Disclaimer:

Los personajes no son míos, yo solo me invento cosas raras ─muy raras─ con ellas.

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Advertencia:

*Esta historia contiene incesto, al igual que escenas de sexo explicitas si no te agrada este tipo de relaciones o lectura NO lo leas.


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Desear a tu propia sangre

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[InuxKag]

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[Long-Fic]

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By Al3xandRa PaTT

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= Capitulo 12. Comenzando ahora =

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"La biología nos define, pero de alguna manera superamos a la biología"

Grey´s Anatomy

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−Estoy agotada… −susurró Kagome dejándose caer en la cama de Inuyasha.

−Y realmente esto acaba de empezar –respondió el chico sentándose a un costado suyo en la cama. La miró un segundo y después fijó su vista en la malla ciclónica que daba vista hacía la parte inferior de la habitación−. Tenemos que dejar de escabullirnos por todos lados –musitó de manera un tanto incomoda. No quería que ella pensara que estaba terminando con lo suyo, pero tenían que tomar distancias, aunque fuera solamente por unas semanas, de esa manera su padre se convencería de una vez por todas que lo suyo había terminado.

−Lo sé… −contestó Kagome con una sonrisa en el rostro, para luego sentarse y tomar la mano del chico− Pero no quiero hacerlo –dijo alegremente y antes de que Inuyasha se diera cuenta de que pasaba, lo besó.

Un gemido ahogado salió de los labios de la chica cuando la lengua de Inuyasha invadió su boca. Sonrió mientras le rodeaba el cuello con los brazos de manera desesperada. Sus ojos se encontraban abiertos y miraba fascinada la forma en que las cejas de Inuyasha se fruncían ligeramente mientras se besaban. La mano del chico se colocó la piel desnuda de su rodilla y la otra la abrazó con fuerza de la cintura obligándola a olvidarse de mirar para cerrar los ojos y sentir.

Un estremecimiento le recorrió el cuerpo cuando él empezó a subir su mano lentamente y Kagome se maldijo un millón de veces por haber elegido unos short en lugar de la falda esa mañana.

−Eres increíble… −susurró Inuyasha alejándose ligeramente de ella cuando el aire empezó a faltar.

La chica deslizó sus manos hacia su pecho y empezó a acariciarlo por encima de la camiseta negra que se ajustaba ligeramente. Una pequeña sonrisa bailaba en los labios de Kagome. Era extraño que Inuyasha dijera ese tipo de cosas. Regularmente los halagos que salían de esa boca eran para él mismo.

− ¿Sabes? Tú también eres increíble… −musitó y por un segundo creyó que todo era perfecto. Sí, un poco cursi quizá, pero de todas formas en ese momento no importaba, incluso deseaba un poco más de ese Inuyasha que decía cosas lindas, que no iban en nada con su apariencia de chico malo.

Se inclinó lentamente a sus labios y se besaron.

Un torpe suspiró salió de Kagome y con movimientos lentos se sujeto de sus hombros mientras que se levantaba y se colocaba sentada a horcajadas sobre él. Un sonido parecido a un gruñido se formó en el pecho del heredero, mientras que su cuerpo reaccionaba ante la cercanía y la posición en que se encontraban.

De manera inconsciente la tomó de las caderas y la llevó directamente a donde se estaba formando la erección. El contacto lo enloqueció de tal forma que despegó sus labios, para empezar a chupar de manera desesperada el cuello de la chica.

−Inuyasha… −lo llamó ella tratando de quitarse, pero él la retuvo de manera firme.

−Solo una vez, no lo haremos, lo juro –susurró él con voz ronca debajo de su clavícula, antes de empujar sus caderas ligeramente hacia arriba−Dios… −Kagome no pudo evitar sonrojarse al sentir el contacto. La presión era algo maravilloso y los movimientos de Inuyasha eran increíbles. Lo que él estaba haciendo era mil veces mejor que cualquier cosa que Souta hubiera hecho.

Sintiéndose demasiado ansiosa separó la boca de Inuyasha de su cuello y se levantó de su regazo con un rápido movimiento.

−¿Qué mierda te pasa? –preguntó el chico demasiado enfadado.

−Espera –contestó ella con la voz entrecortada y la respiración acelerada.

Inuyasha abrió la boca preparándose para quejarse, cuando vio como las manos de Kagome dirigirse al borde de su blusa de tirantes y sacársela de un rápido movimiento. Su mirada recorrió a toda velocidad su torso solamente cubierto por un sostén negro que le quedaba ligeramente pequeño, de forma que los empujaba de una manera tentadora hacia arriba.

