Bien, realmente tenía pensado actualizar más cosas, pero dado a que el chap anterior tuvo respuestas, decidí actualizar antes. Juro que pensé que ya no me leían ToT, pero como ahora hay pruebas, hay también actualización.

Disfruten del chap, que va con todo mi corazón, deseándoles un maravilloso año nuevo!


Disclaimer:

Los personajes no son míos, yo solo me invento cosas raras ─muy raras─ con ellas.

.


.

Advertencia:

*Esta historia contiene incesto, al igual que escenas de sexo explicitas si no te agrada este tipo de relaciones o lectura NO lo leas.

.

.

Desear a tu propia sangre

.

.

[InuxKag]

.

[Long-Fic]

.

.

By Al3xandRa PaTT

.

.

= Capitulo 13. Un secreto =

.

.

.

Su corazón martilleaba con fuerza en su pecho mientras caminaba por el pasillo. Murmullos suaves llegaban hasta sus oídos, incrementado en volumen conforme se acercaba a las escaleras que la llevarían al vestíbulo. Estaba asustada de verdad, pero era el último paso a seguir antes de que todo acabara. Ahora que ya la habían "educado" el patriarca había decidido que ya era hora de darla a conocer. Mejor dicho, anunciar que la hija perdida en acción de los Taisho, ahora se encontraba de nuevo en casa.

Sus pasos eran ligeros, de la misma manera en que habían sido antes de todas esas lecciones de cómo caminar. Su postura había sido corregida por Kaede una y otra vez, logrando que caminara derecha, de la manera correcta. Pero en esos momentos estaba asustada. Su postura volvía a ser la misma que siempre había usado. Esa en la que encorvaba ligeramente y sus hombros se inclinaban hacia delante, mientras su barbilla bajaba al igual que su mirada. Su manera de protegerse de las miradas. Sabía que después la iban a regañar por ello, pero no podía evitarlo.

Temblaba de miedo. Literalmente.

Se detuvo a mitad del pasillo y tomó aire profundamente.

Sería ridículo dejar que todos en ese lugar se dieran cuenta de su miedo. No estaba segura, pero Inuyasha se lo había advertido varías veces durante las semanas que le había tomado acostumbrarse a la casa, "no los dejes ver tu miedo, te comerán viva si lo haces". Aunque bien, debía de darle algo de crédito. Con esas palabras solo había conseguido asustarla más. Ella era un poco demasiado cobarde.

Negó con la cabeza y emprendió camino, si se quedaba más tiempo era seguro que el pánico se adueñaría de ella. Necesitaba llegar a Inuyasha cuanto antes. Él no lo sabía, pero lo necesitaba cerca para poder enfrentarse a todas esas personas ricas, a esas familias que estaban ligadas con la suya, al igual que esos reporteros y gente que buscaba información.

Solo Kami-sama sabía lo asustada y usada que se sentía por ello.

Llegó a la escalera y una suave sonrisa se posó en sus labios. El vestíbulo estaba prácticamente vacío, con excepción de un grupo de chicos que se encontraban charlando cerca de la escalera. Inuyasha era uno de ellos. Él había cumplido su promesa de esperarla cerca, para estar con ella antes de que le tocara enfrentar todo el asunto de ser la hija.

Bajó las escaleras un poco más rápido de lo que su estilista le habría recomendado hacerlo, pero realmente no le importaba en lo más mínimo. Solo era Inuyasha el que se encontraba ahí. Sí, bueno, habían otras personas, pero no le parecían la mitad de intimidantes de lo que había llegado a resultarle Sesshoumaru, de modo que todo estaba bien. Podía con un par de personas más, además, solo eran un par de adolescentes, quizá no mucho más mayores que ella.

Al llegar al final de las escaleras notó qué, con Inuyasha de espaldas tendría que ser ella la que se acercará a ellos por completo. Estaba nerviosa, pero de cualquier manera caminó hacía él, está vez con un poco más de educación, tratando de no lucir como la estúpida niña enamorada que era.

Sí antes se sentía patética, en esos momentos pensó que seguramente se vería peor. Sería una hermanita demasiado molesta y al pendiente de su hermano mayor. Dudó un poco antes de extender su mano y tomar del hombro a Inuyasha, jalándolo ligeramente. Por un segundó él se giró con una mueca de molestia en el rostro, pero en cuanto sus ojos dorados se fijaron en ella una gran sonrisa se extendió por sus labios.

