¡Hola a todos! Como podrán ver, esta semana he tardado mucho en actualizar (realmente mucho); últimamete he andado un poco ocupada con algunas cosas personales.

Pero aqui sigo en esta historia, y como prueba aqui esta el capitulo 4; pero antes voy a hacer un anunciado; creo, y es muy probable que vaya a estar actualizando con regularidad de una semana los capitulos, pero (y ahi esta el pero del asunto) los hare más cortos.

Y como siempre, agradezco a todos aquellos lectores que me han honrado con algunas de sus palabras de aliento.

ediyu, The little Cullen, veronica, Ari, andrea potter-black, Hime-chan n n, letmespoilyou, Rai-Potter, Renaissance Lady-K, maria, mary-loki y La Dama del Tiempo, que me dejo dos reviews. Y también agradezco a todos aquellos lectores silenciosos que a pesar de no dejar revis, si se dan una vuelta por aqui. n.n

Ocaso eterno

Capitulo 4

"La librería"

Desde los ocho años he estado acostumbrada al trabajo, así que este ya no me asustaba. Las largas jornadas en contra del polvo y las pesadas tareas que se podían extender por horas eran noticia vieja para mi.

Y a decir verdad, él día siguiente de labores represento más un alivio que una pena en mi caso. Porque lo último que quería era pensar en los Cullen; y en los chismes que me envolverían con su partida tan estrepitosa de la fiesta de la vieja Sra. Yorkie.

Me había prometido a mi misma que encontraría la razón y el secreto del extraño Edward Cullen; pero en alguna parte entre la madrugada y el desayuno mi entereza flaqueo y decidí que sería mejor dejar las cosas como estaban. Soy una cobarde, me apena admitirlo pero lo soy. A mi lado las gallinas podrían hacerse pasar por halcones. Así que me resolví dejar el asunto por la paz.

A final de cuentas ¿Quién era yo para reclamarle algo? Si el había sido o no quien me salvo en las calles de Inglaterra, ya había dejado de ser mi problema; y si hipotéticamente era así, y él se había arrepentido de salvarme entonces era el suyo.

Aunque no puedo negar que algunas veces, por las noches, cuando cierro los ojos sigo viendo el rojo rubí de una mirada que me observan desde la oscuridad de mis propias memorias olvidadas.

Él trabajo era bueno, una magnifica escapatoria de mis preocupaciones y depresiones. Y si podía estar encerrada en la casa por un mes hasta que todos olvidasen el incidente con los Cullen, mejor para mí.

Pero la vida no siempre es justa, o al menos como una la espera.

A la mañana del tercer día mi padre llego con una "sorpresa" para mi.

-Bella, eres una jovencita activa como tantas de tu edad. Y yo se que como ellas deseas poder ir y venir del pueblo –dijo con voz solemne. Lo cual significaba que había repasado previamente su discurso. Mi padre era un hombre de pocas palabras y el utilizar demasiadas siempre significaba un esfuerzo nada espontaneo.

Pero por alguna razón la llamada sorpresa, de entrada, me estaba asustando.

-Realmente me siento a gusto como estoy –Así era mejor; una negativa, pero al mismo tiempo demostrando que estaba conforme y agradecida con mi estado actual.

-Tonterías, Bella –me contrarió. Parecía estar de muy buen humor ese día- Yo se que te has de sentir atrapada estando aquí adentro siempre; y se que mi madre y mi hermana no son las mejores compañías para una chica de tu edad… -dijo algo cohibido.

Lo mire por un largo rato. Mi fuero interno deseaba gritarle y señalarle todas las injusticias a las que me fui expuesta desde niña, ahora que Charlie parecía ablandarse. Pero sabía que esto era solo un estado pasajero y el traer un tema como ese a colación solo arruinaría su humor. Nunca me creería, la familia era algo sagrado para el. ¿Cómo podía yo una chiquilla de diecisiete años contra la mujer que lo crio y la que compartió toda su infancia con él?

--De verdad, estoy bien, papa –no pude decirle Charles a la cara otra vez. Por mas que me picara en la lengua la palabra con "p".

-Vamos, Bella. ¿Vas a despreciar mi regalo?

