¡Hola! aqui estoy... antes de tiempo.

No se acostumbren, no pienso adelantarme en capitulos muy seguido. Eso solo que ahorita tengo un poco de tiempo libre (es puente del 1 de mayo en México) y no se si en la sig semana estaré tan disponible incluso si para actualizar; además que quisiera balnacear esta historia con otro fic que tengo, apra así actualizarlos en diferentes semanas y no andar procupandome si por uno o por el otro, y tenerlos en cierto control.

Pero bueno ya has ido mucho desvario y en general me gustaría agradecer a todos los lectores que le han querido dar una vuelta a este fic y aquellos que me han dejado review. Como:

bellacullenss, The little Cullen, konii, veronica, buby, Hime-chan n n, Rochuz Prongs de Cullen, ediyu, Mary Cullen y mención aparte Renaissance Lady-K, porque me hizo dos buenas preguntas... que simplemente no puedod ejar de responderle a esta vieja amiga. Primera ¿Con quein me inspire para las Charlottes? Pues no te preocupes amiga, me inspire en la tia del Sr. Darcy de orgullo y prejuicio, nada que ver con la tia linda de tu historia (hasta después me di cuenta del nombre x.x sorry) Y la segunda pregunta y mas importante (redoble de tambores) ¿habrá lemmon?

Ahi solo respondere que puede... tal vez... si Dios quiere... si Edward se controla... si Bella ruega lo suficiente... probablemente... puede que si XD

Esta historia en algunos momentos será una adaptación de las tres novelas, pero en otros sera muy MUY diferente XD así que mantenganse en sintonia.

Y como ya tardo demasiado mi desvario pues les dejo la historia, no sin antes agradecerles de nuevo el apoyo a todos los que leen y alos que me dejan revi. ¡siempre me dejan una sonrisa en el rostro chicos! y yo solo aspiro a poder lograr lo mismo con ustedes.

Capitulo 3

"Primer baile"

El cielo de Forks se levantó encapotado como siempre lo había hecho antes de que yo llegara y como siempre lo haría aun después de que me fuera a la tumba.

Ignorando el entumecimiento de mi cuerpo y los calambres por el frío, me levante dispuesta a empezar los quehaceres de la casa. No quería probar la furia de mi par de carceleras.

Me vestí lo más rápido que pude con el sencillo traje de sirvienta color negro. En casa siempre utilice ropa ligera, y para las fiestas solía usar vestidos finos solo para ser presumida por mi abuela, que aumentaba características y cualidades que yo no tenía, como por ejemplo una voz privilegiada y un talento sublime para la pintura. Yo solo cantaba en el baño, y mis garabatos nada más yo los entendía.

Pero extrañamente me sentía cómoda en ese uniforme tan triste. Debía de ser porque se identificaba demasiado bien con mi estado de ánimo. Definitivamente eso era un mal signo, ya me estaba predisponiendo a la servidumbre.

Lo primero que hice fue ir a la casa de Harry, el leñador; yo nunca habría sido capaz de conseguir leña por mi misma. Ya me quería ver a mi misma tumbando un árbol de al menos cuatro metros de altura. Comparadas conmigo las hormigas eran sansón. Después de veinte minutos de regateo, quede en traerle el desayuno por una semana a cambio de que me proporcionara leña suficiente para este periodo de tiempo. Accedió al instante, comida gratis y bien preparada era un tesoro aun mayor que unas cuantas monedas para un hombre ermitaño como él; y como la mayoría sin ninguna cualidad para cocinar.

Seguido de eso, me regrese a la casa a preparar el desayuno a tía Charlotte, hasta que caí en la cuenta que no tenía huevos de perdiz. Apabullada como estaba con las prisas de la mañana no me detuve a pensar que salir al bosque e intentar conseguirlos por mi misma no era una de las mejores ideas que he tenido en mi vida.

Cuando por fin encontré un nido de perdiz, creo que aprendí una de las más importantes lecciones de mi vida. Nunca molestar a una madre en las mañanas.

Esos pequeños animalitos con sus ojillos negros de ave y sus cuerpos regordetes son la cosa más agresiva que he conocido. Me pico, casi me arranca un dedo y me correteo hasta la casa, feliz de humillarme por todas las veces en que caí al césped y me ensuciaba el vestido. Juro que cuando entre por la blanca puerta trasera de la cocina los graznidos del ave sonaban con risas burlonas a mis costillas.

Acalorada como estaba encontré en la cocina a Anna preparando ya el desayuno. Cuando me miro incrédula soltó un gritito de felicidad y se arrojo sobre mí para darme un fuerte abrazo.

-Niña, Bella. ¡Que gusto volver a verla! –exclamo con su anciana voz, y con la alegría pintada en su arrugada cara.

-También me da mucho gusto volver a verte, Anna. Te he extrañado mucho –lo cual era totalmente cierto, y me afiance más en el abrazo.

-Pero niña, ¿Qué le ha pasado? Se le ve toda colorada y asustada ¿Y…? ¿Y esas ropas? ¿Cómo...?

-Dios misericordioso, ¿Srita. Bella? –le interrumpió a Anna una tercera voz. Levantando mi cabeza me encontré con la mirada sorprendida de otra chica con un vestido de sirvienta idéntico al mió.

-Hola, Ángela –le conteste segura de que mi sonrojo había crecido más al saber la razón de su expresión asombrada.

Ángela y yo nos conocíamos desde hace años; ella ayudaba a su madre cuando trabajaban en la casa. Pero como la mayoría de los sirvientes no aguantaron los tratos caprichosos y tiránicos de mis tutoras.

Aun así Ángela y yo nos mantuvimos siempre en constante contacto como amigas. Nunca me importo las diferencias de clases sociales.

Después del asombro primero, lo sustituyo la reprobación.

-No puedo crear que hayan llegado hasta este extremo.

-La verdad es que ese extremo ya lo cruzaron hace mucho –dije señalando mi delantal blanco- esto solo lo hace oficial.

Las tres no reímos y empezamos a platicar animadamente en lo que había pasado en los últimos dos años de mi ausencia, mientras mi antigua nana preparaba el desayuno.

