Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

He aquí la actualización correspondiente al día diez de nuestra historia, una más extensa según el plan y el protagonista de turno.

Quiero hacer una aclaración: en el capítulo de hoy he cometido lo que se llama "anacronismo". Habrán escuchado la palabra "anacrónico" alguna vez, que significa "fuera de tiempo". En literatura un anacronismo es ubicar un personaje o hecho histórico en un marco que no le corresponde. Por ejemplo, en una novela de Italo Calvino, El caballero inexistente, ambientada en la época de Carlomagno y la guerra contra los infieles, en el medio del campamento de su ejército aparece un puesto de salchichas XD Es un texto cargado de humor y cuya lectura recomiendo.

La cuestión es que aquí hay un anacronismo, chiquito, pero que me veo en la obligación moral de señalar: García Márquez falleció este año, en abril, pero el diecisiete y no antes de la fecha que figura aquí. Lo siento pero necesitaba hablar de su novela en este capítulo en especial a los fines de la trama que se irá desarrollando. Sepan que no es un error, sino una licencia poética XD

Después de tal parrafada sólo me limitaré a mencionar y agradecer los anónimos de Akane Hyuuga, Kourei no Tsuki, Guest, kds, Fabiola-chan, PrincessOFKonoha, Dark Amy-chan y Julia, muchas gracias por sus observaciones, la generosidad y la compañía de siempre n.n

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


10 de abril

Sasuke… otra vez


Cuando Hinata miró de reojo el reloj ya daban las seis menos cuarto. Llevó la cabeza hacia atrás y a los lados para descontracturarse, la molestia que sentía en las cervicales así se lo demandaba.

Había estado corrigiendo desde que llegó de la escuela. Sin importar la postura que asumiese o los breves descansos que tomase, siempre terminaba experimentando cierta punción en esa zona. Además de la garganta es allí donde comienza a resentirse la salud de los profesores, por lo que Hinata se preguntó si no estaría haciéndose vieja.

Para peor la mayoría de los exámenes resultaron flojos, por lo que también le dio jaqueca cuando se detuvo a repasar mentalmente las clases dedicadas a la novela trabajada. Aun antes de concluir que muy pocos de sus alumnos la habían leído con seriedad, se preguntó si no había sido ella quien falló en el enfoque. Y de seguro en parte era responsable, aunque sólo fuese por estar al frente del grupo.

Tendría que revisar estrategias, replantearse objetivos y buscar nuevos elementos motivadores, aunque lo hacía con frecuencia y el resultado variaba poco. La verdad era que no a todos les gustaba leer textos de la extensión de una novela, por lo que tendría que centrarse en el análisis de cuentos para que sus alumnos puedan salir adelante.

Entre eso, la jaqueca y las cervicales tuvo material suficiente para empezar a amargarse. Luego trató de dejar de pensar –mitad para evitar sentirse más vieja aún- y se dedicó a sopesar lo que debería hacer a continuación no en la escuela, sino en su vida, porque Sasuke le había asegurado que pasaría por ella a las seis y ya casi era la hora.

Indecisa, examinó lo que llevaba puesto. En casa solía vestir un pantalón tipo jogging color gris, una camiseta de mangas largas y una sudadera negra con gorra, cierre y bolsillos delanteros. El pelo, lo que más pereza le daba cuidar, caía sobre su hombro trenzado y sin sujetador, ya que era lo suficientemente largo para mantener la forma durante un tiempo o hasta que Hinata restauraba la trenza sin tener que realizar mucho esfuerzo. En definitiva, lucía el típico look femenino de entrecasa, o look anti-cita.

La falta de arreglo decidió la cuestión. Se encogió de hombros, tomó la lapicera y continuó con su trabajo sin pensar más en ello, porque además del malestar físico tenía la excusa perfecta para negarse a salir con Sasuke. Ni loca se asomaría a la calle vestida de ese modo.

Unos minutos después, cuando colocaba con rojo por vigésima vez la be que corresponde en la inexistente palabra iva escrita en uno de los exámenes, sonó el timbre. Del sobresalto que se llevó estuvo a punto de trazar un infortunado rayón rojo sobre la esforzada respuesta a la consigna cinco del alumno Kishimoto, aunque por suerte pudo dominarse a tiempo.