Genial, ahora en verdad no podría hacerlo. ¿Para que preguntaba si sabia que eso me acorralaría?

-Claro que no, papa. Estoy… extasiada ¿Qué es? –pregunte con la mejor sonrisa que pude formar. Mis sonrisas forzadas no eran muy convincentes, pero esta pareció engañar a Charlie. Lo cual significaba que era un total despistado, o no sabia nada de mujeres. Ninguna de las dos perspectivas le favorecía, al parecer.

-Un caballo.

Creo que mi corazón se detuvo por dos segundos. Los caballos no eran exactamente mis animales favoritos después de que a los cinco años "galope", el caballo de mi padre, intentara estampar mi cabeza en el suelo como si fuera una cucaracha; y de mis infructuosas clases de equitación con Charlie, en las que demostré que para mi eran mucho más fácil estar en el suelo que en el lomo de uno de esos animales.

-Papa, tú sabes que los caballos y yo no nos llevamos muy bien.

-Tonterías –repitió- yo se como te sientes por lo de aquel "accidente" –intento de homicidio deliberado por parte de ese equino, es la palabra correcta a mi parecer- pero créeme que el viejo Red es perfecto para ti.

La forma en que había dicho "viejo" no me agrado demasiado y menos la forma en que dijo "perfecto para ti" en vez de perfecto.

Intentando mostrar mi mejor cara, esa misma que ponía en los bailes, o cuando tenía que aceptar hacer algo que odiase aun en contra de mi voluntad; o todo sentido común; me encamine indecisa a ver al "viejo Red".

El viejo Red en cuestión era pues… viejo. Era uno de esos caballos que probablemente habían vivido mucho y tendrían mucho que contar de ser humanos. Su pelaje era de un cobrizo que le hacia honor a su nombre. Su estructura era grande y maciza, a pesar de su vejez. Creo que mi padre dijo que era un Friesan, el tipo de caballos utilizados para el trabajo de campo, aunque este caballo en especial no fue utilizado para tales trabajos, o al menos no en nuestro pueblo.

Me sorprendió el enterarme que había pertenecido a Billy Black, el jefe de los Quilaute, porque no creí que ellos tuviesen animales tan mansos y de este tipo. Siempre los creí poseedores de caballos guerreros igual que ellos. Aunque supongo que con el tiempo habrían aceptado utilizar a algunos animales para labores domesticas.

Después de una larga mirada a Red descubrí, de nuevo para mi asombro, que me encanto. Sus orejas caídas y ojos cansados daban a entender que era un caballos que se podía sorprender con poco y nada. Del tipo que aunque vieran una serpiente no correrían ni por que sus vidas dependiesen de ello, solo por el mero hastió que el trabajo requería.

Ya me podía imaginar montada sobre el, andando a un paso lento a través de los prados y resquicios del bosque, con tanta calma que podría apreciar a gusto el paisaje, sin tener que pasar la vergüenza de caerme a cada rato, como usualmente sucedía cuando caminaba por superficies que no eran solidas.

-Vaya, papa. Me encanta. Gracias.

Mi padre murmuro un torpe "de nada" de vuelta. Al parecer todo el entusiasmo en intentar convencerme de aceptar el caballo se le había ido, y regreso conmigo el tímido Charles. Aunque muy dentro de el podía ver el regocijo que sentía por ver su buena obra apreciada.

Desearía poder pasar mas tiempo con ese Charlie.

Después de otras pocas palabras con mis tutoras, Charles salio de la gran casa para dirigirse a la comisaria, su verdadero hogar.

El resto del día paso sin mayores sobresaltos. Alimente a Red y lo bañe, otra vez extrañada del entusiasmo que me hacia sentir ese animal, como si fuese una niña con juguete nuevo.

Sacudí el polvo, limpie los pisos, alimente a las cuatro gallinas y al cerdo que teníamos en el corral, lave la ropa, arregle los cuartos cambie la posición de los sillones cinco veces, por pedido de mi tía; y limpie las ventanas ocho, porque MIA abuela siempre descubría una nueva mancha a limpiar.

