Otra noche perdida entre sus trabajos como gobernante de Neo Domino City y la incesante búsqueda de su amigo. Su humor se pone peor día a día, a medida que se da cuenta de que está perdiendo esta otra forma de duelo contra Yusei. Elige las noches para buscarlo porque a esas horas, seguramente las personas buscarían un techo en sus casas o en algún refugio, y además, su horario de oficina tiene una agenda muy apretada.
Pocas cosas en el mundo le entregan una verdadera satisfacción, al estilo de lo que les había enseñado Kiryu, pero ver a Godwin esperándolo frente a su lujoso apartamento no es una de ellas.
- Buenas noches, Rey.
- Ya no soy el Rey.
Godwin ríe por lo bajo. Cierra los ojos, y le dedica una mirada sincera que Jack distingue como falsa e hipócrita.
- Quizá no ante sus propios ojos, pero toda la ciudad se niega a seguir a un marcado y le sigue viendo como su único Rey, señor Atlus.
Jack lo observa con la poca paciencia que le queda del día. Lo que menos necesita es quedarse más tiempo despierto y hambriento.
- Lo siento. Sé que debe estar cansado de su búsqueda diaria del joven Fuudo.
El rubio se mostró sorprendido. Delatando su rutina abiertamente. Quizá Godwin no estaba totalmente seguro de lo que estaba diciendo, pero le acababa de dar una buena ventaja. Podría usarlo ahora para tener a la seguridad a su disposición y encontrar a Yusei.
- Adelante, señor Atlus. Mejor le dejo a que pase la noche lo mejor posible.
Rayos, eso fue demasiado extraño. Quizá hasta en realidad estaba tan agotado que incluso estaba teniendo alucinaciones. Por lo menos ya acabó y podría descansar. Habría que recuperar las energías para tal vez lograr encontrar a Yusei mañana.
Entró al apartamento. No se molestó en encender las luces. Se dirigió directo al baño y se sacó las ropas, y aunque eran sus favoritas sólo las dejó allí abandonadas y lavó su rostro con agua tibia, queriendo quitarse la frustración y que le llegara alguna iluminación divina para encontrar a esa persona.
A pesar de todo, sus pasos firmes le llevaron hasta su propia habitación, con las gotas de agua recorriéndole el musculoso y tonificado cuerpo hasta secarse en la ropa interior. Había pasado muchos años tolerando el silencio sepulcral de su apartamento, pero con un asunto tan punzante rondando su mente una y otra vez, era casi intolerable permanecer con la cabeza sin estallar en aquel mismo lugar.
El cuerpo alto, blanco, apoyó una pierna sobre la cama, en la misma oscuridad que había en el resto de aquel lujoso lar. Apenas se hundió bajo su peso, y se dejó caer, cansado de la que era ahora su nueva rutina diaria. Algo sólido frenó su confort, no recordaba haber dejado sobre el mueble. Menos aún, cualquier cosa que gimiera al ser aplastada.
- ¿Qué es…?
El rubio se levantó como en una emergencia y encendió las luces de la cabecera de la cama. Quizá pudo haber alucinado con Godwin, e incluso llegar al colmo de que aquella ilusión pudiera haberle hablado. Pero nada podría haberlo preparado para que su mente le jugara de aquella forma: Yusei, con las muñecas atadas, los pies en la misma condición, y con una mordaza de esas que sujetaban una bola roja dentro de la boca de alguna víctima. Además, una delgada soga unía la cabecera de la cama con un collar para mascotas de color negro alrededor del dorado cuello. Una fantasía como esa visión sobre su cama sería un buen sueño para aquella noche, pero, ¿acaso se habría vuelto loco para "escuchar" el gemido de algo que no estaba allí? ¿El exquisito sonido de una visión?
- Yusei…
El moreno se mantuvo en silencio, mirándolo fijamente, tan sorprendido como el otro. Jack tardó algunos segundos en volver en sí y se apresuró a quitarle el artefacto de la boca, que a medida que se separaba de los labios del pelinegro, iba estirando un delgado hilo de saliva que terminó por caer en la barbilla y el pecho del joven Fudo.
- Yusei, ¿qué…
- Debí suponer que tu habías planeado esto, Jack.
Jack miró el azul rencoroso en los ojos de su amigo. La mirada le paseó hasta la bola roja de la mordaza, aún húmeda con saliva.
- Yo, no… ¡Yo no te traje hasta aquí, Yusei!
- ¡Esa gente de seguridad dijo que estabas buscándome!
El rubio comprendió lo que le había dicho Godwin. Yusei era un "regalo" de su parte, pero parecía que el nuevo Rey no estaba al tanto de la situación.
- Desátame.
El primer impulso de Jack fue el de obedecerle. ¿Pero cuándo volvería a tener así ese cuerpecito, completamente indefenso y a su merced? Yusei no parecía estar de acuerdo a simple vista, pero conociendo a su "travieso" amigo, quizá iba a motivarse cuando se empezara a calentar.
