Accorde 3: Suspicious minds
- Se llamarán Fabián y Gideon.- Dijo Molly Weasley con voz ahogada, rendida, segundos antes de caer inconsciente sobre la cama en la que acababa de dar a luz a sus hijos gemelos.
Su marido, Arthur Weasley, se retorció las manos compulsivamente, y acabó calmando su ansiedad limpiándose los anteojos en la camisa. Por supuesto, que no estaba de acuerdo, pero hubiera sido suicida de su parte intentar discutirlo en aquél momento- o en cualquier momento, en realidad. Porque a Arthur no le hubiese molestado que sus hijos llevaran los nombres de sus cuñados, pero sabía el efecto devastador que eso hubiera tenido sobre su mujer cada vez que hubiera necesitado dirigirse a uno de ellos. Por eso- y no sin gritos, llantos, portazos y una que otra maldición de por medio-, llegaron a un acuerdo: los gemelos se llamarían George- Fabián- y Fred- Gideon. De este modo, la memoria de los tíos sería correctamente honrada, y Molly no sentiría una estaca en el corazón cada vez que los nombrara.
Pero si los gemelos se habían librado de ser tocayos directos de sus fallecidos tíos, no se habían librado de sus genes- porque la genética es implacable, y tiene casi tanto sentido del humor como ellos cuatro. Porque no sólo eran gemelos prototípicos: espeluznantemente idénticos (al punto de que sólo Ginny- a quién los dos cuidaban como leones en celo- era capaz de diferenciarlos), cómplices hasta las últimas consecuencias, totalmente dependientes entre si, pero sin necesidad de absolutamente nadie más; a tal extremo que a veces hacían que, su madre se preguntara, sollozante, porque en su caso no se había cumplido aquello de que, en las familias con propensión a tener gemelos, esto sucediera generación de por medio. No. También habían heredado de sus tíos la malicia, la chispa, el ingenio, el encanto, el desdén por las normas. Porque provocaban que McGonagall se agarrara la cabeza, suspirando que sí, demonios, la historia era cíclica, pero por qué había tenido que tocarle a ella dos veces la cresta de la misma ola- aunque, a solas en su despacho, no pudiera evitar reírse.
Porque los gemelos Weasley habían sido un hito en la historia de Hogwarts, y sus hazañas, leyendas de esas que corren de boca en boca, y que los Prefectos les cuentan a los niños de primero las tardes lluviosas de sábado. Porque no habían sido alumnos brillantes- habían preferido usar su inteligencia para asuntos más importantes, y siempre habían clamado que no era justo que no los dejaran hacer los exámenes juntos, cuando cada uno poseía sólo medio cerebro- pero siempre quedaría en el recuerdo de aquellas viejas paredes su generosidad, su valentía, su buen corazón.
Porque, años después, cuando un alumno se paseara de noche por los pasillos con la conciencia no del todo limpia, y creyera escuchar el eco de unas risas y un juro solemnemente que mis intenciones no son buenas, sonreiría sabiendo que los espíritus inmortales de los merodeadores, los gemelos Prewett y los gemelos Weasley, estaban protegiéndolo.
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Los gemelos son lo más amor del Universo. Y eso.
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Lean, escriban, sueñen, amen, bailen, sonrían
Estrella
