Internado Forks para Chicos Rebeldes

Capitulo 7

Detención

-La he tenido peor –dijo Edward mientras caminábamos hacia la sala de limpieza.-Como la vez que con Emmet y Jasper se nos ocurrió ir a probar el porro en las canchas de fútbol. Esa vez estuvimos todo un mes sin salir e incluso llamaron a nuestros padres.

-TU? Fumando porro? No me hagas reír –le dije riéndome.

-Qué no me crees?- me dijo algo mosqueado.

-No se nota?

-Deja de responder preguntas con más preguntas!

-Solo si tú dejas de ser tan detestable- le dije sacándole la lengua. Iba a tener que pasar un día completo con el, talvez lo mejor sería que me comportara.

Llegamos a la sala de limpieza donde nos esperaba una señora con una malla en el cabello.

-Ustedes son los revoltosos, no?- ambos asentimos con algo de vergüenza.- Muy bien, tomen estos guantes y vayan a fregar los platos de la cena de anoche. –dijo tirándonos unos guantes- luego se van al jardín a podar los pinos. Después de eso los quiero a ambos trapeando el gimnasio y cuando terminen con eso, deben ir a podar el césped de las canchas de fútbol. Entendido?

Esto era un maldito campo de concentración! Como era posible que nos dieran todo ese trabajo. Sentí pena por el pobre Edward que estaba aquí por mi culpa. Aunque realmente, haber golpeado a Tanya lo valía.

Caminamos en silencio hacia las cocinas y cuando entramos vimos pilas y pilas de platos sucios esperando ser lavados.

-Cuánto pueden comer?-dije impresionada.

-Toneladas diría yo.

-Pues deberíamos empezar antes de que se nos haga tarde para todo lo demás. –dije y me puse los guantes que nos habían dado.

Edward hizo lo mismo y caminó hacia el fregadero. Después de quebrar algo así como 4 platos, quedamos en que el lavaba y yo secaba… torpe yo.

-Color favorito? –le pregunté mientras me pasaba un plato recién lavado. Habíamos comenzado a jugar a las 20 preguntas para matar el tiempo. Todo era mejor que el silencio.

-Azul –me dijo moviendo la cabeza como si asintiera.

-Creí que sería algo así como el gris o el blanco…

-Pues te equivocabas para variar –lo fulminé con la mirada al termino de su frase.

-Bien… a qué es lo que más le temes?- me preguntó.

-Eso es fácil… pues a estar sola. –admití. Hubo un silencio algo incomodo para mi que fue interrumpido por un chorro de agua directo en mi cara que me hizo soltar el plato que secaba.-Qué demonios te pasa!

-Para que no te sientas sola –dijo mostrándome una cara de ángel fingida.

-Me hiciste romper otro plato! –protesté.

-Eso es porque tienes dedos de mantequilla –dijo riéndose.

-La vas a pagar Edward! –dije tomando la otra manguera del fregadero y lanzándole un chorro directo a la entrepierna. Escuché un sonoro "OU" mientras vi como se agarraba la zona con sus dos manos. Le tomó un minuto retomar su postura anterior.

-Eres peligrosa, Swan. – a lo que yo respondí con una sonrisa.

Para cuando terminamos de lavar todos los platos ya era una hora decente para que la gente saliera del encierro y se fuera a donde quería ir. Caminamos hasta el jardín delantero para podar los pinos y cuando estabamos en medio de la acción una vocesita nos interrumpió.

-Se divierten? -dijo Alice.

-No sabes cuanto... -respondió Edward.

-Por lo menos no están solos -y sonrió.- Ah, Bella, no te había podido contar, pero Tanya si tiene el ojo morado.

-De veras! -vi como asentía con su cabeza.

-Incluso trato de cubrirlo con maqillaje pero solo lo empeoró -dijo Rose partiendose de la risa.

-Parecía mapache! -gritó Emmet.

-Pues entonces vale la pena el castigo -dije triunfante. -Y ustedes, a donde van?

-Al pueblo... iremos al cine.- dijo Jasper- siento que no puedan ir.

