Holas!

Mucho tiempo sin publicar, lo lamento muchisimo, pero tuve bastantes problemas estos meses pasados; y hace poco me he comenzado a recuperar. Pensé en ustedes y me decidí a finalizar los escritos.

Este es el penúltimo capítulo del fic, y ya estoy trabajando en el último así es que espero que disfruten sus etapas finales.

Las/os quiero un montón. Gracias por los pasados reviews y el apoyo que le han dado a la historia.

Cariños y abrazos.


The Nights

11-Noche de despertares

-¿Estás seguro de qué es la mejor decisión?-preguntó la rubia mujer observándolo por el rabillo del ojo, preocupada.

El hombre asintió solemne. Su rostro estaba profundamente serio, como una perfecta y cincelada estatua de mármol.

-No tengo dudas, Tsunade-le dijo con voz firme. Quería terminar con todo eso lo más antes posible-Por favor, sólo firma el permiso.

-¿No hay nada que pueda hacer para que cambies de opinión?-ella quiso contraatacar, tal vez tendría suerte, y él desistiría.

En el rostro de él apareció una débil sonrisa, una mueca de antaño que pronto desapareció mientras negaba con la cabeza. Aquel gesto término por decidir a la mujer, no había caso, después de todo ese chico siempre había sido testarudo como una mula, y ella había aprendido a tenerle afecto precisamente por esa característica.

-Bueno, pero tienes que saber que no puedo extender el permiso por más de dos años. Cuando se termine esa cantidad de tiempo, quiero tu trasero de vuelta en Kohona-le explicó la Hokage mientras terminaba de firmar el papel, y luego estampaba su sello.

Él se la quedó mirando unos breves momentos una vez que terminó de guardar el permiso en uno de los bolsillos de la chaqueta, su boca se movió un par de veces en intentos vanos por balbucear algo coherente. Sentía que le debía mucho a esa mujer, y no hallaba la manera más adecuada de agradecérselo.

-¡Oh, por Dios, Naruto!-exclamó ella ya harta de mirarlo-Tengo mucho trabajo que hacer, así es que….De nada-finalizo levantándose de su escritorio para acercarse a él y darle un par de palmaditas en el hombro para despedirlo. Lo mejor era no extender por más tiempo aquella despedida, de lo contrario, se tornaría demasiado dolorosa

-Adiós-fue la única palabra que pronunció el rubio, antes de darle la espalda y encaminarse fuera de la Torre de la Hokage.

Cuando cruzo las puertas que lo alejarían de su adorada Aldea, aquel dolor en el medio del pecho pareció palpitar insistente y atento, en un acto de autodefensa se llevo una de sus manos hasta el lugar, aquel sitio dónde antes latía con fuerza y vigorosidad su soñador corazón, y ahora en su lugar, ya no había nada, era como si en esos pocos días alguien misteriosamente lo hubiera extraído de allí, quitándole esa capacidad tan maravillosa de sentir. Antes creía que la fuerza de su corazón era suficiente para conquistarlo todo, para conseguirlo todo, pobre iluso se decía a si mismo; Ya nunca sería así, porque allí ya no había nada, sólo un hueco vacío. Su corazón no era más que un abismo negro y frío.

Tomó una última bocanada de aire, y se acomodó su mochila, en dónde iban sus pocas posesiones, aquellas que había atesorado desde que era un niño. Un brillo celeste en sus ojos fue su despedida final. Rápido y sigiloso como sus años de ninja lo habían formado, desapareció en la espesura del bosque.


Las palabras de una mujer gritando hicieron eco esa mañana en el pasillo de cuidados intensivos del hospital de la Aldea de la Hoja.

-¡No puedo creer que ella este aquí. Tsunade no debió permitir su visita, y mucho menos que pasara la noche aquí!-la voz furiosa y cargada de resentimiento vibro por toda la habitación del paciente Uchiha.

Hinata saltó asustada por la voz desde su lugar, en el regazo del inconsciente Sasuke. Miró en primer lugar la figura del paciente asustada de que podría haber despertado por el alboroto, pero él aún estaba perdido en algún lugar de su inconsciencia, entonces recién sus pálidas orbes buscaron el origen de la voz, aunque ella ya sabía a quien pertenecía, después de todo era un encuentro que estaba esperando, y que había meditado largamente durante la madrugada.

Ambas mujeres se contemplaron en un duelo funesto y doloroso de miradas. Hinata captaba la ira que desprendía Sakura con tanta facilidad que llegaba a asfixiarla, sin embargo, tenía que encontrar un punto de equilibrio, pues de lo contrario la cadena de sufrimientos en la que ella se había vuelto una protagonista se incrementaría aún más. Con toda la calma de la que fue capaz de aparentar, se levanto solemne.

