Advertencia: El siguiente fic contiene escenas y situaciones absurdas. Si gustas de este tipo de lectura, adelante.

Ni Candy, ni los personajes, ni la serie me pertenecen. Disclamer...

En carne propia

De: Valerie Sensei

Capítulo IV

Neal salió del abismo en el que estaba al haberle propinado una buena trompada a su hermana. De repente, se encontró con un caótico salón, de clases lleno de féminas gritando histéricas. Algunas lloraban, otras corrían despavoridas para el otro extremo del aula, con el miedo que fueran a ser la próxima en recibir una zurra. Patty había quedado helada y no se atrevía ni pestañear. El golpe fue tan potente que un hilo de sangre bajo por la nariz de Elisa, mientras ella se encontraba tendida sobre el suelo. Lo único que pudo pensar Neal fue en las terribles consecuencias que esto acarrearía para él.

-¿Quién te crees que eres para pegarle así a Elisa, huérfana de mierda? ¿Por qué mejor no te dedicas a trapear el suelo?- gritaba desesperada Louise, una de las pocas amigas que Elisa tenía.

-¡Qué bárbara, pega como un macho!- comentaban entre sí las chicas que huyeron aterrorizadas. –Ésa es la educación que deben recibir los huérfanos en el Hogar de Pony. ¡Qué horror!

Maldita sea! ¿Por qué a mí? ¿Por qué tengo que estar metido en esta jaula de hurracas?", pensaba Neal.

La Hermana Socorro, maestra que justo entraba a su aula a dar la clase, encontró un terrible escenario. Tuvo que usar su voz grave y de ultratumba para tranquilizar a todas las chicas que estaban descontroladas.

El chisme del puñetazo que Candy White Andrew le dio a Elisa Leegan recorrió la escuela como pólvora. Nadie podía creer lo sucedido y menos que nadie, Candy. A Elisa la llevaron inmediatamente a la enfermería en donde recuperó la consciencia y juró llevar este asunto a mayores. La Hermana Grey vio en esta nueva situación una excusa para castigar a "Candy".

Neal pasó todo el día más aburrido que un hongo, acostado en el catre maloliente del cuarto de castigos. Se entretuvo viendo alguna que otra cucaracha asomarse por las rendijas de las paredes. Pensó largo rato en la situación ocurrida con su hermana y se arrepintió de haberle agredido de esa forma tan brutal, aunque él estaba convencido que ella lo necesitaba. Hacía mucho tiempo tenía las ganitas de darle una buena bofetada, pero siempre se contenía. Cavilando sobre todos estos temas quedó profundamente dormido, cuando escuchó que en la ventana tocaba alguien. No pudo distinguir a la persona a simple vista, ya que el sol justo estaba detrás de quien venía a visitarlo. Entonces, vio un cuerpo muy conocido, tan conocido como él mismo. Se dio cuenta que era Candy.

-¿Qué te pasó? ¿Por qué estás aquí?- preguntó Candy, mientras entraba con algún esfuerzo por la ventana.

-¿Acaso no te enteraste? Dudo mucho que no hayas escuchado ya, que le di un trompadon a Elisa.

-Entonces, ¡era cierto! Es que no lo podía creer. Por eso vine a corroborar la información contigo.- Candy estaba enloquecida y brincaba emocionada.

Una vena comenzó a brotarle a Neal en la nívea frente de Candy. Ésta lo miro con horror, ya que jamás esa vena había salido en "su" frente. A simple vista, Neal se estaba enojando.

-Y, ¿qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara de odio?

El chico en cuerpo de mujer trató de contenerse, sin embargo esta situación ya lo tenía bastante enloquecido.

-Candy…-hizo lo posible por serenarse lo más que pudo y continuó- Candy… dime que cuando estás con mis amigos no haces esos gestos tan femeninos. ¡Dímelo!- gritó iracundo, a la vez que le agarraba los brazos con vehemencia.

-¿De qué hablas, no te entiendo?

-De eso mismo que estás haciendo. Parezco un mariconazo. O sea, tú pareces un maricón con ese cuerpo de hombre y los malditos gestos que haces de mujer. ¡Dios mío, nooooooo!- el chico se estaba hiperventilando.