-Está bien... con al señorita rebeldía creo que podemos soportarlo -dijo Edward.

-Pues entonces adiós -dijo Alice- nos vemos luego. Bella te traeré algún regalo de Forks. -y dicho esto todos se marcharon.

Respiré hondo.

-Bien... de vuelta al trabajo.- Comenzé a cortar algunas ramas cuando me asaltó una duda que había tenido desde hace dos semanas atrás.- Edward?

-Si?

-Me quedan algunas preguntas del juego aún verdad?

-Pues... si.

-Entonces, quiero saber por qué discutían tu y Tanya esa noche del domingo despúes de la fiesta?

-Pues... ella estaba molesta. No le gustó la idea de que... -vi como agachaba un poco la cabeza- durmieras en mi habitación.

-Asi que por eso... -dije pensando en voz alta. Ahora todo encajaba. Por eso Tanya me detestaba tanto! Creía que entre yo y Edward pasaba algo. Sacudí mi cabeza por el solo hecho de pensarlo. La idea no era del todo tentadora.

El tiempo pasó rápido y para las 5 de la tarde ya habíamos trapeado, lavado y podado. Creíamos que habíamos terminado, cuando se nos acercó la eñora de la limpieza.

-Como terminaron antes, tengo que pedirles que hagan otra tarea.

-Otra más! -dijimos ambos.

-Necesito que vayan al campo de golf y recojan als pelotas que encuentren tiradas.

Busque en mi mente excusas para no hacerlo, pero al no encontrar ninguna me encontré aceptando al tarea junto con Edward. Fuimos hacia los carritos, ya que según Edward el campo (que yo jamás había visto) no quedaba nada de cerca, y cuanta razón tenía. Nos demoramos por lo menos diez minutos en el condenado carrito.

El lugar era enorme! Y se supinía que recogeríamos las pelotas que quedaban... esto iba a tardar.

-Bien... yo voy por allá-dije señalando al norte- y tu por allá- y le apunté hacia el sur.- y nos encontramos aquí en media hora. - Edward asintió y nos fuimos.

Durante mi caminata pensé en algunas de las respuestas que me había dado Edward durante el juego. Algunas muy corrientes y otras algo más serias. La verdad era que me quedaba una sola pregunta y no sabía cual sería, mientras que a el le quedaban como minimo 5. Era un poco más perspicás a la hora de preguntar cosas, pro ejemplo, yo hacía una pregunta y a penas respondía le preguntaba el por qué y eso ya contaba como dos preguntas.

Caminé y caminé y no encontré ni una sola maldita bola. Estaba empezando a hartarme hasta que decidí volver al punto de encuentro. Mientras caminaba divisé a Edward sentado revolviendo en sus bolsillos en busca de algo.

-Encontraste algo?- me preguntó a penas me vio. Yo me senté a su lado.

-Nada... tu?

-Nada tampoco. -hubo un silencio mientras seguía buscando en sus bolsillos- Ajá! Sabía que tenía uno en esta chaqueta- y del bolsillo saco lo que a simple vista era un igarrillo, pero para gente más experimentada en el tema como yo, era evidente que era un porro.

-Oye! Qué estás haciendo?

-Tu qué crees? -me dijo poniendoselo en la boca. Se lo quité de ahí.

-Estás loco! Si nos descubren nos hechan! Además tu ya me contaste que una vez los descubrieron.- le dije histerica.

-Te puedes calmar? -dijo quitandome el porro de la mano con brusquedad- No va a pasar nada... además, creí que la rebelde aquí eras tú -me dijo mirandome como si estuviera retandome.

-Qué se supone que significa eso, eh?

-Acaso nunca lo has probado? - me quedé en silencio, pero asentí con la cabeza. Porsupuesto que lo había probado.- Entonces debes saber que uno no le hace mal a nadie... además ninguno de los dos es drogadicto, solo es para divertirse un rato.- seguí en silencio.- Ah... ya sé... lo que pasa es que no te atreves.

-Me estás llamando cobarde?

-Pues eso creo que eres -me dijo de nuevo con esa sonrisita torcida que ponía.

