Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la historia es otra pequeña novela que me ha cautivado. De la misma autora de Robando un corazón, los personajes Eward & Bella no dejan de desaparecer de mi mente, asi que aqui estoy otra vez compartiendo con ustedes esta magistral novela. Solo he cambiado ciertos detalles para que se adapte mejor a ellos. Al Final mencionaré quien ha sido la excepcional autora y así podamos mantener el misterio jeje. Espero lo disfruten mucho, como yo lo hice!
Ya acercándonos al final, aunque la historia no haya sido mía, la verdad le he tomado muchisisisimo cariño... y lo que se viene ahora nos aclarará el panorama, que la disfruten.
Capítulo 7: "El Escape"
Ninguno de los dos abrió la boca durante todo el viaje a Florencia. Ambos parecían estar sumidos en sus propios pensamientos.
Cuando llegaron al aeropuerto, primera sorpresa, ni rastro del comandante Giardino. Edward le informó de que iba a pilotar él mismo el helicóptero.
—¿Es la primera vez que vas volar en helicóptero?
—Sí.
—¿Te da miedo?
—No.
—Pues pareces muy tensa y nerviosa.
—Estoy perfectamente. ¿Cuánto se tarda en llegar al aeropuerto de Florencia?
—No vamos al aeropuerto de Florencia. Vamos a aterrizar en el aeródromo del hotel Boscolo Florencia —respondió.
La cara de Bella no dejaba lugar a dudas.
—Si te da miedo, no hay ningún problema, de verdad. Lo dejamos, y vamos otro día en coche.
Solo pensar en las consecuencias de pasar otra noche con él, le dio valor a Bella para contestar:
—No me da ningún miedo, y estoy deseando conocer Florencia.
—También podríamos ir en coche ahora. Y paramos a comer en algún sitio en el camino, aunque luego tendríamos menos tiempo para ver Florencia —contestó él a la vista del poco convencimiento con que ella había contestado.
Hubiera dado lo que fuera por no ir en helicóptero, pero estaba demasiado desesperada por empezar a poner en práctica su plan.
—Por mí no hay problema en volar.
—Perfecto —contestó inclinándose para darle un beso.
Ella dio un respingo. Él le tomó la cara entre sus manos y, mirándola a los ojos, le preguntó:
—¿Qué te pasa?
—Nada.
—Mejor —respondió, y acercando sus labios le dio un largo beso.
Sin poderse quitar a Irina de la cabeza, Bella, instintivamente, se pasó el revés de la mano por los labios cuando él terminó de besarla.
Edward lo notó, y, sin decir nada, se volvió hacia los mandos del helicóptero.
La vista aérea de la Toscana resultó ser fascinante.
—Ya estamos llegando —dijo él tras veinte minutos de viaje—. Mira, ahí está el río Arno, que cruza Florencia, y en nada se verá el Puente Viejo.
Vista desde el aire, Florencia ofrecía un espectáculo inigualable, con sus magníficas plazas, su arquitectura espectacular, sus grandiosos campanarios y bóvedas, y sus pintorescas callejuelas. Quizás fuera el efecto del viaje y de la belleza que emanaba todo desde allí arriba, pero lo cierto es que Bella notó que la tensión y el nerviosismo habían dado paso a una cierta sensación de impotencia. Edward sería un héroe con pies de barro, pero ella le seguiría amando mientras viviera, y tenía que hacer un esfuerzo por disfrutar de esta última jornada que iban a pasar juntos.
—¿Demasiado traumático? —preguntó tras las maniobras de aterrizaje.
—No, no, he disfrutado muchísimo.
—Me alegro.
Esa vez no hubo beso. Ni conversación mientras descendían del helicóptero, y se dirigían hacia el edificio del hotel.
Nada más entrar, un señor mayor, elegantemente vestido, se acercó a ellos y, tendiendo la mano, exclamó:
—Edward, ¡cuánto me alegro de verte!
