Desùés de dos largos años la lluvia recibia mi llegada a Forks, aunque en un lugar donde la mayor parte del año llueve no estaba segura de si lo hacía por este evento tan especial

Twilight no me pertenece; todo lo invento la genial Stephanie Meyer.

Quiero agradecer por su apoyo y reviews a:

E.W.C, Arsa Pantera, buby, bunny1986, The little Cullen, Maria, verónica, Ari, Pandora no Rea, Rochuz Prongs de Cullen y por ultimo a k-chan! (que grandioso que me saludes también en este loco fic)

Capitulo 2

"Lluviosa bienvenida"

Después de dos largos años la lluvia recibía mi llegada a Forks; aunque en un lugar donde la mayor parte del año llueve, estaba segura que el clima seguía sin ser empatico conmigo; y esta animosa bienvenida no suponía ningún signo de mala suerte sino otra cosa mas que otro de los caprichos del otoño tardío.

Trataba con todas mis fuerzas no ver a través de la ventana. Quería disfrutar lo último que me quedaba de mi libertad. Y de todas formas estaba segura que de echar un vistazo afuera habría visto el mismo paisaje que llevo conociendo desde hace diecisiete años de mi vida, dos años no borrarían el musgo verde que cubría todo en Forks, desde los árboles hasta las rocas.

Con un suspiro me recline mas en mi asiento e intente disfrutar de la soledad en que estaba sumida. Muy pronto la soledad sería un lujo al que tendría que abandonar, al igual que mi libertad. Pero de igual forma no me pude concentrar preocupada por la salud de mi cochero. Afuera llovía a mares y se sentía en la humedad fria dentro de la pequeña cabina del coche.

Saque mi cabeza por la pequeña ventanilla, y la lluvia helada me golpeo duro en la cara, mojando de inmediato mi gorro y con el viento alborotando mis cabellos.

-¿Se encuentra bien allá arriba? –pregunte alzando lo más que podía la voz sobre el bramido de la lluvia. Aunque dudaba que mi pequeña voz siquiera pudiese haber sido escuchada por mis propios oídos.

La silueta de mi cochero se removió un poco y giro un su cabeza para verme por el rabillo del ojo. Dibuje una tímida sonrisa en el rostro, pero estaba segura que no la vio.

-¡Señorita Swan, no debería molestarse! ¡Se enfermara! –exclamó preocupado el cochero.

-¡Usted es el que se enfermará si no nos detenemos! ¡Por favor pongamos a sombra al menos hasta que deje de llover! –le inste cruzando los dedos. Tal vez y tuviese suerte, y si llovía demasiado tendríamos que pasar la noche aquí; mi agonía en Forks podría ser aplazada un poco mas.

-No, señorita. Si no seguimos ahora, la tormenta se pondrá peor y tendremos que quedarnos a interpedie aquí –de eso se trataba el asunto- Su padre me ha pedido explícitamente que la lleve lo mas pronto posible. No se preocupe llegaremos en menos de una hora.

-Ah bueno, si así usted lo cree conveniente entonces sigamos –"Gracias". Pensé con sarcasmo.

Metí de nuevo mi cabeza a la calidez del coche y decidí zanjar el asunto. La lealtad de los subordinados de mi padre no era cuestionable. A final de cuentas para todos en Forks, él era el sheriff Charles Swan.

Mi padre era un buen hombre dedicado al pueblo y a su trabajo… mas de lo que a veces se dedicaba a su familia. Y por eso es que yo volvía ahora.

Mi exilio voluntario se había acabado hace dos meses con la muerte de mi Tía Maggy, y aun cuando había muchos menesteres que acabar referentes a sus pertenencias y deseos, mi padre había pedido mi mas pronto regreso.

Todavía llorando su perdida con mi luto negro, regrese acongojada al pequeño, y alejado de la mano de dios, Forks.

Mi tía era la persona mas dulce que haya conocido en mi vida, si había un Dios no podía creer que fuera su obra la injusta enfermedad la cual la aquejo hasta su muerte.

Leucemia, una enfermedad terrible. Si había necesidad de algo por lo cual rezar los domingos, era porque para que ese tipo de enfermedades desaparecieran de la faz de la tierra. Pero ahora, con tristeza, tenia otro motivo para rezar los domingos y todos los días, si eso podía de alguna forma ayudar a que el alma de mi dulce tía encontrara la paz.

Pocos recuerdos tengo de mi madre, así que ella fue lo mas cercano que tuve a una. Cuando llegue con ella era tan solo un manojo de nervios sin espíritu ni carácter. Pero poco a poco con su cuidado y paciencia, y yo con mis dedicaciones hacia ella, nos forjamos la una a la otra. Esa era nuestra promesa personal. Vivir hoy, para encontrar un mañana.

Ilusa fui de creer que podía contra la mano del destino. Ella murió. Y ahora la única que quedaba para cumplir aquella promesa era yo.

Yo y mi soledad, adjunta de los recuerdos de una madre amorosa a la cual nunca volvería a ver.

Sentí mis mejillas ser mojadas nuevamente por las lagrimas.

Mi aberración hacia Forks no derivada en el hecho de que casi los 365 días del año no había sol, ni por la falta de vivamismo y jovialidad que aquí había comparada con Londres.

Lo que realmente me molestaba era lo que ya sabia me esperaba en mi casa.

