Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar aquí n.n
Y gracias por esperar un poco, el capi de hoy es uno de los largos y requería más tiempo de revisión. Pero al fin empieza lo que podríamos denominar la "Saga Sasuke", disponible sólo cada cinco entregas XD
Hoy no tengo mucho tiempo, por eso les hago un agradecimiento general y les envío un gran abrazo a los anónimos Akane Hyuuga, kds, Julia, Guest, Fabiola-chan, PrincessOFKonoha y Dark Amy-chan.
Me hicieron reír mucho con sus reviews. Sé que Sasuke se ve prepotente, para este AU lo imaginé parecido a los galanes de doramas: posesivos y territoriales. Seh, vaya influencias... Me gusta pensar que Sasuke es así de descarado porque se plantó, plantó bandera en el lugar que le interesa. Y Hinata, como señalé desde el primer capítulo, le interesa mucho. Para decirlo más fácil -y romántico-: es ella o nada. Está seguro y no piensa retroceder, así que no malinterpreten su prepotencia T.T Piensen que muchos chicos en su situación, en la vida real, darían media vuelta y se irían en busca de algo más fácil.
Pero quizá se trate de una falla mía a la hora de retratarlo. No lo odien mucho, tengan paciencia (para él y para mí XD), con el tiempo verán que es bueno y sensible. Disculpen por eso y por los posibles fallos, y gracias por leer :D
5 de abril
Sasuke
Cerca de las cinco de la tarde de ese caluroso sábado, Hinata regresó de la biblioteca pública con los libros de turno abrazados a su pecho y el maletín atiborrado de nuevas publicaciones literarias. La caminata, la carga y la consecuente molestia de andar con las dos manos ocupadas la habían acalorado, por lo que el mohín de su rostro delataba el cansancio y la ansiedad de llegar a su casa.
Sin embargo, aunque había divisado ya la anhelada meta, aunque se había ilusionado con el beatífico amparo de su hogar y había acariciado con la punta de los dedos la fantasiosa jarra de fresco jugo exprimido que le aguardaba en la nevera, sus sueños se hicieron añicos en un abrir y cerrar de ojos ante el súbito abordaje que sufrió de parte de su confianzudo vecino.
-Vas en la dirección equivocada –le informó Sasuke, ajeno a su perplejidad, mientras tomaba sin permiso los libros que acarreaba-. La cita es en el café –agregó, y caminó llevándoselos rumbo al sitio en cuestión.
Hinata se le quedó mirando azorada pero demasiado agotada también para protestar ante su atrevimiento. ¿Por qué a ella? Estaba cansada, sudorosa, medio enemistada con el mundo luego de una ajetreada semana laboral, ¡y todavía tenía que soportar la incomprensible conducta del mecánico de enfrente! Era insólito.
Además, se había olvidado por completo de la supuesta cita. La noche anterior, cuando se repuso de la primera impresión, dio por descontado que Sasuke bromeaba, o que la desafiaba para incomodarla, pero en ningún momento se tomó en serio la sugerencia de reunirse en ese plan. Estaba visto que el tipo decía lo que quería, hacía lo que quería y se metía con las personas que se le antojaba sin ninguna clase de conmiseración hacia los afectados. Vaya descaro.
Encima de todo se iba con sus libros… imperdonable. Reponiéndose del estupor, Hinata enfiló tras él resuelta a descargar sobre aquel desvergonzado el peso de su cansancio existencial.
Cuando entró en el café, Sasuke tomaba asiento ante una de las mesas ubicadas junto al ventanal, los libros cuidadosamente apilados contra ese lado para prevenir el riesgo de caídas. Al menos era previsor. Hinata se acercó, sin sentarse dejó su maletín en el suelo y se cruzó de brazos para tratar de parecer irritada.
-¿Q-Qué crees que haces?
-¿Nerviosa, Hyuuga?
