Disclaimer:
Los personajes no son míos, yo solo me invento cosas raras ─muy raras─ con ellas.
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Advertencia:
*Esta historia contiene incesto, al igual que escenas de sexo explicitas si no te agrada este tipo de relaciones o lectura NO lo leas.
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Desear a tu propia sangre
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[InuxKag]
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[Long-Fic]
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By Al3xandRa PaTT
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= Capitulo 11. Confianza =
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Cerró la puerta tras de si y se asombro al ver que el lugar parecía un oasis. Las paredes estaban cubiertas de azulejos dorados, mientras todos los acabados (la tina, el retrete y el lavamanos) eran de un material sumamente brillante de color negro, con los mangos de las llaves de un material muy parecido al cristal.
Sonrió ligeramente, ese lugar era demasiado elegante y ordenado para pertenecerle a Inuyasha. Caminó por el lugar mirándolo con detalle, se acercó al lavamanos y lo acarició con suavidad. Paseó su mirada por los pequeños estantes que se encontraban a un lado y se mordió el labio para reprimir una sonrisa. Frente a ella se encontraba una maquina eléctrica para afeitar, desde que lo conocía nunca lo había visto con el más mínimo indicio de una barba en crecimiento, pero seguramente eso se debía al hecho de que se afeitara continuamente.
Siguió observando los estantes un momento y cuando vio una pequeña botella de loción no pudo más que estirar la mano como acto de reflejo y olerla.
Un suspiró brotó de lo más profundo de su pecho, ese olor era por mucho el mejor del universo. Era el perfume de Inuyasha, tan fuerte y sencillo que entendía a la perfección quien y por qué era su dueño. La deliciosa esencia que llenaba sus pulmones le creaba unas irresistibles ganas de estar en los brazos de Inuyasha, se dejó llenar por el placer que le influjo el liquido por unos momentos, hasta que finalmente decidió que era momento de olvidarse de ello y darse un baño.
(…)
─Mierda, mierda, mierda… ─musitó en son de queja Inuyasha mientras se dejaba caer en su cama.
Se sentía tenso y que un calor nada normal llenaba la habitación, pero realmente no le parecía para menos. Esa chica lograba calentarlo de una manera que realmente no creía posible ¡Y es que Kami! Se veía realmente sensual incluso cuando sus ojos estaban hinchados por el llanto.
Giró y extendió la mano tanteando el piso hasta que encontró el Iphone, ya había sospechado que se lo había dejado olvidado por ahí. Una mueca pareció en su rostro cuando se dio cuenta de que tenía un par de mensajes. Al parecer Kouga ya había entrado en la fase de "novia celosa", aunque bien, tal vez eso podría haber sido por su culpa, llevaba un tiempo sin hablar con él de algo que no fueran los finales.
Escribió un rápido "Rollos familiares, mi viejo esta como loco. Te cuento el martes en la cafetería a la hora de siempre", y luego de pensárselo unos segundos decidió que tal vez, lo que sucedía con Kagome no era algo que le podía contar al sarnoso. Quizá el que fornicara con su prima no le parecería tan malo, incluso puede que ni le molestara, porque según su punto de vista, eso era más excitante que hacerlo con Ayame en la cocina mientras sus padres se encontraban a siete metros, solamente separados por una cortina de seda color caqui, pero él hecho de que Kagome fuera su hermana sin lugar a dudas no le agradaría en lo más mínimo.
Buscó los audífonos del Iphone y en menos de cinco segundos ya se encontraba tan sumergido en el sonido del bajo, la guitarra eléctrica y la estruendosa batería, que no fue consciente de en que momento Kagome salió de la trampilla.
Ella realmente no tenía mucha idea de que hacer, pero cuando sus ojos lo enfocaron en la penumbra se quedó quieta.
Los brazos de Inuyasha se encontraban detrás de su cabeza, tenía los ojos cerrados y movía un pie al ritmo de la música que seguramente estaba escuchando en su reproductor. Se sonrojó de manera terrible al darse cuenta de que no tenía la camisa puesta. Trató de tragar el exceso de saliva que se había formado en su boca al notar lo bien marcado que estaba y el delicioso bronceado de su cuerpo ¡Kami! ¡Ese chico era peligroso para sus instintos sin siquiera proponérselo!
Se acercó a él caminando lentamente. No sabía si era porque no quería molestarlo o por el hecho de que quería pasar desapercibida y no caer en la tentación de lanzarse sobre él, pero simplemente no lo logró.
Inuyasha abrió los ojos y se le quedó mirando fijamente, logrando que ella se quedara de piedra. En la mirada que este le lanzó era más que obvio lo que el parecía desear hacerle, pero luego de unos segundos volvió a cerrar los ojos, concentrándose de nuevo en la música que salía por los auriculares. Kagome trató de no pensar en lo que ella también deseaba hacerle, por lo que después de tomar un hondo respiró caminó hacía la cama de nueva cuenta.
