Internado Forks para Chicos Rebeldes
Capitulo 26
No todo es perfecto, verdad?
La vida parecía sonreírme en ese minuto. De hecho, tenía una sonrisa bastante idiota pegada en mi rostro. Caminaba de la mano con Edward de vuelta al campamento hasta que sentí que me frenaba de golpe.
Lo miré algo extrañada.
-Si? –le pregunté.
-Vamos a mantenerlo en secreto hasta que tu lo decidas –me dijo, pero no apenado, sino que sonreía. Dios, me conocía tanto como para saber que yo misma quería contárselo a Alice y Rose.
Le devolví una sonrisa sincera y seguimos caminando.
-Dios mío! Donde estaban? Me tenían con el alma en un hilo –gritó una sobresaltada Alice haciendo que su voz sonara una octava más alta de lo normal.
-Relájate enana, solo estábamos conversando en el bosque –le dijo Edward más feliz de lo normal.
-No vuelvan a irse así! No ven que me preocupo!- siguió alegando, pero Edward se acercó a desordenarle el cabello y se calmó.
-Qué pasó con la dinámica de grupo?- pregunté intentando cambiar de tema.
-Se acabó a penas Taylor comenzó a hablar de su vida sexual –dijo Rose haciendo una mueca de asco.
Reímos todos, y aunque nunca había estado más feliz, había algo que no me dejaba en paz. Era como si algo en mi interior me dijera que no todo iba a estar bien para siempre.
Dejé de prestarle atención y fui a acostarme; después de todo había sido un día lleno de emociones y solo quería dormir.
El calor de la mañana me despertó. Por primera vez desde que llegaba a Forks hacía un sol impresionante.
Ninguna de las chicas estaba en la tienda, así que me vestí tranquilamente y luego salí a investigar donde estaban los otros.
Su cabello cobrizo brillaba al sol y lo hacía verse casi angelical. No se hace cuanto tiempo estaba allí esperándome, pero se había quedado dormido. Instantáneamente una sonrisa se apoderó de mi y caminé hacia donde estaba Edward.
-Buenos días rayo de sol –le dije besando su frente. El tomó una bocanada de aire y se despertó.
-Buenos días Bella durmiente. Te tomaste tu tiempo, eh?
-Y tu te dormiste!
-No estaba durmiendo… yo solo… descansaba la vista.- Arqueé una ceja y lo mire con cara de "crees que soy idiota?". El solo rió.
-Y donde está el resto? –pregunté.
-En la playa. Tenemos permiso para ir, ya que nunca hay días soleados aquí y hay que aprovecharlos. –hizo una pausa – No te ves muy contenta…
-Playa, hmmm…
-No te gusta?
-El mar me… no me gusta. –Siempre le había temido al mar. Las corrientes marinas y las olas no eran algo especialmente atractivo para mi.
-Oh… si quieres nos quedamos acá. –dijo con tono algo apenado, pero luego lo cambió radicalmente, creo que para no ponerme en aprietos –Se me ocurren un par de cosas que podemos hacer los dos aquí solos.
-Olvídalo, vamos a la playa –le contesté riendo y tomé su mano arrastrándolo hacia la playa.
Cuando llegamos estaban todos muy alegres haciendo cosas que uno hace en la playa… ya saben, castillos de arena, tomando sol, etc.
Edward me besó la mejilla y corrió hacia donde estaba Emmet y Jasper. Se veían bastante graciosos lanzándose arena entre ellos.
Por mi parte, me senté junto a Alice y Rose que estaban tomando sol.
Alice levantó sus gafas para mirarme.
-No piensas ponerte tu bikini?
-No gracias… no me gusta el sol. –mentí. –Además, por qué trajeron bikini? Como supieron que habría sol.
-No lo sabíamos –contesto Rose- Pero siempre es necesario traer un bikini. Nunca sabes cuando llegará un día como estos.
Hubo un silencio. Tomé todo el valor que tenía (si, iba a contárselos).
-Hmmm… si bueno, esto… Alice, estoy saliendo con tu hermano. –Ya! Ya entendí, esa no fue la mejor manera de decirlo.
Al principio el shock fue enorme. Nadie me creía, de hecho Alice estuvo enfadada por unos días porque pensaba que le estaba jugando una broma, aunque luego confeso que siempre supo que nos gustábamos, lo que consiguió que me sonrojara.
Las primeras semanas fueron felicidad absoluta… ya saben a lo que me refiero; flores, chocolates, hacer el amor y niñerías como esas, pero después de un tiempo las cosas cambiaron. Comencé a sentir que no merecía a Edward. El era… como se dice… perfecto, y yo… bueno yo solo era Bella. No encajábamos, pero el no parecía notarlo.
Él siempre me hacía sentir querida, y yo sabía que en el fondo lo haría sufrir. Era una ecuación simple: chico perfecto más chica normal es igual a desastre.
Eso es lo que tenía en la cabeza ese sábado en la fiesta, y por eso bebí más de la cuenta y ahora no estaba bailando con mi galán de cuentos de hadas, sino que con un perdedor cualquiera que ni siquiera recordaba de donde había salido.
Casi pude escuchar su corazón romperse al momento que me vio como besaba al extraño que tenía en frente, y fue ahí cuando me di cuenta que yo era una mierda de chica y ni siquiera merecía mirarlo a los ojos. Empujé al chico y corrí, corrí hasta llegar a un punto del bosque que nunca había llegado. En el fondo de mi corazón siempre supe que Edward me seguiría. Siempre lo hace. EL siempre estaba ahí para arreglar lo que yo rompía, los errores que cometía y todo lo malo que hacía. No le importaba que se metiera en problemas; mientras yo estuviera bien, el también lo estaría.
