Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar n.n
Se viene otra tanda de viñetas, por lo que podré actualizar semanalmente. Ya saben que aquí no discriminamos a nadie, ¿verdad? ¿Y recuerdan que les comenté de mis influencias doramescas? XD
Agradezco los anónimos de: Eda: Sí, como ya lo tengo escrito me resulta fácil sostener la actualización. Me alegro que te guste la historia, gracias por leer y comentar n.n PrincessOFKonoha: Qué bueno que te guste este Sasuke, excepto por el capi de hoy creo que en adelante se tomará el asunto de las citas con más naturalidad. Nop, no es ese el poema, y no lo sabrás hasta dentro de muchos capítulos a menos que logres adivinarlo antes XD Guest: Coincido. Al menos en un fic quería ilusionarme con un chico perseverante. Y sí, Gaara intuyó algo, otros candidatos también lo harán a su debido tiempo. Julia: me alegra que hayas disfrutado del primer encuentro "real" entre ellos, gracias por todas tus amables palabras y por seguir allí n.n Fabiola-chan: sos demasiado generosa, muchas gracias por tu afectuoso comentario y por compartir tus emociones y observaciones. Me alegra que estés disfrutando de la historia n.n Dark Amy-chan: sí, mientras más competencia haya mejor! Gracias por estar siempre n.n kds: gracias por seguir del otro lado!
Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
6 de abril
Hidan
-¿Eres creyente?
Hinata se sorprendió por la pregunta, ninguna de sus citas le había planteado antes la cuestión.
-Bueno…
-No me dirás que eres atea.
-No, atea no, p-pero…
-Entonces eres creyente –concluyó Hidan, satisfecho-. Uf, ¡qué alivio!, pensé que Ino me había presentado una apóstata.
La joven bebió su café desviando la vista, por si se delataba. Nada más incómodo que tratar el espinoso asunto de las creencias religiosas con un extraño, sobre todo si apenas se habían presentado e intercambiado unas pocas frases de cortesía. Además, ¿era necesario hablar de ello en la primera cita? ¿Qué diablos le ocurría al mundo moderno con el manejo del tiempo?
Hidan era guapo, pero raro. Inmediatamente después de que Naruto les sirviera café entrelazó las manos para elevar una plegaria de agradecimiento por la infusión y se persignó con fervor, dejándola muda del estupor.
-Ino me comentó que te has propuesto un desafío con citas.
-Algo parecido –se limitó a corroborar Hinata.
-Debes rezar.
-¿Re-Rezar?
-Refúgiate en la religión, reza, suplica, déjate alcanzar por la voluntad del Ser Supremo. Sólo si rezas encontrarás lo que buscas, sólo si ruegas y haces la debida penitencia Él contemplará tus deseos. La falta de fe te matará.
Hinata quedó perpleja. La última frase de ese singular devoto del culto religioso le pareció más un anuncio profético-apocalíptico que la sentencia del buen samaritano, por lo que empezó a consultar la hora con frecuencia y a pensar en distintas estrategias liberadoras de citas inquietantes. Y entonces se puso a rezar de verdad.
Cuál no sería su asombro al ver entrar en ese preciso instante, como un arcangélico enviado celestial, al mismísimo Uchiha Sasuke, que primero la buscó con la mirada y luego se dirigió hacia ella con resolución. Hinata se ruborizó, sinceramente admirada por ese milagro, y se vio obligada a admitir la existencia de Dios.
-¿Vendrás a buscar tu automóvil? –le preguntó él de la nada, porque de la nada hacía todo ese indescifrable sujeto.
-Mi… mi… -Hinata se le quedó mirando, confusa.
-Qué, ¿tienes tantos que debes pensar a cuál me refiero?
Sasuke se fijó en Hidan y le hizo apenas una seña a modo de saludo. Tal desdén la incomodó aún más, pero pronto empezó a entender lo que el mecánico pretendía.
-Ah… mi automóvil –balbuceó, desviando la vista otra vez.
-Necesito que vengas a probarlo.
-Yo…
-Ahora.
