Tengo buenas, malas y mas o menos noticias. La buena es que el capitulo PORFIN esta aquí, la mala es que como se habrán dado cuenta tuve un retraso ENORME, debido a lo que técnicamente se dice como "perdida de información por un virus mal intencionado". En otras palabras mi computadora se enfermo y se me perdieron muchos datos. Entre ellos el capitulo.

Y entre las noticias mas o menos, ya se que ha pasado algo de tiempo, pero vuelvo a comentar por si alguien se quedo con la duda de la "escena de twilight"; mi equivocación, porque si lo estrenaron en los mtv move awards… lo malo es que no se transmitieron en LA maldición. Pero para todos aquellos que por mera, pura casi nula casualidad de que no hayan escuchado nada al respecto, pues aquí les dejo un link seguro para que encuentren la escena:

http : / twilightthemovie . com /

http : / es./watch?vOWwMDTgtfWU

(solo junten bien la dirección)

Ahora ya dejando esos pendientes atrás me doy el grato placer de agradecer a todos aquellos que se dieron una vueltita rápida por este fic, y me dejaron algunos reviews. Como:

The little Cullen, Edith, yuma17, mary-loki, Sweet.Cullen, RociRadcliffe, Hime-chan n n, Renaissance Lady-K y KathieBouldelaire (jaja quien me dio un pequeño jalón de orejas para actualizar)

Y bien, creo que por esta vez son demasiados los anuncios y demás XD los dejo divertirse con el capitulo 5. Y como pueden ver algunos tiempos entre una actualización y otra pueden ser demasiado largos (juro que ya voy a hacer algo para remediar eso) pero para que no se aburran y en cambio puedan apreciar grandiosas historias les recomiendo: "conversión" y "un ocaso diferente" de mi amiga Renaissance Lady-K.

Nos vemos al final chicos y chicas.

-Ocaso eterno-

Capitulo 5

"Libro abierto, libro cerrado"

Esta era la tercera vez que visitaba la librería de la Sra. Cullen. Todavía no podía entender la fuerza que me atraía tanto a ir.

Probablemente fuese su sonrisa siempre dispuesta y modo amable de escuchar. O tal vez fuese esa aura maternal que no dejaba de recordarme a Tía Maggy.

No tenía derecho en proyectar ni en Tía Maggy, ni en la Sra. Cullen, mi necesidad de una madre. Pero soy humana y no podía evitar el desearlo.

La visita del día de hoy era diferente a otras porque por fin me había decidido a aceptar la propuesta de la Sra. Cullen. Aunque todavía seguía sin saber bien como abordarla.

El primer día que vine aquí me la pase un poco convaleciente, con eso de que me dio un poco de fiebre. Y sin lugar a dudas, debo decir que la Sra. Cullen es la persona mas desinteresada y amable que nunca haya conocido. Aparte de mi Tía Maggy.

Me cuido casi como si fuese su propia hija, trayéndome hierbas y frazadas e inclusive sentándose a mi lado para platicar un rato conmigo. Aun puedo recordar nuestra amena charla.

-Así que, usted tiene una librería. No tenía ni idea –dije como para empezar la cosa. Normalmente me gustaban más los silencios, pero después de la cortesía de mi anfitriona me pareció totalmente descortés el ignorarla.

-Supongo que nadie en el pueblo tiene ni idea –comento con un suspiro. La sonrisa nunca dejando sus labios.

Era probable que ella también hubiese escuchado los cotilleos en el pueblo. Suspire. Nuestros siempre corteses vecinos.

Aunque de igual forma era inusual el ver que la cabeza de una familia tan adinerada decidiese administrar un pequeño negocio como este aun en un más pequeño pueblo como este.

-Y ¿Desde cuando abrió la tienda? –pregunte insegura. Mi verdadera duda tenía que ver más con su familia que con la librería. A decir verdad, entre más lo pensaba, mis dudas solo corría para uno de sus hijos en especial.

-Apenas la abrí el miércoles pasado. Bueno, abrir en el sentido de traer la mercancía, porque todavía no la he acomodado. Supongo que me esmere demasiado con la decoración y ahora no se que hacer con tanta mercancía.

Recién inaugurado. Eso explicaba todas las cajas sin abrir y el olor a libros recién impresos. Ese aroma solo se conservaba cuando los acababan de desempacar.

Mire el resto de la librería. Y era bastante peculiar.

LA decoración era de buen gusto, y llevando una armonía con todo. Sofás caubas tapizados con telas suaves. Repisas, muebles y estanterías con hermosos acabados en su madera de roble. Y pinturas sublimes de Ángeles, adornando las paredes blancas.

Pero había algo más. Aun en toda la belleza del lugar, había algo que desencajaba, o más bien que sobresalía. El frió y la oscuridad. Que donde ponían su mano envolvían de una iré lleno de misterio y advertencia.

-Se lo que has de estar pensando –dijo al cabo de un rato de verme tomar mi te. El de ella se mantenían intacto en su pequeñas y blancas manos.

-¿En verdad?

Ella suspiro.

-Has de estar pensando… ¿Por qué una mujer como yo abriría una tienda de libros? –sonrió condescendiente, pero con un poco de pena.

-Oh, bueno. Supongo que esa es una buena preguntas. Pero a decir verdad, estaba admirando el olor a libros nuevos –comente sin poder mentir.

Su hermoso rostro pareció iluminarse ante mi observación.

-¿Te gusta leer?

-Lo adoro. Me encantan los libros. He leído a Jane Austen, Shakespeare, Julio Verne… pero de todos los libros que he leído creo que mi favorita es Cumbres Borrascosas…

De repente caí en la cuenta de que todos esos maravillosos libros se habían perdido, tan solo hace unas horas atrás.

Uff. Suspire.

-Bueno al menos me gustaba hacerlo. Pero yo… creo que muy pronto no tendré tiempo para nada más.

-¿Y eso? –pregunto con un tono tan dolido como el mió.

¿Por qué le estaba contando mis penas a una total extraña? Tal vez el parecido entre la hermosa Sra. Cullen y mi tía me seguía trastornando. Físicamente no había semejanza alguna; mi tía fue morena y alta; mientras que la señora Cullen era blanca y pequeña con un rostro que aprecia tallado en porcelana. Pero había definitivamente algo en su sonrisa que me recordaba tanto a mi tía. Probablemente fuese esa marca distintiva e imposible de describir, que tenían todas aquellas personas con un alma bondadosa.

Y entonces, la atención que la Sra. Cullen no parecía fingida ni forzada. Solo era la actitud esperable de una persona tan calida como ella.

Definitivamente alguien que me escucharía imparcialmente.

-Es que mi familia quiere que busque esposo antes de la primavera –dije con una voz tan muerta como mi ánimo.

-Y tú no quieres ¿verdad? –pregunto amablemente.

Me encogí de hombros.

-Estos pequeños pueblos son muy diferentes de las ciudades. Aquí las mujeres no tenemos mucha palabra.