-Pero, Neal…- la rubia trató de sosegarlo,- yo trato de actuar lo más masculino posible. No te preocupes por esto. Además, no te he contado… ¿Recuerdas que quedé en averiguar lo de las fases de la Luna? Pues te tengo una buena noticia- la rubia lo decía con súper entusiasmo, y con sus puñitos hacia arriba, moviéndolos frenéticamente.

-¡Basta! No hagas más así. ¿No ves que estás actuando como una mujer? – Neal se tiró bocabajo en la cama, para no ver más a la rubia.

-Entonces, no me mires. No me mires. Sólo vine a contarte que el próximo domingo a la media noche se acaba nuestro sufrimiento, volveremos a nuestros cuerpos. ¡Yeiiiii!- Candy celebraba brincando de un lado a otro.

Neal se levantó de la cama y por primera vez, las lágrimas salían involuntariamente. Éste sintió que algo extraño estaba sucediéndole y preguntó asustado: "¿Qué me pasa?"

-Nada en particular. Estás llorando. Debe ser porque te emocionaste por la noticia. Además, te recuerdo que tienes la menstruación. Por lo tanto, estás híper sensible. Cualquier cosa te puede hacer llorar.

-¡Nooooo! Me quiero morir. ¡Me quiero moriiiiir!

La chica, ahora todo un hombre en cuerpo, no pudo aguantar las ganas de reír y así lo hizo. En mucho tiempo no había visto a una mujer tan añoñada como lo era Neal. El resto de la tarde, la pasaron discutiendo sobre el fenómeno de la menstruación y todo lo que ello implicaba. Al final, quedaron en encontrarse al siguiente día en la Segunda Colina de Pony.

Los estudiantes solían irse al patio de la escuela, después del desabrido almuerzo que daban en el colegio. Éstos iban para descansar, para terminar las tareas que debían hacerse a última hora, para que los noviecitos se encontraran a escondidas, para jugar a algún deporte, para que las chicas se reunieran a contar los chismes más calientes del momento y para que los chicos observaran lujuriosamente a las chicas que allí se encontraban.

Desde que Candy y Neal habían cambiado de cuerpos, ambos trataban de pasar el menor tiempo posible con los amigos del otro. De esta manera, trataban de que no se notara el gran cambio que había surgido entre ellos. Ya Patty se encontraba lo suficientemente extrañada por la forma en la que estaba actuando su amiga, cosa que comentó a Annie, la cual había notado también un cambio en los últimos días en su hermana de crianza. Entre ambas, decidieron confrontar a quien creían a su amiga.

-Candy, queremos hablar contigo- le comunicó Patty a Neal.

-¿De qué diablos me quieres hablar?

El malhumor provocado por la situación vivida el día anterior no había cedido en Neal, quien se encontraba odiando la humanidad. El modo en el que le respondió Neal, provocó el llanto de Patty, que se ofendió terriblemente de la manera en que su "amiga" la estaba tratando.

-Candy… amiga… ¿qué ocurre contigo? ¿Dónde está la chica dulce que siempre conocí? –habló Annie, con la voz quebrada, a punto de unírsele en llanto a su amiga Patty.

A pesar de la irritabilidad que Neal sentía en esos momentos, y más al ver a esas dos odiosas chicas lloriqueando; éste se enterneció al verlas. Fue un sentimiento que no pudo controlar y por el que más odio estar en la situación en la que estaba. Odiaba ser mujer. Odiaba tener menstruación y los senos hinchados y verse gorda en un espejo. Odiaba tener que aguantar a la cuatro ojos de Patty y a la llorona de Annie. Odiaba sentir todos esos sentimientos nuevos, que provenían de su condición de mujer. Pero más que nada, odiaba llorar. Sin embargo, esta vez lloró. Lloró con todo su corazón. No cesó el torrente de lágrimas que bajaban por su rostro. De este modo, se liberaba de una opresión que sentía en su pecho y garganta. Por primera vez, sintió por qué las mujeres lloraban. Y le estaba gustando, pero ese mismo sentimiento de gusto era odiado. Era difícil de explicarlo, mas sintió un gran alivio. Por otro lado, Annie y Patty malinterpretaron el lloro de su "amiga". Pensaron que ésta se arrepentía del modo que les había tratado, así que ambas abrazaron a Neal con ternura, sentimiento que jamás recibió de ninguna mujer, ni siquiera de su madre. Desde ese momento, Neal se sensibilizó.

