En carne propia
De: Valerie Sensei
Capítulo V
Cuando Candy volvió del desmayo, experimentó la terrible sensación de ser el centro de atención de una multitud. Varias decenas de estudiantes se habían congregado alrededor de la rubia para obtener de primera mano todo lo acontecido. Esto sería la comidilla de todo el Colegio San Pablo por buen tiempo.
A un lado, estaba Patty estaba horrorizada ante la falta de respeto de "Neal"; Annie lloraba a moco tendido; y el verdadero Neal estaba espantosamente enojado. Candy se sintió espeluznada al ver el rostro de Neal, quien parecía que estaba a punto de explotársele el hígado del odio que en esos momentos sentía por Candy. Ésta no entendía el por qué de la ira de él, pero le preguntaría cuando estuvieran solos. Por otro lado, estaba el grupo de chicos que presionaron a la rubia para que le agarrara la nalga a Annie. Entre ellos, algunos comentaban la gran hazaña de "Leegan"; otros, saldaban cuentas de apuestas que hicieron antes del evento. "El Gran Agarrón" le llamaron y se convirtió en una leyenda. Este evento quedó en los anales del Colegio San Pablo, a manera de cómo se le debía agarrar el culo a una mujer.
Con alguna dificultad, Candice logró ponerse en pie sin la ayuda de nadie. Todavía sentía el cuerpo lo suficientemente débil para caer nuevamente de bruces. La cabeza le daba vueltas, algo que siguió presente durante mucho tiempo, ya que el desmayo no fue ocasionado por el fuerte cachetazo que le propinó Annie, sino por los sentimientos encontrados que sentía. A pesar de que se decía a sí misma que no le gustó tocarle el trasero a su amiga, muy dentro de ella sabía que la experiencia no sólo se la gozó, sino que la excitó. Este pensamiento la ponía de todos los colores y por esto optaba por auto censurarse. Caminó avergonzada todo el trayecto hasta el dormitorio y en el camino recibía felicitaciones de los chicos que la veían y miradas de reproche de algunas chicas. Notó cómo algunas de las compañeras de ella comenzaron a mirarla a ella (a Neal) de forma diferente: con sonrisas pícaras y coquetería barata.
Una ducha fría alivió el calor que todavía Candy tenía en su interior. Tuvo que reprimir las ganas de llorar para no llamar más la atención de lo que había hecho. Experimentó un poco de asco y se preguntó si le gustaban las mujeres, cosa que la preocupó. Lo menos que ella se imaginaba era el simple pensamiento de que otra mujer le causaba excitación. Pero después de mucho pensarlo, llegó a la conclusión que era natural que se sintiera así; después de todo estaba en un cuerpo masculino. De alguna manera u otra, ella debía responder a ese cuerpo lleno de testosterona.
Después del baño, se recostó un rato y puso su cabeza en orden. Todo para ella era tan nuevo y tan irreal que no sabía si en realidad lo estaba viviendo o era un sueño. Tuvo que pellizcarse varias veces para comprobar que estaba despierta. Mientras se pellizcaba entró Fred al cuarto.
-¿Quieres saber si en realidad le tocaste el trasero a la Britter?
Candy asintió fastidiada. Tenía que salir de Fred lo antes posible, seguirle la corriente para poderse marchar a la segunda Colina de Pony y encontrarse con Neal.
-¡Hermano! Eres un grande. Todo el mundo está hablando de ti. Nunca se había visto en espectáculo como el tuyo. Todos quieren que les cuentes cómo lo sentiste, cómo es el culo de Annie. ¡Todo, todo!
La rubia trató de controlarse. Pues lo único que se le antojaba era darle un cachetazo a Fred, parecido al que le dio Annie a ella.
-Cuando quieras…- le contestó Candy, mientras se vestía.
-¿A dónde vas?
-No sé… Seguramente iré a tocarles el trasero a otras chicas, -dijo con un dejo de odio.
