Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
Hola, gracias por entrar n.n
Esta vez demoré un poquito más de la cuenta, fueron unos días agitados, pero por fin puedo actualizar. Creo que a partir de ahora trasladaré el día de actualización semanal a los viernes, por mis lares estamos de vacaciones de verano y me resultará más cómodo así.
La mayoría ha notado que la historia avanza y que se ha operado cierto giro en la relación entre los protagonistas y así seguirá ocurriendo, lo señalo porque quizá el capítulo de hoy les deje preguntas e inquietudes. Aunque tenga una trama simple de vez en cuando es saludable una dosis de tensión ;D
La novela El pájaro canta hasta morir es de Colleen McCullough y en su momento fue un best-seller tan exitoso como hoy lo es la saga de Crepúsculo, por ejemplo, sólo que en lugar de llevarla al cine hicieron una muy popular serie de televisión que vi como tres veces cuando era chica. *NumeralEstoyVieja*
Y parlanchina, por lo visto. Agradezco mucho los amables anónimos de: kds, sí, gracias a Dios y a todos los Santos XDD Dark Amy-chan, sí, el amor inconciente es el más divertido XD
Disculpen por los posibles fallos -pocas horas para edición :(- y gracias por leer :D
15 de abril
Sasuke, tercera parte
El tiempo corre de forma aterradora. Siempre hacia adelante, implacable, nos deja mirando en derredor buscando casi con desesperación las cosas que tuvimos, lo que fuimos, lo que pensamos una vez, lo que queríamos alcanzar. Un día miramos sobre nuestro hombro y ya no distinguimos la estela que solíamos ser en el pasado, porque el pasado se transformó en un lugar que no existe más.
Para Hinata, como profesora, el tiempo avanzaba de a saltos. Planificaba las clases por semana, por lo que antes de empezar una nueva ya estaba pensando en la siguiente. Y luego, cuando podía darse el lujo de planificar los temas para el resto del mes, su mente se trasladaba al que le seguía para prever los nuevos contenidos. Al levantar la vista hacia el almanaque vio que decía quince de abril, pero ella ya estaba pensando en junio.
Recién ahora, casi en sus treinta, comprendía a ciencia cierta por qué el tiempo es un tema tan frecuente en la literatura. Desde Horacio hasta Borges, pasando por las moralidades medievales y los poetas del Siglo de Oro español, el tiempo es esa carrera que sabemos de antemano que vamos a perder, una fuga sin retorno. ¿Qué valor tiene la vida, entonces, si nuestro camino es el camino hacia la nada?
Hasta ese abril tan singular de su vida se había evaporado en parte ya, al igual que los de antaño. ¿Dónde había estado ella durante el abril de diez años atrás, el de cinco años atrás o el del año anterior? ¿Y quién había sido aquella Hinata, qué cosas había estado buscando, qué la entristecía y qué cosas la mantenían a flote?
Y de pronto, en ese acontecer implacable, un único día puede convertirse en el más significativo, para bien o para mal. Nadie puede anticipar por la mañana, cuando abre los ojos, qué clase de imprevisto devendrá con las horas, si es que algo va a ocurrir, ni en cuánto va a modificar su vida, pero de seguro ese día llega aunque no se pueda predecir.
Cuando regresó de la escuela, cansada de una jornada laboral bastante movilizante, ni siquiera fue capaz de imaginar qué le depararía ese quince de abril por la tarde.
-o-
Esta vez no la pillaría desprevenida, había tomado una ducha, cepilló con cuidado su cabello, se vistió con un atuendo casual pero femenino y a las cinco menos diez se paró frente al espejo para pasarse un labial rosa suave y darse el okey. A esas alturas ya había aprendido que carecía de los recursos necesarios para luchar contra la terquedad de Sasuke, por lo que aprovechó el tiempo para tratar de lucir decente en lugar de perderlo en vanos subterfugios evasivos.
Puntual, como de costumbre, el timbre resonó en el apartamento, y sin avisar que ya iba tomó las llaves, chequeó su aspecto una última vez y salió notando apenas el ritmo creciente de sus palpitaciones. Mientras bajaba por el elevador atendió su inoportuno móvil con más ansiedad que curiosidad.
