Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar n.n
Seguimos avanzando. Advertencia: el de hoy es un capítulo muy autobiográfico XD El próximo es uno de los largos así que demoraré algunos días más en actualizar, como de costumbre.
Quiero agradecer los anónimos de: Eda, jajaja ¡yo también lo amo! Y sí, Orgullo y prejuicio está y estará muy presente en la historia, gracias n.n Julia, no tenés que disculparte, yo también trabajo y si puedo llevar esto al día es porque lo escribí con anterioridad. Me gustaría que tuvieras cuenta para poder responderte con mayor comodidad, básicamente coincido en todo lo que decís y con algo fundamental: era imposible conformar a todos. Nos queda agradecer y repasar esta maravillosa historia. Desahogate tranquila, me alegra que hayas disfrutado del capi n.n Guest, sí, Kiba es muy bonito, habría que darle más valor al personaje, me alegra que te haya gustado n.n kds, veremos qué pasa ahora con Hinata, gracias por seguir ahí y por leer y comentar Promesas y Todas las vidas posibles -acabo de ver este último y amable review n.n PrincessOFKonoha, como dije antes creo que Kiba es un personaje muy lindo y no siempre se lo valora. Me alegra que te guste la forma como sigue la historia n.n
Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
14 de abril*
Konohamaru
Hinata no lo podía creer, ese chico era prácticamente un crío. Ino debería tener más cuidado con los estándares al aceptar la amistad de cualquiera, en internet no se gana para sorpresas, mucho menos para disgustos.
-¿Cuántos años tienes? –le preguntó ni bien tomaron asiento.
-Dieciocho –contestó Konohamaru con total desenvoltura.
-Yo cumpliré treinta en poco tiempo –le advirtió ella.
-Pues no lo parece –sonrió él, demasiado pícaro y seguro de sí mismo.
-Pues créeme que los tengo –insistió Hinata, que le devolvió una sonrisa vacilante.
Cierto que el amor no repara en la edad, cierto que la sociedad ya no estigmatiza a la mujer que se relaciona con hombres más jóvenes, cierto que Hinata carecía de esos prejuicios, pero también era muy cierto que un chico apenas un año más grande que sus estudiantes no le generaba el más mínimo interés amoroso. En todo caso, le incomodaba.
-¿Eres amiga de Ino? –preguntó Konohamaru mientras le hacía señas a Naruto.
-Desde hace años –murmuró Hinata, resignada. Después lo miró con recelo e inquirió-: ¿Y tú? –Si su amiga andaba en cosas raras, ella misma se encargaría de enderezarla.
-Sólo por internet. Parece simpática y agraciada, y muy sociable.
-Ni que lo digas –repuso la joven, sardónica.
Naruto se acercó y pidieron refrescos. A continuación, Konohamaru se lanzó a una exhaustiva descripción del mundo de internet, las redes sociales, la rapidez con la que se conoce gente y la facilidad con la que se conecta y accede a lo que sea que se quiera conectar y acceder. Era el típico adolescente internauta y Hinata se preguntó por qué diablos tenía una cita con él.
Luego les llegó el turno a los juegos en red. Mientras servía, Naruto se sumó a la plática y ambos se enzarzaron en una serie de interesantísimas disquisiciones acerca del BattleKnight, el Candy Crush, el FarmVille y algo que sonó como ZooMumba, entre otros extraños fenómenos. Todas esas nomenclaturas designaban entidades completamente ajenas a sus fueros habituales, por lo que además de desactualizada Hinata se sintió forastera. Y se deprimió.
Con nostalgia evocó el Mario Bros., el Tetris, el Contra, el Galaxy, el Pooyan… Tantos récords superados, tantas horas de disciplinada entrega al viejo y querido joystick, tantas peleas con una madre irritada y temerosa de su vista sometida al colorido y brillante recorrido dibujado en la pantalla del televisor del living… Y todo en privado, nada de esa impúdica exposición actual de las armas acumuladas y las debilidades todavía no superadas debido al desconocimiento de la localización precisa de la esperanzadora dádiva del bonus track.
