Primero que todo quiero agradecerles sus comentarios a las siguientes personas: Kairi-Sparda; SaBaku-No-MeNny; Dark Amy-Chan; narutoKohona; haruKauzaki; Kperscy; Pamelix; helena-uchimaki no gaara, y a istharneko. En serio me han dado muchos ánimos.
Esta ha sido una semana muy dificil para mi, y ustedes han contribuido a que mejorara, han sido muy lindas. ¡Muchas gracias!
Bueno, espero que les guste el capítulo. Espero sus comentarios.
Besos y abrazos.
The Nights
3- Vapor de té.
La exuberante mujer rubia dio dos grandes zancadas desde el pizarrón hasta quedar parada frente a la mesa, en la cual se suponía, tanto Sakura como Hinata debían estar tomando apuntes de lo que minutos antes ella había explicado. Con las dos manos puestas en sus caderas, en un ademán amenazador, se inclinó sobre la mesa.
Sakura dio un respingo, perturbada por tener su figura tan de cerca. Sus voluminosos pechos rozaban la madera, cubiertos algo por el largo cabello rubio. Pero no era sólo eso. Era la expresión de su rostro lo que daba miedo.
-¿Hinata?-Y ahora la voz de la rubia sonó en la habitación con un tinte de irritación-¿Hinata?-volvió a repetir armándose de paciencia. Pero no hubo respuesta.
Los ojos verdes de Sakura se llenaron de pánico, y miró a Shizune en busca de ayuda, y luego a Hinata, pero está última parecía no escuchar como su nombre era repetido una y otra vez. La pelinegra estaba perdida de todo. Tan concentrada en sus pensamientos.
-¡Hinata!-esta vez el gritó que dio la Hokage hizo eco en todo el lugar. El hospital se removió entero sólo con el sonido de su voz.
De pronto. La Hyuga parpadeo como saliendo de un sueño. Alzó los ojos perlados encontrándose con el rostro de Tsunade muy cerca del suyo. Instintivamente se hizo hacia atrás.
-Tsu….-Empezó a decir con un hilo de voz. La rubia la interrumpió con un gesto de manos.
-¡Vete!-vocifero retrocediendo.
-Pero….-Tsunade la miró como si la estuviera cortando en trocitos. Todo lo que iba a decir se quedo atrapado en su garganta.
La habitación se llenó de un silencio tenso. Asfixiante. Un escalofrío subió por la columna vertebral de todos los presentes.
-¡No discutas, Hyuga! ¡Vuelve mañana!-la Hokage se giró, dándole la espalda. Hinata se quedó en su lugar mirándose con Sakura-¿Todavía estás aquí?-ambas pudieron ver la tensión formarse en la espalda de la rubia-¡Ya lárgate! ¡No necesito médicos distraídos!- La pelinegra se levanto como un resorte. Asustada y temblorosa recogió sus cosas.
Cuando terminó, cosa que fue casi al instante. Salió disparada de la habitación. No quería enfadar más a Tsunade. Conocía la reputación de su furia, y por añadidura de su fuerza.
Una vez fuera del hospital. El frio invernal le dio de lleno en el rostro. Abotonó con las manos congeladas los últimos ojales de su abrigo blanco antes de comenzar a caminar por las calles cubiertas de nieve.
Aunque no llevará reloj, sabía que era muy temprano. Las tiendas de la Aldea recién comenzaban a abrir, y por eso mismo se veía poca gente transitando por las calles. ¿Y ahora que iba a hacer? Si se suponía que iba a estar toda la mañana en clases con la Hokage, y lo había arruinado todo.
¿Por qué tenía que estar tan distraída? Naruto se lo decía. Su primo Neji. Sus amigos. Y ahora su sensei. Soltó un suspiro que se volvió rápidamente en vapor. Lo miró. Pensó en su distracción. Sasuke. Pese al frio un tenue rubor cubrió sus mejillas.
El Uchiha. Era preciso que pensara tanto en él. Que lo recordará aunque ni siquiera lo hubiera visto esos últimos días. ¿Cuántos eran? Cuatro. Los había contado. Esperándolo. Era una tonta. Como si de un momento a otro él fuera a aparecer. A buscarla.
¿Y Naruto? Una vocecilla le recordó al rubio. Su novio. Su amor. El hombre que supuestamente amaba, pero al que le había sido infiel. Recordó la pregunta de Sasuke "¿lo amas?". No había respondido.
Sintió la humedad de la nieve filtrarse por sus ropas. Que frio hacia. Y aún así pensó en el rubio. En lo mucho que habían tenido que esperar para estar juntos. Su padre, incluso ahora, se oponía a su relación. Todo el clan Hyuga lo hacía. Neji era la excepción. Siempre apoyándolos. Encubriéndolos.
