¡Holis!
¡Mil, mil, mil perdones por la tardanza! ¡ Lo siento muchisimo! Sé que no tengo muy buena excusa pues estuve enferma, y luego pase por un período de perdida de ganas de escribir, aún así lamento haberme demorado tanto....Sólo espero que no se hayan olvidado de este fic.
En todo caso gracias a aquellos que aún lo lean.
Besos y abrazos.
The Nights
9-Quinta Noche
Ellos dos se amaban, tenían que estar juntos. Si fuera Neji Hyuga diría casi que estaban destinados a permanecer uno al lado del otro. Estaba escrito.
El hombre detuvo su incesante paseo por su habitación, inquieto y evidentemente frustrado ante sus pensamientos, entre sus manos retorcía nervioso una caja de terciopelo azul, después de unos instantes la dejó caer sobre su cama, y se llevó una mano a sus cabellos dorados despeinándolos. Miró de soslayo su mascara Anbu; la figura del zorro parecía sonreírle sarcásticamente, como si le estuviera diciendo algo vital, algo tan importante que no fue capaz de resistir sus impulsos por más tiempo.
Con la rapidez que lo caracterizaba como ninja, corrió por los tejados de la Aldea de la Hoja, sonriente. Pese al frío y a las altas horas de la noche que eran, acababa de decidir que no se iría a su misión sin disculparse con su amada, pues aunque tenía ciertas dudas sobre su comportamiento últimamente, la amaba, y estaba dispuesto a dejar pasar esa situación. Lo único que quería y necesitaba era tener a Hinata a su lado, nada más.
Silenciosamente extrajo la llave que meses atrás la Hyuga le dio en uno de sus aniversarios, y abrió la puerta sigiloso. Pensaba a medida que caminaba hasta su cuarto, que de seguro ya se hallaba durmiendo, no importaba. Iba a recostarse a su lado a verla dormir, y a decirle cuánto la amaba, con suerte ella despertaría y le respondería lo mismo.
Su sonrisa se ensanchó cuando giro el pomo de la puerta, esperando lo mejor.
Sus ojos se abrieron decepcionados.
Su sonrisa se desvaneció cuando la cama vacía y bien tendida fue lo único que lo recibió.
La cabeza del rubio Uzumaki giro con toda clase de piezas, detalles, conversaciones, imágenes; en todas ellas Hinata era la protagonista, en todas ellas la verdad iba revelándose ante sus azules ojos.
Pero lo peor para él fue el sonido que siguió ante las piezas que se encajaban una a una como en un rompecabezas. Fue un simple y limpio "Crack".
Su corazón acababa de romperse.
-Lo mío con Sakura era una relación de conveniencia. Yo le interesaba desde que éramos niños, y a mí me hacía falta compañía. No había amor…-le explicó apenas acabaron el beso-…Era lógico que buscara a otro hombre, y Lee siempre estuvo ahí para ella.
-¿Cuándo lo supiste?-preguntó ella abrazándolo.
-Como hace cuatro meses. Un día regrese antes de una misión, y la descubrí escabulléndose al departamento de Lee, no regreso en toda la noche. Después de eso no nos buscábamos para nada que no fueran algunas actividades sociales.
-Pero….no entiendo. Si Sakura esta con Lee ¿Por qué no terminar antes?-Hinata alzó la cabeza mirándolo confundida.
-En realidad, Hinata, me daba lo mismo si me lo contaba o no. Yo no tenía nada que perder, pero ella….-Sasuke inclinó la cabeza hasta rozar suavemente sus labios contra los de la ninja-…Sakura es una mujer muy orgullosa. Creo que se siente avergonzada de Lee.
-Pero….-los dedos de él sobre su boca la hicieron callar.
-Basta ya de Sakura y de Lee. Aprovechemos nuestra noche-Y entonces la beso ávido, en un beso que recorrió todo su cuerpo, como un dolor adictivo.
Hinata sintió hasta en el último rincón de su alma que aquel beso lo estaba cambiando todo para ambos. Sintió que esa noche no sería como las otras, esa noche los dos estaban renaciendo juntos como nunca antes lo había estado de una persona.
No fue consciente de en que momento su ropa ya no estaba, y en su lugar estaba recostada en la cama del Uchiha. Él se dio la vuelta y, apoyado en un codo, le estudió el rostro con gesto oscuro, serio, tan intenso que ahuyentó todos sus pensamientos y cualquier duda. Sasuke podía traspasarla y saber todo sobre ella con una simple mirada.