-Estúpida –murmuró para sí misma, y luego se golpeó un par de veces en la sien para ver si así se le acomodaban las ideas-. ¡No puedes p-ponerte así por un vecino! ¿Acaso es la primera vez que irrumpe en tu vida? Hace diez días que lo conoces y siempre hace lo mismo.

Estos y otros edificantes reproches brotaron de sus labios apretados por los nervios mientras buscaba las llaves de abajo. Parecía lunática. Hubiera querido avisarle que no saldría a través del portero eléctrico, pero creyó que sería de mala educación. A fin de cuentas, el sujeto había venido por ella.

Lo único que atinó a hacer luego de tomar las llaves, entre balbuceo y balbuceo, fue cambiarse lo más rápido que pudo las aparatosas pantuflas-conejo por unas zapatillas más decorosas. Luego salió de su apartamento y bajó por las escaleras inspirando y expirando para tratar de serenarse. Ni que estuviese a punto de encontrarse con el Príncipe de Asturias, pensó.

Arribó al hall del edificio, abrió la puerta y allí estaba él.

-¿Vamos al café?

Hinata hubiese querido enseñarle buenos modales. ¿Saludar no figuraba entre sus capacidades? Pues bien, tener otra cita con él tampoco figuraba entre las suyas.

-Estoy trabajando –arguyó.

-Puedes continuar más tarde.

-¿Qué te hace pensar eso?

-Luces cansada, significa que has adelantado buena parte de tu trabajo.

-Hoy no saldré, incluso reprogramé mi cita de la jornada.

-Me parece bien. Vámonos.

Hinata lo miró con impaciencia. Lo dicho: o el tipo estaba sordo o tenía severos problemas de entendimiento.

-No iré –deletreó.

-No tengo tiempo para esto, Hyuuga.

-Pues yo tampoco.

-¿Tanto te molesta salir?

-N-No es que me moleste –se apresuró a aclarar torpemente ella, pues aunque su negativa fuese firme no quería parecer absurda o antisocial. Más tarde se arrepentiría por no lograr deshacerse de esa clase de escrúpulos, pero por el momento trataría de parecer una chica normal-. Mírame, ¡ni siquiera estoy vestida! Pensé que…

-Así estás bien –la cortó él al tiempo que le arrebataba las llaves. Hinata se le quedó viendo con ojos desorbitados como niño que ha perdido la piruleta en la alcantarilla-. Vámonos al café.

-¡Sasuke-kun! –se indignó ella, pero el susodicho se llevó las manos (y las llaves) a los bolsillos y enfiló en aquella dirección.

Hinata se mordió el labio, lo vio alejarse entre alterada e irresoluta, el descaro de su vecino no conocía límites. El muy atrevido se iba con sus llaves, la de su apartamento y la de su edificio, y sin ellas no podría ingresar a su casa. Era lo único que le faltaba.

Irritada –e internamente conmocionada por esa insistencia-, salió del edificio dejando que la puerta se cierre sola para ir tras él. En un último rapto de lucidez, pensó con alivio que aunque llevase ropa deportiva gastada nadie tendría por qué reparar en ello, en la calle cada quien iba en su mundo. Caminó lo más rápida y disimuladamente posible para alcanzarlo mientras se alisaba el pelo con sus propias manos, y maldijo su destino de mujer pillada en la desidia.

Sasuke entró en el café y ella le siguió en saga, avergonzada. Antes de ir a la mesa, no obstante, se detuvo unos instantes para observar en derredor, temerosa de que Naruto la viera en esas fachas. ¿Pero qué podría hacer para evitarlo? Más que la ropa terminaría delatándola su actitud, así que decidió actuar con la mayor naturalidad posible. Además, ¿qué tenía de malo llevar ropa deportiva a esa hora de la tarde?

-¿Te quedarás ahí parada? –le preguntó Sasuke.

Hinata se apresuró y se acomodó en la silla frente a él.

-M-Me has obligado a salir sin darme tiempo pa-para arreglarme –le reprochó en voz baja-. Ahora de-devuélveme mis llaves.

El otro la miró de arriba abajo sin pestañear.

