Internado Forks para Chicos Rebeldes

Capitulo 15

Nieve

El día se pasó rápido ya que no tuvimos casi ninguna clase excepto la del último periodo donde por fin lograron secar las salas. Luego de eso me fui a mi habitación a terminar un informe de literatura y no salí hasta la hora de la cena.

Había sopa y me comí casi tres platos… Si, estaba hambrienta!

Aún llovía, pero con menos intensidad y hacía cada vez más frío.

-Mañana va a nevar… -comentó vagamente Jasper.

-Y yo me voy a la cama- dije levantándome de mi asiento.

Caminé hacia la salida, sola, y por una milésima de segundo me pregunté donde habría estado Edward Cullen durante la cena.

El pasillo techado que llevaba a los dormitorios estaba atestado de gente, así que preferí dar la vuelta larga y caminar bajo la lluvia.

En mi iPod sonaba My Heart de Paramore y se sentía muy bien la lluvia en mi cara. Casi nunca pescaba resfriados así que no estaba nada preocupada.

Estaba oscuro, pero me gustaba la sensación. No era la fan número uno del frío, pero aun era soportable.

Seguí caminando con la mirada clavada en el suelo por entre el suelo que estaba cubierto de césped, hasta que dos pies aparecieron frente a mí y se detuvieron.

Me quite un audífono y levanté la mirada.

-Deberías mirar hacia el frente cuando caminas –me dijo el chico de cabello cobrizo.

La verdad, no sé porque, pero me tomó unos instantes entender el comentario.

-Lo tomaré en cuenta… -le respondí. El esbozó una pequeña sonrisita.

-Con permiso- me dijo y pasó a mi lado.

El roce de nuestras manos al pasar fue casi abrumador. El su piel estaba tan caliente y la noche tan fría que era casi desconcertante.

Me quedé allí, congelada por un instante.

-Edward?-le dije sin girarme.

-Si?-me preguntó el de espaldas a mi.

Esta era mi oportunidad para preguntarle que había querido decir el otro día, pero era como si las palabras no salieran de mi boca.

-Nada… -dije pero seguí quieta.

Me tomó unos segundos más comenzar a moverme. Sacudí mi cabeza y seguí caminando. A veces no me entendía ni a mí.

Llegué a mi habitación con la ropa empapada así que la dejé secando y me fui a dar un baño.

Salí de la ducha lista a dormir, pero mi cuerpo me pedía un cigarrillo así que saqué uno. Lamentablemente estaba lloviendo y no podía salir así que decidí que no podía pasar nada tan grave si lo hacia en mi habitación.

El cigarrillo fue rápido y me fui a la cama. Estaba cansada.

Al otro día me desperté con un resplandor blanco entrando por mi ventana… "Sol?" me pregunté para mis adentros… No, era nieve, metros y metros de blanca nieve.

Podía odiar el frió, pero la nieve era otra cosa. En Arizona nunca había así que estaba realmente sorprendida.

Me vestí rápidamente y corrí a la habitación de Alice. Golpeé la puerta incansablemente hasta que me di por vencida y simplemente la abrí (usando una de las técnicas que había aprendido en casa para abrir la puerta de la alacena donde guardaban los licores).

-Alice! Alice! Alice! Hay nieve ya la viste!

-Bella déjame en paz … -dijo retorciéndose en su cama.

-Oh vamos! Tu siempre me despiertas a mi! Vístete y bajemos!-le dije moviéndola del brazo.

-Isabella Swan, son las –miro su reloj del velador- 6:30 de la mañana! Vete y vuelve cuando sean las 8!

Derrotada y asombrada me fui a mi cuarto otra vez. Nunca me había despertado tan temprano, entonces no sabía que iba a hacer.

Intenté dormir de nuevo, pero no lo logré. Escuché música para matar el tiempo, pero tampoco me entretuve. Jugué videojuegos y tampoco…

Miré el reloj, las 7:30, perfecto solo media hora.

Talvez debía bajar sola, así que lo hice. Estaba vacío y frío, pero la nieve lo compensaba todo, tan blanca, tan… linda… bah, qué se yo!