Tenten le hacía la llamada cotidiana de comprobación. Desde que comenzara con el plan de las citas la chica la llamaba todos los días para verificar que el asunto marchase apropiadamente, es decir, que no hubiese caído en las manos de algún psicópata pervertido. Hinata respondió a sus preguntas con paciencia y obediencia filial, en parte porque entendía sus aprensiones y en parte porque siempre le agradaba recibir esa clase de cariño, aunque ese no fuese el mejor momento para hacerlo.
Cuando abrió la puerta de calle sólo pudo saludar a Sasuke con un gesto porque su amiga iba por la pregunta número ocho del cuestionario y todavía faltaban alrededor de seis. Sasuke asintió con la cabeza, comprensivo, y apuntó con el dedo calle arriba para que comenzaran a caminar.
Ni bien cortó con Tenten llamó Sakura, y antes siquiera de poder decir Hola a su inusualmente tolerante vecino tuvo que rendirle cuentas también a ella. Cuando por fin pudo cortar, ya habían avanzado tres calles y desembocaron en una plazoleta.
Recién en ese momento Hinata cayó en la cuenta de que hacía mucho tiempo que no andaba por allí, un espacio verde no muy extenso pero bello, pacífico e íntimo gracias a los grandes nogales que lo circundaban. Sonrió admirando la forma como los rayos solares se colaban entre el ramaje mientras avanzaba por una senda de grava donde algunas hojas secas crujían bajo sus pies.
-¿Cómo descubriste este lugar? –le preguntó a Sasuke, pues era nuevo en el barrio.
-Caminando –respondió él con simpleza-. Supuse que nos vendría bien un cambio de paisaje y no teníamos que ir muy lejos.
-Buena idea –concedió Hinata.
Sasuke se encogió ligeramente de hombros restándole importancia al asunto.
-Ayúdame a recoger nueces –pidió.
A Hinata le pareció un pedido algo insólito, no cuadraba para nada con la imagen de Sasuke que tenía trazada en la mente –ni con el concepto tradicional de cita-, pero accedió de buena gana a dejarse sorprender. Aceptó con entusiasmo la propuesta y a continuación se asignaron un par de árboles para cada uno, se separaron y comenzaron a recolectar. Esa sería, sin dudas, una salida bastante extravagante.
La joven se entretuvo estirándose, dando saltos e incluso trepando para poder alcanzar algunas de las nueces que asomaban entre la fronda, ejercicio que le renovó el ánimo y la puso de buen humor. Pasaba demasiado tiempo encerrada leyendo o trabajando, incluso las citas se habían vuelto algo rutinarias –siempre a la misma hora y en el mismo café-, por lo que ese cambio de ambiente y de actividad le vigorizó los sentidos adormilados. Interiormente, se sintió agradecida.
Al final sólo pudo reunir un puñado de nueces, pero se acercó a Sasuke con una gran sonrisa de satisfacción. Él había podido reunir otro tanto.
-Lo siento, Sasuke-kun –le dijo mostrándole la modesta colecta-. Aun así me siento orgullosa.
Sasuke asintió con aprobación distraídamente, interesado en examinar los cambios operados en las facciones de la chica. En el talante más vivaz que le hubiese visto nunca, sus ojos chispeaban y sus mejillas lucían el rubor producido por el ejercicio y el aire libre, revelándole una cautivadora variante de su belleza por lo general simple y serena.
Tratando de asimilar el milagro demoró algunos instantes en responder como debía, y Hinata alcanzó a notar su retraimiento.
-¿Sasuke-kun?
-La cantidad está bien –repuso él por fin extrayendo una bolsa de papel que había llevado para guardar las nueces. Hinata lo miró extrañada, hubiera jurado que se había ruborizado-. La idea era que las comiésemos aquí sentados al aire libre.
A ella le pareció un plan estupendo y buscaron un banco de piedra donde acomodarse para degustarlas. El cielo palideció uno o dos tonos a medida que el sol inició su declive, pero aún entibiaba lo suficiente para permanecer sentados afuera contemplando su caída. Por fortuna esa tarde había muy poca gente paseando, por lo que tuvieron la plaza prácticamente para ellos solos.
Sasuke era de las personas que no necesitan ningún utensilio para romper la cáscara de aquellos frutos. Hinata observó con admiración –y secreta envidia- el modo como reunía varias nueces entre sus manos, presionaba y se partían.
-Me recuerdas a mi abuela –comentó, tomando algunos de los trozos que él le ofrecía.
-¿De veras? Pensé que era una técnica exclusiva de mi familia.