Tragó saliva mientras sentía la necesidad de sacarse los pantalones y acariciarse, al ver que su pequeña y demasiado caliente novia empezaba a bajar el cierre de su short. La forma en que Kagome se quitaba la ropa era desesperada y rápida, pero él lo veía todo como si fuera en cámara lenta. Un delicioso y perfecto strips. Cuando ella se sacó el short dejó a la vista sus largas, blancas y delgadas piernas que contrastaban de perfecta manera con las bragas que también eran negras.

Estaba paralizado.

Sus manos picaban con las ganas de tocar su cuerpo y su verga temblaba dentro de sus pantalones de manera ansiosa.

No tuvo que pensar ni un segundo en más en las ganas que tenía de acercarse a ella, ya que Kagome, con las mejillas totalmente rojas, se acercó a él y se volvió a poner en la posición anterior.

Las manos de Inuyasha se convirtieron en una feroz trampa atrapándola por las caderas y colocando donde la quería.

Los ojos dorados del chico brillaban obscurecidos por el deseo. Una suave sonrisa apareció en los labios de Kagome y se acercó al oído de Inuyasha.

−Podemos hacerlo… −musitó sintiéndose un tanto temerosa. Ella ya había dormido con Souta y no veía otra razón para no hacerlo con Inuyasha, más que su miedo a ser descubierta.

Inuyasha se tensó por unos segundos, antes de que una sonrisa se colocara en sus labios.

Con un hábil movimiento se levanto con ella y la dejó de espaldas en la cama antes de colocarse sobre ella. Sus rodillas se encontraban a lado de sus caderas y sus codos a cada lado de su cabeza mientras la besaba con todo su ser.

La deseaba a un nivel casi imposible.

La camiseta que llevaba se era molesta y las manos de Kagome se aferraban a la parte inferior tratando de levantarla y acariciando de manera ansiosa el torso de Inuyasha, sintiendo los finos bellos de su camino feliz en sus dedos. Era torpe, pero eso bien podría deberse al deseo que la consumía por completo.

Le gustaba sentirse atrapada por Inuyasha, que él fuera quien la besaba y la llevara al borde de la locura, porque al final de todo, lo que estaba por hacer era eso, una locura, pero ¿Qué importaba eso cuando la deliciosa y magistral lengua del heredero le hacía el amor en la boca?

Un estremecimiento le recorrió el cuerpo. Ella pensaba en hacer el amor con Inuyasha… Quizá lo de Souta hubiera sido solo sexo, pero con Inuyasha era posiblemente más que eso.

Las manos de Inuyasha la sujetaban firmemente de las caderas, sujetándola mientras él dejaba caer las suyas. La camiseta de Inuyasha salió y Kagome acarició su pecho con una mano mientras la otra se dedicaba a jalarlo del cuello.

La lucha en la que sus labios se encontraban le fascinaba y la manera en que su cuerpo y el de Inuyasha encajaban le hacía desear más.

−Inuyasha… Rápido… −susurró ella contra sus labios.

Inuyasha sonrió.

Se alejó de ella un segundo, para luego depositar un rápido y casto beso en sus labios antes de dirigir sus manos a la espalda de Kagome y mirándola a los ojos le desabrochó el sujetador.

Su corazón martilleaba y sentía sus pantalones apretados. Una especie de pitido sonaba en su cabeza y se sentía ridículo por tener tantas ganas de coger con una chica. Ella era especial. Le gustaba demasiado.

Se hincó en la cama y la ayudó a hacer lo mismo rodeándola por la cintura con un brazo mientras su mano vagaba hacía uno de sus hombros. Quería mirar pero le parecía que eso no ayudaría a que las cosas fueran más sencillas para ella, por lo que se inclinó y empezó a besar su cuello. Sus manos se colocaron en sus hombros cuando ella soltó un ligero suspiró y se relajó.

Antes de que ella pudiera decir o hacer algo, deslizó sus manos y con ellas los tirantes. El cuerpo de Kagome se alejó del suyo, de manera que logró sacarle el sostén. Kagome se sonrojó.

Una sonrisa arrogante apareció en el rostro de Inuyasha mientras sus ojos se fijaban en sus pechos. Eran deliciosos, redondos y sus pezones lo saludaban excitados, y lo mejor, esa chica era solo para él.

La jaló a su cuerpo, para besarla de manera ansiosa, con sus manos colocándose cómodamente sobre sus pechos. Un estremecimiento de placer recorrió a la chica cuando sintió la palma de sus manos presionándose contra sus duros pezones. Sus manos eran suaves, dejando en claro que el trabajo duro era algo que él nunca hacía, pero eso no importaba, pues el suave masaje que le daba a sus pechos le dejaba en claro que si de algo sabía era de sexo.