Pero al final todos los quehaceres se acabaron. Y lo que creí que tardaría semanas en completar, lo termine finalizando en unos pocos días. En la enajenidad en la que me había sumergido para olvidarme de los Cullen, logre acabar con mayor rapidez todas las tareas que quedaban pendientes desde el día que salí de casa, o desde que Anna enfermo.

Supongo que hay algunas cualidades de mi misma que no conozco.

Pero al final la jornada de trabajo tan intensa me termino pasando factura, ya que en el proceso de limpieza, creo, me caí al menos unas quince veces. Así que no querría ni imaginarme donde no tengo moretes.

La noche termino llegado más pronto de lo que esperaba y tuve que ayudar a hacer la cena a Anna. Era una mujer mayor y me preocupa que el exceso de trabajo la fuese a volver a enfermar, con setenta años hasta un resfriado era peligroso; pero si se descuidaban sus tareas mis tutoras no dudarían de echarla de la casa, ignorando los treinta años de servicio que les había dado.

La cena fue algo que tuve que hacer de forma improvisada en una mezcla entre verduras y pasta. Nos estábamos quedando sin comida de nuevo y con preocupación me di cuenta que quedaban tan pocas monedas en el jarro dedicado al "dinero de la comida" , que podía contarlas con los dedos.

-Esto sabe asqueroso –dictamino mi abuela en la cena.

-Es verdad. Y además tiene alcachofas ¡Sabes que odio las alcachofas Anna! –bramo mi tía desde el otro lado del comedor de roble.

Anna tenia sus ojos caídos y su piel negra se veía cada vez más cetrina y muerta que me preocupaba que un día simplemente se fuera a romper.

Al instante salí en su apoyo.

-No es su culpa. Ya no queda comida en la dispensa –argumente parada. No me atrevía a comer con ellas, y a su vez no me pedirían que me sentase a menos que fuese estrictamente obligatorio.

-¿No hay comida en la dispensa? –pregunto mi abuela- Pero si Charles acaba de dejar algo de dinero.

Me hubiese gustado soltarle una o dos cosas de las actividades que mi tía había hecho aquella tarde cuando un comerciante ambulante paso y ella termino dejándole su carro vacio. Realmente esa mujer tenía un grave problema con las compras.

-Ya casi se ha acabado –me limite a decir. La mirada de tía Charlotte me amenazaba con muerte si hablaba de más.

Mi abuela se sumió en sus pensamientos y el resto de la cena todo se mantuvo en silencio. Solo hasta que ellas acabaron Anna se acerco a mi y con su delgada mano apretó mi brazo.

-Mi niña… cuanto se lo agradezco. No se que haría sin usted –dijo con voz temblorosa, no supe decir si por su edad o por las lagrimas que se iban asomando por sus mejillas.

-Anna, no llores por favor –le rogué- sabes que yo soy la que no podría hacer nada sin ti.

-Usted es como un ángel. Cuando creí que mis días estaban contados en esta casa, o en este mundo, usted llega y toma todo la carga en sus hombros. ¡Ay, mi pobre niña Isabella! Usted se merece algo mejor que esta vida.

-Shh nana, mejor vete a dormir, y tomate tu te.

Después de besarme las manos Anna se fue a su habitación, tal como se lo había pedido.

A pesar de los dos años de mi ausencia y del estado de salud de Anna las cosas lentamente estaban volviendo a ser como eran antes. Con mi padre solo visitándonos esporádicamente, mis tutoras indiferentes y el interminable trabajo Pero lo que realmente me preocupaba el hacho de que los golpes también volvieran. Ya no era una niña de nueve años, y podía defenderme de muchas cosas. Pero ellas eran dos, y mi abuela seguía siendo fuerte, demasiado fuerte para mi; usualmente mi torpeza al defenderme terminaba perjudicándome mas que ayudándome.

Cuando por fin la casa estuvo en silencio retome una de mis actividades favoritas.

Con un par de libros viejos en una mano, todos cortesía de mi tía Maggy, y una vela como guía baje las escaleras con mucho cuidado de no hacer ruido y me coloque al lado de el débil fuego de la chimenea, que se dejaba prendido para calentar la estancia.

Sintiéndome por primera vez segura, me sumergí de nuevo en los mundos de Jane Austen, Emilie Brontë y Shakespere.

