¡Hola! Ya llegue con otra actualización.
Se que para este capi prometi baile, pero como veran, estoy actualizando por espacio de una semana, así que los capis se haran mas cortos, y por lo menos este lo dividire en tres. Los siguientes probablemente tambien, pero depenrán de la extensión del mismo. Y este a resultado muy largo. Pero a decir verdad, no pensaba poner esta escenao al menos no ahcerla tan larga, pero me termine llendo por las ramas y una cosa me llevo a la otra hasta que la termine.
En fin, eso es demasiado rollo. Antes de presentar e capitulo me gustaria enviarle mis agradecimientos a:
The little Cullen, Edith, Kathie Bouldelaire, mary-loki, Annie858, RociRadcliffe, Fefaah, Hime-chan n n y a mi amiga Renaissance Lady-K
por escribirme, en serio, ustedes me inspiran a seguir adelante n.n
Y ya sin más que agregar, les dejo el resto del capitulo.
Ocaso eterno
Capitulo 6
Parte I
"Acuerdos"
El día amaneció igual de nublado que cualquier otro. Pero repentinamente había algo nuevo. Aun, era la misma emoción que me embargaba desde hacia dos días, cuando Edward se convirtió en mi jefe suplente, con Esme en medio de unos días de descanso por un breve catarro. A pesar de su advertencia, Edward seguía yendo todos los días y hacia mis tardes resplandecer.
Usualmente hablamos de nuestros gustos literarios. O mejor dicho yo hablaba, y él escuchaba interesado. O al menos eso es lo que yo pensaba. Pero sinceramente no había ninguna posibilidad e que el estuviese interesado en escuchar las tonterías que yo decía.
Encontrábamos algún buen titulo entre las cajas interminables y hablábamos un poco sobre el contenido. Edward era un joven culto, aunque la mayoría del tiempo se mantuviese reservado y prefiriese hacer de oyente. Pero también había ocasiones en que parecía disfrutar llevarme la contraria y criticaba a algún personaje. Como lo hizo con Romeo en una ocasión. Esa fue una buena pelea. Y aun así todo seguí siendo divertido. Como nunca antes en mi vida.
Lastima que todo acabaría pronto. Casi todos los libros estaban catalogados en sus estantes y bajo el control bibliográfico que les había impuesto.
Me levante y estire para desperezarme. Al mal tiempo buena cara. Sol me quedaba disfrutar el poco tiempo que tenia.
Cuando mire por la ventana, tal vez lo que pensé pudo haber sido lo "nuevo" eran los cinco centímetros de nieve en la entrada. Pero dudaba que mi actitud tan renovada tuviese que ver algo con el clima. Era algo diferente.
Algo que me hacía sentir ligera y feliz. Una sensación de paz y ansiedad contradictoria me llenaba. Y estaba segura que tenía algo que ver con visitar la librería de los Cullen. Esta bien, si no me quería hacer tonta tenía que admitir que todo tenía que ver con visitar a uno de los Cullen. Específicamente a Edward Cullen.
Su actitud me desconcertaba tanto como su pasado. Y miles de preguntas acerca de él rondaban mi cabeza ocupando horas de sueño e incontables minutos de mi día.
Primero me ignoraba y me trataba como si tuviese lepra. Después me desconocía y al final me advertía de peligros ocultos y me prometía protegerme.
Pero eso no me afectaba tanto como la duda que me provocaba el no saber quien era realmente él. Y que es lo que hacia a su familia tan peligrosa.
¿Problemas con la Ley? ¿Con otros familiares? ¿Aquí en América? ¿O allá en Europa? Siendo la hija de un sheriff cuando se hablaba de peligro, lo primero que se me venia a la mente era algo contra la ley. Pero mi intuición ahora me decía que los problemas de los Cullen muy poco tenían que ver con eso. Que tenía mas que ver con los hábitos de vengador nocturno de Edward…
Las imágenes de aquella sangrienta noche volvieron a llegar a mi mente. Todavía perturbando mi corazón pero no menguando mi deseo de volverlo a ver a él otra vez. Y aun así sabia que la mejor pregunta que hacer sobre Edward Cullen era ¿Qué era?