-Yo te veo igual que siempre.

-¡Porque eres un estúpido!

-O porque no me fijo en esas cosas.

-¡Devuélveme mis llaves! –chilló ella en un susurro.

-Naruto –llamó él sin hacerle caso-, sírvenos unos refrescos.

El joven en cuestión asomó su rostro tras la puerta que daba a la cocina del lugar.

-¡Ahora mismo! –respondió alegremente.

Hinata hubiese querido que la tierra se la trague. Con Sasuke podría soportarlo, pero con Naruto era distinto. La vería por centésima vez en compañía de su vecino y de seguro ya se hacía muchas preguntas con respecto a ella y sus citas, por lo que su bochorno fue en aumento. ¿Algún día podría explicarle la situación? Si es que fuese concebible alguna clase de explicación.

La cuestión era que allí estaba de nuevo frente a frente con Uchiha Sasuke, a solas, simplemente porque había sido forzada. Tendría que empezar a pergeñar algún tipo de estrategia para evadirse del sujeto, tendría que ser más hábil si quería ganar alguna vez aquel juego absurdo que le proponía y en el que con tanta facilidad solía caer.

-Primero que nada –dijo Sasuke- quería explicarte por qué no me detuve la otra noche cuando nos cruzamos. Recuerdo que ibas con una de tus citas, ¿por qué dejaste que te acompañe?

-Primero que nada –lo imitó Hinata, más serena pero igual de irritada- quiero que me devuelvas mis llaves.

-Esa noche tuve que cerrar más temprano el taller porque surgió una emergencia –continuó él ignorándola olímpicamente-. Uno de mis amigos es motociclista y tuvo un accidente en una competencia, por lo que cuando te crucé iba de camino a la clínica.

-Lo lamento, espero que tu amigo se encuentre bien, pero no preciso explicaciones.

-De todos modos quería hacerlo, tampoco pude explicártelo cuando estuvimos con Itachi.

-De verdad, Sasuke-kun, no tiene importancia.

-Pues me miraste con una cara muy rara –señaló él.

-Ni siquiera t-te miré –se forzó a mentir Hinata, ruborizándose a pesar suyo.

-¿Por qué dejaste que tu cita de esa vez te acompañe? –insistió Sasuke.

Hinata suspiró con resignación. Era como hablarle a una fotografía. Aunque intente recuperar terreno ese juego ya estaba perdido, lo único que podía hacer ahora para liberarse de él era actuar con desenvoltura, simular que su terquedad no la perturbaba.

Evocó la dulzura de Iruka, lo cómoda que se había sentido con él. Ella también contaba con fichas para jugar y ni siquiera tenía que montar una ficción.

-Porque me gustó –respondió con honestidad-, Iruka me gustó mucho. Todavía me gusta.

Sasuke la miró en silencio durante unos instantes. Después se echó hacia atrás en la silla, pareció meditar en lo que diría y nada en su apostura delató que sus palabras lo hubiesen afectado.

-En buena hora –articuló, y Hinata no pudo definir si se burlaba o lo decía en serio-. Después de casi una docena de citas, ya era tiempo de que alguien te guste de verdad.

-¡Las cuentas! –se asombró ella.

-Las cuento, por supuesto que sí –corroboró él con naturalidad, interiormente molesto porque la chica seguía sin acusar recibo de sus razones para estar tan pendiente de sus cosas. ¿Podía ser tan difícil hacerse entender?

-Pues de-deberías empezar a ocuparte de tus asuntos –repuso Hinata sin dejarse apabullar, aunque no pudo evitar ruborizarse y sentirse conmocionada otra vez.

-Nunca he visto que Sasuke se ocupe de otra cosa que de sus asuntos –intervino Naruto, algo imprudente, mientras colocaba sendos vasos con refresco delante de cada uno-. O trabaja, o bebe o habla contigo, y créeme que habla poco.

-¿No tienes otros clientes que atender? –masculló Sasuke, a quien le disgustó ese delator esbozo de su persona.

-¡Ya me iba, ya me iba! –dijo juguetonamente Naruto, pero antes de hacerlo todavía le quedó tiempo para guiñarle un ojo a Hinata.

