Internado Forks para Chicos Rebeldes

Capitulo 17

Y entonces, algo que no esperaba

Más que un beso fue como un intento desesperado de este. Fue casi con violencia, como si temiera que fuera a escaparme.

Por un segundo creí que debía detenerlo y parar la situación, pero sabía que esto no pasaría dos veces y que probablemente era el único momento en el que podría saciar mis ansias.

Suena más cruel de lo que es, pero imaginen ser yo solo un momento… Había estado reprimiendo mis hormonas mucho más tiempo del que era posible para una chica…

Con la poca suavidad que la situación nos permitía tener el chico me tendió sobre el suelo y comenzó a besarme frenéticamente.

La verdad no tenía claro si era la marihuana o si de verdad las sensaciones eran demasiado intensas.

Metí mis dos manos bajo su remera y suavemente acaricie su espalda. El chico entendió el mensaje y se separó unos segundos de mí para poder quitársela.

En seguida comenzó a besar mi cuello como si se le fuera la vida en eso.

Este era el punto en donde siempre éramos interrumpidos, y quizás, secretamente quería que pasara para no tener que afrontar las consecuencias de mis actos, pero la interrupción nunca llegó… no había inoportuna Alice, ni llamados al celular, ni nada que decir para que pudiéramos discutir; éramos simplemente él y yo.

Con toda la fuerza de voluntad que tuve, lo empujé un poco para que quedáramos sentados. Sentí su respiración acelerada por unos segundos e hizo que mi corazón palpitara a mil.

Con su ayuda, me despojé de mi remera. El chico siguió besándome y de paso me susurró un "Bella" al oído que hizo que no pudiera ahogar el gemido que llevaba aguantándome hace varios minutos.

Esto pareció incitarlo más y lo próximo que supe es que nos habíamos levantado y sus pantalones habían desaparecido de la escena.

Había elegido un buen día para usar la falda que Alice me había regalado; me hacía mucho más fácil eso de moverme.

Sentí las manos de Edward pasar por mi espalda y subir hasta donde el broche de mi sujetador estaba y mi mente se debatía entre dejar que lo hiciera o no… La verdad no me sirvió de nada ya que antes de que alcanzara a decir algo el broche hacía sido desarmado y los tirantes caían por mis hombros desnudos. Decidí que si iba a disfrutar esto debía hacerlo como se suele hacer: desnuda; y dejé caer mi sujetador al piso.

Súbitamente me sentí demasiado desnuda para la ocasión. Estaba muchísimo más expuesta que el y estaba aterrándome el pensamiento de que mi cuerpo no fuera tan formado como el de Jessica Stanley, pero a Edward no pareció importarle o al menos eso pensé, ya que no me detuve a mirar su cara antes de que sus brazos me empujaran hacia la cama.

Caímos con un ruido sordo a la cama, el sobre mí.

El chico comenzó a bajar desde mi cuello a uno de mis pechos; tomó uno de mis pezones con sus labios y comenzó a juguetear con el… yo solo arqueé mi espalda. Un impulso eléctrico recorría cada milímetro de mi cuerpo cada vez que su lengua se posaba en uno de mis pechos. Era mágico, maravilloso, el éxtasis. Tanto que no podía evitar presionar su cabeza sobre mí… me atormentaba el pensamiento de que el momento pudiera terminarse.

Mientras una de sus manos se encargaba de mi parte superior, la otra luchaba con el cierre de mi falda. Pareció una eternidad antes de que pudiera sacármela.

En medio de la situación me tomé un segundo para meditar lo que estaba haciendo y me di cuenta que en ningún momento habíamos pronunciado palabra; aunque después de todo no estaba tan mal, es decir esto era solo sexo… no estábamos haciendo el amor, no nos estábamos prometiendo fidelidad eterna, no estábamos diciendo que nos amábamos… esto era solo sexo.

Me sobresalte un poco al sentir una mano bajando por mi entrepierna. El chico me dedicó una sonrisa entre malévola y pícara y antes de que pudiera advertir que se traía entre manos comenzó a mover sus dedos muy lentamente.

Al principio se sentía bien, pero luego de unos minutos el placer ya era insoportable. A penas podía respirar y cuando lo lograba, inevitablemente soltaba un gemido. Mientras tanto el chico seguía con su lengua ocupada en mis pechos y yo con mis dedos enredados en sus cabellos.

Estaba llegando a mi limite y el acto aun no se había consumado. Era el momento en que debía tomar cartas en el asunto.

