Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es otra pequeña novela que me ha cautivado. De la misma autora de Robando un corazón, los personajes Eward & Bella no dejan de desaparecer de mi mente, asi que aqui estoy otra vez compartiendo con ustedes esta magistral novela. Solo he cambiado ciertos detalles para que se adapte mejor a ellos. Al Final mencionaré quien ha sido la excepcional autora y así podamos mantener el misterio jeje. Espero lo disfruten mucho, como yo lo hice!

Noticias: Ya he cargado un album en Imageban acerca de este fic para que se hagan la idea un poquito en donde se desarrolla la historia, pueden revisar el link en MI PERFIL, bueno los dejo para que disfruten del nuevo Capitulito!


Capítulo 6 "La visita inesperada"

Bajo una cascada de agua caliente y vapor hicieron el amor hasta que sus cuerpos quedaron saciados de placer. Luego, Edward la envolvió en una sedosa toalla y empezó a frotarle el cuerpo y el pelo mientras besaba y acariciaba cada rincón de su cuerpo con gran ternura. Finalmente, la ayudó a ponerse un albornoz.

Bella se sentía en el paraíso, y daba gracias de haber sabido seguir los dictados de su corazón, y dejar su orgullo de lado.

La ternura y el cariño que Edward le demostraba en todo momento le hacía difícil creer que ella no significara nada para él, y que todo aquello se tratara solamente de puro sexo. Edward era un amante ardiente y apasionado, pendiente de darle a cada instante lo que a ella más le hiciera falta para disfrutar plenamente.

Y no sólo eso. Era evidente que entre ambos existía una afinidad, un sentimiento especial, que de alguna forma los transportaba a una dimensión exclusiva para ellos dos; una burbuja sólo para ellos.

Mientras le enrollaba las mangas del albornoz, que al ser de él le quedaba enorme a Bella y le ajustaba el cinturón sobre sus esbeltas caderas, la miró sonriente, susurrándole al oído:

—En mi armario sobra espacio por todas partes. ¿Qué te parece si te traes tus cosas aquí, a nuestra habitación?

Aquel «nuestra» volvió a operar milagros en los oídos de Bella, que asintió con la cabeza.

—En ese caso, si te parece, empieza tú a traer las cosas, y yo me voy afeitando —le dijo dándole besos por todo su rostro mientras hablaba.

Bella obedeció, y salió hacia su habitación para empezar a recoger sus cosas, aunque si por ella hubiera sido, se habría quedado mirándole incluso mientras se afeitaba. Cada segundo de poder estar en su compañía contaba.

Se daba cuenta de que más que una mujer de negocios de veinticuatro años hecha y derecha, se estaba comportando como una colegiala que acaba de descubrir el amor, pero no podía hacer nada por remediarlo, porque, en cierta medida, ése era exactamente su caso.

Tras ponerse unos shorts cortos color blanco, camiseta gris, cinturón café con sandalias bajas y bolso grises a juego también (*perfil), decidió tomar la bufanda blanca en sus manos y arreglarse el cabello con una coleta, llevó todas sus cosas al inmenso armario de la habitación de Edward, que debía de haber terminado ya y bajado a la cocina.

Efectivamente, allí encontró a un diligente Edward que, vestido con vaqueros y camisa deportivos debajo del delantal, preparaba unos huevos con beicon.

—Eres la única mujer que conozco que está más guapa recién duchada y sin maquillaje —dijo cuando ella se acercó a él, y atrayéndola hacia sí, empezó a besarla con la misma pasión con que lo había hecho sólo momentos antes.

Sueños y esperanzas se mezclaban confusos en el corazón de Bella. Imaginando si de verdad él la quisiera como ella a él, si de verdad fueran una pareja real de vacaciones.

Pero la anterior secretaria personal lo había dicho bien claro. No había cabida para las mujeres en la ajetreada vida de Edward Cullen. Era tonto ponerse a soñar, a esperar, a desear.

Tonto, pero no podía evitarlo.

Bueno, debería consolarse con tener la oportunidad de pasar dos semanas con él, de disfrutar de su compañía durante el día, y de su pasión durante la noche, y dar gracias por ello.