Me seguí repitiendo a mi misma que cualquier persona cuerda ya se habría alejado de él y de su misteriosa familia. Pero la atracción que ejercía sobre mi era irrefutable. La necesidad de saber.
Edward me obsesionaba. Sabia que estaba mal, demonios que si
Tuve que apartar a Edward de mis pensamientos por unas horas. Mi preocupación por ella fue lo que me saco de mi pequeño desvarió feliz sobre aquel enigmático hombre.
Anna estaba en su cama débil como nunca la había visto antes. Sus ojos llenos de arrugas que par mi significaba sabiduría, se mantenían cerrados. Y su cara, de nacimiento oscura, por primera vez se veía casi tan pálida como la mía; muestra de que cedía y cedía hacia el cansancio.
La mojada que se dio en la colada anterior solo trajo de vuelta un problema que ella ya tenia de mucho atrás.
-Te vas a poner bien –le prometí insegura. Que sabia yo de enfermedades y medicina.
Pero ella negó con su cabeza, moviendo sus grises cabellos con ella, y probablemente adivinando mi pensamiento.
-Cuando llega el momento no hay mucho que se pueda hacer.
-No, nana. Tu momento no ha llegado. Si tomas cama y dejas las preocupaciones de lado estoy segura que te repondrás pronto. De ahora en adelante tomare todos los quehaceres. Y estoy segura que con el dinero que consigo de la librería seré capaz de traerte un buen medico. Tal vez el Dr. Cullen...
Ella me detuvo apretando su mano débilmente contra la mía.
-No esta bien que desperdicie su tiempo y dinero en mi, Señorita. Mejor debería de intentar velar por usted misma.
-No hay nada que velar.
-Claro que lo hay. Señorita, cada día que pasa su tiempo se va acortando mas y mas. Y si quiere evitar que su familia la case con un desconocido, debe elegir.
Si, ese debería de ser mi mayor preocupación. Elegir un buen esposo.
-La condena es la misma. No importa a quien elija –le dije apagada.
-No, Señorita. Esto no tiene que ver nada con matrimonio. Tiene que ver con usted. Y con lo que hará de su vida.
-¿De mi vida? ¿Hay algo que pueda hacer con ella?
-Creo que usted ya ha tomado la decisión. O al menos ya esta siguiendo el sendero de esa decisión. Pero falta mas resolución para terminar de recorrerlo.
-¿Qué me quiere decir con eso?
-Si no es capaz de entender algo que le es dado entonces debe de tratar de ser capaz de comprender aquello por si misma. Nunca antes la había visto tan resuelta en algo en concreto. No importa lo que sea en tanto siga con ello.
-Nana...
-Solo... sigue con ello... –balbuceo adormecida- solo... así serás capaz de defenderte.
-Sigo sin entender a lo que te refieres con el camino...
-es simplemente... un ideal... un deseo... o una persona... solo debes seguirlo hasta el final.
Lo medite por unos segundos. Para cuando creí encontrar una respuesta Anna ya estaba dormida. Retire la bandeja y la taza de te que le traje y me dispuse a continuar con el día.
Mis emociones eran últimamente errantes y divergentes. Ana todavía me seguía preocupando pero en algún borde de mi cabeza, el recuerdo fresco de Edward seguía palpitándome y dándome ánimos a seguir. Y en alguna parte de ese mismo borde las palabras de Anna se conectaban, sin que llegase a entender por completo lo que me decían. Era como cuando se tenia en la punta de la lengua una palabra que se quería recordar, pero que se escurría continuamente.
Estaba de tan buen humor, que no me importo tener que volver a pulir toda la cristalería y platería; ni el limpiar los pisos; ni el limpiar la nieve de la entrada; ni el sacudir el polvo viejo de la casa.
Estar de buen humor y el trabajo hacían una buena combinación. Acabe mas pronto de lo que me propuse. Y Salí de mi casa sin importarme las miradas de advertencia de parte de mi tía, ni las sospechosas de parte de mi abuela. Esperaba que tía Charlotte hubiese salido con alguna buena excusa par mis ausencias. Lo de la comida ya no era tan creíble. Desde aquel incidente con los libros, mi abuela parecía mantener una ley del hielo contra mi. Como si yo hubiese sido la que quemo cosas precisadas de su propiedad. Ridículo.