Me entere de que siendo que Anna es tan vieja y delicada de la salud, muy pocas veces salía a la fría interpedie, entonces Ángela amablemente se ofrecía a hacer las compras, y conociendo, después de los años, los gustos extravagantes de mis parientas, ya sabía que los martes mi tía gustaba de desayuno huevos de perdiz, por lo cual traía unos cuantos en su canasta.

Desee golpear mi frente contra el muro de la cocina. Cuando Ángela me ofreció uno extra para mi propio desayuno, me negué a aceptarlo con amabilidad. Oficial era que yo odiaba la perdiz.

-Aun así no puedo creer que siga recibiendo este trato ¡Su padre debería de saberlo! –Ángela me aseguro de forma apremiante, lo cual era inusual en ella ya que era una persona muy tímida y callada que la mayoría del tiempo guardaba sus pensamientos.

-No me creería... –le explique, mi insulsa excusa- las Charlotte son muy astutas, encontrarían la forma de voltear las cosas como siempre lo han hecho –suspire resignada.

-¿Y los golpes? -pregunto con aun más indignación.

Menee la cabeza mientras tomaba un café caliente que me acababa de dejar a mi lado Anna. Sabia fuerte y un poco rancio, pero si no me había acabado de despertar antes, ahora si lo había logrado.

-Ese par terminarían alegando que se debe a mi torpeza. No es un secreto mi habilidad para lograr caerme aun en un piso totalmente firme. Además todavía no me han hecho nada.

Ángela volvió a suspirar.

-Pero lo harán ¿lo sabes, no? –me aseguro resignada.

-Soy mas fuerte de lo que parezco, un par de golpes de unas viejas ancianas no me harán daño –le intente asegurar haciéndome la fuerte.

-Usted no se merece este tipo de trato Srita. Bella. Es una persona excepcional –me aseguro con su voz tan calmada y sincera que me hizo sonrojar.

Ahora yo fui la que suspire.

-Yo soy exactamente como los demás –le asegure.

-Usted me enseño a leer.

No podía creer que todavía me diera crédito por eso. A mi simplemente no me costaba nada enseñarle las clases que me ofrecían en la escuela y con la tutora; y aparte disfrutaba de tener una compañera con la cual compartir las lecturas que más me gustaban y hablar de ellas.

-Eso no me hace excepcional.

-Claro que sí. Y ya va siendo tiempo de que se sienta tan poca cosa. Si supiera que todos los chicos del pueblo la han estado esperando.

Esto me asombro por dos motivos. Primero porque Ángela estaba ofreciéndome un cotilleo y segundo por la noticia de saberme esperada por la población joven masculina de Forks.

Algo en mi expresión hizo que ella también se sintiese avergonzada y un sutil rubor tiñó también sus mejillas.

-No es que me quiera entrometer, pero como la conozco sería mejor ponerla sobre aviso de que pede que el día de hoy reciba más de una proposición de matrimonio en el baile por el cumpleaños de la Sra. Yorkie.

No, no y no. ¿Por qué esto me tenía que pasar a mí? ¿Por qué cuando apenas llevaba un día de regreso?

¿Dijo "baile" y "cumpleaños"? Los bailes y yo nunca se mezclaban a menos que fuerna seguidos por la palabra "humillación". No creo necesitar explicar mis magnificas habilidades como bailarina, a menos que venga el caso dar una catedra de las mil y una formas de caer en una pista de baile y ahcer que todos lo noten.

-Espera un segundo ¿Cumpleaños de quien? –retrocedí en mi pregunta.

-De la Sra. Yorkie –repitió.

Ahora que recordaba mi abuela tenía una cita para la merienda esta tarde con ella.

-Ella va a venir a la casa.

-Probablemente sea para dejar que terminen todos los menesteres en su casa.

-Oh, Dios, Ángela. No puedo ir a esa fiesta. ¡Y menos si me piensan pedir matrimonio! –Deje que la paranoia se apoderara de mi- ¿Quiénes piensan pedirme matrimonio?

-Pues… –pensó con los dedos- esta él Srito. Newton, quien prácticamente anda alegando que usted es ya su prometida; luego el Srito. Yorkie; el Srito. Crowley; y puede que el Srito Benjamín también… -comento el ultimo hombre con pesar.

Ángela siempre había estado enamorada de Benjamín el señor de su casa desde que se fue a trabajar a su casa. Por un minuto me olvide de mi histeria y le coloque una mano en el hombro.

-Dudo mucho que el Srito. Benjamín tenga algún interés en mi; nunca me ha demostrado ningún tipo de afecto fuera de la cordialidad de vecinos.

Ángela me dedico una tímida sonrisa.

-Además para el caso no entiendo porque podrían tener algún interés en mí. ¡¿No me he visto en dos años con ninguno de ellos?! ¡Nos conocemos desde niños! No hay forma de que de un día para otro se den cuenta que estan enamorados de mi.

Ángela se rió por lo bajo al escuchar mi delirio.

-¿Es que nunca lo ha notado, Srita. Bella? -pregunto incredula.

-¿Notar el que?

-Todos ellos han estado enamorados de usted desde niños.

-¡¿Qué?! –la información resulto mas quitadora de aliento de lo que esperaba-¡Pero si debo ser la chica menos agraciada de Forks! ¡Jessica y Lauren me ganan por mucho en belleza!

-Eso no es cierto –Me retruco Ángela y rodé mis ojos- y aun si lo fuese. Ellas son las chicas más malvadas y superfluas que hayan pisado Forks. Y el resto de las chicas que hay, son igual de simples y enajenadas. Usted, Srita. Bella es amable, bella, graciosa e inteligente. ¡Cualquier hombre cae rendido ante esas cualidades! Aunque hoy no es uno de sus mejore días… -añadió en un susurro viendo las cicatrices en mis manos y la suciedad en mi vestido.

Suspire.

-Si tuviese esas cualidades, y no digo que las tenga, quedan totalmente eclipsadas ante mi soberana torpeza, piel albina y cuerpo de espárrago.

Ángela puso los ojos en blanco, pero le tome el rostro y la obligue a verme a los ojos.

-Ángela, eres mi amiga no mi sirvienta. Así que déjame de tratar como si fueses mi dama de compañía.