Kagome bajó la mirada sintiéndose avergonzada en cuanto las miradas de las otras tres personas clavarse en ella. Se suponía que ya podía con ello, pero le seguía resultando difícil cuando las personas mostraban en sus rasgos su –ya de por sí− obvia superioridad.

−Hey Kagome –soltó Inuyasha envolviendo su mano en la suya. Dándole en ello la suficiente confianza para acercarse un poco más.

Jamás soltando su mano, caminó más cerca y los miró con curiosidad por un minuto. Que dijeran lo que quisieran, pero se atendrían a las consecuencias de ello. Inuyasha podía llegar a ser aterrador en ciertas ocasiones.

Dos chicos, una chica.

Ambos chicos eran más altos que ella, pero quizá solo un par de centímetros más bajos que Inuyasha, tenían el cabello del mismo negro azabache. Uno lo llevaba en coleta, más debajo de sus hombros, mientras el otro lo llevaba trenzado más allá de la mitad de su espalda.

La chica era más alta que ella y la miraba con el ceño fruncido, mientras la examinaba jugando con sus muy elaborados rizos rojizos, y se aferraba con fuerza a la mano del chico de la coleta.

Era claro que la veía como una amenaza, lo cual la sorprendía y la hacía sentir ligeramente arrogante.

¿Así era como se sentía Inuyasha siempre? Era un sentimiento extraño. Ella nunca había sido superior a alguien, ni nunca lo había deseado, ahora deseaba sentirse así siempre.

−Ella es mi hermana –dijo Inuyasha con una pisca de orgullo destilando en su voz. Tenía que verse malditamente bien con ese vestido strapless de color rojo sangre, que se ajustaba demasiado en su torso y se abría en una corta falda un par de centímetros arriba de sus rodillas*.

Ambos chicos la examinaron de manera discreta y sus mejillas se colorearon al tiempo que jugaba con la cinta azul marino que estaba atada en su cintura. Había deseo en sus miradas. Ahora ya lo podía decir, estaba acostumbrada a ese tipo de miradas por parte de Inuyasha.

−Kagome Hi… Taisho –susurró ella mirando la pared detrás de ellos, presentarse con ese nombre le resultaba más difícil de lo que creyo.

El chico de la coleta se acercó a ella, alejándose de la pelirroja al hacerlo. Lucía verdaderamente encantador. El traje de color azul profundo lo hacía ver irresistible y su sonrisa seductora era impresionante.

−Me alegra tanto conocerte –le informó al tiempo que tomaba su mano y la besaba en ella con suavidad. Estaba impactada. Eso no era algo que esperaba, ahora sentía unas pequeñas, pero aún así traviesas mariposas bailando en su estomago−. Mi nombre es Kouga Okami, mejor amigo de…

−Inuyasha –interrumpió Kagome logrando que todos la miraran fijamente y que Kouga alzará las cejas en forma interrogativa−. Lo lamento… −susurró acercándose más al Taisho, quien, abrazándola por los hombros la atrajo a su cuerpo− Él me ha contado… y no pensé que fuera a… Lo lamento –terminó sin saber exactamente que decir para que olvidaran él asunto, pero a su parecer hablar de manera torpe tampoco era algo que ayudara.

−No hay problema –sonrió Kouga y ella lo miró confundida por un momento, para verlo sonriéndole burlón al heredero−. Ahora Inuyasha, ya sabía que me querías, pero esto… ¡Me amas! –soltó y se abalanzó hacía él. Una mueca apareció en el rostro del chico de pelos plateados, pero los labios fruncidos de Kouga jamás hicieron contacto con los suyos.

− ¡Kouga! Deja de ser un idiota –le recriminó la chica pelirroja, logrando que él se alejara de Inuyasha, quien no pudo más que rodar los ojos.

−Ayame, deja de ser una perra –musitó el de la trenza acercándose a Kagome y tomando su mano, para simplemente estrechársela−. Mi nombre es Bankotsu, hermano de la perra aquí presente y, supongo que es claro, amigo de Inuyasha –su presentación fue un formal –a excepción de insulto−, pero la mirada y sonrisa cálida en sus labios la obligaron a sonreír.

¿El ser irresistible te daba amigos irresistibles? Sí así era… Ahora entendía porque ella nunca había atraído a alguien que verdaderamente valiera la pena.

