En carne propia
De: Valerie Sensei
Capítulo 8
Cuando la tía abuela Elroy dijo que aquel chico no era Neal, tanto él como Candy se asustaron.
Candy, quien estaba en el cuerpo del chico, se apresuró a preguntar:
-¿Por qué lo dices, tía abuela? ¿Acaso no ves que soy Neal?
-Sí, sé que eres Neal. ¿O piensas que estoy ciega? -la voz de la tía abuela seguía rígida.
-Entonces, ¿por qué lo dudas? –se aventuró a preguntar Candy, mientras Neal abrió los ojos lleno de miedo. Hasta el momento no se había conocido de algún miembro de la familia Andley que cuestionara a la tía como lo había hecho Candy.
La tía Elroy se levantó de su silla y observó a los ojos del cuerpo de Neal, que portaban el alma de Candy.
-Puedo asegurar que quien habla no es Neal.
Tanto Candy como Neal sintieron cómo el corazón palpitaba frenéticamente. ¿Acaso los habían descubierto?
-Tía abuela, déjame comentarte que Neal ha estado muy raro esta última semana… -Elisa quería aprovechar el momento, para dejarle saber el extraño comportamiento de su hermano.
La tía levantó la mano y Elisa calló rápidamente. Stear y Archie seguían observando todo, sin que se les asomara la idea de que algo anormal estaba sucediendo. Pensaban que era otra de las locas ideas de la matriarca de la familia.
-Neal, -comenzó a decir la tía abuela,- no sé con exactitud qué te pasa, pero si necesitas conversarlo con alguien puedes hacerlo conmigo.
El verdadero Neal se encontraba detrás de la tía abuela, mirando de frente a Candy. Sus ojos, ahora verdes, mandaban un mensaje de terror a los ojos color miel.
Candy trató de serenarse, para esconder sus temores.
-Muchas gracias, tía. Así lo haré.
-Bueno, -la tía Elroy continuó,- está bueno. Váyanse ahora, quiero estar sola.
Elisa, quien no perdía tiempo, se quedó junto a la abuela para tratar de envenenarla con los chismes del comportamiento extraño que exhibían tanto Candy como Neal.
Los hermanos Cornwell tenían interés de irse al bosque a dar un paseo. Archie tomó la mano de "Candy".
-Ven, hermosa, vamos a caminar.
Neal sintió cómo se le subían todos los colores al rostro. No pudo negarles el pedido a los chicos, de modo que tuvo que irse con ellos.
Candy sentía celos de ver ir a Neal con sus amigos. Ella sabía que tenía que quedarse fuera del grupo; pero esto no la detuvo en su afán de saber qué harían mientras estaba Neal con Archie y Stear. ¿Cómo Neal lidiaría con sus primos? Candy se moría de miedo. Si algo ella quería era conservar la amistad de sus dos grandes amigos. Ya había sido suficiente todo lo que había acontecido con las chicas y su reputación puesta por el piso en el colegio.
Finalmente, esa noche volvería a ser Candy, a tener su cuerpo original, a sentir como una mujer, a vivir como una. Ser hombre no era fácil, tener que responder a las presiones de grupo, aparentar todo el tiempo ser más fuerte de lo que en realidad era; y, sobre todo, tener que soportar como hermana a Elisa, no era una tarea fácil. Después de haber vivido una semana tan intensa, la rubia comprendía un poco más a Neal y hasta cierto punto lo compadecía.
Archie y Stear llevaron a Neal por el bosque. Era un hermoso día como para quedarse dentro de la mansión. Si bien la casona era cómoda, tenía todos los entretenimientos que ellos requerían, salir a caminar por la naturaleza siempre era preferido. Seguramente, alguna aventura los esperaba. Los hermanos no desperdiciaron el tiempo para echarle flores a su amiga. Si bien ellos sabían que Candy no estaba enamorada de ellos, tenerla frente a ellos representaba una oportunidad para enamorarla, aunque ello significara tener que sacrificar a Annie o a Patty, sus novias.
Por su parte, Neal estaba disfrutando del paseo y de las atenciones. Jamás se sintió tan atendido como ese día. Sus primos lo hicieron sentir muy cómodo entre ellos, lo complacían en todos los caprichos que se le antojaba. Mientras caminaban, Neal se encontraba callado, reflexionando sobre la relación que tenía como chico con sus primos. Después de todo, no eran tan estúpidos como el imaginaba. Eran divertidos, especialmente Archie, quien refrescaba el ambiente con sus chistes. Rieron muchísimo con los comentarios que hacía éste. Por otro lado, Stear lo mantenía interesado con sus conocimientos científicos sobre la naturaleza, sobre detalles inimaginables que hacían mucho más fascinante el mundo en que vivían.