Un jadeo salió de sus labios cuando Inuyasha pellizcó con fuerza uno de sus pezones. Fue doloroso, pero terriblemente delicioso. Sin poder evitarlo le rodeó el cuello con los brazos, enredando sus manos en su cabello mientras dejaba que su lengua luchara de manera desesperada contra la de él.

Las sensaciones eran nuevas.

El placer que sentía solo con su toque era abrumador. Todo el mundo dejaba de existir cuando estaba con él y para ella era completamente justificable. Las caricias en sus pechos la hacían gemir sin control, logrando que Inuyasha estando más que duro se presionara contra su vientre, mientras gruñidos se atoraban en su garganta y otros pocos se escapaban cuando él su labio entre sus dientes.

Sabiendo bien lo que se venía se dejó caer ligeramente hacía atrás, jalándolo con ella, de manera que quedaba sobre su cuerpo. Las manos del chico se alejaron de sus suaves montes, usando una para apoyarse y otra para sujetarla de la cadera hacía la suya propia.

Kagome se retorció debajo de él y como pudo, logró meter sus manos entre ambos. Desabrochó el botón de los sus jeans con más habilidad de la que jamás se habría creído capaz, para después empujárselos por las caderas.

Inuyasha ya no se creía capaz ni de sentirse orgulloso de sí mismo al verla tan desesperada. Él también lo estaba.

Se levantó de un salto y se sacó los pantalones a toda velocidad, para seguir con sus calcetines. Amaba no tener que quitarse los zapatos para tener sexo, adoraba su cuarto alfombrado de color rojo sangre que lo obligaba a quitárselos antes de entrar.

En cuanto se deshizo de ellos, miró a la chica que estaba tendida en su cama.

No había nada más perfecto en ese mundo, nada que pudiera ser comparable con ella y su delicioso cuerpo pálido contrastándose con las maravillosas bragas negras que se pegaban húmedas a los pliegues de Kagome.

Los ojos de Kagome no se despegaban de sus bóxers y en su rostro bailaba una sombra de nerviosismo y deseo. Estaba asustada y él lo sabía perfectamente. Se inclinó hacía ella, para depositar un suave beso en sus labios, las manos de Kagome se aferraron a su cuello, pero él se alejó antes de que pudiera hacer algo más y colocó un corto beso en su cuello.

El pulso de la chica ya se encontraba por las nubes y sentía como la sangre circulaba a toda velocidad por sus venas. Inuyasha lamió de manera deliciosa ahí donde podía sentir el palpitar de su corazón, para después dejar un camino de besos rápidos y húmedos sobre su piel hasta llegar y detenerse en su pezón derecho. Era pequeño, rosado y se encontraba perfectamente duro. Se lo metió a la boca y empezó a chuparlo, dando suave y sensuales lametazos que la hacían gemir sin control. Podía sentir sus manos enredándose en su cabello y tirando de este, mientras se arqueaba contra él. Los gemidos que escapaban de la boca de Kagome lo estaban volviendo completamente loco, sentía que en cualquier momento se podría correr en sus bóxers si no se apuraba y entraba en ella, aunque claramente el hacerlo lo llevaría más allá de su control, mientras su mente empezaba a perderse en lo maravillosamente apretada y caliente se encontraría, pasó a su otro pezón mientras una de sus manos se escurría entre sus cuerpos y empezaba a jugar con el borde de sus bragas.

Retiró ligeramente sus caderas y su palpitante erección de ella y siguió dedicándose por completo con su boca a su pequeño monte derecho. La había podido sentir húmeda contra su ropa interior y cuando su mano derecha dejó de pasearse por el elástico superior, para acariciar sus labios por sobre la tela no pudo evitar soltar un gruñido. Sus dientes se apretaron a la dura punta de su pezón al sentir la tela empapada y su cuerpo retorciéndose bajo su toque.

Era una locura.

Quería hundirse en ella de un solo y duró golpe. Se sentía como un animal al sentirla debajo de él, deseando reclamarla como suya, queriendo con toda su alma hacerla gritar su nombre hasta que se quedara afónica.

Alejó sus labios de ella y con su mano izquierda sostuvo sus manos sobre su cabeza. Le encantaba cuando sus dedos se enrollaban en su cabeza, pero deseaba verla a la cara y ser poder deleitarse con el placer que brillaría en su rostro cuando la hiciera sentir un orgasmo como solo él podría hacerlo.

