Internado Forks para Chicos Rebeldes

Capitulo 25

Desde el primer día

Estaba hiperventilando. "Dios mío, Dios mío, Dios mío, Dios mío…". Creo que caminé sin rumbo por un rato, solo mirando al suelo y me detuve al chocar con una rama.

El sonido del silencio del bosque alteraba más mi estado de ánimo. Creo que ni aunque me hubiesen tirado agua con un balde habría reaccionado. Por un lado las cosas iban bien: lo había confesado, más bien lo había terminado gritando, pero por otro lado era terrible y además había huido.

Si intentará describirles lo que sentía, sería inútil. Ansiedad, miedo, rabia, amor, nerviosismo… deseaba desaparecer, deseaba volver con mis padres, deseaba no haber dicho nada, pero más que nada deseaba que me siguiera. Que corriera a donde yo estaba y me abrazara fuerte. Niñerías de chicas…

Dejé de respirar como si recién hubiesen intentado ahogarme en una piscina y me paré derecha, después de todo, la dignidad es lo primero dicen por ahí. Me auto-convencí de que tenía que volver al campamento y juntando todo el coraje que tenía me di la vuelta.

Sus penetrantes ojos verdes me miraban intensamente y me quedé helada. Parecía una estatua parado ahí, sin dejar de mirarme, y yo parecía una presa acorralada de lo asustada que estaba.

-Lo siento… -dije. –Se que no debí haberlo dicho… no quiero que te sientas obligado a intentar quererme solo porque a mi se me haya salido algo. Tonta yo, siempre metiendo la pata. –en momentos como este, bromear era lo que mejor podía hacer.

-Es verdad?... lo que dijiste? –Gracias al cielo era de noche, ya que mis mejillas ardían como nunca.

-Si, es verdad.

Escuché sus pasos acercándose a mí, rompiendo las pequeñas hojas secas del suelo a medida que pisaba.

Se paró frente a mí y pude sentir su aliento sobre mi cabeza. En ese minuto me invadió una paz interior inimaginable. Cerré mis ojos y de alguna manera sabía que el también había cerrado los suyos.

-Yo… estoy enamorado de ti. –Abrí mis ojos de golpe –desde el primer día en que te vi.

El me quería! EL ME AMABA! No, no… NO! Esto no debía ser cierto! Yo era un pésimo partido!

Sentí sus brazos rodeándome e instintivamente lo aparté.

-No te puedes enamorar de mí! –intenté decirle y pareció bastante sorprendido, después de todo lo que le estaba diciendo era bastante estúpido considerando que hace unos minutos atrás yo misma le había dicho que lo amaba- Soy torpe! Me gusta pelear, me visto horrible! –dije casi aleteando mientras caminaba en círculos alrededor suyo- Soy gruñona por las mañanas, como casi como bestia, parezco un chico! Técnicamente enamorarte de mí te hace ser gay!

Escuché su melodiosa risa y supe que seguía hablando tonterías.

-No me importa… es más, me gusta, me encanta que seas así. Bella, desde el día numero uno que llegaste a la escuela hubo algo en ti que me hizo cambiar. Al principio no o entendía y me enfadaba, pero ahora lo tengo clarísimo… Quiero pasar cada segundo junto a ti.

Y desde ahí no pude resistirme más. Era suya. Qué fácil caí.

Me abalancé a besarlo casi con furia. Creo que ese fue el momento más feliz de mi vida, o por lo menos uno de los más felices.

-No sabes en lo que te estás metiendo Edward Cullen –le dije entre besos.

-No me importan las consecuencias Isabello –dijo remarcando la O del final.

Salte para aferrarme a su cintura con mis piernas y continué besándolo. Por mi que ese momento no hubiese acabado jamás; era una persona feliz haciendo a otra persona feliz.

El beso se tornó más apasionado y la atmósfera mas caliente. Claro que tenía clarísimo que estábamos en medio de un bosque y que podía clavarme una espina o golpearme una rama si terminábamos haciendo algo allí, pero en ese minuto me importaba un carajo cualquier cosa que no fuera Edward.

Hice lo que mejor sabía hacer y me despojé de mi camisa lo más rápido posible.

Nuestros cuerpos irradiaban urgencia pero aun así intentábamos mantenernos calmados. Esto era más que sexo. Así que así se sentía estar con alguien que amabas…

El proceso de desnudarse fue más fluido que las últimas veces y en menos de cinco minutos ya estaba admirando su perfectamente formado cuerpo. Lenta y cuidadosamente me posicionó sobre el suelo asegurándose que no hubiera nada que pudiera molestar a bajo mió.

Me observó unos instantes.

-Qué…? –pregunté avergonzada.

-Te amo Bella. –y me besó.

Sentí que mi corazón se apretaba. Sentí a mi mente no respondiéndome, sentí a mis pulmones perdiendo aire. Ya me había pasado antes, pánico, pero nunca como ahora. Estaba aterrada, ahora que tenía claro lo que sentía tenía miedo de perderlo. Ahí estaba, llorando como una idiota, intentando que no se notara. Cerré los ojos, no quería que esto se terminara… jamás.

Edward era dueño de todo, mi corazón, mi vida, mi alma… pero yo no sabía si era digna de eso. Quería que el lo entendiera, que supiera que yo era… imperfecta, no merecedora de él…

-Porfavor… –dije aun sollozando en silencio. Era una suplica de que no confiara en mi, de que no esperara perfección.

Lo sentí dentro de mí como nunca antes. Era casi magia, un cuento de hadas, una canción de amor. Era todo lo que una chica soñaba. Escuchar mi nombre salir de sus labios era más que excitante, era poesía. En algún punto había olvidado todos mis temores, aunque sabía que estaban encerrados en algún rincón de mi mente y eventualmente volverían a mi, pero ahora no me importaban.

Perdí toda mi rebeldía en ese momento, estaba sometida al hombre de … mis sueños? En qué momento me volví una persona cursi! Cosas hermosas eran lo único que se me venía a la cabeza ahora.

Acerqué su cabeza a la mía y le susurré desesperadamente.

-Te amo… te amo, nunca lo olvides.

-Nunca…

El movimiento cada vez se aceleraba más hasta que ninguno pudo más y puedo decir sinceramente que ese fue el mejor orgasmo de mi vida.

Ambos caímos rendidos al suelo y nos quedamos así por varios minutos.

Cuando por fin decidimos vestirnos me volvió a dar esa mirada.

-No me vayas a decir nada cursi –le dije sin poder borrar la sonrisa de mis labios. El rió.

-Lindo cabello.- Intenté buscarle algún defecto para molestarlo de vuelta, pero sorpresivamente no encontré ninguno.

Cap 26