-Pues no lo es.
-Supongo que tendré que esforzarme más para impresionarte.
Hinata se echó a reír, nerviosa y conmocionada con el flirteo, pero él no, por supuesto que no, un Uchiha jamás reía… o al menos eso reza la leyenda urbana.
-Nunca imaginé que tuvieras sentido del humor –lo pinchó ella luego-, p-parecías sólo sarcástico.
-Yo tampoco lo sabía –fue la respuesta de Sasuke, que volvió a reunir un puñado de nueces entre sus manos, presionó y de nuevo tuvieron para comer-. Eres extraña –añadió cambiando de tema.
-¿Yo? –Hinata lo miró sin comprender.
-Venía preparado para más excusas, para jalarte del brazo como en esos doramas que ves, venía incluso con un discurso acerca de las propiedades nutricionales de los frutos secos, pero al final nada de eso fue necesario hoy.
Mientras hablaba rompió más nueces y se dirigió a ella con la misma naturalidad con la que le hubiese comentado los vaivenes del clima. Sin embargo, pese al tono impersonal esa observación a Hinata la puso en un aprieto y la dejó pensando.
¿Acaso tenía derecho a hacerle semejante planteo cuando en cada cita que tuvieron desatendió sus recurrentes negativas? ¿Y por qué le hablaba de esos pudorosos asuntos con tanta familiaridad?
-Supongo que esas tretas resultan innecesarias cuando la chica a la que citas acepta salir contigo a la primera –repuso con cierto fastidio.
-Vaya, y no tartamudeaste –se burló él.
-Porque dije lo que pienso.
Sasuke sonrió de lado.
-Lo sé.
La joven desvió la vista, ceñuda, y recordó la vez que su vecino enumeró delante de Juugo las situaciones que la hacían tartamudear. Parecía que él ya había realizado una radiografía completa de su persona, en cambio para ella Sasuke seguía siendo el tipo más enigmático del mundo.
-Señalar los d-defectos de una dama no es propio de caballeros –sentenció con tono inseguro. El chico la miró con interrogación mientras le ofrecía más nueces, entonces Hinata cayó en la cuenta de que había formulado en voz alta la conclusión que extrajo de sus propios pensamientos-. Olvídalo –terminó por decir, más cohibida que antes.
-Eres extraña -repitió él.
-El muerto se ríe del degollado -farfulló ella, sonrojada.
Durante el rato que siguió comieron en silencio hasta agotar las nueces. Del sol poco y nada se veía, pues ya se había escondido del otro lado de la línea de los edificios. De todos modos todavía permanecieron allí, absortos, quizá pensando en nada, o quizás analizándolo todo, porque se habían encontrado de un modo diferente y eso les daba que pensar.
Sasuke lo disfrutó, sabía lo que quería de ella y no necesitaba darle muchas vueltas al asunto. Aun así sopesó las posibilidades, las palabras dichas, trató de especular sobre los sentimientos que Hinata pudiera haber cultivado hacia él en esos últimos días. Sin embargo, como otras tantas veces en que lo meditaba, sólo se permitió ilusionarse hasta cierto punto, porque aún le resultaba difícil vislumbrar qué podía esperar de verdad.
Pocas mujeres habían calado tan hondo en sus sentimientos y en la mayoría de los casos sólo ocurrió después de haberlas conocido y de haber vivido determinadas experiencias. Con Hinata, en cambio, le surgió con sólo verla, lo cual lo perturbó de tal forma que llegó a cuestionarse ese tipo de percepciones. Nunca hubiese aceptado la idea de que una persona pudiera enamorarse de alguien con un simple golpe de vista, lo creía más propio de adolescentes –y de películas- y para nada beneficioso si se trataba de un hombre que rayaba la treintena y ya tenía resueltas algunas cosas de su vida. Pero así le había ocurrido.
Dadas así las cosas, conocerla, compartir tiempo y transitar determinadas experiencias se convirtieron en todo caso en un objetivo concreto más que en un medio posible. Por eso estaba allí, porque la buscaba y la necesitaba, porque quería que se acostumbre a él y porque al fin y al cabo cada uno de esos contactos, hasta el más breve e insignificante, no hacía más que confirmarle la naturaleza de sus sentimientos.