La Señora Charlotte y la Señorita Charlotte, hija. Mi abuela y mi tía. Y el par de mujeres mas mezquinas que nunca habré conocido antes.

Se supone que eran mi familia; y se supone que debería de amarlas y respetarlas; pero desde hace mucho que no lo hacia; no, desde que comprendí que ellas dos no sentían el mas mínimo tipo de afecto por mi. Mi tía Maggy me hizo ver que los golpes y los insultos nunca podrían ser considerados muestras de afecto.

Toda mi vida solo recibí recriminaciones y malos tratos de parte de ese par. Nunca fui lo suficientemente, graciosa, diestra o hermosa, para ninguna de las dos; y mi sola existencia suponía, para ellas, un error en la creación de Dios.

Tía Maggy me hizo ver que cada ser humano era diferente, sin importar los rasgos, cualidades, personalidades o defectos que cualquiera tuviese; pero ella me hizo ver que lo mas importante aun era que con todo y esos defectos todos éramos iguales; mi torpeza o simplicidad no debían de suponer un obstáculo para que yo fuese un ser humano único y especial. Y en su opinión hermoso; nunca podría estar de acuerdo con ella en lo ultimo, yo era la persona mas simple sobre el planeta, y si se poda adjuntar torpe y cobarde; aunque si bien agradecía su afecto.

De niña nunca me queje de ninguno de los malos tragos que sufría. ¿Como un pez se puede quejar de la falta de aire si no lo necesita ni lo conoce? Y más aun, sin voz ¿Cómo podría hacerlo? No tenia motivo ni objeción. Y aunque hubiese creído tenerla, nadie me habría escuchado.

Yo era la hija de una mujer infiel, que se había escapado del lugar de su marido sin miramiento alguno cuando su hija a penas tenia cinco años de edad. O al menos eso fue lo que me dijeron tía y abuela Charlotte.

Durante muchos años pelee contra el recuerdo amable que tenia de ella para presentarla como una villana, por obligarme a cada día ir a la escuela comunitaria escoltada por los cotilleos de la gente del pueblo acerca de "la hija de la infiel mujer del Jefe Swan". Mis esfuerzos rindieron frutos que ahora lamento, porque soy incapaz de recordar el rostro de mi propia madre por mi propia cuenta.

Me lamento de mi infantil encaprichamiento por buscar odiarla; aunque este no haya durado mucho. De lo que puedo recordar de ella son las atenciones y amor que cualquier madre puede dar, y para conmigo nunca falto una amable sonrisa que darme. Independientemente de sus acciones posteriores ¿tenia yo el derecho de odiarla cuando solo fue amabilidad y cariño para conmigo? ¿Qué me hacia sentirme superior, como la mayoría del pueblo se sentía, para juzgarla con inmaculación propia de pecado?

Yo no tenía ningún derecho, y no deseaba tenerlo. Mi "odio" se disipo pronto, y de el no quedo nada mas que el mas puro perdón en mi corazón. Mi sufrimiento ya lo abarcaba todo... ¿por que llenarlo de odio también?

M padre intento esconderme la verdad cuando muy pequeña, y deseo que viviera con la idea de que ella había muerto. Esa hubiese sido una explicación triste pero suficiente para una niña de siete años.

Pero abuela Charlotte se encargo de agregarle otras ciertas cosas...

"Su rostro copugido por el odio se acerco al mío y le grito a mi padre.

- Anda Charles ¿cuéntale lo que en verdad paso? ¿Acaso quieres hacer a esta mocosa estupida e ingenua? ¿Quieres que se case con el primer truhán que pase por la puerta y que después se fugue con el para al final dejarlo con un hijo en brazos porque se ha aburrido? –y después volteo su rostro cetrino hacia mi- Así es niña, eres el fruto de la mala carne y el aburrimiento. Tu existencia supone una deshonra en nuestra familia que tu madre supo llevar a cabo bien hasta el momento que se decidió a fugar con otro mozo.

Y mi padre intento intervenir pero mi abuela le levanto una mano y lo acallo al instante.

-No, Charles. Que sepa sus orígenes y que sepa bien lo que podría llegar a ser y si desea serlo –mi padre tembló- Por eso debes dejarla a nuestro total cuidado, Charles, y sacarle toda la mala semilla que trae adentro."

Desde ese día en adelante no valieron las suplicas, o evidencias en forma de moretones que pudiese haber mostrado contra ellas. Charles Swan nunca me escucho, siempre confiado en que tal vez el juicio de su madre era el mejor para que llevase una vida digna y a la altura de su posición social.

Pero la verdad la puedo adivinar en sus ojos cada que me mira con una escondida melancolía y dolor. Me parezco demasiado a mi madre, por las pocas fotos que he visto de ella, y no se cuanto de ella en mi él ve; y sin importar el precio el desea ver arrancado de mi, con vehemencia.

De joven a Charles le ofrecieron grandes trabajos, inclusive en la casa blanca. Pero el los rehusó todos para cuidar a su familia. Definitivamente un buen hombre nacido en una mala familia, que no se hartaba en reprocharle el que no estuviera cuidándolas las 24 horas del día o nos le pudiesen pagar una mansión, o sus caprichos pasajeros.

Ahora yo volvía como un reemplazo para él, estando tan ocupado como estaba en la comisaría estos días.

Hace dos meses el presidente Lincon había sido asesinado, y mientras América seguía compungida por su muerte, el vicepresidente Andrew Johnson tuvo que tomar la presidencia del país convirtiéndose en el diecisieteavo presidente de Los Estados Unidos Americanos.