Cuando logró llegar a ella estaba convencida que lo peor ya había pasado, pero cuando fue jalada bajo el cuerpo de Inuyasha pensó que posiblemente esa noche le sería duro descansar.
Los labios de Inuyasha se encontraban a prácticamente nada de distancia de los suyos y sentía su cuerpo presionándose con el suyo. Su respiración se aceleró y sentía como sus mejillas estaban totalmente sonrojadas. La mirada llena de deseo en los ojos dorados de Inuyasha la volvía loca.
Sin poder contenerse estiró sus brazos y los enganchó alrededor del cuello de Inuyasha atrayéndolo a su boca.
No tuvo más tiempo para pensar que el que el chico tardó en meter su lengua entre sus labios. Un vergonzoso gemido escapó de ella y se sintió ridícula, pero no podía evitarlo. Ese cuerpo era increíble y su sabor algo delirante. Todo en el heredero la llamaba, desde sus ojos hasta su sangre.
A la mierda con la estupidez de ser hermanos, nada podría compararse con él y nada la haría desistir.
Llena de determinación dejó que su lengua se enredara con la del Taisho mientras él acariciaba sus piernas. Sus manos eran grandes y calientes y la volvían loca por completo. Pocas veces había tenido contacto tan intimo, pero realmente no importaba porque ni siquiera una noche de sexo con Souta había conseguido hacerla sentir la mitad de realizada que las caricias de Inuyasha.
El aire les faltaba a ambos, pero no parecían dispuesto a alejarse pronto. Kagome no podía resistirse a él y su toque e Inuyasha no podía concebir una cosa más sensual que Kagome vestida con unos de sus bóxers y una playera que le quedaba maravillosamente holgada.
─Mierda… ─gruñó Inuyasha en el momento en que Kagome empujó sus caderas contra él. Sus labios se alejaron de los de ella y dejó que su cabeza cayera en el hombro de la chica.
Se estaba calentando demasiado y sabía que si continuaba le iba a ser verdaderamente difícil detenerse después.
Se alejó de ella un poco y sus ojos se fijaron en los de Kagome tratando de no pensar en que posiblemente ella no tenía nada debajo de la ropa que le había tomado, pero nada de eso saldría de su cabeza. Se moría por comprobarlo más que nada en el mundo.
Sin poder controlarse su mano derecha tomó el elástico de los bóxers. Kagome estaba quieta, pero no parecía reticente a lo que pasaba, al contrario, era obvio que deseaba darle paso libe cuando sus caderas volvieron a empujarse hacía él. Una sonrisa satisfecha se plasmó en sus labios. No esperaba poder fallársela esa noche, realmente ni siquiera por la cabeza le pasó que podría quitarle la virginidad esa noche, pero no se iba a quejar.
Se lanzó sobre ella y sus labios chocaron con violencia. Sus dientes mordieron el labio inferior de Kagome y su lengua golpeaba la suya buscando someterla. Su cuerpo estaba encendido y moría por ver el cuerpo desnudo de la chica, pero por primera vez trataría de hacer que Kagome se sintiera bien antes de buscar su propio placer.
La mano que sostenía el elástico bajo lentamente la ropa, acariciando la suave piel de sus piernas en el proceso, para que luego la otra acariciara su pierna mientras bajaba.
Toda su piel se encontraba en llamas, sentía como su cuerpo se estremecía cuando ambas manos acariciaron sus piernas de regreso hacía arriba y se posicionaron en sus caderas. En ningún momento los ojos de Inuyasha se separaron de los de ella, pero a pesar de ello no podía evitar sentirse ligeramente asustada.
Deseaba tocarlo, besarlo y mil cosas más, pero tenía miedo… Demasiado.
De alguna manera le aterraba que al hacerlo con Inuyasha doliera de nueva cuenta, ella no sabía mucho sobre sexo y lo que sabía no era exactamente educativo, pero le asustaba aún más el hecho de que el chico se diera cuenta de que ya no era virgen y por obvias razones se diera cuenta de que ella lo había engañado en algún momento.
─No… ─susurró cuando con una sonrisa de sexo, Inuyasha empezó a subirle la playera.
Esa simple palabra logró que él se detuviera a pesar de sentirse indignado.
Si bien él había empezado con todo eso, ella tampoco debió de haberlo incitado a más. Quería hacerla suya, pero desde antes ya se había planteado el hecho de que esa noche se trataría solo de ella.
Tragó saliva y con ella también los reclamos mientras dejaba caer su frente en su hombro totalmente resignado.