Ángel suspiro y zanjo el asunto. Era una chica sensata que sabia cuando no empujar demasiado.

El desayuno estuvo listo y con el mi tortura estuvo servida.

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Tía Charlotte dormía con su mascara para los ojos y su crema para "rejuvenecer" en el rostro; mientras sus cabellos estaban retorcidos en los tubos café de su cabeza. Intenté aguantarme mi risa ante la imagen de "su sueño embellecedor". Una vez se me salió una risita que la despertó y… pues, solo diré que no pude caminar por tres días.

Con mucho cuidado y silencio abrí las cortinas de su ventana; y ella se removió ligeramente ante la luz, como un murciélago.

Con mucho cuidado coloque la bandeja en su mesita de lado y muy despacio le susurre al oído.

-Srita. Charlotte, ya es de día –no pareció ni percatarse de mi presencia.

Rodé los ojos asiendo lo que venia.

-Su sublime belleza, Charlotte Swan. Ya él día ha venido a recibirla –dije con voz empalagosa, resistiendo la urgencia de reírme.

Una sonrisa recorrió sus labios y se levanto con tanta rapidez que me hubiese roto la nariz por la proximidad que teníamos, sino fuera porque me moví antes de que ella se irguiera. Tantos años de conocerla me habían enseñado ciertos trucos.

Se desperezo a sus anchas, mientras yo la esperaba pacientemente desde una de las esquinas.

Por fin se quito la mascara de sus ojos, y recorrió con sus oscuros y castaños ojos la habitación. Igual hubiese sido ver a alguien acabado de salir de un pantano que a ella con su cara de caballo y piel verde pintarrajeada por su crema. Después de recorrerla por segunda vez, pareció percatarse de mi presencia.

-¿Qué sigues haciendo aquí? –pregunto con tal disgusto que parecía que yo fuese la salida de un pantano.

-Le he traído su desayuno, Srita. Charlotte –aclare con voz fría, lo cual pareció disgustarle aun más; pero si iba a ser blanco de estas humillaciones, al menos no pensaba ponerme sumisa como antes. Si no les gustaba ¡Pues que me golpearan! Ya me vería muy linda en medio de sus mugrosas fiestas con un ojo morado. Y si me acusaban de mentirosa ¡Pues que también lo hicieran! Haber cuantas "futuras suegras" podría hacer escapar con mi personalidad "taimada".

Mientras le colocaba una servilleta en su regazo (la mujer era incapaz de comer sin ensuciarse), me recordé lo de la fiesta de la Sra. Yorkie.

-Señora… -empecé; pero cuando me hecho una mirada de muerte comprendí mi error; quiero decir, señorita… yo…

-Escúpelo mocosa.

-Bueno, lo que sucede es que esta noche parece haber un baile por la fiesta de la Sra. Yorkie y yo…

-¿Quieres asistir? –me pregunto de forma brusca.

-Bueno… la verdad…

-Si fuese por mi te diría que no puedes ir a menos que hayas acabado con todos tus deberes…

Mi rostro se ilumino al oír eso, por un momento vi una escapatoria a una humillación pública.

-…pero no esta en mis manos, decidir eso. Además tienes una larga lista de admiradores que no podemos desperdiciar -dijo con regocijo al notar mi espanto y sacando una hoja de papel de debajo de su cómoda- será mejor que demuestres que sirves para algo y esta noche, espero oír mas de tres proposiciones de matrimonio para poder cotejar la herencia de cada uno de esos chicos. ¡Ah! Y no quiero que hagas el feo si el magistrado Winckles te llegase a pedir tu mano ¿te imaginas –ciertamente, por eso me estaba poniendo verde- ahora retirado goza de una cuantiosa fortuna que podríamos utilizar para….

La deje desvariar mientras hacia mi mejor esfuerzo para no desmayarme.

-Hey mocosa –me llamo picándome con fuerza con el tenedor en mi cadera- no me importa lo que hagas este día pero más te vale no llegar con ningún morete al baile. Tienes suerte hoy me restringiré lo mas posible para no golpearte o darte una bofetada cada vez que haces alguna de tus estupideces –me tomo del cuello de mi camisa, hasta acercarme a su alargado rostro, y con su aliento de huevos me susurro- Así que te lo diré una vez. No me impacientes mocosa, cualquier cosa que ocurra será tu culpa. Así que no lo hagas.

Asentí mareada con la cabeza y con el más profundo deseo de salir de ahí lo más pronto posible.

Por fin me soltó y me excuso, me dirigí tambaleándome hacia el rellano donde mi abuela me esperaba lista para avisarme cuales eran mis labores principales.

Primer día en el infierno y ya prefería el purgatorio.

Toda la tarde me estuvo siguiendo quejándose de que no hacia las cosas bien; que dejaba manchas por aquí y por allá; que no sacudía bien los cojines; que el piso estaba lleno de suciedad, o que no brillaba lo suficiente; que la ropa no estaba lo suficientemente blanco. En fin, me hizo repetir las cosas más de tres veces.

Me sorprendió mucho que para las seis ya casi todo estuviese listo. Probablemente si se debió al escrutinio de abuela Charlotte quien no me dejo descansar ni siquiera para tomar agua.

Para cuando llegaron sus amigas, yo me escondí gustosa de no ser vista por nadie. Solo deseaba descansar; y me preguntaba seriamente como demonios iba a lograr bailar esta misma noche. La posibilidad de torcerme el tobillo a propósito se me estaba haciendo muy tentadora.

Pero preferí (como siempre) no tentar mi suerte y me quede descansando ahí en la cocina, mientras Anna revoloteaba de un lado a otro preparando la merienda.

Al final no pude resistir los grandes esfuerzos que hacia para transportar las cacerolas y demás alimentos pesados, y termine ayudándola. Preparamos un estofado con vino rancio para mi abuela. Mientras que nosotras dos nos bastamos con un par de filetes asados con papas.

Estar en la cocina se me daba bien, era uno de mis otros pocos talentos. Totalmente inservible en alta sociedad. Una señora que cocinaba su propia comida era una deshonra para el hombre de la casa.