A Sasuke le bastó clavarle una significativa mirada para que Hinata termine de reaccionar. El tipo podía ser más aterrador aún que el Libro de las Profecías. Entre torpe y vacilante tomó su bolso, su abrigo y se levantó de la silla.
-Hidan-kun…
Pero antes de que pudiese siquiera decirle adiós, Sasuke la tomó de la mano y la acarreó consigo. Hidan se les quedó mirando con el ceño fruncido murmurando sobre la confusión en la que se hallaba el mundo, aunque no movió un pelo para detenerlos. Era obvio que ese chico profesaba el agnosticismo, por lo que masculló una serie de sermones para las ovejas descarriadas.
-o-
Al llegar a la acera, Hinata se soltó con brusquedad.
-¿Q-Qué crees que estás ha-haciendo? ¿Piensas que esto es un do-dorama?
Sasuke la miró sin entender.
-¿Dorama?
-Olvídalo –replicó ella. La explicación hubiera requerido demasiado tiempo, como siempre que se intentan explicar esas cosas-. ¿P-Por qué hiciste eso?
-Vi tu cara.
-¿Mi-Mi cara?
-Sí, tu cara de "que alguien me saque de aquí" –dijo Sasuke con sequedad-. El hecho de que estés tartamudeando confirma mis suposiciones.
-Mentiste.
-Pues perdóname –ironizó él.
-Y no estaba p-pasándola mal, Hidan era mu-muy amable –repuso ella con fingida dignidad, y se maldijo por lo difícil que le resultaba ese día dominar su tartamudez.
Sasuke alzó una ceja, incrédulo. Mujeres. Quién sabe qué tipo de socarrona divinidad le había instado a dar una vuelta por el pasaje en domingo, pasar por el café y atisbar dentro, por si la veía.
-Como digas.
Impasible, dio media vuelta y se alejó en dirección al taller. Hinata lo miró atontada sin decidirse a seguirlo para reclamar tan injustificado desplante o simplemente dejarlo marchar. Comenzaba a familiarizarse con la extravagante lógica de sus conversaciones, pero lidiar con las reacciones todavía le costaba.
De todas formas no fue necesario que siguiera dudando, pues el propio Sasuke, de repente, retrocedió hasta volver a su lado.
-Deberías agradecérmelo –la encaró.
-¿Agradecerte?
-Era evidente que ese tipo te molestaba.
-T-Te equivocas –porfió ella, para nada dispuesta a darle la razón a un hombre que siempre era tan despótico y que además vestía un overol manchado de grasa-. Me había hecho una pregunta… rara, y decía unas cosas… raras que me tomaron por sorpresa, eso es todo –concluyó orgullosa de la firmeza de su voz.
-Raro –se burló Sasuke.
-Raro –corroboró Hinata.
-¿Qué clase de pregunta te hizo?
La joven suspiró, resignada.
-Preguntó por mis creencias religiosas.
Sasuke hizo una mueca.
-Ya veo.
-¿Qué ves?
-Era un idiota.
-¡Sasuke-kun!
-¿Hasta cuándo piensas seguir con esta estupidez? No siempre se me ocurrirán mentiras para sacarte de allí, muchacha.
-¡P-Pues entonces no te metas!
Sasuke, conteniéndose, se le acercó hasta estar nariz con nariz. Siempre se había preciado de ser el más terco, ¡qué ingenuidad!
Hinata, desconcertada, empezó a retroceder, pero él ganaba de nuevo cada paso que interponía, hasta que la pared de una casa le cortó la tentativa y quedó encerrada entre ella y Sasuke, que vendría a representar la espada. Y para su completo bochorno, enrojeció hasta las raíces del cabello.
-Tranquila, Hyuuga, prometo que nunca más me meteré en tus citas –dijo él por lo bajo aunque con evidente resentimiento. Luego le sostuvo la mirada durante unos instantes, por si no había quedado claro el mensaje, y por último se marchó.
A Hinata las piernas casi le fallaron, Sasuke nunca le había hablado así. La turbación la mantuvo paralizada en la vereda tratando de entender qué le había alterado: esa absurda y poco creíble promesa, o sus grandes ojos negros fijos sobre sí.