-Cansada, Sasuke-kun, cansada y con muy p-pocos ánimos de seguir con t-tu juego.
-Tenemos una cita.
-¡No tenemos nada! –exclamó ella casi con indignación.
-Hum –repuso él, pensativo-. Veo que no es este el modo como las organizas.
-Ni éste ni otro q-que sea de tu incumbencia. –Hinata trataba de conservar la calma, el extraño código con el que se comunicaban seguía pareciéndole absolutamente absurdo, pero aun así ya lo tenía dominado. O casi-. Mis citas son asunto mío. Eres tú el q-que se entromete y no recuerdo haber aceptado ningún encuentro c-contigo.
-Ey, ¡hola! –saludó Naruto, interrumpiendo sin saberlo-. Es raro verlos a los dos juntos por aquí.
Hinata desvió la vista, ruborizada. Sasuke lo notó y la miró con mayor atención.
-N-Naruto-kun –dijo ella por lo bajo una vez que pudo saludar.
-¿Están en una cita? –indagó él, divertido.
La zozobra de Hinata fue en aumento.
-¡No! –se apresuró a aclarar.
-Sí –aseveró Sasuke con firmeza. Hinata lo fulminó con la mirada, pero él se desentendió.
-Ah, entiendo –repuso Naruto alegremente, aunque tal vez no entendía nada-. ¿Les traigo unos refrescos? Hinata-chan parece cansada y tú, Sasuke idiota, estás demasiado serio.
Y se fue dejándolos cortados por sus pueriles, aunque certeras, observaciones. Luego, viéndolo maniobrar detrás de la barra con su juguetona alegría habitual, Hinata sonrió y por un momento olvidó en qué situación se hallaba. Pero Sasuke se encargó de recordárselo.
-¿Piensas quedarte allí parada toda la tarde?
A esas alturas el chico había sacado algunas conclusiones: mientras se reunía en citas arregladas seguramente por alguna de sus amigas, se sentía atraída por el dueño del café; el dueño del café no se dio por enterado; ella no parecía muy dispuesta a decírselo; a él, que había comenzado a cortejarla, ni siquiera lo registraba. El asunto se tornaba cada vez más difícil.
¿Por qué tenía que sonreírle de modo tan dulce y secreto al otro? ¿Por qué no podía sonreírle de ese modo a él, que se había cruzado cada noche a saludarla? ¿Acaso no había comprendido el mensaje, o tenía que ser más directo?
-Tengo otro compromiso en mi agenda –replicó ella con seriedad.
Hinata no tenía intenciones de claudicar. ¿Quién se creía que era? ¿Se había propuesto ponerla nerviosa? Y esos ojos oscuros e inexpresivos fijos sobre sí, envolviéndola en disgusto, incomodidad e incertidumbre... ¿Por qué tenía que lidiar con alguien así, a quien ni siquiera conocía? De seguro estaba loco y sólo buscaba chicas solitarias con las cuales divertirse. Ahora que lo pensaba, Hinata se puso en guardia.
-Arréglalo para otro día –sugirió el mecánico.
-Eres obstinado –repuso Hinata, que se estiró y abrazó la columna de libros. Pero Sasuke puso la mano encima y no pudo moverlos.
-Y tú no te enteras de nada, Hyuuga –dijo él.
-Sasuke-kun, por favor –pidió ella, que no cejó en sus intentos de llevarse lo suyo.
-Sólo será esta tarde.
-No me interesa.
-Luego te ayudaré a llevar los libros.
-Puedo sola.
-Soy nuevo en el pasaje.
-¿Q-Qué tipo de excusa es ésa?
-¡Ah! Eso es porque Sasuke necesita hacer amigos –terció Naruto con los refrescos en la mano-. Para mí es fácil porque tengo muchos clientes con los que platicar, pero él no puede hacer eso con los motores.