-Pues eso es terrible –dijo en verdad indignada- ¿Y hasta te han obligado a utilizar esas ropas?

El color rojizo en mi frente se extendió por el resto de mi cara hasta llegar a mi cuello. Creo que mi sonrojo no pudo haber elegido otro peor momento para aparecer, porque bajándome tanta sangre de un golpe, me termino mareando.

Los fríos brazos de mi anfitriona me volvieron a rodear.

-Lo siento, pequeña. Ese fue una pregunta de pésimo gusto. Lo lamento.

-Esta bien. Y después de lo que ha hecho por mi yo creo que debería contestar…

-No es necesario –me volvió a insistir.

-Tal vez si –suspire- Esto es un castigo. Como no lleno las expectativas de mi familia me han castigado de esta forma.

-¡Pero esto es humillante! Un castigo… -murmuro reprobatoriamente para si.

-Esta bien. Yo creo que las cosas que realmente humillan o duelen son aquellas que tú dejas que lo hagan. Intento non pensar mucho en esto. Realmente no es la gran cosa, me han tratado peor…

-¿¿Peor??

Estaba empezando a dejar que esto se me saliese de las manos. Y hablando de ellas, la sra. Cullen las sostenía con fuerza entre las suyas. Su agarre, sorprendentemente fuerte, para una mujer de su complexión me causaba un poco de dolor en mis quemadas manos. Pero al menos la frialdad de ellas reconfortaba un poco las pequeñas quemaduras.

Siguiendo mi vista ella también se percato de mis heridas.

-¿Ellas te hicieron esto? –pregunto sin aliento.

-Es que soy muy tonta, deje mis libros junto al fuego y… -mi voz se me estaba empezando a quebrar en llanto. Mi coraje traicionero regresaba a mi. Deseaba que si la Sra. Cullen distinguía alguna de mis lágrimas no las tomase como tristeza sino como un signo de mi furia reprimida. Pero si lo hizo o no, no lo puedo sabe; porque su rostro era neutro.

-Que terrible… -volvió a repetir- No puedo creer que traten alas mujeres de esta forma.

-Realmente no es algo tan inusual –le asegure intentando amortiguar mis confesiones. Pero parece que no sirvió.

-Ojala lo fuese –repitió su pensamiento- Sabes, la razón por la que abrí esta librería es porque no hay ninguna otra. Quería impartir un poco más de cultura y abrir la mente de la gente a otras culturas. Dirás que es una tontería, pero antes de casarme yo era maestra y…

-¿maestra?

-Si –aseguro con una sonrisa- de donde yo soy no eran tan estrictos para dejar a las mujeres trabajar un poco.

-Ah.

-Pero parece que voy a tener más problemas de los que pensaba aquí –suspiro.

-No –intente amortiguar su razonamiento- la gente de este pueblo parece respetar mucho a su familia.

-Realmente, yo no utilizaría la palabra respetar –murmuro tan bajo que fue un milagro que la escuchase.

-Bueno, pero a penas va empezando a abrir esta semana; y además no creo que ningún hombre por más conservador que sea ponga un pero al hecho de que tenga esta tienda. Al fin y a cabo si su esposo ya le dio permiso, a ellos no les toca mucho de que quejarse. De verdad que su esposo debe ser un muy buen hombre para dejarla hacer esto.

-Realmente lo es –dijo con total sinceridad.

De repente me pico la curiosidad sobre su familia. Aun si este fuese un negocio que ella estuviese abriendo por su cuenta, me parecía muy extraño que el resto de su familia no estuviese con ella para ayudarla. Lo cual me recordó lo que Jessica y Lauren dijeron hacia rato.

-Sra. Cullen…

-Dime Esme. –me pidió apretando mi mano.

-Esme… Usted es una persona muy amable. Cuidando a todos esos chicos tan grandes como si fueran sus hijos –no pude resistir comentar.

-Bueno, para mi no es ningún pesar. Todos ellos son como mis hijos.

Asentí una vez dejando que la sinceridad de sus palabras me llenase en vez de sucumbir ante mi impaciencia y curiosidad. Me prometí a mi misma que de ahora en más no dudaría en referirme a ellos como sus verdaderos hijos. Cualquier otro termino seria una ofensa a su bondad.

Y aunque no se lo pedí, ella siguió explicando, resignada.

-Edward es mi sobrino, ha estado conmigo desde siempre. Y Jasper y Rosalie lo son de Carlisle, ellos vinieron después. Alice y Emmett también son hermanos, a ellos los adoptamos desde los ocho –comento alegre. Pero sentí algo extraño en esta explicación, como si fuese forzada o necesaria. Tal vez como si la hubiese repetido muchas veces. No la podía culpar, siendo tan joven y adoptando tantos chicos, me suponía que era totalmente normal para ella dar la misma explicación una y otra vez.

-Oh –fue lo único que se me ocurrió decir- ¿Y ellos donde están ahora? ¿Por qué no han venido a ayudarla con todas estas cajas?

Su agarre se aflojo un poco y pareció que su bello rostro se ensombreció en un poco de melancolía. Al instante me arrepentí de haber preguntado.

-Oh, realmente yo puedo hacer todo esto sola. Pero en lo que respecta a mi familia… bueno ellos no están en el pueblo por ahora.

Entonces no todos los cotilleos eran mentira. Sentí que de nuevo mi estomago se quedaba vació.

-Así…

-Si. Mis hijos se han ido en un viaje de caza a las montañas desde hacia una semana. Y mis hijas se han ido a Washington de compras –comento rodando los ojos- ellas no pueden mantenerse lejos de las tiendas por mucho tiempo. Y mi esposo se encuentra en el hospital.

El enorme peso de mis hombros se me había liberado, o casi completamente. Me agradaba el pensar que yo no era tan impórtate como para influir en una familia entera. Pero aun así no podía quitarme de la mente que esas partidas si tenían que ver algo conmigo. La mirada iracunda y oscura de Edward Cullen todavía danzaba en mi mente.

-Me gustaría ayudarla… -comente con tristeza

-¿Por que no lo haces?

-¿Eh?

-Me refiero a porque no vienes en los siguientes días y me ayudas a desempacar todo. Seria como un trabajo. Te puedo pagar.

-No, entonces yo no podría aceptar –asegure con el rostro rojo.

-Oh –suspiro como realizando algo- lo siento, supongo que para una chica como tu debe ser muy vergonzoso…

-¡No! –Grite alzando las manos al ver para donde iban sus pensamientos- no es eso. No me apena el trabajar, si pudiese lo haría para llevar dinero a la casa, aunque fuese poco se necesita. Pero…

-¿Pero?

-Me da mucha pena –volví a enrojecerme- el recibir dinero de usted.

-Querida, vergüenza es robar… y que luego te atrapen.

Ambas nos reímos por buen rato de eso. ¿Cómo alguien con tanto dinero y tan hermosa podía ser tan amable y sencilla?