El país estaba hecho un desastre aun cuando la guerra civil acabo en Mayo, aun creando efectos colaterales aquí en el norte.

Así que mientras mi padre se encargaba de que las leyes de abolición de esclavitud también se acataran aquí en estas alejadas tierras; donde en algunos pueblos aun había simpatizantes confederados, y las escarpadas montañas y la nieve ayudaban a cubrir los crímenes de esclavitud.

Comprendía su deber hacia su nación, y aunque yo no era muy apegada ni a países ni a religiones en general, le respetaba, y le admiraba. Deseaba poder ayudarle con esta proeza tan insignificante que me encomendaba cuidando al par de mujeres familiares; pero era difícil explicarle que lo que realmente hacia era lanzarme a la boca del lobo.

Esas mujeres eran un par de monstruos superfluos y malvados; y yo fui una estupida por tragarme su chantaje durante quince años. Sino me hubiese ido a Londres y mi tía me enseñase lo que es la verdadera libertad todavía creería que el único propósito de mi vida era limpiarles los dedos sucios de los pies a esas arpías. Lo cual repito, no me molestaría tanto, si cada vez que lo hacia no me dieran una patada en la cara, y mas de una vez acabase con un ojo morado… o peor si el masaje no les gustaba.

Vuelvo otra vez al tema del afecto, ¿era tan difícil quererme? ¿Decir unas gracias, en última instancia si decirme "te quiero" era tan difícil?

Yo no les pedía mucho a ese par de mujeres, solo un poco de afecto. Era capaz de soportar mucho con un poco de afecto.

Y sin darme cuenta me percate de que una pequeña esperanza en un cambio de ellas se hubiese suscitado.

Probablemente estaba esperando demasiado de la vida; mi viaje a Londres me había hecho rebelde de pensamiento e inquisitiva. Hambrienta por el saber, la lógica y los libros. Cualidades que no cabían en este pequeño pueblo y de las que me tendría que desprender pronto.

Suspire.

Las luces de la ciudad ya se filtraban a través de las delgadas cortinas del carruaje, las hice a un lado para ver cuanto Forks había cambiado.

Las casas oscuras, y apiñadas; los pequeños callejones, la plaza principal. Todo seguía igual, sumido en un lúgubre y sombrío manto de misterio, que podía engañar a los nuevos visitantes; pero a mi que había pasado la mayor parte de mi vida aquí, podía asegurar que en Forks no habían ni siquiera secretos que guardar.

Me sorprendió un poco ver el centro del pueblo; eso significaba que me encontraba lejos de mi casa y cerca de la comisaría. Me enterneció el gesto, si Charles me quería ver antes de que llegara a la casa significaba que me extrañaba mucho. Aun cuando nunca me lo fuese a decir directamente; él era malo para expresar sus emociones, eso podía comprenderlo bien ya que había heredado la misma deficiencia de él. Y sin embargo, por más que me mordiese la lengua, nunca me podría componer a mi misma para no llamarle "Padre" en público.

Si por mi fuese siempre me seria mas fácil llamar a la gente por sus nombres de pila; eso da mas personalidad al sujeto. ¿O sino porque poner nombres de pila a las personas si a final de cuentas eran llamados "padre", "tía", o con sus apellidos y respectivos "Sr." Y "Sra."?

Otra vez me volvía a perder en otra de mis epifanías sin sentido; a veces creía que vivía en destiempo con mi época, o que vivía en desacuerdo con la sociedad y la gente en general.

Se dejaron de escuchar los cascos de los caballos cuando llegamos por fin ante un edifico de color blanco grisáceo. Era grande, pero indiscutiblemente tenia pinta de cárcel.

Me baje del carruaje tomando la mano auxiliadora de mi cochero, pero olvide por completo abrir el paraguas que tenia, y la lluvia me cayo encima con toda su fuerza gélida.

-¡Ay! –exclame con sorpresa.

-¡Señorita debió haber abierto el paraguas –me arguyo el cochero. Esperaba que mi ligera estupidez no le creara problemas con mi padre, por no traerme completa sana y salva. Pero para semejante proeza se necesitaba que hubiese dejado mi torpeza en Londres. Lo cual obviamente no hice.

Al final abrí el paraguas por si las dudas; pero ya estaba al resguardo del tejado. Una risa partió el estruendo de la lluvia.

-¡Señorita Swan, solo a usted se le ocurre abrir el paraguas después de mojarse y al cubierto! –me apunto entre carcajadas la persona detrás de mi.

Me voltee furiosa y dispuesta a arrancarle la cabeza al pasado de listo que se burlaba a mis costillas; pero entonces, solté un gritito de emoción y fui corriendo hasta el joven nativo que me sonreía con una blanquísima dentadura enmarcada por piel cobriza.

Me detuve en seco un metro frente a él.

-¿Jacob…? –balbucee incrédula.

Frente a mi podía ver mas las facciones del joven nativo y me pude percatar de la enorme altura que me sacaba. ¡Si hace a penas dos años yo le sacaba media frente a él! Pero su rostro y su sonrisa no dejaban cabida a duda alguna… él era Jacob Black, mi mejor amigo.

-¿Qué demonios te ha pasado? ¡Estas hecho un mastodonte!

-Buenas noches a usted también, señorita Swan. Linda forma de saludar –me comento con gesto burlón.