Sasuke gruñó y bebió un largo y helado trago de algo que debería haber sido whisky para que se sintiera mejor. Hinata se ruborizó y bebió un largo y helado trago de algo que debería haber sido cianuro para desaparecer de la faz de la tierra y sentirse mejor también. Por diversos motivos, Naruto los había puesto en un aprieto.

Pero qué podía saber el chico de la secreta admiración que Hinata le profesaba, de lo difícil que se había vuelto satisfacer su curiosidad sobre el mundo masculino y de lo torpe que se sentía aún cuando intercambiaba con el mecánico. Nada más incómodo que un cariño como aquél ni nada más extraño que la relación con su vecino, todo lo cual la hacía sentir realmente atribulada.

Para Sasuke, en cambio, el tipo lo hacía a propósito. Por fuerza tenía que darse cuenta de su interés por ella, cada morador de ese pasaje ya tendría que haberlo notado a esas alturas –menos la joven en cuestión, claro, la única distraída-, y por eso tenía el descaro de intervenir con esas indiscretas observaciones. A Hinata se le iban los ojos cada vez que Naruto aparecía, pero a él le disgustaba enormemente ese despliegue de simpatía.

Quizá porque fuese tan contrario a su forma de ser, o quizá porque deseaba que su vecina se fije en él y no en aquel atolondrado, el asunto era que Naruto le fastidiaba. Sin importar cuán ajeno e inocente fuera respecto a ellos, más que el tal Iruka le preocupaba el dueño del café. Si seguía yendo allí es porque carecía de otras opciones y porque sería mejor vigilarlo de cerca.

-o-

-¿En qué necesitas que te aconseje?

Hinata cedió una vez más a zigzaguear por el inexplicable sendero que la conducía a ese chico. La tarde anterior le había anticipado que necesitaba un consejo de su parte, y aunque se trate de una artimaña para reunirse con ella, iba siendo hora de averiguarlo.

-Me gustaría que me recomiendes libros –repuso Sasuke.

-¿Otra vez?

-Eres la única profesora de literatura que conozco.

-Eso no es excusa.

-Pero debo aprovecharlo.

La joven lo miró ceñuda. Estaba acostumbrada a que algunas personas, al conocer su profesión, le pidieran recomendaciones o le hiciesen una lista de sus lecturas favoritas para pedirle opinión. Suponía que algo parecido pasaría con los médicos, con los psicólogos o con los abogados cada vez que se presentaban en una simple reunión social, pero que utilizaran eso como subterfugio para obligarla a tener una cita la puso de malhumor.

-Sasuke-kun, ¿qué quieres de mí?

El interpelado la observó con detenimiento. Como de costumbre, nada en su fisonomía dejó traslucir alguna clase de inquietud o embarazo, a tal punto que Hinata comenzó a preguntarse si el tipo era un ser humano o un robot.

Fue todo lo franca que el valor le permitió. Tal vez hubiese sonado innecesariamente dramática o estuviera viendo fantasmas en donde no los había, pero el nivel de absurdo que su relación con ese hombre había alcanzado empezaba a afectarle, y ya era tiempo de tener las cosas claras.

Por su lado, Sasuke llegó a intuir el tipo de expectativas que la embargaban, absolutamente opuestas a las suyas, pero comprensibles. No era tan tonto como para ignorar que la percepción de Hinata distaba mucho de parecerse a lo que él sentía en realidad, o lo que pretendía, por eso se detuvo a meditar un poco en lo que debería decir como respuesta.

-No estás preparada para escucharlo –le dijo al final. Si pedía honestidad, honestidad le daría entonces, aunque condimentada con imprecisión.

Hinata lo miró con estupor. ¿Acaso estaba jugando con ella?

-¿Te burlas de mí?

-No me malinterpretes –dijo él-, lo único que quiero decir es que no aspiro a ser otra de tus citas diarias. Soy tu vecino y eso complicaría las cosas.

-Las cosas ya están bastante raras.

-Lo sé, lo siento.

Fue tan escueto en su disculpa que Hinata creyó que debía instarlo a explicarse.

-Y lo sientes porque…

Sasuke bebió de su refresco antes de responder.

-Sólo eso… lo siento.