-En verdad, cariño, piénsalo.

-Ojala que nada mas eso fuese lo único que tuviese que pensar. Pero si alguien me ve trabajando aquí y se lo cuenta a mi abuela, entonces tendría graves problemas.

Esa era una absoluta verdad, y aun así volví al día siguiente.

Probablemente al final me hubiese abstenido de seguir viniendo, pero nuestra segunda charla fue la que atrajo mas mi atención.

Yo estaba catalogando inconcientemente los libros conforme los iba sacando de la caja mientras platicaba con Esme de las posibles influencias que tuvo Shakespeare para ambientar sus novelas en un arco tan trágico, cuando sin darnos cuenta empezamos a cambiar de tema hasta llegar con su familia.

-Alice me comento que tú habías conocido a Edward en Londres –dijo Esme con apariencia calmada pero podía ver que se encontraba algo incomoda ¿o intranquila?

Trague saliva. Realmente no esperaba que ella fuese la persona que trajese a la luz este tema. ¿Qué debía hacer? ¿Preguntarle directamente si Edward alguna vez comento haberle salvado la vida a una chica en un oscuro callejón? ¿O debía mentirle por si ella no sabía la verdad, para así no enterarse que su hijo era culpable de un cuádruple homicidio?

Temblé.

-No, realmente yo nunca había conocido a su hijo –mentí- solamente se me figuro a alguien que conocí.

-¿Hace mucho? –insistió.

-Bueno, hace como dos años... realmente no importa, solamente me recordó a una persona que hizo algo muy bueno, por mi - A lo que hizo por mi se le quedaba por corta la palabra "bueno"- Un milagro.

Eso estaba mejor.

-¿un milagro? –pregunto con inocencia la Sra. Cullen. Probablemente no era tan bueno irme por la boca- ¿En serio? ¿Que sucedió?

Suspire, antes de contarle la versión editada de mi rescate en Londres. Ya que no era nada buena para mentir tendría que recortar algunas partes.

-En verdad parece un milagro lo que sucedió –apreció al final del relato. Su voz sonaba ahora calmada. Esperaba que se hubiese tragado mi versión sin poderes sobrenaturales, lo cual la había hecho un poco mas mundana y había reducido mis atacantes a tan solo dos.

Podía sentir la tensión entre nosotras dos. En algún lugar instintivo de mi cerebro sabia que ella creía que yo sospechaba que su hijo fuese el artífice de mi rescate. Pero no pensaba ceder más en mi explicación. Y creo que ella tampoco en sus comentarios tan crípticos.

-Si todo fue totalmente un milagro.

-Los milagros son a veces una cuestión muy curiosa –empezó- Un milagro a veces puede empezar como una desgracia y terminar como una salvación –empezó a decir muy seria. Me daba la impresión que quería darme un mensaje oculto.

Pero aun así tuve que preguntar.

-¿A que se refiere?

-A mí una vez me sucedió un milagro –siguió diciéndome con la misma seriedad mortal. Inclusive mostrando su semblante hermoso de alguna forma aterradora- y me dejo una gran lección. Y es que a veces en la vida nos suceden cosas tan magnificas que nadie nos podría creer cuando las contemos; pero si alguien ha de hacerlo entonces ese milagro puede resultarnos una maldición o un pesar. Como en el cuento de la gallina de huevos de oro.

-El cuento de la gallina de huevos de oro-repetí.

Ninguna de las dos iba a decir una palabra de más al respecto. Pude sentir a la perfección que detrás de las inocentes palabras de la Sra. Cullen había una advertencia. Aunque al ver a su mirada pareciese mas una petición.

Me estaba pidiendo que lo que el ocultaba de mi rescate en Londres nunca se lo fuese a decir a nadie mas.

Esta actitud solo me hizo sospechar más.

¿Qué significaba su cautela y su crptismo? ¿Acaso ella sabia que su hijo había asesinado a cuatro hombres por mi? Y la forma en que lo había hecho…

La verdad, es que no me sorprendería que ella lo hubiese sabido.

A final de cuentas eran sus hijos, muy pocas veces un hijo puede guardar secretos a un padre. Y aun en más raras ocasiones un padre no aceptaría celar ese secreto con su vida.

La Sra. Cullen no parecía perteneciente a ese tipo de gente. Ella parecía el tipo de mujer que daría y haría lo que sea por sus hijos.

Mi amistad con la Sra. Cullen y el ofrecimiento que me había hecho para trabajar parecían como la luz al final de una senda oscura en el bosque; como si fuese el paso que tenia que dar para descubrir si Edward Cullen había sido o no quien me salvo la vida en Londres.

Una boda que cualquier día se podría concretar con un extraño solo por el designio de mi abuela. Una amistad con una de las personas más misteriosas de todo Forks. Y el sentamiento irrefutable de que mi vida estaba a punto de cambiar para siempre si tomaba la decisión correcta fueron los factores detonantes en mi decisión.

Iría a trabajar bajo el ala de la Sra. Cullen; pero no descansaría hasta saber la verdad que su hijo me había negado.

No era un capricho, ni una curiosidad insatisfecha. Era simplemente una meta a la cual me había resuelto. La única meta que tendría en mi vida antes de que la perdiese por completo.

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Creí que el frío de la calle ya me había calado bastante dentro de mis ropas, pero me equivoque. La pequeña tienda estaba aun más fría, tanto que hasta podía exhalar bocanadas de humo de mi boca.

Sin la calidez del fuego de fondo, podía apreciar ahora las sombras y decorado real de los muebles. Todo seguía teniendo un gusto exquisito, pero ahora debía admitir que había un cierto aire de algo más. Algo tétrico. No, algo simplemente sobrenatural.

Mi cuerpo volví a temblar, pero no como respuesta al frio; sino que a algo más. Algo que mi simple conciencia humana no podía definir.

Suspire. Probablemente le estaba dando muchas vueltas al mismo asunto.

-¿Isabella? –oí la voz de Esme desde la parte trasera de la tienda.

Con un poco más de resolución camine dentro.

-Si, soy yo. –no había necesidad de gritar, la tarde anterior me había hecho conciencia del magnifico oído que tenía Esme Cullen, por eso no me sorprendió que me contestara con tanta claridad.

-Ya voy –volvió a gritar.

En ese momento vi unas cajas removerse a mi izquierda. Debía haber empezado sin mí. M acerque más para darle un beso en la mejilla. Pero quien salio a mi encuentro no fue exactamente a quien esperaba.

Frente a mi a unos cinco metros se encontraba Edward Cullen. Su mirada me volvió a atrapar al instante.

Y si alguna vez en estos días tuve duda de que el hubiese sido quien me salvo en Londres, ahora se había perdido por completo.

No creo que ningún ser en este mundo fuese capaz de imitar o aparentar tener un poco de su belleza. Su piel blanca como marfil; sus cabellos cobrizos hechos de bronce; su perfil hermoso como una estatua griega. Pero sus ojos me seguían desconcertando; primero rojos sangre, después negros cual ébano, y ahora dorados como oro liquido. Y con sus ojos, su mirada continuamente me quería hacer perder la cabeza.