—Sírvete un zumo. Espero que te gusten los huevos con beicon —dijo tras separase de ella finalmente y depositarle un tierno beso en la cabeza.

—¿Y a quién no? —respondió ella—. Aunque en casa sólo tomo un café y una tostada.

—Ya, pero como estas vacaciones pueden llegar a requerir… digamos grandes cantidades de… energía… será mejor que repongamos fuerzas como es debido. –sonrieron cómplices.

Entre dos amplios ventanales, a un lado de la espaciosa cocina, se encontraba una antigua cocina de leña. Delante, sobre una rústica alfombra artesanal, había una mesa de café de madera maciza y dos cómodos sillones.

—¿Te gusta? —preguntó Edward al ver que Bella se quedaba observando cada rincón de la cocina.

—Me encanta. Todo está absolutamente precioso, y perfecto para una casa como ésta.

—Me alegro. A mí no me gustan esas lujosas y funcionales cocinas todo cristal y aluminio. Normalmente como aquí en la cocina, y prefiero un ambiente más cálido y hogareño. Pero como hoy hace un día espléndido, sugiero que desayunemos en la terraza al sol.

Cuando estaban terminando de tomarse el café, Edward preguntó:

—¿Qué te apetece hacer hoy?

—¿Tú qué sugieres?

—Relajarnos primero en la piscina, y salir luego a Florencia para comer.

—¿Nos da tiempo de bañarnos en la piscina y llegar a Florencia a comer?

—Si vamos en helicóptero, sí. Tengo uno en el aeropuerto donde aterrizamos ayer.

Bella no terminaba de hacerse a la idea de hasta qué punto él podía permitirse cualquier lujo que se le ocurriera.

—Perfecto, entonces.

—Pues a la piscina —dijo tomándole las manos para ayudarla a levantarse.

—El problema es que no tengo bañador.

—Pues nos bañamos sin bañador, desde allí no nos ve nadie, salvo que vengan especialmente a mirarnos…

La sola idea de que alguien fuera especialmente a mirarles hizo que Bella le mirara con cara de horror.

—También puedo intentar conseguirte un bañador, si eso te parece mejor.

—Pues sí, francamente.

Justo cuando se dirigían hacia la piscina vieron a Angelo que subía a María en su Vespa.

Buongiorno, signor Cullen, signorina

Buongiorno, María… —respondió él.

Buongiorno —se atrevió a responder también Bella.

Cuando llegaron a la piscina, casi olímpica y de cristalinas aguas azuladas, y rodeada de inmensos árboles y preciosos arbustos por todas partes, Edward se dirigió a los vestuarios que había tras la zona de sillas y sombrillas.

Tras revolver entre albornoces, toallas y demás, apareció con un bañador negro y un bikini tanga amarillo chillón en la mano.

—Esto seguro que te vale, porque Irina y tú sois prácticamente de la misma talla —dijo entregándoselos—. Voy a cambiarme, y ahora te veo.

¿Irina? ¿Qué Irina?

Seguramente alguna de las muchas mujeres que acostumbraría a traerse cuando venía de vacaciones. Una punzada de celos se clavó en el corazón de Bella.

¿Celos? ¿Qué sentido tenía que ella sintiera celos? Y menos de alguien que seguramente sería agua pasada, como sucedería con ella misma al terminar esas dos semanas.

Pues por eso, porque sólo tenía esas dos semanas, porque por lo menos tenía esas dos semanas, eso era lo único que debía ocupar su mente, se dijo a sí misma intentando recuperar su optimismo y alegría anteriores.

Vivir el momento presente, el ahora…, alejar las preocupaciones sobre el futuro…, se lo había dicho mil veces a sí misma.

Definitivamente, el bikini descartado, no dejaba nada a la imaginación. Se pondría el bañador negro (*perfil) que era más discreto aunque bastante sexy al menos tapaba las partes importantes.

Cuando se lo puso se dio cuenta que no resultó ser discreto en lo absoluto, con aquel escote tan pronunciado por delante y por detrás; y por exponer casi toda la espalda y el vientre.