En cambio, Hinata todavía trataba de comprender qué cosas habían cambiado para que de repente se sienta tan a sus anchas con ese joven que era apenas un conocido. Aunque, si lo pensaba, tenía que admitir que quizá de algún modo ya lo conocía tanto como para sentirse cómoda con él, o nunca se hubiese permitido volver a estar en su compañía. Por más que fuese huraño y muy pocas veces demostrativo, era honesto, directo, sencillo y sensato, y esas eran virtudes que podía ver incluso a través de su misterio.
Jamás podría tildarlo de encantador, pero por el amor del cielo, ¡ella tampoco era Miss Simpatía precisamente! Además, ¿desde cuándo se fijaba en las manifestaciones emotivas? Lo que más le había interesado siempre de los hombres era su intelecto, su profundidad, su sensibilidad, y Sasuke, sin destacarse más que por su adustez, de algún modo reunía esas cualidades. ¿Desde cuándo ponía a Mr. Wickham por encima de Mr. Darcy? Un hombre no es lo que presume, sino lo que demuestra.
Sonrió con nostalgia al recordar la singular conversación de aquel lejano primero de abril con sus amigas, aquella en la que se daban por perdidas a las mujeres lectoras de Orgullo y prejuicio. Hasta para analizar los acontecimientos de la realidad necesitaba recurrir a esas referencias literarias. Ino tenía razón: estaban condenadas.
Entonces vino el impulso.
-¿Puedo invitarte un café? –propuso de la nada al tiempo que se ponía de pie.
El joven la miró con estupor, pero tenía buenos reflejos y se sobrepuso con rapidez.
-Como quieras –respondió de inmediato, secundándola. Que lo parta un rayo si fuese capaz de predecir tan inusitada invitación, aunque fue lo suficientemente listo para abstenerse de ironías y frases declarativas que pudiesen amedrentarla o hacerle retroceder, la propuesta era demasiado favorable a sus propósitos.
-Soy muy buena preparándolo –señaló Hinata con tono casual. En su interior, no obstante, hacía grandes esfuerzos para no echarse atrás.
Sasuke alzó una ceja, luchando consigo mismo para creerse lo increíble.
-¿Preparándolo?
-Sí, vamos a mi casa.
Y sin más enfiló en esa dirección. Esta vez Sasuke la observó con creciente extrañeza, de nuevo trató de entenderla, de despejar la incógnita, de reacomodar sus esquemas, hasta que a lo último prefirió no enroscarse más sino dejarse llevar.
Apuró el paso para alcanzarla. Ni en sus sueños más auspiciosos se había permitido fantasear con la posibilidad de semejante invitación.
-o-
Su apartamento no le deparó ninguna sorpresa. Libros ordenados en estantes, libros apilados en un escritorio, libros dispersos por el sofá… en fin, libros a donde quiera que mirase. Sobre un cojín dormía plácidamente un gatito que parecía muy dispuesto a desentenderse de su presencia, pasó a su lado y lo acarició recibiendo apenas un gracioso gemido a modo de saludo.
Las reproducciones que colgaban en las paredes eran en su mayoría de estilo impresionista, y los muebles y demás objetos decorativos aparecían distribuidos sin rebusques ni dispersión. Sencillo, cálido e íntimo, ese espacio hablaba de Hinata más de lo que ella misma seguramente notaba, y procuró registrar cada detalle para conocerla mejor.
Afuera la noche se presentaba templada y diáfana, ideal para extender el paseo, pero la idea de compartir un café no estaba nada mal. Mientras la dueña de casa lo preparaba, el agradable y característico aroma del grano recién molido se dispersaba tornando más placentera aún la visita, y Sasuke se entretuvo indagando entre los libros abiertos aunque sólo fuesen manuales escolares.
-¿Todavía tienes trabajo que hacer?
Hinata le respondió desde la cocina.
-Ya he seleccionado el material para las clases de esta semana, por ahora estoy bien.
-¿Y qué diablos son las… superestructuras textuales? –leyó él con el ceño fruncido.
-No quieres saberlo, Sasuke-kun, créeme –repuso ella, sonriendo para sí.
El móvil del susodicho sonó. Del otro lado de la línea, su hermano le consultó sobre un problema mecánico que siempre le venía bien como excusa para sonsacarle novedades sobre su vida, y ese no era el mejor lugar para comentarlas. Sasuke le respondió con inexpresivos monosílabos y beligerantes adverbios de duda que a Hinata le divirtieron durante varios minutos hasta que pudo alcanzarle una taza de café.