Mis ojos tímidos se encontraron con los de el, y aunque mi cabeza me decía que la bajara, yo no podía. Probablemente y él si fuese un demonio que me había hechizado.

Su mirar ya no mostraba hostilidad, sino una pequeña confusión y después pude ver un poco de insatisfacción en ella. Pero definitivamente ya no había odio, hasta podría decir que sus ojos me querían transmitir un poco de amabilidad, la cual se reforzaba con una sonrisa sutil y franca. Ni siquiera había sorpresa, lo cual significaba que la Sra. Cullen ya había puesto a su familia al tanto de mi existencia. Suspire.

Él inclino la cabeza.

-Buenos días -me dijo con su voz aterciopelada.

¿Acaso soñé la escena de la noche del baile? ¿Acaso las pesadillas que atormentaron mi sueño después de su rescate tan solo fueron eso? Porque no había otra explicación ante la cordialidad que me mostraba. A menos claro que fuese un gran cínico.

Pero las reacciones de mi cuerpo y de mi mente eran muy diferentes. Por un lado, mí cerebro me ordenaba indignación; pero ni siquiera mis piernas eran capaces de moverse. Las sentí temblar como pudín desde la primera silaba que su voz encantadora entono.

De repente me sentí como una tonta por no dirigirle palabra alguna. Esperaba una respuesta y probablemente el estaría dudando de mis capacidades mentales sino era capaz de al menos decirle "Buenos días".

E iba a abrir mi boca para decir lo primero que se me vino a la mente cuando sentí un par de fríos brazos que me tomaban por los hombros y el cuello.

-¡Bella! –grito una alegre Alice que con su diminuta forma se colgaba de mi espalda.

-Srita. Alice –le intente responder en medio de mi asfixia. Nunca me hubiese imaginado que alguien tan pequeña tuviese tanta fuerza.

-¡Por dios, Alice, la vas a asfixiar! ¡Suéltala! –grito una aterrada Esme.

Sentí las pequeñas manos opresoras soltarme de mis hombros pero buscaron pronto agarre en mi brazo izquierdo.

-Sabes que no la hubiese asfixiado, mama –dijo con su pequeña vocecita de tenor.

Mis ojos recorrieron la estancia muy por detrás de donde la señora Cullen miraba con reprobación a su hija. Edward Cullen había desaparecido.

Mi corazón hizo un mohín. No me gusto la sensación.

-¡Bella, no sabes que gusto me ha dado el volverte a ver! –repitió mi siempre enérgica compañera.

-Vaya, debo decir que esto no es una sorpresa siendo que esta es la tienda de tu madre –ella rió.

-Ayer volvimos de nuestro viaje. Es curioso que hasta los chicos volvieran al mismo tiempo –comento de pasada viendo a su madre.

Con una sonrisa ella asintió con la cabeza.

-Y bien, Bella ¿Cómo estas hoy? –me pregunto con cadencia.

-Bien –conteste un poco sonrojada. Yo solo quería acabar esto y empezar a trabajar; pero no sabía exactamente como lograr aquello con Alice, y probablemente, su hermano aquí.

-Sra. Culllen…

-Esme –me corrigió con una sonrisa.

-Esme yo... yo…

-¿Vienes a quedarte con nosotras? -pregunto emocionada Alice.

Si antes me estaba ahogando con mis palabras ahora me atragante.

-¡Alice! Eso fue muy poco cortes –le volvió a reprender su madre.

--Pero ¿no es así? –Pregunto haciendo un puchero Alice- ¿no te vas a quedar con nosotras? ¿A pasar la tarde?

-Yo… bueno... si. Esa es la idea…

-No te preocupes querida. Podemos discutir eso luego –me aseguro Esme casi como si supiera de antemano a lo que venia. ¿Era tan obvia?

Suspire. Supongo que si lo era.

-Pero yo he venido a ayudarla…

-Oh, y yo también. Vamos a ayudar a mama juntas., y mientras tanto hablamos de cosas de chicas. Créeme que hablar con Rosalie es lo mismo que hablar con una pared. Aunque creo que las paredes han de tener más gracia…

Y así Alice me arrastro por toda la tienda. Yendo y viniendo nos la pasamos desempacado libros y limpiándolos para quitarles el polvo.

Nuestra conversación empezó con ella contándome sobre su viaje y las ropas y cosas que había comprado. Como no soy una gran admiradora de la moda o una conocedora yo simplemente asentía con la cabeza y sonreía. Realmente no importara de lo que hablara, la simple compañía de Alice era revitalizante.

Pero de un momento a otro y sin darme cuenta ella empezó a lanzarme preguntas a mí. Primero eran generales. Como estaba; donde vivía; cuantos eran en mi familia. Pero las preguntas se fueron volviendo más intimas hasta el punto de que me estaba acorralando más y más.

-No me agrada mentir –conteste, valga la redundancia, con sinceridad.

-Se nota ¿Quién más me hubiese dicho el color de su ropa interior favorita?

Me sonroje lo cual casi siempre ocurría.

-Vamos Señorita Alice-gemí entre molesta y nerviosa. No había visto a su hermano de nuevo en horas; pero si el estaba cerca ese tipo de comentarios era lo ultimo que quisiera que el escuchase- ¿He asesinado a alguien y no me di cuenta? ¿O por que me esta interrogando?

Alice rió de nuevo, con esa risa cantarina y limpia, tan propia de ella.

-Primero deja de decirme "Señorita". Segundo…-sus labios pequeños y llenos formaron una sonrisa picara que no alcance a entender- creo que me has atrapado Bella, no puedo contra ti. Supongo que tendré que decir la verdad.

-Oh, claro -realmente si hubiese podido. Ella pudo haber mentido y yo le habría creído. O al menos lo habría intentado.

-La verdad es que estoy en una misión por parte de mi familia.

Primero me sobresalto su respuesta, pero después me desilusiono. Realmente ¿eso era lo mejor con lo que pedí venir?

-Ah, en serio –le seguí el juego- ¿Qué clase de misión?

-De espía.

Escuche un estruendo al otro lado de la tienda, como si hubiesen tirado algo de imprevisto.

-¿Espía? –pregunte por si había escuchado mal.

-Si –aseguro asintiendo con la cabeza- intento saber lo más que se puede de ti.

-¿Y por que tú familia querría saber mas de mi?

Honestamente, no veía como el pequeño invento de Alice podía ser cierto. ¿Estaba hablando de mí? ¿De la aburrida Bella sin metas en la vida ni nada en especial?

-Bueno, no de toda mi familia. Tal vez de una cierta persona…

La mire intrigada.

-¿Persona?

Ella rodo los ojos exaspera, aunque seguía divertida por nuestro pequeño juego.

-Vamos, Bella. ¿Quieres que sea tan directa como para decirte que mi hermano secretamente desea tener un idilio contigo?