De pronto Hinata se sintió una idiota en esa posición, abrazada a los libros que no podía mover, y Sasuke hizo una mueca al verse sorprendido en esa tesitura. Parecían dos niños caprichosos negándose a compartir.
Naruto aguardó con inalterable sonrisa a que ellos depusieran la actitud. Aunque no entendiera en profundidad su intuición marchaba en la dirección correcta, pues de inmediato percibió tanto el interés de Sasuke como las aprensiones de Hinata. Y como se había encariñado demasiado con ambos fue incapaz de tomar partido, por lo que prefirió intervenir de forma conciliadora. Además, de verdad creía que a alguien tan parco como Sasuke le haría muy bien contar con una amiga tan dulce como Hinata.
Por su parte, la joven se sintió abochornada. Naruto la había visto en el estadio más básico de la evolución humana, es decir, en el empecinamiento ridículo, cuando en realidad le hubiera gustado que la viera segura, sensata y fuerte. Al menos eso, ya que nada podía hacer para evitar que la viera cada tarde acompañada de una retahíla de ejemplares masculinos. Así que apeló a su dignidad, hizo un esfuerzo y se enderezó sobre sus pies.
Sasuke, disgustado ahora también con la influencia que tenían sobre ella unas simples palabras de Naruto, e irritado por las que el tipo empleó para referirse a él, tuvo que forzarse a mantener la calma para continuar tras su objetivo. Sin embargo, pronto vislumbró que podía sacar ventaja de esa intervención.
-Gracias, Naruto. Hyuuga, por favor, sién-ta-te y bebe conmigo.
Hinata lo odió. Sasuke lo vio, pero de nuevo desestimó esos sentimientos. Con absoluto dominio de sus emociones, esperó pacientemente a que ella se diera cuenta de la situación y accediera a su pedido. Diablos, sólo quería conversar un poco. ¿No era eso lo que más apreciaban las mujeres?
Dentro de Hinata, no obstante, se removían luctuosas ansias asesinas y embravecidos deseos de revancha, tan desagradablemente que pronto germinaría en su alma la ignominiosa semilla del rencor. Y eso Sasuke también lo vio. Sí, Hinata lo odiaría, pero era mejor eso que la indiferencia. Entonces, inusitada y descaradamente, le sonrió.
Esa sonrisa a Hinata le pareció una retorcida mueca diabólica. El muy atrevido. Lo disfrutaba, el desvergonzado de su vecino realmente disfrutaba de haber encontrado el modo de hacer que ella se quede. Naruto los estaba mirando, Naruto la estaba mirando a ella. Pujando por conservar su autocontrol, lentamente se colocó del otro lado de la mesa y se dejó caer en la silla, sonriéndole a su vecino con dulzura forzada.
A continuación Naruto depositó los refrescos bromeando sobre cualquier tontería y luego se fue dejándolos solos como si nada hubiese pasado. La cita había comenzado y la atmósfera podía cortarse con tijera.
-o-
Hinata tuvo que enviarle un mensaje de texto a Ino para que pospusiera la cita que correspondía ese día. Dudó acerca del tipo de explicación más conveniente, hasta que finalmente se decidió por alegar asuntos laborales, lo cual no estaba muy lejos de la verdad si pensaba en el montón de exámenes para corregir que tenía en el escritorio. Aun así fue difícil convencerla.
Al cuarto mensaje insistente de Ino, Sasuke se impacientó. Dos más dos son cuatro, por lo que no le costó mucho deducir que la persona del otro lado de la línea era quien le suministraba pretendientes a su vecina. Las mujeres eran seres realmente temibles. Acabó su refresco en pocos minutos y luego se encontró pensando en disolver con ácido sulfúrico cada vínculo femenino que Hinata tuviera, sobre todo si eran potenciales presentadoras de candidatos rivales.
