En carne propia

Capítulo 7

De: Valerie Sensei

Mientras Candy trataba a ahogar a su propio cuerpo, Neal buscaba la manera de zafarse. Trató de sacarse sus propias manos de encima sin éxito. Gritó, suplicó, pero la rubia estaba fuera de sí. Era increíble cómo Neal estaba alterando toda su vida, tan sólo con seis días de haber abandonado su cuerpo. Ya Terry pensaba que ella no lo quería; a la vez, sus amigas, seguramente la rechazarían por "hacerse novia" del chico que trataba de ahogar. Ella tenía que recuperar el curso de su vida lo antes posible, antes que todo lo que había construido hasta el momento se desmoronara.

Una perfecta patada en los testículos en el cuerpo de Neal, provocó un fuerte dolor en Candy, que logró que soltara al otro y se derrumbara al piso con las manos en las pelotas, tratando de calmar ese dolor tan terrible que estaba sintiendo. El chico conocía de sobra su cuerpo y conocía lo terrible que era una patada en los huevos. Después que Candy aulló un rato y se repuso, un Neal jadeante, tratando de recomponerse del intento de ahorcarlo de la rubia, la amenazó con otro patadón si no accedía a tranquilizarse y a conversar en vez de pelear.

-Tú empezaste, Candy. Yo no le deseo ese dolor a nadie; sin embargo, no me dejaste otra alternativa.

-Yo empecé, pero tú me provocaste. ¿Cómo mierdas vas a decir que somos novios? ¿Cómo ahora voy a arreglar todo este lío cuando regresemos a nuestros cuerpos? ¿Me puedes explicar qué pasó con Terry para que quisiera golpearme como lo hizo? ¿Sabes todas las cosas terribles que dijo de mí?

El chico se sintió dolido. Jamás pensó que Candy lo rechazara de esa manera, pues eso era justamente lo que hacía al decirle que no quería que se dijera que eran novios. Neal sintió celos de Terry, quien gozaba de la admiración de la poseedora de su cuerpo. La preocupación de ella por saber qué había provocado la reacción adversa del pelinegro, lo consumía en odio y desesperación.

-Si me vuelven a preguntar si somos novios, seguiré diciendo que sí. Y, para que lo sepas, Terry me besó. Fue entonces cuando le dije que nunca más volviera a besarme, mejor dicho, a besarte- Neal vomitó esas palabras, sin pensarlo dos veces. Era lo único que podía hacer para frenar un poco la relación entre Grandchester y Candy.

La rubia trató nuevamente de ahorcar a Neal, pero éste se puso en posición de darle un patadón en el momento que Candy tratara de cortarle la respiración. La chica frenó de inmediato sus ganas de matarlo y estalló en rabia. Gritó como una loca, se agarró de los pelos de color miel, se los tiró, se dio golpes a sí misma, al cuerpo de Neal. Esta vez no pudo controlarse. Eran tantas las ganas de salir de aquel cuerpo, que esta atentaba contra el gran contenedor de su alma. Por otro lado, Neal se echó a la cama a observarla y a reírse como un maniático.

-¿Crees que así resolverás algo? Me parece, que más allá de querer volver a tu cuerpo, eres una masoquista. ¡Cómo te gusta el dolor! Eso lo tenías bien escondido, ajá…- el chico seguía anegado en carcajadas.

Las palabras que salieron del chico tranquilizaron a la chica. Realmente no iba a resolver el asunto de aquella manera, sólo era cuestión de tener paciencia; de esperar un día más; de esperar a que la Luna cambiara de fase. Cerró sus ojos y trató de serenarse. Pensó en el Hogar de Pony y en el padre árbol, en donde solía descargar todas sus frustraciones cuando vivía en Chicago.

-Neal, te voy a pedir que te vayas. Quiero descansar. Además, por si no te acordabas, mañana nos toca ir a visitar a la Tía Elroy, por lo que me parece que será un día muy pesado para los dos,- musitó con un dejo de cansancio. Candy se sentía extenuada emocionalmente.

A pesar que se imaginaba el caótico escenario al que se enfrentarían al próximo día, no prestó mucha atención a esto. Ya la situación de Terry la tenía bastante agobiada. ¿Cómo podría arreglar las cosas con él, luego de volver a su cuerpo? ¿Cómo podría hacerles entender a Patty y a Annie que no era ella precisamente la que estaba en su cuerpo por una semana? ¿Cómo echar a un lado todas las cosas que vivió junto a Neal por ese espacio de siete días? Apenas seis días habían transcurrido y tanto Neal como Candy se sentían distintos. Era una realidad que todo su mundo, sus ideas, su manera de proceder estaban cambiando con esta situación que estaban viviendo.