Cuando se miró en el espejo, soltó un grito de sorpresa: no sabía que con sólo un traje de baño de diseñador pudiera parecerse tanto a las modelos de las revistas de abultados pechos y caderas, con minúscula cintura.

Echó mano de un albornoz que había sobre una silla, y se dirigió a la piscina.

Edward, con bañador negro y acompañado de su estilo casi de nadador profesional, estaba ya disfrutando de un baño.

Se le quedó mirando hasta que volvió hasta donde ella estaba. Cuando él se dio cuenta de su presencia, se quedó de pie como esperando a que se tirara.

—¿Qué? ¿Has cambiado de idea?

—No, no —contestó una dubitativa Bella no demasiado convencida de quitarse el albornoz.

—Lástima —contestó él—. A mí se me habían ocurrido otras cosas que también podríamos hacer… venga, te echo una carrera, y el que gane se lleva un… beso.

—Hace mucho que no nado.

—Te doy ventaja.

Bella había sido una excelente nadadora, pero era cierto que llevaba años sin practicar. Con todo, se lanzó a la piscina con un estilo envidiable, con el mismo que realizó el largo de la piscina y logró llegar a la meta antes que él.

Edward se quedó de pie a su lado, y con gran seriedad le ofreció sus labios preparados ya para ofrecerle el premio a la ganadora.

—Me has dejado ganar —dijo ella riéndose al ver su cara—. Así no quiero el beso.

—Pues se declara la carrera anulada y a empezar otra vez.

—Bueno, entonces mejor el beso —dijo acercando su boca a la de él.

Justo cuando él empezaba a asegurarse de que era un beso digno del primer premio, se oyeron los pasos de alguien que se acercaba, y los dos levantaron la mirada para ver de quién se trataba.

Una impresionante rubia de deslumbrante figura, se dirigía decidida hacia donde ellos se encontraban. Era una mujer muy atractiva, que caminaba con un garbo digno de una pasarela, llevaba un vestido blanco extremadamente corto y de alta costura, sí, efectivamente era un Versace de la última colección de verano, Bella lo reconoció de inmediato ya que hace apenas dos semanas lo había admirado en una revista de moda (*perfil). Todo esto no era nada en comparación a los admirables zapatos de tacón alto que llevaba con miles de tiras ajustadas a sus piernas logrando que se viera como una torre de elegancia.

Por su expresión podía deducirse que había presenciado lo que acababa de ocurrir, y que lo desaprobaba de forma tajante.

Con todo, sonrió al dirigirse a Edward.

Ciao, caro.

Ciao, Irina.

¡Esa espectacular mujer, que al instante le recordó a Bella a Rose de forma demasiado intensa, era Irina!

Edward salió del agua, y se volvió para darle la mano a Bella y ayudarla a salir.

Demasiado tarde, Bella ya se había dirigido hacia las escaleras. El nudo que se le había puesto en la garganta y en el corazón, le había hecho alejarse de él a toda velocidad.

Pero él dio la vuelta, y la esperó a pie de escalera para ayudarla a salir igualmente.

Cuando por fin se reunieron, la explosiva rubia echó sus brazos alrededor del cuello de Edward, y estrechando su cuerpo contra el de él, le besó apasionadamente en los labios.

Bajándole los brazos y separándose de ella, Edward trató de aplacar su efusión:

—Está bien, ya está bien, no es necesario una sobredosis…

Y a continuación hizo las presentaciones.

—Bella, te presento a la signorina Denali.

—Encantada —dijo Bella sorprendida de que le saliera algo de voz.

De cerca se veía que Irina era mucho más joven de lo que le había parecido, como mucho dieciocho o diecinueve años. Pero su extremada sofisticación le hacía parecer mayor.

—Irina, te presento a la señorita Swan.

Piacere. Lei parla italiano?

—No, Bella no habla italiano, así que te pido que tengas la amabilidad de hablar en su idioma…

—No me resulta fácil expresarme en su idioma…

—Irina, por favor, si lo hablas perfectamente.

—Eres muy cruel conmigo…

—En absoluto. Así te valdrá de práctica…

—Lo haré, pero sólo por ti —contestó Irina displicentemente.

