Hola, y Felices fiestas!!!!

Lamento muchisimo la tardanza en publicar, pero he tenido problemas, y además una gran cantidad de trabajo, espero no se hayan olvidado del fic, al que ya le quedan a lo máximo 4 capítulos.

En todo caso igual quiero darles las gracias a todas las personas que se toman un tiempo para leerme, y también a aquellos lectores anónimos. Quienes me dejan reviews realmente me motivan a escribir.

Un beso y un abrazo enormes.


The Nights

10-Noche rojiza

El puñal que se clavó en su pecho cuando él partió aquella madrugada, terminó por cercenar su corazón en ese preciso instante.

Todo se llenó de sangre para ella.

Era irreal, tan imposible, que no reaccionó cuando Tsunade, Sakura y Shizune gritaron órdenes y corrieron por los pasillos apresuradas por atender al herido de gravedad.

Ella las siguió, tan atontada y conmocionada, que incluso dentro de aquella habitación no fue capaz de brindar ninguna clase de ayuda médica, simplemente se mantuvo apartada en un rincón, mirando la sangre que salpicaba el cuerpo del hombre inerte, trayendo consigo augurios de muerte y de dolor, mientras la luz verde de los chacras curativos fluían para retenerlo en el mundo de los vivos.

Hinata permaneció sin emitir ninguna clase de reacción, sólo sus ojos abiertos y casi desorbitados delataban el pánico que iniciaba un espantoso camino por su organismo.

Entonces, como si hubiera estado esperando una orden todo su cuerpo tembló involuntariamente, tan ajeno a ella que bien podría haber parecido que todo lo que sucedía a su alrededor no era parte de su realidad, al contrario, podía casi asegurar, o más bien rogar, que lo que sus ojos grises veían, formaba parte de una espantosa pesadilla. Cerró los ojos por puro instinto, reprimiendo los deseos de gritar, sólo quería que aquello acabara, para despertar tranquilamente en su cama, aún esperándolo.

Y es que aquello no podía ser real.

¡Hinata! ¡Hinata! ¡Hinata!

-¡Hinata! ¡Hinata!-su nombre era repetido incontables veces por diversas voces. Los escuchaba a lo lejos como sonidos transformados y amortiguados por el agua, pero ella no les podía responder. De pronto, se había quedado muda-¡Hinata, Hinata!

Y casi al instante, tal vez demasiado rápido para ser cierto, como en la escena de una película de acción, sintió un fuerte impacto, y su rostro se viró un par de centímetros de su eje, para que en seguida su cuerpo fuera jalado y sacudido con extrema violencia, pero aún así, pese al fuerte agarre al que era sometida por los hombros y a la reciente bofetada, no podía sentir dolor físico, nada. En su interior sólo había una honda y voraz sombra negra extendiéndose por toda su alma, engullendo su corazón a medida que sus ojos de luna contemplaban los esfuerzos desesperados que médicos y enfermeras hacían para detener la hemorragia que se llevaba rauda la vida del hombre que amaba.

-Ha entrado en estado de Shock-escuchó que gritaba la Hokage, la misma persona que la había abofeteado y zamarreado segundos antes-¡Shizune sácala de aquí!

Y tal cual como si fuera una muñeca de trapo, la ayudante de su jefa tiró de ella con firmeza, conduciéndola fuera de la habitación como una autómata, pero entonces cayó en la cuenta de que se iría, de que los pasos que daba la conducían lejos de él.

No, no, no, no, no, se repitió mentalmente. No sin él. Eso nunca. No iba a abandonarlo.

Sabía que gritaba, aunque en algún momento creyó que no podía hablar, pero eso que escuchaba era su voz, resistiéndose, luchando; y esas eran sus manos aferrándose al umbral de la puerta, eran sus uñas las que se quebraban haciendo esfuerzos por quedarse en esa habitación. Estaba gritando y pataleando, mientras su rostro se humedecía de gruesas lágrimas, y los sollozos se concentraban en su garganta uno detrás del otro.

Aquello era demasiado dolor.