Naruto y Konohamaru la olvidaron, así como ella olvidó también dónde hallar el honguito de la vida del nivel seis. Pronto se llenó de amargura debido al recuerdo de la juventud perdida, puso una excusa y se marchó dejándolos solos con el engaño de una adolescencia artificialmente dilatada. Bien sabía ella cuán poco podía durar.
-o-
Todavía era temprano. Ese día no tenía nada en particular para hacer, por lo que dejó que sus pies decidieran libremente el rumbo a seguir. Cuál no sería su asombro al ver que los muy ladinos la condujeron directamente hasta la puerta de cierto taller mecánico.
El ruido de las herramientas provenía de la parte inferior de un Clío color verde manzana. Las pantorrillas de Sasuke sobresalían envueltas en el overol grasiento y sus zapatillas desgastadas hacían juego con la suciedad del lugar. De repente notó que su presencia ya no la desconcertaba.
Momentos después el joven se deslizó hacia afuera y la vio.
-Hyuuga –murmuró, asombrado de verla allí.
Estaba recostado sobre el artefacto que permite deslizarse debajo del automóvil en reparación, aparato cuyo nombre desconocía y que Hinata siempre olvidaba preguntar. Aunque fuese poco demostrativo, a esas alturas le bastaba con detectarle la oscilación en la mirada para percibir su sorpresa y se divirtió con el hecho de que ahora sea él quien experimente confusión.
-P-Pasaba por aquí –comentó, y lo único que lamentó fue la traicionera vacilación de su voz.
Él se incorporó y tomó un paño para limpiarse las manos.
-Lo siento, no tengo mucho para ofrecerte.
Hinata rehusó con cortesía cualquier intento de hospitalidad.
-¿El trabajo bien? –preguntó para cambiar de tema.
-Bien –se limitó a responder el otro, que todavía no entendía las razones de su visita.
-¿Novedades?
Ahora Sasuke la miró con cierta aprensión.
-¿Tendría que… haberlas?
Hinata se abochornó. En primera, ¿para qué demonios había ido hasta allí? Y en segunda, ¿cómo haría para zafarse de la incómoda situación? Siempre podría echarles la culpa a sus pies por el mal momento que estaba pasando, pero sólo alcanzaría ese dichoso desquite si lograba hallar el modo de salir de ese embarazoso e inconveniente berenjenal.
Claro que Sasuke percibía esa inquietud, pero le divertía la zozobra ajena y no se privaría por nada del mundo de ese inesperado placer. Hyuuga Hinata en persona se había adentrado en la boca del lobo, nadie la había obligado, por lo que ardía en deseos de ver cómo se las apañaría para evadirse esta vez.
Además, si se hallaba perturbada era porque algo sentía... Estaba cansado de arrojar pistas sobre sus sentimientos, ahora le tocaba a ella enfrentarse con los suyos. Ya no le interesaba ejercer el rol de galán-interruptor-de-citas, sino que se esmeraría en ganar su confianza desde la vigilancia atenta y paciente.
-Bu-Bueno, no sé… Pensé q-que querrías… hablar. -Hinata, atolondrada, ya no supo qué decir.
Sasuke suspiró. Vaya lío en el que se había metido la pobre. Puso los brazos en jarra, se resignó a la torpeza espiritual de la chica para blanquear sus emociones y una vez más se decidió a dar el caballeroso paso que los acerque, al menos para sacarla del apuro.
-Si quieres hablar, salgamos mañana -propuso. Hinata abrió la boca y balbuceó una de sus tradicionales excusas, pero él la cortó de cuajo-. Pasaré por ti a las cinco y no aceptaré un no como respuesta. Eres demasiado difícil, Hyuuga.
*Tres horas después de actualizar me doy cuenta que decía "junio" en lugar de "abril" D: #Qué tomaste?