Despacio, los labios del ninja encontraron los suyos. Tímidamente al principio, una sutil invitación. Eran besos pequeños y demorados en la boca, en la punta de la barbilla, en las comisuras de los ojos, sobre los pómulos. Aquellos besos hicieron que todo su cuerpo se llenara de algo que era casi un dolor, de un calor furioso y muy intenso. Brotaba en los labios de Hinata, en la punta de sus pechos, y le descendía por las piernas. Incluso le dolían los pezones. Como en un sueño la Hyuga se oyó gemir con una especie de maullido que no había oído antes.
Esa entrega era distinta. La piel encendida ya no sólo dibujaba pasión, sino amor.
-Hinata-murmuró él, que volvía a tomar posesión de su boca y le acariciaba los pechos desnudos, y en círculos lentos y juguetones buscaba la curva de su vientre.
Y fue como si su piel se convirtiera en otra cosa. Tan viva que escapaba a su control, muy pegada al cuerpo de Sasuke. Sus caderas se encajaban a las suyas, y ella también tocaba, buscaba, acariciaba cada uno de los huesos de su espalda, las clavículas planas, la curva de las nalgas. Ese cuerpo que tan bien conocía. Sus labios se abrían al contacto de sus labios, y la sensación inesperada de las lenguas entrelazadas la hicieron estremecerse de delicia y asombro, tanto que él se detuvo, alzó la cabeza y la miró, preocupado.
Los ojos de ella brillaron en la oscuridad del cuarto, dichosa. Eso era lo que se sentía de verdad al hacer el amor.
Pero antes de que Sasuke dijera o hiciera algo, ella se echó a reír, una risa que era casi como un ronroneo, y le rodeo el cuello con los brazos, atrayéndolo hacía sí una vez más. Los labios del Uchiha exploraban su cuello con unos besos abiertos, saboreándola; como si quisiera comérsela, y con la lengua empezó a lamerle los pechos, disfrutándola, descubriéndola, haciendo que las líneas de su cuerpo se fundieran hasta encajar a la perfección con las suyas. Hinata se asombraba al sentir que dos cuerpos, como los de ellos que ya no eran vírgenes, fueran capaces de aquello, de convertirse en uno solo con tanta intensidad.
Mientras él hundía la cabeza sobre sus pechos, ella se aferraba a su cuerpo aspirando profundamente su aroma. Olía a hierbas, a madera, a bosque verde y húmedo, como un día de lluvia. Pero su sabor salado la excitó en lo más íntimo. Cuando Sasuke se metió un pezón en la boca, su temperatura interior alcanzó una cuota casi irresistible. Hinata bajo la mano hasta donde notaba que el miembro de él se apretaba con fuerza contra su muslo. Pero, al envolverlo contra sus dedos, se sobresalto. Ése no era el pene que reconocía. Era distinto. Era demasiado grande. ¿Cómo podía ser tan suave algo tan duro?
Apenas lo rozó con la mano, al Uchiha se le escapó un gemido. El miembro saltó entre sus dedos, como si unas descargas eléctricas recorrieran sus venas azuladas, y ella misma sintió unos deseos irrefrenables de poseerlo. Fue como si fuera parte de ella. Como si todo él fuera una parte de ella, encajando a la perfección, cóncavo y convexo.
De pronto Hinata supo que no podía esperar más. Le cogió una mano y se la colocó entre las piernas. Al instante él alzó la cabeza, le sonrió autosuficiente, para luego dejar que su boca y su lengua se fundieran con las de ella. Con los dedos empezó a acariciar el núcleo húmedo que ocultaba entre los muslos, suavemente al principio, con más firmeza después. Ella gemía, y por debajo de sus gemidos oía un gruñido grave, ahogado, que era de Sasuke. La Hyuga perdió la noción del tiempo. Un minuto, una hora, no lo sabía. Le pasó una pierna por la cadera, y sintió que el pene se apretaba mucho contra su hendidura, caliente, vibrante, ávido.
Y en un instante él estaba encima, besándole los párpados hasta que ella abrió los ojos y se topó con su mirada oscura, que la contemplaba con tanta ternura, con tanto anhelo, que ella supo que recordaría aquellos ojos hasta el día de su muerte. Sus bocas se unieron una vez más.
-Mi dulce amor…-susurró Sasuke con la voz enronquecida y llena de algo que ella jamás imagino sentir-….Dime que esto es lo que quieres.
-Para siempre-balbuceó con el cuerpo y el alma entregada.
Entonces ella levantó mucho las caderas, para que la punta de su ser entrara en ella, y oyó a Sasuke aspirar muy hondo. Le mordió el labio inferior y despacio, suavemente, penetró en ella. El Uchiha la atrajo hacía sí, murmurando, susurrando, besándola, mientras iba invadiéndola e incrementando su ritmo.
Hinata apenas podía respirar. Todo pensamiento cesó. Todo su mundo se convirtió en ese instante. Un calor que recorría todo su cuerpo y que, ardiente, abría nuevos senderos en su carne. Senderos que sólo le pertenecían a Sasuke y a ella. Sus dos carnes se convertían en una sola. Y cuando el clímax final y tembloroso los desgarró a los dos, ella creyó que moría, literalmente.
