Cap3:
Tsuruga Ren era conocido entre todos los subordinados de Miguel por ser un ángel bastante obediente y seguidor de las normas, muy pocos conocían su verdadera forma de ser, era un ángel de apariencias, sus sonrisas escasamente eran sinceras, siempre respetuosas y terriblemente atrayentes, o eso había creído hasta que conoció a la mejor amiga de Mimori, Mogami Kyouko un ángel al que había que vigilar por que le encantaba escaparse y hacer de todo menos seguir las normas, hacía ya un tiempo que él había acabado convirtiéndose en la niñera de esas dos, y había terminado arrastrando a Yashiro con él a todo aquello.
Yashiro era sin duda el único que realmente le conocía, era al único que le había dejado atisbar un poco de su verdadero ser y que no lo había repudiado por ello.
Miguel lo seguía teniendo a su lado porque le recordaba a alguien aunque nunca le había dicho la razón exacta, ahora se encontraba una vez más furioso consigo mismo porque había perdido de vista a Mogami una vez más y le era imposible saber dónde estaba.
Desde que la había visto la otra vez junto con Yashiro en el claro no la había vuelto a ver más y lo peor de todo es que parecía que tampoco había hablado con Rasiel aun.
Caminaba con una expresión seria, ya que aunque había intentado cambiarla por otra un poco más amigable y seguir con su máscara le había resultado terriblemente imposible pues cuando ese pequeño y travieso ángel estaba metida en el asunto todo su control se iba por la borda y el único que podía ayudarlo a recuperarlo no estaba con él.
Su paseo lo llevó hasta las puertas de la gran biblioteca de Rasiel, suspirando pensó que tal vez leer algo lo distraería lo suficiente para poder volver a ser él mismo, abrió la puerta y recorrió los pasillos del lugar con tranquilidad buscando la clase de libros que a él le gustaba leer, encontró enseguida la fila que necesitaba pero no pudo sumergirse en la profundidad de los títulos y escoger uno de ellos, debido a que la voz de quien lo atormentaba le llegó de lleno:
-¿Por qué ese interés?-
-Simple curiosidad Rasiel nada más.- eso no era cierto, no era simple curiosidad en el tono de Mogami se escondía preocupación pero ¿por qué de qué estaban hablando?
-Está prohibido las consecuencias de ello podrían ser….- la voz de Rasiel se volvió un susurro inaudible Tsuruga caminó para acercarse y escuchar, mejor, de repente se percató de lo que estaba haciendo, él no era así, ¿o sí lo era?, ¿por qué le asaltaban dudas cada vez que ella estaba implicada en algo?
-¿Cuáles podrían ser las consecuencias?-
-Puede derivar en muchas cosas Mogami, pero la peor es si son descubiertos los amantes.-
-¿Por qué?, se supone que somos seres del amor, nosotros debemos que querer a todos y saber aportar el amor mejor que nadie, ¿por qué prohibirnos enamorarnos de quien deseemos?-
La tristeza que emanaban sus palabras lo dejó desconcertado y estaba seguro que Rasiel se encontraba en la misma situación, pero no por los mismos motivos, ¿acaso Mogami estaba enamorada?, ¿de quién?, ¿a quién amaba ella?, ¿por qué se sentía desesperado?
-Mogami todas estas preguntas son extrañas, se te permite amar a quien desees mientras pertenezca a los nuestros y bajo nuestras normas.-
-¿Normas?, ¿desde cuándo un sentimiento como ese se puede controlar con normas?, no tocar al otro, no acariciarlo, no sentirlo, ¿alguien de verdad que ame puede mantenerse alejado sin más?-
-¿Por qué te crees que ninguno de nosotros lo busca?, nadie cree poder hacer tal cosa y por ello cada cual sigue su camino sin lazos que atar.-
-Eso es injusto, hay ángeles que tienen mucho amor para dar, pensar que por ejemplo alguien como Mimori no puede expresar su amor libremente.-
Su voz sonó casi cargada de pesar Tsuruga se apoyó en una de las estanterías mareado, ¿qué estaba pasando?, ¿qué significaba todo eso?, ¿y qué le sucedía a él?
-¿Qué sucede si sobrepasan las normas y son descubiertos?-
-No quieras saberlo Mogami no es agradable.-
-Explícate.- exigió ésta enfadada.
-Si son dos ángeles se les separará uno del otro por la eternidad, como les sucedió a Catalina y Lorenzo.-
-Si fuesen de diferentes mundos, no sé, ¿un ángel y un humano? por ejemplo.- preguntó como queriendo restar importancia al asunto.
-Al humano se le borraría la memoria, al ángel se le encerraría por la eternidad por haber osado mostrarse ante uno de ellos.-
-¿Y si fuesen de la misma especie pero un caído?- la respiración de Tsuruga se detuvo ante esas últimas palabras, que parecían dichas con calma por la chica pero que para él encerraban algo más.