Definitivamente yo nací con una inclinación mayor a la servidumbre. Y el saberlo me molestaba y al mismo tiempo me tranquilizaba.

Me molestaba porque significaba, que no tenía ninguna aspiración en la vida; lo cual era cierto. Y me tranquilizaba porque aspirar a una vida como sirvienta era aspirar a una vida pacifica y sin conflictos. Quitando de lado los amos que te pudiesen tocar.

Todo lo que yo anhelaba en la vida era tener una pequeña casa con aun gran biblioteca en la cual me pudiese perder sin preocuparme por normas, reglas sociales, o esposos. Me quería congregar a mi misma a una tranquila vida de celibatismo. Lo cual era visiblemente imposible.

Sería un milagro que hoy no saliese comprometida.

Y estaba dispuesta a convertirme en una santa, si era capaz de obrarlo.

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La fiesta, como la mayoría de ellas, era pomposa y extravagante hecha con el único fin de pavonear lo que se tenia o no frente al resto de los invitados.

Los Yorkie eran una familia de doctores que llevaban en Forks desde su colonización. Por lo cual habían logrado hacerse de una buena fortuna. O al menos respetable; pero con la afición de toda buena dama de sociedad americana, que aunque dice odiar a las inglesas, siempre las busca copiar; la Sra. Yorkie gasto un dineral para pavonearse frente al resto de sus amistades.

Abuela Charlotte estaba que hervía de ira, y mi tía dándose cuenta del peligro busco alejarse lo mas pronto posible de su "zona de furia", arrastrándome con ella.

Yo estaba ansiosa y asustada, volteando paranoica a cada momento para correr al primer indicio de ver a Eric Yorkie o Michael Newton. Mientras que mi tía estaba ansiosa por buscar que hiciera lo contrario.

Mi oportunidad de escapar de sus avizores ojos llego cuando el viudo doctor Yorkie llego para platicar animadamente con mi tía. Ella como usualmente hacia frente a cualquier ser que fuese un macho se puso a coquetear con él. Tuve deseos de decirle que si no había logado resultado alguno en su juventud menos lo lograría ahora que estaba seca y amarga.

Corrí entre los invitados lo más rápido que pude, escapando de la grotesca escena.

En mi camino me encontré con Jessica y Lauren. Mi gozo a un pozo.

Si la teoría de Ángela era cierta y tenía a la mayoría de los hombres menores de diecinueve o dieciocho años embobados conmigo entonces eso explicaba el porque de la frialdad y altanería con la que me trataban esas dos chicas.

-¡Isabella, que gusto! –exclamo Jessica con un entusiasmo fingido que no sabia si tomar con temor o sorpresa.

-Srita. Jessica… -murmure inclinandome- Srita. Lauren… -me incline hacia la otra que me saludo con un seco "buenas noches".

-¡Cuánto tiempo! -volvio a exclamar Jessica.

-Si, mucho –intente sonar lo mas cordial, y puse la cara mas inocente que tenía.

Jessica fue la que mas hablo en todo ese periodo de tiempo, mientras Lauren se mantenía callada e ignorando mi presencia; mientras yo asentía e intentaba figurarme el porque de su repentina socialidad conmigo.

Después de un rato la verdad salio a la luz. Los chicos en la lista de candidatos vinieron como abejas atraídos por la miel hacia donde yo estaba junto con las chicas. Era un señuelo.

Enojada intente ignorar las atenciones de los hombres, y pensar que era cosa mia veer en cualquiera de sus oraciones o atenciones hacia mi que se esmeraban de la forma mas obvia para llamar mi atención; al mismo tiempo que hacia como que no oía el rechinar de los dientes de Lauren. Pero eso era imposible.

Y el notar que se ponian verdes de envidia fue aun mas acusado cuando Lauren por fin soltó su ponzoña sobre mi como un alacrán al cual se le ha colmado la paciencia y a decidido atacar.

-Bueno Isabella –dijo con su voz femenina- para haber pasado tanto tiempo en Londres no pareces haber adquirido muchos de los refinamientos y costumbres de esos lugares. O al menos un esposo…

Estaba pensando en algún sarcasmo con el cual contraatacar, cuando Michael, mi fiel enamorado goleen retriever, Newton salio a mi defensa como buen perro de caza.

-Pues yo me alegro que no haya adquirido ninguna de las costumbres de esos estirados ¿Puedes imaginarte a nuestra querida amiga comportándose como una de esos snobs que intentaron quitarnos nuestra tierra?

Y otra vez venía el asunto de la tierra ¿Es que era lo único que a los hombres les importaba?

-A mi lo que me alegra –empezó Tyles acercándose demasiado a mí. Y me refiero a demasiado- es que no se haya casado con nadie más.

Si los dientes de Lauren antes rechinaban ahora estaba segura que se romperían. Tyler no pareció anotarlo, pero tampoco pareció notar las miradas asesinas de Michael ni tampoco de Eric que se mantenía bastante callado y concentrado pensando con fuerza mientras de ve z en cuando me dirigía una mirada llena de añoranza hacia mí.

Escape inmediatamente al lado de Jessica quien soltó una risita, bastante divertida de ver las pocas situaciones en las cuales Lauren se veía humillada. Yo por mi lado solo esperaba salir viva y soltera de esta, entre un par de chicas celosas, y unos chicos dispuestos a llevarse mi mano o cualquier parte de mi cuerpo que pudiesen tomar.

Y ahí estaba intentando encontrar una forma realista para escaparme cuando los vi por primera vez.

Eran las cinco personas más pálidas que nunca hubiese visto. Mas pálidas que yo, y eso que era albina.

Sus rasgos eran finos y delicados, cual pintados por algún artista como Da Vinci o esculpidos por Miguel Ángel.

Era difícil saber quien era mas hermoso; estaba la chica rubia y alta, que parecía salida de la realeza parisina; o el alto e intimidante rubio que tenia de su brazo colgado a una feliz joven de cabello corto y negro como el azabache, adornado con flores de color rojo que combinaban con su vestido de fiesta. También los otros dos eran muy bellos aunque no les podía ver bien porque estaban de espaldas, uno tenía cabello cobrizo y complexión desgarbada en comparación con el alto fornido de rizos negros.