No hubo pesadillas esa noche. Nada de sangre, ni cuerpos mutilados. Esa noche no. Ella se había llevado todo rastro con su mera presencia.
Sasuke Uchiha no podía apartar los ojos de ella, a pesar de la oscuridad. Hinata había apoyado la cabeza en su hombro, y mientras dormía él apretaba la mejilla contra su cabello, para sentirlo otra vez, para acariciar esas mechas de ébano.
Y aunque la mente de Sasuke se adelantaba, se retorcía, trataba de verle la cara oculta al futuro, él la hacía regresar. Al presente. A ese momento. A ese ahora. A ese punto perfecto de tiempo.
Se estaba esforzando enormemente por centrarse. Por aclarar sus sentidos. Pero sólo sentía la alegría de estar con ella, la maravilla física de esa mujer, su olor dulce. Su Hinata. Revivía mentalmente cada segundo ahí tendido, en las horas previas al alba. Volvía a oír los débiles grititos de placer. Sentía sus dientes apretados contra su cuello. Los músculos fuertes en su interior. Ese momento de certeza en el que supo que….
No. Apartó su mente y se obligó a regresar al presente. No debía pensar en lo que estaba por venir, eso sólo le traía oscuros presentimientos. Le rozó la frente con los labios, y los dejó ahí, apoyados contra su piel, tibia y olorosa de sueño. Clavó los ojos en la oscura melena y escuchó su respiración acompasada, mientras esperaba que amaneciera.
La luz de un nuevo día, se filtraba tenuemente por entre medio de las nubes invernales de Kohona, apenas iluminando las calles y casas. Pero para él no eran rayos de luz, al contrario, eran señales fatales de una realidad que aún en ese momento, después de haber dado vuelta a la aldea entera buscándola y preguntando tanto a familiares como amigos por su paradero, se negaba a ver. Porque al final había un solo lugar dónde ella podía estar. Un solo lugar. Un lugar que no se atrevió a pisar por miedo a lo que vería, aunque sabía que eso no eliminaría lo obvio, ni el dolor, ni el pecado.
Suspiró una vez, otra, otra y otra, le dolía hasta casi respirar. Cansado y con el alma adolorida, dejó a su cuerpo descansar sobre la cama de su novia. Había regresado al departamento con la ilusión ciega de encontrarla, pero no estaba, todo el lugar seguía tan vacío como cuando lo abandono. Lo único que tenía era su olor a flores inundándolo todo, enloqueciéndolo por la ausencia y las ganas.
Como ninja y por su propia historia personal, estaba habituado al dolor, pero lo que estaba sintiendo en esos momentos barría con cualquier tipo de sufrimiento anterior. La tortura de un enemigo era mil veces mejor que lo que estaba sintiendo. Cerró los ojos en un intento fallido por ahuyentar las lágrimas de sus ojos. La sensación era demasiado grande, demasiado quemante. El infierno acababa de abrirse bajo sus pies, y lo irónico era que un ángel lo había abierto.
Un ángel y un demonio.
Ahora ya sabía dónde se encontraba su amada Hinata; ahora sabía en que brazos estaba.
Su novia y su mejor amigo.
Su boca esbozó una triste mueca. Dicen que la ignorancia es una bendición, ahora él deseaba haber permanecido ignorante.
Como odiaba ser Naruto Uzumaki en esos momentos.
La joven Hyuga sintió que el calor de su cuerpo desaparecía de su lado. Acostada e inmóvil fue abriendo sus ojos con lentitud, y apenas lo ubico en el cuarto, lo contempló con ternura y nostalgia vestirse ante el amparo de los diminutos rayos de luz que entraban al departamento.
Sonrió, y una burbuja de risa abandonó su boca y se asomó a la habitación silenciosa. Sasuke no alcanzó a colocarse su mascara Anbu, pues apenas la escuchó inmediatamente centró toda su atención en Hinata.
-¿Te vas a ir sin despedirte?-los ojos de ella brillaron en un mudo desafío, juguetona.
Sasuke, que estaba en el quicio de la puerta. Con el cabello negro alborotado y el uniforme ninja, tenía un aspecto indómito y salvaje, en seguida la miró con sus ojos negros llenos de deseo por ella.
-Ven aquí-le dijo él al fin.
Hinata se levantó desnuda de la cama con toda la calma por delante, sabiéndose admirada y deseada. Eso era extraño y nuevo para ella, pues generalmente era pudorosa y vergonzosa. Sin embargo, ahora ese cuerpo carecía de pudor, y más bien se regodeaba en aquellos actos extraordinarios de intimidad. Poco a poco caminó, o más bien se balanceo hasta llegar a él, moviéndose seductora como una felina.