-Eso es imposible, inadmisible, al caído por supuesto se le mataría y al ángel se le desterraría.- el silencio se hizo muy pesado y al fin ella lo volvió a romper, para decir:
-¿Y qué pasa si se trata de un ángel y un demonio?-
-Estás haciendo demasiadas preguntas Mogami, creo que es mejor que….-
-¿Qué?- preguntó esta y Tsuruga estaba por salir y dejarse ver para que toda esa conversación se detuviera cuando Rasiel al parecer sospechando algo le dijo:
-Los matarían a ambos, eso es el tabú más grande, incluso Lucero cayó en las manos de Lilit y aunque a él no se le pudo matar esa es su condena y cuando se les alcance será llevada a la práctica.-
-Comprendo, eso les pasará si son descubiertos por los ángeles, ¿pero qué hay de los demonios?, ¿sabemos que pasa si son ellos los que descubren el romance?-
-Exactamente lo mismo, Lucero no quiere más ángeles en sus filas, y si este fuese descubierto él mismo daría la sentencia y la llevaría a cabo, para dos amantes así no hay escapatoria posible, si quisieran seguir hasta el final su única salida es la muerte para ambos, ese es el final del camino de esos dos.-
Tsuruga se quedó allí parado mirando hacia ninguna parte, cuando escuchó como ella se despedía y pedía disculpas por haberlo molestado él corrió a ocultarse, cuando ella pasó por su lado la miró de reojo para encontrar la mirada de ella cargada de tristeza y desesperación, no salían lágrimas de sus ojos, pero sin embargo él estaba por apostar que no tardarían en acudir a sus ojos.
Sin que Rasiel lo viera salió de la biblioteca necesitaba aire, y no sabía el motivo pero algo en él le pedía a gritos localizar a Mogami y mantenerse cerca de ella, un instinto más fuerte que él le reclamaba que debía protegerla a ella, que muy pronto algo le iba a suceder.
Negó fuertemente y gruñó furioso, sin pensar se dejó llevar por el sentimiento de impotencia que lo embargaba y golpeó fuertemente la pared a su lado, se llevó una mano a la cabeza, no, no, debía de controlarse, debía tranquilizarse ese camino de rabia e ira no lo llevaría a ninguna parte, debía de actuar con calma, después de todo era un ángel, uno que sabía manejar cualquier situación, cualquier problema, un subordinado de Miguel y no cualquiera, el mejor, él no podía permitirse dejarse llevar por emociones que se supone ellos los ángeles han de obviar.
Los ángeles, no amaban para no sufrir, no deseaban para no anhelar, no se dejaban llevar por el enfado y mucho menos por la ira ya que no eran caídos que se abandonaban a sus emociones como los humanos e incluso de manera más salvaje que estos, después de todo los humanos podían llegar a controlarse ellos mismos, pero los caídos se dejaban arrastrar y no les importaba, "¿por qué negar algo que nos ha sido entregado por padre?" negó, no podía dejar que esa voz entrara en su cabeza, no debía dejarla ir más allá, no recordaba cuando había pronunciado tales palabras pero sabía que debía olvidarlas, no recordaba del todo en que circunstancia las había dicho solo sabía que era su propia voz y que no podía dejarse llevar, tenía que hacer algo, debía encontrar a Mogami, si a su lado, estando a su lado esa parte de él parecía mantenerse alejada para no asustarla, ¿por qué?, ¿por qué no deseaba asustarla y que no se alejase de él?
Se apartó de donde se encontraba y comenzó a caminar, la voz del otro ángel que lo ayudaba le llegó:
-Ren, ¡qué te sucede?, pareces a punto de caer y no levantarte.-
-No es nada, Yashiro, ¿quieres acompañarme a buscar a Mogami?-
Ya fuese por cómo se encontraba o por la frase que acababa de pronunciar Yashiro se tensó, seguidamente miró a su alrededor y con expresión seria inquirió:
-¿No puedes controlarlo otra vez?, ¿crees que es buena idea que ella esté cerca?-
-Es la única que consigue que vuelva a ser yo.-
-Y la única que consigue que dejes de serlo.-
-Por favor.- replicó este y ahora si Yashiro se acercó a él alarmado.
-¿Tan mal?-
Tsuruga no contestó tan solo se dejó ayudar a salir de allí y adentrarse con él en el bosque, antes de encontrar a Mogami necesitaba respirar un buen rato por lo que se apoyó en uno de los árboles y se quedó allí quieto, metió la cabeza entre ambas manos mientras no dejaba de murmurar, Yashiro no abrió la boca en ningún momento tan solo permaneció como siempre allí quieto a su lado velando por él.