-Dame acá! -dije quitandole el porro otra vez de la mano y poniendomelo en la boca. Saqué un encendedor de mi bolsillo y comencé a prenderlo. Dios! Este chico podía convencerme de lo que fuera solo con retarme. Si seguía así, algún día iba a morir en alguna apuesta suicida con Edward Cullen.

Por fin prendió el maldito cigarro y comencé a aspirar. El sabor no era muy bueno, así que supuse que no era marihuana pura. Dejé que mis pulmones se llenaran con el humo y se lo devolví.

-Pareces una experta -dijo riendose pro lo bajo.

-Ay ya callate! -aspiró- de donde sacaste eso?

-Se le calló a Newton en los camarines de la clase de gimnasia. Y bueno... algo así no se puede desperdiciar.- coincidí en eso.

Al cabo de unos 5 minutos ya nos habíamos terminado todo el cigarro y empezaba a hacerme efecto.

-Virgen? -me preguntó.

-No. Te quedan 4 preguntas. -le recordé.

-Poison o The Ramones? -supe que se refería a las bandas musicales.

-Blink 182 -dije riendome histericamente.

-Tramposa! -también se rió.-Bien... te arrepientes de haber besado a la ultima persona que besaste? -me dijo derepente con seriedad. Lo pensé un momento... es decir, Jacob era guapo y todo, pero primero había sido un beso erroneo y segundo nisiquiera lo había sentido.

-Debo decir que si...

-Muy bien -pude ver su cara de burla. Como si interiormente se estuviera riendo de mi, pero de todos modos estaba muy drogada como para interpretarlo bien.- Piercings?

-Un momento... no me vas a preguntar por qué me arrepiento?

-Perdería una pregunta.

-Jaja... muy bien... pues, si- le dije sacando la lengua y mostrandole mi piercing.

-Eso es... como lo haces para esconderlo! Nunca lo había visto.

-Pues no sé... tampoco es como si nos hablaramos tanto. Alice lo notó el primer día.

-Pequeño duende metiche -dijo haciendo alusión a Alice y ambos nos caímos de espaldas de la risa.

En ese momento simplemente el mundo dejó de ser un lugar normal. Era como si las nubes se agruparan de direfentes modos formando figuras, como si me hundiera en el cesped, como si la brisa me llegara de un modo diferente. Pude notar lo anaranjado del cielo... se estaba oscureciendo. Los pajaros bailaban para mi... o para mi mente. Empecé a reirme de una manera totalmente retardada pero muy compulsiva, y como si fuera contagioso, Edward hizo lo mismo. Pero repentinamente, comenzaron a caerme Gotas de agua en la cara. Estaba lloviendo? Podía ser, uno, porque era Forks y el clima era horrible; y dos, porque en ese minuto todo podía pasar para mi.

-Está... lloviendo? -me preguntó Edward.

-Es... agua. -Ambos miramos a todos lados buscandole una explicación y vi que los regadores estaban encendidos y nos estabamos mojando completamente.- JAJAJA solo son los regadores!

-Que idiotas -dijo el riendose aun. Se levantó y me tendió la mano, gesto por el que nisiquiera dudé ya que no estaba en mis cabales.

Cuando estuve de pie, comencé a correr hacia la fuente del agua.

-Soy la reina del campo de golf! Vamos gallina Edward, temes mojarte un poco! -lo reté.

-Ya vas a ver- me dijo corriendo tras de mi.

Sentía cada terminación nerviosa de mi cuerpo reaccionar al contacto con el agua. Era hermso, era maravilloso, era lo mejor! Empujé a Edward al suelo y me abalanzé sobre el.

-Te dije que era la reina! -le dije.

-Estás muerta! -me dijo y en un segundo le tenía encima de mi. Me sostuvo por las muñecas y me miró, pero estaba demasiado ida como para tomarlo en serio, y en vez de haberle gritado como lo hubiese hecho un día normal, comencé a reirme compulsivamente. Sin poder contenerse, el también rió y calló pesadamente sobre mi estomago.