─No lo haremos hoy ¿Cierto? ─musitó tratando de sonar lo menos cortante posible, se sentía estúpido y, además de todo, verdaderamente excitado. Sería una noche larga y dura, sobre todo dura.
─Yo… Lo lamento ─susurró Kagome avergonzada hasta lo imposible. Le costaba respirar y podía sentir el miembro de Inuyasha clavándose en uno de sus muslos a través de la tela de su pantalón.
Su cuerpo la empujaba a seguir adelante y realmente no podía evitar imaginar como sería estar con él.
─ Mierda… ─gruñó él dejándose caer en su espalda. No sabía con quien estaba más molesto. Sí con ella o con él mismo y su verga.
Un tenso silencio se expandió en el ambiente. Inuyasha trataba desesperadamente de hacer que su erección desapareciera, sin tener realmente algo de suerte, mientras que Kagome casi podía sentir las lágrimas querer brotar de sus ojos.
Esta frustrada.
Deseaba a Inuyasha. La atracción que sentía por él era increíble, pero simplemente no se arriesgaría.
Los minutos pasaban y ninguno se movió. Lo único que parecía demostrar que había vida en ese lugar eran sus respiraciones que poco a poco se fueron regularizando.
─Te extrañé… ─susurró ella sin poder evitarlo. Se giró para poder verlo a la cara, y una ligera sonrisa se formó en sus labios al ver el confundido rostro del heredero. No necesitaba pensar mucho en ello, pero el pequeño lapsus de tiempo en el que no habían estado juntos era algo que la había hecho sentir enferma.
No dijo nada más. Esperaba que Inuyasha entendiera pronto y no le diera tantas vueltas a sus palabras en lugar de dormir.
Se acercó a él lentamente y se acurrucó en su costado. El desconcierto del chico no había disminuido en lo más mínimo, pero de cualquier manera no pudo evitar pasarle un brazo por encima. No haría nada sucio, ni trataría de cogérsela, al menos no esa noche, a pesar de ser consiente de que no se había colocado los bóxers de nueva cuenta.
Trataría de demostrarle a Kagome y a si mismo que era alguien digno de confianza.
(…)
─Despierta… ─susurró Inuyasha totalmente desesperado, mientras sacudía el hombro de Kagome.
No habían ni siquiera dado las siete de la mañana y se sentía molido. No había podido dormir como Dios manda. Tener a Kagome con él bien lo valía, pero se creía capaz de soportar un par de noches más con ese pequeño trasero restregándose contra él a momentos.
Si bien, su erección había sido controlada se encontraba en problemas mayores. Su padre no tardaría más que un par de minutos en despertar y largarse a cerrar tratos o incluso a invitarlos a tomar el desayuno en el club. No podía dejar que se enterara que ella había dormido con él y mucho menos prácticamente desnuda.
─Oh, mierda ¡Despierta! ─insistió y poco a poco los ojos de la chica se fueron abriendo.
La imagen fue gloriosa y por un instante sintió calor en sus mejillas, lo cual lo obligó a maldecir internamente con palabras demasiado grandes. Él era Inuyasha Taisho "Demasiado sexy para no follarlo", según las revistas de moda de su prima. Le parecía estúpido y casi patético sonrojarse por la visión de la chica.
─ ¿Qué…? ─las palabras se perdieron en su garganta y se sonrojo de manera imposible, cuando al removerse fue consciente de que no llevaba nada más que no fuera la playera.
Inuyasha sonrió, pero aún así se sintió incomodo. Deseaba verla desnuda y muchas cosas más, pero no podía obligarla.
─Toma ─le arrojó un montón de ropa en el regazo, tratando de evitar que todos sus pensamientos se perdieran en lo más profundo de su mente, no era el momento─. Dúchate y vístete con lo que quieras de esa ropa, no tardes, tienes que estar en el cuarto de Rin pronto ─su voz se mantuvo sería, él trataba de estarlo, pero el ver a Kagome totalmente confundida sonrió─. Mi padre no tardará en despertar e ir a buscarte.
─ ¿Vamos a hacer algo hoy? ─preguntó ella mirándolo con una mueca. No le agradaba en lo más mínimo estar cerca de ese hombre, ni de Rin y no había estado suficiente tiempo cerca de Sesshomaru como para que le gustara, aunque la forma en que Inuyasha hablaba de él le dejaba claro que probablemente no debería acercarse lo suficiente.
─Posiblemente te valla a llevar de compras con Rin ─respondió encogiéndose de hombros. Pensaba que su prima se estaba comportando como una completa idiota, pero no podía hacer nada. Ella estaba enojada porque creía que Kagome lo engañaba. Eso sería imposible. Él era más que consciente de que ella estaba demasiado enamorada para hacer una cosa así.
