Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Digan la verdad, soy tan rara actualizando con tanta puntualidad que ya parezco un relojito. En mis lares los días están cada vez más cálidos, espero poder seguir con este ritmo antes de llegar a mayo XP

Agradezco los anónimos de kds: sí, Kakashi nos ha embobado para siempre XD princesheart: gracias por leer, veré si me hago un tiempito n.n PrincessOFKonoha: mejor que haya quedado soltero, el final de Naruto ha sido tan extraño que casi fue un acto de piedad haber dejado a Kakashi sin pareja XDD HOKARI-CHAN: por supuesto que sí, Kakashi es la perfección *.*

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


12 de abril

Kankuro


-Soy marionetista –anunció con orgullo el candidato del día.

Era el oficio más insólito con el que Hinata se hubiese topado, ni en sus sueños más disparatados habría imaginado que algún día tendría una cita con un marionetista. Tuvo que repreguntar para estar segura de haber oído bien.

-Es tan singular –comentó luego.

-Viene de familia –explicó Kankuro mientras hacía girar distraídamente la taza vacía en su platito-. Digamos que no podría haber sido otra cosa, lo aprendí de niño y nunca intenté otra profesión.

-Creo que saber quién eres desde tan pequeño es una bendición.

-¿Verdad que sí?

A Kankuro le gustó la reacción de Hinata y su forma de entender lo que hacía para vivir. Era muy poco frecuente encontrarse con chicas tan abiertas y optimistas.

Hinata, además, se interesó por los detalles. Indagó por la confección de las marionetas, por las técnicas, los mecanismos y las formas de ejercer el oficio en medio de una modernidad a veces tan arrolladora. Kankuro se mostró dispuesto y respondió a todas sus preguntas con entusiasmo, agradecido por su interés.

A la joven le gustó ese chico simpático que se ganaba la vida de un modo bohemio contrario a las expectativas de la sociedad. No siempre se topaba con gente tan segura de sí misma, con una postura seria pese a lo que las apariencias pudieran sugerir.

Sí, a Hinata le gustó, al menos hasta que Naruto entró en el cuadro con más café para servirles recordándole su predilección por los jóvenes de mirada clara, sonrisa brillante y alegría natural. Se le quedó mirando como boba mientras él bromeaba sobre la cotidianidad de su cafetería y todavía lo siguió con los ojos cuando luego de esas parrafadas juguetonas se fue a atender a otros clientes.

-Te gusta.

La joven se sobresaltó, tal vez inconvenientemente. La perspicacia de Kankuro le generó escalofríos, el tipo seguía sentado frente a ella y era ella la que se había olvidado del detalle.

-¿Q-Quién? –replicó a la defensiva. Kankuro se limitó a señalar con la cabeza a Naruto-. ¿Naruto-kun? ¿A-A mí?

-Lo mirabas embobada.

-¿Yo? ¿A Na-Naruto-kun? –repitió ella en un hilo de voz, ruborizada.

Kankuro percibió que la había puesto en un aprieto y cambió de tema. Le hubiera gustado reunir valor para preguntarle qué diablos hacía sometiéndose a ese absurdo plan de "citas por un mes" cuando ya tenía alguien que le interesaba, pero supo contenerse y manejarse con discreción.

Un rato después, hacia el final de la tarde, le propuso un trato:

-Te propongo esto: le diré a Ino que nuestra cita fue estupenda si me ayudas a concertar una reunión con ella.

Hinata se sorprendió. Luego, escudriñando en sus ojos, comprendió que era sincero, y sonrió por su osadía. A cualquier muchacha le hubiese resultado descarado y hasta ofensivo, al fin y al cabo estaban en una cita, pero al vislumbrar un interés auténtico y ninguna mezquindad para con ella, simpatizó con su estrategia de seducción.

-Conque Ino... Bien, pero sólo si me aseguras que de verdad te has divertido conmigo –lo desafió con timidez.

-¿Bromeas? ¿Has visto la hora que es? Hemos hablado hasta por los codos y bebido más café que en un velorio. Y lo volvería a hacer, una cuñada como tú no se encuentra en cualquier parte.

La joven rió con esa salida y le prometió algo mejor: borraría todos los contactos masculinos que Ino guardaba en Facebook con sus propias manos. Nada más alentador que eso para un humilde marionetista enamorado con acceso limitado.

-o-

Regresó a su casa a paso lento, ensimismada, meditando en los enrevesados caminos del amor. La gente solía decir que la única forma de enamorarse de alguien es conociéndolo, pero ella ya llevaba varias citas sin conclusión ni posibilidad de re-edición, por lo cual le resultaba imposible llegar hasta ese punto. Sólo Iruka la había conmovido lo suficiente para desear que se repita, pero algo había visto él que lo alejó y hasta el día de hoy seguía preguntándose qué sería.

Aunque no se sintiese decepcionada, sí le intrigaba profundamente el hecho de que hasta el momento el plan de Ino sólo le hubiese deparado una serie de curiosidades en lugar del atisbo de un buen romance. Era demasiado desconcertante y comenzó a replantearse la situación.

Sólo dos cosas se habían mantenido constantes: su inclinación por Naruto y el invariable acecho del sujeto que venía caminando hacia ella con las manos en los bolsillos y su habitual actitud de "nada puede afectarme".

-Hyuuga –saludó Sasuke, deteniéndose-. ¿Qué tal tu cita?

-Entretenida –suspiró Hinata, interiormente intrigada por la nueva postura de su vecino. Llevaba dos días sin interrumpir-. En verdad estaba más interesado en salir con Ino que conmigo. De todos modos fue divertido, conectamos de inmediato e hicimos la promesa de luchar para convertirnos en cuñados.

Sasuke alzó una ceja. La miró de arriba abajo de un modo tan alevoso que Hinata se miró a su vez temiendo tener alguna prenda fuera de lugar.

-¿Qué? –preguntó preocupada.

El mecánico profirió una exclamación de asombro, impresionado por ese insólito despliegue de sinceridad sin evasivas ni contraofensivas. ¿Esa era Hinata, su Hinata? Imposible de creer.

Sólo entonces la joven cayó en la cuenta de que había hablado de un modo tan franco que llegó a descolocarlo. Vaya, esa sí que era una novedad. Él, que siempre se las arreglaba para desencajarla, de pronto se veía perdido ante su inusitada espontaneidad. Aunque ella también se sintió desorientada.

Pero se equivocaba, Sasuke no era un sujeto que se "perdiese" fácilmente. Al contrario, estaba maravillado por la confianza que Hinata, inconcientemente, demostró tener hacia él. Esta vez le tocó al muchacho presenciar un milagro, el tipo de milagro que nunca nadie puede explicar cuándo, cómo ni por qué ocurre así.

-Pues bien por Ino –comentó, sonriendo a medias.

-No vayas a repetirlo –le rogó ella, confusa.

-Seré una tumba, Hyuuga.

¿Podría empezar por fin a apuntarse algunos tantos? ¿Podría permitírselo?