Entonces lo sintió, un ligero piquete en su cuello. Con los ojos vidriosos enfocó su debilitada vista en la otra mujer y en la jeringa que empuñaba. Intentó decir algo, pero sólo salió de sus labios torpemente una palabra antes de que su cuerpo se desvaneciera por completo.

-Sasuke….


La mujer de cabellera castaña meneó la cabeza observando de soslayó la figura durmiente en la camilla.

-Aún no logro entenderlo, ¿Qué fue lo que le sucedió a Hinata, Tsunade? ¿Tú sabes algo?

La otra figura femenina en la habitación pertenecía a la Hokage de la Hoja. La rubia apenas y miró a Shizune y Hinata, sólo se encogió de hombros perezosamente con la vista pensativa clavada en la ventana.

Afuera, una noche sin luna engullía en su oscuridad a la aldea.

-Tengo mis sospechas, y cierta información, pero esperare a que ella despierte para comprobarla. Por el momento, prefiero que vayas a hacerle compañía a Sakura, esa chiquilla debe estar destrozada después de lo sucedido a ese par de idiotas-le dijo con total calma, una tranquilidad poco común en la rubia que sólo hizo que a Shizune le recorriera un escalofrío de miedo-Anda, vete. Yo me quedare con la Hyuga-con un ademán de su mano la instó a irse.

Apenas se cerró la puerta a sus espaldas, la Hokage recién se permitió liberar el aire atascado en sus pulmones. Aquel día en el hospital había sido como invocado por los mismísimos demonios, tenía tanta tensión acumulada que hubiese destruido una buena cadena de montañas con tanta energía retenida.

Pero no era el momento para eso, pues los parpados de la dormida Hinata empezaban a moverse, entonces la mujer se acercó hasta su cama, esperando.

Los ojos opalinos de la ninja se abrieron con dificultad, y algo de dolor, probablemente debido a que todo no dejaba de darle vueltas en la habitación.

-¿Qué…..qué pasó?-consiguió balbucear en un murmullo amortiguado por su propia cabeza que empezaba a zumbarle.

-Eso es precisamente lo que espero que me respondas, Hyuga-le contestó con hosquedad la voluptuosa rubia.

Hinata miró a su alrededor, descubriendo entre medio de la oscuridad del cuarto la figura de la otra mujer. No entendía por qué estaba allí.

Entonces lo recordó. Su cuerpo brincó de la camilla como un resorte con vida, mientras las imágenes del Uchiha ensangrentado e inconsciente recorrían su cabeza. Recordó su cuerpo débil y frágil, cual muñeco de trapo, casi sin vida.

Y el dolor regresó con tanta intensidad que el mundo a su alrededor se detuvo. Su estomago inició un amargo movimiento, revolviéndose, retorciéndose como una serpiente e instando por devolver lo poco y nada que había comido en ese día.

La Hokage rápida en sus reacciones alcanzó una fuente para colocarla enfrente del rostro de la ninja segundos antes de que vomitara lo poco ingerido. Se sentó a su lado para sostener su cuerpo mientras los espasmos y las arcadas pasaban, con cierto toque de lástima e instinto materno acarició los sedosos cabellos azabaches, trasmitiéndole un poco de calma hasta que la joven Hyuga fue capaz de limpiarse los restos de la boca, y dominar su cuerpo.

La ayudó a sentarse derecha, atrapó la pequeña mano de Hinata entre las suyas en un asimiento inquebrantable para luego buscar aquellos ojos grisáceos plagados de tristeza y culpa.

-Y bien Hinata…. ¿Me vas a contar qué tienes tú que ver con lo sucedido entre Naruto y Sasuke?-la cuestionó con seriedad, pero mucho más dispuesta a escucharla que antes-Prometo que no voy a juzgarte, pero necesito que me digas todo lo que sepas. Necesito entender todo esté enredo, y me temo que tú eres la única persona en sus cabales para explicármelo.