Corrí rápido hacia los establos y ensille a Red para dirigirnos al camino lo mas pronto que el pudo.
Y fue a media milla que pude notarlo. Estaba parado al lado del camino y parecía esperar algo.
Sin embargo no fue en eso en lo primero que repare. Sino que fue su cabello despeinado y cobrizo. Y la forma que combinaba tan extrañamente bien con sus ropas siempre formales y de señor respetable. Tan magnánimo como se veía me daba la sensación de estar frente a algún tipo de príncipe. Y más viéndolo sobre un hermoso caballo blanco. Le combinaba bastante bien. Ambos parecían de la realeza.
Si, justamente como en los cuentos. Como el príncipe sobre su corcel blanco.
-Edward –le llame y al instante desee haber podido esconder mi sorpresa.
-Buenos días, Srita. Bella ¿Podría acompañarla al pueblo el día de hoy?
¿Realmente había una forma de que me negara? Su ceño fruncido me desconcertaba, pero su mirada todavía me atraía demasiado. Aturdida voltee la mirada antes de que me cayera de mi caballo.
-Claro –le conteste con timidez. El asintió y echo a andar a mi lado.
Nos mantuvimos caminando por aquel sendero blanco, en total silencio. Pero lo mas desesperante era ver su semblante y encontrar unas arrugas de molestia o enojo en su rostro. Al cabo de un tiempo inclusive a su caballo le desespero la lentitud de Red.
Me sentí insegura como el primer día. ¿Acaso estaría molesto conmigo? Era demasiado cobarde como para preguntar, así que solo agache la cabeza, sin estar completamente segura del porque estar apenada.
Repentinamente se paro en seco, y su mirada se aguzo mas al camino frente a nosotros.
Con curiosidad la seguí y lo que vi me dejo helada.
El carruaje del Sr. Rogers se dirigía posiblemente a mi casa. Y nosotros dos estábamos en el camino.
Con o sin Edward no quería pensar que pasaría si ese hombre me pedía matrimonio ahí mismo, alentado probablemente por las instigaciones de mi abuela.
Me vería terriblemente obligada a aceptar, al igual que la propuesta de cualquier otro de mis pretendientes.
-Oh, Dios. Edward, escóndete.
-¿Por qué? –pregunto desafiante, todavía con la vista a la frontera.
Mi tiempo se estaba acabando.
-Bueno, si quieres quedarte aquí en medio de la nada. Bien por ti. Pero yo me voy –le asegure, al tiempo que me bajaba de Red y lo dirigía a la arbolada adjunta.
Suspirando Edward también me imito y nos escondimos entre los árboles del bosque.
-Ahora si me puedes decir ¿por que nos escondemos? –Pregunto cuando el sonido del carruaje del sr. Rogers se escucho mas lejano- ¿Es que acaso no querías ver a aquel hombre?
Su ultima pregunta me sorprendió. No por la obviedad del hecho en si, sino por la forma en que me la dijo. Pareció tener un gran problema diciendo aquellas palabras, y las termino escupiendo. Como si supiera de antemano que no deseaba un encuentro con ese hombre, y que al contrario él si lo deseaba conmigo.
-Claro que no
-¿En serio? ¿Por qué? –me volvió a interrogar, sinceramente sorprendido. No supe porque pero eso me molesto.
-Porque... no me agrada –fue lo más sincero que pude sacar.
-¿Y eso es por que...? –insistió.
Ya era suficiente. Si quería la verdad, pues la tendría; yo no era como él. No se me daba bien darle rodeos a las cosas.
-Bien, pues porque me da miedo que probablemente me vaya a pedir mi mano en matrimonio.
El rostro de Edward se convirtió en una piedra, fría e inescrutable.
-¿Y eso no te emociona? –pregunto al fin.
-¿¿Con un tipo como él??
-Entiendo –asintió con su cabeza- ¿y que hay de uno mas joven? En el pueblo se dice que usted es la chica con mayor plenitud de posibilidades de matrimonio en la historia de Forks.
Le mire con odio, y otra vez el iracundo poder de mis ojos pareció causarle gracia. Primero estaba molesto con el demonio, y ahora se divertía a mis costillas. Este chico era demasiado para mi.
