Hola!!!
Disclaimer:
Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Rumiko Takahashi, porque si no, yo me hubiera encargado de que Inuyasha no fuera tan Pen***o
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Advertencia:
*Esta historia contiene incesto, al igual que escenas de sexo explicitas si no te agrada este tipo de relaciones o lectura NO lo leas.
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Desear a tu propia sangre
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[InuxKag]
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[Long-Fic]
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By Yasaku Uch1ha-Patt1nso0on
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= Capitulo 6. Heridas =
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Kagome se encontraba parada en medio de la habitación de Souta un tanto nerviosa. Se había puesto una camisa a cuadros color azul de manga larga del chico con unos desgastados jeans, sujetos con un cinturón d hebilla plateado y unas converse rojas que le quedaban un tanto grandes, a pesar de que ─según lo dicho por él─ los había dejado de usar hace un par de años.
Al mirarse al espejo unos minutos atrás se dio cuenta de que le gustaba como se veía, ese era un estilo que le agradaba, a pesar de que todo era de su amigo.
Souta había salido de la habitación para asegurarse de que su abuelo no se encontrara cerca. No querían tener problemas con él. Siempre ─a pesar de no haberle dado motivos─, pensaba cosas que no le agradaban en lo más mínimo.
Se estremeció cuando miró la cama sin tender y su vestido tirado en el piso.
Se acercó a él para recogerlo, pero en cuanto se puso en cuclillas y acercó su mano a el, recordó quien se lo había obsequiado. Miró su mano cubierta por el largo de la manga a una distancia razonable de la prenda, pensando que haría con ella, pero simplemente se enderezó y la pisoteo con ira contenida.
Las lágrimas rodaron por su mejilla, haciéndola sentir más miserable aun. Ella no había buscado nada de eso ¿Por qué demonios había salido esa tarde a caminar por el parque? ¿Por qué demonios Miroku no había llegado solamente unos tres minutos antes? ¿Por qué… por qué, a pesar de todo… no se arrepentía de haber conocido a Inuyasha?
Sintió cuando una mano se posó en su hombro y se sobresaltó.
Al girar se encontró con Souta mirándola preocupado. Sin contenerse se lanzó a él, rodeándole el cuello con los brazos mientras hundía su rostro en su hombro.
─Tranquila… No es… ─se detuvo por un instante, para meditar lo que diría, pero simplemente pudo soltar una risita histérica─ Bueno, si es para tanto, pero piensa lo de esta manera ─la empujó por los hombros, obligándola a mirarlo a los ojos─. Ya no tendrás que vestir mi ropa usada si resultas ser su hija.
─Estúpido… ─murmuró antes de volver a abrazarse con fuerza a él─ Me acompañaras ¿Verdad? ─inquirió con voz insegura cuando él empezó a acariciarle el cabello.
─Si tú lo quieres, por supuesto que iré ─le aseguró y besó su coronilla─. Ahora, si quieres salir sin oír los gritos del viejo es mejor que lo hagamos en este momento.
Ella asintió y se separó de él para dejarse arrastrar de la mano fuera de la casa.
─Souta ─lo llamó en cuanto hubieron bajado de las escaleras─ ¿Y tú madre? ─inquirió un tanto curiosa, hace solo unas pocas semanas la había visto en el templo, pero después de un tiempo la mujer pareció haberse evaporado en el aire.
Souta se asomó a la sala antes de hacerla caminar hacía la puerta antes de contestar con una sonrisa.
─Salió de vacaciones con un novio suyo.
La chica de ojos achocolatados parpadeo confundida. Se esperaba todo menos eso, aunque claro, la señora Higurashi era una mujer hermosa, le sorprendía que a pesar de su carácter serio y reservado hubiera conseguido salir con alguien.
Le resto importancia al hecho y en cuanto cruzaron la puerta principal apretó la mano del chico, con una sonrisita. Claro, que de algún lado Souta tenía que haber sacado su misterioso encanto.
Caminaron hacia las escaleras, pero en cuanto presto atención a su alrededor, notó que había un hombre parado al pie de ellas.