Debo haber parecido retarda sentada en un escalón observando la nieve.

No sé cuanto tiempo estuve en eso, pero luego fui a ver si ya habían abierto el comedor para poder comer algo. Por suerte si y me llevé un gran café. Iba dispuesta a sentarme en el mismo escalón cuando escuche la risa nerviosa de una chica.

El cabello naranjo casi como de fuego era visiblemente notorio desde el punto en que yo estaba. Me acerqué más y vi unas manos en su cintura; manos de chico. Estaba con esa chica en la clase de historia, se llamaba Victoria. Usualmente no abría la boca para más que dejar escapar una risita estúpida de algún comentario de algún chico en clase, así que no sabía mucho de ella en realidad.

Me moví un poco de donde estaba para ver quien era el chico. Estaba de espaldas; era alto, delgado, estaba vestido como si en realidad no le importara mucho y tenía un cabello cobrizo que lo delataría en cualquier lado.

Edward.

No, no podía ser, verdad? El nunca se levantaría temprano, ni menos por una chica…

Se dio la vuelta y vi su brillante sonrisa dedicada a ella, Victoria, y no pude evitar escupir el café que me había llevado a la boca hace un segundo.

Creo que en realidad había una parte de mi que estaba segura de que no era el, pero para variar me equivocaba.

La chica me miró algo asustada.

-Ah… Bella, me asustaste –me dijo sonriente.

-No te preocupes, solo era yo –le dije intentando sonar desinteresada.

Edward giró su cabeza y dirigió su mirada a mi. La expresión de sus ojos era algo confusa, no pude descifrarla.

-Bella..

-Edward… -respondí casi de inmediato. Era una especie de saludo… uno muy frío.

-Bueno, ya me voy –dije y pasé por su lado. Quise mirar hacia atrás para ver su reacción, pero no, eso sería derrota…

Si me detuve al pie de la escalera. Era desagradable, era estúpido y ella… bah, no sé. Estuve mordiéndome el labio inferior tan fuerte que llegó a salirme sangre.

Toqué mi labio con el dedo.

-Estúpido Edward.

Subí por mis libros y no esperé a Alice para irme a clases. De hecho bajé tan rápido que al tropezar con Emmet en la escalera casi boté al grandulón.

-Hey a donde vas tan deprisa Bella?

-Lo siento Emmet, estoy algo apurada…

-Pero es día de nieve! El día donde todos llegamos tarde a clases!

-Pues yo no. –dije intentando esquivarlo para irme.

-Hola chicos, qué hacen? –dijo la melodiosa voz de Alice.

-Bella quiere llegar temprano a clases.- le respondió Emmet.

-En día de nieve!

-Si, en día de nieve! Me dejan pasar ahora?

-De ningún modo! Ah y me encanta tu boina púrpura!-dijo Emmet desordenándome el cabello con la boina encima.

-YA! Déjenme en paz, quiero irme a clases.

Camine hacia mi clase de Literatura maldiciendo todo a mi paso. Por qué estaba tan enojada! Qué era lo que me molestaba?

No le puse ni un poco de atención a la condenada clase; mi mente vagaba en la nieve que podía ver por la ventana.

Segunda clase lo mismo, ni siquiera me digne a abrir el libro.

Así pasé el día hasta el almuerzo. Después de no haber socializado con nadie en todo e día, era momento de conversar por unos segundos.

Me senté con mi plato lleno de spaghetti en la mesa e intente recobrar la sonrisa que había perdido esta semana.

-Sigues de mal humor gruñona? –me preguntó Jasper. Le saqué la lengua en forma de respuesta. No podía seguir seudo enojada por algo que había visto y que claramente no significaba nada.

-Propongo una pelea de nieve después de clases –dijo Alice.

-Acepto –dije desafiando mientras me tomaba un sorbo de jugo de manzana.

-Pero tenemos educación física ahora –se lamentó Rose.

-Que floja eres hermanita –le dijo Jasper.