-En el pueblo se dice muchas cosas, si mal no recuerdo, también sobre su familia. Y en muchos casos equivocadas –le recordé.
-Si –acepto pasando una mano por su cabello perfecto- pero hablando en serio. Como dice las cosas pareciera que no le emociona para nada la perspectiva de casarse.
-"Es un honor que nunca he soñado" –le asegure, citando una frase de Julieta.
El rostro de Edward se volvió de nuevo blanco y sin previo aviso soltó a reír, sacudiendo su alta figura.
-Shhh –le pedí silencio- ¿Qué le parece tan gracioso?
-Julieta –me sorprendió que también haya echo la conexión- Un ejemplo bastante curioso para alguien que no desea casarse.
-¿Eso es lo que le da risa?
-No, es el pensamiento de una mujer que no quiere casarse.
-Bueno, creo que eso va de la mano, con el pensamiento de un hombre que lanza advertencias a diestra y siniestra, pero es incapaz de dar una respuesta concreta –le espete sonrojada de la ira. Solo deseaba no ponerme a llorar ahí mismo. Eso en verdad sería maravilloso.
-Humm tiene su genio ¿verdad, señorita? –seguía sonriendo con esa sonrisa tan suya y arrebatadora. Quite de mi mente toda la aturdidez y me aferre a mi furia.
-No me diga lo que tengo.
Le zanje y tome a mi caballo hasta que los pinos y los encinos me dejaron de rodear, y de nuevo el camino blanco se extendió frente a mi. Intente subir un pie en la silla de montar de mi caballo, pero la nieve resbaladiza me hizo una mala pasada a mi oto pie. Y casi caigo en el suelo con un pie todavía atorada en la tramposa silla.
Unas mano helada me sostuvo de la cintura mientras que la otra liberaba mi pie.
-Gracias –dije sonrojada. Sabia que mi sonrojo no tenia totalmente que ver con mi vergüenza, y que también se debía en gran parte a estar siendo agarrada por él.
-Ni lo mencione.
Con su ayuda pude sentarme finalmente sobre mi caballo. Voltee para ver el progreso de mi acompañante. Y casi me noquea la destreza felina que tuvo para subirse en su corcel.
Eche a andar a Red antes de que el terminase de asegurar su silla. No había caminado ni medio metro cuando su precioso corcel me dio alcance.
-Lo lamento he sido descortés –se disculpo.
-Si, lo ha sido.
-Pero le prometo que me portare bien. Déjeme acompañarla.
Suspire y asentí con la cabeza. Ambos nos limitamos a andar en silencio. Esperando que algunos de mis niveles de furia se fuesen mitigando.
Me hubiese encontrado preguntarle que mosca le pico aquel día, pero de haberlo hecho tendría que preguntarle también por todo el resto de los días que nos hemos conocido.
-Es hermosa, ¿no? La nieve –dijo de pasada. Sabía que quería iniciar un tema.
-Claro, a su manera. Cuando cae. Solo cuando cae. –murmure.
-No le gusta la nieve.
-Ni la lluvia.
-¿Y eso?
-Cuando hace mucha humedad mi cabello se pone todo húmedo y esponjoso. Además normalmente suelo ser muy torpe.
-¿Por qué lo dice? –me pregunto apretando sus labios en una forzada línea. Muestra de que reprimía la risa.
-¿No se dio cuenta de la pequeña presentación de hace minutos? Me cuesta trabajo estar en una superficie sólida sin caerme al menos una vez. Hagamos a un lado las superficies resbaladizas.
-Suena bastante lógico –aprecio- No me imagino la tortura que debió haber sido para usted vivir en Forks la mayor parte de su vida
-Es verdad, ni se lo imagina –susurre tan bajo, que me sobresalto cuando me respondió.
-Entonces ¿Por qué no se va?
-¿A donde?
-Con algún pariente al extranjero. O buscando un esposo rico que la pueda llevar lejos.
-Hace poco vivía con una tía en Londres; los climas eran similares. Pero al menos el ambiente era mejor. Y sobre un esposo... –hice una mueca para demostrarle el dolor que me hacia el pensamiento. El rió captando el mensaje.
-Entonces ¿Dónde le gustaría vivir?