Suspiró al reconocerlo.
Era el mismo que la noche anterior se había encargado de regresarla al templo.
Respiró profundamente y tiró de la mano de Souta para hacerlo caminar rápido. Realmente se moría por que todo eso acabara.
─Hola… ─musitó suavemente en cuanto se encontró frente al hombre.
Era joven, de no más de veinticinco años, de cabello color castaño y unos ojos de igual color. Se veía verdaderamente amable, pero ya había aprendido ella por las malas que las apariencias engañaban hasta a la persona más inteligente.
─Buenos días señorita… ─el hombre dudó.
No sabía por que nombre debía de referirse a ella, si acaso por Higurashi o tal vez por Taisho. Ella al ver su confusión miró a Souta, preguntándose si enfrente de él podría hacerse llamar Higurashi.
─Higurashi ─respondió Souta abrazándola por los hombros de forma posesiva al notar que el chofer la examinaba de manera muy poco lasciva, pero sin duda analizando cada una de sus curvas.
Kagome asintió dándole ala razón a su amigo y le pasó un brazo por la cintura, pero al instante se arrepintió ya que notó que ello podría dar una impregnación de algo que no era, pero en todo caso ¿Qué más daba lo que pensara ese chofer? Incluso todavía le quedaba lo posibilidad de que las pruebas dieran negativas y de que todo eso quedara olvidado y que ella pudiera no volver a saber nada de los Taisho nunca más.
Un silencio incomodo se extendió durante unos segundos y Kagome cada vez se sentía más tensa.
─Bueno… ¿Nos vamos? ─inquirió de pronto sobresaltando a ambos chicos que se retaban con la mirada.
El joven le indicó con el brazo que se adelantara y ella haló de Souta llevándolo escaleras abajo, donde los esperaba una no muy ostentosa limosina como en la que la noche anterior había viajado, aunque suponía que el hecho de que su amigo la acompañara en ese vehículo le daba un poco más de confianza.
Al llegar a ella Souta se adelantó al chofer y le abrió la puerta con una sonrisa picara en el rostro, haciéndola sonrojar.
El trayecto fue demasiado largo para Kagome. Realmente no quería ir y realizarse esas pruebas, pero sabia que no tenía opción alguna, o lo hacia por las buenas o estaba completamente segura de que el patriarca de los Taisho la obligara encontrando la manera menos indicada pero si la más radical.
Se acurrucó en el costado de Souta, hundiéndose en los asientos de cuero color marrón mientras él la abrazaba por los hombros y besaba su cabellos de forma constante, pero eso mas que tranquilizarla le ponía los nervios de punta.
Pasados unos minutos que le parecieron eternos, se detuvieron frente a un edificio de color café de varios pisos con grandes ventanales como parte delantera.
Era sin dudarlo uno de los lugares más intimidantes de su vida, claro que un factor que debía de tomar en claro era el hecho de lo que el lugar representaba, más que el que el escudo de la familia se encontrara con una gran figura de metal como fuente justo enfrente de la entrada y que sobre las puertas eléctricas se encontrara el apellido de Inuyasha.
Pensó que quizás el volverse una Taisho sería más maldición que bendición.
Eso sin contar que también tendría que dejar de soñar con tener a Inuyasha para ella y con ella.
Bajó de la limosina sintiéndose totalmente abatida.
Según tenía entendido la familia de Inuyasha manejaba una cadena de hoteles, pero en ese momento que lo pensaba era obvio que también debía de manejar algunos otros de negocios en todo caso de que alguno no fuera de la manera correcta.
En cuanto Souta se encontró a su lado entrelazó sus dedos.
Tenía miedo.
Miedo de ver a Inuyasha de nuevo.
No sabía como iba a reaccionar al verla ni como lo haría ella, así como tampoco podía asegurar el que al verlo no se lanzaría para abrazarlo por el cuello o tal vez ponerse a llorar como histérica.
El auto en el que iban desapareció, pero el chofer apareció justo a su lado.