Todos nos reímos, pero por supuesto tenía que llegar Edward para arruinarlo.

-Hola –dijo casi en tono arrogante. Como si se burlara de nosotros… o de mí.- Victoria va a sentarse con nosotros hoy.

Miré a la sonriente chica. Seguramente para ella esto era como ganarse la Lotería. Sentarse con los Cullen según había escuchado no era cualquier cosa…

Edward movió la silla para que ella se sentara en medio del silencio que se había hecho en la mesa.

Fue como un puntapié directo en el estomago. Mover la silla ya era mucho, esto no era mi imaginación.

Tomé con fuerza una cucharada de mi plato y mastiqué sin dejar de observar a Edward con cara de furia.

Alice me había pedido que la esperara para irnos juntas al gimnasio así que tuve que quedarme en la mesa un poco más después de haberme terminado el almuerzo.

Empezaba a no soportar la cara tan sonriente de Edward. Movía mi pié nerviosamente y apoyé mi cabeza sobre mi mano de manera desinteresada.

-Auch! –dijo Victoria.

-Lo siento –la había golpeado mientras movía mi pie.

-Descuida.

-Vamonos Bella –dijo Alice.

Me levanté de mi asiento y mis ojos se encontraron un minuto con los de Edward. Una mirada vacía.

Me cambié rápido en los camarines y fui hacia mi cancha de basketball, pero como estaba nevado los profesores habían decidido que todos estaríamos en el gimnasio y que podríamos hacer lo que quisiéramos.

-Un partido de volleyball!- propuso Rosalie.

-Perfecto –aceptó Emmet.

-Somos impar –dijo Alice sin mucha emoción en la voz.

Todos la miramos desconcertados y apuntó hacia su hermano que seguía con la pelirroja.

-Bueno entonces yo no juego y seré el arbitro –dijo Alice ahora más animada –Bella tu serás capitana de tu equipo y Edward tu del tuyo –y sonrió.

Perfecto, ahora si que no podía perder… aunque soy bastante mala en todo lo que sea deporte.

-Rose y Victoria serán de mi equipo. –dijo el muchacho. Victoria… su nombre sonaba tan… asquerosamente empalagoso cuando lo decía.

-Jazz, Emmet, vengan acá –los llamé. – Los vamos a masacrar –casi sonó como una amenaza.

-Pero Bella tu no sabes…

-Silencio Jasper! Dije MA-SA-CRE

Ambos asintieron y se fueron a sus posiciones. Yo era pésima, como era de esperar, pero es que las frecuentes demostraciones de ternura entre la zorra, perdón, Victoria y Edward eran demasiado abrumadoras para mi.

-Qué pasa Swan! Tienes a dos chicos en tu equipo y no puedes con nosotros? –me dijo el ojiverde en tono burlón.

-Tu cállate! –le grité de vuelta. Y pronto el juego era solo entre el y yo. Punto para mi equipo y punto para el de el. Ni idea de donde saqué la súbita habilidad para jugar al volleyball, pero ahí estaba.

-Bella no tan –saque- fuerte …

-Tu no hables y mantente atento! –le grité a Emmet que me distraía de mi meticulosa vista hacia la pelota.

Y fue en ese maldito minuto que vi a la maldita de Victoria sonreírle de esa maldita manera que me ponía los malditos nervios de punta… y fue un impulso que me recorrió todo el cuerpo, pero no me di cuenta hasta que ya lo había hecho.

Puse mi mano tapando mi boca en manera de asombro. La chica que yacía en el suelo no paraba de quejarse del dolor.

-Yo… lo siento mucho de verdad! No se que me pasó! No te vi! – fue todo lo que logré articular cuando fui a ayudarla.

-No te preocupes –me dijo mientras se paraba con mi ayuda y la de Rose. –Estoy bien –y otra vez la maldita sonrisa de mosca muerta.

-Bella, eres estúpida o qué! –me grito Edward cuando llegó a quitarme a Victoria de los brazos.-Pudiste haberle roto la nariz o algo! Acaso estás ciega!