Al quinto mensaje, dado el feo mohín que se había dibujado en el rostro de su compañero, Hinata apagó el móvil y lo guardó disimuladamente en su maletín. Incluso varias horas después se preguntaría aún por ese insólito acto de consideración hacia el sujeto que la había obligado a pasar la tarde con él, pero lo cierto era que su carácter jamás se inclinaba hacia el resentimiento duradero. No lo había buscado, pero intentaría respetar el tiempo que pasaría con Sasuke.
-Bien –suspiró ella sin saber qué decir. Había cortado el intercambio con su amiga, por lo que sólo le quedó concentrarse en aquella cita tan peculiar.
-Bien –secundó Sasuke, que aunque notó que Hinata ya parecía registrarlo, de todos modos la sintió distante. O al menos eso era lo que interpretaba.
La joven se removió sobre su silla. Luego carraspeó, insegura acerca del punto donde fijar la vista, y como tampoco sabía qué hacer con las manos se aferró a su vaso con ambas para ver si la frescura del hielo le aclaraba las ideas.
-Y… ¿hace mucho que eres mecánico? –improvisó, porque el otro podía ser muy astuto cuando se trataba de atraer a chicas distraídas, pero parecía bastante lerdo para entablar conversación.
-Desde siempre –repuso Sasuke, cuyo mohín de disgusto por fin desapareció.
-¿Cómo es eso?
-Aprendí el oficio de mi padre. Mi hermano mayor y yo prácticamente nos hemos criado en su taller y cuando tuvimos edad suficiente lo asimilamos. Terminó siendo un negocio familiar.
-¿Y por qué no están ellos contigo? Creo que sólo te he visto trabajar a ti.
-Porque me independicé.
-Ah.
-No malinterpretes, no es que me haya disgustado o que haya tenido algún problema con ellos.
-No pensé nada –dijo Hinata con sinceridad.
-Las cosas no pueden ser siempre como en la infancia.
-Entiendo –dijo ella-. Mi familia también es muy unida y tradicional, tanto que a veces se hace difícil hallar el propio camino, o transitarlo.
Habiendo encontrado un tema en común, Hinata se sintió más cómoda y pudo hablar mirándolo a los ojos. Para Sasuke fue como hallar una puerta que se abría por fin.
-¿A ti te ocurrió así? –indagó.
-Mi padre tenía grandes expectativas con respecto a mí –dijo Hinata con melancolía al evocarlo-. Creo que todavía las tiene. Supongo que me he convertido en la hija descarriada.
-Pues ya somos dos.
Hinata sonrió afirmativamente.
-Lo peor del caso es que nadie lo hace por maldad, sería más fácil para todos si decidiéramos por puro egoísmo –comentó-. Si tuviera la certeza de que mi padre es un ser mezquino no guardaría remordimientos, pero como sé que sus sentimientos son honestos, sólo me pone triste.
-Supongo que pasa en muchas familias.
-Sí. No es por falta de amor o ingratitud que nos alejamos, simplemente somos distintos.
-¿Has hablado al respecto con tu padre?
Ahora Hinata sonrió con cierta tristeza.
-¿Acaso no es eso lo más difícil? ¿Tú has hablado con el tuyo?
-Sólo para despedirme.
-También yo –secundó ella con entendimiento-. A veces, aunque te mueres por hablar con tus padres, el orgullo gana y te quedas esperando que ellos entiendan lo que sientes sin tener que decirlo. Como si fuesen adivinos.
-Pero si sabemos que no siempre pueden presentir lo que pensamos –consultó Sasuke-, o lo que sentimos o lo que esperamos de ellos, ¿por qué no podemos esforzamos un poco más?
Hinata se alzó de hombros.
-Porque nos duele.
Un breve silencio reflexivo se hizo a continuación. Hinata pestañeó con fuerza para contener una lágrima rebelde y disimuló bebiendo de su vaso, pero lo cierto era que, inesperadamente, se sintió mejor. Hacía mucho que no tocaba ese delicado tema con nadie, ni siquiera con sus amigas, con quienes lo había discutido ya tantas veces, y hacerlo con un extraño –que ya no le pareció tan extraño en realidad- le renovó la mirada sobre la situación y la reconfortó.