─Si gusta seguirme ─la llamó colocando sus manos detrás de su espalda en el momento que le sonreía amablemente─. El señor Taisho me dio indicaciones de que yo mismo la llevara hasta el quinto piso con la enfermera asignada a…
─Yo sola puedo hacer las cosas ─interrumpió un tanto confundida en el momento de que eso le pareció totalmente estúpido.
Eso la estaba sacando de quicio ¿Tendría que soportar a ese hombre como su perro faldero cada que lo viera? ¡Era molesto! Por no decir patético.
─Vamos Souta… ─musitó suavemente, pero sus pies no se movieron sino, hasta que el chico la jaló a ella, para guiarla dentro del edificio.
Siendo siempre fielmente escoltados por el chofer.
(…)
─ ¡No quiero! ─gritó Kagome parándose de un salto de la silla. No estaba dispuesta a dejar que esa agua atravesara su piel.
Su apariencia demostraba que estaba muy alterada, el cabello que al salir de la casa del chico e incluso antes de cruzar las puertas eléctricas del edificio se encontraba cuidadosamente cepillado y ordenado como pocas veces, en esos momentos se encontraba revuelto, su frente cubierta por una pequeña capa de sudor frio y la vieja camisa de su brazo izquierdo por la parte del codo un tanto rasgada.
La joven laboratorista la miró harta.
Llevaba cerca de quince minutos prácticamente peleando con la chica para poder sacarle la sangre suficiente, pero apenas la aguja se acercaba a unos centímetros de su piel parecía que un radar se activaba y le avisaba que era el momento de huir.
De ser por ella lo hubiera dejado, pero el hecho de que el dueño del laboratorio hubiera indicado que esas pruebas eran las más importantes que iba a realizar en su carrera, realmente la ponía en una encrucijada.
A ella le fastidiaban los niños y ella, a su parecer era una mocosa indeseable, que trataba de ganarse un lugar que no le correspondía.
La joven nunca había conocido a la señora del Taisho, pero estaba segura de que una heredera de una gran familia, estaría armando tal escándalo.
─ ¡Por favor señorita! ─gritó ya desesperada.
─No quiero… ─musitó la chica casi sollozando.
Le temía demasiado a las agujas y más que nada a la sangre.
─Si no lo hace me despedirán ─le informó, pero a pesar de que Kagome no quería ser la responsable de algo así, negó de manera desesperada con la cabeza.
Se dirigió a la puerta y esta vez la mujer decidió que ya era suficiente, por lo cual la dejó salir de inmediato.
Al salir los ojos de Kagome se abrieron enormemente.
Frente a ella se encontraba Souta mirando con ira infinita a Inuyasha y al resto de la familia Taisho que parecía totalmente ajena a ello.
En cuanto la notaron fue consciente de las distintas reacciones de los presentes.
Notó la mirada inquisitiva de Sesshomaru, la sonrisa triste de Kagome, la ilusión en el rostro de Inu-No, la tensión de Souta y el odio que desprendía Inuyasha.
Se estremeció.
Sabía que si quería ser educada tendría que acercarse y saludarlos, pero en lugar de hacer eso bajó la cabeza y caminó hasta Souta, el cual la abrazó mientras ella hundía el rostro en su pecho.
─ ¿Cómo estuvo? ─inquirió él en voz sumamente baja.
─No la dejé… ─susurró estremeciéndose al sentir como una mirada la atravesaba. Estaba segura que era la de el chico que ella amaba, pero se moría de terror de solo el pensar mirarlo.
No quería que le volviera a gritar mil cosas que la harían sentir miserable, por lo cual dejó su rostro en el pecho de Souta a pesar de sentirse como una maldita traicionera por permanecer cerca de Souta y como una perra desgraciada al abrazar a otro frente a él, pero ¿Si él no la amaba, qué?
─Kagome… ─la voz de Rin sonaba cerca, demasiado debía de agregar ella. Se separó un poco del chico e instantáneamente al girar su rostro encontró el de la chica.
Ella era hermosa, fina, educada… Toda una Taisho aun sin siquiera tener lazos de sangre con el patriarca.
