Estimadas lectoras, por este medio quiero agradecer los amables comentarios que dejaron en el primer capítulo. Les juro que este relato promete ser divertido. Mi única intención es regalarles un fic que les arranque un par de carcajadas. Advierto que este fic puede contener situaciones bastantes absurdas. Además, ni los personajes, ni la serie Candy Candy es de mi autoría (Ya ustedes saben: Disclaimer.. blah, blah, blah). Un gran saludo... Vale Sensei.

En carne propia

Por: Valerie Sensei

Capítulo 2

Nota: Desde este punto en adelante, cuando se mencione a Candy, se referirá al espíritu de ella en el cuerpo de Neal y viceversa…

Después de soltar semejante grito, un chico entró corriendo a la habitación.

-¿Qué te pasa, Leegan? Déjate de mariconadas y vámonos a desayunar de una buena vez.

Candy se volteó a ver de quién provenía la voz y casi se desmayó del susto. ¡Había un chico en su dormitorio!

-¡Hola! ¿Acaso no me escuchaste? Déjate de estar parado como un reverendo imbécil, mirándome como si vieras un fantasma. ¿No sabes qué hora es? ¡Es tardísimo! Las malditas monjas nos dejarán sin desayuno. ¡Apúrate!

Candy comprendió inmediatamente que no estaba en su habitación, que ella no estaba soñando y que su cuerpo había sido cambiado por otro. ¡Ella se encontraba metida en el cuerpo de Neal! Un estado de desesperación se apoderó de ella, pero enseguida pensó que no le convenía demostrar que algo había cambiado en el cuerpo del chico de greñas de color miel. Decidió vestirse lo antes posible y siguió a su nuevo compañero de cuarto. En los pasillos del los dormitorios masculinos, se veían cruzar de unas habitaciones a otras chicos sin camisa y algunos en paños menores, lo que ruborizó a Candy. Trató por todos los medios de no fijarse en esto, aunque sentía la terrible urgencia de mirar. ¡Todo esto era tan nuevo para ella! A pesar de las fuertes distracciones que se le presentaron en el camino, Candy no dejaba de preguntarse qué habría pasado con su cuerpo y qué habría ocurrido con Neal, por lo menos con su alma y espíritu, ya que ella estaba en completa posesión del cuerpo de éste.

Finalmente, llegó al salón comedor y buscó desesperada con la mirada a Neal, o mejor dicho a su cuerpo, pero con el espíritu de su némesis. Lo divisó y fue enseguida donde él. La cara de susto y desesperación le indicaron que él también se encontraba en la misma situación que ella.

-Tenemos que hablar- le susurró Neal a Candy. –Dime dónde y cuándo.

-Por la tarde, en la segunda Colina de Pony.

-¿En dónde mierdas? – preguntó extrañado.

-En la segunda Colina de Pony. Es la pequeña colina que queda detrás del colegio. Es el lugar donde siempre voy por las tardes.

-Ah…-respondió fastidiado.

-Mientras tanto, tendrás que seguir a Patty y no hables mucho hoy. No nos conviene que nadie sepa de esto. ¡Nadie nos creería! Por más que tengas mi voz y mi cuerpo, los demás pueden notar algo extraño cuando sueltas tus insultos por esa boca.

-Por lo menos, no tengo que tratar que caminar muy femenina que digamos…

-¿Qué dijiste, pedazo de estúpido?- La rubia lo agarró por el cuello con ganas de estrangularlo.

-Recuerda: soy una mujer ahora- sentenció Neal con una sonrisa satánica.- Tú empezaste, Candy.

Era realmente difícil, para los dos, mirar al cuerpo que por tanto tiempo, que toda la vida había sido propio.

-A propósito, -prosiguió Neal, con una pícara sonrisa. -¡Qué molestos son los sostenes que usas! Patty tuvo que ayudarme a ponérmelo. –Candy quedó asqueada con la manera que Neal hablaba de sus senos. Era muy probable que el maldito cerdo hubiera estado observando lujuriosamente su cuerpo y el de su amiga.

-Bueno, bueno. Vete ya. No es bueno que nos vean hablando mucho. Nos vemos en la tarde.

-Está bien.