-Ahora que dices eso, ¿cómo vamos a hacer mañana?- inquirió Neal. Luego, prosiguió,- Aparte, no sé si estás consciente, de que mañana tendrás que pasar todo el día junto a Elisa. Así que tendríamos que ponernos de acuerdo para que todo salga bien.

-Olvídate de eso, Neal. Que sea lo que Dios quiera. Yo no tengo ganas de conversar nada más contigo. Por favor, vete antes que pierda nuevamente la cordura.

Neal se fue abrumado. La situación de él con Candy no estaba progresando como quería. Dentro de todo, veía en su cuerpo el alma de una chica que siempre quiso, que siempre le atrajo y que desde hacía mucho tiempo había conquistado su corazón. Era Candy la razón por la cual se despertaba todas las mañanas a buscar problemas con ella, de ir todos los domingos a pasar el día con la odiosa Tía Elroy. Sus peleas con la rubia no eran más que una excusa para cruzar palabras con ella. Sin embargo, el destino le presentó esta oportunidad a Neal para poder acercarse más a la chica que tanto quería. Todo había sido tan repentino, tan inesperado… Cuando se fue, pensó en lo estúpido que había sido con ella y se condenó a sí mismo por las cosas que había hecho. Todo lo que estaba haciendo la estaba alejando de él cada día más. ¿Qué podía hacer para poder conquistarla?

Finalmente, llegó al dormitorio. Allí se encontraba Patty aparentemente estudiando. Al llegar él, vio cómo la morena se volteó de manera que no pudieran cruzar las miradas y lo ignoró completamente. En aquella habitación, Neal sintió lo que era la verdadera soledad. "No hace falta tener familia y gente que te rodee, sino tener a alguien que se preocupe, que valore, estime y quiera estar con uno. ¡Qué solo me siento!", pensaba Neal, mientras se acomodaba en su cama. Resintió mucho el haber complicado las cosas para él, para Candy y para las chicas, también. De alguna manera, tendría que arreglarlo todo; pero… ¿cómo? Con estos pensamientos que lo abrumaban, quedó profundamente dormido.

Al otro día, domingo, despertó temprano. Aun su compañera dormía y se dedicó a limpiar la habitación. Patty despertó extrañada: ¿cómo era posible que Candy amaneciera de tan buen humor después de la pelea que tuvieron? En el momento en el que la chica se levantó de su lecho, Neal aprovechó la oportunidad para hablar con ella.

-Amiga, ¿puedo hablar contigo?

La chica no sabía qué contestar, todavía se sentía muy herida por los comentarios de quien ella creía Candy y más que nada por su actitud tan soberbia, que tan sólo hacía unos días presentaba. El cariño que sentía por Candy la llevó a aceptar tener la conversación.

-Dime- respondió secamente, mientras se ajustaba sus anteojos.

-Quisiera…- el chico sentía que lo que tenía que decir era difícil. Éste se esforzó para hablarle y afloró un taco en la garganta: quería llorar. Continuó,- quisiera pedirte perdón. Sé que dije cosas que no debí haber dicho, pero es que me están pasando cosas muy intensas, cosas que por el momento no puedo explicar.

Patty procedió como una verdadera chica y lloró. La chica tenía pocas amigas en el colegio, una de ellas Candy, y estas situaciones vividas con su gran amiga en la última semana la drenaban. Dentro de ella, no existía el concepto de pelea entre amigas, por lo que sufrió cada instante de esa diferencia que tuvieron.

Neal y Patty se abrazaron y luego de haberse consolado un poco, la morena preguntó, con cierto recelo: "¿Es verdad que eres novia de Neal?"

-Prefiero que me des unos días para poder explicártelo todo.- Neal optó por que Candy hablara directamente ese tema con las chicas. La verdad era que no quería enredar más las cosas y afectar el poco tiempo restante con Candy.

-Está bien. Cuando quieras hablamos del tema. Juro no volverte a preguntar, ni decir nada más sobre Neal. Confío en que sabes lo que haces,- indicó Patty, en tanto limpiaba sus empañados anteojos con su camisón.

Cuando fue la hora del desayuno, las monjas permitieron que Candy saliera del encierro de la alta torre y tomara el desayuno con los demás. Además, como la Hermana Grey estaba agradecida de las familias de Grandchester y Leegan, ésta se hizo de la vista gorda y concedió la salida de los dos "chicos" para visitar a sus respectivas familias.