Caminaron por los lindos senderos que rodeaban la casa de campo, echaron carreras a ver quién ganaba, trataron de capturar liebres sin éxito y llegaron a un hermoso lago que se les hizo tentador para el caluroso día de primavera. A Neal se le ocurrió la idea de echarse a nadar en el agua, idea que tanto Archie como Stear aceptaron de buena gana. Neal tomó la delantera, no soportaba un minuto más el calor que lo asediaba, ni el horrible e incómodo traje que se había puesto por la mañana. Se soltó las coletas del cabello, extrañaba a horrores tener el pelo corto, pues la tarea de peinarlo era una verdadera pesadilla. Menos mal que contaba con Patty para ayudarlo, pues nunca hubiera podido adivinar cómo manejar aquel pelo rubio lleno de risos.
No lo pensó dos veces y se quitó los zapatos, las medias, y el traje. Se quedó en paños menores. Sus primos lo miraban atónitos, pues no pensaban que Candy se desnudaría frente a ellos. Motivados por la intención de Candy de desnudarse, los chicos comenzaron a quitarse la ropa también. La verdadera Candy, quien no los había perdido de vista, creyó necesario aparecer ante ellos, antes de que Neal comenzara a quitarse la ropa interior. Seguramente, el chico no había adquirido aún el pudor necesario que se supone que tengan las chicas. Lo general en ellos era echarse a nadar en pelotas, pues no tenían vergüenza de exhibirse unos a los otros. Entre varones era normal.
Cuando apareció Candy en el cuerpo de Neal, el fastidio que expresaba Archie se notaba a kilómetros de distancia.
-Si vienes a molestar, te puedes ir por donde viniste, Leegan -gritó Archie malhumorado.
Candy se dio cuenta que no sería aceptada tan fácilmente entre ellos. Tenía que buscar una excusa lo antes posible para justificar su presencia en el lago y evitar que Neal la avergonzara con su comportamiento, el cual ella entendía que no lo hacía de mala gana, si no que respondía al instinto varonil que todavía estaba impregnado en su alma.
-También tengo calor, quiero echarme un rato en el lago. Vengo en son de paz.
Los hermanos miraron al cuerpo de Neal con desconfianza y se pararon al frente de quien creían que era Candy. De alguna manera, querían proteger a la rubia de las posibles miradas pervertidas de Neal. La verdadera Candy no pudo aguantar y estalló en carcajadas. Le parecía gracioso que Archie y Stear estuvieran protegiendo a Neal sin saberlo. Esto provocó la ira de los dos chicos y Stear tuvo que detener a Archie para que no se enfrascara en una pelea a puñetazos con "Neal". Candy no desaprovechó la oportunidad de molestar a Neal, todavía andaba un poco molesta por andar sin ropa interior en la escuela.
-Así que, ¿querías que los chicos te vieran desnuda, CANDY? -la chica se bebía las lagrimas de la risa que tenía. Neal estaba ya un tanto enojado e incómodo. La situación no era la más aceptable, además que se avergonzaba de mostrarse complacido junto a sus primos.
-Vámonos. Ya se me quitaron las ganas de bañarme en el río. -Neal volvió a ser el mismo huraño de siempre, tomó el traje y se lo puso rápidamente.
-Pero no se tienen que ir. Yo solo quería compartir con ustedes.
-Sí, ya lo creemos -dijo con un dejo de odio Stear, quien se había quedado con las ganas de ver el cuerpo femenino de Candy, tal y como vino al mundo.
-Y, ¿tú crees que realmente nos hemos comido el cuento de que quieres estar con nosotros? Lo único que has hecho, desde que tengo memoria, es despreciarnos y jugarnos bromas pesadas con la estúpida de tu hermana -le gritó Archie a Candy.
-¿Acaso no puedo cambiar? ¿No crees que sea capaz de mejorar como persona?
Mientras Candy discutía con Archie y Stear, Neal pensaba en lo mal que se había portado con sus primos. A pesar que su hermana era quien siempre ideaba las bromas pesadas que les hacían, y estaba detrás de él hasta que las llevaba a cabo, ésa no era excusa para haberles hecho tanto daño. Había tantas cosas nuevas y emocionantes, que determinó que cuando volviera a su cuerpo no desperdiciaría su vida molestando a los demás, sólo viviría para pasarla bien, para disfrutar de la vida.
La rubia no tuvo mucho éxito con sus amigos y decidió volver a la casona. Cruzaría los dedos, era el único producto de la buena suerte que tenía para ver cumplido su deseo de no verse involucrada en otros asuntos vergonzosos. Confiaría por primera vez en Neal y lo dejaría solo para que disfrutara plenamente del día junto a los hermanos Cornwell.