Las horas pasaron más rápido de lo que hubiese deseado y cuando mis ojos me empezaron a pesar deje a un lado mi copia de orgullo y prejuicio.

Unos ojos fríos me observaban desde la entrada de la sala.

-Sra. Charlotte… -apunte en un susurro asustado.

Ella no me contesto y camino lentamente hasta situarse frente a mi.

-¿Qué demonios haces con ese libro? –pregunto con mal talante.

-Leyendo –conteste inocentemente. ¿Qué otra cosa podía decir?

-No te quieras pasar de lista, niña. No me respondas con lo obvio –dijo con una fría molestia. Pero realmente ¿Qué esperaba que el dijese sino era lo obvio?

Ella volvió a caminar lentamente hasta la chimenea. Sentí como si estuviese viviendo esta escena antes.

-Tu eres una niña inteligente ¿no es así? –pregunto y yo calle. Sabia que cuando hacia preguntas con ese tono no era para que yo las contestase- siempre leyendo y estudiando.

Sabía que a mi abuela le molestaba el hecho de que supiera leer, ya que ella no sabia, siendo que antiguamente a las mujeres no se les permitía leer en este pueblo. Tal vez por eso a la mayoría no le interesaba.

-Pero la inteligencia es la ultima de las cualidades que una mujer debe tener. La primera es la belleza y la segunda la astucia. Y tu pequeña no tienes ninguna de las dos.

Mi corazón se encogió un poco. Creí que ya debería de estar acostumbrado a las ofensas como para volverse a herir, pero me equivoque.

-Un hombre de sociedad quiere a una mujer callada y obediente que pueda presumir. No a una bravucona inteligente. Ese tipo de mujeres siempre se quedan soltera. Isabella… -dijo mi nombre como si lo escupiera- ¿sabes la razón por la que te he pedido que limpies toda la casa y te vistas como la servidumbre?

Realmente, entendía que la casa estaba sucia, pero no comprendía porque me obligaba a utilizar aquel traje; a menos que…

-…era un castigo, Isabella –corroboro mis sospechas- desde el momento que cruzaste el umbral de esa puerta me di cuenta de que seguías siendo la misma mocosa que se la vive en su mundo de libros y que sale a jugar con los salvajes del bosque. Estabas actuando como una vil chica de servidumbre y decidí que si actuabas como una debes de vestirte como una. Pero se nota que aun así no te molesta –dijo señalando con su bastón mi falda negra y polvorienta.

-Así que para que lo comprenda tu pequeño cerebro te lo explicar todo de una vez. Nuestra familia esta cayendo en la ruina como puedes ver; tu padre a gastado gran parte de la fortuna en sus idealimos con el país. A penas quedan animales en los corrales para alimentarnos. Esta guerra se ha llevado mas que la solo el dinero de esta familia sino que también su prestigio. No importa el bando que gane, la guerra se desarrolla lejos de este pequeño pueblo olvidado por dios. Y tu Isabella eres la única que puede hacer algo… no, mas bien tienes la obligación de hacer algo.

-¿Yo?

-He escuchado muchos rumores de que tienes varios pretendientes detrás de ti. Lo cual me sorprendería mucho de ser verdad. Pero déjame decirte algo, no me importa con quien sea pero antes de la primavera estarás comprometida.

Y con esta advertencia salio de la habitación dejándome pálida como la nieve que caía lentamente afuera.

Al día siguiente la advertencia seguía en mi memoria, pero la calidez de la casa me hizo olvidarme pronto de ella y preocuparme por el resto de las actividades diarias.

Solo hasta que volví de alimentar a los animales me percate de que mi abuela había vuelto a su puesto delante de la chimenea, solo que aprecia estar haciendo algo. Con un poco de temor a incomodarla y acarrearme un insulto innecesario, me acerque. Y por fin me di cuenta de porque la casa estaba tan inusualmente calida a pesar de la falta de leña.

Los libros abiertos se quemaban con mayor rapidez, mientras que en los cerrados todavía se podían leer los títulos de sus obras.