Aun riendo, lo aparté de mi y me levanté. Y en ese preciso momento comencé a sentir calor. Sabía que era imposible, pero era un calor abrumador y extenuante. El impulso de quitarme la polera me superó así que sin pensarmelo lo hice y miré la cara de un estupefacto Edward cullen.

-Qué? Nunca habías visto una chica sin polera!

-Eres una indecente lo sabías? -me dijo levantandose y riendo.

-Ni que estuviera desnuda o algo así -dije señalando mi brassiere.- Además, te apuesto que tu también tienes calor.

Nisiquiera se detuvo a dudar un segundo antes de quitarse también su remera. Y ahí estabamos, dos chicos... dos perdidos en medio de un campo de golf, drogados, mojados y riendonos de lo primero que se nos cruzara. Para cuando el efecto comenzó a disminuir ya era completamente de noche, así que mojados como estabamos nos subimos al carrito donde yo conducí está vez y Edward me hizo saber que jamás me dejaría hacerlo de nuevo.

Llegamos por la entrada de atrás y muertos de la risa intentando no hacer ruido, hasta que nos topamos con la misma señora de la limpieza quien nos observó de arriba a abajo. Por suerte nos quedaba algo de decencia y nos habíamos puesto las remeras.

-Ya volvimos -dijo Edward y yo contuve la risa. Vi que la mujer nos miraba con desconfianza.

-Lo noté. Y las pelotas?

-Pues es una larga historia sabe... pero al verdad no había ninguna -repuse yo.

La mujer enrojeció de rabia y en ese momento Edward me tomó de la mano y dijo un corto:

-Bueno, ahora nos vamos a dormir, adiós.- antes de salir corriendo escaleras arriba.

Las condenadas escaleras eran eternas, pero nos reimos todo el camino arriba.

Cuando por fin llegamos a nuestro piso, nos sentamos abatidos en el escalón.

-Viste su cara? -le dije riendo e intentando respirar con normalidad.

-Con suerte nos slvamos de otro castigo, eh-me dijo el intentando recobrar la respiración también.

El pasillo estaba oscuro; ni idea de donde estaba la gente. Solo eramos él y yo sentados en un escalón.

-Sabes?... no eres tan pesado cuando te lo propones.- le dije.

-Y tu no eres tan insoportable...

-Ni tan antipático...

-Ni tan desquiciada -sentí como se me acercaba poco a poco.

-Ni... tan... - podía sentir su respiración de lo cerca que estaba.

-Frustrante... - vi sus ojos posados en los míos y... el sonido de un celular nos saco del trance.

Me apresuré a meter la mano en mi bolsillo empapado y saque mi celular. Alice.

-Mierda! Como pude no darme cuenta que tenía el celular en el bolsillo! Que tan idiota puedo ser!- sentí que Edward se reía casi con frustración.- Esto es tu culpa, lo sabías?- Le dije.

-Como puede ser mi culpa?

-Tu me convenciste de que te siguiera!

-Y acaso tu no piensas!

Genial... unas horas de paz y ya estábamos peleando de nuevo.

-Me retracto de todo lo que dije antes! Si eres insoportable -dije levantándome.

-Pues... pues yo también me retracto!- y se levantó.

-Yo me retracté primero! - dije caminando hacia mi cuarto.

-Pero yo me retracto con más ganas! -dijo mientras me veía abrir mi puerta y entrar a mi habitación.

-NO ME SIGAS!

-NO TE ESTOY SIGUIENDO!

-ENTONCES ADIÓS!

-PUES ADIÓS! -dijo y me dio la espalda. Cerré la puerta de mi habitación con un portazo. Después de todo, el día había terminado mal a causa de mi mal genio... Aunque, el tenía la culpa, saben?

Maldito seas Edward Cullen! Nunca un chico me había resultado tan... frustrante, insoportable, desquiciadamente molesto y aun así la vida hacía que estuviéramos juntos en todas las situaciones sin poder tomarme un respiro de tu inigualablemente detestable personalidad. Quería que me dejaras en paz, pero al parecer, todos los caminos me llevaban a ti.

CAP 8