Sonrió al ver la confusión en su rostro y dejó que los dedos de su mano derecha volvieran a acariciar el suave y mojado algodón negro que se encontraba entre sus muslos separados por las rodillas de Inuyasha. Se lamió los labios al ver como ella se estremecía, sus pupilas se dilataban y abría ligeramente su boca dejando salir un gemido bajo y agudo.

Tragó grueso y tomando todo su autocontrol, empujó la tela a un lado y cuando lo hizo la punta de sus dedos alcanzaron a tocar la humedad y la hinchada piel de sus labios mayores. Un escalofrió le recorrió la espalda al joven heredero al clavar su vista en la carne abierta para él y brillando por sus jugos, al igual que su pequeño clítoris asomándose totalmente tenso entre los bellos y la piel que normalmente lo cubrirían.

Su boca se secó, cuando al pasar suavemente su dedo medio por su abertura ella se estremeció y un poco más de líquidos salieron de ella, haciéndola parecer apetitosa. El deseo de pasar su lengua por ese lugar lo mataba, pero primero quería hacerle saber lo que sus manos –las manos del maestro que era−, eran capaces de hacer.

Sus ojos se debatieron por un instante al no saber donde enfocar. Quería ver su rostro, pero la idea de ver sus propios dedos entrando en ella lo seducían de igual manera. Sin poder decidir cerró los ojos, antes de deslizar dos dedos por toda su abertura hasta que estos se colocaron sobre su clítoris.

− ¡Inuyasha! –gritó la chica empujando sus caderas hacía su mano, logrando que él la alejara, todo lo contrarió a su plan.

Sentía su cuerpo caliente y deseaba liberarse de esa tensión que cada vez más se acumulaba más en sus músculos. Lo miró con el ceño fruncido y los ojos por completo oscurecidos, pero él miraba con atención a la malla ciclónica con el rostro serio. Después de unos momentos se volvió a Kagome y acercó su rostro al de ella.

Su aliento a cigarrillos se mezclaba con un ligero aroma a menta, mientras sus labios brillaban rojos e hinchados sobre los suyos a escasos centímetros, volviéndola completamente idiota al no poder dejar de mirarlos, pero cuando estos se movieron, lo hicieron alejándose de los suyos, para colocarse cerca de su oreja.

−Sera mejor que cierres esa linda boquita… o mi padre nos escuchará –su voz fue un suave susurró que le dio en el lóbulo de su oreja como un delicioso aire caliente que la hizo estremecer, en parte por la advertencia y en parte por la sensación cálida en la piel−. Me detendré si haces un solo ruido que nos delate –amenazó y ella se tensó al sentir la sonrisa en sus labios acariciar su cuello.

−No lo hagas… −suplicó ella en un suave gemido, logrando que Inuyasha la besara sin control alguno mientras su mano volvía a colocarse en el centro de la chica.

Sus caderas se empujaron por inercia y esta vez él no apartó la mano. Sus dedos acariciaron por todos lados, recorriendo su coño de arriba abajo y apretando gentilmente su hinchado clítoris, logrando volverla completamente loca. Eso era demasiado, demasiado placer, demasiadas emociones la embriagaban y sentía su cuerpo arder ante una simple caricia, pero cuando uno de los dedos de Inuyasha entró en ella todo se volvió insignificante ante su deseo de sentirlo a él. Una risita salió de sus labios, chocando con los de Inuyasha, logrando que él dejara de besarla para verla a la cara.

Arqueó una ceja, esperando una respuesta mientras su mano se quedaba quieta, exactamente como antes de alejarse de ella. Kagome negó con la cabeza y lo jaló a sus labios.

No le diría que era lo que la había hecho reír. Sería vergonzoso decirle que ahora su pene era un "él" y no una "cosa" que guardaba en sus pantalones.

− ¿Qué te hizo reír? –susurró el chico mientras recorría su cuello con la boca y movía su mano e introducía otro dedo.

Kagome gimió arqueándose contra su cuerpo, cuando sintió como sus dedos tocaban un punto que logró volverla loca. Su reacción fue leña para el fuego en Inuyasha y con ello empezó a bombear con más fuerza y aún más rápido, mientras le rodeaba la cintura con el otro brazo, tratando de mantener sus pechos desnudos tocándose. Los duros pezones de la chica raspaban su piel ligeramente, enviándole ondas de electricidad directamente a la punta de su miembro.

−Inu… yasha… −sollozó Kagome, cuando el dedo pulgar dele heredero se dirigió a masajear su brillante botón.

Sus músculos se tensaban en su vientre, en sus muslos y en los brazos que rodeaban los hombros de su novio, el sudor le perlaba la piel y su labio inferior estaba rojo e hinchado después de tantos besos y haberse mordido el labio, para evitar gritar.