-¡No! –grite como si pudiese para el fuego y metí mi mano dentro de la chimenea intentando salvar al menos una hoja de cualquiera. Pero el fuego era fuerte igual que el agarre de mi abuela que me tomo con fuerza del hombro tirándome hacia atrás.

-¡¿Por qué me hace esto?! ¡¿Por qué es tan cruel?! ¡¿Qué le he hecho?!

Su mano fría descargo su furia contra mi mejilla tirándome de nuevo al suelo. Pude sentir un liquido correr por mi labio.

-No nos sirves de nada como sirvienta. Antes de la primavera te casaras. Y si tu no eliges pronto un buen partido. Yo lo hare.

-¿Usted? –pregunte con lagrimas en los ojos. No por tristeza, sino que por coraje. Y como no podía golpearla, temblar de rabia era lo único que me quedaba.

-El general Rogers a mostrado un gran interés por ti. Su fortuna no es tan grande como la de los Newton. Pero con suerte podrías enviudar antes y volver a casarte. Así conseguiríamos el doble de dinero.

-¡No! –grite con una voz que no me reconocía. Era la del puro terror y la amargura.

El viejo General Rogers era un militar retirado de sesenta años, que a lo largo de su vida se había casado ocho veces. Y para mi total repugnancia el era mi tío abuelo segundo, medio hermano del padre de mi abuela. La idea de casarme con él no solo me asqueaba sino que podría haberme hecho devolver el estomago en ese mismo instante.

-Si tanto te desagrada la idea, entonces te recomiendo que te apures.-fue lo último que le oí decir.

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Tenía ganas de golpear algo, y golpearlo tan fuerte hasta que mis dedos se rompiesen.

Apesumbrada, y apabullada en mis pensamientos, Anna quien escucho también todo, me recomendó salir al pueblo y relajar la mente.

Así que después de una elaborada lista de víveres que hice con ella me encontré en forma para probar las capacidades de Red y confiar que su, aunque fuese lento, aguante llegase a ser suficiente como para arrastrar una carreta y varias bolsas de comestibles.

Red en verdad era tan lento como esperaba, pero en vez de impacientarme disfrute del paisaje. O al menos lo intente.

Necesitaba tiempo para pensar y el ambiente del bosque me dio la plenitud de este para hacerlo. Pero no lo aproveche, y en cambio me dedique a llorar silenciosamente. Se que era estupido llorar por unos libros, pero estos habían sido mis únicos compañeros y mi mejor escape de este mundo… de este pueblo.

El paisaje, era hermoso como siempre. Solo que demasiado verde. Y el siempre gris del cielo me empezaba a hacer sentir claustrofóbica. Bastante acorde con mi estado de animo, porque todo en conjunto me hacía sentir como en una jaula.

A pesar de mi decisión inicial, mi mente hizo todo lo posible para no pensar en la contienda contra mi abuela. Probablemente es porque presentía que no había nada que pensar. Ella me dio un ultimátum; no había opciones. Solo un camino tortuoso que seguir.

Me deprimía pensar que mi única opción en mi vida era el casarme. Y me torturaba más el saber que esa opción iba contra todos mis principios. Yo que siempre pensé pobremente de todas aquellas chicas que se casaban jóvenes o que quedaban embarazadas ya a los quince o catorce. Aunque si me casaba con el General Rogers tal vez no tendría que preocuparme por los hijos.

Aunque todavía quedaban Mike, Eric y Tyler... tal vez alguno de ellos aun le interesaría como esposa. Aunque todavía no podía entender en extensión porque alguien habría de querer a una torpe patosa.

Y aquí estaba en medio de la nada pensando en posibles propuestas de matrimonio. Que triste y patético. ¿No tenia mas opciones de escapar que perteneciéndole a alguien más? ¿Era esta la vida de una mujer simplemente cambiar de dueño?

Pero lo que era aun más triste y patético era ver que en mi vida nunca me había planeado ninguna meta realmente firme.

¿Que esperaba de mi vida? ¿Qué ilusiones terna?