Abrí los ojos sorprendida e intuí mi rostro subió unos cuantos grados de color. Creo que me hubiese sonrojado de todas formas aun cuando Edward Cullen no se hubiese aparecido en una esquina mirando de forma asesina en nuestra dirección.

Alice se volteo al sentir la mirada y le saco la lengua con diversión. Eso encrespó mas a Edward, y con una gracia y rapidez que nunca había visto se dirigió a la salida de la tienda para perderse en la húmeda calle al tiempo que tomaba su abrigo oscuro del perchero.

En medio de nuestra cháchara no me había dado cuenta de que él también estaba por ahí ayudando a su madre. Mi sonrojo llego hasta mis orejas que ardieron en rojo. ¿Habría escuchado todo? ¿Inclusive de mi ropa…?

No, no podía haberlo hecho. Y aun si hubiera sido así no podría haberle importado. A él. Al misterioso y hermoso Edward Cullen. Mis respuestas debieron haber resultado un parloteo incomodo de fondo para él.

Alice pareció no notar mi incomodidad, o al menos tuvo la cortesía de ignorarla. Ambas seguimos platicando dejando su comentario atrás como una simple broma. No podía ser nada más. Sus preguntas se volvieron menos directas y nos permitimos hacer un paréntesis para hablar un poco de su familia. Aunque ahora sus respuestas eran tan cortas como las mías.

Cuando por fin pareció satisfecha con sus preguntas, casi como si las hubiese tenido programadas, se despidió de mi con un beso en cada mejilla y partió.

-Vaya, ella siempre tiene tanta energía. –comento Esme la Sra. Cullen a mi lado. Ni siquiera la había escuchado venir.

-Si, verdad.

Toda la mañana había estado esperando poder platicar a solas con ella. Pero ahora no sabía como empezar.

-Todavía hay varios libros que me gustaría sacar ¿te puedo esperar a la misma hora mañana?

-¿Cómo supo…?

-A diferencia de lo que mucha gente piensa, tu eres como un libro abierto Bella. Tus sentimientos son fáciles de leer en tu rostro. Entonces ¿si has aceptado?

-Si… aunque mi familia no lo acepte. No esta tan mal pero ahora es una época difícil, y necesitamos el dinero. Quiero ayudar, en todo lo que pueda. Y por eso trabajare muy duro en todo lo que usted me pida… excepto.

-¿Excepto?

-Preferiría no salir a la calle –empecé insegura ¿Cómo no se me había ocurrido que mi oferta como trabajadora sonaba tan poco tentativa si ni siquiera podía salir a atender a la clientela?- ahora que lo pienso, entendería completamente si se quiere retractar ahora y no darme el trabajo. Además sus hijos también parecen muy dispuestos a ayudarle..

-¿mis hijos?

-Si, su hija y su hijo. Él no salió mucho pero si lo vi.

Desde la aquella noche en que le confesé mis problemas en la casa, no había vuelto a ver a Esme fruncir el ceño de esa forma.

-Bella, soy una mujer de palabra. No me retractare –y suavizando su rostro añadió- no te preocupes por nada, entiendo tu situación. Solo haz lo que puedas.

-Eso me parece tan injusto. Usted es tan buena, y sus hijos tal vez…

-A Alice solo le gusta la compañía y Edward solo estaba de paso por aquí. Vino simplemente a recoger un libro que quería leer. Lamento si se comporto algo grosero contigo, por no hablar para nada. Pero el suele ser un chico tan callado.

-No hay problema.

-Sabes, últimamente hemos estado muy distanciados- me hirió el tinte triste de su voz.

-Es como si estuviésemos a punto de separarnos y cada quien esta por su lado. Por eso es bueno saber que alguien va a estar contigo cada día.

Sentí algo calido al escucharla pronunciar esas palabras como si me estuviese aceptando en su familia. Como si ya lo fuese. Sus ojos tristes parecían querer derramar lagrimas, pero nunca llegaban a ello. Mientras yo obligaba a los míos a contenerlas.

-No sabes lo importante que es tu ayuda para mí. Realmente me alegra haberte conocido. No sabes la fortuna que ha sido.

Su voz estaba quebrada en sentimiento. Y en un movimiento tan sutil y propio de ella, saco de debajo de una repisa un libro envuelto en un pañuelo de encaje, con una bolsita marrón sobre él.

-Ábrelo. Es un regalo en conmemoración a que has aceptado mi propuesta y en la bolsa podrás encontrar tu primer salario.

-Pero ¡Como? No, Esme; no puedo aceptarlo es….quiero decir, ni siquiera he empezado a trabajar bien hemos fijado el salario ni nada.

-Ella apretó m imano encorajinándome.

-Yo soy la jefa ¿no? Y se ver a una trabajadora responsable

Destapeconlentitudellibro.Enlaportadapudeleerenletrasdoradas"Cumbres borrascosas".

-Gracias –fue lo único que se me ocurrió decir. Lo único que había por decir.

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El siguiente día fue más o menos igual. La señora Cullen se la paso detrás del escritorio haciendo algunos balances. Alice me estuvo siguiendo de arriba para abajo haciéndome preguntas. Edward no fue aquel día.

Me molestaba el hecho de que eso me pareciese tan significante. De que el fuese tan significante. Pero por otro lado no ponía mucha fuerza de voluntad para evitarlo.

La compañía de Alice y de su madre me era verdaderamente grata. En tan poco tiempo la amistad de aquellas dos mujeres se había vuelto una de las más allegadas en mi vida. Aunque la mayoría del tiempo sintiese que había un gran secreto del cual me excluían.

No importaba; o al menos intentaba que no me molestará, porque entendía que cada quien tenia sus secretos.

Pero aun a pesar de disfrutar de la compañía de ellas, todo ese día no pude dejar de desear que en algún momento Edward Cullen apareciese y por fin poder aclarar las cosas con él y terminar con esta confusión que poco apoco me mataba.

En verdad, no podía ser sano pensar tanto en un hombre el cual te ignoraba.

Mi suerte empeoro aquel día cuando a tía charlotte le dio por conjeturar algunas cosas sobre mis ausencias.

-¡De donde has conseguido el dinero para mas comida? –pregunto tía Charlotte.

Anna estaba afuera alimentando a las gallinas del corral, y mí abuela estaba dormida en su habitación.

Así que éramos solo tía Charlotte y yo en la cocina.

-Creí que no le importaba de donde viniese la comida en tanto hubiese-conteste con osadía. ¿Desde cuando era osada?

Me di media vuelta dispuesta a seguir pelando las patatas pero tía Charlotte no estaba dispuesta a dejar las cosas así.

-Dime de donde has sacado el dinero mocosa –me amenazo tomándome del cabellos y jalándome hacia atrás. Intente desajustar su agarre con la pelea quedaban mis cortas uñas, pero no lograba gran esfuerzo.