—Yo también me alegro, Pietro. Bella, te presento al señor Boscolo, propietario del hotel. Pietro te presento a la señorita Swan.
—Encantadísimo de conocerla señorita Swan. Edward me ha hablado de usted. ¿Es ésta su primera visita a Florencia? —preguntó Pietro con una sonrisa y una galantería que cautivaron a Bella desde el primer instante.
—Sí.
—Entonces, no debo entreteneros para que podáis salir a visitar Florencia —dijo dirigiéndose hacia Edward—. La comida estará servida en breve. ¿Dónde preferís? ¿Dentro o en la terraza?
A pesar del agobiante calor que hacía, Bella indicó su preferencia por la terraza.
—Una excelente idea en un día tan precioso como éste.
Nada más sentarse, Pietro les informó puntualmente de todas las exquisitas sugerencias del chef.
—Creo que vamos a ponernos en tus sabias manos, Pietro. Estamos deseosos de ver con qué nos sorprendes hoy.
Viendo que Edward no tenía intención de iniciar ninguna conversación cuando se quedaron solos, Bella preguntó:
—¿Cuánto tiempo hace que conoces al señor Boscolo?
—Hace unos nueve años. Es el tío de Irina y Paolo.
Lo último que Bella hubiera deseado era sacar a Irina en la conversación.
—¿Fue así como conociste a Irina?
—No. Fue justamente al revés. Conocí a Irina y Paolo primero, hace unos diez años, cuando sus padres se fueron a vivir a Nueva York. Irina tenía sólo nueve años, pero su hermano Paolo era de la misma edad que yo, y enseguida nos hicimos amigos. Aunque les fue muy bien allí desde el punto de vista de los negocios, Catrina echaba Italia de menos, y decidieron volverse a la Toscana.
El que conociera a Irina desde los nueve años explicaba por qué le hablaba como si todavía fuese una niña.
El resto de la comida transcurrió en absoluto silencio. Era evidente que desde su gesto de limpiarse la boca tras su beso, Edward se sentía distanciado de ella. Mejor, así le resultaría más fácil llevar su plan adelante.
La comida había estado realmente deliciosa, pero no se podía decir que Bella la hubiera disfrutado dadas las circunstancias, y sintió un gran alivio cuando trajeron los cafés.
—Espero que estuviera todo a vuestro gusto —comentó Pietro cuando fueron a despedirse.
—Todo perfecto, como siempre, Pietro.
—Ya no queda nada para la boda —dijo Pietro poniéndole la mano sobre el hombro a Edward—. ¿Te veremos antes por aquí otra vez?
—Lo dudo. Tenemos muchos sitios que visitar estas dos semanas.
—¡Lástima! Si podéis hacer un huequecito para volver, os prometo que os tendré preparado algo único —dijo, y se volvió hacia Bella—. Si no la veo antes, será un placer volver a verla en la boda.
Nada más ver la expresión de su cara, preguntó:
—¿No va usted a venir a la boda?
—No me han invitado —contestó Bella como hubiera podido contestar cualquier otra cosa.
—¿Qué no la han invitado? Eso hay que arreglarlo inmediatamente. Ahora mismo se lo digo a Catrina. Cualquier amistad de Edward es siempre bienvenida, y en un caso así, estoy segura de que Edward deseará que esté usted presente.
—Muchas gracias, pero… creo… que…
—No te preocupes, Pietro, yo me encargo de que venga —intervino Edward.
Ni muerta la verían a ella en esa boda.
Era increíble hasta qué punto la relación que habían mantenido no significaba nada para él, regla que, por lo visto, aplicaba también a ella.
Pero ¿y los sentimientos de su futura mujer no contaban para nada?
¿Cómo podía ser Edward tan cariñoso y sensible en ciertos momentos, y tan cruel y frío en otros como para plantearse llevarla a ella a su boda?