-Veo que tú también tienes que dar explicaciones –bromeó con timidez cuando él cortó, pues no sabía si era conveniente meterse en ese terreno. Se sentó a su lado con su propia taza y bebió.
-A veces creo que me controla por radar –masculló Sasuke, irritado, pues la puntería de Itachi para llamarlo en los momentos menos oportunos lo encrespaba. Sin embargo, el maravilloso sabor del café que le ofrecieron pronto lo cautivó y diluyó su enfado.
-Sólo tengo una hermana menor –comentó Hinata, compadeciéndolo un poco-, y aunque la quiero mucho, confieso que siempre he deseado tener un hermano mayor.
-¿Uno metiche?
-Uno que se interese por tus cosas, uno que te cuide, que te piense.
-¿Un hermano como el tal Frank? Yo paso.
Hinata lo miró sin comprender.
-¿Quién es Frank?
-Frank Cleary, el de la novela.
Entonces, un rayo de lucidez la atravesó de parte a parte, anonadándola por completo. La taza vaciló entre sus manos y Hinata tuvo que depositarla en la mesita del centro con la infusión a medio tomar. ¿Podía ser posible? ¿Realmente la había leído?
-¿Te refieres al personaje de El pájaro canta hasta morir? –inquirió, visiblemente sorprendida.
-Ese mismo. Terminé de leerla anoche, después de que te fuiste.
La joven lo miró boquiabierta. Recordó que unos días atrás, en su cita anterior, él le había preguntado por sus novelas favoritas y ella atinó a mencionarle algunas entre las que se encontraba ese viejo best-seller de fines de los setenta, la primera novela que había leído en su vida.
Las manos comenzaron a hormiguearle. Escrutó el rostro de Sasuke con recelo, vacilante acerca de si había invitado a su casa a un gran lector aficionado o a un auténtico psicópata. De pronto, todo se volvió muy turbio y extraño… por milésima vez desde que lo conocía. Se removió sobre el sofá, incómoda. Luego recuperó su taza para beber un buen sorbo, darse tiempo y calmarse.
-Vaya –articuló finalmente, sin saber muy bien qué decir-, espero q-que te haya gustado.
-Es una historia retorcida –concluyó él, bebiendo como si nada.
Hinata no supo cómo reaccionar, en parte seguía sintiéndose abrumada y en parte se reconoció demasiado expuesta. Había leído novelas mucho mejores que ésa y temía lo que Sasuke pudiese pensar de ella al tenerla como favorita.
-¿P-Por qué lo dices?
Sasuke terminó su café, dejó la taza sobre la mesita y suspiró profundamente. Luego se giró hacia ella para responder y Hinata aprovechó el momento para levantarse y llevar las tazas al fregadero, así hacía algo con su cuerpo además de ponerse nerviosa.
El chico notó su turbación, pero le pareció divertido. Las evasivas eran un código que compartían y eso a esas alturas había comenzado a gustarle.
-¿La historia de una joven que conoce de niña a un sacerdote que le lleva dieciocho años y que luego, en la adultez, se enamoran entre sí, no te parece retorcida?
-A mí me fa-fascinó –respondió ella desde la cocina, e inmediatamente después se mordió el labio con reproche.
Como era incómodo hablar desde lejos Sasuke se levantó, se aproximó al pequeño recinto donde Hinata fregaba las tazas y se apoyó en el vano de la puerta para observarla mejor.
-Lo supuse, fue la primera novela que leíste. Si no te hubiera gustado te habrías dedicado a otra cosa y quizás hubieses sido una persona completamente diferente.
A Hinata le impresionó que fuera tan perspicaz, eso era exactamente lo que ella siempre había pensado al respecto. O él era muy buen observador o ella era demasiado transparente, lo cual atentó contra su de por sí escaso amor propio.
-T-Tal cual –concedió.
-No malinterpretes mis palabras, es una novela entretenida, sin duda, pero a mí no me produjo nada en especial –expuso él-. Sí admitiré que me devané los sesos tratando de entender qué le viste tú de interesante.
Hinata, contrariada, se limitó a guardar silencio. Sintió un vacío en la boca del estómago, una especie de presentimiento. Tal vez no hubiese sido buena idea invitarlo a su casa, o tal vez se tendría que haber resistido a tener esa cita desde el principio. Si bien se descubrió más cómoda que otras veces, todavía la confundía el alevoso interés que él demostraba por ella, interés que no sabía cómo interpretar.