Pensé en gritar, pero ¡quien podría ayudarme? Y más sin embargo no podía revelarle el secreto a tía Charlotte. Sabía que su ambición era tan grande como su falta de sentido de responsabilidad. Y terminaría malgastando el poco dinero que la señora Cullen me daba.

En mi vergüenza a duras penas le pedí lo justo para cubrir las compras. Ella lo terminaría malgastando todo.

-¡Dímelo!

-¡No! –saque toda la fuerza y determinación que tenia para encararme.

-Bien-soltó mi pelo enojada.

Masaje mi adolorida cabeza mientras escuchaba sus pasos irse.

-Sabes el otro día madre me comento algo muy curioso de ti. Algo acerca de libros.

Mi corazón se detuvo. Había dejado el libro que Esme me regalo en la otra habitación

¿Es que nunca aprendería?

Corrí lo mas rápido que pude y cogí con violencia el ejemplar de las manos de tía Charlotte. Enfurecida ante mi proceder tomo mi rostro y con las manos todavía aprisionadas en una de las suyas me inclino ante la chimenea para quemarme la parte trasera de la oreja contra el marco de hierro.

Chille pero no solté el libro.

-¿Dame el dinero que has robado!

-¡Yo no lo robe!

-¡Claro que si!

-¡Claro que no! ¡He trabajado para conseguirlo!

La sorpresa la posesiono, y aproveche el momento para escabullirme y alejar mi libro de sus manos.

-¿Trabajado? ¿Dónde?

Por un momento tuve deseos de tildarla de loca, pero ahora que ya había hablado no se detendría hasta no saber lo que quería. Y se que seria capaz de utilizar todos los medios a su alcance.

Así que por los siguientes quince minutos no tuve mas remedio que contarle lo que había acontecido a los últimos días.

Cuando termine mi relato charlotte se encontró bastante seria y sumida en sus propios pensamientos.

-Así que eso has estado haciendo los últimos días –una sonrisa envolvió sus labios. Un sentimiento sobrecogedor se instalo en la base de mi estomago- quiero el 70 de lo que ganes.

-¡Espera! Con lo que sobre casi ni alcanzara para los víveres.

-Escucha niña. Esto no es negociable. Y créeme que es el mejor trato que obtendrás de mi parte. Estoy inclusive dispuesta a mentir frente a mi madre si fuese necesario.

Lo sopese por un segundo. Realmente no tenía ninguna opción. Sino lo hacía Charlotte me terminaría delatando sin importarle que este trabajo significaba un beneficio para ella

Así que termine aceptando lo que desde el principio sabia era inevitable.

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Esa mañana llegue refunfuñando. Hacia apenas pocos días había recibido mi propio sueldo y lo había acabado casi todo en un solo día. Maldita fuera mi falta de fuerza de voluntad.

Ahora le tendría que dar la misma cantidad a Tía Charlotte. Dejando para las necesidades de la casa casi sin nada. Deseaba, que por un solo segundo esa mujer dejara de pensar en si misma.

Se suponía que ir a la tienda me tranquilizaba; pero el pensar en la frialdad de Edward Cullen no hacía más que enfurecerme más.

Él sabía que yo conocía su secreto o parte de el. Y mas sin embargo desde aquel día no había vuelto a ir a la tienda. ¿No tenía deseos de saber si yo lo recordaba? ¿Si yo podía contar algo acerca de lo sucedido? ¿Su madre no lo había puesto al tanto ya de eso?

O simplemente no le importaba. De seguro esa era la respuesta. No había razón ni de preocuparse ni de molestarse por una insignificante persona como yo. Alguien como él. Algo como él.

La duda me volvió a hacer un escozor en el corazón. ¿Quien era Edward Cullen? Hijo modelo, nuevo vecino de Forks, hermano de cuatro… ¿ajusticiador nocturno?

¿Qué era Edward?

La tienda como siempre estaba oscura, un hecho que le hice notar a un tiempo atrás Esme. Ella me prometió que tan pronto la tienda se inaugurase dejaría filtrar la luz dentro. La puerta estaba abierta por lo que supuse que ella debería estar adentro.

-¡Buenos días! ¡Ya llegue!

Coloque mi bolso y mi abrigo en el sofá mas cercano y después me incline sobre la chimenea para avivar el pálido fuego, y recoger unos cuantos libros tirados.

-Bueno días –me contesto una voz con calma.

Mi cuerpo se tenso al instante y sentí mi estomago vaciarse y al mismo tiempo llenarse de algo que se movía dentro, haciéndome cosquillas. Me voltee lentamente.

Y ahí estaba Edward Cullen a penas si iluminado por la luz de la chimenea. Sus ojos brillaban con expectación. Y su sonrisa como la otra vez mostraba amabilidad.

De nuevo sentí que le debía contestar algo. Pero mi cuerpo repentinamente lánguido no me contesto y termine dejando caer los libros que tenía.

Maldiciendo mi torpeza me volví a colocar de cuclillas para cogerlos, pero en ese momento una blanca mano apareció para ayudarme.

En ese momento estaba levantando un libro cuando la mano toco la mía para ayudarme y nuestras pieles se encontraron. Y la solté con rapidez, creando otro estruendo al dejar caer el libro. No era por el hecho de que su mano estuviese tan fría que parecía haberla colocado en la nieve, sino que era por la corriente eléctrica que me recorrió desde la yema de mis dedos hasta extenderse por cada rincón de mi entumecido cuerpo.

-Lo siento –le oí decir con cortesía y cuando se enderezo con el resto de los libros en la mano. Se alejo unos cuantos pasos de mí.

-No hay problema -¿Por qué mi voz sonaba tan seca y lejana?

-En verdad lamento haberla asustado –dijo alejándose ligeramente un poco más de mí- Mi madre no podrá venir el día de hoy así que me pidió abrir la tienda y estar para usted en lo que se necesité.

Me miraba con aprehensión, como si buscara algo dentro de mí. Pero por el punto de frustración en su rostro, parecía no encontrarlo. Su boca se abrió y cerro como dudando. Pero al final hablo.

-Lamento que en nuestras últimos encuentros yo haya sido tan descortés.

Creo que mi corazón se detuvo un segundo o dos antes de reanudar a un ritmo rápido y fuera de lo normal.

Estaba sola con él. Lo que había deseado desde que acepte este trabajo. La verdadera razón por la que lo hice.

Pero ahora no sabia como sentirme.

En alguna parte de mi cerebro, sabia que si mis su pociones eran ciertas acerca de él, entonces debería estar aterrorizada de estar a solas con el asesino de tres hombres. Pero no lo estaba.

De hecho eso era lo último que me importaba. Lo único podía pensar era en como el me estaba mirando en ese momento.

Aunque tenía una cierta curiosidad. ¿Por fin aceptaría lo de Londres? Sus disculpas podían interpretarse de muchas formas.

Carraspeo viéndose sobrecogido por mi silencio.