-Hablemos en un lugar más apropiado-La voz de la Hyuga salió sin vacilaciones, dejando sin respuesta en el acto a la Haruno, que sólo se limito a seguirla confundida por el cambio brusco de actitud de la otra fémina.

Eso no se lo había esperado.

Aunque su cuerpo temblaba e incluso podía escuchar a su corazón martillear su pecho violentamente, estaba decidida a mostrarse firme e implacable. Después de la desgarradora visita a Naruto y luego de ver el penoso estado de Sasuke, había llorado durante horas en un rincón de la habitación del Uchiha, patética y lamentable, martirizándose continuamente por todo lo que había causado su conducta, hasta que, tal vez producto del cansancio o de una lucidez extraordinaria, su mente se ilumino al igual que sus sentimientos. Ella amaba a Sasuke, y si bien ambos se habían equivocado, lo que compartían era genuino y maravilloso. Lamentaba haber herido a otras personas como Naruto y Sakura, pero ya estaba harta de que la juzgaran y vieran en ellos dos a un par de villanos, por eso ya era tiempo de tomar las riendas de su vida. Debía defender su amor, no dejaría que su amado estuviera hospitalizado y herido en vano. Era hora de dejar los miedos atrás, ya no era la niña asustadiza, tímida y temblorosa del pasado.

Sakura comprendió al instante hacía donde se dirigían una vez Hinata doblo hacía la esquina en las que se hallaban las escaleras de emergencia que conducían a la azotea del hospital. No habían intercambiado palabras en ese tenso trayecto, sólo un par de miradas fugaces bajo el sonido metálico de las escaleras. Hinata empujo la puerta de acceso y las luces vibrantes de esa helada mañana soleada le dieron en pleno rostro cegando momentáneamente su visión.

Las dos se mantuvieron a una distancia prudente de la otra. Sakura porque no quería descontrolarse y llegar a los puños con la otra; y Hinata porque necesitaba centrarse, y aunque fuera contrario a su habitual carácter debía mostrarse impávida.

-¿Y bien? Ya estamos en un lugar lo bastante alejado ¿Es lo suficientemente apropiado para ti Hinata?-Sakura arremetió contra ella, sintiendo como la rabia comenzaba a recorrer su cuerpo. Su pie derecho se movió con vida propia iniciando un molesto zapateo contra el piso de cemento.

La Hyuga apretó sus labios invisiblemente.

-Me parece que sí-contestó fingiendo una tranquilidad abrumadora que no poseía-Yo sé Sakura que estas molesta conmigo, quizás hasta me odies, y piensas que todo lo sucedido entre Naruto y Sasuke fue culpa mía, y que no merezco tener a mi lado a ninguno de los dos-los ojos de Hinata viajaron hacía el cielo buscando las palabras adecuadas para continuar-Tal vez tengas razón, pero yo sólo quiero que te quede claro que amó a Sasuke, que soy feliz con él y que no renunciare a su amor. Lo único que me interesa ahora es que se recupere.

El rostro de Sakura enrojeció por la furia.

-¡¿Y Naruto? ¡¿Y yo?-La Haruno cerró los puños hasta volver blanco los nudillos-¡¿Él acaso no te importa en lo más mínimo? ¡¿Olvidaste que Sasuke y yo fuimos novios?

Aquellas preguntas la golpearon como un martillo de acero que a cualquiera la hubieran hecho quebrarse, pero a ella no, estaba decidida a mantenerse firme y defenderse sin una sola lágrima.

-Yo amaba a Naruto, aún lo quiero, es un afecto que se formó en el tiempo que estuvimos juntos; pero no se compara con lo que siento por Sasuke-musitó calladamente-Espero que él pueda perdonarme algún día.

-Lo dudo porque hoy me dijo Tsunade que Naruto se marchó hacía Suna-respondió mordaz la otra mujer, quería que la otra sufriera-Yo no te perdonare, Hinata-le dijo finalmente cruzándose de brazos.

El cuerpo de la morena tembló imperceptiblemente conmocionado por la noticia del Uzumaki.

-Intuía que trataría de alejarse, aunque no esperaba medidas tan extremas-Hinata bajo la cabeza mientras media las palabras que diría a continuación-No te pediré que me perdones, Sakura, después de todo tú le hiciste lo mismo a Sasuke engañándolo con Lee-en ese momento la Hyuga enfrento la mirada de la pelirosa serenamente-Sólo te pido que no te interpongas en nuestra relación.