Hinata hizo un mohín. Ni siquiera tendría que haberlo intentado.

-Pues si lo sientes sería bueno que a partir de ahora dejes de buscarme o de irrumpir en mis citas sin razón alguna.

-Vamos, Hyuuga, eso es lo más divertido de nuestra relación.

-¿Q-Qué relación? –se exaltó ella, ruborizada-. ¡Y de ninguna manera me parece di-divertido!

Sasuke sonrió por primera vez en el día. Hinata no tenía manera de saberlo pero así fue, su reacción le hizo sonreír por primera vez en esa jornada. Era una mujer adorable y poco común que lo traía de cabeza pese a que la muy ingenua todavía no podía darse cuenta.

Aunque, si lo pensaba, eso no hacía más que volverlo interesante, representarle un desafío. Y a él le gustaban mucho los desafíos.

-¿Crees que puedas aconsejarme algunas lecturas o no? –insistió para evadir el tema anterior.

Hinata trató de serenarse. No era lógico alterarse tanto durante una conversación por más que esa conversación fuese con un sujeto que la sacaba de quicio. Trataba con adolescentes rebeldes, arrogantes y bravucones todos los días, un hombre de su misma edad no debería traerle mayores inconvenientes. Al menos en teoría.

-Tal vez –consintió, satisfecha por la firmeza de su voz y la recuperación de cierto decoro-. Por eso querías verme, ¿verdad? Pues bien, hablaremos de libros –estableció. Era la zona más segura y ventajosa, por lo que mientras recomponía distraídamente su trenza decidió centrarse en ello para no dar pie a más de sus ironías-. Dijiste que te gustaba la ciencia ficción.

-Sí, pero ya he leído muchas novelas del género, los clásicos y los best-sellers actuales. Ahora quiero leer otra cosa.

-¿Y qué te gustaría?

Sasuke desvió la vista brevemente en actitud meditativa, pero cuando contestó lo hizo mirándola directo a los ojos.

-¿Cuáles son tus novelas favoritas?

Hinata se sobresaltó.

-¿Pa-Para qué quieres saberlo?

-¿Pues para qué crees?

La joven pasó del rojo al pálido sin solución de continuidad. Eso era demasiado atrevido de su parte, no lograba imaginar hasta dónde pensaba llegar el sujeto con esas salidas. Evidentemente se aburría mucho en su taller mecánico y quizá ningún otro vecino, aparte de Naruto y ella misma, le haya hecho el favor de trabar amistad con él.

Porque, ¿qué otra cosa podría querer un mecánico con una humilde profesora de literatura?

-No tengo p-por qué responder a esa pregunta.

-¿Acaso te he ofendido de alguna manera?

-Por supuesto que no –repuso Hinata, que lo último que quería era verse más vulnerable aún.

-¿Mi pregunta te ha afectado? ¿Por qué? Hemos hablado de ello en la cita anterior, ¿recuerdas?

La muchacha prefirió hacerse la desentendida. ¿Si lo recordaba? Por supuesto que lo recordaba, cada condenada palabra: "Estoy tratando de conocerte". Todavía se le ponía la piel de gallina de sólo evocarlas y, aún entonces, porfió en convencerse de que en nada la conmovían.

Sasuke volvió a jugarse el cuello, lo sabía, pero también sintió la necesidad de saber hasta dónde podía llegar la inocencia de Hinata. Estaba muy seguro de lo que quería, se consideraba franco y sin dobleces, pero esta vez no se trataba de conquistar a la chica de turno, sino a una que de veras le interesaba. Si quería salir con éxito de tal empresa, tendría que andar con pies de plomo, observar y aprender.

Pocas veces en la vida se encontraban ese tipo de certezas. Hinata tal vez lo viera como un bicho raro e incomprensible, estaba acostumbrado a que la gente se lleve esa impresión de él, pero ante sus ojos el mundo se veía bien distinto: se hallaba frente a la mujer que quería para sí y lucharía para alcanzarla. Por eso insistía, por eso se hacía conocer por ella, por eso se arriesgaba.