Tenía apenas diecisiete años cuando comenzaron su noviazgo a escondidas. Era una niña. Tan joven. Creyendo ciegamente que él sería por siempre el único hombre en su vida. Su primer beso. Su primera vez.
Creía que con él solamente haría el amor. Que vacías sonaban esas palabras ahora. Porque ella lo había dejado. Dejó a otro hombre tomar su cuerpo. Naruto ya nunca sería el único.
Que pensamientos tan violentos, reflexionó.
Se detuvo de golpe. Pequeños copos de nieve, casi inofensivos, volvía a caer. Miró a su alrededor, la gente se ponía bajo resguardo. Frente a ella vio una respuesta. "Casa de té. Sra. Okumichi".
El sonido de las campanas resonó cuando cerró la puerta tras de ella. Se quitó los zapatos y dejó junto a ellos su abrigo en la entrada.
Caminó por el pasillo de madera feliz porque la calidez del lugar estaba haciendo que sus miembros entumecidos por el frio volvieran a cobrar vida.
Pronto llegó al espacioso salón en donde se agrupaban las mesas para servirse el té que se quisiera. Era un lugar curioso. Le gustaba muchísimo. Era tranquilo. Silencioso. Y siempre olía tan bien. En esos momentos podía distinguir claramente el olor a jazmín inundándolo todo.
Una muchacha pecosa y bajita, que no aparentaba más de catorce años, se acercó vestida con un tradicional quimono verde. Hinata pidió un té rojo o Pu-Erh, le gustaba mucho su agradable sabor, además lo encontraba tan asimilable al paladar. La chica, que si mal no recordaba se llamaba Heiko, desapareció detrás de un gran biombo de madera lacada. Ahora sólo tenía que esperar y disfrutar del lugar.
Sus ojos viajaron por todo el salón, estaba sola. Sus orbes se detuvieron melancólicamente sobre un arreglo de flores. Eran orquídeas. En los cinco años que llevaban siendo novios con Naruto, él jamás le había regalado esas flores. Dudaba que supiera siquiera que esas eran sus flores favoritas.
Apartó la mirada cuando escuchó el sonido de las campanas de la tienda. Ya no sería la única clienta. Se concentró en la entrada. Esperando para ver quien era.
La figura cruzó el umbral.
Sintió que la respiración se le cortó. Su pulso se agito de tal forma que la abrumaba.
Era él, él.
La muchacha regresó trayendo una fina y elaborada bandeja de madera. En ella, una tetera de hierro humeaba. Acomodó los utensilios en la mesa de Hinata, mientras blanco y negro se enfrentaban.
-¿Desea algo más?-la voz aniñada de Heiko, logró que la ninja apartada la mirada.
Sólo se limito a negar con la cabeza. No podía hablar. Estaba sorprendida. Conmocionada.
Sasuke por otro lado tomó asiento en una mesa ubicada precisamente frente a la de ella. Allí podía verla claramente. Cada detalle de la pelinegra. Podía absorberla con la mirada, como sus sentidos absorbían el vapor del té. Un aroma terroso. Sabía lo que ella bebía.
Hinata bajó la mirada. Concentrada de pronto en el rojo intenso del líquido frente suyo. Lo oyó pedir con voz ronca un té Moruno, o como era conocido popularmente, un té de menta. No quería mirarlo, pues sabía que él si lo hacía. Podía sentir su mirada sobre ella. Recorriéndola. Tan atento.
Heiko regresó con su pedido. Una tetera blanca adornaba ahora la mesa de Sasuke. Volvían a estar solos.
Casi sin pensarlo se llevó la taza a los labios. El calor del líquido bajó por su garganta quemándola. La sensación desagradable la hizo desear algo fresco. Agua fría.
Se levantó de su lugar. Y sus ojos negros la capturaron.
El Uchiha la miraba intensamente. En esos momentos deseaba tanto besarla. Hasta que la vio venir. A él.
-¿Puedo tomar té junto a ti?- ella no espero respuesta. Se sentó frente a él, mientras una tetera blanca humeaba entre medio de los dos.
Sus ojos negros se concentraron en el humo y luego en las delicadas manos que preparaban las tazas. Sus gestos. Su sonrisa. Sus formas que casi podía adivinar debajo de aquellas ropas. De pronto el té quedo olvidado.
Sasuke frunció el ceño, cada vez la agonía se volvía más insoportable. No podía más. Se acerco a Hinata y la alzó de la silla agarrándola de la cintura.
- ¿Que...?- empezó a protestar la muchacha asombrada por la intimidad del gesto. El ninja hizo caso omiso de su intento de apartarse de él asustada y la abrazó estrechamente hundiendo su cara en el cuello de esta.
- Hinata...- murmuro- ¿Por qué...? ¿Por qué tienes que volverlo tan difícil?- Sasuke empezó a deslizar sus manos por el cuerpo de la joven, acariciándole con las yemas de los dedos la espalda.