-En un lugar con sol. Por todas partes, inclusive en la tierra. Y desde donde pudiese ver el mar.
Aquella revelación pareció entristecer a Edward. Y me pregunte que habría dicho de mal.
-¿Qué la detiene para ir a un lugar así?.
No me había dado cuenta que ya habías cruzado la mitad del pueblo juntos. Los comerciantes y los transcendentes de vez en vez volteaban a vernos con curiosidad. Desee ser invisible. Lo malo es que eso era casi imposible con Edward Cullen a mi lado. Era como intentar ignorar el sol.
Edward me miraba con aprehensión, esperando paciente mi respuesta. ¿Por qué estaba tan interesado en mi? A estas alturas cualquier mujer ya habría mareado y aburrido a un hombre común. Probablemente esa era la cosa con Edward. Él no era común.
-¿Y bien? -me pregunto un poco impaciente.
Ambos ya habíamos llegado a los establos y después de amarraran nuestros caballos en alguno de los sólidos postes de madera salimos a la calle. Su expresión frustrada me termino derrotando.
-En primer lugar ¿Cómo podría ir a un lugar así? ¿Con que dinero, con quien? Y en segundo yo no podría dejar a mi familia atrás.
-Porque están pasando por una mala época
Fue una afirmación, no una pregunta.
-No es solo eso. Es también acerca de no abandonarlos. Mi familia no será la mejor de todas, pero es la única familia que tengo. Y a las familias hay que cuidarlas, aunque no siempre te devuelvan el favor.
-Tiene convicciones muy fuertes, Srita, Bella, puedo verlo. Pero ¿Qué hay de usted?
¿De sus propios deseos? ¿de vivir cerca del sol y el mar? La vida es corta, es un regalo que no se debe de desperdiciar. Me parece que es injusto que tenga que sacrificar tanto por una familia que la ignora –aseguro con condescendencia.
Sin embargo. Lo que termino captando mi atención fue lo último que dijo.
-¿Cómo sabe eso?
-¿El que?
-Lo de mi familia… que me ignoran.
Un brillo triste se filtro en el topacio de sus ojos.
-Así que es verdad.
-¿Y bien?
Suspiro y dudo un poco antes de hablar.
-¿Por qué otra razón la querrían obligarla a casarse con alguien a quien no ama antes de la primavera?
-¿Su madre se lo dijo? –pregunte un poco asustada. Yo confiaba en Esme, y le conté muchos secretos acerca de mi. No quería ni imaginarme si Edward…
-No –me aclaro. Su vista dirigida a la mía, no escondía duda- cualquier cosa que ella haya hablado con usted, es un asunto privado. Yo me he enterado por lo que se dice en el pueblo.
-¿Qué se dice en el pueblo? –mi voz salio seca y baja.
-Que su familia le esta buscando marido. En pocas palabras, están abiertos a propuestas.
-¡NO! -grite tapándome la cara.
-Lo siento –se disculpo, pude notar el arrepentimiento en su voz- No quise traerle dolor innecesario.
-Eso no importa –murmure entre mis manos- sería inútil seguir negando la verdad.
-Supongo que tiene razón.
Me intente calmar mientras el veía con interés mi reacción. Esperando.
Por eso me negué a llorar del coraje. Del dolor de la traición. ¿acaso mi padre tendría que ver algo al respecto? No había forma de que ese tipo de noticias le hubiese pasado por alto. ¿Por qué no hablo primero conmigo?
-Ya… -me calme- esto no tiene solución.
-Lo siento.
-Esta bien. A veces la vida es así. Injusta.
-A veces..
-Pero al menos he tenido el gusto de conocerlo a usted ya su familia –dije sin pensar muy bien lo que decía.
-Eso es lo mas injusto de todo. Te mereces mejor –comento de nuevo con una expresión molesta.
-¿Por qué son peligrosos? –aventure.
-Así es. Como no te puedes dar una idea.
-Ya veo. Y si son tan peligrosos ¿Por qué me sigues ayudando? ¿Por qué no simplemente me despides?
-Probablemente lo haga.
Los dos nos mirábamos con sentido odio. estábamos parados en frente del pórtico de la puerta de la librería.