El cuerpo de la ninja tembló con todas las emociones carcomiéndole el alma. Sabía que si no hablaba Tsunade jamás la dejaría salir de esa habitación, y ella necesitaba verlo, necesitaba saber cómo estaba. Tenía que aferrarse a la idea de que vivía aún.

-¿Él…él es…esta bien…eh?-preguntó temblorosa con sus labios, ahora pálidos y resecos.

La Hokage soltó un suspiro con pesadez, activando todas las alarmas en el interior de Hinata.

-Deberías de cambiar esa pregunta. Es mejor para ti preguntar ¿Aún respira?-la Hyuga cerró los ojos esperando lo peor-Si es así, entonces mi respuesta es sí.

Hinata abrió los ojos, y los clavó en los de Tsunade desesperada por oír más.

-Sasuke esta vivo, pero extremadamente grave. Necesita muchos cuidados, y mucha suerte si quiere vivir.

-Pero…. ¿hay esperanzas?-la nota de pánico que traiciono su voz no paso desapercibida para la otra mujer.

Tsunade apretó con firmeza la mano de la joven entre las suyas, quería trasmitirle algo de fuerza y tranquilidad, pues la verdad era que la Hyuga comenzaba a darle pena. Se veía tan perdida, ansiosa, y temerosa por el destino del Uchiha que aquello ya comenzaba a encajar en su mente.

-Siempre hay esperanzas, Hinata. Recibirá toda la ayuda médica necesaria, y el resto dependerá de él, y si es así, no dudo que se recuperara pues ese Uchiha es fuerte y duro como una roca. Se pondrá bien-le aseguró con un pequeño brillo bailando en sus ojos-Ahora respóndeme lo que te he preguntado antes-la instó implacable.

Hinata titubeo un momento, pero ya no tenía caso mentir, no después de que Sasuke pagara el precio de su engaño. Con decisión tomó una bocanada de aire. Era la hora de confesarse, lo irónico era que jamás pensó que sería delante de la Hokage, y con ese escenario tan nefasto como fondo.

-Eh…Sasuke y yo somos amantes-le dijo de sopetón, pero con completa seguridad-Nuestra relación no fue algo que buscamos intencionalmente, al menos al principio, sólo sucedió…-la joven se mordió el labio inferior con aprehensión. Sabía que oírla hablar de su infidelidad debía sonar horrible para cualquiera que la escuchara, pero esa era la verdad, y tenía que aferrarse a ella-…tampoco queríamos lastimar a nadie…estamos enamorados, Tsunade… Soy feliz con él-le explicó suspirando.

Un silencio asfixiante se hizo entre ambas mujeres, hasta que la Hokage se decidió a hablar.

- Ya lo imaginaba….-Hinata la miró sorprendida-… ¿entonces era con el Uchiha con quién estabas aquella noche que reemplazaste a Sakura?

La ninja comprendió su indiscreción aquella noche, y asintió con las mejillas sonrojadas.

-¡Oh, por Dios! Vaya alumnas que tengo. Primero Sakura con Lee, y ahora tú con Sasuke-exclamó fingiendo estar enfadada-No se conforman con un solo hombre ¡Por Dios!

Tsunade palmeó el hombro de la joven, y se levantó de la camilla, meditando.

-Entonces se ha tratado de un lío de faldas desde el principio, pero Sakura y Sasuke terminaron hace poco ¿Por qué tú no lo hiciste con Naruto?

El corazón de Hinata se encogió ante la pregunta. Aquella decisión tomada tan tarde les estaba costando caro a los tres.

-Yo…yo esta...estaba confun...dida...-le dijo tartamudeando. Sabía que eso no era una excusa, sabía que había metido la pata hasta el fondo.