Se sorprendió después de unos segundos el notar que la miraba totalmente enfurecida.
Con cuidado de no moverse de manera muy brusca se alejó de Souta, pero en cuanto hubo un poco de distancia entre ellos sintió una mano estrellarse en su mejilla.
Parpadeó confundida mientras todos se quedaban estáticos.
─Eres una… ─empezó Rin, preparándose para abalanzarse sobre ella, pero los brazos de Inuyasha alrededor de su cintura la detuvieron de manera demasiado efectiva.
Kagome se llevó una mano a la mejilla golpeada mientras las lágrimas se agolpaban de nueva cuenta en sus ojos. No tenía la menor idea de porque la había abofeteado, pero el ver como Inuyasha la abrazaba reteniéndola y le susurraba cosas en el oído le dolía de una manera asombrosa a pesar de ser consciente de que entre ellos no habría nada, pues eran primos.
Claro que sin duda, estaba más que equivocada.
─Kagome… ─unos brazos familiares la rodearon y ella se hundió en ellos tratando de recuperar la vista en medio de tantas lágrimas.
─ ¿Por qué…? ─susurró sin comprender, pero una voz masculina llegó el lugar gritando la pregunta que ella estaba por formular.
─ ¡¿Por qué hiciste eso Rin?! ─el patriarca se acercó a ella, con intención de rodearla con los brazos, pero Souta no le permitió que la separara de él ni un segundo. Él había ido para ayudarla y protegerla. No permitiría que le hicieran ni un poco más de daño.
─ ¡Ella es una estúpida perra! ─gritó fuera de si, también con gotas salinas brotando de sus ojos, pero estas debido a la ira─ ¡Se supone que ella es la novia de Inuyasha! ¡¿Qué hace con él entonces?! ─su respuesta fue más que un golpe para todos.
Inu-No palideció de golpe en el momento en que su cerebro procesaba el porque había conocido a la chica de ojos achocolatados.
El recuerdo del día en que la conoció apareció frente a sus ojos.
La chica se encontraba acorralada entre la pared y el cuerpo de su hijo menor mientras que el ambiente se volvía claramente cada vez más y más tenso debido a la proximidad de ambos y el contacto de sus cuerpos. Sabía que ella se encontraba en un aprieto en el momento que su hijo decidiera llevársela a la cama, porque sin duda alguna ello sucedería de inmediato.
─No…─musitó sin siquiera ser consiente y al instante su mirada se llenó de ira.
Se acercó a su hijo menor quien sin pensarlo por un momento soltó a su prima y se enfrentó a él.
Lo tomó por el cuello de la camiseta y lo sacudió con fuerza totalmente fuera de sí. En su mente se formaban mil y un escenas en la que su precoz hijo se encargaba de quitarle la virginidad a Kagome, algo que nunca podría perdonarle.
─ ¡Calma tío! ─gritó Rin desesperada al ver la reacción de este.
─Aléjate Rin ─le advirtió Inuyasha dejando que su padre los sostuviera sin oponer resistencia. No quería que ella resultara herida debido a la ira mal controlada del patriarca.
Él ya se lo había esperado desde la noche anterior, por lo cual no le extrañaba en lo más mínimo, incluso sabía que se merecería cada uno de los golpes que él le quisiera dar si resultaba que la chica era su hermana.
Kagome miró todo impresionada mientras Souta la sujetaba a su lado, evitando que ella se acercará a ellos en esos momentos.
─ ¿Te atreviste a tocarla? ─preguntó el hombre con voz afilada y llena de odio.
Su voz causo un gran impacto en Inuyasha, el cual se sonrojó ligeramente. Logrando confundir a su padre, él cual aflojó el agarre y parpadeó confundido.
Un gran dolor llenó los corazones de Kagome e Inuyasha. Ella por la culpa y él por el anhelo de un deseo frustrado.
─No… ─susurró desviado la mirada y tratando de no pensar en ello.