—Buena chica —respondió Edward.

—Me imagino que la señorita Swan será tu nueva secretaria personal, ¿no? —preguntó mirando a Bella de arriba abajo—. Ya veo que le vale mi bañador…

—Fui yo quien sugerí que lo usara porque en ese momento no disponía del suyo.

—Muy gentil por tu parte salir en su defensa.

—Irina, deja ya de incomodar con esos comentarios —dijo Edward como si le hablara a una niña pequeña—. Si te apetece bañarte con nosotros, aquí tienes tu bikini.

—Sabes de sobra, caro, que ni loca me metería en la piscina. Las piscinas, por lo que a mí respecta, son sitios ideales para sentarse a su alrededor.

—Pues en concreto está hecha para nadar, y no para lucirse en traje de baño alrededor.

—¿Ves como sí eres cruel conmigo? Pero a pesar de ello, estoy muy contenta de que hayas venido, caro, te he echado tanto de menos…

—Si me disculpan… —dijo Bella sintiendo que sobraba en aquella deliciosa conversación.

—No, no tenemos prisa —respondió Edward sujetándola firmemente por el brazo.

—Preferiría cambiarme —insistió Bella.

—Si prefiere irse, déjala que se vaya —terció Irina con tono irritado.

—Es que yo prefiero claramente que se quede —contestó Edward fríamente.

—No veo por qué tenemos que hablar delante de una empleada… —continuó Irina, aunque al ver la cara de Edward ante su comentario, decidió cambiar el tono—. Estoy muy enfadada de que no me dijeras que venías a Severo…

—Lo siento… —empezó a decir Edward más calmado, mientras literalmente obligaba a Bella a sentarse en una silla al lado de ellos.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Primero, porque todo ha sido muy repentino, y segundo, porque tenía entendido que te habías cansado de Montecino, y te habías vuelto a Roma con Kate.

—Sí, se está quedando en mi casa, y así podemos ir juntas de compras. Roma tiene unas tiendas maravillosas, y ya no nos queda demasiado tiempo. ¿Por qué no te sientas aquí a mi lado, caro? —preguntó indicando la silla que estaba junto a la suya.

Edward se sentó, pero en la silla que estaba entre las dos.

—Pero tú tenías ganas de verme, ¿verdad, caro?

—Claro —respondió Edward con tono cansado—. Y ¿cómo te has enterado de que había venido?

—Me lo dijo Paolo ayer, que habías venido a trabajar. Así que tomé un avión, y luego Paolo me ha dejado su coche. No podía quedarme sin verte… aunque no me puedo quedar mucho porque Paolo quiere que le acompañe a Pianosa a ver una villa que está pensando comprar… aunque no me apetece demasiado, la verdad, por mucho que sea mi hermano… y con el calor que hace… sólo para llegar hasta aquí he pasado un calor…

—Voy a decirle a María entonces que nos suba unas bebidas…

—Ya se lo he dicho yo cuando llegué, y me dijo que estabais en la piscina…

Justo en ese momento apreció María con las bebidas.

Las dejó sobre la mesa y, con cara de pocos amigos, se retiró. Parecía que algo, o quizás alguien, no era de su agrado.

—Gracias, María —dijo Edward.

—No entiendo cómo puedes soportar a esa mujer, tan desagradable y orgullosa. ¿No podrías encontrar un ama de llaves más…? —se quejó Irina nada más irse María.

—¿Servil? —interrumpió Edward.

—Alguien que sepa estar en el sitio que le corresponde. Conmigo fue de lo más desagradable…

—Mientras que tú, sin duda, fuiste cortés y educada en todo momento… ¿o no?

—No veo ninguna necesidad de ser cortés con los sirvientes. Con pagarles es suficiente.

Bella no pudo reprimir el recuerdo de Rose, que tantísimas cosas tenía en común con Irina. Parecía claro que Edward sentía una innegable atracción por ese tipo de mujer, y viceversa.

—Mi querida Irina, cuando seas una mujer casada y te conviertas en la señora de la casa, si quieres tener servicio vas a tener que aprender a cambiar tu actitud —intervino Edward con cierto aire de aburrimiento.