Sentí mis mejillas enrojecer por la ira. Me cabreaba que él me cabreara… ¡Y aparte que lo disfrutase tanto!

-Sabes que me saca de mis casillas que me digas "Señorita Swan" ¡Me saca de mis casillas que cualquiera lo haga!

-No –me espeto Jacob- Te incomoda que te digan "Srita. Swan", lo que realmente te saca de tus casillas que te llamen "Srita. Isabella"

Mis dientes rechinaron.

-Te estas pasando, Jacob Black.

-Vamos, Bella –sonrió mas- después de dos años de no vernos ¿Me vas a quitar el gusto de molestarte?

Me suavice un poco a la mención de mi sobrenombre.

-Esta bien, ¿me vas a responder mi pregunta? –le recordé.

-Esto –dijo señalándose a si mismo, desde su pecho enorme cubierto por una gruesa frazada con motivos de su gente, hasta su cabeza apretada en una bandana roja- se llama proceso natural de la vida. Algo que tu y tus pálidos parientes sabrían comprender si dejasen de hacer tanta mugrosa ciudad donde no les corresponde y hacer sus esclavas las criaturas y hombres que por derecho del mundo son libres.

Rodé los ojos, otra vez me estaba recitando con exactitud los sermones de su padre.

-Jacob, ya sabes que la época de la esclavitud esta acabando. Además eso sonó como un sermón de tu padre.

Él sonrió mas, intentando contener la risa.

-Lo es.

-¿Y desde cuando haces todo lo que tu padre te dice?

Yo sabia que a su padre tanto como el mió no les agradaba nuestra relación. Pero desde que nos conocimos en la comisaría, nos hicimos buenos amigos. Él le hacia de interprete de su pueblo, ya que tanto él como otros dos o tres jóvenes sabían hablar ingles.

Desde el momento en que empezamos a hablar hicimos amigos, Jacotes realmente una de esas personas que con sus sonrisa o personalidad logran hacerte sentir realmente confortable; pero nuestra amistad llegó hasta el punto hermandad, cuando de niños otros chicos de su tribu le reclamaron por mantener una relación conmigo; una chiquilla, pariente d quienes en primera instancia llegaron a reclamar y robar sus tierras. Pero él, en vez de negarme, me proclamo como su hermana, o algo por el estilo. Y me dio un nombre quilauete, que nunca he podido recordar. He pasado años intentando sacárselo, pero ni siquiera he podido convencerlo de que me lo repita.

Mi hermano… eso era Jacob para mi, él hermano que nunca tuve y siempre quise.

-Bueno, intento ser un buen hijo –acepto al final encogiéndose de hombros- pero es difícil con semejante señorita frente a mi –note el tono de burla creciendo.

-Cállate, Jacob. ¿O también te debo enseñar que significa esa palabra? –estaba segura de habérsela enseñado antes, fui su diccionario de inglés por muchos años.

Él se rió entre dientes. Se estaba pasando un tiempo genial molestándome.

-Cálmate, Bella. Estoy hablando en serio. Te fuiste como una chiquilla flacucha y débil ¿Y que regresa? Toda una señorita, todavía bastante flacucha, pero ya no tan débil por lo que veo.

Volví a rodar lo ojos.

-Cállate tú, antes de que me lo crea.

-Así que vienes con todos los kilos para soportar al par de brujas –comento de pasada.

Mis esperanzas de que cambiaran se iban desvaneciendo. Abrí la boca para decir algo cuando otro chico nativo, Embry, salió de la comisaría con el ceño bastante fruncido; pero al verme la alegría ilumino sus ojos y sonrió de oreja a oreja.

-¡Srita. Swan, que bien volverla a ver! –Embry me envolvió en un abrazo fuerte. Estaba tan crecido como Jacob, y me llegue a preguntar si realmente no era tan cierto que ellos hacían brujería.

-Embry me falta el aire –comente sofocadamente contra su pecho. Jacob rodó los ojos.

-Lo siento, Srita. Swan se me olvidaba que las damas de sociedad nunca muestran afecto en público. Y aparte que usted no es muy dada a los abrazos –Y en efecto, no se me daba mucho eso de andar abrazando a la gente. Supongo que era otra de las cosas que heredé de Charles.

-Embry, ya te dije que me desagrada que mis amigos me digan "Srita. Swan"; Bella, por favor.

¿Cuatas veces se lo tenía que repetir? Yo no era una princesa para que me tuviesen que llamar con tanto respeto; y eso me hizo recordar que Embry era otro de los pocos quilauete que sabían hablar ingles. De repente eso hizo que me entrara la curiosidad.

-Jacob ¿A que han venido Embry, Sam y tú?

-Ya sabes que si Embry y yo venimos es como traductores –comento juguetonamente, pero podía sentir el orgullo detrás de sus palabras.

-Entonces, ¿a que ha venido Sam? -reformule mi pregunta.

-A pelear, ¿a que mas? –Comento Embry- esta de un humor de perros.

-¿A pelear? –mi voz sonó mas sobresaltada de lo que esperaba.

-No es lo que piensas –me aseveró Jacob- simplemente hemos venido a informarle al comisario Swan que ya no vendremos más al hospital comunitario de Forks.