Desde luego, de su observación y de las pláticas que sostuvo hasta el momento pudo extraer algunas conclusiones: Hinata tenía una personalidad firme e intereses definidos, no parecía sufrir la soledad y en su lista de prioridades resultaba evidente que la idea de tener novio tendía a perder puestos. Sin embargo, eso mismo era lo que lo motivaba. Hinata era una mujer madura que tenía resueltas muchas cosas ya, y eso era lo que él buscaba.

Claro que también habría que lidiar con ese estúpido experimento de las citas. Si era eso lo que ella necesitaba para zanjar vaya a saber qué tipo de cuestiones, entonces lo soportaría, pero que jamás cuente con su indiferencia al respecto. Ella podía persistir cuanto quisiera en ignorarlo, pero él insistiría en posicionarse como su primer candidato.

El obstinado silencio en el que la joven se sumió le indicó que no pensaba contestar. Por lo visto, sólo podría tirar de la cuerda hasta allí.

-No hago esto para molestarte, Hyuuga.

-¿Entonces p-para qué lo haces?

-Porque disfruto de tu compañía.

-Debes tener m-muchos amigos con quienes salir a di-divertirte.

-No tantos como supones –dijo él por lo bajo.

-Hablaste de un motociclista.

-Es uno de los pocos.

-¿Muy pocos? ¿Será po-porque los acosas de esta manera?

Sasuke pareció perplejo. Luego desvió la vista, taciturno. De pronto Hinata fue conciente de sus palabras y se mordió el labio, avergonzada por haberlo juzgado tan fácil sin conocer la situación.

Ahora fue ella la que se comportó extraño y se sintió aún peor cuando comprendió que sus palabras habían brotado de su incapacidad para pensar mejor respecto a él. Ya no era una niña, tenía herramientas de sobra para conducirse con altura sea cual sea la circunstancia. Como no se le ocurrieron otros recursos para confrontarlo, su mente perezosa echó mano del agravio.

Si su madre la hubiese escuchado se habría sentido apenada. Sasuke le había revelado un detalle de su intimidad y ella lo había utilizado en su contra sin consideración alguna. Él solía obrar con despotismo, pero nunca había sido desleal.

No supo cómo disculparse. Era un sujeto tan singular que creyó que una simple disculpa hubiese parecido insulsa o incluso fuera de lugar.

-Yo… -empezó a decir, intentándolo, pero luego se rindió. Él miraba por la ventana, distraído con los automóviles que pasaban, y eso no la ayudaba. Supuso que lo merecía. Tomó su vaso y bebió el resto del refresco. Carraspeó una vez, otra vez, y al final encontró una salida decorosa-. Son muchas las novelas que me gustan.

Entonces Sasuke volvió el rostro hacia ella. Tal vez fuese el sujeto menos demostrativo del mundo, pero Hinata supo en ese instante que de ninguna manera la resentía, y se sintió aliviada. Además, se suponía que el villano de la historia era él.

-Cuéntame –pidió Sasuke.

-Hum… -Hinata por fin concedió, al menos la tensión había desaparecido. Mientras sondeaba entre sus preferencias advirtió que la jaqueca y el dolor en las cervicales también se habían evaporado, aunque fue incapaz de discernir en qué momento sucedió-. Una novela que puedo recomendarte es la primera que leí: El pájaro canta hasta morir.

-Recuerdo que era una serie de televisión.

-Sí –sonrió Hinata, admirada de que un joven como él lo recuerde-. Gozaba tanto con esa serie que cuando supe que estaba basada en una novela le insistí a mi madre para que me la obsequie.

-Y te gustó mucho por lo que veo. -Hinata asintió con la cabeza-. ¿Qué otra?

-Otra novela que disfruté fue Cien años de soledad.

-La del escritor que murió hace poco.

Hinata ahora realmente se asombró. Hablaban de uno de los clásicos de la literatura universal del siglo XX, pero de todas maneras no lograba hacer encajar ese repentino conocimiento literario con la idea que se había formado de Sasuke.

El chico lo notó y alzó una ceja.

-¿Tanto te sorprende que maneje esos conocimientos?

-¿Eh?

-Lo digo por tu reacción.

-¿C-Cómo reaccioné? –preguntó atolondradamente ella.