El tipo de cosas que pueden ocurrir con la persona menos esperada.
-¿Por qué la literatura? –le preguntó él, que si bien advirtió su congoja no consideró oportuno cambiar de tema tan abruptamente.
Ahora Hinata sonrió con entusiasmo y Sasuke prestó más atención. ¿Cuántas formas de sonreír tenía esa chica? ¿Le alcanzaría con una sola cita para conocerlas todas? De haberlo sabido antes, hubiera apurado el encuentro.
-Supongo que comenzó de niña, como todas las cosas –explicó Hinata-. Recuerdo que mi madre me leía historias, o me las contaba antes de dormir, y luego, en la escuela, apenas me compraban el libro de texto leía todos los cuentos de la sección de lengua. Cuando crecí, simplemente lo supe.
-Para mí era una materia sin nada en especial.
-Es porque han aparecido tantos adelantos tecnológicos desde la televisión que la lectura de libros ha quedado relegada únicamente a aquellos que sienten una verdadera inclinación. Sólo tengo dos o tres alumnos por curso a los que les gusta leer, el resto lo hacen por obligación o ni siquiera lo intentan.
-¿Y eso no te molesta?
-¿Molestarme? –Hinata lo meditó unos instantes-. Tal vez al principio, cuando todavía carecía de experiencia. Recuerdo que a veces me indignaba, creía que el amor por la literatura era demasiado grande como para menospreciarlo. Era muy ilusa.
-¿Y ahora?
-Ahora ya no dejo que me afecte. Entiendo que otros estímulos sean más interesantes que un libro, incluso yo misma paso mucho de mi tiempo en internet. –Hinata bebió otro poco, pensando en ese asunto-. Trato de elegir los textos que me parezcan más amenos, o relevantes, o accesibles, y sé que algunos de mis alumnos se interesarán y otros no, y lidio con ambas realidades. A fin de cuentas, al igual que con las películas, se trata de una cuestión meramente subjetiva. Sobre gustos no hay nada escrito.
-Pareces resignada.
-No puedo imponerle nada a nadie, ni quiero hacerlo. Si logro atraer a uno más con algún cuento o con alguna novela, lo celebro y lo agradezco, pero no pasa todos los días ni con las mismas personas. Sólo puedo dar lo mejor de mí para tratar de que siempre se lleven algo de la lectura, aunque sea algo pequeño.
Sasuke asintió en silencio. No podía apartar sus ojos de ella ni podía desinteresarse de nada de lo que dijera, ni podía sustraerse de ese sutil y misterioso encanto que poseía y del cual la chica no era conciente. Al igual que la primera vez que la vio, el día que inauguró el taller y salió a la vereda para observar en derredor hasta alzar la vista y toparse con una joven distraída oteando desde su balcón, se sintió sobrecogido.
En aquel entonces le pareció inalcanzable. Luego, al verla ir y venir, le pareció que era lo único digno de ser observado en ese recóndito pasaje de la ciudad: Hinata animada, Hinata pensativa, Hinata cabizbaja, Hinata en otro mundo… Y ahora una Hinata enojada, una seria, una sonriente, una triste y una ensimismada. Y todas le atraían, le atraían irremisiblemente, porque ese halo distante y misterioso se parecía en gran medida al suyo y por primera vez en la vida sentió la necesidad de traspasarlo.
-Había un poeta francés… uno que hablaba de la ciudad moderna, no recuerdo su nombre.
-¿Baudelaire?
-Ése –dijo Sasuke-. Recuerdo que una vez leí un poema suyo, pero no logro recordar cuál.
-¿Sobre qué hablaba? Quizá sea uno de los más conocidos.