-¡Pero eso es una soberbia tontería! -le asegure a Jacob- ¿Es que no se dan cuenta de que las medicinas son necesarias para cualquier persona, sea americano o quilauete? ¿Es que tú pueblo ya no esta de acuerdo con el tratado? –me asustaba el hecho de que otra vez hubiesen peleas sangrientas entre nuestro pueblo y el suyo.

Jacob sonrió para calmarme y puso sus manos sobre mis hombros.

-Esto no es culpa de tu pueblo –me aseguro con voz amable, pero radicalmente su semblante se volvió sombrío al segundo siguiente- es culpa de "ellos"

-¿Ellos? –pregunte confundida.

-Los Cullen –termino Embry con el perfil igualmente sombrío pero ahora señalando hacia la colina, mas alejado de los bordes del bosque, donde los rayos caían con un estrepitoso eco tardío.

Aunque me moría de ganas por preguntar "¿Qué era un Cullen?", preferí guardarme mis dudas para mi misma al ver el ceño tan pronunciadamente fruncido de mis dos amigos.

Pasos se escucharon a través del pasillo y en un instante mi padre, Sam, y otro chico Quilauete se econtraba saliendo de la comisaría.

-Isabella –exclamo al verme- que bueno es ver que has llegado con bien –comento con verdadero alivio en la voz.

Yo me incline un poco, a modo de saludo, como toda buena señorita.

-Es también muy bueno verle de nuevo padre -dije con toda la sinceridad que era capaz de transmitir en mis palabras.

Mis amigos del pueblo quilaute se comportaron como todos unos caballeros de la alta sociedad, en cuanto salió mi padre a despedir a Sam. No rezongue cuando se inclinaron y se despidieron de mi con las formalidades necesarias.

La mayoría de las personas de los pueblos nativo americanos se esforzaban por demostrar que no eran unos indios ignorantes, y solo querían mantener viva su cultura. Inclusive muchos habían optado por utilizar nombres americanos en presencia de ellos, como Sam o Jacob. Era obvio que estos no eran nombres nativos, pero

Aun así la mayoría de mis vecinos los miraban como bestias salvajes siempre que se aparecían por ahí.

Sam se despidió de mi con un gruñido desplaciente en cuanto me vio, e inclino la cabeza.

Mi padre discutió unos asuntos mas con algunos de sus subordinados, mientras yo examinaba distraídamente los alrededores.

Y entre el pequeño callejón que formaban la separación de dos casas, un brillo dorado llamo poderosamente mi atención.

Lo siguiente que vi no estoy segura de si fue una alucinación o un simple espejismo; pero creí ver que aquel brillo dorado pertenecía a un par de ojos; y que ese par de ojos, que refulgían como los de un gato, pertenecían a su vez a un hombre cubierto de negro; miraba en dirección del circulo de los hombres sin notarme, permitiéndome examinarlo mejor. Las sombras le escondían de la vista de cualquiera, pero su piel no se podía mimetizar con estas por la blanca luminosidad que despedía.

La visión apenas si duro un minuto antes de desaparecer en el aire, y de que yo me preguntase si había sido real o no lo que vi.

Desterré el pensamiento de mi mente, pero no el recuerdo, y lo deje de lado para examinarlo con mas calma después.

El viaje en el carruaje fue callado con mi padre; me pregunto como me había ido en mi viaje; y después de que el tema se hubo acabado empezamos a hablar del clima.

Las dos horas que hay de diferencia entre mi casa que colinda mas con los bosques y el pueblo me pareció mucho mas corta de lo que esperaba.

En cuanto vislumbre la casa suspire, mi padre lo tomo como un signo de cansancio y no dijo nada más; pero mi suspiró era mas una resignación a lo inevitable.

Bajamos del carruaje, primero mi padre, sosteniendo la sombrilla negra con una mano, mientras me ofrecía la otra para bajar al suelo lodoso. En cuanto saliese el sol tendría que lavar mis botas.

Mi tía y mi abuela me esperaban en la puerta. Dos personas más diferentes no podrían haber existido.

Tía Charlotte era delgada y larguirucha; tenía nariz aguileña, cabello caoba fuertemente recogido en un peinado hacia atrás y mirada severa; esta me asustaba de niña, y me seguiría asustando sino fuera porque descontrastaba en su totalidad con la mueca de asco que siempre portaba.

Mi abuela, también se llamaba Charlotte; ella era regordeta y bajita; sus facciones eran pálidas y su piel parecía casi a romperse. Tal vez me equivoque con lo de la apariencia, porque con el peinado tan recogido como el de mi tía en verdad las hacían parecer madre e hija. Su mirada era mucho mas penetrante, tenía un toque de sarcasmo y hastió, sin necesidad de mostrarlo en su rostro, como mi tía, era capaz de expresar el asco que sentía hacia el resto de los seres vivos.

Me estremecí. Su apariencia de anciana no me engañaba, sabia bien que ella seguía conservando tanta fuerza como en su juventud. Una cicatriz profunda que iba de mi espalda media a mi cadera daba evidencia de ello. Aunque por la vergüenza nunca la he mostrado a nadie.

-Bienvenida a casa –me dijo tía Charlotte forzando una sonrisa, que terminó volviéndose una mueca rara en sus delgados labios.

Viniendo de ella no me hubiese sorprendido que dijese "Bienvenida al infierno"; el mismo desaliento hubiese recorrido mi cuerpo.

-Muy buenas noches, señorita Charlotte –dije haciéndole una reverencia y después me gire hacia mi abuela- señora Charlotte –repetí el movimiento.