-Me parece que no nos hemos presentado como es debido en todo este tiempo; Aunque creo que para este momento ya nos conocemos nuestros nombres –me sonrió de forma arrebatadora. Debería ser un crimen ser tan hermoso-Hola, mi nombre es Edward Cullen; creo que nos vimos en la fiesta de la Sra. Yorkie.

¿La fiesta de la Sra. Yorkie? ¿Era ese del único lugar que me recordaba? Sabía que mis mejillas se debían de estar empezando a poner coloradas; aunque no eran por la vergüenza. Eran de ira.

Pero ya sabía de antemano que el me lo negaría.

-Esta bien si no me recuerdas, probablemente tan solo fue un momento, yo no estaba muy bien dispuesto en ese instante y no se si a mas de uno le dio la impresión de que me encontraba molesto. Si en algún momento le he ofendido le ruego que me disculpe, Srita. Bella.

-¿Cómo supo mi nombre? –pregunte sin que mi cerebro pudiese encontrar algo mas listo que decir.

-Srita. Bella, usted lleva ayudando a mi madre desde hacia días. Su nombre ha sido gratamente hecho del conocimiento de mi familia. Además debo decirle que su nombre era altamente popular en Forks al ser nombrado antes de su llegada aquí.

-No, no me refiero a ahora. Me refiero a la fiesta.

Por un segundo pude ver un leve rastro de comprensión en su rostro, pero al siguiente su cara se torno dura e inescrutable.

-¿Perdón?

-En la fiesta usted me dijo "Buenas noches Srita. Bella" ¿Cómo supo el llamarme de esa forma cuando mi nombre es Isabella?

Quería atraparlo en su mentira. Quería que reconociera nuestro encuentro. Quería que me dijera porque.

-¿Prefiere que la llame Isabella?

-No, me gusta Bella. Es solo que mi padre habla mucho a mis espaldas, y nadie en el pueblo me llama así. Especialmente alguien que no conozco. Es creo… anormal que un hombre le llame a una mujer por un sobrenombre si no se conocen.

La frente de Edward se encrespó y sus labios se volvieron una fina línea, pero no parecía enojado conmigo, sino más con él mismo. Y aun así se seguía viendo tan hermoso.

-Lo lamento, no conozco bien las costumbres de este pueblo. Pero, mi hermana la llamo así y me dio la impresión que ese era su nombre verdadero.

"Mentiroso" él sabía mi nombre de antemano.

-Pero su hermana nunca le dijo mi nombre.

-Claro que si, usted se lo dio y ella nos presento.

-No hubo tiempo de que comunicaran palabra alguna –le espete terca- ¿Cómo le dijo mi nombre? ¿Con la mente?

En una fracción de segundo pude ver los ojos de Edward abrirse de para en par y su cuerpo tensarse, pero tal y como la otra vez recobro la compostura.

-Srita. Swan usted esta siendo ridícula. No me atreveré a debatir tales asuntos con una dama; además parece que mi platica la ha perturbado. Lo mejor será que la deje hacer sus asuntos.

-No juegue conmigo Sr. Cullen. Yo se que usted y yo nos hemos conocido antes. En Londres. Para ser precisa –insistí como una tonta.

-Londres es una ciudad grande –contesto con obviedad.

Sabia que sus argumentos eran mas validos; sin contar con que lógicos. Pero después de haber llegado a tanto no iba a desistir.

-Usted sabe las circunstancias tan inusuales en las que nos hemos conocido.

Demasiado inusuales. Los suficiente como para que yo no hubiese podido olvidar. El perfil de su cara, el color de su pelo, la palidez de su piel. Nunca lo había hecho. Nunca podría.

-En verdad lo lamento. Pero honestamente no la recuerdo –me dijo cortante. Sus ojos penetrantes hacían un refuerzo a sus duras palabras. Sacudí mi cabeza y me voltee, para no ser absorbida por la fuerza de esos ojos topacio.

No solo era el hecho de que lo negase, sino que también de que mentía. Me estaba llevando al borde de mi paciencia. Y eso que era una persona bastante tolerante.

-Pues bien, fue mi equivocación –dije molesta.

-En verdad… -quiso remediar sus palabras ahora que me había visto explotar ligeramente. Pero ya no iba a ceder.

Iba a negar lo que sucedió en Londres. Pues que bien, porque dos podían jugar ese mismo juego.

-En verdad, tiene razón, nunca nos hemos visto –mi voz decía eso con tal falsedad que inclusive él se molesto.

-Hablo en serio, Srita. Swan.

-Y yo también. Buen día Sr. Cullen –me di media vuelta y me perdí entre las estanterías

Si el mentía, yo también podía. Si quería evitar mi presencia pues que lo hiciera. Pero que recordara la platica de hoy. Que supiera que yo lo recordaba. Y que de ahora en adelante cada una de mis negaciones era una mentira. O algún intento patético de ella.

Las siguientes cuatro horas fueron bastante calladas. Era como un juego en el que intentábamos ver quien podía hacer menos ruido antes que el otro. Ninguno de los dos dándonos tregua. Callados como ratones, incluso controlando nuestra reaspiraciones.

Me la pase catalogando los libros y colocándolos por categorías. Tenia pensado hacer llevar un control de fichas bibliografiítas. LA Sra. Cullen al parecer tenía la nada despreciable cantidad de dos mil y tantos libros. Y eso que me dijo que este era el primer cargamento. Continué en mi tarea, intentando ocupar el mínimo de espacio en Edward Cullen aun cuando seguía ahí, física y mentalmente. Hasta que por fin llego mi hora de salida; si me tardaba más irremediablemente mi abuela comenzaría a sospechar de mis ausencias.

Estaba en recogiendo mi bolso y colocándome el calido abrigo encima cuando oí el dulce tono de la voz de Edward de nuevo.

-Lo siento –se disculpo, pero en su rostro no había el menor atisbo de ningún sentimiento- He sido muy descortés con usted; pero, estaba diciendo la verdad. –continuo dándole cuerda a nuestra pelea.

-Y yo también –mentí patéticamente.

-No es verdad. Usted no cree sus palabras.

-No hay manera de que usted lo sepa.

-Es verdad –me concedió sonando sincero y frustrado al mismo tiempo.

Lo mire más de cerca. No debí haberlo hecho, pues sus ojos me volvieron a atrapar.

-Pero Alice me dijo que era una mala mentirosa. Y estoy confiando y temiendo en ello.

Esperaba que la ira de mi fría mirada lo atemorizase, pero al contrario esto pareció divertirle. Y me hacía desear tener algo que golpear.

Cuanto me odiaba por dejarlo tener tanto efecto en mi.

-Y si fuese así ¿Qué? Yo puedo creer y decir lo que quiera. ¿A usted que le importa?

-Tiene razón –murmuro desafiante- Pero…

-¿Pero?

-En cierta forma me ha atrapado. Deliberadamente quise estar a solas con usted el día de hoy.