El mecánico abrió la boca para contestar, pero de pronto lo acometió un pensamiento y volvió a cerrarla. Caviló unos segundos, hasta que finalmente desistió.
-Prefiero buscarlo por mi cuenta. Sólo necesitaba el nombre del poeta.
-Dijiste que te gusta la ciencia-ficción.
-Y lo mantengo.
-¿Entonces?
-Entonces agradecería que me recomiendes algunos títulos –dijo él para eludir el tema de la poesía. Algo en esos versos tenía que ver con lo que le había pasado con ella desde que la conoció y todavía no quería delatarse en ese aspecto-. Dijiste que hay mucha variedad, así que me gustaría que sugirieses tus favoritos.
-¿D-De verdad? –se extrañó Hinata.
-¿Tanto te emociona eso, Hyuuga?
La joven se ruborizó. El tipo apenas había sido irónico, para nada burlón, y aun así se sintió tonta. Es cierto, tratándose de literatura no podía evitar emocionarse, pero la verdad era que hacía rato se sentía demasiado cómoda allí con él, el ambiente se había tornado demasiado natural y, tal vez, incluso íntimo. Parecía increíble.
Hasta el momento no había tenido la oportunidad de discutir mucho sobre libros con sus citas, ni sobre su trabajo ni sobre su familia, sino que simplemente se había dejado llevar por la temática que sus compañeros proponían. Siempre fue insegura, o quizás -al decir de Tenten- demasiado buena para forzar las cosas, por lo que nunca se atrevía a hablar de sí misma. Sin embargo, con Sasuke todo había surgido de forma espontánea.
Hasta el día anterior no lo entendía, la ponía nerviosa, la llevaba por senderos absurdos e incluso esa tarde prácticamente la obligó a comparecer con él en el café extorsionándola con los libros. Y de un momento para el otro hablaban de sus trabajos, de sus familias, de sus vidas y de la lectura, algo tan inesperado que la dejó descolocada.
Y no era que le gustase. Hinata estaba más cerca de los treinta que de los veinte, siempre fue la más sensata de su grupo de amigas y era lo suficientemente madura para saber lo que sentía, por eso descartó desde el principio la idea de la atracción. Su tipo de hombre no era el parco, para eso ya estaba ella, sino el alegre que podía complementar sus fallas, el divertido y el desenvuelto. Debido a eso pensaba en Naruto, a quien paradójicamente, gracias a sus citas, veía con asiduidad. En cambio Sasuke, si bien trabajador y maduro, era todo oscuridad.
Algunos hombres son muy difíciles de abordar. Y las mujeres no quieren eso, ¿verdad? O tal vez sí, si les atraen los riesgos de la incertidumbre o si se dejan ganar por el temor a la soledad. Sin embargo, una vez embarcadas en la relación, guiadas por quién sabe qué tipo de esperanza, en la mayoría de los casos tarde o temprano sobreviene la decepción.
Porque a menos que sea eso precisamente lo que guste, muchas veces apuestan a cambiarlo y luego todo termina mal. Y Hinata no pretendía cambiar a nadie ni tenía intenciones de cambiar. "Siempre hay un roto para un descocido", le habían dicho alguna vez, y aún se aferraba a esa posibilidad.
Hasta Elizabeth Bennet, en primera instancia, rechazó al señor Darcy. Lo que aconteció después sólo fue literatura, y Hinata sabía de sobra que la vida era muy distinta a las novelas. No tenía prejuicios, pero tampoco le tenía miedo al futuro y hasta el momento había podido vivir muy bien sin la compañía de un hombre. De tener que elegir uno, Sasuke sería la última opción.
-Asimov es un clásico –dijo por fin-, también Wells y Bradbury.
-Me gustan los que proponen fututos apocalípticos.
-Entonces puedes leer 1984, de George Orwell.
-Me suena.
-Quizá sea por ese programa televisivo… Gran Hermano. El concepto salió de esa novela.