Una brisa fría se coló entre ambas figuras.

Hinata ya estaba agotada de aquello que se podía llamar conversación, simplemente había querido dejar algunas cosas claras. De sus labios brotó un suspiro cortando la conversación, quería volver a la habitación del Uchiha, y sentarse un rato, recién ahora estaba comenzando a sentir el cansancio físico y mental hacer mella en ella. Pasó a un costado de Sakura esperando quizás una última reacción, pero está nada le dijo.

La Hyuga se fue se allí dejándola completamente sola.

Apenas sintió la puerta cerrarse la pelirosa colapso, las últimas palabras de Hinata la habían atrapado con la guardia baja, jamás creyó que ella pudiera estar al tanto de su situación sentimental con Lee. La furia, la humillación y la culpa cobraron fuerza en ella, quien se agacho y golpeó el piso con una fuerza que le costó moderar y que trajo como consecuencias que el edificio temblara por completo.


La tarde ya desaparecía, los últimos rayos del sol se filtraban cada vez más fríos por la espaciosa habitación, iluminando su delicado perfil otorgándole una gracia etérica en la que ella no puede reparar pues esta perdida en su contemplación de la Aldea.

Hinata no se ha movido del hospital salvo para ir a su antigua casa en la mansión Hyuga, bañarse, cambiarse de ropa y hablar con su familia. Asombrosamente su padre se ha mostrado extraordinariamente comprensivo con su situación, y le ha ofrecido un apoyo que aún le cuesta creer, aunque secretamente atribuye su reacción a que nunca le gusto Naruto Uzumaki para ella, y de una u otra manera de pronto Sasuke Uchiha es el mejor partido con el que puede contar el clan Hyuga. Ante tales pensamientos no puede más que menear la cabeza con tal de desecharlos.

Un característico sonido le advierte que ahora son tres en el lugar.

-¿Aún aquí? Pensé que Hanabi había logrado convencerte para que fueras a dormir a tu casa-Hinata apenas y se volteó para ver a la recién llegada que chequeaba los signos vitales de su amado-Sasuke se esta recuperando bien de sus heridas, no hay daño neurológico, es cuestión de días para que despierte.

-Quiero estar aquí cuando abra los ojos, Tsunade.

La Hokage miró detenidamente a la Hyuga, y sonrió. Ver a una muchacha enamorada, cualquiera fueran las circunstancias siempre era agradable, después de todo el amor era la gran fuerza que movía al mundo.

-Bueno. Ya aprendí que no puedo obligarte a marcharte, pero procura dormir algo mientras esperas-le aconsejo antes de salir.

Los ojos de la joven Hyuga se volvieron hacía Sasuke una vez estuvo segura de estar a solas, la verdad es que ahora lucía mucho mejor, sus heridas estaban casi completamente curadas, y a pesar de que su semblante seguía pálido, aún inconsciente proyectaba una fría aristocracia que lograban hacerla estremecer. Enfermo o no seguía siendo increíblemente atractivo.

Con cuidado arrimó la silla de metal hasta la altura de su cama, tomó su blanca mano entre las suyas, y cerró los ojos, sólo en momentos como ese cuando estaban a solas se permitía mostrar su cansancio, por eso, casi al instante se quedo dormida con parte de su cuerpo sobre la camilla del Uchiha.

Varias horas después, las oscuras pestañas del paciente comenzaron a titilar.

Antes de que ejerciera la orden de que sus ojos se abrieran, Sasuke intentó agudizar sus sentidos y disminuir su respiración para tener mejor acceso a los sonidos del ambiente, con tranquilidad estudió su alrededor y sólo pudo concluir tres cosas: era de noche, no estaba solo y su acompañante reposaba sobre él.

Con infinita lentitud abrió los ojos, sus pupilas ónix examinaron el blanquecino cielo reconociéndolo en el acto debido a que no era la primera vez que estaba allí, por lo tanto, si estaba en el hospital de Kohona como deducía, significaba que había sobrevivido a la paliza de Naruto.

Suspiró imperceptiblemente e intento incorporarse, pero no sólo el peso sobre él no lo dejo, sino que además sus propios músculos agarrotados por la inactividad no se lo permitieron, por lo tanto, con suavidad busco reconocer a la figura cercana a él. Al instante su mirada expreso una distante calidez. Por supuesto, sólo podía tratarse de ella, concluyó para si mismo.