Cuando llegó a la casona, Elisa la estaba esperando debajo de la sombra de uno de los árboles. Candy iba tan distraída, que cuando paso por la inadvertida Elisa, no se percató de que la peli colorada le puso el pie para caerse.
La risa socarrona de Elisa invadió todo el jardín.
-¿En qué estabas pensando hermanito? –Elisa le preguntó, arqueando sus brazos, con su imagen siempre imponente.
Y ahora, ¿qué hago con esta tipilla?, se preguntaba Candy, pensando en cómo salir de ese escenario en el cual podría significar nuevos problemas.
-No me digas que andas pensando en la huérfana estúpida… Estás tan raro últimamente. –La chica reflexionaba en voz alta, mientras observaba detenidamente a quien creía su hermano.- Quién sabe que estará pasándote…
Elisa se dio cuenta del enojo en el rostro de su hermano.
-¿No te gustaría hacerle una bromita a Candy y a los dos tontos que tenemos por primos?
La idea a Candy no le pareció del todo mala. Todavía andaba un poco furiosa por no poder quedarse a nadar con ellos. Era muy injusto todo lo que estaba viviendo. Además, Neal se había encargado de liar las cosas, en vez de mantenerlas en orden. A partir de esa noche, si es que se daba el cambio, Candy tendría que ponerse a arreglar muchísimas cosas que Neal había deteriorado. Una sonrisa diabólica apareció traviesa en el rostro de Candy y pensó en lo bueno que sería gastarle una broma a Neal antes de cambiar de cuerpo. Ahora tenía la licencia para portarse mal, cosa que no había hecho hasta el momento; después de todo, ¿qué podía perder?
Por un lado, se daría el gusto de una pequeñita venganza por todos los malos ratos que le hizo pasar Neal en todo el tiempo en que se habían conocido, pero por el otro, no quería involucrar a los chicos. Ella amaba de todo corazón a Stear y a Archie y de ninguna manera los mezclaría en esto.
-Acepto, -dijo firme,- pero con una condición.
-¿Cuál? –Elisa esperaba la respuesta con su siempre sonrisa malévola.
-Bueno, es sencillo. Si quieres que hagamos una broma, sólo se la haremos a la tonta de Candy. A mí los chicos no me interesan.
Su prima lo consideró por un momento. Su interlocutor tenía razón, el objetivo tenía que ser Candy.
-Bueno, esta es la primera vez en mucho tiempo, hermanito, en que tienes la razón. ¿Tienes alguna idea?
Ya la idea estaba flotando en el mar de pensamientos de Candy mucho antes que Elisa le preguntara. En voz baja, le comentó el plan de acción a seguir.
Un rato después, Neal, Archie y Stear volvían de dar una vuelta en el campo. El rostro del chico en cuerpo de mujer se notaba relajado. Era obvio que había pasado un excelente día junto a sus primos. A lo lejos, se escuchaba una fuerte discusión entre Elisa y entre quien todos creían Neal.
-Maldito cerdo, ¡te odio! -gritaba Elisa furiosa.
-¿Por qué? ¿Porque tengo la razón? Eres una chismosa. Por eso nadie te quiere.
-¡Cállate, imbécil!
Los "hermanos" estaban discutiendo cerca de las porquerizas de la casona. El motivo no era claro, pero Neal, y los dos primos se acercaron para echar un vistazo a la discusión de los Leegan.
-¡Te voy a romper la cara! –gritó desesperada Elisa.
-Eso lo veremos. ¡Antes de la romperé yo! –gritó Candy con toda la alevosía para provocar al verdadero Neal. – ¡No saldrás de esta viva, perra!
Candy sujetó a Elisa por las muñecas y dio la impresión que la iba a agredir físicamente.
-Chicos, ¿acaso no piensan intervenir? –preguntó asustado Neal a sus primos.
-¿Para qué? –Contestó con otra pregunta Archie.– A nosotros no nos va ni nos viene los asuntos de ellos dos. Por mí, que se mueran- aclaró despreocupado.
-Estoy de acuerdo contigo, hermano –dijo Stear.- Éstos son asuntos meramente familiares.
Neal veía con desesperación el altercado y pensó que debía intervenir. La situación no se veía del todo bien y él no quería que ni su hermana ni Candy salieran mal de ésta, por lo que se acercó.
-¡Basta ya! –gritó colérico Neal.
-¿Quién te dio vela en este entierro, pedazo de estúpida? –respondió Candy.
