Jack se ubicó a gata sobre el Rey y sujetó sus atadas manos por encima de su cabeza, acercando más su rostro al del chico, esperando cazar mucho más que sus labios. Yusei giró el rostro para evitarlo, pero el rubio no iba a detenerse por eso, lamió los bordes de su oreja de arriba abajo y chupó el lóbulo delicadamente.

- Jack, ¿qué estás haciendo?... ¡Desátame!

Él escuchó su petición, pero no quería cumplirla. Su mano libre recorrió el contorno del cuerpo moreno, masajeándolo sobre la ropa. Besó el tostado cuello con deseo, saboreándolo con locura, tentando la pasión. Pero el otro simplemente no cooperaba, ni siquiera lo miraba.

- ¿No quieres verme?

- No. ¡Suéltame!

- ¿Desde cuándo eres tan orgulloso para este tipo de cosas?

- Jack, por favor…

La mano del ex Rey descargó una dosis de pasión repentina sobre el miembro de su amigo, que gimió entrecortadamente ante el inesperado gesto. Intentó apretar las piernas para evitar a Jack, pero éste usó su fuerza para separarlas y ubicarse entre ellas, dejando móviles las manos del pelinegro, que enseguida subieron al pecho del ojipúrpura para intentar separarlo de sí lo más posible, lo cual resultó ser un esfuerzo casi totalmente en vano.

Jack se puso de rodillas y tomó con ambas manos las caderas del moreno hasta levantar su parte inferior y ponerlo sobre sus piernas, de manera que el pequeño trasero del Rey hicieran contacto contra el miembro del antiguo. Yusei quiso decir algo, pero las palabras murieron ahogadas en su garganta. El rubio movía las caderas en un erótico ritmo, como si estuviera penetrando al otro, mostrándole lo que le haría en un rato, en tanto una de sus manos seguía atendiendo al miembro oculto dentro del pantalón.

Pero Yusei estaba paralizado. Tenía los dientes apretados, los ojos cerrados con fuerza, sus manos atadas se entrelazaban la una con la otra, y temblaba. Ligeramente, casi de manera imperceptible, temblaba. Jack bajó su rostro hacia él y le besó el pecho sobre la negra camisa.

- No voy a detenerme, Yusei –Le dijo en voz muy baja-. Tengo mucho tiempo queriendo hacer esto, y deberías cooperar. De esa manera lo hice yo cuando se llevaron a Kiryu y viniste a mí a pedirme "consuelo". ¿Recuerdas lo bien que la pasamos?

No le prestó atención, aún resistiéndose y bloqueándose, pero Jack sabía que él sería el mundo de su amigo cuando lo hiciera suyo de nuevo. La ansiedad del rubio aumentaba. Apretó las mejillas de Yusei, forzándolo a abrir la boca para besarle y entrar en ella con su lengua. La otra mano, que seguía acariciando el miembro que comenzaba a endurecerse, abandonó su misión para deslizar la camisa hacia arriba.

- ¿Qué es… esto?

El ex Rey interrumpió el beso mientras palpaba extraños pliegue donde debería estar la suave piel del joven bajo la camisa. Se levantó hasta quedar de nuevo arrodillado entre las piernas del que iba a ser su amante aquella noche, dejando de presionar su rostro. Miró con incredulidad cómo en una pequeña porción de piel que había expuesto habían tantas cicatrices. La otra mano ayudó a levantar más las telas, descubriendo nuevas marcas profundas. Yusei giró el rostro y rompió en lágrimas.

Jack quiso subir la camisa, explorar el horror en el que se había convertido el hermoso cuerpo del chico, pero éste no se lo permitió. Sujetó la camisa un poco más por encima de su abdomen. El rubio pudo fácilmente segur apartando las telas, pero estaba demasiado consternado e impresionado para continuar. Había entendido la tortura a la que estaba sometiendo a Yusei al querer obligarlo a hacer el amor.

- Yusei…

Necesitaba saber qué le había pasado a su amigo, pero era obvio que no estaba en condiciones de hablarle. Se notaba que eran muy viejas las cicatrices, casi le urgía saber cuándo pasó. Pero su Yusei estaba llorando, y verlo así estaba dejándole sin alma. Se separó de él con cuidado, le quitó el collar y las sogas que unían sus manos, y lo cubrió con una sábana. Yusei se acostó de lado para intentar esconder las lágrimas de la mirada de Jack. El rubio entendió las acciones de su amigo y se acostó de espaldas a él. Aún así lo abrazó, pensando en que no dejaría que algo así volviera a ocurrirle a su amigo.

- Perdóname, Yusei.

No obtuvo más respuesta que la respiración descontrolada de un lamentable llanto.