La única mano que tenía libre cobró vida propia al acariciar los sedosos cabellos de la Hyuga. Sólo Dios sabía lo mucho que había añorado ese contacto, y todo lo que divagó pensando en ella mientras permanecía en el limbo de su crítico estado, incluso hubo momentos en que creyó que volver a tocarla seria imposible. Entonces reparo en la mano de Hinata sosteniendo la de él, el contacto de sus dedos era ligero, apenas lo sentía y, aún así, lo sacudió por completo cambiando su corazón.

En su poco reparador sueño ella sintió un suave tacto sobre su cabellera, regalándole una sensación tan placentera que deseaba que no se terminara nunca. Su mente inició una lucha en contra de los inmensos deseos de su cuerpo por continuar durmiendo, sin embargo sabía que debía despertarse y no ignorar lo que pasaba.

Su cuerpo dio un respingo como impulsado por un resorte soltando en el acto la mano del Uchiha. Ya sabía lo que sucedía.

Sus miradas se cruzaron.

Y antes de que Sasuke pudiera abrir la boca para decirle algo ya la tenía sobre sí abrazándolo apretadamente, necesitadamente, desesperadamente. Él intentó responder la intensa muestra de afecto con las escasas fuerzas de su cuerpo, sintiéndola en cada espacio de su piel, en cada lágrima que Hinata derramaba aferrada a sus brazos, en cada temblor producido por la emoción.

-Pe…pensé que…no…no te…ve…vería…más…-Hipó ella con fuerza enterrando su rostro en el pecho de él-No…no debiste…exponerte así.

Sasuke la apretó contra su cuerpo conmovido.

-Te prometí que volvería a ti-le respondió con la voz ronca abrazándola aún más.

La estrechó con fuerza contra él y le acarició el pelo con gestos largos y suaves, acompasando su corazón con el de Hinata hasta que las ganas de mirarla a los ojos pudieron más. La apartó suavemente para levantarle la barbilla y perderse en ella.

-Te amo-le dijo él llanamente, con su mirada oscura cargada de serenidad y firmeza-Cada golpe y herida valieron la pena, y si fuera necesario, lo haría nuevamente por ti-con sus grandes manos cogió todo el rostro de ella-Tú eres exactamente todo lo que quiero.

Y su voz tan llena de verdad y ternura casi la perdió. La piel de su cuerpo se erizo, y tuvo que tragar en seco aquel nudo que se formó en su garganta y que estaba a punto de ahogarla. Sus ojos lagrimosos se iluminaron, todos sabían lo escueto y reservado que era el Uchiha, sólo Dios sabía lo mucho que debía haberle costado decir esas palabras.

-Yo…yo también te amo-le murmuró inclinándose unos centímetros hacía él.

Hinata sintió que su corazón dejaba bruscamente de latir cuando Sasuke le secó las lágrimas, que aún quedaban en su rostro, con sus labios. No había sentido emociones como ésa desde la última vez que estuvieron juntos, y él parecía poder seducirla siempre, cuando quisiera, sólo que esta vez lo hacía con ternura.

-Lo sé, Hinata. No te hubieras entregado a mí sin sentir nada, sólo te tomo tiempo aceptarlo. Nunca te lamentes de lo que no puedes cambiar. Te tengo en mis brazos, y con eso basta.

Entonces Sasuke le besó la comisura de los labios. Y ella esperó, sintiendo que los pulmones le quemaban por falta de aire, con el corazón latiéndole desbocado, pero feliz. Él buscó sus labios con una ternura infinita. El calor la llenó y brotaron las llamas, barriéndola desde dentro hacia afuera. Su característico y varonil aroma la envolvieron, y Hinata abrió la boca para dejar que él la acogiera con la suya y la rozara, abandonándose al deseo.

El beso del Uchiha fue tierno al principio, pero se volvió más intrépido en cuanto ella respondió y se entregó a él, profundizando aquel baile de posesión, deseo y pasión que parecía un tango entre sus labios. El ninja le enredó los dedos en el cabello y la estrechó aún más hasta que las bocas se fundieron en medio del calor y el fuego que irradiaban ambos esa noche.

Mientras se devoraban en aquel beso, Hinata buscó su piel entre el pijama del hospital, y sólo cuando intuyó sus muecas de dolor, alzó la cabeza avergonzada y lo miró a los ojos.

-Lo lamento-se disculpo ella tratando de recuperar la compostura, aunque su aspecto de mejillas y labios sonrojados decía todo lo contrario.

-Supongo que tendremos que esperar hasta que salga de este lugar-dijo él, rozándole la boca con la punta de un dedo.

Hinata le sonrió. Su primera sonrisa en semanas, y todo su rostro se ilumino radiante. Su amor estaba otra vez a su lado.