-¿Es uno de tus favoritos?
-Es uno de los libros más interesantes que puedan leerse.
-Entonces lo leeré.
-¿Estás tratando de ser obsequioso conmigo?
-Estoy tratando de conocerte –replicó él con absoluta naturalidad.
Hinata se quedó cortada. Que el diablo se la lleve si alguna vez en su vida había conocido a un hombre tan directo. De nuevo la puso nerviosa y, para disimularlo, de nuevo recurrió a su bebida.
De haberlo conocido, hubiera sabido que Sasuke nunca fue muy bueno para las sutilezas, que era un muchacho más bien frontal y honesto consigo mismo, primero, y con los demás por derivación. Si estaba seguro de algo lo decía, y como poseía el don de la ubicación y conciencia de los roles, lo ponía en palabras imposibles de soslayar, impugnar o discutir. Era poco hablador y mucho menos demostrativo, pero cuando abría la boca lo hacía para disparar.
Tampoco era tonto. Si bien carecía de la trayectoria literaria de Hinata, era lo suficientemente inteligente para entrever el carácter de las personas, por eso sabía elegir con quién socializar, a quién desestimar o a quién mantener a raya. Y desde el principio percibió que ella era solitaria por naturaleza y que, a diferencia de otras mujeres de su edad, estaba muy bien con eso, que no le molestaba ni desesperaba por encontrar hombres. Quién sabe qué demonios se proponía con esas estúpidas citas, pero podía apostar su taller a que no se trataba de salir de soltera.
Hyuuga Hinata no necesitaba una pareja, el primer gran escollo a superar.
A lo largo de la conversación, por supuesto, también llegó a percibir que no estaba interesada en él, al menos no todavía como le hubiese gustado. Lo escuchaba, lo entendía, pero en ningún momento entrevió señales que le indiquen que pensaba en él como algo más que un vecino o como una de las citas que había tenido. De hecho, tampoco notó ese tipo de señales cuando estaba con sus pretendientes, y ahora lo comprendía todo con mayor claridad.
No, Hinata no sería para nada fácil, porque aunque nerviosa, tímida y vacilante al hablar, tenía muy en claro quién era y estaba perfectamente posicionada en la vida. En esas circunstancias, un hombre poco sensitivo, poco avezado o torpe podía llegar a convertirse en un estorbo más que en una compañía, y él no tenía intenciones de verse así. A cada segundo que pasaba le gustaba más y no estaba dispuesto a rendirse.
-o-
Hablaron de todo un poco, hablaron de tonterías, de cosas serias, hablaron a veces con cautela, otras con franqueza y en ocasiones desde el silencio. Hinata descubrió que Sasuke hablaba poco pero claro, y Sasuke que Hinata callaba más de lo que se atrevía a decir. Pero hablaron.
Hacia las últimas horas de la tarde, la muchacha decidió regresar. Aunque aún faltaba un rato para que se hiciera de noche Sasuke esta vez procuró ceder, pues no creyó oportuno volver a abusar de su amabilidad. Si quería compensarla por su conducta supuso que tendría que ser aún más amable que ella y por eso se ofreció a acompañarla con la excusa de llevarle los libros.
Caminando con lentitud los escasos metros que separaban el café de su edificio, Hinata se dejó envolver por la agradable frescura de la tarde. Estaban en abril y el clima todavía templado que la naturaleza les concedía le parecía un obsequio que valía la pena disfrutar. Hasta las cosas más simples podían depararle alguna clase de satisfacción.
Sasuke caminaba a su lado, silencioso. Lo miró de reojo, curiosa, y recién entonces cayó en la cuenta de que había cerrado su negocio sólo para estar con ella.
-D-Debes haberte retrasado en tus obligaciones –comentó con preocupación-. Lo siento, ni siquiera p-pensé en eso y te distraje.
Sasuke la miró con una ceja levantada.