-¿Es lo que en verdad piensas?
Su rostro se suavizo un poco.
-Es lo que es correcto. Mire lamento si soy rudo con usted. Pero es por su bien.
-Puede hacer lo que desee. Pero al final no me hará olvidar lo que sucedió en Londres. Ni la certeza de que fue usted quien me ayudo.
Molesto se paso una mano por el cabello, despeinándolo un poco. Pero aun así se seguía viendo bastante apuesto.
-¿Qué es lo que crees que viste?
-Lo que vi, fue un hombre que me ayudo. Que me salvo la vida de una forma que se creería imposible.
-¿Y que harías si hubiese sido yo? ¿Se lo dirías a mis padres?¿A la policía?
-No
-¿Entonces por que quieres saber? –parecía que la duda de saber el porque de mi empeño era mucho mayor que la molestia que le causaba a él esconder su pasado.
-Porque quiero saber porque miento. No me gusta mentir, y si tengo que hacerlo al menos me gustaría saber la razón.
-Nunca te he pedido que mientas por mi.
-Entonces reconoces que tu fuiste quien me salvaste de aquellos hombres.
Edward bramo aun mas frustrado.
-Eres desesperante.
-Y tu también. Dios, Edward, solo quiero saber que no me estoy volviendo loca.
-No lo estas –me aseguro, y se llevo sus dedos para apretar el puente de su nariz, en un claro intento de sosegar su enojo- Pero no puedo dejar que esto siga.
-¿así que me despedirás? –internamente estaba mas asustada, de lo que mi voz inexpresiva demostraba.
-¿Sabias que para recorrer el camino de mi casa al pueblos e debe recorrer el mismo que con el tuyo?
-No, no lo sabia –respondí sinceramente. Me había tomado por sorpresa su pregunta.
-Después de tantos días, lo mas normal es que nos hubiésemos topado en el camino o hubiésemos ido a hacer una visita formal a su casa, ya que somos vecinos.
-Lo normal…
-Si. Lo normal.
Asentí. Ya sabia las reglas de etiqueta de la comunidad.
-Pero no lo hicimos. Te he estado evitando, Isabella.
Sentía que miraba toda la escena desde un punto fuera de mi cuerpo.
-Te he estado evitando por tu bien. Pero ahora he dejado que las cosas se hayan salido de control. Lo siento.
-Entonces si eras tu.
-Es irrelevante. Isabella, te estas metiendo con algo muy turbio.
-Entonces…
-Hablare con mi madre.
-Lo entiendo. Con permiso, voy a hacer lo ultimo que me queda de mi trabajo.
-Isabella –me llamo- Bella…
Me sentí pesada, lenta. Pero mi mente estaba clara, por fin me realice la verdad.
Él no me quería cerca. Dios, que estupida me debí haber visto, intentando con tantas fuerzas entrar en su vida.
¿Qué derecho tenia?
-Yo le prometí a tu madre que le ayudaría. Le prometí que terminaría esto. Me esforcé mucho, y la verdad es que de todas formas iba a acabar. Solo me resta ordenar los libros de la ultima fila.
-Isabella… -murmuro.
-Lo único que me molesta; es que deberías saber que seria mas fácil si no hubiese hecho nada desde el principio.
-¿De que estas hablando?
-Me hubieses dejado morir a manos de aquellos hombres si tantas molestias te estoy causando.
-Estas siendo ridícula- me gruño molesto- tu no sabes lo que dices.
-Ni tu tampoco por lo que parece –sus ojos e ensombrecieron ante la realización de que su comentario podía ser sobren entendido de otra forma.
-Déjalo así, ya no importa. Como tu has dicho, es irrelevante.
-Isabella… -me llamo una vez más.
-Ya… solo déjame sola.
Y así lo hizo.
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Bien como dije, este no es un capitulo completo como tal, la segunda parte se viene en una semana, y ela vance pues es el mismo que el del anterior capitulo, porque va por el mismo plot.
Bien chicos, nos vemos en unasemanita para la siguiente actualización n.n cuidense. Y si no se quieren aburrir mientras esperan, les recomiendos e den una vuelta por los fics, "conversión" y "Un ocaso diferente" de mia aimiga Renaissance Lady-K. Bye n.n