Sintió como él le pellizcaba el clítoris y ese fue el final para ella.

Vio luces y sintió su cuerpo convulsionarse cuando llegó a la cima, mientras Inuyasha introducía la lengua en su boca para acallar el sonido que salió de ella. Su corazón martilleaba de tal manera que podía sentir cuando chocaba con su piel y esta con la de Inuyasha. Todo había sido diferente, totalmente.

Souta había sido bueno, maravilloso de hecho, pero con él faltaba algo para que se convirtiera en lo que había sido con Inuyasha. Ella no sentía por Souta ni la mitad de lo que sentía por Inuyasha.

Cuando su cuerpo por fin se relajó, su respiración seguía acelerada por su orgasmo y los besos desesperados de Inuyasha. Él se separó ligeramente de su boca y sus narices se rozaban mientras el flequillo de Inuyasha le hacía cosquillas en la sudada frente.

Una sonrisa apareció en sus labios sin poder evitarlo.

Sus ojos la miraban con un brillo imposible, más dorados de lo que nunca los había visto. Su pecho se hinchó de placer. Esa mirada era mejor que cualquier otra que él le hubiera dirigido. No veía deseo contenido ni nada por el estilo, solo era capaz de ver algo que la hacía estremecer. Algo a lo que temía ponerle el mismo nombre que lo que ella sentía por él.

−Wow… −fue lo único capaz de pronunciar mientras sus dedos acariciaban lentamente los largos y plateados cabellos del chico.

−Más que wow, diría yo –susurró él alejando su mirada y dejando que su frente se recargara en el hombro de la chica.

Algo en su interior se había removido cuando la vio en la cima.

Deseaba sentirla alrededor de su miembro, que lo apretará con la misma fuerza que a sus dedos, pero no podía. Su rostro era hermoso, al igual que su cuerpo, pero no podía tomarla así.

−Deberías de tomar un baño… −musitó sin un poco de entusiasmo en la voz. Tratando de alejar –de manera inútil- la idea de hacerlo con ella duro y rápido. No dejaría que su calentura les arruinara a los dos la primera vez de Kagome.

La mirada que la chica le dirigía no podía ser más confundida mientras miraba el techo.

− ¿Qué pasa? –preguntó frunciendo el entrecejo.

El heredero soltó un largo suspiro al dejar caer un poco más su cuerpo y sentir los pechos desnudos de Kagome contra el suyo. Sabía que debía moverse si quería comportarse, pero le encantaba como se sentía su piel contra la de ella.

−Solo creo que lo mejor sería que te ducharas… −dijo él tratando de parecer un poco despreocupado− Posiblemente mi padre o Rin querrán pasar un momento contigo –comentó y ante ese pensamiento fue capaz de alejar su cuerpo del de ella.

La noche anterior ella había sido quien se había detenido. Eso dejaba en claro que no estaba lista, a pesar de lo que le dijera esa noche, posiblemente era demasiado pronto para ella.

− ¡No! –soltó en un grito cuando lo vio alejarse y le rodeo el cuello con los brazos, manteniéndolo cerca de ella.

Inuyasha suspiró totalmente tenso.

−Te lo pido, Kagome. Déjame ir, toma un baño y espera a que mi padre o a Rin se le ocurra buscarte –su voz salió más agresiva de lo que realmente deseaba y cuando Kagome lo soltó vio el dolor que le causaba, asomándose por sus ojos. Un escalofrió lo recorrió y luego la abrazó contra sí a pesar de lo terrible que eso podía llegar a ser para su cuerpo−. Lo siento… −musitó muy a pesar de sí, pero no podía arriesgarse a que ella se enfadara y dejara de lado todo lo que le costó convencerla, para que todo entre ellos continuara.

− ¿Qué demonios te pasa? –preguntó ella mientras lo abrazaba con fuerza por el cuello− Ayer morías por esto ¿Y ahora no?

Inuyasha hizo una mueca.

Bien, no era que no quisiera y eso lo demostraba la dura erección que bien podría atravesar en ese momento cualquier cosa, si ejercía un poco de presión, pero no podía decírselo de esa forma… Y tampoco estaba dispuesto a parecer un idiota cursi. Él la deseaba, pero no iba a ser un patán por una vez. Dejaría que las cosas se dieran de una manera más natural, podrían ir a su futuro departamento o a un hotel, pero solo después de esas jodidas cosas que sí, eran malditamente cursis. Cena, baile, un paseo romántico en algún lugar y luego lo harían, solo si ella estaba lista ¡y mierda que odiaba tener un poco de conciencia!