Todos ellos estaban callados y miraban en distintas direcciones; pero parecían comunicarse entre ellos aun cuando sus bocas no se movían. Era fácil ver que dos de ellos eran parejas, por al forma en la que la rubia se encontraba tomada del brazo del fornido y dedicaba miradas como dagas cortantes a cualquier chica que se atreviese a verlo. Y por otro lado estaba el rubio alto y la pequeña delgada, con rostro de hada de cuentos, que bailoteaba feliz en su brazo. Él único que parecía estar solo era el de pelo cobrizo claro. Por alguna razón me dio una cierta satisfacción eso; me sorprendió mi reacción, y mas el hecho de que me resultase un poco familiar.

Decidí aclararme de dudas y me acerque con cautela a Jessica.

-¿Quiénes son esos? –Le pregunte señalando con la cabeza- nunca los había vito antes.

Siguiendo la línea de mi mirada los vio de refilón y después aparto la vista con una risita.

-Son los Cullen. Ellos son extranjeros. Vinieron de Londres o de algún lugar de por allá hacia dos meses. Todos so hijos del matrimonio Cullen –me comunico señalando con la cabeza a una pareja joven de al menos treinta años o menos que hablaba animadamente con mi padre; para mi sorpresa. No había duda de que eran unos Cullen porque su belleza resaltaba como la de sus hijos. El hombre rubio y hermoso como el dios del sol Apolo y la mujer pequeña pero con rasgos delicados y etéreos, como una ninfa.

-¡Pero son demasiado jóvenes! ¡Esos no pueden ser sus hijos!

-Pues claro que no, si todos son adoptados. Excepto los Hale que son sobrinos gemelos e la Sra. Cullen

Los mire de nuevo, eran hermosos pero parecían como inmersos en una burbuja porque nadie se acercaba a ellos hasta cierta area. Sentí compasión y alivio. Compasión porque eran extranjeros y nadie les admitía o se sentían excluidos igual que yo; y alivio porque comparada con ellos, yo debía de ser menos interesante para el pueblo, así que los cotilleos sobre mi no durarian mucho. Hubiese deseado hacer algo por ellos, aunque igual por las miradas altivas de los rubios me pregunte si no era más probable que prefiriesen mantenerse en su voluntario exilio.

-El matrimonio Cullen debe ser muy bueno para haber adoptado tantos chicos –acepte sincera.

-Si, bueno. Eso dicen… -se acerco más a mi oído- pero también dicen que la Sra. Cullen no puede tener hijos así que… -se encogió de hombros para dejar el resto de la frase a mi imaginación.

Realmente no me importaban demasiado las causas o la forma de vida de los Cullen ya que tenia asuntos mas importantes por los cuales velar; como por ejemplo mi sorprende y sigilosa escapada que debía de hacer debajo de la inquietante mirada vigilante de tres jóvenes con un claro interés en mi.

Extrañamente la suerte estuvo de mi lado otra vez, y un atribulado sirviente pasó a mi lado con una bandeja de comida. No tenia que simular demasiado una caída, y el choque fue inevitable; lamentablemente aunque algunos bocadillos cayeron, ninguno ensucio mi vestido; pero la distracción estaba hecha y excusándome a causa de una inexistente mancha en mi vestido, me fui corriendo hacia el otro lado del salón.

Pronto encontré un buen escondite en una pequeña salita de descanso, hecha para que los invitados pudiesen sentarse un rato y hablar en privado. Era nada más un pequeño espacio de salón con dos sofás tapizados de terciopelo rojo, escondidos detrás de unas cortinas del mismo color y unos jarrones con plantas de ornamento.

Acto seguido recorrí las cortinas para mantenerme fuera del ojo público, mientras me dedicaba a espiar que no se me acercasen mis admiradores.

Aunque no mentiré al decir que de vez en cuando mi vista se regresaba a los Cullen y su inhumana belleza. El joven de cabello castaño era el único que seguía a espaldas mías, y a tanta distancia no podía vislumbrar ningún rasgo significativo de él, aunque me pareciese extrañamente familiar. Pero no le di muchas vueltas al asunto, y en cambio me dedique a seguir observando con interés lo que el resto de los Culllen hacían. Ninguno parecía hablar y aun así de vez en cuando uno que otro soltaba una carcajada o una risita risueña, hasta que la más pequeña de los Cullen, la que tenía apariencia de hada, camino con un trote de caballo desbocado, aunque con la gracia de una bailarina; lo que me sorprendió y fascino.

Otros diez minutos mas tarde, y observando que los Cullen seguían altivos y sin tener platica con nadie, decidí tornar mi intención a aguzar la vista antes de que me encontrasen Mike o Eric y salir corriendo lo mas rápido que podía de ah. Si alguno de ellos me proponía matrimonio esa noche estaba segura de que no podría rechazarlo, porque o sino me descuartizarían viva.

Resguardada detrás de un jarrón y concentrada, como estaba en mi tarea no vi cuando alguien se acerco a mi por detrás.

-¿Qué haces? ¿Es esto un juego de los alrededores? –pregunto una voz cantarina.

Con demasiada prisa me di la vuelta para encontrarme con la Cullen de cabello negro.

-Esto… yo… -mi mente estaba embotada en la sorpresa, y en el extraño embrujo aturdidor que tenían sus ojos color topacio.

Ella me observaba sonriente sin inmutarse por mis problemas para responderle, esperando paciente a que me decidiese a hablar, como si fuese algo que le pasa todos los días, y que ha preferido ignorar.

Algo capto su atención detrás de mí y vi con espanto como Mike se estaba acercando a donde yo estaba. Mis ojos se abrieron con horror.

La joven delante mío pareció notar el horror y después echándole una miradita de nuevo a Mike, soltó una pequeña risita y me tomo con una rapidez increíble del brazo para adentrarme mas dentro de la salita y sentarme en un sofá; después tomo las cortinas con sus diminutas manos y las cerro por completo, mientras se reía con mas ganas.

-Así que te estas escapando de tus admiradores –me acuso con una risita sin preguntar.

Yo asentí sonrojada y mareada.

-Gracias –fue todo lo que acerté a decir.