-Lo siento –susurré dándole la espalda.
-No lo sientas… está bien –dijo poniendo su mano sobre mi hombro. Qué demonios había dicho? Que estaba bien? Con un demonio! Eso no estuvo bien.
-NO! –le grité mientras me giraba sobre mis talones para verlo a la cara- NO ESTA BIEN! soy una maldita… una maldita.. ugh! Nisiquiera se lo que soy!
-Tranquilízate…
-No! Tu altérate! Te lo suplico! –dije golpeándolo con mis puños en el pecho. –Grítame, empújame, insúltame! Haz algo! –te lo suplico…- pedí llorando.
-No puedo…-confesó.- Te amo demasiado como para hacer eso… Entiéndelo, te amo demasiado –y me abrazó.
En ese momento supe que no podía estar más con el. No podía soportar el hecho de que cada día de mi vida lo haría sufrir y el no haría nada. Era como una maldición, el amor por mí lo hacía sufrir. "Definitivamente soy la peor chica del mundo" pensé.
Esa noche hicimos el amor como nunca, de manera desesperada. LE hice entender que lo amaba como nunca había amado a nadie. Que nunca nada me haría olvidarlo. Y cuando se durmió regresé a mi cuarto, tomé algunas cosas y me marché de Forks.
Nunca más haría sufrir al hombre que amaba.
EDWARD POV
Un maldito mes había pasado desde ese día. Debí haberme dado cuenta que algo iba mal. Sus besos no eran lo mismo, sus caricias eran desesperadas, era un adiós.
Las miradas de lástima por parte de mis hermanos eran lo que menos soportaba. Yo sabía que ella aún me amaba, pero por miedo había actuado sin pensar. La llamé un millón de veces a su celular, pero nunca contestaba, o simplemente cortaba.
-Hermano…
-Déjame Alice.
-Porfavor déjame ayudarte… -pidió suplicante mi pequeña hermana.
-Si de verdad quieres ayudarme dime donde está, y no te atrevas a decir que no lo sabes.
-Sabes que no puedo… -dijo agachando la cabeza.
-Alice porfavor… te lo suplico, haré lo que quieras, te daré lo que quieras… -dije con voz entrecortada.
-Edward…
-Por favor –dije tomándola firmemente de los hombros. La situación ya se me había escapado de las manos. Tenía que encontrarla, me estaba volviendo loco y nadie me decía nada. Pregunte en la dirección de la escuela y nada, pregunte a todos mis compañeros y nada, incluso se lo pregunté a Jacob Black y tampoco respondió. Acaso no entendían que me estaba muriendo sin ella?
Alice respiró sonoramente y luego me miró fijamente.
-Está bien, te lo diré.
BELLA POV
Nadie cuestionó nada cuando llegué de vuelta a casa. Debió haber sido porque traía los ojos hinchados de tanto llorar. Incluso parecía que había conmovido a mamá, quien el otro día llamó a la escuela y dijo que mi abuela estaba muy enferma y por eso me había ido de repente, y pidió explícitamente que no le dijeran a nadie donde me encontraba. Por fin apreciaba realmente a mis padres.
Ese lunes mamá toco la puerta despacio.
-Hija, voy al supermercado por cosas para el almuerzo, vienes?
-No mamá.. –dije y volví a taparme.
-Oh Bella por Dios! Tienes que levantarte algún día. –dijo mientras entraba a mi cuarto. –Hay un día precioso y tu estás ahí acostada desperdiciándolo.
-Talvez más tarde mamá…
-Bueno, pero prométeme que lo harás –respondió depositando un corto beso en mi frente.
-Si… - y luego se marchó.
Cuando me quedaba sola en casa lloraba. Nunca frente a mis padres porque no quería que me tuvieran lastima, pero si cuando estaba sola.
Lloraba hasta que me cansaba, hasta que mis cuerdas vocales se gastaban de tantos sollozos. Y sobre todo en días como este, donde el sol me recordaba el día en que Edward me dijo que me amaba. Estupida Bella, si tan solo no estuvieras podrida por dentro, entonces tu mundo no se confinaría a estas cuatro paredes.
Estaba sumida en mis pensamientos cuando sonó el timbre. Extraño porque nunca sonaba tan temprano. De seguro era mamá que había dejado algo en casa.
Me puse un sweater y pantuflas para bajar a abrir. Pase por enfrente del espejo y vi mi cara demacrada, así que pase al baño a enjuagármela para que no descubriera que estuve llorando.
Cuando llegue a la puerta un sentimiento extraño me invadió, como si lo que estuviera al oto lado de la puerta estuviera a punto de darle una vuelta de 180º a mi mundo.
Giré la manilla y abrí.
Me quedé estática observando a la persona que estaba allí. No se cuanto tiempo paso hasta que uno de los dos habló, pero para mi fue una eternidad.
-Hola –dijo el chico.
-Edw… -intenté decir mientras las lagrimas caían por mis mejillas, pero no pude continuar porque tapó mis labios con un beso.
Era él… Edward Cullen, el amor de mi vida.
FIN
Despues de muchisimo tiempo termino esta historia :)
Espero que les haya gustado el final que me tomó mucho tiempo escribir!
Se agradecen todos los reviews que me dejaron cuando la publique por primera vez! recuerden que escribo para ustedes :)!
xo.
Louise De la Valliere