-Pues supongo que ahora ya no lo estas ¿eh, Hyuga?-le habló con ironía la mujer-Hace unos instantes sólo has demostrado preocupación por el Uchiha. Tu decisión es bastante clara para todos, aunque…-la voluptuosa mujer se quedó mirando el esmalte rosa de las uñas de sus manos un instante-…..te sugiero que hables con Naruto primero. Él esta sano y entero, pero no me quedo otra que recluirlo en el cuartel de interrogación con Ibiki, mientras decido que hacer con él, después de todo ataco a su compañero de equipo, y este ni siquiera se defendió. Aquello podría considerarse fácilmente como una traición, y eso que aún no he escuchado lo que opinan los viejos del Consejo-la mujer soltó un suspiro de cansancio. Aquella situación no tendría una solución muy bonita, y se pondría peor si es que el Uchiha no resistía esa noche-Deberías agradecerle a Sai también, si él no hubiera interferido Naruto habría matado a Sasuke-agregó después, dando por finalizada la conversación.

Entonces la Hokage abandono la habitación, Hinata se quedó con la vista clavada en la puerta, y sin ser muy consciente de ello apretó los puños de sus manos hasta que los nudillos se le pusieron rojos. La culpa estaba comiéndosela viva. Esa tragedia no habría sucedido, si tan sólo hubiera sido honesta con sus sentimientos.

Con Sasuke herido de gravedad, y Naruto siendo interrogado y con un futuro incierto, no tenía idea de que debía hacer primero.


Hinata notó un abrupto vuelco en su corazón expectante. A su alrededor se podía oír el eco de los pasos firmes y seguros de su silencioso acompañante, quizás nunca se lo diría abiertamente, pero agradecía su discreción, y la manera en que había abordado y recibido su visita desde que se decidió a pisar el cuartel de interrogación.

-Ya llegamos.

La voz ronca de Ibiki Morino detuvo su caminar. Al otro lado del sombrío pasillo donde ambos estaban parados había una puerta de metal que la conduciría al ocaso de un amor manchado por la traición. Un nudo de angustia se formó en su pálida garganta, le era imposible esconder sus emociones.

-Hyuga, no me interesa saber que fue lo que sucedió entre ustedes, sólo quiero que sepas que no importa que tan grande haya sido el motivo, un ninja nunca debe perder el control. Nunca. Naruto lo hizo, y ahora deberá cargar con el peso de las consecuencias-aquello sonó como a una sentencia que trajo recuerdos de la niñez a Hinata, específicamente de los exámenes Chunnin. Añoraba esa época en que todo era más simple-¿Me escuchaste, Hyuga?

Ella enfocó brevemente la vista en el hombre, y asintió torpemente.

-Bien. Estaré aquí en el pasillo esperando a que termines, o por si necesitas algo.

Hinata le dio la espalda, y luchando contra todo el temblor que dominaba sus pálidas manos, abrió la puerta de metal.

Se escuchó un crujido finísimo que retumbo por las paredes de manera escalofriante. Lo primero que la recibió fue una luz cegadora que la hizo parpadear un par de veces hasta que sus ojos se acostumbraron, y en seguida se fijó en una mesa solitaria que contaba con dos sillas, por supuesto una de ellas ya estaba ocupada, pero su dueño estaba echado literalmente sobre la mesa negándose a mirar a quien acababa de ingresar a la sala.

Vacilante la ninja dio un par de pasos devastada por la imagen de Naruto. Ella lo tenía siempre en su mente como una burbuja de felicidad y optimismo, pero aquel ser desplomado en tan lúgubre lugar no era el mismo.

Se aclaró la garganta.

-¿Naruto?-lo llamó con un hilo de voz, indecisa al no saber que encontraría.

Tardó unos segundos, pero lentamente el cuerpo del rubio Uzumaki fue irguiéndose en la silla, y Hinata petrificada en su lugar no se atrevió a dar un solo paso más.

Los ojos que le devolvieron la mirada, estaban tan demacrados y marcados por el dolor, que no parecían pertenecer a la misma persona. En ese momento la Hyuga comprobó en su propia carne el daño que había causado, pues no sólo había dolor en aquellos ojos color cielo, sino algo más, algo tan perturbador y peligroso que tuvo miedo de él. Miedo del desconocido que veía.