-Viendo que el joven Newton te perseguía con tanta insistencia me atreveré a pensar que tú debes ser Isabella Swan.

Mis ojos se abrieron con mas sorpresa, pero después los remplazo el embarazamiento. Si hasta los reservados Cullen sabían quien era yo, entonces eso significaba que definitivamente era el nuevo cotilleo del pueblo.

Ella rio con mas ganas al ver como escondía mi cara entre mis manos y asentía; su risa era pura música.

-No te pongas así. Todo el pueblo sabía que ibas a venir. Parece que como nunca tienen mucho que hacer, platican de lo que sea –intento suavizar su primera oración con la segunda. Acto seguido vi una blanca mano aparecerse frente a mi rostro.

-Lo siento he sido descortés, mi nombre es Alice Cullen; aunque tu también debes saberlo ya; hasta hace dos meses nosotros éramos la nueva novedad del pueblo.

Le sonreí agradecida por su solidaridad y desde ese mismo instante me sentí en sintonía con la joven. Me agradaba.

Tome su mano en señal de aceptación mientras le indicaba el asiento de junto.

-Si quieres puedes llamarme Bella; a decir verdad prefiero que me llamen así. Isabella es tan formal.

Ella rio de nuevo. Su energía parecía nunca agotarse.

-Todos parecen tan formales aquí.

-Aburridos querrás decir. Tu y tus parientes no parecían muy entretenidos. –Le comente señalando con la cabeza hacia fuera- No los culpo, contar granos de arena a de ser mas divertido que asistir a una fiesta de "sociedad" en Forks.

Eso saco otra risotada de su parte.

-Bueno… realmente no hay mucho que hacer aquí. Quiero decir, los bailes son bastante aburridos y anticuados. Y parece que la mayoría de la gente no encuentra mejor diversión que hablar a las espaldas de otros o sobre los chismes de menor interés. Ademas de que si me preguntas a mi la decoración del salón deja mucho que desear –acepto, feliz de no tener que utilizar la fachada de Srita. Recatada frente a mí- La verdad es que las fiestas son mucha mas divertidas en Francia.

-¿Has estado en Francia? –pregunte interesada. Siempre disfrutaba oír a la gente hablar de otros lugares o países.

-Si, tienen parques muy hermosos. Aunque lo malo es que no tienen mucha agua. Y el país esta un poco mal por lo que paso con Napoleón –acepto todavía con su gran sonrisa feliz de divertirme.

-Entonces ustedes vienen de Francia –asegure en vez de preguntar.

-No. Nosotros venimos de Londres.

-¡Que curioso! Yo también acabo de llegar de ahí.

-¿Eres de Londres?

-No, solo fui a cuidar a una tía enferma; pero ella acaba de morir.

-cuanto lo siento –me dijo con sincero pesar.

-Este bien. Supongo que la vida continua –suspire- yo nací y crecí aquí. ¿Tu si eres de Londres?

-Si.

-No pareces, no tienes el acento de allá.

Ella rio.

-Es porque es mas fácil encajar en un nuevo lugar si adoptas el asentó de ahí –me dijo utilizando en burla su acento ingles, aunque su voz sonaba igual que el repiqueteo de unas campanillas.

Quince minutos después de platicar con Alice me sentí como si nos conociésemos desde hace tanto tiempo como conozco a Ángela.

¿Cómo era que los habitantes de Forks pudiesen sentirse tan intimidados por ella? No me lo podía responder; pero estaba segura que se perdían de la oportunidad de conocer a una persona maravillosa.

Prácticamente nos la pasamos hablando de Londres y de mi tiempo allá, de cómo había estado mi tía y cosas por el estilo. Hasta que llego el momento de que ella hablara de su familia. De forma muy general me entere que Emett, el joven grande y robusto estaba casado con Rosalía, la chica rubia que lo sostenía posesivamente de su brazo. Y que a su vez Alice estaba casada con Jasper, el gemelo de Rosalie.

Eso me sorprendió.

-Eres muy joven –fue lo único que pude decir, pero al parecer esto le ocasiono mas risa a ella.

-Quien sabe, puede ser… pero cuando te enamoras y llega el punto que conoces a una persona en la cual no puedes dejar de pensar ni un solo minuto entonces no te queda de otra. ¿Nunca te ha pasado, Bella?

Iba a decir al momento que no, pero después recordé una etapa en la cual no pude dejar de pensar en una persona.

-Una vez… aunque no creo que fuese amor –era difícil describir la angustia y la desolación que me invadieron aquellos meses sin que supiese nada de un misterioso hombre que conocí en Londres- Simplemente…

-¿Simplemente?

-No podía dejar de pensar en el. Aunque ní siquiera supe su nombre -era la forma más fácil de decribirlo.

-¿Y querías verlo de nuevo? –me insto.

-Si. Pero elnunca sucedió–suspire, apesumbrada.

Alice sintiendo mi humor, quiso cambiar de tema.

-Oye te gustaría conocer a mi familia. Creo que hoy están de buen humor, y mama y papa se enojaran si no socializamos al menos con una persona en todo el pueblo.

¿Yo? ¿conocer a aquellos chicos con aspecto de Dios? ¿Yo, la simple y aburrida Bella?

-No lo se, Alice. ¿Realmente será buena idea? Yo no les veía tan animados.

-¡No te preocupes, Bella! – y tomándome del brazo me arrastro hasta donde estaba la extraña burbuja creada por los Cullen, todos de espalda y volteando hacia la nada.

Suspire apesumbrada y nerviosa, por alguna razón sentía que aunque me hubiese negado, poco habría logrado contra el carácter persuasivo de Alice Cullen. Bien, me tenía que calmar; solo eran unos chicos como cualesquiera otros; aunque con una apariencia exuberantemente hermosa. Pero nadie me iba a morder.

Mientras nos íbamos acercando, pude escuchar retazos de su conversación.

-¡Hey Ed! ¿Por qué no sacas a bailar a alguna de estas chicas? –Pregunto el más fornido, Emmet.

Escuche que el aludido soltaba un bufido molesto. Probablemente le desagrado la pregunta o el hecho de que le pusiera de sobrenombre "Ed". Él debía ser el reservado Edward Cullen, del que me hablo Alice.

