Pasaron meses desde el torneo de la Fortune Cup.
A pesar de que Jack había buscado a Yusei, no logró dar con él en ningún momento. Buscó de nuevo en los sitios donde la gente marginada de Satélite se refugiaba, y también en las bases de datos de las oficinas de la seguridad, pero no obtuvo resultado.
- Ya lo encontrarás, Jack. La gente de satélite está en los barrios bajos o en la cárcel. Tienes buenos accesos a las computadoras de la seguridad, y yo ya te he ayudado a jackearlas para encontrarlo, sin resultado. Entonces debe estar en algún lugar para ocultarse. E oído que incluso tienen paraderos dentro de las cloacas.
- Ya lo he buscado por meses, Bruno.
- Pero ni tú, ni yo, conocemos esos lugares. Siempre hemos estado en lo alto de Neo Domino City, no sabemos pensar como gente que ha llegado desde Satélite.
Jack guardo silencio, experimentando el sentir de la verdad que, cual ácido, le agrietaba el estómago.
- Yo soy de los que cree un poco en el destino, sabes. Quizá estén destinados a no verse nunca más.
- O estoy destinado a buscarle por siempre.
- No te lo he preguntado antes y he sacado mis propias conclusiones acerca de por qué buscas a ese chico.
- Me debe un duelo. No. Me debe una victoria.
Jack duró algunos minutos más de pie, mientras el peliazul terminaba los detalles de la reparación de su Fortune D-Wheel. Era un trabajo exclusivo de Bruno, nadie era mejor que él para mantener en buen estado su posesión más preciada después del Red Deamon Dragon.
- Está listo.
- Bien. El pago lo deposité en tu cuenta antes de venir.
- Confías es mí, es un honor.
- No soy un Rey, no tienes por qué sentirte honrado.
- Eres un clásico, Jack. Serás un Rey aunque no te pertenezca el título.
Jack salió sin continuar la conversación. A raíz de la desaparición del actual Rey, él seguía siendo el único a la vista de toda Neo Domino City.
Bruno limpió sus dedos y se dirigió a su alcoba, en el piso superior del garaje. Abrazó la espalda de la esbelta pero fuerte figura que miraba alejarse la Fortune D-Wheel desde la ventana.
- Si algún día quisiera buscarte y no te encuentro, enloquecería, Yusei.
El hermoso moreno no respondió, pero permitió que su cuello fuera besado con pasión por su nuevo mejor amigo.
- Admiro lo que él siente por ti, pero no voy a dejar que él nos separe.
Los labios ligeramente oscuros fueron mordidos. Bruno lo besó con pasión, pero eso fue lo único que Yusei le permitió hacer.
- Vine sólo por negocios, Bruno.
- Te haría un gran descuento si aceptaras pasar la noche conmigo.
Yusei de nuevo no respondió. Cada vez que estaba frente a frente con Bruno, tenían ese mismo diálogo. El mecánico de Jack había conocido a Yusei justo después de la Fortune Cup, y le ofreció al nuevo Rey y a sus acompañantes marcados, un buen hospedaje en una de sus casas en las afueras de Neo Domino City a un precio demasiado cómodo. Se cayeron bien desde el primer momento, y Bruno no era tonto como para no notar que Yusei estaba escondiéndose de Jack.
- Está bien, era sólo una broma, Yusei – Terminó confesando – Mira, te tengo la revista de turbinas que te dije que iba a regalarte.
- Gracias, Bruno. No era necesario.
Bruno sólo le sonrió.
Yusei estaba viviendo con los amigos que hizo durante su estadía en la prisión y subsistían con el dinero del premio. Los demás siempre salían a explorar, más el sabor a libertad que las calles en sí. El nuevo Rey no solía acompañarlos con mucha frecuencia. Casi siempre estaba solo. Algo había cambiado mucho en él Yusei del Team Satisfaction.
Él y Bruno habían cosechado una gran amistad. Compartían muchos gustos en común y curiosidad por cuestiones mecánicas. Con el pasar de las semanas, al pelizul comenzó a gustarle más el ojiazul, pero desde el primer beso, supo que no sería correspondido. Yusei no le había dicho nada, pero no fue necesario. Bruno sólo le pidió que le permitiera intentarlo.
Yusei caminó hacia el inmueble que alquiló, justo en la dirección opuesta que Jack había tomado. Agradecía a Bruno por ayudarle a evitar a su amigo, pero desde el principio no estaba seguro de cuánto iba a lograr mantenerse así. Había venido hasta Neo Domino City para encontrarlo, sin embargo él ya no sabía qué era lo que quería. Al principio su deseo era llegar a la ciudad, luego lo fue salir de prisión. Y deseaba esas cosas para después regresar a su amigo.
Todos los días pensaba en ello sin encontrar una respuesta. Ahora, sólo caminaba por las impecables calles de la alta sociedad de la ciudad a la que cualquier persona de Satélite sueña con ir. Se respiraba paz, y le resultaba complicado acostumbrarse a esa sensación.
¿Un auto de seguridad estacionado en la calle sigue siendo señal de paz?