—Magnífico —respondió un sonriente Pietro—. Hasta pronto, entonces. El coche os está esperando.
¿Es que iban a visitar Florencia en coche? Eso disminuía sus posibilidades de desaparecer repentinamente.
—Sé dónde podemos dejar el coche aparcado, y desde allí podemos ir a pie a todas partes —dijo Edward nada más entrar en la ciudad.
Respiro por parte de Bella.
Dicho y hecho.
A un metro de distancia, en silencio, como extraños que no tienen nada que compartir, se dispusieron a adentrarse en el centro monumental de Florencia atravesando unas desérticas callejuelas, dada la hora y el calor que hacía en esos momentos.
A la espera de encontrar un lugar con más gente que le permitiera desaparecer inesperadamente, Bella notó que una profunda tristeza se apoderaba de ella. Internamente, intentaba saborear esos últimos instantes que le quedaban junto a él, e ignorar que pertenecía a otra mujer.
—¿Qué vamos a visitar primero? —preguntó Bella.
—El Duomo. Está aquí a la vuelta. Por fuera no parece demasiado espectacular, pero el interior es impresionante.
Tras dos horas de visitas a diversos monumentos, cuya belleza y esplendor superaron todas las expectativas de Bella, decidieron sentarse en una terraza a tomar algo fresco. Eligieron un café animado y bullicioso que, afortunadamente, tenía dos entradas que daban a calles diferentes.
Cuando terminaron y Edward pidió la cuenta, Bella consideró que había llegado el momento. Se excusó diciendo que necesitaba ir al baño, y se dirigió hacia el interior del edificio. Una vez dentro, se dirigió hacia la otra salida por la que en ese momento entraba lo que parecía ser la totalidad de un autobús de turistas. Cuando finalmente logró salir, cuál no sería su sorpresa cuando vio que Edward se encontraba esperándole justo al otro lado de la puerta.
—¡Qué rapidez! —exclamó—. ¿Qué te apetece visitar ahora?
La Piazza de la Signoria y el Palazzo Vecchio ocuparon sus siguientes dos horas.
Bella empezó a sentirse cansada y afectada por aquel enorme calor.
—¿Cansada?
Ante la posibilidad de que él sugiriera volver a Severo, y consciente de que Edward no le había quitado ojo de encima en ningún momento, probablemente porque sospechaba algo, prefirió negar la evidencia:
—No, qué va, por mí podemos visitar algún otro sitio si a ti te apetece.
—Podríamos dejarlo por hoy, y cenar por aquí antes de volver a casa. ¿Hay algún sitio especial en el que te apetezca cenar?
—Mejor que elijas tú.
A pesar de los preciosos restaurantes, bares y cafés que había por todas partes, lo único que realmente interesaba a Bella en ese momento era la logística del sitio, que hubiera mucha gente, y tener posibilidad de escaparse. Probablemente, ésa sería la última ocasión de hacerlo.
—Pues entonces vamos a Bartolomeo. Es un sitio modesto, pero la comida es una delicia.
Bartolomeo resultó estar tan lleno de gente como el resto, pero Edward parecía ser un cliente popular al que todos saludaron con entusiasmo, incluido el dueño que se apresuró a ofrecerles una mesa especial junto a un balcón.
Efectivamente, la comida estaba exquisita, y el entorno insuperable. El problema era que Edward parecía estar esperando que fuera ella la que empezara la conversación, y a ella no se le ocurría nada que decir.
A punto de terminar los cafés, Edward dijo inesperadamente:
—Mañana, antes de que salgamos a continuar nuestras visitas, me gustaría que dedicáramos un momento al proyecto Rainmaker…
A Bella el comentario la pilló tan desprevenida que abrió los ojos desmesuradamente.
—¿Lo conoces? —preguntó él.
—No…, bueno…, sólo el nombre.