Sus palabras me volvieron a golpear con fuerza, pero contuve el impacto dentro de mí. Aunque no tuve éxito con la curiosidad.

-¿Y que quería hablar conmigo?

-¿Cómo debería empezar? Usted es –empezó, buscando de nuevo las palabras- …diferente.

-¿Diferente?

-Si. Usted me es bastante difícil de entender –sus labios estaban contraídos en una fina línea que denotaba concentración- me es difícil leerla.

-Curioso –comente intentando sosegarme- Mi Tía y su madre dicen que soy fácil de leer.

-No para mí.

-Lamento si eso le molesta. No siempre se puede obtener lo que se busca.

Frustrado paso una mano por su cabello.

-Vaya, usted en verdad es una mujer muy volátil.

-Solo con algunas personas. ¿Qué es lo que desea comprender de mí?

-Todo –musito debajo de su aliento, tan bajo que en verdad no estoy segura de haberle escuchado.

-Podría empezar con algo específico.

-Muy bien, quería comprender porque esta tan apegada a mi madre y mi hermana.

Su pregunta me desconcertó. No me podía imaginar la razón detrás de ella. Y menos con su cara serena y expectativa. Una pregunta de ese tipo llevaría a cualquiera a pensar en celos o en preocupación. Pero sin embargo solo había curiosidad.

-¿Le molesta?

-Realmente no, eso parece hacerlas muy feliz. Pero eso no significa que es lo mejor para usted.

-¿Por qué no seria lo mejor?

-Porque… nosotros somos peligrosos. No puedo explicarle porque, pero hay cosas de mi familia. Cosas que usted se beneficiaria en estar alejada.

Sinceramente, si el quería pasar desapercibido y hacer que me olvidase del incidente de Londres, pues no se estaba yendo por muy buen camino, al levantar ese tipo de sospechas.

-Pero no quiero.

Sabía que estaba siendo testaruda, y que estábamos jugando a un juego de yo se que tu sabes. Sin embargo, no lograba dejar de tomarme con seriedad esto.

-Hasta cierto punto soy una adulta., y hay decisiones en vida que yo tomare por mi cuenta. Me gusta mucho la compañía de su madre y su hermana. Las aprecio por como son. Y en cierta forma siento que ellas me han aceptado en algún nivel dentro de su vida. Y sinceramente no entiendo su advertencia; pero lamento si esto ha causado disconformidad en usted –dije de forma templada y calmada; para hacerle ver la sinceridad de mis palabras.

-No es eso, Bella –suspiro, y yo me estremecí al escucharle decir mi nombre de esa forma inconciente- si fueses lista te alejarías de nosotros.

-¿Por qué?

-No te lo puedo decir. Eso seria como…

-¿Traicionar a tu familia? Pues bien, tu madre me ha ayudado mucho y tampoco la traicionare. Me quedare aquí, trabajando hasta saldar mi deuda.

Edward volvió a suspirar, un aroma dulzon llego a mi nariz cuando lo hizo.

-No creas que te he dicho esto porque me desagrades o algo así.

-Por supuesto que no –le espete fría.

Una sonrisa torcida se empezó a extender, al parecer divertido por mi furia.

-Simplemente que al parecer me vas a dar un poco mas de problemas en mi humilde intento de protegerte.

-¿Protegerme de que?

-Eso, ya te dije que no te lo puedo decir. Entre menos sepas es mejor para tí –dijo acercándose más a mi rostro y soltándome mas de su aturdidor aliento. Ambos estábamos paralizados, yo creía estar hiperventilando, pero él al contrario se mantenía tan quieto que me hacía dudar que respirase.

-Como gustes. Lo terminare descubriendo por mi parte.

Sus labios se fruncieron disgustados.

-Preferiría que no.

-No tengo intención de hacerle mal a tu familia.

-Te creo –suspiro- ese es el problema. Yo te creo, mi familia te cree. Esa parece ser tu mayor desgracia.

-No te entiendo.

-Cuento con ello.

En ese momento las campanas de la iglesia retronaron por la plaza del pequeño pueblo. Haciendo ecos infinitos entre las callejuelas desiertas a esas horas de la tarde.

-¡Son las seis!

-Ya te tienes que ir. –aseguro calmado.

-Si, entonces… -ambos nos quedamos como tontos el uno frente al otro entre el marco de la puerta.

¿Qué es lo que había significado todo esto? Este repentino cambio de personalidad, esta repentina actitud serena y confiada de parte de él.

No lo podía entender a ciencia cierta. Pero algo en su forma de actuar me hizo pensar que el me estaba dando cierta libertad para entrar en su vida.

Y todo eso e un plazo de cuatro horas. Que chico tan voluble.

-¿Vendrá mañana Srita. Swan? –pregunto con una mezcla de expectación y desilusión.

-Claro que sí –le asegure altiva- Pero…

-¿Pero?

-Déjeme de llamar Srita. Swan. Dígame, Bella.

-Bien, Bella. Entonces usted dígame Edward. La esperare mañana.

Diablos. Podía contar con ello. Pensé mientras me alejaba de él entre las frías calles de Forks. Sin embargo mi mente seguía junto con él y su sonrisa de despedida.

Todos estos cambios de ánimo y decisiones apresuradas. ¿Qué significaban? ¿Para mí? ¿Para él? ¿Para los Cullen?

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Bien otro capitulo que finaliza.

En verdad deseaba hacerlo corto, pero una cosa me llevo a la otra. Primero lo pierdo el archivo después tengo que volverlo a sacar y al final termino haciéndolo el doble de largo. Vaya.

Pero en fin. Comentando un poco sobre el capitulo de esta entrega, se habrán dado cuenta de que hay una cierta rapidez entre la relación de Bella y Edward. Realmente no estoy siguiendo al pie de la letra todos los acontecimientos de Twilight; y más siendo que desde el principio sucedió aquel encuentro entre este par. Así que en cierta forma ambos están en un nivel de relación como el que tenían después de que la furgoneta casi atropellaba a Bella.

Así que se pueden esperar una interacción entre ambos más intensa. Y también con la familia de él, porque todos están concientes de lo que sucedió en Londres. Si algo no quedo claro del capitulo o si desean hacer alguna observación, no duden en darle clic al botoncito de review y expresármela.

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Capitulo 6

"Acuerdos"

Bella parece no estar consciente de su propia despistadas, sino hasta que se entera de las buenas nuevas de Forks. Lauren se va a casar, y su fiesta de compromiso es el evento mas comentado en Forks.

Un evento al cual esta prácticamente obligada a ir. Y en el cual ella teme que la que pudiese terminar comprometida es ella misma.

Ahora debe escapar de cuatro invitaciones a bailar con futuros candidatos de esposo. Aunque tal vez no popuela contra una quinta, y menos si esta viene de Edward Cullen.

Bien chicos, si el siguiente capitulo sale en menos de quince paginas entonces espérenme para la semana que viene. De lo contrario nos veremos dentro de dos semanas. De nuevo sorry por el super retraso.