La mano de Inuyasha que descansaba de manera casual en su hombro le acarició ligeramente la piel desnuda, logrando que un estremecimiento la recorriera por completo. Lo miró y notó la ligera sonrisa bailando en sus labios. Era un idiota. Lo hacía apropósito… Pero así lo adoraba.

−Un gusto de verdad –susurró ella, al mismo tiempo que acercaba su cuerpo al de Inuyasha un poco más.

Un silencio incomodo se formó en el lugar y Kagome rodeó con un brazo la cintura de Inuyasha después de un momento de sentirse como estúpida por estar parada simplemente.

Podía ver como un par de manos, una perteneciente a Kouga y otra a Bankotsu, empujaban ligeramente a Ayame por la espalda, animándola a presentarse de igual manera, pero no creía que fuera hacer algo como ello. El coqueteo descarado de Kouga había sido algo divertido, pero ahora era claro que estaba en problemas con la chica, al mismo tiempo que al parecer, su propio hermano la había llamado perra.

−Ya que la educación no es algo que Ayame pueda demostrar, nosotros nos vamos –dijo Inuyasha y sus amigos lo miraron con curiosidad−. Le prometí a Kagome que le enseñaría como robarse botellas de vino de la cocina –contestó él a las miradas llenas de preguntas, al tiempo que rodaba los ojos para sí. Era estúpido pensar en darles explicaciones a ellos.

Una carcajada lo desubico.

− ¡Oh! ¿Tan pronto vas a destruir la integridad de tu hermanita? –las palabras de Kouga eran burlonas, y era más que claro que no iba en ese sentido, pero Kagome no pudo evitar sonrojarse de manera alarmante.

Inuyasha soltó un suspiro pesado. Estaba empezando a pensar –de verdad a hacerlo−, que ese asunto de actuar como un hermano mayor estúpidamente devoto, no iba a ser una buena idea sí Kagome insistiría en actuar de esa manera tan patética.

−No te preocupes –dijo Inuyasha con un toque de ironía en la voz−, me aseguraré que no termine de la misma forma que Rin –prometió Inuyasha un poco más serio, al mismo tiempo que tiraba de la mano de la chica, obligándola a a caminar con el hacia el pasillo que llevaba al área del servicio.

Kagome logró escuchar las risas de todos los chicos ante esas palabras. Miró a Inuyasha con el ceño fruncido, pero lo único que obtuvo fue un guiño.

Caminaron por un par de pasillos más hasta llegar a una habitación vacía. Originalmente esa habitación pertenecía al chofer de la casa, pero el chico se había casado hacía un par de meses, lo que lo había obligado a solamente trabajar en las horas normales e ir a dormir a su casa. Lo cual era perfecto para ellos. Ahora era demasiado arriesgado que se fugaran a la habitación del otro por las noches, y ese era el lugar perfecto para encontrarse.

Solo Kami-sama sabía con seguridad cuanto necesitaban estar solos por unos minutos.

Entraron rápidamente y cerraron la puerta detrás de ellos con seguro. Inuyasha la rodeo de la cintura y la acercó a su cuerpo con un rápido movimiento, antes de que la chica se lanzara a sus labios.

Un suspiro satisfecho quedó flotando en el aire, mientras la sensación de bienestar y familiaridad se instalaba en los cuerpos de ambos.

Sus bocas peleaban de manera desesperada, labios y lenguas luchaban por dominar la situación, pero las manos de ambos se encontraban relativamente tranquilas. Las manos de Inuyasha tomándola por la cintura, mientras que los dedos de Kagome acariciaban de manera lenta y distraída el cabello platinado del chico.

Tenían que mantener la situación lo más cerca posible de la clasificación para menores de quince años. Solo tenían un par de minutos antes de que alguien los buscara. Si bien la fiesta era más para la prensa y los socios de su padre. En algún momento tendrían que aparecer ahí. De manera que todos pudieran fotografiar y conocer oficialmente a la pequeña Taisho.

De manera casi sincronizada ambos se separaron ligeramente. Una sonrisa tonta apareció en el rostro de Kagome e Inuyasha podría jurar que, si no fuera porque era su hermana y tenían que salir de esa habitación, encontraría mil maneras de hacerla sonreír así.

Sintiéndose estúpido y jodidamente cursi al darse cuenta de sus pensamientos, simplemente besó suavemente sus labios una vez más y se alejó de su rostro. Tenía que ser consciente de su alrededor, sí no quería ser descubierto.