Yo no podía tener la entereza de Jane Austen o Emilie Brontë, para hacer un lado los designios de mi familia y dedicarme a una vida solitaria y sin esposo o hijos, tal y como ellas lo hicieron. En primera, porque yo no tengo el don de la escritura... y para el caso ninguno en especial. Y en segunda porque aunque odiase la forma en que mi abuela y mi tía me tratasen; y la indiferencia de mi padre; todos ellos seguían siendo familia. Y yo no los iba a abandonar. Si querían que me casara esta bien... aunque lo que yo deseaba era solamente un poco de tiempo.

Ninguna. nunca me había dado cuenta de lo vacía que era mi vida, hasta ahora. Entonces ¿porque seguía sintiendo como si perdiese algo enormemente importante al casarme con un hombre?

Alrededor del medio día llegue al pueblo, sin ningún percance. Forks ya estaba mas que despierto y en pleno movimiento, y para mi terror me había venido con mi traje de servidumbre. Torpe de mi.

Peor traía mi capucha de viaje puesta, y sabia que en medio de este clima tan frio no era inusual ver a alguien cubierto de los pies a la cabeza.

Así que sin preocupaciones anduve de aquí por allá en el pueblo sin miedo a ser reconocida. Estaba un poco desaliñada, con el cabello agarrado y el rostro sin maquillar, lo cual agradecía, porque proporcionaba el mejor disfraz que hubiese pedido. Y es que nadie en el pueblo ha visto a una chica de sociedad sin maquillaje. Ni a Lauren, ni a Jessica, ni a mi… supongo que salir a la calle vestida apropiadamente y con el maquillaje debido para hacer que los rostros se volteen a donde te encuentras es una de esas reglas implícitas de la sociedad. Gracias a dios por ella, porque ahora me había hecho invisible.

Así las calles de Forks se convirtieron en un terreno nuevo para mi. Nunca había salido mucho al pueblo a decir verdad, siempre en compañía de mi padre o de Anna pocas oportunidades tenia de conocerlo de verdad. Las tiendas de antigüedades, el mercado, los callejones; todo era nuevo para mi y al mismo tiempo siempre lo había conocido. Siempre estando encerrada ¿Qué oportunidades tenia de salir?

Solo hasta que fui a Inglaterra tuve que ser lo suficientemente independiente para caminar yo sola en las calles. Mi pequeño logro personal, supongo.

Primero fui a comprar un poco de ropa para mi. La necesitaba. No pensaba dejar que esta experiencia se repitiese. El traje que mi abuela me había impuesto empezaba a resultarme absolutamente incomodo. Y no era nada agradable tener que estar escondiéndome detrás de puertas y salones para no ser vista por cada visita que venia. Si había aceptado esa situación antes era por dos razones: mi tía había sido bastante descriptiva en la forma en como se habían desecho de mis viejas ropas; lo cual me dejaba sin nada porque perdí mi valija de la ropa en el viaje en barco.

Así que con mis pocos ahorros decidí que seria bueno actualizar mi guardarropa. No pensaba comprarme nada extravagante, ni ningún vestido de fiesta; solo quería algo cómodo con lo cual pudiese trabajar en la casa y salir de vuelta al pueblo. Porque pensaba salir más seguido. Tenía que aprovechar el poco tiempo de libertad que me quedaba. Porque por tonto que pareciese sentía que algo en vida estaba llegando a su fin, y que cada paso que daba me iba acercando a ese desenlace.

Al menos si estaba segura de que mi soltería terminaría pronto.

Termine comprando un vestido café de mangas largas, pero pegadas; y uno azul. Después decidí perderme un poco en el mercado, entre los olores dulzones de las peras y manzanas, y las especias como la canela y la pimienta.

Estar entre tantas personas y movimiento, me hacía sentir viva; y el saber que la mayoría de la gente que frecuentaba los mercados eran de la servidumbre me hacía sentir un poco más segura.

O al menos eso creía, porque al doblar la esquina me encontré con Jessica y Lauren que hablaban muy animadamente. Probablemente de algún chisme.

Mire dentro de mi capa, para encontrar que aun seguía utilizando el degradante trajecito. Me maldije a mi misma por eso. Y ellas estaban tan cerca que si me movía para esquivarlas a la derecha o a la izquierda indudablemente terminarían reconociendo mi perfil.