−No estaría bien… Otro día, cuando la casa esté sola –mintió sin un poco de remordimiento, pero al ver a la chica asentir con una sonrisa se sintió un poco culpable. No debía mentirle, pero realmente creía que en cierta parte era lo mejor.

−De acuerdo… −susurró ella dándole un suave beso en los labios.

Le gustaba ese contacto. Se sentía mil veces mejor que los besos porno que se daba en el patio de la preparatoria, con Kikyou devorándole el alma por la boca.

Sin importarle mucho Inuyasha se tiró en la cama de costado, atrayendo a la chica desnuda a su cuerpo, para comenzar a besarse sin parar.

Estaba tentándose demasiado y estaba seguro que no podría mucho por ello. La biología lo obligaba a arrancarse los bóxers y luego zambullirse con fuerza dentro de ella, pero él era un ser razonable. Su promedió estaba por encima de los demás, posiblemente su coeficiente intelectual aún más, al igual que sus sentimientos por ella. Podría resistirlo.

(…)

El fin de semana había sido largo… Terrible a decir verdad. Con Kagome no sabía muy bien qué hacer. Ella dormía en su habitación y lo peor es que su padre lo sabía. Rin había decidido soltar en la cena del lunes que Kagome no dormía con ella.

Inu-No había deducido de manera correcta con quien dormía, pero no dijo ninguna palabra que no fuera para decirle a Rin que se encontraba decepcionado por su egoísmo. Al parecer creía que todo se debía a su incapacidad de compartir habitación.

Inuyasha se había visto obligado al cien por ciento a solamente besarla en ligeramente o tomarla de la mano, incluso dentro de su habitación. Sabía que su padre se encontraba en guardia. No se arriesgaría a que los descubrieran, dejaría que un tiempo pasara, además era una buena escusa para el hecho de no terminar fallándola.

El martes Inuyasha se levantó temprano y se dio una larga ducha, antes de vestirse y despertar a Kagome. Estaba ligeramente ansioso. Había estado pegado a ella como chicle en el cabello, no sabía qué reacciones podría tener al estar sola en la casa todo el día, en compañía de Rin.

No desconfiaba de su prima, pero notaba que la miraba de una manera que lograba perturbarlo ligeramente. Algo pasaba con Rin y realmente no quería saber que era. Esperaba que fuera solamente un acto de celos o algo por el estilo. Ella era la princesa de la casa por así decirlo, ahora las criadas y unos cuantos tutores se dedicaban solo a Kagome, a tal punto que toda la atención se fijaba en ella.

Cuando despertó a Kagome sonrió ligeramente, al verla sonreír de manera radiante. Era extraño, lo tenía bien agarrado de las y aún así, realmente no le importaba. Quería incluso llevarla a la cafetería, una cafetería a la que él y Kouga habían jurado nunca llevar a una chica. Ese era el lugar de los dos y si llevaban a alguna conquista… Todo se arruinaría.

Se despidió de ella dándole un beso que terminó por dejarla de espaldas en la cama, con piernas enrolladas en sus caderas. Cuando la tocaba, no podía parar, pero tenía que demostrarse a sí mismo que ella era algo más que solo un cuerpo en el cual correrse.

−Mierda, Kagome… −gruñó sintiéndose desesperado. El contacto de sus cuerpos presionándose lo habían dejado duro como una roca. Tratando de no ser brusco, se alejó de ella, para después dejar un suave beso en su frente. No se atrevía a tocar sus labios. Sería peligroso para el auto control de ambos y más que peligroso para él, estaba seguro que terminaría con un grave caso de bolas azules para la media tarde.

Salió de la habitación y cuando cerró la puerta detrás de sí, un sentimiento de dolor lo inundó, lo cual solo fue capaz de torturarlo aún más.

Se estaba volviendo dependiente de ella y la separación que solamente sería de unas cuantas horas lo hacía miserable. No quería pensar lo que sucedería sí él decidía irse a la universidad en el extranjero en lugar de quedarse en la Todai.

Dejando de lado todos sus pensamientos salió de los terrenos de la casa montado en su motocicleta. No tenía intenciones de enamorarse siendo solo un chico. Era aterrador el solo pensarlo.

(…)

Al llegar al café de siempre se sentó en la primera mesa que encontró, en esa ocasión Inuyasha no se sentía con ánimos de ponerse a coquetear con la chica que se encargaba de la máquina de capuchinos. De hacerlo estaba seguro que vomitaría.

Pidió lo primero que vio en el menú sin siquiera mirar a su mesera y justo cuando ella se fue, llegó Kouga.

Se miraron por unos segundos y fue ahí donde su amigo supo que algo verdaderamente grave había pasado.