─No quiero ir ─susurró ella mirándolo suplicante─ ¿Iras tú? ─sus ojos se encontraron y el chico luchó contra todo para negarse, pero le era realmente difícil. Ella había nacido para estar a su lado, al menos eso le había dicho su madre cuando era pequeño, le parecía estúpido escapar de ella cuando tenía la gran necesidad de encontrarse a su lado.
─Podría… ─murmuró desviando la mirada con un sonrojo en la mejillas. Eso era el colmo ¡De verdad! Él no podía dejarse influenciar por todas las babosadas que pasaban por su mente.
Se estaba volviendo un jodido cursi.
─Vístete ─le ordenó y antes de prometerle cualquier otra cosa o incluso abalanzarse sobre ella salió de su habitación.
Lo sabía, lo sabía desde el momento en que abrió los ojos esa mañana encontrándola a su lado, iba a ser un día verdaderamente lardo.
(…)
Kagome se dejó caer en el piso del centro comercial deslizándose por la pared.
Cerró los ojos y resistió el impulso de gritar. Estaba frustrada y quería llorar de desesperación. El día se estaba volviendo verdaderamente horrendo. Sí, Inuyasha había estado a su lado todo el día soportando a su padre y a su prima, pero eso no era suficiente.
La atención que recibía le hacía querer ser invisible de nuevo.
Habían desayunado temprano, habían salido de la mansión rápidamente y en cuanto las tiendas se encontraron abiertas se vio sumergida en un mundo que realmente le enfermaba.
─Levántate antes de que te vean ─la voz de Inuyasha era inconfundible y abrió los ojos para mirarlo suplicante.
Lo genial de todo era que Inu-No parecía haber superado su aversión a verlos juntos. Eso era bueno, al menos no podría tener a Inuyasha a su lado siempre que quisiera, todo gracias a que se estaba adaptando. Aunque no era del todo mentira, de verdad no sabría como sobrevivir a todo eso si no fuera por él.
Estiró su brazo y él la levantó jalándola de la mano.
Un suspiro escapó de los labios de Kagome y por un momento pensó que sería una idea genial el escapar de toda esa familia.
─Debemos volver a la tienda, posiblemente Rin ya halla terminado de elegir la ropa de ese lugar y te tienes que probar ─la mueca que hizo Inuyasha al decir eso, le dejó claro que él también estaba llegando a su limite. La última vez que había estado con él ahí, se había dado cuenta de que le gustaba el ambiente del centro comercial e incluso pensó que era de ese tipo de personas que amaba mal gastar el dinero, pero ahora era consciente de que incluso él tenía sus limites.
Asintió y cuando él soltó su mano y caminó, Kagome frunció el ceño molesta. Tal vez Inuyasha no era mucho de tomar la mano de una chica mientras caminaba, pero por ella tendría que hacer un esfuerzo, después de todo ahí se encontraban ambos, fingiendo que solo eran hermanos y traicionando la confianza de su padre.
Se acercó a él le tomó la mano.
El chico la miró y sus ojos se conectaron. Su mirada suplicaba y en esos momentos a él le era verdaderamente imposible el controlarse y pensar racionalmente. Solo dejó que ella le sostuviera la mano.
Al llegar al local un gemido salió de la boca de la chica e Inuyasha se sintió incomodo. No era algo fácil de sobrellevar. Eso había sido tan sensual…
Rin se encontraba de pie a cerca de Inu-No y una chica que lucia prácticamente asustada. Y era claro lo que la aterraba. Una pila de ropa se encontraba sobre un par de sillas de espera.
─ ¡Ya era hora! ─gritó la Taisho y se acercó a Kagome, para halarla de la mano y empujarla dentro del vestidor. De alguna manera el hecho de tener que encargarse de hacerla ver como una más de la familia la había obligado a olvidar que estaba enfadada con la chica, lo cual le daba a Inuyasha una esperanza de que tal vez en algún momento se pudieran llevar bien.
Ya había demasiado drama en su vida como para agregarle la sobreprotección inútil de Rin y sus estúpidos celos.
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TBC…
¡Hola!
Bueno, pues he vuelto y me he tardado… ¡Espero que todavía me lean! La verdad es que no tenía inspiración… mucho drama en mi vida para sentarme a escribir un rato… Lo genial es que ya voy a salir de vacaciones y podre escribir más si mi madre no quiere que salgamos xD!
Ahora, quiero hacer una portada para mi Fic… ¿Alguien tiene imágenes de Inu sin orejitas *u*? ¡Se los agradecería mucho!
También les quiero pedir que se pasen a leer una viñeta de HP se llama "Cierra la boca James" Es me dio Fluff, pero bue…
¡Espero publicar pronto!
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Kisses!
"Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue"