Además seguía pareciéndole inverosímil que hubiese leído esa novela solamente porque se la había sugerido. No cualquier persona tenía esos gestos y su desconcierto fue en aumento.
-Primero pensé que, como es habitual entre las mujeres –continuó Sasuke-, y dado que eras tan joven cuando la leíste, te había impactado la historia de amor dramática que no se concreta de forma cabal, algo así como Romeo y Julieta pero sin desenlace trágico.
Hinata secó las tazas y luego se limpió las manos con un paño mirando a su vecino con ironía. Sin advertirlo concientemente, de la turbación pasó a la curiosidad, siempre resultaba así cuando hablaba de libros. Mira quién departe sobre literatura con tanta frescura…
-¿Y después? –lo alentó.
-Después creí que eras morbosa.
-¿Qué?
-Y a lo último pensé que te gustaba sufrir por un amor imposible.
Se lo dijo con tanta naturalidad que Hinata no supo si reír u ofenderse.
-¡Ni-Ninguna de esas! –exclamó en parte indignada y en parte abochornada.
-Eso supuse esta mañana cuando volví a pensar en…
-¿No puede una mujer ilusionarse con un amor jamás buscado –le planteó, interrumpiéndolo-, un amor que surge a pesar de lo que cada uno de sus protagonistas sea? ¿No puede conmoverse con un amor constante, un amor sembrado de obstáculos pero que aun así subsiste, se nutre, los acompaña, les duele, lo añoran y lo soportan, porque en medio del problemático acontecer de sus vidas, aunque sea un amor prohibido, es lo más humano que les haya podido pasar?
-Se enamoraron de la persona menos indicada –señaló Sasuke.
-Se enamoraron de la única p-persona que los registraba, de la persona que no les atemorizaba sino que les ofrecía co-confianza y refugio.
-¿Eso piensas del amor? ¿Que sólo es posible si no tienes miedo?
-No, no dije eso –se apresuró a aclarar la joven-. Al contrario, p-pienso que el miedo es natural, en el amor uno se arriesga. Lo que intento decir es que es difícil, que el amor es mucho más co-complejo de lo que suele admitirse y por eso las parejas fracasan. Meggie y el padre Ralph tenían todo en contra y aun así...
-Aun así lo conservaron, lo sufrieron y lo vivieron.
-Exacto.
-Más allá de las circunstancias, aunque pasasen décadas entre cada encuentro.
-Por eso digo que el amor es d-difícil.
-Entonces también es un desafío.
Hinata vaciló.
-Sí, tal vez… Sí, un desafío –concordó finalmente.
-No podría estar más de acuerdo contigo, Hyuuga.
Hinata se sorprendió con esa devolución y le acometió una duda: ¿habían estado hablando de una novela dramática o de la forma de entender el amor? ¿Y cuál era el propósito de Sasuke con esa plática? Algo dentro de sí le advirtió que no se trataba de una conversación circunstancial, y pudo corroborarlo al ver sus ojos oscuros repentinamente expresivos.
Sasuke era un joven que siempre supo lo que quería, sabía lo que necesitaba en cuanto lo veía y nunca se rendía ni se detenía hasta obtenerlo. Los hombres, esencialmente, son seres que buscan, porfían y luchan tanto en lo cotidiano como cuando aman con sinceridad. Para Sasuke, Hinata era el desafío, aunque boyase en las aguas de la incertidumbre.
Las mujeres, en cambio, esperan, analizan, eligen, son cautas y más inseguras. Esto genera malos entendidos entre unos y otras, confunde, los pone en un aprieto y al final, cuando ya no pueden manejarlo, alguno de los dos se decepciona. Hinata insistía en pensar que el amor era como una fortaleza, que algo tan maravilloso, seguro y definitivo no podía ser fácil ni tenía por qué serlo. El amor crea un lazo entre personas que antes habían sido desconocidos, por lo que tal vez fuese el desafío más difícil de encarar.
Cuando Sasuke entendió que al menos en eso coincidían, creyó que había sido suficiente. Avanzó hasta ella, la encerró, capturó su rostro y la besó.