El chico no podía creer la respuesta de Candy. Por alguna razón, estaba mucho más descontrolada que otras veces. Si no paraba la pelea, Elisa terminaría muy mal herida. No solo eso, también tendría que responder por la agresión luego de volver a su cuerpo. De modo que tenía que intervenir ya.
Elisa había agarrado a quien creía Neal por el cuello. El odio que salía por sus ojos mostraba lo fastidiada que estaba. ¿Qué habría ocurrido entre ellas dos, para que estén tan molestas la una con la otra?, pensaba.
Antes de que se matasen la una a la otra, Neal trató de detener la pelea. Pero sin darse cuenta, tanto Candy como Elisa lo agarraron de los brazos y a la vez lo tiraron sobre la porqueriza. Ambas chicas rieron de lo lindo, con lágrimas en los ojos y con las pansas apretadas. Candy disfrutó muchísimo de la broma que le gastaron a Neal, disfrutó muchísimo del ingenio de Elisa y de su buen humor. Después de todo, no era del todo malo hacer bromas pesadas de vez en cuando. Cuando Candy le comentó la idea, Elisa la afinó con ideas que la hicieron la broma perfecta.
Mientras, Neal yacía en el suelo enlodado de las porquerizas. Sentía cómo se llenaba de odio. También sintió celos de ver a su hermana disfrutar de un buen momento junto a otra persona que no fuera él.
Stear y Archie se habían marchado antes de que Neal se interpusiera entre ambas chicas. Los hermanos le habían advertido, a quien creían Candy, que su intervención sería peligrosa cuando se trataba de los hermanos Leegan. Ese comentario fue lo suficientemente hiriente, como para hacerle caer en cuenta el desprecio que le tenían. Fue la primera vez que sintió cómo el rechazo directo de alguien le dolía. Así que, no solo se sentía dolido con lo que le habían dicho sus primos, sino que tenía a su hermana y a la chica que tenía su cuerpo riéndose y burlándose de él. Lamentablemente, ese día no tenía una muda de ropa adicional para cambiarse; de modo que, tendría que lavarse y quedarse con la ropa puesta, esperando que se secara. Además, tendría que cargar con el mal olor del lodo hasta que llegara nuevamente en el colegio.
Cuando Neal se presentó ante la tía abuela Elroy, el mal olor que salía del cuerpo provocó en la matriarca una sensación de asco que no disimuló. La perorata que tuvo que escuchar de la tía abuela lo aburrió en lo sumo, además de hacerlo sentir menospreciado. Una y otra vez Elroy recalcó la importancia de dejar atrás las costumbres que se observaban en el Hogar de Pony, que se suponía que ella observara el recato de una señorita, que por nada del mundo aceptaría esa conducta nuevamente, que una Andley jamás llamaba la atención de esa manera. El fastidio de Neal era evidente. ¿Cómo Candy aguantaba todas estas situaciones juntas? A pesar que no le dijo la verdad sobre el incidente de la porqueriza, era cierto que Candy tenía que tener la piel dura para aguantar toda clase de comentarios negativos de todos lados. A pesar que Candy se había burlado de él, de la manera más sucia posible, Neal comenzaba a sentir respeto por la rubia. Realmente, llevar el cuerpo de ella solamente era una misión imposible. Él lo había comprobado en los últimos siete días.
A la tarde regresaron todos al Colegio San Pablo. En el camino, todos iban mareados con la peste que llevaba consigo Neal. Los hermanos Cornwell decidieron no indagar mucho sobre el asunto de "Candy" porque algo les decía que ella había sido responsable del accidente.
Una vez en el colegio, Neal se dio un largo baño con agua caliente. Mientras el agua calmaba todas sus ansiedades, éste repasaba todos los eventos vividos con un cuerpo femenino. Los suspiros iban y venían como un modo de desprenderse de lo que lo atormentaba, esas inquietudes sobre el cambio que pronto tendría, que anhelaba mucho, pero que a la vez temía.
Patty lo ayudó a peinarse. Allí, en el dormitorio en el que vivió en la última semana, Neal le contaba a su nueva amiguita todo lo que ocurrió en la casona. La chica que lo peinaba no podía creer que hubieran tirado a su amiga a una porqueriza. Pero luego le recriminó el haberse inmiscuido en una pelea entre los Leegan.
-Esos dos Leegan son unos cretinos.
-Lo sé… -suspiró Neal.
-Siempre se la pasan haciéndoles bromas de mal gusto a todos. ¡Como me gustaría verlos ser víctimas de una broma pesada, como las que ellos hacen!
-Aquí me tienes de frente… Se te ha cumplido el deseo -murmuró Neal.