Cerca de este escenario, Candy, obligada por Fred, se encontraba con un grupo de muchachos con un alto nivel de testosteronas. Éstos hablaban sin vergüenza alguna de las chicas. Hablaron de los distintos tipos de senos, algunos dijeron sus más secretas fantasías, otros hablaron de experiencias sexuales con chicas del colegio. Mientras todos estos comentarios salían a la luz, Candy trataba de no mostrar asombro, vergüenza o asco. Se mantuvo callada todo el tiempo hasta que Fred le preguntó:

-Y, Neal… ¿cuándo piensas darle un buen agarrón de nalgas a Annie?

-Sí, aprovecha que está cerquita de nosotros- dijo otro.

-Bue… bueno, yo…- la rubia tartamudeaba sin saber cómo zafar de tan penosa situación.

Todos los chicos comenzaron a retar a Candy a la vez. La presión del grupo era tan fuerte que Candy tenía dos opciones: decir que no y aguantar la paliza que podrían darle por mariconazo o ir a hacerlo de una buena vez. Ésta llegó a la conclusión rápidamente que tenía que hacerlo, que le faltaban todavía unos cinco días, los cuales no serían fáciles si se negaba a agarrarle el culo a Annie. La chica respiró hondamente y se dirigió a donde se encontraban Annie, Patty y Neal, mientras los chicos lo alentaban con gritos.

-¡Vamos, Leegan, tú puedes!

-¡Dale un buen agarrón, hermano!

El rostro de Candy se enrojeció de tal forma que sentía que su piel se quemaba. Un chorro de adrenalina recorrió su cuerpo de la cabeza a los pies. Ésta sería la primera vez que haría una cosa como ésta; era la primera vez que se sentía excitada. Por alguna extraña razón y muy dentro de su consciente, la idea de agarrarle el trasero a su amiga le gustaba. Se acercó muy despacio. Las chicas y Neal seguían en un gran abrazo llorando a moco tendido, fortaleciendo su amistad después del lamentable episodio donde su "amiga" las trató mal. Neal se dio cuenta que Candy estaba al lado de ellas.

-¿Qué haces aquí?- Neal preguntó receloso, ya que no quería que lo vieran llorar.

-¿Estás llorando de nuevo?- preguntó Candy con una enorme sonrisa en sus labios.

-¿Cómo que de nuevo?- preguntó con perspicacia Annie.

Candy se dio cuenta que había metido la pata, que no debió decir "de nuevo" para no levantar sospechas. Lo corrigió inmediatamente.

-Quise decir que ustedes se la pasan llorando, chicas bobas,- respondió Candy, en tanto Neal le tiraba miradas de odio a Candy.

La rubia desvió su mirada al lugar donde los chicos estaban reunidos y los vio esperando ansiosos el gran momento. Supo en ese momento que debía apurarse y hacer lo que tenía que hacer con Annie, de una buena vez. La adrenalina que bajó en el momento que Candy se burló de Neal, subió bruscamente cuando vio el trasero de Annie. Su corazón comenzó a palpitar rápidamente, sus manos sudaban frío y su respiración se tornó entrecortada. El momento de agarrarle el trasero llegó y cerró los ojos para hacerlo ciegamente. No iba a poder con tantas emociones nuevas y dispares juntas. El agarrón fue una experiencia indescriptible. Candy sintió como el culo de Annie estaba bien formadito y suave al tacto. Apretó dos veces rápidamente, pero este momento lo sintió que pasó despacito en cámara lenta. Una sonrisa fue dibujándose en el rostro de Candy, mientras recibía un fuerte cachetazo. Al fondo, los chicos vitoreaban al que creían Neal y mientras tanto, Candy se desmayaba por el torrente de emociones que acababa de recibir.