Cuando se sintió suficientemente bien para ser él mismo se puso en pie:
-¿Qué fue lo que sucedió?-
-Nada con demasiada importancia solo me maree un poco en la biblioteca nada más.-
Sin agregar nada comenzó a caminar hacía el boque dispuesto a encontrar a Mogami.
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Uno, dos tres, ¿cuántos quedarían?, Fuwa estaba en cierto modo impaciente, el punto de encuentro en esta ocasión había sido otro diferente, Mimori se lo había pedido desesperadamente que dejasen de ir al claro que ya no era seguro, le había mostrado el camino hacía un torreón abandonado, pero realmente hermoso, aunque estaba en ruinas el lugar en sus días de gloría debía de haber sido el lugar más hermoso que nunca había existido en ningún sitio, según Mimori era sagrado, eso le hizo sonreír, iban a romper una nueva norma más.
Era extraño que él, siendo quien era, se hubiese aventurado en algo como eso, pero Mimori, era tan atrayente e inocente, le hacía desear proteger su pureza, deseaba estar cerca de ella para protegerla y no dejar que nada manchara su existencia pura e inocente, y más después de descubrir por su parte que estaba rodeada de ángeles como ese Tsuruga Ren que claramente ocultaba algo, y haberle hablado de su mejor amiga la cual él solo había visto una vez, o eso pensaba ella.
Mimori tenía razón, su amiga era sin duda curiosa, creía de verdad que aún no se había percatado de que los espiaba cada día, pero eso se terminaría pronto hoy traía consigo a un idiota del inframundo que le ayudaría a asustar un poco a esa pequeña ángel entrometida, no estaba dispuesto a que ella hiriera a Mimori, ésta siempre hablaba de ella como si se tratase de la persona más maravillosa del mundo y a decir la verdad Fuwa sentía cierta curiosidad por saber porque los espiaba en lugar de descubrirlos sin más.
Mimori apareció ante él como siempre impecable y con una sonrisa que revelaba lo mucho que deseaba verlo a él, a un demonio que debería de causarle temor y repulsión, sin poder contenerse él también le ofreció una sonrisa, dio unos pasos y su sonrisa se ensanchó, una vez más no estaban solos.
"-Ya sabes que tienes que hacer Reino.-"
Solo pensó esas palabras pero en la mente de Fuwa resonó una risa clara y satisfecha mientras una imagen del ángel entrometido se formaba ante él, al menos su espalda y como era pillada por sorpresa por Reino.
A pesar del susto el ángel no gritó, no parecía dispuesta a revelarle a Mimori su presencia allí, eso lo hizo sonreír más, así sería mucho más fácil de retener e interrogar cuando Mimori estuviese a salvo de todo aquello, pero en ese momento solo deseaba disfrutar de la compañía de ella y nada más.
Lentamente Fuwa se acercó a una Mimori radiante de felicidad que se tiró a sus brazos y juntos comenzaron a hablar de diferentes temas a la par que se daban cortos besos y caricias, Fuwa debía de contenerse después de todo era un demonio y no resultaba fácil poder mantener sus instintos bajo control de hecho nunca lo había tenido que hacer pero ahora era distinto, no quería de ella más que protegerla no deseaba mancharla y sabía que si se dejaba llevar así lo haría.
El tiempo una vez más les jugó una mala pasada y llegó entonces la hora de la despedida, él como siempre se marchó primero, pero era consciente de que en breves regresaría, no miró atrás no lo creía necesario ella estaba en su territorio no correría peligro, no se desvanecería, y la única que la ponía en peligro pronto dejaría de hacerlo.
Se ocultó en las profundidades del bosque y esperó a que Mimori se alejase no entendía porque siempre hacía eso, porque esperaba a que él desapareciese de su vista para irse ella.
Cuando ya estaba seguro de que ella ya no estaba cerca Shou comenzó a caminar de regreso a la torre en ruinas, iba calmado, por allí no había nadie y al parecer tampoco solían pasar muy a menudo, era en verdad igual al claro un sitio desierto de ángeles, nadie lo localizaría ni los interrumpiría.
-Nada me impide disfrutar después de todo.- esa era la voz de Reino.
-Suéltame miserable demonio o te juro que…-
-Me temo pequeña que te he escogido al igual que Shou Fuwa parece divertirse con esa angelita yo creo que he decidido disfrutarte a ti, además pareces mucho más aprovechable.-
Shou frunció el ceño no había traído a ese idiota para eso, pero meterle algo de miedo a esa tonta sin duda sería una buena idea,
Caminó con cuidado y se apoyó en una de las columnas de forma despreocupada con ambas manos ante él cruzadas y mirando la escena como si fuese lo más normal del mundo.
