odiado, había sentido un gran resentimiento y tristeza, pero jamás odiado. También sentía una gran angustia al pensar en todo lo que había pasado. No sabía si lo mejor era cortar relaciones con él o despedirse como debía de ser. No quería tener problemas con Ranma, todo estaba tan bien y no quería arruinar nada.
—Te amo —susurró Ranma sacando a Akane violentamente de sus pensamientos, se apretó a un más a él y besó uno de sus pectorales desnudos mientras sentía la mano de Ranma pasearse por toda su espalda desnuda.
No quería que aquello se acabara, no quería despertar de aquel sueño. Tenía un gran afecto por Shinnosuke, pero ya no pensaba en él como una pareja. Todo aquello había muerto con Kuno y ambos habían muerto con Ranma. Definitivamente Ranma era el hombre que siempre había buscado, en él tenía todo. Seguridad, ternura, amor, pasión, malentendidos, intensidad y todos los sentimientos que siempre había buscado.
Ranma a pesar de mantener sus ojos fijos en la película sabía que algo le pasaba a Akane, no era la de siempre, a pesar de haber hecho el amor la había notado distante. Como si su mente estuviera en otro lugar. Aquello le preocupaba. No sabía si algo malo estaba ocurriendo y cuando pensaba hablar con ella se percató que ya estaba dormida sobre su torso. Sonrió, era simplemente hermosa, acarició de nuevo su espalda y acomodó los cabellos cortos y rebeldes que estaban esparcidos. Notó que fruncía el ceño, parecía que no estaba teniendo un buen sueño y la acomodó sobre la almohada. Parecía que hablaba entre sueños, no tenía muy claro lo que estaba diciendo, pero le preocupo que fuera algo malo, estaría atento por si tenía que despertarla. Pero escuchó algo que lo dejó congelado.
—Sh… Shinnosuke.
Repitió aquel nombre dos veces y Ranma sintió que acababan de herirlo con un tubo de acero. Se separó de ella abruptamente y las palabras de Shampoo retumbaron en su cabeza. Intentó escucharla de nuevo pero las palabras de Akane eran incomprensibles. No comprendía ni la mitad de lo que estaba diciendo, parecían ser puras incoherencia, pero recordó que había nombrado a Shinnosuke y sintió su interior arder. Tenía que ser una broma, tomó aire, recordó a Shampoo y supuso que su mente le había jugado una mala pasada, ya mañana hablaría con ella. Pero a pesar de todo, no pudo dormir como esperaba, contaba los minutos para enfrentar a Akane. No podía ser cierto, no quería que fuera cierto.