La rubia se encaminó a la Segunda Colina de Pony. En el camino siguió encontrándose con chicos y chicas que de alguna u otra manera le hacían comentarios a favor o en contra de lo sucedido. Ésta sentía que el mundo y todos sus habitantes podrían irse derechito al infierno. Hasta ese momento, Candy nunca se sintió tan amargada, tan podrida de tantas situaciones absurdas. El odio y la amargura que la consumían eran extenuantes. Pero todo esto era sólo cuestión de tiempo, sólo cuatro días más que tenía que aguantar.
¿Cómo es posible que me haya metido en tantos problemas en tan pocos días?, se preguntaba. ¡Dios mío, ayúdame!, buscó con desespero su rosario, pero se afligió aún más cuando no lo encontró. Con los ánimos por el suelo, Candy se reunió con Neal.
-¡Te pasaste, Candy! ¡Te pasaste!
-¿A qué te refieres?
-No debiste haberle hecho "lo que hiciste" a Annie.
-¿Perdón? ¿Qué dijiste? ¿Desde cuándo te has vuelto tan casto?- gritó la rubia.
- ¡No me grites! – Neal se ahogó en un sollozo; luego, rompió en llanto. Candy no pudo aguantar y rió. Este comentario le levantó los ánimos. Rió con tantas fuerzas que se escuchó por todo el lugar, llamando la atención de Terry que se encontraba por allí cerca y se detuvo a observarlos, sin poder escuchar lo que hablaban.
-Ahora resulta que eres una Magdalena. Neal, te estás comportando con una mujer.
Estas palabras provocaron el terror de Neal, quien entró en un estado de pánico.
-Una mujer, ¿yo…? No puede ser, por Dios, no puede ser…- Los llorosos ojos color miel se detuvieron ante los ojos color esmeralda, pidiendo una solución. -¿Qué vamos a hacer? ¿Esto puede significar que nos quedaremos así para siempre?
-Mira, he estado pensando sobre esto y al igual que tú, hay cosas en mí que están cambiando. Digamos que me siento un poco hombre. Incluso, siento la amargura con la que estás acostumbrado a vivir.
-No sé de qué me hablas. No soy un amargado.
-Sí que lo eres. Pero eso no importa ahora. Solamente nos quedan cuatro días para volver a nuestros cuerpos. Esto no es un problema. Lo que me preocupa es que con tan sólo tres días que hemos estado así, nos hemos metido en un sinnúmero de situaciones que nos van a afectar el día que volvamos a nuestros cuerpos.
-Tienes razón- dijo Neal, mientras se secaba las lágrimas y se soplaba la nariz con un fino pañuelo con flores bordadas de Candy.
-Ahora, cuéntame- continuó la rubia,- ¿por qué te enojaste conmigo cuando pasó "aquello"?- ninguno de los dos se atrevía a mencionar por su nombre la situación vivida con Annie.
-No te quiero decir.
-¿Por qué no?
-Porque no.
-Pero, dime.
-No insistas que no te diré.
-No seas malito. Dime de una buena vez.
-Ya te dije que no. No me jodas más.
-Dime, dime, dime, dime, dime, dime….
-Yaaaaaa. ¡Está bien! Es que estoy empezando a tomarle cariño a Patty y a Annie.
Cuando Neal vomitó su verdad, sintió un peso menos encima y una vergüenza terrible. Aquel chico gruñón, pesado y odioso quería a sus mejores amigas. Candy sintió tanta ternura por éste, que no pudo menos que darle un fuerte abrazo. Por otro lado, Neal recibió feliz el abrazo, devolviéndole el mismo con mucho amor. Y así, quedaron abrazados por un largo rato en silencio. Cada uno con su mente llena de dudas, de temores, de secretos. Ninguno de ellos había recibido anteriormente un abrazo tan lleno de afección como ése. Se despegaron y quedaron mirándose fijamente un largo rato. Candy aclaró su garganta e interrumpió el silencio que se ponía peligroso para ellos dos.