-No tengo deseos de sacar a ninguna de las jóvenes de aquí –de espaldas extrañamente vi como la piel de sus mejillas se estiraba, como si estuviese sonriendo- todas son unas vanidosas que creen que los hombres las miran mas, de lo que ellas mismas se ven en el espejo. ¿Bailar con semejantes pueblerinas? ¡No gracias! Mejor ambas partes nos ahorramos el sufrimiento

El comentario pareció hacer reír mucho a los gemelos Hale, mientras que Emmet estallaba en su lugar. Yo no entendí la última parte.

"Pero que estirado". Pensé para mi misma. Y es que ¿Cómo se atrevía a juzgar a las personas si se notaba que el no se dignaba a hablar con nadie igual que el resto de su familia? Exceptuando a Alice. Repentinamente ya no tuve deseos de conocerlos, ni de alabarlos. Y a cada paso me sentía más y más insegura.

Alice gruño, mientras peleábamos por hacernos paso entre la multitud; pero supuse que su gruñido se debía al comentario de su hermano. Puede ser que el joven Cullen tuviese razón, y la mayoría de las jóvenes que estuviesen aquí fuesen unas completas perdidas que solo veían razón en su vida el día que se casaran; ¡pero eso no le daba motivo para hablar de forma tan orgullosa y altiva!

No sabía porque de repente me sentía tan desilusionada.

Iba caminando tan deprisa e intentando seguir el ritmo de los pasos gráciles de Alice que no me fije en el largo de mi vestido de fiesta y me termine tropezando yendo a dar directamente contra la espalda del joven de cabellos castaño, que ya no se encontraba ni a medio metro de distancia.

-¡Lo siento! –me disculpe.

-No hay problema… -le escuche decir todavía de espalda mientras se volteaba con lentitud.

Por alguna razón sentí que el tiempo que se tardaba en voltear era eterno, y mi corazón golpeaba furiosamente mi pecho, casi hasta el punto de lastimarme ¿porque por alguna razón sentí que su voz me era inusualmente familiar?

Cuando por fin se dio la vuelta, muchas emociones surcaron su rostro.

Primero había una amabilidad condescendiente ante mi torpeza, y después en menos de un segundo cambio al máximo asombro al verme;y que yo esperaba se transformase en perplejidad y enmudecimiento, pero en cambio se desencajo en una mueca de repulsión y odio. En ese lapso de extrañas emociones que se apoderaron de él, pude jurar que sus ojos cambiaban de color. Primero pasando del ocre claro para después cambiar al onix oscuro.

Yo por mi lado estaba sin habla y en la más completa sorpresa. Porque ese joven era un ser que creí nunca haber existido fuera de alucinaciones y sueños vagos.

Hace dos años en una calle londinense fui atacada por un grupo de hombres dispuestos a hacer las más impensables y repulsivas cosas conmigo. Cuando fui salvada por un joven de cabello cobrizo y tez tan pálida como la nieve.

Por la forma tan sorprendente que me salvo; solo con su par de manos, y su valentía, me hice creer a mi misma que no podía haber sido real. ¡Un joven peleando solo, contra cuatro hombres fornidos!

Y mas sin embargo él estaba frente a mi ahora.

En aquel tiempo tuve la impresión de que compartíamos la misma edad, pero ahora viéndolo mas cercanamente puedo decir que ahora debía tener unos diecisiete o poco mas; pero su rostro sigue siendo tan hermoso como lo recuerdo; aun cuando ahora este crispado en una mueca de odio.

-Yo… -sus puños cerrados parecían contraerse más. No tuve miedo de que me golpeara, al contrario, parecía estar conteniendo algo y hacerse para atrás lentamente; mientras tanto yo seguía sin saber que decir.

Mi atención se desvió cuando oí un ruido sonoro de una bandeja al caer. Alice sostenía a un frenético Jasper que parecía dispuesto a saltar sobre algo en mi dirección. Me sorprendió que alguien tan pequeña como Alice tuviese la fuerza para frenarlo.

Un segundo después Emmet se lo llevaba a rastras utilizando acopio de toda su fuerza. Nunca me di cuenta de cuanto tiempo tardaron Alice y Emmet en llegar a sus propios sitios.

Alice llego con una increíble rapidez a mi lado y le hecho una mirada de advertencia a Edward, este se dio la media vuelta y se empezó a ir.

-¡Espera! –casi le grite.

Él se detuvo en seco, pero sin voltearse. Haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad me acerque a él.

-Yo… te conozco. ¡Tú me salvaste la vida en Londres! –le asegure.

El volvió a voltear; pero ahora con una lentitud deliberada, no como la figurada que sentí hace rato.

Otra vez la mueca de odio en sus facciones.

-Yo nunca la he visto en mi vida… Buenas noches, Srita. Bella. –me escupió las palabras con rencor y se fue detrás de sus otros dos hermanos.

Perpleja la rubia se quedo viendo a Alice, quien también se le veía bastante alterada.

-Lo siento –me dijo de verdad totalmente arrepentida- ellos nunca se comportan así. Debe ser algo que comieron… -murmuro- o no. Edward es un verdadero grosero. Lo siento tanto. –gimió apaesumbrada.

-Esta bien, Alice –dije con voz quebrada, me sentía a punto del llanto- tal vez el Sr. Edward tenia deseos de ir a verse al espejo –dije intentando salvar un poco de humor.

Alice agradeció mi gesto como una verdadera aceptaciónon a su disculpa; pero rio nerviosa, mientras que Rosalie relajaba un poco su mirada despectiva y se sonrió por un instante. Uno muy fugaz. A lo lejos pude ver como Edward se paro un segundo y volteo ligeramente su cabeza hacia donde estábamos. Por un momento creí que escucho mi ofensa, pero después se giro sobre si mismo y salió hacia la calle sin decir ni hacer nada más.

Después de una torpe despedida ambas chicas se fueron sin mediar más palabra conmigo. Las mire alejarse con un nudo en la garganta.

Hasta que hubieron salido pude percibir plenamente que sentía en mi garganta algo más que un nudo. Era una extraña mezcla entre sed y hambre pero en la punta de mi lengua. Era insoportable y no sabía como acallarla.