Con toda la fuerza de voluntad que pude solté su cabeza y bajé una de mis manos hacia sus boxers; debía sacárselos a cualquier costo, pero me era bastante difícil tomando en cuenta en la posición en la que me encontraba.

Edward pareció entender lo que intentaba hacer y con una de sus manos comenzó a quitárselos mientras que con la otra me sostenía de la cintura mientras me besaba.

Cuando por fin lo logró pude entender porqué las chicas no se resistían a nada que viniera de Edward Cullen… Qué? Estoy intentando ser lo más sincera posible! Sé que no soy de lo más… romántica para narrar los hechos, pero vamos! Por lo menos estoy siendo sincera.

Bueno, la cosa era que el chico estaba increíblemente bien dotado si saben a lo que me refiero. Tan bien dotado que no pude ni siquiera evitar sonrojarme un poco al posar mi vista en su parte baja.

Por supuesto esto me calentó más aun y de ninguna manera iba a detenerme a admirarlo más… lo quería dentro de mi y AHORA! Así de simple y directo al grano.

Quedaba solo un obstáculo… el ultimo pedazo de tela que nos impedía hacer lo que tanto queríamos, y por supuesto que era mío.

Con delicadeza, y mucha para mi gusto, el chico comenzó a quitarme las pantaletas. El roce de sus dedos me volvía loca, quería que esto acabara ya!

Cuando estuve completamente desnuda al fin, me sentí algo desprotegida… vulnerable.

Mi pálida piel resaltaba en la oscuridad y podía ver cada uno de los lunares de mi cuerpo. Por un solo segundo sentí que el muchacho había dejado de besarme para observarme… justo lo que no quería que pasara.

Esto era sexo: sexo y nada más que sexo. Cerré mis ojos con fuerza y crucé mis piernas alrededor de su cintura para atraerlo contra mi. Ningún estúpido pensamiento de seudo amor o cualquier cosa que se le pareciera se iba a interponer en lo que estaba pasando.

Se posicionó frente a mi y súbitamente me sentí tan nerviosa como si fuera mi primera vez, aunque estaba lejos de serlo.

Cerré mis ojos y sentí como su sexo rozaba con el mió. Estaba totalmente lista y dispuesta, hasta que una palabra me sacó de toda preparación, y por muy drogada y caliente que siguiera pude distinguirla totalmente.

-Bella… -casi en un susurro. Casi como para que yo no la oyera.

Abrí mis ojos de par en par, asustada. Por qué tenía que haberlo dicho! No tenía ninguna necesidad… estábamos de lo mejor sin hablarnos, sin mirarnos!

Me auto convencí de que había sido mi imaginación y volví a relajarme.

El chico me besó con pasión y me penetró sin vacilación alguna mientras yo repetía en mi mente "Es solo sexo, es solo sexo, es solo sexo…".

Creo que estos mismos pensamientos hicieron que al principio me fuera difícil encontrar un ritmo, pero mientras más me dejaba llevar, más lo disfrutaba.

Sentía cada uno de sus jadeos en mi oído como si estuviera susurrándomelos, y esto me excitaba demasiado como para que alguien logre entenderlo.

Yo solo podía gemir y entregarme a lo que el chico quisiera hacer conmigo. Me estaba divirtiendo de lo lindo.

Las embestidas se hicieron cada vez más rápidas y sentí que el clímax se acercaba para ambos. Mi respiración acelerada era casi igual a la de él.

-Más… por favor –le rogué inconcientemente.

Y obedientemente el chico me dio lo que le pedí. Como resultado llegamos ambos al orgasmo al mismo tiempo.

El cuerpo de Edward cayó pesadamente sobre el mió; ambos estábamos exhaustos, pero estoy segura de que el lo había disfrutado tanto como yo.

Me encantaría decirles que seguimos toda la noche, pero lamentablemente el cansancio era más poderoso que yo y lo último que supe de esa noche fue que me dormí así como estaba junto a Edward Cullen.

El resplandeciente sol de la mañana golpeaba mi cuerpo aun desnudo. Abrí los ojos esperando no recordar nada de lo de ayer como siempre me pasaba cada vez que hacía algo de lo que me arrepentía, y luego culpaba al alcohol, pero esta vez no era así. El chico seguía a mi lado y estaba tan despierto como yo.

No se si fue cobardía de mí parte o de ambos, pero ninguno se movió, ninguno respiró mas fuerte de lo normal, ninguno hizo ademán alguno de que estaba despierto…