− ¿Qué sucedió? −preguntó el chico de cabellos negros sentándose frente al Taisho. Habían pocas cosas que podían hacer que Inuyasha se sintiera incomodo, pero sin lugar a dudas la mirada fija de su mejor amigo era una de ellas.

−Demasiadas cosas... −susurró y desvió la mirada. Sabía que sí lo miraba mientras le contaba lo sucedido con Kagome soltaría incluso el hecho de que aún estaban juntos− Mi hermana apareció... −musitó y sintió la impresión del chico sentado frente a él.

Bien, ya lo había dicho. Ahora solo le quedaba decir las cosas disfrazando la verdad.

El chico de cabellos negros lo observó detenidamente. Sabía que Inuyasha no estaba mintiendo, pero le parecía demasiado irreal.

− ¿Cómo? –preguntó lo más serio que le fue posible. Ese era un tema delicado. La existencia de Inuyasha se había visto opacada por la desaparición de la chica seguramente sería opacada por la aparición.

Inuyasha suspiró profundamente, para luego hundir su rostro en los brazos cruzados sobre la mesa.

El actuar totalmente frustrado no sería un gran problema, lo estaba pero no podía fingir odiar a Kagome en algún sentido. Le contaría la versión oficial, la misma que su padre planeaba decirle a los medios, porque sí abría la boca y contaba todo ese asunto de él conociéndola en el parque, Kouga descifraría todo.

No se arriesgaría por nada.

−Totosai la encontró –musitó al final de unos instantes y levantó el rostro para encararlo. Tendía que aprender a mentirle a él. A él y al mundo de la manera más descarada posible.

Sabía que sí arruinaba lo de Kagome, toda su vida se convertiría en un infierno total.

El ceño fruncido de su mejor amigo le dejaba en claro que no se lo podía creer.

Bueno, de hecho ni el mismo se creería esa mierda. Totosai no era exactamente muy bueno en su trabajo de detective, pero su padre se había negado a contratar a nadie más que no fuera él. Según su padre solo ese anciano medió loco era el único que contaba con la suficiente confianza de su parte.

−Eso es de locos –susurró Kouga moviendo su cabeza ligeramente, logrando que su cola de caballo cayera de su hombro y se moviera de manera rítmica a su espalda−. Me estás diciendo que Totosai la encontró –una sonrisa de incredulidad bailó en sus labios, pero de inmediato compuso la mueca más sería que le fue posible. Realmente o tenía la menor idea de que decir.

Su mejor amigo acababa de conocer a su hermana. A esa hermana que nunca quiso conocer y que él estaba seguro culpaba de la muerte de su madre. Pero no podía hacer ni una mierda por él, y aunque pudiera estaba seguro que Inuyasha buscaría la manera de arreglárselas él solo.

−De verdad lo siento hermano –musitó Kouga mientras se rascaba de manera incomoda la nuca. Kami-sama sabía que él siempre hacía lo que podía por el Taisho, pero en esa ocasión se encontraba perdido.

−No deberías… No es como que el mundo se fuera a acabar –respondió el heredero encogiéndose de hombros. Logrando que su mejor amigo lo mirara como si estuviera loco. Una suave sonrisa se posó en los labios del chico, desconcertándolo aún más−. Pensé que sería un asco, pero… ella no es del todo mala. Por alguna extraña razón parece sentirse mejor cerca de mí que de mi padre o Rin –le tomó demasiado autocontrol decir eso sin soltar una carcajada monumental. Tenía que tantear el terreno con Kouga y hacerle creer que él la quería como a su hermana, porque para cuando la metieran al instituto él no se alejaría de ella más que para ir a clases, e incluso así se lo pensaría. Tendría que convencer a su padre de contratar uno o dos guardaespaldas para ella. No quería chicos revoloteando alrededor de lo que le pertenecía.

− ¿Qué mierda te paso? –preguntó Kouga mirándolo a los ojos.

Inuyasha no pudo evitar reírse al escuchar la incredulidad en su voz y ver la confusión brillando en su rostro.

−Supongo que… ¿La sangre llama? –preguntó y sonrió al mismo que tiempo que Kouga negaba con la cabeza y sonreía ligeramente.

La preocupación por su amigo no tenía fundamentos. Él le creería todo, después de todo, no había motivo alguno para mentirle, nunca lo había.

(...)

Sí los primeros días en esa mansión habían sido difíciles, bueno, las cosas simplemente no habían mejorado. Ahora ella tenía su propia habitación con un enorme closet repleto de ropa de marca que dudaba llegar a usar jamás, una cama King size que la hacía sentirse insignificante y un montón de cosas que dudaba necesitar realmente para vivir.