-Entonces, ¿cuándo nos volvemos a reunir?
-Si quieres podemos venir en dos días, el viernes.
-Bueno, me parece bien. Antes de irme, quería pedirte que por favor trates de no meterte en más líos.
-Mira quién lo dice- contestó Neal.
Candy gruñó porque sabía que en esta ocasión él tenía razón. Se despidieron y cada uno volvió a su dormitorio.
El cuarto día (jueves) transcurrió sin pena ni gloria. Ambos trataron de pasar inadvertidos por el colegio. El quinto día pasó rápidamente. Tanto Neal como Candy ya estaban acostumbrados al ritmo del otro, así que se manejaban muy bien dentro del círculo en el que estaba cada uno.
Después de almorzar con sus nuevas amigas, Neal se fue a la Segunda Colina de Pony solo. Era más temprano de lo que había quedado en encontrarse con Candy. Éste quería ir porque se sentía en paz allí. La vista a la ciudad lo relajaba y así podía olvidarse un poco de las demás preocupaciones que lo atormentaban.
Mientras estaba allí, sintió que alguien se le acercó por la parte de atrás. Era Terry, quien aprovechando el momento en el que vio a "Candy" sola quiso acercarse para charlar un rato con ella.
-Por fin te encuentro sola, Mono Pecoso.
Neal quedó mudo. No sabía qué decirle a Terry, del cual siempre se había sentido intimidado.
-¿Puedes explicarme por qué últimamente te veo aquí siempre con el idiota de Neal?
-¿Qué dices? El idiota eres tú,- el chico no pudo reprimirse.
-¡Con que te gusta!- dijo Terry con odio. -¿Acaso ya me olvidaste? ¿Qué tiene esa basura que no tenga yo?
-No tengo por qué contestarte.
-Ah, ya entiendo. Te estás haciendo la interesante conmigo. Eso es.
Terry quedó mirando fijamente a Neal. Era una mirada escrutadora. Éste quería indagar si la rubia lo había olvidado realmente. Desde el primer día que vio a Candy junto a Neal en aquel lugar que era de ella, pero que era de él también, unos profundos celos estaban minándolo. No había un solo día que buscaba la oportunidad de acercársele a su "Candy" para reclamarle, para apretarla contra sí y que le dijera honestamente si lo había olvidado. Aquellos días para Terry habían sido un infierno.
Neal se levantó para irse de allí y no provocar ningún problema, así como Candy le había advertido. Sin embargo, Terry lo agarró de la mano y lo trajo hacia él y lo abrazó. Por otro lado, Neal trataba de zafarse, sin embargo, la fuerza del chico pelinegro era superior a la de él.
-Candy, dime que todavía me amas.- Le decía Terry, con un fuego en los ojos que lo abrasaba. Neal pudo percibir el aliento del pelinegro, que de momento se le hizo apetecible. Al no ver respuesta de "Candy", Terry quiso buscar la respuesta por otros medios. Acercó su rostro al de la chica y la besó.
Cuando se da un beso con pasión, muchas cosas pasan a tu alrededor. Ves cómo las flores bailan al compás del viento, los pájaros cantan, el sol brilla con más fuerza, las nubes pasan suaves para aplacar el sol; te das cuenta que todo a tu alrededor es hermoso. A través de un beso, el cuerpo se eriza y el corazón bombea más sangre, late más rápido, tu respiración se torna más agitada, la mente corre y vuelas y sueñas. Un beso puede dar vida a un moribundo y esperanza a un corazón desanimado. A través de un beso, puedes experimentar un viaje fuera de este mundo y recorrer otras galaxias. A través de un beso se sabe por qué no se ha exterminado la raza humana. En fin, por un beso te dan ganas de vivir más.
Ambos chicos, experimentaron toda esta gama de sensaciones a través de ese contacto. Jamás Terry supo que al que besaba era a un Neal, que sentía que se le aflojaban las piernas con aquel portentoso beso.