Así que lentamente me levante la capucha y me quede parada como piedra mientras ellas platicaban sobre algún tema sin importancia hasta que un cierto nombre termino llamando mi atención.

-¿Has escuchado lo de los Cullen? –Pregunto Jessica.

-¿De que se fueron?

-Si.

-¿Es que todavía no han regresado?

-Parece que no. Al menos mis sirvientes dicen que no se han visto los suyos en el pueblo.

-¿Y tienen? –pude sentir la ironía en el comentario de Lauren; pero eso solo azuzo mas mi curiosidad.

-¿Quieres decir que no tienen? ¡Pero si son tan ricos! Solo alguien con mucho dinero pudo haber comprado la mansión de los Linton.

Eso si definitivamente hizo crecer aun mas mi curiosidad. La mansión de los Linton, era probablemente la vivienda mas vieja en los alrededores de Forks. Creada desde la colonización y con el paso del tiempo creciendo en la opulencia. Mi abuela solía decir que ese lugar debía de ser nuestro patrimonio, pero que por diversos problemas entre la familia y a lo largo del tiempo, al menos la rama de nuestra familia por parte de mi abuelo quedo desheredada.

No es algo que realmente me importase, ya que nunca había visto la mentada propiedad.

-Los Cullen están forrados de dinero. Apuesto que sus hijas tienen las ropas más finas de la región ¿Viste el vestido de esa Rosalie?

-Si. Maldita arrabalera

-Si. Pero todos son tan extraños. Como cuando salieron de esa forma de la fiesta de la Sra. Yorkie. Entiendo que esa Isabella sea una peste ¿pero llegar hasta el extremo de salir del pueblo?

Esto.debía.ser.una.broma.

Si se hubiesen volteado a verme se habrían dado cuenta que mi rostro estaba tan rojo como un tomate, sin exagera para nada. Y mi corazón se había caído hasta lo mas hondo de mi estomago.

Es que no podía ser cierto que creyesen que yo había espantado a ocho desconocidos. Todavía podía recordar a la pequeña Alice; ella no era nada como estas chicas, no era el tipo de persona que podría hacer o permitir ese tipo de cosas.

Pero la mirada de odio puro que Edward me dedico y la forma en que actuaron sus hermanos, me decía que tal vez no era una posibilidad tan descabellada el que ellos hubiesen huido.

Solo deseaba poder esconder mi cabeza en el primer hoyo que encontrase.

-¡Isabella Swan!

Y no habría sido tan mala idea hacerlo. Una voz me llamaba entre la multitud.

Era Mike Newton que había reconocido mi perfil descubierto. Golpee mentalmente mi frente, por olvidar ponerme la capucha de nuevo.

Lauren y Jessica quienes también se habían percatado del griterío de Mike, empezaron a mirar en varias direcciones buscándome.

Pero mi cuerpo reacciono por mero instinto y me cubrí para luego salir corriendo de ahí.

Por que de entre todos los días a los príncipes y princesas de la alta sociedad de Forks les dio por salir a visitar el pueblo.

Andaba a paso rápido, porque sabia que si corría me cabria. Pero Mike Newton iba pisándome los talones y aproveche una esquina engañosa para escabullirme en las penumbras de un callejoncito.

Ahora estaba en una calle desierta y i a Mike le daba por seguir mis huellas, no tardaría en encontrarme. Así que con la huida acabada, solo me quedaba el buscar un escondite.

Una tienda que parecía cerrada al final de la calle llamo mi atención y decidí probar suerte. Me metí sin preguntar, sorprendida de que realmente si estuviese abierta al publico.

Y lo que encontré me dejo a un con menos aliento del que ya tenia.

Desde afuera la tienda se veía abandonada y pequeña; pero por dentro era espaciosa, y estaba exquisitamente decorada con un cierto toque Ingles.

Pero lo que me tenia mas anonadada era o que se vendía en ella.

Libros.

Cientos y cientos de ellos, todavía sin arreglar en sus respectivas estanterías.

Mis ojos avariciosos recorrieron cada centímetro de la librería y con manos temblorosas acariciaba cada uno de los títulos que encontraba a mi paso.

Tan absorta estaba que no escuche los pasos detrás de mi ni el pequeño gritito de emoción que les acompaño.