-¿De veras, Hyuuga? –ironizó-. Pensé que había sido yo el de la idea de la cita.
-Sí, pero yo terminé p-por aceptar y…
-¿Y?
-Bu-Bueno… hablé tanto q-que…
-No fuiste la única. ¿Y por qué te pones nerviosa de repente?
Aunque fuese una pregunta inocente hubiera sido mejor que Sasuke se la reserve, sobre todo en esa incipiente instancia de su relación. Nada peor para una persona avergonzada que le señalen el defecto, y la pobre se perturbó más al verse así de expuesta.
Sin embargo, a pesar de sentirse aún bastante descolocada desde aquel rapto de sinceridad que él tuvo para con ella, supo reconocer las señales propias de sus diálogos anteriores. No era que se regodeara con su turbación, sino que volvía a llevarla a ese terreno donde noche tras noche, luego de sus citas, los hacía parecer cercanos.
-No estoy nerviosa, sólo me siento un p-poco culpable –refunfuñó.
-El único culpable soy yo.
-¡Sólo quise ser amable!
-Pues deja de serlo.
-¿Entonces qué de-debería decir?
En ese preciso momento llegaron a la entada del edificio. Sasuke le colocó los libros en el brazo que Hinata tenía libre y ésta, asombrada por ese repentino quiebre de su cortesía, los sujetó con torpeza contra su pecho tratando de no perder el equilibrio.
-Sólo despídete –repuso Sasuke con sencillez.
Y eso también la descolocó. Nada de cursilerías ni sentimentalismo, nada de insinuaciones ni de frases melosas para agradecer la jornada ni miradas sugestivas para continuarla en su casa. Ese sujeto era demasiado extraño.
-Entonces adiós –dijo con simpleza.
Se dio vuelta, dejó el maletín en el piso, buscó la llave en un bolsillo y uno de sus libros resbaló. Sasuke fue más rápido, lo levantó y lo acomodó sobre los otros que sostenía. Sólo entonces se apiadó de la joven y la ayudó a mejorar la distribución de su carga.
Hinata soportó sus maniobras con renovado asombro. De nuevo esperó la consabida propuesta de subir, sospechó en su diligencia un subterfugio para proposiciones amorosas y empezó a trazar en su mente las negativas apropiadas. Sin embargo, el mecánico volvió a sorprenderla con su inalterable silencio. Ni siquiera al final le daría el gusto de rechazarlo.
-Ya no se caerán –dijo él cuando terminó.
-Gracias –musitó Hinata, para quien Sasuke había adquirido ahora las dimensiones de un extenso y enrevesado enigma matemático. Hablaron toda la tarde, intercambiaron impresiones y hasta coincidieron en ciertas ideas, pero por lo visto todavía distaba mucho de conocerlo. E imposible determinar si eso la motivaba o la ponía en alerta-. Adiós –repitió.
-Nos vemos –la saludó Sasuke, que esperó para verla entrar.
Luego, una vez que la muchacha desapareció de su vista, el joven mecánico se cruzó con paso firme hasta el taller. Repasó en su memoria lo que le explicó sobre el propósito de tener citas, pues entre rodeos y digresiones terminó por sonsacárselo, y masculló algunas maldiciones.
Para alguien de su carácter semejante plan no podía ser más absurdo, quién sabe con qué clase de patanes tendría que lidiar Hinata hasta que venza el plazo establecido y quién demonios podía entender el funcionamiento del cerebro de una mujer. Pero le prometió a su vecina, a cambio de esa información, mantenerse al margen del asunto, por lo que tendrá que soportarlo mirando desde un costado.
Levantó la cortina metálica hasta la mitad para evitar el ingreso de nuevos clientes. Tenía que reparar dos automóviles para el día siguiente, pero se sentía tan animado que hubiese podido con todos los que esperaban allí aparcados esperando su turno. El desafío más importante era otro y todavía tenía tiempo para afrontarlo.