Ya no pudo soportarlo más, tomó su rostro entre sus fuertes manos y Hinata no pudo evitar gemir de anticipación. Sintió la repentina y urgente necesidad de sentir esos labios, y entreabrió los suyos como invitación. Eso fue suficiente para el jounin. Con fiereza se apoderó de sus labios, besándolos apasionadamente, mordiendo juguetonamente el labio inferior de ella y saboreándolo sensualmente.
La chica podía sentir la calidez de la lengua de Sasuke buscando la suya propia, jugando con ella. Cada vez más intenso. Más ardiente a medida que las manos de él estaban por todas partes.
La tendió sobre el piso de madera jadeando, y ella se quedó hechizada con la imagen. Su oscuro cabello revuelto, su respiración entrecortada, su camisa ligeramente abierta y sus ojos ardiendo como brasas.
-Te deseo-no supo de dónde le salieron las palabras.
Él sonrió felinamente, y ya no hubo tiempo para pensar porque se abalanzó sobre ella como haría un depredador sobre su presa.
Ella recibió sus besos y sus manos maestras por sobre su cuerpo que con experticia iban quitando su vestido. Y que ahora se dedicaban con devoción y voracidad a probar su inmaculado cuello para luego dirigirse a sus pechos que parecían cobrar vida ante sus manos y su boca.
Beso su vientre disfrutando sus gemidos y su agitado cuerpo. Se alzo sobre ella para desprenderse de su ropa a la vez que Hinata lo contemplaba turbada. Se notaba que era un guerrero por cada músculo marcado y formado de su cuerpo. Pero fue su intimidad lo que la dejo sin habla.
Él se tendió sobre ella y pudo comprobar con su cuerpo la dureza de su miembro en su vientre. Se asustó durante unos segundos, pero se sentía tan placentero, y su cuerpo respondía como si hubiera nacido para eso que decidió que estaba bien. Cuando sus sexos se tocaron, el Uchiha sabía que no aguantaría más, la necesitaba ahora.
La miró febrilmente a los ojos y ella entendió rodeándolo con sus piernas, volviendo el contacto tan íntimo que los dos jadearon, bañados por el sudor y la pasión. Sin importarles nada.
-Lo haré despacio- susurro sobre sus labios sintiendo que la penetraba.
La suave fricción de sus cuerpos, en un movimiento rítmico perfecto, definido por las caderas de Hinata, causó que en pocos segundos se abandonaran a si mismos. Buscando únicamente el sentirse el uno al otro. Una plenitud dolorosamente placentera.
Al cabo de un rato, ella entrecerró los párpados y comenzó a jadear. Sasuke la contempló maravillosamente fascinado, comprendiendo que perdía el control. Fue a besarla conmovido, pero se percató de que él también respiraba trabajosamente y le costaba responder a otro estímulo.
Cada vez, se movían más deprisa en un éxtasis apasionante. Sacudidos una y otra vez por oleadas de placer que iban y venían, haciéndose cada vez más intensas.
Dejó escapar un débil gemido, sabiendo que no aguantaría mucho más. Cada vez sintiéndose más vulnerable en contacto con el calor del cuerpo de la pelinegra.
Él posó su boca en su cuello. Desesperado. Mientras ella lo envolvía, ejerciendo más presión. Hundió sus manos en sus cabellos oscuros y los estrechó con fuerza.
Una última corriente los sobrevino a ambos al mismo tiempo. Finalmente su pasión se calmó.
Se giró para estrechar con fuerza su cuerpo desnudo hacia él. Pero Hinata no estaba. En su lugar había vapor ¿vapor? Parpadeo confundido.
La tetera blanca estaba frente a él, pero ni rastros de la chica. La buscó en su lugar. La mesa estaba vacía. Comprendió entonces que las fantasías pueden ser muy reales en ciertas ocasiones.
Suspiró frustrado. Tomó una servilleta entre sus manos.
La Hyuga regresó del baño mucho más aliviada. El agua fría le había sentado de maravillas a su garganta. Pero grande fue su desilusión al no encontrar al Uchiha a su regreso. Se dejó caer abatida sobre su asiento.
Se concentró nuevamente en mirar el té.
-Señorita-la figura de Heiko la cubrió momentáneamente-El señor dejó esto para usted-la muchacha le extendió una servilleta doblada.
Con manos temblorosas Hinata tomó la servilleta. Esperó a que Heiko terminara de recoger las cosas de la mesa de Sasuke para observar más detenidamente ese peculiar recado.
Una vez a solas, desdoblo la hoja. Vio su caligrafía impecable. Las palabras impresas con ella.
Se llevó una mano al pecho. Los latidos de su corazón se aceleraron. Suspiró y sus largas pestañas oscuras descendieron hasta cubrir la sonrisa de satisfacción que curvó sus labios.