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El baile no tardó mucho en terminar, y pude mezclarme fácilmente con la gente antes de que se dieran cuenta de mi participación en la intempestiva salida de los Cullen.

Pero para mi mala suerte el salón había estado muy atestado y estaba segura que con un solo testigo hubiese bastado para empezar el rumor de que era una "repelente de Cullens".

Apesumbrada sumí mi rostro en la almohada de mi cama, sin siquiera quitarme los zapatos de baile.

Terminando la fiesta, volé a la casa con tía y abuela Charlotte. Que tal y como esperaba no escatimaron tiempo en regañarme enérgicamente por haberme "perdido" y no haber escuchado las propuestas de matrimonio que me tenían reservadas. Mi torpeza algunas veces era ventajosa, porque no les costo demasiado creer que en verdad me había perdido en el gran salón.

Aunque pude notar un brillo de escepticismo en el rostro de mi abuela. Al final pude subirme a mi habitación sin mayor contratiempo que la lista de actividades para el siguiente día.

Cansada como estaba solo desee dormir, pero mi mente me traicionó y me hizo recordar con pesar el incidente con los Cullen.

Irremediablemente me puse a llorar. Que patética costumbre la mía, eso de llorar cada vez que me sentía enojada.

Así pues, llore hasta que mis ojos se pusieron rojos; y con única testigo de mi pesar solo tuve a mi madre que me miraba desde el marco de su pintura en el rincón mas alejado de mi cuarto.

Su semblante que siempre me parecía amable y risueño en esa pintura de oleos, por alguna razón me pareció esta noche que cambiaba a uno triste y compasivo.

Siempre que necesite a alguien que me escuchase me acercaba a esa pintura y le hablaba como si esperase que encontrase forma de comunicarse con mi madre; pero esta noche solo tenía deseos de llorar y dormir.

¿Qué les había hecho yo a los Cullen para que se escaparan de mí de esa forma? ¿Por qué Jasper se puso tan agresivo? ¿Por que Edward…?

Había demasiadas preguntas referentes a Edward Cullen como para englobarlas en una sola.

¿Era acaso él mi extraño salvador aquella noche? Alice me dijo que habían vivido en Londres una temporada… había posibilidad.

Pero por otro lado ¿Por qué me desconocería? Sus palabras dijeron una cosa, pero la mirada inicial de confusión en su rostro me mostro que el me reconoció.

Pero ¿y el odio…? ¿Por qué tal aberración a mi persona tan rápido?

Una idea cruzo mi mente.

Probablemente si es que él fuese mi salvador, al darse cuenta de la chica tan insignificante que rescato se arrepentía de haberlo hecho. Y en medio de aquella oscura habitación me pregunte seriamente sino seria realmente tan repulsiva como siempre mi tía me decía.

Esto me hizo dar otra ronda a mis lloriqueos. Y ya casi cuando me iba envolviendo el sueño, me intente convencer de que Edward Cullen no fue mi salvador; que realmente nunca nos habíamos visto, tal y como él dijo; y su odio solo se debía a su ego, viendo que una joven pueblerina le había tocado y casi tirado.

Esta reflexión sonaba más lógica que creer que el hijo más joven de un matrimonio de extranjeros era algún tipo de vengador nocturno. Pero por alguna razón mi interior se negaba a escuchar.

Me intente convencer seriamente de la explicación racional, mientras mi mente repetía una y otra vez sus palabras llenas de veneno.

"Yo nunca la he visto en mi vida… Buenas noches, Srita. Bella"

Repentinamente me levante como un rayo de mi cama, y me senté sorprendida al percatarme de algo totalmente nuevo.

Yo nunca le había dicho que me llamaba "Bella".

Alice, ni siquiera tuvo tiempo de presentarme; y nadie en el pueblo se atrevía a llamarme Bella, por culpa de mi padre. A todos los intimidaba.

Y suponiendo que aun así lo supiese ¿Cómo se atrevía a utilizarlo si previamente no le había dado permiso? No era común entre los hombres de alta sociedad el utilizar los nombres de pila de las jovenes, y menos si la misma joven no se lo había dado.

Pero yo si lo hice. Allá en las frías calles de Londres.

Me sentí enojada por la humillación y ultrajada por la mentira. Pero ahora tenía una única meta en la mente. Encontrar quien y que era Edward Cullen.

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Puntos a tratar.

-Ya se que debieron haber notado que algunos pasajes del capitulo son parecidos a los del libro. Como ya he dicho, y sino ahorita explico: este fic es una semi adaptación de "twilight". Y he deseado hacerla "semi" porque quiero que conseve la escencia de la mente de Bella y del libro.

-¿Por qué Edward es tan alzado? Epa, no se enojen con él. Voy a intentar hacer este Edward lo mas Edward posible, así que no se enojen ¿o que haían ustedes si fuesen invitados/as a una fiesta donde mas de la mitad de la población del sxo contrario quiere que te cases con ellos? Para no dar tentaciones ¡Pues él mejor ni se expone!

-Si estamos en esta comunidad de fics, es porque todos/as tenemos una mente muy abierta y presta para la imaginación, así que les voy a pedir que se imaginen la atmosfera de este Forks de mediados del S. XIX como un lugar frio con un cielo siempre cubierto de nubes grises, y a los personajes sumidos en claroscuros azulosos o grises. algo así como en "el cadaver de la novia"

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Capitulo 4

"La libreria"

En otro de sus asombroso escapes después de una ida al pueblo apra comprar los alimentos, Bella se encuentra con una misteriosa libreria propiedad de la persona que ella menos se espera.

Esta persona es la única que puede resolverle su dudas o causarle más acerca de Edward Cullen. Pero de lo que definitivamente termina sabiendo es que él es especial y esta dispuesta a llegar hasta sus últimas consecuencias para averiguarlo.

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Ahora si me despido, y les aseguro que no me ven por aqui hasta dentro de dos semanas más. x.x no creo poder con eso de actualizar semanalmente x.x pero igual disfruto mucho la experiencia de escribir.

¡Gracias a todos por las revis son geniales por estar aqui!