—No seas tonto, caro. Con pagarles es suficiente —repitió—. Pero dejemos eso. Casi no te he visto en meses, y cuando hablamos por teléfono no me cuentas nada. Ni siquiera sé lo que haces cuando estás solo.

—Trabajo —respondió Edward lacónicamente.

—Qué aburrido.

—Tú, sin embargo, te dedicas a llevar a tu padre a la bancarrota.

—Papá tiene muchísimo dinero, y yo soy su única hija —respondió en tono mimado—. Kate y yo pasamos todo el tiempo de compras y en modistos. Rocco ha diseñado todos los vestidos. Espero que te guste el mío.

—Seguro que sí.

—Es que sólo falta un mes para la boda, y tengo tanta gana de que llegue ese día —dijo tomando las manos de Edward.

Bella sintió como si una bomba le hubiera explotado dentro. Edward se iba a casar con Irina Denali, la viva copia de Rose de la que también había estado enamorado.

¿Quién podía culpar a Irina de haber dado muestras de celos y haber sido tan antipática si, a un mes de la boda, se había encontrado a su futuro marido besando a otra mujer?

¡Lo que había sido era excesivamente comedida en su reacción!

Bella prefería no pensar en cómo hubiera reaccionado ella si hubiera estado en su lugar.

¿O quizás, dado que vivían separados y estaban a un mes de la boda, Irina le permitía tener su último lío de faldas antes de casarse?

Pero ¿y Edward? ¿Cómo podía hacerle al amor a ella de aquella manera tan intensa y apasionada sabiendo que iba a casarse con Irina?

Sólo un ser sin escrúpulos podía hacer una cosa así y no sabía como en algún momento dudó en que ese era precisamente Edward Cullen.

No. Se negaba a creer que Edward era un hombre sin escrúpulos. Ni siquiera después de aquella primera vez siete años atrás había ella dejado de pensar que fuera un hombre honorable.

Aunque, pensando en cómo él la había retenido allí, claramente contra su voluntad, y cómo la había engatusado en todo momento para resultarle irresistible, sí que parecía que podría ser el caso.

—Un mes entero hasta que te vuelva a ver, te voy a echar tanto de menos, caro… —dijo Irina levantándose.

—Desde que llegues a Roma y vuelvas a tus tiendas y tus modistos, ni te acordarás de mí.

—¿Cómo puedes decir una cosa así?

—Porque es la pura verdad.

—Ya sabes que estoy loca por ti —dijo echándole de nuevo los brazos alrededor del cuello, y besándole con gran ardor en los labios.

—Date prisa, que tienes que acompañar a Paolo a Pianosa —dijo él un tanto rotundo quitándole los brazos de su cuello, aunque al ver su cara, suavizó el tono—. Vale, te acompaño hasta el coche.

Edward parecía vivir todo aquello con resignación más que otra cosa, lo que dejó a Bella todavía más confusa.

¿Es que no quería a la mujer que iba a ser en breve su esposa? Y si no la quería, ¿por qué se casaba con ella?

¿Solamente porque quería una familia, un hogar y unos herederos?

—Si quieres irte preparando, ahora mismo vuelvo… —dijo volviéndose hacia Bella.

Bella se quedo inmóvil. ¿Es que pensaba seguir adelante con los planes de ir a comer a Florencia?

—…y desde que estemos listos, salimos para Florencia —continuó.

Perfecto. Florencia era fundamental para el plan que ella acababa de decidir llevar a cabo.

—Voy a llamar al aeropuerto para que tengan el helicóptero preparado —añadió Edward.

Bella se disponía a dirigirse hacia el interior de la casa cuando pudo ver que Irina, con cara de pocos amigos, tomaba a Edward por el brazo, y recostaba la cabeza sobre su hombro.

Aunque Bella no podía entender lo que decía, era evidente que estaba furiosa y despotricaba contra alguien. Probablemente contra ella.

Aunque sinceramente, volvió a pensar Bella, ¿quién podría culparla?