-¿Y bien?-ella se encogió de hombros con aire despreocupado, ignorando el frío en su piel desnuda.
-Hinata.
Ella sonrió. Oír su voz pronunciando su nombre era una alegría inmensa. Pero, a la vez, aunque se resistiera a ello, en su pecho empezaba a anidarse un dolor intenso. Un dolor que no quería reconocer pues parecía hablar de tragedias.
Él estiró sus brazos y la atrajo contra su cuerpo. La Hyuga se acurruco contra la curva de su brazo, apoyó la cabeza en su clavícula y lo abrazó. Aspiraba su aliento, se empapaba de su olor, y así se mantuvo, con los ojos cerrados, un largo minuto, grabando para siempre el instante en su cerebro.
Abrió los ojos.
-Sé que tienes que irte….pero no quiero…-musitó en voz baja-…no te vayas, Sasuke.
-Soy un ninja. Debo irme-la abrazó con fuerza, y un escalofrío recorrió sus venas-Debo dejarte aquí. Dejarte a salvo.
Sasuke le besó la frente, y sus labios se demoraron en su piel. Aquel presentimiento oscuro comenzó a crecer a pasos agigantados en su interior. Era algo tan fuerte que casi podía olerlo en el ambiente.
-Lo sé-respondió Hinata. Se le formó un nudo en la garganta, y el dolor en el pecho le dolía más que una herida de un puñal-Nuestras misiones son importantes, en especial si la Hokage te lo pidió. Sé que tú eres un ninja brillante, y que Kohona te necesita ante cualquier peligro o enemigo….es sólo que…-ella se mordió los labios apenada-….voy a extrañarte, y además….
Él le acarició el rostro, sellándole los labios con los dedos, tiernamente.
Pero ella se obligó a seguir.
-A tu regreso…-se aclaró la garganta-…al regreso de Naruto, terminare con él. No podemos continuar viviendo así, no quiero esconderme, ni ser ninguna clase de cadena para ti.
Sasuke le besó el cuello.
-Lo único que tú me encadenas es el corazón-sus ojos negros brillaron-A mi regreso arreglaremos toda esta situación.
-Más te vale-replicó ella riendo, intentando aliviar su pesar.
-Debo irme-dijo él cortando el momento, pues el sol aunque no se viera del todo ya comenzaba a avanzar por el cielo. Y Sasuke temía que Naruto o Sai se extrañaran por su tardanza, y lo cuestionaran a su llegada.
Hinata asintió.
-Por favor, prométeme que te cuidaras, Sasuke-le pidió o más bien le rogó con los ojos de luna luminosos y preocupados.
-Te juró que regresare por ti.
Ella lo miró, y vio en él la verdad de la promesa que acababa de pronunciar, pero también la impaciencia por lo que se extendía ante Sasuke, su misión. Y el puñal que sentía clavado en su pecho se hundió en él un poco más.
-Entonces, sólo debo sentarme a esperarte-la Hyuga le sonrió, mirándole a los ojos, negros, intensos, y con un dedo recorrió el perfil afilado de su mandíbula-Buen viaje.
Sasuke entonces la besó. Recorrió sus labios dulces y cremosos al principio con calma, hasta que la necesidad y la desesperación lo hicieron saborearla, marcarla como suya, grabarla a fuego en su cuerpo y sus recuerdos.
Después de unos instantes la soltó enfebrecido, y seguro de que si no hablaba no se iría a su misión tranquilo, y centrado.
-Estoy enamorado de ti, Hinata-le habló con firmeza, mirándola fijamente a los ojos, totalmente convencido de lo que decía, pues era la primera vez que se enamoraba, y tenía la certeza absoluta de que sería la última vez.
La Hyuga abrió los ojos sorprendida, y antes de que pudiera decir algo, él desapareció.
Ahora estaba completamente sola en su departamento.
Suspirando, ella tomó una manta para cubrir su cuerpo, y sentada a los pies de la cama del Uchiha, saboreó cada una de las palabras dichas por el ninja.
-Yo también estoy enamorada de ti-susurró para sus adentros, a pesar de que un miedo desconocido le mordía los huesos de impaciencia.
Quiero agradecer a quienes me dejaron reviews en el capítulo anterior: gesy,Rieko-sama, hinata-uchihadark, hinasweetnaru, skarlet3 , SaBaKu-No-MeNnY, Secretpoisson, SesshomeShan, Le Petite Vicky , helen, Rach Black, viicoviic, GabrielleDeLaCroix, Misaki, phebe-chann , LennaParis, princezzhina-dark , Dark Amy-chan.
Prometo responder los reviews uno a uno en el próximo capítulo.