—Mi equipo de Investigación y Desarrollo lleva trabajando en él una temporada, pero todo el proyecto ha sido rodeado del mayor secreto dada la cantidad de dinero y trabajo invertido. Mañana te enseñaré el dossier completo para que te sitúes exactamente. En líneas generales, se trata de…
Con gran precisión y dominio, Edward le explicó la totalidad del proyecto, sus contenidos y sus objetivos a corto y medio plazo.
Bella quedó francamente impresionada del alcance del proyecto, un novedosísimo sistema de irrigación que podría llevar el agua, y por tanto la prosperidad, a zonas con profundas dificultades de subsistencia debido a la escasez de lluvia.
—¡Qué maravilla! —exclamó sinceramente impresionada.
—¿A que sí? Y sólo estamos empezando, queda mucho por hacer.
Una cosa sí le había quedado clara a Bella ahora que conocía lo que significaba el proyecto. Jamás, nunca, ni siquiera aunque no hubiera decidido terminar con él, se habría prestado a ayudar a Jake a hacer fracasar un proyecto así.
—Tienes aspecto de estar cansada… ¿nos vamos ya a casa?
«Ahora o nunca», pensó Bella.
Estaba ya saliendo del restaurante, cuando un hombre alto y calvo se levantó de una de las mesa y se dirigió hacia ellos.
—¡Edward, menuda sorpresa! ¿Qué te trae por aquí, viejo zorro?
Bella vio los cielos abiertos y, sin dudarlo, se excusó y salió a toda velocidad en dirección hacia los baños. Una vez allí tuvo la suerte de encontrarse con dos señoras mayores, sin duda turistas.
—Perdón, ¿saben ustedes por casualidad si hay alguna otra entrada además de la principal?
—Justo aquí, a la salida a la izquierda. Es por donde hemos entrado nosotras.
—Muchas gracias.
Ya en la calle, notó que estaba empezando a oscurecer. Tenía que encontrar un taxi. Echó a andar sin saber en qué dirección sería más fácil encontrar uno. Quince minutos después, cuando estaba empezando a perder la calma y la esperanza de encontrar uno libre, logró parar a uno que venía libre.
—Al aeropuerto, por favor. ¿Cuánto se tarda en llegar?
—Unos veinte minutos.
¡Qué alivio! En nada estaría volando a casa.
Mientras atravesaban las calles llenas de un denso tráfico, Bella se preguntó cómo habría reaccionado Edward. ¿Se habría limitado a encogerse de hombros y volver a casa tan campante, o habría intentado localizarla?
Probablemente lo primero. Las mujeres llegaban y se iban de su vida sin mayor transcendencia. ¿Seguiría comportándose igual después de casarse? ¿Es que Irina pensaba permitírselo? Seguramente no. Una cosa era antes de casarse, y otra muy diferente, ya casados.
Cuando llegó al aeropuerto se enteró de que sólo era utilizado para vuelos locales. Se le cayó el alma a los pies, pues suponía esperar al día siguiente para poder volar a Pisa, desde donde podría tomar un avión a Londres.
Tras mucho dudar entre si volverse a Florencia y encontrar un hotel barato para pasar la noche, o esperar en el aeropuerto hasta el día siguiente, optó por lo segundo. Estaba realmente cansada y hubiera dado lo que fuera por ducharse y dormir en una cama, pero tenía poco dinero, y le pareció demasiado arriesgado.
Se sentó en una cafetería desierta, y se pidió un café.
¿Habría estado mal haber dejado a Edward así sin ni siquiera una explicación?
Pero ¿qué podría haber hecho? ¿Quedarse con él hasta que él la echara a escasos días de su boda? O, peor, ¿seguir con él como amante después de su boda?
Evidentemente, la respuesta era no. Por ella. Por Irina. Por un mínimo de respeto personal.
Sin duda, había hecho justo lo que tenía que hacer. Y debía sentirse satisfecha de sí misma.