La rubia notó cómo la miraban todos. Eran miradas tímidas, con algún miedo de ser víctima de Leegan. Todos comenzaron a sentir un profundo respeto por aquel chico que pudo romperle la nariz y ganarle al rebelde sin causa de Grandchester.

A lo lejos, Candy vio cómo Neal iba acompañado de Patty. Ésta supuso que las cosas entre "ellas" se habían arreglado, lo que la alivió. Luego, vio cómo se le acercó, primero Annie, con un poco de recelo, luego con más confianza. Observó con envidia cómo ambas chicas se abrazaron y cómo Neal lloraba como una magdalena. Esto le provocó un mal de risa a Candy, quien pensaba en las actitudes femeninas que había adquirido Neal. Más adelante, se les acercó Stear y Archie, lo que puso a Candy nerviosa. Rogó a todos los santos que pudo recordar, que el chico se comportara a la medida, que no dijera ningún comentario fuera de lugar, y que la interacción entre él y sus primos fuera cordial.

En esos momentos, se le apareció Elisa a Candy, con su acostumbrada actitud arrogante, le dijo: "¿Acaso ya no te acuerdas que tienes una hermana? Te has portado como un verdadero extraño conmigo. Después que la estúpida huérfana me agredió, no fuiste capaz de ir a ver cómo me encontraba." La rubia seguía embelesada en la mesa donde estaba Neal con todas sus amistades, cosa que su hermana notó.

-No me digas que estás enamorado de Candy- inquirió amenazante. Luego, prosiguió, -Ya todo el colegio está comentando que ustedes dos son novios. Dime que no es cierto- demandó amenazante.

-Ése no es tu problema, -respondió con parquedad. Elisa quedó de media pieza al ver a su hermano al presentarse más seguro de sí mismo. Atribuyó su comportamiento a la pelea que había tenido con Terry dos días atrás.

Elisa se conformó con sentarse a su lado, a pesar de los signos de su hermano de ignorarla totalmente.

-No me has contado por qué te peleaste con Terry.- La pelirroja suavizó su tono al hablar, para poder sacarle información a su hermano.

-Ése no es asunto tuyo.

Esta contestación de Candy irritó de tal manera a Elisa, que tuvo, con gran esfuerzo, que aguantarse el berrinche que se le avecinaba. Se compuso lo mejor que pudo, para que nadie notara el estado en el que se encontraba y le dijo susurrando a Candy: "No sé qué mierda te esté pasando, pero tu hermana soy yo. Si estás enamorado de la rubia estúpida, te juro que haré lo imposible por separarlos. Además, esa tonta no se saldrá con la suya. En cuanto veamos a la Tía Abuela Elroy, le contaré cómo esa tonta adoptada me agredió. Juro que me las va a pagar."

Candy miró a Elisa, haciéndola sentir como el ser más insignificante del planeta. Ésta lo recibió así y se marchó con la cara roja. Se le notaba a leguas el odio que llevaba almacenado en el sistema. Pero este hecho no conmovió en lo absoluto a la rubia, que seguía observando la dinámica que se estaba dando en la mesa de Neal y sus amigos. ¡Cuánto deseó estar allí y compartir unas buenas risotadas así como lo estaban haciendo ellos!

En ese momento, miró a todos lados a ver si gozaba de alguna buena compañía, pero se dio cuenta que estaba más sola que nunca. Ésta comprendió la soledad a la que se enfrentaba Neal y lo compadeció. Tal vez, él se conformaba con tener cerca suyo a un círculo de personas a las que llamaba amigos, cuando en realidad no lo eran. Hasta el momento, ninguno de los chicos se allegó a Candy mostrándose solidario por la pelea que había tenido Terry, cosa que le extraño pero no le dio tanta importancia.

También pudo divisar a Terry sentado en la otra esquina del salón comedor, solo como siempre. Grandchester tomaba una taza, de lo que ella creía té, en tanto miraba a Neal, embobado. Candy suspiró melancolica y recordó los lindos momentos que habían pasado juntos. ¿Qué sería de ellos después que Candy recobrara su cuerpo? Ella misma no pudo imaginar que ocurriría Todo su futuro se veía tan borroso para ella… Después del cambio de cuerpos que se había dado, ella sentía que en su alma, en su corazón, algo estaba cambiando. Ya no sería la misma chica cuando regresara su cuerpo, de eso estaba segura. ¿Era el simple hecho de vivir la vida de Neal? ¿O era el hecho de haber vivido como un hombre toda una semana? Dio otro suspiro y decidió resolver esos enigmas en el momento que recuperara su cuerpo.