Cada uno se fue a desayunar con sus respectivos compañeros. El día transcurrió en aparente orden, a pesar del caos que se estaba dando en las mentes de Candy y Neal. Cada uno trató de hablar lo menos posible, cosa que extrañó a Patty, que su querida amiga estuviera bastante silente durante el día.

Por la tarde, apenas pudieron escaparse de sus respectivas amistades, Candy y Neal acudieron a la segunda Colina de Pony.

-¿Cómo te fue durante el día?- preguntó Candy, con la intención de ser cortés con Neal.

-¡Horrible! No sabes lo que es escuchar a la cuatro ojos de Patty, todo el día hablar sobre Stear. O mejor dicho, lo sabes pero parece que no te molesta- le contestó Neal, mientras se sentaba debajo del árbol de la colina.

-Bueno, Neal. Sabes que estamos en una situación complicada. No es momento de quejarse. Además, el solo hecho de estar en otro cuerpo es mucho más terrible que escuchar a Patty. Sí, lo acepto... a veces Patty es insoportable, no se calla. Pero ése no es el problema. Lo primero que tenemos que estudiar es cómo salir de este hechizo que la gitana nos echó. Después que te reíste de ella…- le dijo con rencor.- ¿Qué dices ahora? ¡Ah!

-Lo seeee- replicó Neal fastidiado.

-¿Te acuerdas exactamente del hechizo de ella?

-Bueno, - contestó Neal un poco más amable; éste sabía que era necesario cooperar para salir del embrollo, - la maldita bruja habló de la Luna en el cuarto creciente y cuando está llena.

-Bien. Lo primero que tenemos que averiguar, en qué fase se encuentra la Luna y cuántos días hay entre una fase u otra. Ella también mencionó que cuando nuestras almas se encuentren…

-Eso será bien difícil. A ver, dime cómo rayos nuestras almas se encontrarán. La verdad, Candy, es que tú y yo somos como el agua y el aceite. No es por nada, pero estamos aquí tranquilos conversando por el temita este del cambio de cuerpo. De lo contrario, estaríamos como perros y gatos.

-Es cierto. Bueno, hagamos algo. ¿Por qué no hacemos las paces, mientras salimos de este lío? Sólo por unos días. Digo, regresaremos a la normalidad, ¿no?

-Yo espero. Te juro que no sé cómo puedes soportar ser mujer. Hoy me fijé como Terry te miraba, perdón, me miraba con cara de enfermito sexual. Casi se le salían las babas. ¡Qué asco!- Neal se agarraba la cara con terror.

-Calma. Por lo menos te miran. Hay muchas chicas que ni les hacen caso.

-Sí, realmente hay muchas chicas feas en el Colegio.

-Ni hablar de chicos.

-No me digas que has estado observando hombres con mi cuerpo- le decía Neal amenazante.

-Bueno, a mí no me puedes reclamar. Seguramente te la pasas mirando a las demás chicas cuando estás en el dormitorio. ¡Cerdo!

-No me digas nada. Es mi naturaleza de hombre. A pesar de tener este cuerpo, todavía (gracias a Dios) pienso y siento cómo hombre- decía orgulloso.

-Neal…- Candy se sentía avergonzada ante la pregunta que le formularía al chico. -¿Por qué por la mañana…?- la chica titubeó, no se atrevía a preguntar.

-¿Qué pasa? ¡Dime de una vez!

-¿Por qué por la mañana, cuando pensé en Terry..., se puso "eso" duro y levantado?

Neal no pudo aguatar la risa. Rió como nunca. Candy se quería morir de la vergüenza.

-Por las mañanas… - seguía riendo como loco- es completamente normal. Cuando "eso" se levanta y se pone duro..., -dejo de reírse y se puso serio- es porque estás excitada- terminó secamente.

La chica no pudo más que esconder su cara entre sus piernas. Neal retomó la risa, a pesar de sentirse altamente celoso por saber que Candy se excitaba por ver al tonto de Terry. Después de un largo momento de silencio, ambos quedaron en encontrarse al siguiente día allí mismo y, mientras tanto, Candy averiguaría sobre las fases de la Luna.

Allí, a lo lejos, arriba de un árbol trepado, sin poder escuchar lo que ambos conversaban, un chico pelinegro de ojos azules enfrentaba un terrible ataque de celos.