La joven fue incapaz de reaccionar. Sasuke se impuso de tal forma que a sus labios no les quedó más remedio que maniobrar según sus impositivos requerimientos, la cabeza le dio vueltas y tuvo que sostenerse de la mesada para resistir el ímpetu de su acometida. Y ni siquiera pudo cerrar los ojos mientras lo hacía ni disfrutar de los indicios de su calor.
Fueron unos instantes intensos, arrolladores, pero que a Hinata la desencajaron por completo. En determinado momento ya no pudo seguirle el ritmo y se desprendió de él con torpeza, lo apartó y fue hasta la sala con la cara ardiente y las ideas alborotadas. Mientras boqueaba en procura de oxígeno, batalló para recuperar la noción de la realidad.
Sasuke se quedó en la cocina unos momentos para reponerse también. Luego, determinado, fue tras ella y la encaró.
-¿Debería ser más claro? –formuló con cierta ansiedad.
Hinata empezó a moverse de un lado a otro, nerviosa.
-Sí, de-deberías, Sasuke-kun, deberías hablar más claro, p-prevenir a la gente –logró articular. No parecía molesta, pero era evidente su alteración.
-Pues lo haré, lo tendré en cuenta para la próxima vez –repuso él con sarcasmo-, pero te advierto una cosa, Hyuuga: cuando sepas lo que me pasa contigo, absolutamente todo lo que me pasa contigo, ya no podrás salir huyendo como recién, ¿me oyes? Hoy aclararemos esto y será la última vez que te escapas.
Fue tan firme y sincero que a Hinata se le pusieron los pelos de punta. Le ocurrió lo mismo que le acontece a los gatos y ratones de ciertas caricaturas cuando pelean, de pronto cae sobre sus cabezas un interminable y doloroso cúmulo de platos, cacerolas y sartenes sin ninguna clase de consideración. Así se sintió Hinata cuando cayó en la cuenta de lo que Sasuke intentaba decirle, cuando por fin comprendió cuáles eran sus expectativas.
-Necesito respirar –dijo por lo bajo, aturdida, y salió al balcón donde fue recibida por el apacible aire de la noche.
-o-
A diferencia de Hinata, que había vivido esa jornada sumida en un vaivén emocional, Sasuke ya no tenía dudas. Habían hablado, habían pasado tiempo juntos, vivieron determinadas experiencias y ahora hasta se habían besado. Todavía podía sentir sobre los suyos, bailoteando, el calor de los labios de Hinata, que le ofrecieron otro pretexto para ilusionarse con ella en su soledad.
Se asomó al balcón y lo primero que captó su atención fue el inexistente contraste entre el color del cielo y el acentuado azabache de su cabello. Entonces durante unos segundos, durante unos inefables segundos, su corazón se paralizó ante la sola idea de que fuese así de inalcanzable. Luego, poco a poco, su pulso retomó el ritmo natural y se obligó a confiar en sí mismo y en ella, en Hinata, persistió en creer que tenían algo en común y que podían luchar por eso.
-Podría explicártelo de mil maneras diferentes, pero al final todo se reduciría a un par de frases demasiado gastadas.
Hinata se dio la vuelta para mirarlo de frente. Estaba más tranquila, pero seguía muy asombrada.
-Explícalo –pidió.
-Soy hombre de pocas palabras, Hyuuga.
-Pues expláyate, Sasuke-kun.
El joven se acercó con la actitud indolente que le era tan característica y contempló el paisaje. Entendía que ella necesitaba saber lo que él tenía claro desde hacía tiempo, por lo que se tomó unos segundos para pensar en el mejor modo de decírselo. Era la primera oportunidad clara que se le presentaba para ser honesto, la que tanto había esperado, y no quería desperdiciarla.
-Soy un tipo simple, lo sabes –comenzó fijando su vista en la distancia-. Necesito pocas cosas para ser feliz: un trabajo propio, un lugar donde afincarme, una mujer a quien querer. Cosas consabidas, sencillas, pero fundamentales para mí.
Hizo una pausa. Hinata observó su perfil con atención tratando de veras de entenderlo. Se había enamorado una vez, tiempo atrás, de un joven que supo ser sincero con ella, tan sincero que, cuando sus metas colisionaron, tuvo la presencia de ánimo necesaria para decirlo y alejarse, cosa para la que a ella le había faltado valor. La franqueza de Sasuke, ahora, la intrigaba, la halagaba, pero también le inquietaba profundamente y no hallaba el modo de lidiar con eso.