-¡Un cliente! –dijo una voz femenina.

ME voltee y encontré un par de ojos topacio que me miraban con aprehensión.

La mujer era pálida y hermosa. Con una cara pequeña y un carácter amable que estaba escrito en su cara enmarcada por una melena de rizos color miel.

Su piel tan blanca como la nieve fue el primer signo que me hizo relacionarla con otra mujer que conocí hace poco.

Alice Cullen. Y como ya había conocido a su hermana Rosalie, eso solo me dejaba con que esta debía ser...

-Sra. Cullen... –murmure bajo y para mi misma. Pero ella pareció escucharme porque parpadeo sorprendida.

Ella no debería estar aquí... ¿Qué no había espantado ya a toda su familia?

Solo me quedaba rezar para que no me reconociese o al menos no se diera cuenta de mi ropa.

-Sria Isabella Swan ¿Qué hace vestida de esa forma?

Trágame tierra, por favor.

Como no pude componerme a mi misma para hablar solo escondí mi rostro rojo entre mis manos; mientras deseaba con todas mis fuerzas salir de esta pesadilla.

Unas manos frías me abrazaron por la espalda y la voz melodiosa de la mujer sonó cerca de mi oído.

-Lo siento pequeña, fue una indiscreción preguntar eso. Además de que no fue mi asunto. Pero ven siéntate ¿te sientes bien? Estas demasiado acalorada. Espero que no te de fiebre. Si te sientes mal podemos llamar a mi esposo, él es medico.

Yo menee la cabeza mientras ella me sentaba en un cómodo sofá dedicado para la lectura.

-No –dije mientras retiraba alguitas lagrimas traicioneras- por favor, no le quiero causar problemas. Pero... por favor prométame que no le dirá esto a nadie.

Ella me miro muy seria y coloco su fría mano sobre mi frente.

-Parece que si tienes fiebre. Lo mejor será que...

-Sra. Cullen. Por favor prométamelo.

Pensé que se enojaría ante mi insistencia, pero su rostro se volvió compasivo.

-Pequeña, te juro por Dios y lo mas sagrado que es para mi, mi familia, que yo no le diré nada de esto a nadie. Ahora espérame aquí, voy a traerte un té.

Cuando ella se fue, mi cabeza me grito que debía escapar y correr lo mas lejos de ahí. Pero había algo en su mirada franca y trato maternal que me hacia desear quedarme.

Algo que me recordaba un poco a Tía Maggy. Y por dentro me hacía llorar.

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Ya se, sin Edward los capitulos y los días pierden importancia y sabor. Se vuelven aburridos, como siento que este capìtulo debió haber sido.

Pero como este capitulo ya se me hacía verdaderamente largo, decidí cortarlo a la mitad y dejar lo mejor para el siguiente. Así que ya se pueden imaginar quien sale en el capi de la siguiente semana n.n

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Capítulo 5

"Libro abierto, libro cerrado"

La personalidad maternal de Esme Cullen, termina atrayendoa a la solitaria Isabella mas de lo que esperaba; yarriesgandose a recibir una de las más severas reprimendas en su vida, sigue frecuentandoa la amable mujer.

¿Que pasará cuando ella le ofrezca un trabajo en la solitaria libreria? ¿Sera capaz de desafiar no solo las reglas de la casa sino de la sociedad para cumplir sus sencillos anhelos? Y ¿Seguira llendo a la libreria por su amor a los libros o tendrá algo que ver el misterioso hijo de su amiga y su turbio pasado que extrañamente la mayoria de los Cullen se empeñan en hacer que Isabella olvide?

¿Y que hará cuando se encuentre con él a solas?

Bien chicos y chicas, hasta aqui los dejo; la actualización será en una semana pocos días más, pocos días menos. Gracias a todos por sus revis; y mantengase surfeando en el internet, porque por ahi dicen que el primer capitulo de breaking dawn va a salir esta semana; y como todos sabemos, luego tarda mucho menos en salir en la red para nuestro gusto. Además de que este domingo sale, en los mtv movie awards, una escena (¡Escena!) de la pelicula en vivo, así que a sintonizar el mtv se ha dicho n.n