Mientras se duchaba, no dejaba de darle vueltas a todo lo que acababa de pasar. Una cosa la atormentaba sobre todo lo demás. ¿Cómo podía Edward comportarse con ella como lo estaba haciendo estando comprometido para casarse?

Aunque no era ella precisamente la persona más indicada para acusarlo, ya que ella misma se había acostado con él estando comprometida con otro hombre.

En realidad, no podía acusar a Edward de nada. Irina podía acusarle de haberla engañado, pero ella ni siquiera podía acusarlo de eso. Él no le había prometido nada, no le había mentido sobre nada, se había limitado a ofrecerle puro placer físico.

Y ella había sido consciente de ello desde el principio, aceptando que su relación con él se limitaba a esas dos semanas de flirteo. Aunque era verdad que la esperanza de que sucediera el milagro la empujaba a actuar de aquella manera.

Sin embargo, las cosas habían cambiado. Sabiendo que su corazón pertenecía a otra mujer, ni quería ni podía aceptar la relación con él, ni siquiera esas dos semanas. No es que Irina le hubiera caído bien, pero sintió cierta solidaridad con ella.

Tenía que irse de allí a la mayor brevedad.

Lo que no podía era decirle a la cara a Edward lo que pensaba de él, que lo que estaba haciendo era propio de una persona sin principios. Si lo hacía, corría el riesgo de que él intentara retenerla otra vez, y de nuevo Bella dudaba si tendría, incluso entonces, la fortaleza de hacerle frente.

Y no digamos dejarle ver que estaba enamorada de él. Eso sería lo último que debería hacer pues, sin duda, tarde o temprano, él terminaría usándolo contra ella.

Nada más llegaran a Florencia, tenía que encontrar la manera de escabullirse como fuera. Tendría que dejar sus cosas allí, qué se le iba a hacer, lo crucial era el pasaporte. Y dinero para llegar al aeropuerto.

¿Dinero? Ella no tenía ni un céntimo.

No tenía alternativa. Tenía que buscar rápidamente la cartera de Edward, y tomar prestado suficiente para un taxi o un autobús.

Corrió hacia el dormitorio, y con manos temblorosas se dirigió a la chaqueta de Edward, sacó el billetero y… magia, un generoso fajo de billetes apareció ante sus ojos. Tomó unos cuantos, y se apresuró a meter la cartera de nuevo en el bolsillo de la chaqueta.

Acababa de terminar de maquillarse y tomar su bolso y chaqueta, cuando Edward apareció, sonriente y preparado para salir.

—Perfecto —dijo al verla—. ¿Salimos?

Incapaz de controlar su nerviosismo, Bella no logró ser capaz de contestar, y mucho menos, de devolverle la sonrisa. Pero era fundamental que actuara con total normalidad, o le daría pie a sospechar sobre sus planes.

Aparentemente ajeno a todo lo que pasaba por la cabeza de ella, Edward agarró su chaqueta, tomó del brazo a Bella, y se limitó a decir:

—Vamos!


Gggggrrrrrrr hasta que tenia que aparecer alguien que le agüe la fiesta a la pobre Bella, justamente cuando estaba decidida a aprovechar al máximo sus dos semanas... que mala suerte! Es que ya se la tengo jurada a esa Irina, que meticheeee jajaja

y este Edward es un terrible... par de sonoros besos que le pegó Irina... gggrrr toy que exploto jajaja, pero igual cuentenme que les ha parecido... me encanta saber sus deducciones... muchas estan tan tan cerca de la realidad... son realmente muy pilas... asi que cuenteme ahora que creen que pueda pasar? les gustó?

Gracias a las alertas, fav y los reviews que como dije son lo máximo... asi que besos a Glaucia S, Leslie Cullen, LauCullen 18, Meli8114, Irisadriani, JoliCullen, Marym25, Horbak, BBQ25, Ale, Mayswan, TataXoXo, Butterfly98, Caro Rosero, Beakis ... son un amor y tranquilas chicas ya estamos cerca de saber que mismo es lo que pasa... se las quiere!

Espero sus comments, un abrazo,

Vivitace

Pd.- por cierto chicas revisen el álbum, creo que le he puesto unos atuendos muy bonitos a Bella jeje