-No andaré con vueltas –continuó él-: me gustas, cada día que pasa no hago más que verificarlo. ¿Por qué crees que te abordé la primera vez? ¿Por qué crees que te he buscado cada día desde entonces? ¿Crees que disfruto la plática sobre tus citas?
Hinata tuvo que admitir lo acertado de su posición. ¿Qué otra cosa podría hacer que un joven de su edad, maduro e independiente, anduviera rondando a una chica que apenas registraba su presencia, que lo esquivaba, que se sobresaltaba con sus salidas y que, por si fuera poco, se reunía a diario con hombres con los que pretendía relacionarse? ¿Cuál podría ser el origen de esa actitud sino un interés sincero y real?
¿Qué diablos había tenido ella en la cabeza para no darse cuenta de lo evidente? Se sentía una estúpida de primera categoría. Había combatido cada uno de sus avances, pero al final terminaba perdiendo el juego por idiota, por ciega, por incrédula. Y si además lo pensaba desde el punto de vista de sus citas, se sentía completamente ridícula.
¿Es que alguien orgulloso de sus estudios universitarios podía ser tan tonto como para no darse cuenta de las cosas que suceden a su alrededor? ¿De verdad era tan ingenua? ¿Tendría que darle la razón a su padre cuando la tildaba de descuidada y atolondrada? ¿O en el fondo, acaso, lo había llegado a vislumbrar de algún modo y lo había reprimido infantilmente?
Siempre le había tenido miedo al amor, debía admitirlo, un miedo atroz e irreflexivo, un miedo imposible de denominar y que nunca supo manejar como hubiese debido. Amar o siquiera gustar de alguien requería interactuar, conectar, y ella vivía luchando contra su timidez. Por eso seguía sola, por eso se empeñaba en invocar prioridades ajenas a los hombres, por eso su despreocupación y su torpeza con Sasuke. Sin importar lo que hubiese dicho en la plática sobre ese miedo, el asunto es que comenzó a materializarse y definirse.
-Lo-Lo siento, Sasuke-kun –musitó, porque de verdad sentía haber sido tan ciega, o negadora, y porque lamentaba el hecho de que aun descubriéndolo fuese incapaz de estar a la altura. Supuso que al menos le debía eso-. En verdad lo siento.
Con sólo echarle un vistazo el joven entrevió la magnitud de su zozobra. Había logrado ser claro y honesto con sus sentimientos, pero sin intención de su parte le había arrojado un fardo sobre los hombros a una persona que apenas empezaba a comprender todo lo que les estaba pasando, si es que Hinata también lo experimentaba.
Él sabía, sabía que era una mujer fuerte pero también insegura con respecto a sí misma, que era madura pero también retraída en lo que atañe a relacionarse con las personas. Por eso y ninguna otra cosa llevaba adelante ese plan de citas, ¿verdad?, y eso también lo sabía de sobra. Quizá, inconcientemente, se había precipitado al declararse, porque en lugar de emocionarla la había afectado. Hubiera querido ayudarla, pero ignoraba cómo hacerlo.
De pronto, una línea del poema que evocó la primera vez que la vio se materializó en su mente como por encanto: ¿Volveré acaso a verte? ¿Serás eterno olvido?... Sasuke se alarmó con esa repentina y desconcertante remembranza, pero procuró disimularlo.
-Haré lo que tú digas –le aseguró, pues allí donde ella naufragaba él no podía hacer más que eso, ofrecerse, mostrarse dispuesto-. Haré lo que necesites que haga, Hyuuga.
La joven parecía más abstraída que nunca con sus grandes ojos fijos enfocados en sus manos, aferradas al antepecho del balcón, afanándose por sostenerse. ¿Pero qué le atemorizaba tanto, qué tipo de trampas intuía que se esforzaba hasta ese punto para no caer?
-Lo siento –repitió Hinata, y Sasuke hubiera querido encontrar las palabras exactas para tranquilizarla, para resguardarla de los temores que estuvieran atenazándola. Sabía que hasta allí llegaba lo suyo, que hasta allí podía avanzar, lo demás dependería de ella. Llegó a entrever perfectamente lo que le iban a pedir y se preparó para aceptarlo-. Sólo sigamos como hasta ahora, Sasuke-kun, ¿pu-puedes? Sigamos siendo vecinos, sólo eso. Ahora no puedo p-pensar en otra cosa.