Ambas inclinaron la cabeza con alcurnia.

-Bien, madre, hermana, les dejo a Bella a su cuidado. Estoy seguro que tendrán muchas cosas de las cuales hablar

-Padre ¿Tan pronto se va? –intente esconder el pánico debajo de una fachada cordial. Falle rotundamente.

El me dedico una mirada condescendiente al notarlo y acaricio mi cabello.

-Lo siento, pequeña. Todavía tengo mucho trabajo que hacer en la comisaría.-algo cohibido beso con rapidez mi frente y con un gesto de la mano se despidió.

Entre en la casa. Estaba aun más fría que el gélido bosque. Lo primero que note fue que nada había cambiado ahí tampoco, pero eso no evito que me tropezara con la alfombra de oso. Solo el terrible gusto de mi abuela mantenía esa obra del barbarismo en medio de la sala.

-Buen señor, Isabella. Se nota que sigues siendo una torpe –comento despectiva mi tía, con su voz aguda.

-Lo lamento Señorita Charlotte –nunca me atrevería a decirle tía en publico o privado. De niña ya lo había hecho y eso me dejo un buen recordatorio de porque debería de evitar decirlo otra vez.

La Srita. Charlotte se paro junto a mi y con su mirada me traspaso y escrutinio de arriba abajo. Todo el tiempo mantuve la cabeza gacha.

-También sigues tan flacucha y fea como te recuerdo. No hay duda porque en dos años de tu estadía en Londres no pudiste conseguir esposo –Conseguir esposo era una de las razones por las que mi tía no puso tanta protesta cuando se dio la noticia de mi viaje a Londres.

A pesar de que mi familia había llevado por generaciones el noble oficio de mantener la paz en Forks, entre los recortes de presupuesto por la guerra civil, la enfermedad de mi abuelo, y los costosos caprichos de mi tía y de mi abuela; mi familia había caído hasta este punto en la ruina y la pobreza. Y la única que podía sacarlos de ese hoyo era yo. O al menos así era como me veía mi tía.

Probablemente tendré algo mal en la cabeza pero a diferencia de muchas de mis amigas, el matrimonio no era una prioridad para mí. A decir verdad, si por mi fuera yo preferiría nunca casarme. A lo largo de mi vida había visto las heridas que un matrimonio mal llevado podía ocasionar. Mis padres, ejemplo continuo. Nunca he sido adepta al dolor, así que si podía preferiría ahorrarme un corazón roto.

-Mírate nada mas –dijo en tono despectivo levantando mi cabeza con su abanico- estas paliducha, flaca y encima apestas. Debería darte vergüenza presentarte así en cualquier casa o en publico siquiera –se rió escondiendo su boca detrás de su abanico.

Yo agache mas la cabeza , dejando que un mechón de mi cabello cayera sobre mi rostro. Lo olí disimuladamente. Tenia la fragancia de fressias y flores de los nuevos jabones y artículos de belleza que me traje de Londres.

Oí una risa cortante como navajas detrás de mi.

-Vaya, Charlotte –dijo la seca voz de mi abuela- no sabia que te tenia que regalar un espejo a ti también. Si así es como tratas a la chiquilla por su aspecto no me puedo imaginar que te dirás a ti misma por el tuyo; creo que podrías ir empezando por tu enorme cara de caballo y luego seguimos con el resto de tu aspecto en general. Tal vez ahí encuentres la clave de tanto porque tu y porque la mocosa nunca encontraran esposo. –rió mezquinamente.

Los ojos de tía Charlotte parecían salir de sus orbitas y empezó a balbucear unas palabras incoherentes antes de darse media vuelta y subir por la escalera de roble; pero ya desde la parte alta y con los ojos chispeantes de rabia me miro como si yo hubiese sido la que le hizo la afrenta.

-¡Mañana quiero huevos de perdiz a primera hora! ¡Con sumo de naranja y con pan de centeno! –Tomando un respingo continuo- si me despiertas al menos un minuto antes o después de las nueve te aporreare hasta que quedes inconsciente. ¡Detesto las impertinencias!

Aun si hubiesen habido sirvientes por ahí, estaba segura de que era a mi a quien se dirigía. Con un suspiro mas de indignación se dio la vuelta y se retiro a su alcoba.

Mi abuela se quedo en la misma estancia que yo, viendo como el fuego débil crepitaba en la chimenea, mientras su risa mezquina se iba apagando.

Ambas nos quedamos en silencio por un largo rato, yo sabia que debía esperar hasta que ella me diese permiso de hablar o de irme. Agradecí que no me pidiese hablar, mis esperanzas se habían desvanecido por competo y mi animo estaba tan decaído que si sostenía una conversación con ella, esta solo seria a base de nerviosismos y balbuceos.

-La guerra nos ha golpeado fuerte –dijo después de un rato- tu padre ha invertido grandes cantidades de su propio dinero apoyando las campañas del estupido de Lincon. ¿Y para que? –rió con amargura- su gobierno solo trajo la desgracia a este país. ¿Esclavos y amos siendo iguales? ¡Que estupidez! Ahora gracias a la ruina a la que nos a empujado su estupida campaña, no tenemos para nuevos sirvientes. Y de los esclavos ni hablar...

En ese momento me volteo a ver, sus ojos parecían despedir un fuego mas intenso que el de la chimenea.