− ¿Qué sucede con Rin? –preguntó la chica de golpe, aún con las mejillas sonrojadas y los labios luciendo terriblemente rojos y tentadores.

Inuyasha bufó.

−Acabamos de meternos en una habitación para besarnos sin que nuestro padre se entere y tú, tú solo eres capaz de pensar en mí… ¿nuestra prima? –soltó el chico sintiéndose frustrado y un tanto insultado− Es con lo único que te quedaste por los últimos diez minutos en que hemos compartido oxigeno. De verdad, estás loca.

Un sonrojo aún mayor cubrió las mejillas de la chica. Estaba avergonzada por ello, pero sí. Realmente las palabras de Inuyasha la habían dejado muriendo de curiosidad.

− ¿Me dirás? –inquirió ella mirándolo avergonzada y jugando con los dedos del heredero.

Él la miró por un par de segundos, para darse cuenta de que, de verdad, estaba muy jodido sí seguía cediendo a todo lo que ella le decía. Son un suspiro de resignación él asintió ligeramente, para luego caminar al colchón desnudo y sentarse en la orilla. Kagome lo siguió, pero él la tomó de la cintura obligándola a sentarse en su regazo.

−Primero, quiero que me prometas mantenerte alejada del alcohol –susurró él con el rostro terriblemente serio y mirándola fijamente a los ojos. Kagome solo pudo asentir perdida en lo maravillosos que le resultaban esos ojos dorados. Inuyasha hizo una mueca, no muy seguro de que decir, así que supuso que lo mejor era soltarlo como viniera a su mente−. Rin tiene cierta fijación con el alcohol y el sexo desenfrenado –dijo mirándola atentamente, pero al ver que la chica elevaba las cejas, una sonrisa apareció en sus labios−. Sí, bien. Es algo más que una fijación, pero ella nos siempre fue así.

−Lo supuse –contestó ella al ver que él no podía decir más− ¿Qué paso? –preguntó frunciendo el ceño.

El Taisho se sentía acorralado.

Sabía que tarde o temprano pasaría, pero realmente esperaba que fuera demasiado tarde cuando tuviera que decirlo.

−Eso, es por mi culpa… −confesó y al sentir como Kagome se tensaba en sus brazos se dio cuenta de que bueno, tal vez los pensamientos de la chica no estaban tan lejos de lo que había pasado.

Kami.

Sí por él fuera ese secreto se iría a la tumba con él…


*El vestido se encuentra en un link de mi perfil, solo en caso de que deseen verlo.


¡Hello!

He actualizado lo más rápido que he podido con las vacaciones atravesadas en mi vida, muchos reclamos por no soltar la portátil, pero qué más da sí con ello las hago felices a ustedes.

De verdad agradezco mucho sus comentarios para la historia. Y bueno aquí va:

Hikka: Me alegra haberte enganchado con ella :D!

Paulaa D: No mueraaaas! xD! Siempre te he visto en esta historia y creo que en otro par, me alegra de verdad que te guste. Espero este capítulo te gustara.

Meylin: Gracias por los comentarios, porque te encante el fic y por amarme xD! Ok, nop, pero realmente gracias. Aquí ta el chap y de verdad espero que no haya tardado demasiado.

Mistontli: Me ha hecho reir tu comentario, de la misma manera que me ha dado mucho gusto. Me encanta que te encante. Agradesco las palabras que pusiste para describir mi trabajo, pues a veces siento que escribo cosas demasiado raras que rayan en lo bizarro, pero bueno, pasando a otra cosa… ¿Una familia parecida? ¡En seriooo! Eso me encanta *u*!

Y un agradecimiento especial a sakuralovely:

Chica , de verdad gracias por leerme y por venirme siguiendo desde esos lugares! (L) Y espero que cuando publiques de verdad me avises, me gustaría mucho leer algo tuyo. Y en cuanto a la pregunta que me hiciste, nop xd! No se puede y sé que es un problema, pero con el tiempo uno se acostumbra un poco. Besos!

Espero que les gustara el chap. Es terriblemente corto, pero quería dejarlo así. En el prox sabrán por qué lo he hecho.

Díganme que les pareció y pasen a leer el adelanto a mi blog en unas horas (http:/ al3xandrapatt . blogspot . com) Quiten espacios!

Las amo!

Bes-o-sos!