-¿A quién debo agradecer el placer de la visita de la princesa Hyuga?-el tono helado de sus palabras amedrentó a la ninja-¿Debería sentirme dichoso por qué al fin estas conmigo, y no con él?-la voz de él se elevó una octava, lo suficiente para que se filtrara su desprecio en ella-¡Responde, maldita sea!-gritó de pronto el rubio perdiendo el control.

La Hyuga lo vio levantarse, pero no hubo ni un solo movimiento más por acercarse a ella. En cambio, estrello sus puños contra la mesa airado y descontrolado. Su cuerpo temblaba, pero parecía luchar por no perder el control otra vez.

-Vete, Hinata…-su voz ronca era un rugido de advertencia-…no quiero verte nunca más en mi vida.

Un sollozo se ahogo en la garganta de ella.

-Naru….

-¡¿Qué?!-la interrumpió él-¡¿Has venido a darme explicaciones?!-la cuestionó implacable, con la mandíbula apretada y el rostro crispado de dolor.

El corazón de Naruto aullaba de dolor, y ese dolor se incrementaba ante la imagen de la mujer que tenía delante de él. Cielo santo, como la amaba, y verla llorar, tan vulnerable y desprotegida, tan cerca, no hacía más que dolerle. Pero no podía ir hacía ella y consolarla, no podía porque nada sería lo mismo, porque ella también era una desconocida para él, pues sabía que la rabia y el dolor no se irían fácilmente.

-Por favor…-le rogó ella envuelta en llanto-….com…compre…de…que…

-¡¿Comprender qué, Hinata?!-su gritó la hizo dar un brinco asustada-¡¿Comprender qué te acostabas con mi mejor amigo a mis espaldas?! ¡¿Comprender que mientras yo pensaba en proponerte matrimonio…tú…tú…-la voz de Naruto se fue volviendo un murmullo-…te ibas a la cama con él?

Hinata ya no sabía si los sollozos que se escuchaban en la habitación eran los suyos o los de Naruto.

-Yo…-el rubio inhaló con brusquedad el aire a su alrededor, apartándose violentamente con las manos las lágrimas traiciones que surcaban sus mejillas. Necesitaba encontrar la fuerza necesaria para continuar-…yo quería pasar el resto de mi vida contigo, envejecer a tu lado. Dártelo todo, la boda de tus sueños, la casa, los hijos, todo lo que pudieras desear yo iba a esforzarme por que lo tuvieras…y….y también quería que Sasuke fuera parte de nuestra vida. Él era mi amigo, mi hermano del alma, y yo deseaba que compartiera nuestra dicha, que fuera mi padrino de bodas, el padrino de nuestros hijos…-El Uzumaki perdió su energía, aquella voluntad que tanto lo movía ya no estaba. Cansado se dejo caer en la silla-… ¿Comprendes acaso la magnitud de lo que acabo de decirte?

Después de oírlo todo era aún peor. Había herido a Naruto en lo más profundo, de manera irrevocable, y ella como una ilusa había creído en que pudiera existir la posibilidad de que él la perdonara, y comprendiera lo suyo con Sasuke. Eso jamás sucedería.

-Lo….lo siento….lo siento tanto…-pronunció en murmullos inaudible-…lo siento, lo siento…lo siento….debí decírtelo…

Con lágrimas secas y frescas se contemplaron en silencio luego de un rato. No había nada más que decir, estaban demasiado cansados y adoloridos.

Era demasiado tarde para pedir disculpas.

-Yo te amaba tanto….Ahora sólo…por favor, vete-la determinación en sus palabras no permitirían réplica. Hinata lo conocía lo suficiente como para saberlo.

Cabizbaja y temblorosa abrió la puerta. Antes de irse se giró por unos breves instantes cruzando sus miradas, gris y azul, intercambiando un doliente adiós que marcaría a fuego sus almas para siempre.

Ibiki sólo la miró fugazmente cuando ella salió. Le pregunto algunas cosas, probablemente referidas a los gritos de Naruto, en verdad ya ni siquiera recordaba sus palabras. Aquella por creces se había transformado en la noche más larga y terrible de toda su vida, y eso que aún le quedaba lo peor. Ir a ver a Sasuke.