-Y como no das muestras de ser capaz de conseguir un buen esposo de ahora en mas las tareas de la casa se te serán encomendadas a ti. ¡No voy a permitir que el pueblos se entere de nuestra ruina! ¡Que deshonra! Mañana antes de las seis quiero todo sacudido, los pisos pulidos, y la ropa limpia. Pero sobre todo quiero para mañana a primera hora leña para el fuego, y mas te vale que este seca. De la comida no te deberás de preocupar, Anna todavía sigue con nosotros –me alegre un poco, Ana era una amable mujer de color que de pequeña había sido mi nana y con frecuencia me contaba cuentos de tierras lejanas y mas calidas- la pobre tonta no tiene dinero para regresar a sus benditas tierras, y de todas formas toda su familia ha muerto –me dolió escuchar eso, creí que al menos tenia un hijo en el sur. Y si era así lo mas probable es que muriese en medio de la guerra, después de que Lincon permitió a las personas de color, poder luchar también en el campo- Así que no se ha quejado del sueldo a base de techo y comida que le hemos dado.

Me sentí bastante aturdida. Ella me estaba pidiendo que limpiara una casa de dos pisos con seis habitaciones, que se llenaban cada cinco por seis minutos de polvo ¿Yo sola? Mire a mí alrededor y pro primera vez caí en cuenta del precario estado de la casa. Las ventanas se encontraban sucias y roídas; el piso cubierto por un capa gruesa de polvo; y el olor del ambiente era humedo y viejos... definitivamente todo el lugar era una pieza de trabajo para mas de medio día.

-Señora, yo... no puedo hacer tanto. Tal vez con mas tiempo...

Un golpe fuerte de un bastón contra el piso me hizo callar.

-Mañana vienen la anciana Newton y Yorkie. No pienso dejar que se vayan con la mas mínima idea de nuestro percance económico. Así que mañana antes de las seis tendrás todo listo, porque no estoy dispuesta a aceptar a una holgazana aquí. Si no te gusta te puedes largar y vivir en las calles de lo que puedas, y si no, te puedes quedar aquí a disfrutar con nosotras de nuestra infelicidad.

Mire al piso temblando y con las lagrimas a punto de salir; pero no eran de tristeza o de miedo, sino que de rabia. Me seria más fácil entenderlas si supiese porque deseaban tanto su propia infelicidad. Tomando un respiro intente utilizar un poco de la psicología de tía Maggy.

-Señora... –empecé con voz baja- ¿Por qué es así conmigo? ¿Qué motivos le he dado? Y si es su propia infelicidad lo que la motiva a ser y actuar de esta forma ¿Por qué lo hace? ¿Por qué no busca cumplir con sus propios deseos?

Ella me miro recelosa y al final sonrió, pero su sonrisa era maquiavélica y burlona.

-¿Quieres saber que es lo que deseo? Pues te lo diré: tengo deseos de tener la suficiente fuerza como para estrangularte y verte gemir o dar tu ultimo aliento; tengo deseos de golpearte en el rostro con el atizador hasta que no quede en el un centímetro de tu tersa piel blanca. Y lo que ahorita mas deseo es de que salgas de mi vista antes de que cumpla mis vaticinios ¡Y si tanto te molesta la carga de trabajo entonces te recomiendo que lo empieces ahora!

Tomo una bolsa de tela que estaba en el sillón junto a la chimenea, y me la aventó con brusquedad. Falle en atraparla y penosamente me incline a recogerla y ver en su interior. Dentro había un uniforme de color negro con delantales y decorados blancos.

-Para uso práctico utilizaras desde ahora un uniforme de sirvienta. No tengo deseos de que vayas por la casa haciendo quehaceres y por mala jugada del destino, algún visitante te encuentre y se de cuenta de nuestra situación. Y que dios se apiade de tu vida si encuentro que alguien se ha enterado de esto.

-Si señora, qui... quiero decir que no, nadie se enterara y de que si, haré lo que ustedes me ha encomendado.

Se giro sobre si misma, y me dejo sola en el salón con la mirada atónita y sorprendida, como nunca lo había estado. Creo que habría sido mas feliz de no saber sus verdaderos sentimientos hacia mi.

-¡E Isabella, recoge tus pertenencias del rellano a menos que quieras que las confunda y las tire a la basura!

Apabullada me dirigí al rellano. Los suaves pasos de abuela Charlotte no me avisaron de su partida, pero agradecí el no tener que verla mas.

No me sentí de ánimos para llamar a Anna, quien probablemente dormitaba a estas horas. Ya era una mujer bastante anciana de setenta años; yo podría arreglármelas sola con dos maletas de viaje ligeras.

Subí las escaleras y pase por el pasillo derecho que conectaba a tres de las seis habitaciones que había en la casa; pero la mía no se encontraba ahí. Llegue al final del pasillo y jale de un cordón de metal que caía desde el techo. Unas escaleras se abrieron paso a través de la trampilla que se abrió, y subí cuidando de no hacer mucho ruido.

El ático, que para todo caso era mi habitación, estaba tal y como lo había dejado la ultima vez. Una cama vieja me saludaba desde un rincón. Cajas llenas de fotos y antigüedades viejas estaban arrinconadas alrededor mió como mis compañeros. Y la ventana chirriaba por su vejez, siendo constantemente atosigada por el repiqueteo de la rama de un árbol cercano.