-Ya! Ya entendí, pero no pasó nada al final!

El chico me dirigió una mirada acida mientras llevaba a su… cosa, ya que no se si son novios o qué, hacia las gradas y yo me quedé parada junto a Rose. Por un segundo… solo por un segundo deseé haberle roto la nariz.

Perfecto, había sido un día simplemente perfecto, todo lo que quería ahora era irme a mi habitación y no hacer nada, o fumarme un cigarrillo mientras escucho música o qué se yo, pero no! Allí estaba Alice esperándome con una despampanante sonrisa y sus guantes de nieve.

-Ni de broma…

-Ya habías dicho que sí!

-Pues me retracto –dije intentando pasarle por el lado.

-Vamos Bella hazlo por mi! –y puso esos ojos que uno simplemente no puede rechazar. Condenada Alice! Me tenía donde quería…-Media hora, ni un minuto más ni un minuto menos.

-Excelente! –y en ese minuto una bola de nieve chocó contra su cabeza y como era tan pequeña casi se cae de bruces al suelo. Se dio la vuelta furibunda para ver quien había sido y allí estaba un sonriente Emmet con otra bola en la mano.

Esta vez fui yo la victima y me llegó en el hombro. Vaya que tenía fuerza, tuve que perseguirlo por casi toda la escuela para poder tirarle una mísera bola que con suerte le llegó al estomago.

Debo reconocer que me la estaba pasando bien y que fue más de media hora, de hecho creo que estuvimos algo así como dos horas completas tirándonos nieve… que infantiles.

Aproveché para lanzarle unas a Victoria que, sí, seguía pegada a Edward como con cinta adhesiva.

Considerando que en Arizona no había nieve, pasé la mayor parte del tiempo en el suelo por no saber caminar bien en ella. El paisaje se veía lindo con ella… era como ver una película en cámara lenta: Alice y Jasper divirtiéndose mientras se lanzaban nieve, Rosalie y Emmet abrazados de la manera que solo ellos se abrazaban y luego Edward… Edward y Victoria, besándose…

No se si el se lo correspondió, no se si ella lo besó, no sé… nada. Pero yo estaba sola… sola… y era como si algo me quemara por dentro. Incontrolable y molesto.

No encajaba de ninguna manera con la imagen y supe en ese minuto que si no quería verme patética debía irme a mi habitación. Caminé sin mirar atrás y con el nudo en la garganta ya formado. De esos nudos que sabes que traerán lágrimas y que son imposibles de evitar, pero que puedes mantener por unos minutos si es que tienes la fuerza de voluntad que yo tengo.

Pero en la escalera del edificio ya no pude más y las estúpidas a innecesarias lágrimas comenzaron a caer por montones. Era imposible detenerlas. La confusión se hacía mayor mientras más me acercaba a mi cuarto.

Por fin logré entrar y cerré la puerta lo más fuerte que pude. Entonces los sollozos hicieron acto de presencia y ahí lo tienen, Bella Swan estaba llorando sin ninguna razón. No recuerdo haber estado más confundida antes. Estaba llorando como una magdalena y no tenía ni la más remota idea del porqué y eso me desesperaba más.

En ese momento recordé a Edward y a Victoria…. Agh, hasta asco me producía pronunciar su nombre… era terrible… una escena en donde yo no encajaba.

Y en ese preciso instante el tiempo se detuvo; Algo que me oprimía el corazón, algo que me hacía enojar, algo que me dolía y que me entristecía a la vez: Celos.

Celos… yo… es decir, celos por Dios santo! Qué demonios me estaba pasando! Llegué a ahogarme con mi propio llanto ante la revelación. No, no, no y no! Era inconcebible, inaceptable e imposible. Yo no estaba celosa, yo no iba a estar celosa y yo nunca estuve celosa. Los celos son para la gente débil, para la gente idiota y yo no era de esas, además que para sentir celos tendría que gustarme Edward y de eso ni hablar…

Sequé mis lágrimas con las mangas de mi camiseta y me levanté del suelo en donde estaba sentada.

"Celos… si como no" pensé.