Todo lo que más deseaba en esos momentos era el tomarla entre sus brazos y besarla hasta dejarla sin aliento, esconderla en un consultorio y hacerla suya en una impecable camilla que seguramente después tendrían que mandar a esterilizar de nuevo, lo cual no le importaría dado que después de sentir su calor nada podría ser realmente malo…
Su padre lo soltó, pero el ambiente se encontraba totalmente tenso aún después de unos minutos de silencio. Inu-No se encontraba confundido, preocupado, enojado y algo más…
El saber que su hijo y su posible hija se sentían atraídos lo hacia sentir miserable y terriblemente enfermo. Eso no le parecía aceptable en lo más mínimo y más que nada le aterraba el que de verdad sintieran algo el uno por el otro.
─Señor Taisho ─llamó la voz de la enfermera que había tratado de tomar las muestras de sangre desde la puerta del consultorio.
─ ¿Si? ─preguntó aun un tanto perdido en sus pensamientos.
─Me gustaría hablar con usted un momento ─su voz era claramente acida y destilaba veneno mientras le lanzaba una mirada desdeñosa a la chica que aún se encontraba en los brazos de Souta, quien parecía no tener ninguna prisa en soltarla.
El hombre la siguió dentro del consultorio suspirando hondo. Necesitaba aclarar su mente, pero estaba seguro que lo que le esperaba dentro de ese consultorio no era nada bueno.
(…)
Kagome sollozaba ligeramente mientras era guiada dentro del consultorio de nueva cuenta. La mujer la sostenía del brazo firmemente, para que traspasara el marco de la puerta, pero simplemente se negaba a hacerlo.
Tenía miedo.
Eso era claro, pero sabía que no tenía elección, que debía de hacerse las pruebas voluntariamente o sino conseguirían las muestras de una forma u otra.
─No… por favor ─suplicó girándose todo lo que le era posible para mirar al patriarca.
─Lo siento Kagome, pero de verdad necesitamos hacerte esos exámenes ─respondió con voz tensa. No soportaba que ella se negara ni que se viera tan temerosa ante lo que le iban a hacer, pero no había opción.
─No… ─sollozó ligeramente y Souta se acercó a ella.
─Tranquila, yo sostendré tu mano ─le dijo con voz suave, pero al ver eso, la ira brillo en los ojos de Rin.
─Tú no entraras con ella ─le advirtió de manera fría y un tanto cruel, pero estaba demasiado ofendida con él por atreverse a aparecerse en ese lugar haciéndola de sustituto de su primo.
─Rin tiene razón ─interrumpió la voz de Inuyasha sorprendiendo ligeramente a todos.
Nadie se lo esperaba ni de lejos.
─Yo entraré con ella ─susurró y los ojos de Souta y su padre brillaron con repentina ira─. Necesitamos aclarar algunas cosas ─susurró y Rin se mordió el labio conteniendo la sonrisa.
Eso era lo único que esperaba de su primo. Que fuera un hombre valiente y no se dejara amedrentar por los deseos de su padre.
Después de todo ¿Cuándo él había complacido a su padre realmente?
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Continuara…
Mmm… Hola…
Pues sí… tarde milenios… Espero no se enojen, pero pues estoy súper depre pues mi abuelito falleció hace unas semanas… pero psss ni modo… La vida sigue pero la inspiración se me escapa como agua entre las manos.
Lamento la tardanza de verdad, pero pues estoy tratando de hacer lo mejor que puedo. Estoy en finales… así que pues en dos semanas espero avanzar más rápido más pronto.
Les suplico se pasen por una historia que estoy escribiendo de Twilight. Se llama "Casi un Ángel" Es una historia un tanto difícil de escribir, pero pues es una de las que me he llegado a sentir orgullosa. Además de que tiene portada ─el link esta en mi profile─.
Ah! Además de que la historia de "Un amor más que fraternal" la puse en descarga en mi carpeta 4Shared por si alguien la quiere.
Jeje, por cierto me alegra decir que el desfile no estuvo tan mal! De hecho estuvo súper!
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I Love You!
Kisses!!!
