Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Siguiente cita y continuamos entreverados con el nudo de la historia. ¿Podrán nuestros protagonistas desenredarlo y salir a flote? Lo veremos en este y futuros capítulos...

Agradezco los anónimos de Eda, valió la pena que hayas pensado tanto el review, estás leyendo muy bien la historia y has entendido a Hinata, gracias por leer y comentar n.n natalia, aquí actualizada, gracias por leer y comentar n.n

Les deseo a todos un gran año. Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


17 de abril

Nagato


A diferencia de Deidara, que quería cambiar el mundo mediante una explosión de proporciones apocalípticas, Nagato proclamaba el más que publicitado anhelo de la paz mundial. A Hinata le parecía estar sentada junto a alguna clase de líder espiritual.

-La historia transcurre como una espiral de repeticiones –comentó él-, sólo que los errores son lo que más se repite. Nunca aprendemos, sin importar cuánto evoquemos el pasado.

-Conozco un libro que se titula La paz empieza nunca –acotó ella.

-Es tan cierto… Dudo mucho que a este paso la encontremos.

Hinata asintió con la cabeza, en parte dándole la razón y en parte aburriéndose. Palabras como "paz", "patria", "esperanza" y "felicidad" le parecían de una índole tan abstracta que en ocasiones se preguntaba si no serían eso, ideas, entelequias creadas por el hombre para tener un horizonte al que aspirar. Ideales nobles, sin duda, pero la realidad los desarticula permanentemente.

Podría haberlo dicho en voz alta, pero algo en el rostro de Nagato la contuvo. Quizá no habría hecho más que arrojar otro leño al fuego de la desilusión existencial estampada en su retraído semblante. Primero Deidara, ahora Nagato; ya no sabía cómo lidiar con los extremistas de la insatisfacción y una vez más tomó nota mental de recomendarle a Ino que pusiera mayor atención a las amistades que aceptaba.

De todas formas ese día se encontraba mucho mejor de ánimo y todavía podía hacerle honor a un chico raro y divulgador de la armonía universal.

-Uno de los pensamientos más célebres de Gandhi dice que la paz no debe buscarse, sino transitarse.

-Estoy de acuerdo, sin embargo actualmente los únicos caminos alternativos al conflicto son los de la diplomacia, a veces más arduos y burocráticos.

-Tal vez haya que dejar de pensar en "el mundo" y empezar a pensar en individuos, en lo que cada uno de nosotros hace y promueve en su acontecer cotidiano.

-Es posible, pero sólo si fuésemos capaces de aprender a dimensionar cuánto pueden modificar la realidad nuestras acciones.

Nada tuvo para objetar Hinata y luego se enfrascaron en un diálogo sobre la teoría sartreana de la libertad y el compromiso. Hacía tiempo que no sostenía una plática intelectual, le hizo bien, la obligó a focalizarse en asuntos ajenos a sus tribulaciones actuales. Además, le permitió recordar su período de estudio en la facultad, cuando esos temas eran habituales entre los estudiantes. El trabajo se vuelve tan absorbente que esas inquietudes se van quedando atrás.

Nagato era un sujeto interesante pero también pesimista, y eso, después de conocer a alguien como Lee, le jugó en contra en su predilección. Se quedaron conversando un rato más, no mucho, pues ambos supieron encontrar un pretexto adecuado para despedirse amistosamente.

-o-

De pronto abril se había convertido en el mes más largo de su vida. Odió alzar la vista de su trabajo sólo para comprobar en el almanaque que recién estaban a diecisiete, que apenas había superado la mitad y que todavía le quedaban al menos una docena de citas que soportar. Pero mientras conservase un ápice de orgullo, Sasuke haría lo posible por figurar entre ellas.

Hasta ahora venía haciéndolo bastante bien, a diferencia del resto había tenido tres citas con Hinata y cada día se daba el gusto de entablar una breve conversación aprovechando la ventaja de su vecindad. No podía quejarse, porque salvo por el pequeño detalle de que ella no se decidía a aceptarlo, al menos ya le había dejado en claro sus pretensiones.

El joven arrojó la llave inglesa en cualquier parte, suspiró y se limpió las manos con un paño demasiado oscurecido por la grasa para resultar confiable. Sin embargo no había nada mejor por allí y tenía que apurarse si quería interceptarla. Para su sorpresa, cuando levantó la vista la divisó en su propia acera.

Cabeceaba buscándolo y él se quedó tan atónito que demoró algunos instantes en salir a la luz. Al verlo Hinata entró tímidamente, pidiendo permiso con cada paso que daba.

-¿Estás o-ocupado?

Sasuke le dio a entender que no tenía inconveniente en recibirla, mientras se devanaba los sesos tratando de discernir la razón para ese cambio de conducta: antes de que él pudiera buscarla, lo había hecho ella por su propia voluntad. ¿Por qué así? Ya había ido otras veces, pero en circunstancias muy distintas.

-El chico de hoy era m-muy extraño –le contó sin que le pregunten nada-, y al mismo tiempo interesante, aunque al fi-final…

Hinata completó la frase con un gesto, se encogió de hombros e insinuó otro desentendimiento. Sasuke pestañeó, confuso, pues seguía sin comprender su actitud. ¿Desde cuándo ella le ofrecía explicaciones sin que él se lo demande?

-No te entiendo, Hyuuga –reconoció.

-Quise decir q-que no hubo química.

-No hablaba de tu cita –señaló él, fijos sus ojos en ella-. No entiendo por qué estás aquí, ni por qué me cuentas esto.

Sasuke y su demoledora franqueza... Hinata hubiese querido que la tierra se la trague, porque tampoco podía dar con una explicación racional para haberse acercado hasta allí.

¿No podía fingir que todo seguía igual? ¿No podía apiadarse de su inseguridad, de sus recelos, de sus dudas? Ojalá tuviera la misma convicción que él detentaba a cada momento, esa que la desestabilizaba hasta la exasperación. Sasuke reclamaba siempre en forma definitiva y para Hinata lo definitivo siempre había sido una medida incierta, atemorizante.

Tal vez tendría que habérselo dicho desde el principio, pero dudaba de que Sasuke pudiese –o quisiese- entenderlo alguna vez.

-C-Creí que te interesaría saberlo –murmuró.

Sasuke la miró con una indescifrable mueca en el rostro. Luego relajó su postura, se acercó y la tomó de los hombros para encararla con resolución.

-Sé que tienes miedo, Hyuuga –le dijo, refutándole de nuevo los pensamientos. Hinata sintió que las piernas le fallaban, que se disolvía-. Yo también tengo miedo, le temo a cada una de las condenadas citas que tendrás hasta fin de mes. Pero jamás permitiré que eso me distraiga.