Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Hoy seguimos explotando el recurso de las casualidades. Creo que muchas fanáticas estarán satisfechas.

Agradezco los anónimos: Fabiola-chan, coincido, a la hora del amor somos todos -hombres y mujeres- muy pero muy vuelteros u_uU PrincessOFKonoha, pobre Hinata, ¡qué harén le ha tocado! Mencionaste a cuatro tipos y apenas vamos por el día ocho... ¿Y qué comes que adivinas? XD kds, coincido, Sasuke stalker XD Dark Amy-chan, lo más cómico es cuando todos se dan cuenta menos los afectados, al menos en la ficción. En el mundo real no sé...

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


8 de abril

Itachi


Apenas lo vio, a Hinata le resultó familiar. Más que su pelo o sus ojos fue su distante actitud lo que le dio la sensación de haberlo visto con anterioridad, por lo que luego de las presentaciones tuvo que preguntar.

-¿Nos hemos visto antes?

Itachi lo pensó unos instantes.

-No, nunca.

-Sin embargo, me pareces familiar. –Hinata arrugó la frente, pensativa-. Siento que te conozco de alguna parte… ¿Sueles andar por este pasaje?

-Hasta hace algunas semanas nunca había venido por aquí –dijo él-. Es un sitio singular, un mundo aparte. Me gusta.

-¿Unas semanas?

-Así es. De hecho, me sorprendió mucho cuando Ino me dio las señas. Mi hermano menor abrió su negocio cerca de aquí, tal vez lo conozcas.

Entonces, la mente de Hinata se iluminó como por encanto. No podía ser real.

-¿Eres el hermano de Sasuke-kun?

Itachi sonrió afirmativamente.

-Ese mismo, veo que lo conoces.

En algún imperceptible momento del diálogo Naruto pasó y les dejó refrescos. Hinata, abrumada por tantas coincidencias y superada por la sorpresa de aquella filiación, se lo agradeció bebiendo de un trago casi dos tercios del vaso. Esto de las citas se había transformado en una experiencia realmente estrambótica.

Sólo entonces tuvo el rapto de lucidez necesario para preguntarse por qué demonios continuaba con ello, qué le reportaría conocer a tantos hombres y a causa de qué retorcidas fuerzas astrales Ino conocía al hermano del vecino más extraño que haya conocido. Con todo y título universitario, había tenido que recorrer ese penoso camino de azares para planteárselo por fin.

La brusca voz de su padre advirtiéndole sobre su inmadurez resonó una vez más en su cerebro. Hinata meneó la cabeza para sacudirse esos improductivos pensamientos.

-Vaya –fue todo lo que pudo proferir.

-Tiene su taller mecánico a media calle. Le va bien, siempre quiso ser independiente.

Hinata recordó la conversación que sostuvo con él al respecto.

-Habrá sido difícil para tu familia.

-Para mi padre tal vez, pero para mí no. Sasuke sabe lo que quiere.

-Lo aprecias mucho –observó ella.

La cariñosa sonrisa de Itachi fue respuesta suficiente. A Hinata le hubiera gustado que Sasuke la viera, era tan cálida que pronto la embargó la satisfacción propia de una novia orgullosa más que de vecina curiosa, por lo que se avergonzó de semejante lapsus sentimental.

¿Qué le importaba la vida personal de los demás? ¿Acaso había algún tipo de lazo que la uniera a su vecino, además de los desatinos de la casualidad? Se trataba de un sujeto antipático, antisocial y maleducado, ¿a qué mujer podría interesarle alguien así? A una Hyuuga no, por cierto.

En todo caso, a Hinata le atraía más el tipo espontáneo, alegre y generoso de Naruto, por quien hacía rato experimentaba una gran atracción. Sasuke, en cambio, era la indolencia personificada y según su criterio ninguna mujer en su sano juicio debería aceptarlo como pareja.

-Es un joven solitario –dijo Itachi de pronto.

-¿Eh? –Hinata se sobresaltó por esa nueva e inquietante coincidencia, por lo que para asegurarse preguntó-: ¿Quién? ¿Sasuke-kun?

-Sí. Quizá sea porque soy su hermano, pero hasta ahora es ése el único defecto real que he visto en él. Las personas tienden a malinterpretarlo.

-¿A qué te refieres?

Pero antes de que Itachi pudiese responder, el propio Sasuke ingresó en el café. La primera que lo divisó fue Hinata, y la singular alteración de su semblante hizo que Itachi se voltee para buscar la causa de su estupor. Ni bien lo vio, hizo un ademán para atraer su atención.

Al verlos, Sasuke palideció. O al menos así le pareció a Hinata, que adivinó la inconveniencia de la situación. Maldita cita, maldito Facebook-delator-de-relaciones-sociales y maldito universo por complotarse en su contra.

Sasuke había entrado con la secreta intención de echar un vistazo al pretendiente de la jornada, tenía muy en claro cuánto le gustaba la joven y jamás se molestaría en negarlo u ocultarlo. Le importaba un bledo si lo notaba o se enojaba, porque era precisamente eso lo que pretendía. Que el moscón a espantar ese día sea su propio hermano lo desequilibró por completo.

Además quería aclarar lo ocurrido la noche anterior cuando pasó a su lado sin detenerse. La culpa lo estaba carcomiendo, por eso se decidió a ir hasta el café.

-¿Qué diablos haces aquí? –le preguntó a Itachi.

-Siéntate –le pidió él con calma, que por el cruce de miradas entre uno y otra comenzó a olerse algo. Últimamente andaba más reservado que de costumbre, síntoma que en alguien como Sasuke sólo podía explicarse por alguna clase de interés amoroso. Lo conocía como a la palma de su mano-. ¿Te nos unes?

-¿Estás en una cita con ella?

Itachi se mordió la sonrisa ante ese torpe ataque de celos y Hinata creyó oportuno intervenir, fastidiada por el inapropiado tono de su voz.

-En t-todo caso, es asunto nu-nuestro.

-Estamos en una cita –corroboró Itachi.

-¿Algún p-problema?

-Hablábamos de ti.

Hinata enrojeció ante la sinceridad de Itachi y a Sasuke no pareció hacerle gracia la novedad.

-Espero que se hayan divertido –ironizó.

-Descuida, hermanito, eres el tema de conversación más entretenido que existe.

La burla fue evidente y Hinata echó a reír sin poderlo evitar. Al ver la cara de Sasuke trató de disimular cubriéndose la boca con la mano, pero de todos modos siguió riendo. Itachi no tardó en secundarla y al otro no le quedó más remedio que mirarlos con el ceño fruncido para preservar lo poco que le quedaba de orgullo.

Y luego, al verlos allí juntos, los celos se transformaron en curiosidad, y a continuación en interés y al final en satisfacción. Le gustó compartir la mesa con dos personas tan importantes para él y que entre ellos se lleven bien.

Ya encontraría el momento oportuno para hablar con Hinata. Más tranquilo por haberla visto e inesperadamente complacido con la casualidad, accedió cuando Itachi pidió una ronda de cerveza para los tres. Fue como estar en casa.