-Siempre creí que saber cosas sería beneficioso para relacionarme con la gente –señaló Sasuke con cierto sarcasmo-, pero tal vez prefieras que viva recluido en una burbuja.

El rostro de Hinata, una vez más, fue del morado al pálido sin solución de continuidad y sus ojos se desviaron hacia uno y otro lado como buscando ayuda, pero nadie vino en su auxilio. Habituada a tener ese tipo de pláticas con sus pares, de repente se sintió insegura sosteniéndola con Sasuke.

-Es que no esperaba q-que tú…

-¿Un mecánico no puede saber nada de cultura general?

-No-No quise decir… Es una sorpresa que tú… Me resulta extraño que… -La impasible mirada de Sasuke, que muy poco dispuesto estaba a socorrerla, la persuadió de desistir. Hinata suspiró-. Otras novelas que me gustan son El nombre de la rosa y La historia interminable –dijo de inmediato para liberarse de la hiedra donde se había enredado.

Sasuke sonrió de lado. Más allá de la torpeza de la chica había logrado obtener lo que quería, e incluso más, porque devolviendo entendimiento en lugar de extrañeza por el tipo de lecturas que la conmovían logró asombrarla para bien. Hasta para él fue un hallazgo el verse en la misma sintonía, y eso era lo mejor: habían conectado.

-Recuerdo haber visto las películas –comentó.

-Los libros siempre son superiores, en parte porque se trata de la historia original y en parte porque se accede a la complejidad de la trama de un modo que el cine no puede reflejar. Son dos lenguajes completamente diferentes.

-Entiendo –señaló Sasuke, nuevamente encantado de la forma como Hinata recobraba seguridad cuando hablaba de lo suyo.

-¿Por qué querías saberlo?

El joven se ladeó un poco para sacar la billetera del bolsillo de su pantalón.

-Curiosidad. Si digo que es para conocerte te perturbarás otra vez.

-¿Encontraste el poema de Baudelaire del que me hablaste la vez pasada? –indagó ella haciendo caso omiso de la provocación.

-Olvidé buscarlo.

-¿Quieres que te ayude?

-Vaya, gracias Hyuuga –dijo él, realmente asombrado por esa inesperada predisposición. Cuando se trataba de literatura se volvía la mujer más accesible del mundo-. Por ahora me interesan más las novelas que mencionaste.

-¿Planeas leerlas? –replicó Hinata, vivamente interesada.

-Quién sabe –suspiró Sasuke fingiendo indiferencia, al tiempo que tomaba algunos billetes y los dejaba sobre la mesa-. ¿Te acompaño a tu casa?

-¿Se divirtieron? –intervino Naruto, que vino a recoger las cosas al ver que se marchaban.

-Sólo ha-hablábamos –aclaró Hinata, como si hubiese algo que aclarar.

Sasuke puso los ojos en blanco al notar su turbación.

-Yo me voy –anunció. Le devolvió las llaves a su dueña y enfiló hacia la salida sin más ni más con los labios contraídos en una rencorosa mueca que ni él mismo percibió.

-¡Nos vemos mañana, Sasuke! –lo despidió Naruto.

Y mientras él limpiaba la mesa, Hinata todavía permaneció a un lado, dubitativa. Había ido con Sasuke, por lo cual lo más lógico sería que se fuese también con él, aunque el tipo ya iba por la acera y no parecía muy preocupado por dejarla atrás. Por el contrario, se veía ofendido.

¿Pero por qué razón se ofendía? ¿Acaso no había salido con él a pesar de haberse negado desde un principio? ¿No había respondido a sus preguntas con paciencia y gentileza?

Hombres. Hasta una muchacha simple como ella podía darse cuenta de lo territoriales que se volvían algunas veces, incluso sin justificación.

-¿Hinata? –indagó Naruto al verla allí parada todavía.

-¿Eh? Oh… Ya me iba.

-¿Estás bien?

Hinata se sintió la persona más estúpida del universo por milésima vez en esa jornada, y supuso que ya había batido su propio récord. Más de siete citas en lo que iba del mes y aún no lograba adecuarse a los intercambios sociales. Su padre estaría orgulloso, pensó con amarga ironía.

-Estoy bien –corroboró. Luego se despidió y salió para alcanzar a Sasuke.