Sólo que no lo estaba. A pesar de todos los pesares, no podía decirse que estaba contenta de haber tomado aquella decisión. A pesar de todos los pesares, lo cierto era que ya estaba empezando a echar a Edward de menos.
Alguien se acercó a la mesa de al lado, y se sentó en una silla.
Bella levantó los ojos. Sentado frente a ella, pudo ver a Edward que le dirigía una mirada glacial.
—¿Qué… estás haciendo aquí?
—¿Tú qué crees? ¿O es que de verdad pensaste que te iba a dejar ir así tan fácilmente?
—¿Cómo sabías que estaba aquí?
—Estaba cantado. Tampoco había tantos otros sitios o si?. Por cierto, los taxis son caros en Florencia. Espero que tomaras suficiente dinero para el trayecto.
Bella enmudeció, él se había percatado de que le faltaba dinero
—No era mi intención, pero es que no tenía alternativa, me sentí fatal de tener que …
—Pero como no tenías dinero contigo, n o imaginé que ibas a ser tan ingeniosa.
—¿Y tú cómo sabes eso?
—Porque mientras esperaba en tu apartamento, miré todo lo que llevabas en el bolso, percatándome en que no llevabas efectivo.
—Y ya de paso, me robaste el teléfono! –dijo Bella molesta.
—Digamos que lo puse bajo mi custodia.
—¿Y puede saberse por qué?
—Creo que el porqué resulta evidente. –dijo él con un dejo de supremacía
—A mí no me resulta nada evidente –contradijo Bella prepotente
—¿Ah, no? Pues piensa, piensa.
—No caigo, no se me ocurre por qué un jefe normal tendría que robar el móvil de una simple empleada. – Bella espetó con tono irónico, feliz por tener templados sus nervios al máximo.
—Será porque aquí no hay nada normal. Primero dijiste que estabas muy interesada en el trabajo, y desde que lo conseguiste no has hecho más que intentar irte, a pesar de lo que ha sucedido entre nosotros, o quizás, por ello. No lo sé. Luego, nuestra ducha juntos y lo de mudarte a mi habitación me hizo creer que habías cambiado de opinión. Fue cuando volví a la habitación después de la piscina cuando, al ver la cara de culpable que tenías, me di cuenta de que nada había cambiado. Sólo con mirarte a los ojos se veía a leguas que estabas tramando algo.
—Pues qué raro que me dejaras ir al baño sola…
—No te hubiera dejado si no hubiera sido porque justo antes te acababa de poner el señuelo, para que vieras lo cerca que estabas de conseguir lo que querías, y no pensé que después de eso seguirías intentando escaparte.
Fue como si le hubieran dado una patada en el estómago. Pero no podía ser cierto. No podía estar refiriéndose a lo que ella, con espanto, había creído entender que se estaba refiriendo.
—No sé de qué me estás hablando.
—Lo sabes perfectamente. Y si ya estás preparada para volver a casa, podemos dejar el helicóptero exactamente donde está, y volver en coche.
—El único sitio a donde yo voy a ir es a Londres.
—Me temo que quedan demasiadas cosas por resolver entre nosotros que no se pueden quedar olvidadas alegremente, querida Señorita Swan. –Fue él quien le ganó a Bella en ironía esta vez.
—¿Cosas por resolver? ¿Qué cosas por resolver?
—No es que a nadie le guste que le tomen el pelo, pero eso no sería nada comparado con lo otro, un caso extremo de traición deliberada.
—¿Traición? Yo no he… nada… -comenzó a tartamudear ella.
—Sin duda tú no has… nada, pero evidentemente porque no has tenido la oportunidad. Después de todo, para eso solicitaste el puesto, para sacarme información y pasarla, ¿no?
—No sé de qué me estás hablando. – Se defendió asustada, el piso comenzó a movérsele.
—Eso ya lo dijiste antes. Y ese aire de víctima inocente no se te da nada bien. ¿Nos vamos ya? –expresó con autoridad.