Durante los siguientes veinte minutos me dedique a acomodar la ropa en los cajones de una sencilla cómoda junto a mi cama. Deje que el sonido de la lluvia sobre mi me envolviera, e intente ignorar el fuerte olor a humedad en el cuarto en general y las goteras en varios puntos. Tendría que arreglarlas en otra ocasión.

Pero al final ya no pude posponer mas el momento de descansar si mañana quería tener las fuerzas suficientes para arreglar una casa completa antes de las seis de la tarde.

Aunque no lo desee los eventos del día me golpearon con la intensidad que me falto vivir en ellos. Empecé a llorar al recordar los tratos de mía abuela y mi tía. Hace mucho que como única muestra de orgullo me prometí a mi misma que no iba a llorar frente a ellas, y por eso mantuve mi mente alejada de cualquier emoción o pensamiento en su presencia, pero aquí entre estas paredes ya no me podía mentir, y la vergüenza y desolación estrujaron mi corazón sin miramientos.

Me sentía humillada y desamparada, pero no quería albergar sentimientos de odio contra ellas, y me preferí engañar a mi misma pensando que tal vez todo ese desprecio hacia mi tenia una explicación lógica en su pasado, y que ellas no estaban conscientes de reflejarlo de forma tan brutal en sus acciones. Quería creer que la amargura y soledad de esas dos mujeres habían convertido sus caracteres en algo más negro que el hollín, pero que, muy dentro de ellas había un rastro de bondad o afecto hacia mi.

A mi no me gustaba que me mintieran o mentir, aparte que era mala para ello; pero en este aspecto de mi vida, si la verdad era un peor que mi fugaz fantasía entonces prefería engañarme un rato mas a mi misma. Solo algo me asustaba más que el que el corazón de mis dos tutoras fuese totalmente malvado, y eso era el que yo me fuese a volver tan amargada como ellas. Y el odio era al primer paso para recorrer ese camino, a si que lo aleje de mi corazón con tanta fuerza como el cansancio me lo permitió.

No me molestaba ayudar en la casa o vestirme de sirvienta si eso fuese necesario; lo que hacia mis lagrimas confundir entre la tristeza y la cólera, era su desprecio a mi persona.

Me sentía sola, en un pueblo lleno de extraños que habían vivido a mi lado pero nunca me conocieron; y con un padre que raramente en quince años que viví aquí lo vi dormir en su misma habitación. Era verdad, mi padre no tenia ni la menor idea de cómo era yo tratada y las condiciones en las cuales viví, porque él ni siquiera vivía con nosotras. Manteniendo la paz en el pueblo pero dejando atrás un infierno en la suya. Esa era su labor diaria.

Llore hasta que mis parpados se cansaron de apretarse y mi cerebro me bendijo con la paz del sueño. Pero mi subconsciente tenía otros planes.

En algún momento de mi sueño, estuve conciente del repiqueteo de la ventana, y me despertaba para ver la ventana y romper yo misma la infernal rama. Pero al ver a la noche a través de ella me encontraba, con unos níveos dedos blancos que llamaban golpeando el vidrio, y un hermoso rostro perteneciente a un joven de cabellos cobrizos me sonreía. Por alguna razón en mi sueño no reconocía sus facciones pero recordaba el intenso color rojo sangre en sus ojos, cuando de repente este se turno de un dorado brillante, como los de un felino vigilante.

En mi sueño no controlaba por completo mis acciones, y mis pies se dirigieron corriendo hacia la ventana, para permitirle la entrada a aquel ser, pero cuando la abría no había nadie, y yo le gritaba a la nada para que volviera y me llevara lejos.

Dos años atrás aquella figura sin nombre me había salvado la vida en las calles londinenses. Solo esperaba que aquel hombre se mantuviera solo en mis sueños y no se trasladara a mis pensamientos concientes tal y como lo hizo los siguientes meses a lo sucedido, en el cual no pude dejar de pensar en él ni lo que era por un solo segundo, hasta que mi tía me hizo ver que nada podía ser real. Y yo misma por mi sanidad mental preferí dejarlo así.

Cuando me levante empapada de sudor a las cuatro de la mañana, supe que las pesadillas habían vuelto, y esta vez no sería tan fácil desterrarlas.

...

El segundo capitulo es bastante mas aburrido que el primero (lo se, no esta Edward... totalmente ¬w¬), pero este capitulo fue mas que nada una presentación de la vida de Bella, y una pequeña probadita de lo que sufrirá en siguientes capítulos.

Lo siento por las amantes de Jacob, pero el solo va a salir en este capitulo al menos por un bueeen rato.

Y para todos los que quieran ver a Edward... pues hay que esperar para el siguiente capi n.n

Continuación...

Capitulo 3

"Primer baile"

Entre las tribulaciones como sirvienta se entera que su llegada ha sido ampliamente esperada por la población masculina de Forks, y su tía ya tiene una lista entera de candidatos para ser su esposo.

Un baile se celebra en el pequeño pueblo, y pese a sus intentos Bella es obligada a ir. Pero lo que parecía una desgracia se vuelve en un nuevo motivo para seguir adelante... o mas bien una obsesión la cual perseguir, cuando reconoce en el baile el rostro familiar de cierto chico de cabello cobrizo que le salvo su vida.

...

Soy algo larga en mis capítulos y lenta para escribir así que creo que tardare alrededor de dos semanas o un poco menos en escribir cada uno. Espero que les este gustando y otra vez les agradezco los revis a todos n.n ¡Gracias!