Sí, le encantaba la televisión de plasma, pero no creía necesitar una en su habitación, había una en la habitación de juegos, otra en la cocina, y otra en la habitación de Inuyasha. No iba a muchos lugares de la casa, pero a los que iba era en donde había una. Además, no creía que tener ese enorme librero le sirviera de algo. Sabía leer, pero dudaba leerse todos los que se encontraban en su habitación antes de morir. Y el mini componente, la computadora portátil, el teléfono celular de última tecnología y un reproductor de música portátil

Se sentía agobiada por todo.

Y ya no podía refugiarse en los brazos de Inuyasha durante las noches. Realmente le aterraba todo. Había pasado cada día Inuyasha, maestros, institutrices y un poco menos de tiempo con Inu-No.

Se negaba por completo a llamarlo padre, papá o cualquiera de esas cosas. No estaba segura de si lo hacía por la confianza que no había o porque de verdad no lo hallaba correcto.

Una triste sonrisa se formó en los labios de Kagome mientras se miraba en el espejo.

Un par de semanas habían pasado y ahora... Era toda una Taisho.

Se miraba al espejo y no se reconocía. Y no era por las estúpidas joyas que llevaba encima, ni el hermoso vestido en el que se había enfundado hace solo unos minutos.

Sus ojos habían perdido brillo sin duda alguna y se sentía... miserable.

Todos en esa casa la trataban de manera ejemplar, salvo por Rin y Sesshoumaru, pero por lo demás, se podría asegurar que se encontraban frente a la mismísima reina de Inglaterra. Cosa que le parecía ridículo. Además, no era como si ella hubiera deseado tener una alcoba propia, de hecho, estaba más que feliz fingiendo que pasaba las noches con Rin y durmiendo con Inuyasha. La mentira no le dolía ¿Por qué lo haría?

Dios sabía que ella nunca había deseado formar parte de esa familia.

Estaba asustada.

Esa noche era tres días antes de navidad e Inu-No lo había arreglado todo en forma de una fiesta para presentarla e informar a todos que la hija "perdida en acción" había vuelto a casa.

Había llegado la prensa hacía cerca de cinco horas a instalarse y esas cosas. Lo que le parecía ridículo ¡Por Kami! Solo era una estúpida chica que había encontrado a su familia. Eso ocurría seguido alrededor de todo el globo y a nadie le importaba, pero eso se debía a que todas esas personas no iban a convertirse en herederas de algo grande.

Su estomago se revolvió.

Se enfermaría como continuara pensando en esas cosas.

Deseaba que esos momentos antes de salir de su habitación, hubieran sido en compañía de Inuyasha y sus besos, pero él también tenía que ponerse esa estúpida ropa elegante que no lo hacía parecer él, lo cual la había dejado a ella sola aplicándose el maquillaje de la misma forma en la que la asesora de imagen que le había conseguido hacia unos días le había enseñado. Esperaba no haberse equivocado en nada. No quería parecer más fuera de lugar de lo que ya se sentía.

−Solo piensa en eso, Kagome –se susurró a sí misma−. Inuyasha prometió que te encontraría al final de las escaleras –su voz sonó extraña a sus propios oídos y trató de ignorar el hecho de que sabía que también se encontrarían ahí Inu-No, Rin y el siempre frio y aterrador Sesshoumaru.

Se levantó del banquillo en el que se encontraba y salió de su habitación. En ese momento comenzaba todo. Tenía que mantenerse firme.

Ya había sobrevivido en esa casa por un tiempo, sin lugar a dudas podría soportar un par de horas rodeada de gente que no conocía, pero que sabía era importante. No había forma que arruinara eso. Había tenido una semana para prepararse a ello. Podía y estaba segura que lo lograría.

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Continuara…


¡Hola! Bien, pues pasaron cosas, muchas malas otras peores y una que otra buena, pero más que nada era la escuela.

He trabajado como loca desde el viernes para llegar a esto y pues ya lo tienen, quería poner un lemmon completo, pero me habría arruinado lo que tengo planeado, así que… solo pondré escenas de este tipo por un tiempo.

Además, tengo problemas con la inspiración para esta historia y de verdad que me esfuerzo, pero ciertamente no he visto mucho interés en ella, de modo que realmente me estaba planeando abandonar.

Los reviews no llegan ToT! Y la verdad, si no veo que leen, no veo motivo a escribir, no es por mal plan, pero vamos! Déjenme un coment que diga "Presente" y me doy por satisfecha.

No quiero sonar ruda, pero me siento abandonada.

Besos!