Finalmente, llegó la hora de irse a la casa de la Tía Abuela Elroy para pasar un domingo más en familia. Este día sería diferente. El único día que tenía para pasarlo completamente junto a sus queridos amigos, Archie y Stear, se preveía como uno lleno de tensión entre ella y Neal. Verdaderamente, Neal tenía razón en el momento en el que le dijo que tenían que hablar sobre lo que harían durante el día.

Mientras iba caminando al coche que los iba a buscar, Candy miro de reojo a Neal y pudo sentir la terrible sensación que éste albergaba, al verse fuera de la escuela y con un cuerpo femenino. La verdad era que, también Candy, se sentía terriblemente avergonzada de tener que salir fuera de la escuela en esas condiciones, pero no se podía hacer nada al respecto. Esta vez ambos tenían que poner de su parte para que ese día saliera perfecto, para que nadie sospechara que ambos se encontraban metidos en el cuerpo del otro.

Cuando todos entraron en el coche, Elisa no tardo en enviar comentarios mordaces a quien creía Candy.

-Mírala cómo se sienta. ¿Quién diría que es toda una dama?- decía a viva voz, mientras los demás quedaron mudos.

–Candice White Andley, la chica del Colegio San Pablo que no usa ropa interior- las sonoras carcajadas de Elisa acapararon todo el coche. Archie y Stear sintieron vergüenza ajena, no por los atrevidos comentarios de Elisa, si no porque era bien sabido en toda la escuela que desde hacía un tiempo, Candy (en realidad era Neal) no usaba ropa interior, siendo blanco de las miradas lujuriosas de todos los chicos de la escuela. La despreocupación que mostraba "Candy" a la hora de sentarse bien y cuidarse, alborotaba a todos los varones del colegio que quedaban alterados ante una vista gratis de las partes nobles.

Candy miraba a Neal con odio, este tema ya lo habían discutido mientras ella estaba en el cuarto de castigos. Jamás pensó que ese tema estuviera tan comentado en la escuela, así que tenía mucho que trabajar para poder recuperar el honor que Neal había trapeado en esa semana.

Neal resolvió sentarse correctamente, cosa que lo incomodó durante todo el trayecto, cosa que no detuvo a Elisa ante sus comentarios.

-Ni aunque te sientes bien, vas a poder cambiar la idea que la gente tiene de ti. ¡Perra!

Candy respiró una y mil veces para no darle una bofetada a Elisa. Todos la miraron extrañados, porque "Neal" se mostraba hiperventilado y enrojecido de odio. El verdadero Neal resolvió poner a Elisa en su lugar para evitar otro problema.

-Me sentaré mal, pero doy unas palizas contundentes. ¿Verdad, Elisa? ¿O es que no te acuerdas? ¿Quieres que personalmente te dé otro puño?- éste se le acercó a su hermana con el puño cerrado.

La pelirroja se intimidó ante la amenaza de quien creía Candy y prefirió no decir ni una sola palabra hasta que hubo llegado a la mansión de la Tía Elroy.

Cuando llegaron, todos bajaron y desfilaron hasta la mansión. Aquella era una casona que la familia Andley tenía en las afueras de Londres desde hacía unas cuantas décadas. La usaban para vacacionar, para tener un lugar en donde acomodarse cuando estuvieran los chicos, generación tras generación, en el prestigioso Colegio San Pablo. Era enorme, contaba con tres niveles y una docena de habitaciones. En la parte posterior, la casona tenía dos acres de terreno, en los que se encontraba una caballeriza, una serie de fuentes que daban un aspecto real a la mansión. La Tía Elroy tenía bajo su mando a un sequito de sirvientes para que la complacieran en todos sus caprichos. A veces Candy se preguntaba para qué necesitaban una casa tan grande en ese lugar.

Todos se acercaron a la Tía Elroy, que se encontraba en la terraza que daba al patio que tenían en la parte trasera. Allí, ella se deleitaba en ver el hermoso jardín que cuidaba con tanto esmero el personal de jardinería, ya que ni en otras vidas ella sería capaz de hacer un trabajo tan sucio como el de trabajar con la tierra.

Cada uno de ellos se acercó hasta ella y la saludó como correspondía. En el momento en que la figura de Candy saludó a la abuela, lo hizo bastante parco, no era frecuente para Neal saludar efusivamente. Por otro lado, "Neal" fue bastante cariñoso con la abuela. En el momento que Candy la saludó, la Tía Abuela la agarró fuerte de la mano y le dijo:

-¿Qué pasa aquí?- inquirió la Tía Abuela muy molesta. Ninguno supo de qué hablaba. Luego, continuó: "Tú no eres Neal" – en tanto, los chicos se miraban desconcertados.