—No me pienso mover de aquí.
—Insisto en que es mejor que nos vayamos a casa. Después de todo, ¿qué va a decir tu prometido si vuelves con las manos vacías después de todas las molestias que se ha tomado con este caso?
Bella no pudo reaccionar. Se quedó mirándole con cara de susto.
—¿O no es Black tu prometido, ni ese anillo que llevas, suyo?
Inútil negar nada. Bella sintió que se le acabó el mundo.
—¿Desde cuándo ha… hace que lo sabes?
—Desde el primer instante. –expuso con tranquilidad.
—¿Y por qué me diste el trabajo?
—¿Tu por qué crees? –la desafió.
—Para vengarte de nosotros. Por eso me sedujiste. Para decírselo, para destrozar nuestro compromiso… si, eso ha sido. – el rostro de Bella se transformó de susto a dolor, todo había sido fríamente calculado.
—No, en absoluto. No tengo ni la más mínima intención de decírselo. Es más, puedes considerar lo nuestro como un secreto entre los dos. Claro que, si no le llevas lo que te ha pedido, puede ser que el que rompa el compromiso sea él… y te pida que le devuelvas su anillo de prometida.
—He decidido devolvérselo tan pronto como tenga ocasión de hacerlo.
—¿Puedo preguntar a qué se debe esa decisión? ¿A la culpabilidad de haber tomado parte tan activa en esta seducción, quizás? –hizo una pausa de seguro para analizar el rostro de Bella- Pues eres tonta si de verdad te sientes culpable por haberle hecho eso a Black, precisamente a Black…
—Puede ser que tú no tengas escrúpulos cuando se trata de relaciones personales, pero no tienes por qué acusar a los demás de ser como tú.
—¿Me podrías explicar que has querido decir exactamente con eso?
—No creo que sea necesaria ninguna explicación. ¡Pobre Irina!
—¿Pobre Irina? ¿Por qué pobre?
—Porque está locamente enamorada de ti, y tiene que ser terrible para ella encontrar al hombre con el que se va a casar tonteando descaradamente con otra mujer, siéndole evidentemente infiel en sus narices.
Edward se quedó repentinamente callado.
—Absolutamente terrible —dijo finalmente.
—¿Cómo puedes ser tan cínico? Puede que Jake no sea un santo, pero es mil veces más hombre que tú.
—¿En qué sentido Señorita Swan? Supongo que tiene una buena respuesta.
—Pues, él nunca me trataría como tú tratas a Irina.
—Mmm déjame entenderlo. Quieres decir que como te ha dado un anillo de compromiso, crees que te es fiel?, ja ja ja, permítame que me ría de sus palabras.
—Por supuesto que lo creo, él sería incapaz de algo así; le da un valor a las mujeres que tú jamás soñarías con entenderlo.
—No es mi intención romperte el corazón pequeña soñadora, pero estás muy equivocada. Ahora mismo, por ejemplo, apostaría todo lo que tengo a que está en la cama con otra mujer. –Bella lo miró con cara asesina, como si hubiera insultado al más santo de los cielos- No, no me mires así. No pretendo que me creas porque lo digo yo. ¿Por qué no lo llamas tú, a ver qué te parece su reacción?
—Porque me quitaste el teléfono, será una buena razón?
—Aquí tienes el mío –le extendió el móvil sobre la mesa- ¿Qué pasa? ¿No te atreves?
—Todo esto me parece… vulgar e innecesario; no creas que todos los hombres son como tú.
—Mmm, también podría ser que me hayan informado mal, pero claro, hasta que no lo compruebes por ti misma, no podrás estar segura. No tiene que ser sólo para pillarlo in fraganti. Puedes aprovechar la llamada para contarle cómo te van las cosas por aquí con tu nuevo Jefecito, quién sabe y a lo mejor toma su caballo blanco y viene al galope a rescatarte de mis garras. –Definitivamente Edward se había llevado el premio a la ironía.