-o-

Afuera anochecía y el pasaje apareció iluminado de ese modo tan bonito que a ella siempre le conmovía. No había día en que recorrer ese encantador itinerario de luces no la hiciera suspirar o creer que el mundo era ese rincón apacible de la ciudad y nada más.

Quizá fuese por ese estado contemplativo que no tuvo reparos en cruzar la calle para alcanzar a Sasuke cuando levantaba la persiana metálica de su taller, lugar al que se allegó por primera vez. Él no pareció darse cuenta de su presencia, por eso esperó afuera y lo observó ir y venir reuniendo herramientas de trabajo luego de cambiarse de ropa en un cuarto del fondo.

Verlo en un lugar nuevo, bajo otra luz y en otro contexto, le resultó tan extraño como cada uno de sus singulares encuentros. Sin embargo, disfrutó del hecho de tener ese pequeño poder de observarlo sin que él se percatase del escrutinio.

Pero Hinata no notó nada diferente en su conducta, en sus gestos o en su desenvolvimiento, su retraimiento era el mismo que conocía y su adustez tan concreta como de costumbre. Tal vez sea sólo por eso, o por otras cosas, que de pronto sintió la inquietud de adentrarse.

Cuando lo vio inclinado sobre el motor de un automóvil, reunió valor y se acercó.

-¿Piensas trabajar a esta hora?

Sasuke se sobresaltó.

-Maldición, Hyuuga.

-¿Te asusté?

-¿Tú qué crees? –refunfuñó él, evasivo, aunque Hinata hubiese jurado que, más que asustado, se había desconcertado en grande.

-Sólo vine a despedirme, te fuiste del café sin saludar.

Sasuke la miró con ironía.

-Me pareció que querías que te dejara a solas con tu ídolo.

-¿Mi-Mi ídolo?

-Oh, vamos, ¿debo ser más explícito? –dijo él, más irritado de lo que Hinata lo viera nunca-. No quiero tener esta conversación contigo, Hyuuga.

Y de seguro mucho más alterado de lo que le convenía.

Hinata se quedó boqueando como pez fuera del agua. Entendía muy bien a quién se refería y qué insinuaba, pero que le hiciera semejante planteo a cuento de nada, de la nada y por nada generaba que los pocos sentimientos buenos que guardaba hacia él se sublevasen ante su falta de consideración… y de ubicación.

-P-Por primera vez estamos de acuerdo en algo, Sasuke-kun –siseó ella sin detenerse a pensar en lo que decía-: jamás tendremos esta co-conversación. Y no porque sea inconsistente –se regodeó en afirmar-, sino porque se trata de mi vida p-privada.

-¡Bien! –gruñó Sasuke, poco dispuesto a poner paños fríos.

-¡Bien! –ratificó ella, poco dispuesta a reconsiderar su postura. Luego se dio la vuelta y se marchó.

Cuando se quedó solo, Sasuke se recargó contra la carrocería del automóvil y miró en derredor. Ni siquiera pudo notar a tiempo que era su primera visita, que debía sentirse complacido de que lo hubiese seguido hasta allí y que debería haberle mostrado el lugar que era su orgullo, su esfuerzo. Todo lo que pudo hacer fue sentirse ofendido con una muchacha que ni siquiera entendía lo que sentía por ella, y se maldijo por dentro.

Vaya estratega había resultado si perdía la cabeza preocupándose por una fantasía a todas luces unilateral, pues le resultaba evidente que Naruto no mostraba ningún interés especial por ella. Se había comportado casi como un cretino, como un adolescente torpe e inexperto al que ninguna credencial de "novio" podía avalar.

La llave que tenía en la mano de pronto le pareció tentadora. ¿A dónde debería lanzarla para desahogarse? ¿Por dónde debería empezar a destrozar el lugar? Por el inepto de su cerebro, allí es donde debería focalizarse.

Sasuke suspiró, resignado a aceptar que la jornada no terminaría del modo esperado. Miró con desgano el almanaque colgado en la pared y llegó a la siguiente conclusión: o todavía le quedaban veinte días para reivindicarse y conquistarla, o ya había perdido diez en dar vueltas sin sentido.