-Tú despreciable ser, estás muy equivocado conmigo.-
La voz de ella ahora pareció llegarle más clara y eso atrajo su atención algo en el tono de ella, algo en su actitud, se separó de la columna descruzando sus brazos y dio unos pasos para acercarse a ellos dispuesto a intervenir, pero no fue necesario, Shou abrió los ojos al máximo cuando el ángel que parecía indefenso en apariencia pareció cambiar radicalmente y sonriendo de forma pícara agarró a Reino de uno de sus brazos y con una fuerza descomunal lo lanzó hacía su dirección, a Shou solo le dio tiempo a agacharse para que este no le diera a él mismo y se lo llevara por delante.
Cuando se recuperó no pudo hacer mucho más, ella se encontraba justo delante de él, con los ojos fijos en los suyos cargados de enfado y repletos de orgullo y desafío.
Shou abrió aún más los ojos al ver los de ella, y se quedó helado sin poder decir nada, mirando los ojos de esta:
-Si vuelves a tocarme te juro que lo lamentarás y me importará muy poco lo que diga Mimori.-
Lo empujó lejos de ella y estaba por marcharse cuando Shou pareció entrar en razón y agarró con fuerza la muñeca de esta y la obligó a volver junto a él acercándola a su cuerpo lo máximo posible, ella se quedó estática sin saber que decir al tenerlo tan sumamente cerca.
Este llevó una de sus manos al rostro de ella sin salir de su sorpresa, cuando sus dedos fríos rozaron la mejilla de ella ambos sintieron un escalofrío, y él solo pudo susurrar:
-No era Mimori.-
Ella abrió los ojos al máximo y tiró para intentar soltarse de él alejarse lo máximo posible, sabía que si seguía en esa situación algo acabaría yendo mal o eso intuyó él por lo que la aferró aún más fuerte contra él ahora con ambas manos.
-Fuiste tú, tú entrante en el inframundo, tú me desafiaste, eras tú y no Mimori, ¿por qué entonces ella me reconoció?-
-Suéltame.- reclamó ésta intentando soltarse pero no la dejó ir.
De repente un grito desgarrador se escuchó en el lugar y ambos miraron al lugar de donde provenía tal sonido para encontrarse a Reino con una espada clavada en el pecho y retorciéndose.
-Tsuruga.- La voz de ella le llegó repleta de miedo y sin pensar la colocó tras de sí, no permitiría que la dañaran, no, ahora que la había encontrado no se la arrebatarían.
Desenvainó su espada dispuesto a luchar contra ese Tsuruga Ren que lo miraba con una expresión cargada de furia, a su lado se encontraba otro ángel más que también llevaba su espada desenvainada, ¿a cuál quitar del medio primero?
Mejor deshacerse del desconocido, quería disfrutar de enfrentarse a Tsuruga Ren sin interferencias de ninguna clase.
De repente algo en el ambiente cambió y una neblina espesa comenzó a aparecer en el lugar:
-Escape mi señor Shou.- la voz provenía de Reino el cual poco a poco había comenzado a desaparecer del lugar pero tenía la espada de Tsuruga agarrada con fuerza sin estar dispuesto a soltarla.
Shou comprendió enseguida el sacrificio de este, envainó su espada y rápidamente se giró, la única manera de volver a verla era la que seguía y no estaba dispuesto a no volver a verla, se acercó a ella tanto que sus respiraciones se mezclaron, seguramente para los otros dos sujetos les sería imposible verlos ya, no sabrían que había hablado con ella antes de desaparecer:
-Si no estás aquí mañana después de que Mimori se marche te juro que al día siguiente acabaré con ella yo mismo.-
Era mentira pero ella no podía saberlo, el miedo que embargó los ojos de ella le hizo entender que se lo había creído, lamentaba tener que amenazar a la más pura de los ángeles que había conocido pero solo ella importaba.
-Entiéndelo bien Kyouko sino asistes te juro que no te gustará como terminará todo.-
Sin más saltó desde lo más alto de la torre y corrió, estaba a punto de adentrarse en el bosque cuando se detuvo súbitamente necesitaba…
Se giró rápidamente para ver de nuevo a Kyouko en la parte más alta de la torre mirando perdida hacía donde él estaba, su expresión lo hizo quedarse estático no podía, no quería dejarla así, iba a dar un paso hacía la torre para acercarse a ella, llevársela si era necesario de allí:
"-Regresa de inmediato mi señor no podré retenerlo mucho más, este ángel no es un ángel normal.-"
La voz de Reino le llegó de pleno y maldijo en forma de grito:
-Maldición Reino.-
Se giró y se marchó de allí, debía regresar, debía verla, si ese Tsuruga le hacía algo lo lamentaría.
Pero no, no lo haría, ese despreciable no la dañaría al menos no la mataría y mucho menos la delataría, él al igual que él mismo la amaba por ello había matado a Reino porque no había podido ponerle las manos encima a él.