Bella tomó el teléfono de un tajo y marcó el número de la casa de Jake sin pensarlo.
—¿Dígame? —dijo una voz femenina al otro lado.
—¿Puedo hablar con Jake? –dijo Bella, tratando de no dar crédito a quien escuchaba.
—Ahora mismo está durmiendo. ¿No puede esperar hasta mañana? Ah, un momento. Jake… Jake despierta, hay una mujer que quiere hablar contigo.
Bella colgó y bajo su mirada avergonzada.
—¿Cómo lo sabías? –susurró.
—Me lo dijo el detective que contraté. Me dijo que llevaba tiempo viviendo con una mujer. Al principio creí que serías tú, pero un día me enseñó una foto que les había sacado saliendo de casa por la mañana a primera hora. Siento que te tengas que enterar de todo esto, pero no podía permitir que siguieras en la ignorancia de aquella traición.
Bella se sintió herida y enfadada. Herida de que Jake la hubiera usado de aquella manera. Enfadada consigo misma por haber picado de una forma tan estúpida. Su único consuelo era que lo que tenía herido era su orgullo, no su corazón. Y que ahora que sabía la verdad detrás de todo aquello, se sentía mucho menos culpable por lo que ella había hecho.
Todo se aclaró en un instante, Jake sólo la había utilizado para llevar a cabo sus sucios planes y ella se había salvado por los pelos.
¿O no?
Todavía quedaba Edward, que no era el tipo de hombre que se tomaría a la ligera lo que él mismo había descrito como traición deliberada.
Pero ¿qué podía hacerle él si se negaba a volver a Severo con él?
Nada.
¿Nada?
Lo único que quería en ese momento era estar sola. Estaba cansada, de tanto viaje, tanta tensión, tantas emociones. Quería poner los brazos encima de la mesa, tumbar la cabeza sobre ellos, y ponerse a dormir. Eso era todo.
—Ha sido un día muy largo, y estás agotada. Deberíamos ir a casa para que te acostaras a descansar.
—No me voy a mover de aquí.
—Eso lo veremos. –cambio su tono tranquilo por uno más amenazador.
Tomándola por los brazos, la puso de pie.
—Si no me sueltas, me pongo a chillar en este momento.
Cuando abrió la boca para empezar a chillar, él la sujetó entre sus brazos y, atrayéndola hacía sí, la besó en los labios larga y apasionadamente.
Cuando por fin separó su boca de la de ella, preguntó:
—¿Te rindes?
Tras dudar unos instantes, Bella finalmente suplicó:
—Edward, por favor, no me obligues a volver.
—Black te metió en esto, de acuerdo, pero la que está en el lío ahora eres tú, y yo quiero…
—Venganza —susurró ella.
—Digamos que quiero que se me compense —respondió tajantemente.
Plop como Condorito, verdad? Edward sabía el plan que se traían entre manos Jake y Bella... felicitaciones a las lectoras que lo habían intuido desde el principio... son muy suspicaces chicas jejeje
Que pena por Bella, primero saberse traicionada por Jake y segundo verse descubierta por el hombre que aún quiere... no se lo deseo a nadie... pero es que fue tan tontillaaa... en fin que creen ustedes que querrá Edward como compensación...? vamos chicas ustedes pueden sacar las mejores deducciones jejejeje
Gracias a las alertas, fav y reviews... desde ya, ya se las quiere jejej abrazos cariñosos para BBQ25, DiAnA, Ale, Meli8114, Joli Cullen, Marym25, Beakis, TataXoxo, Horbak y a mi amiga bella L'Amelie ... gracias por todo el apoyo a esta adaptaciòn de personajes!
Espero les guste y me cuenten que tal se acerca el final snif snif...
Un abrazo
vivitace
mi twitter : arroba vivitace
