Ocaso eterno

Bien chicos, esta vez si que me he tardado en actualizar. Podría dar muchas razones para no haber actualizado antes (entre ellas los examenes) pero me limitare a dejarles el capitulo tal y como salio, hace tiempo. Espero sea suficiente recompensa y agradecimiento este sencillo capitulo.

Todos han sido maravillosos con sus revis, y creanme que las leo y aprecio todas; me encantaria poder darle una respuesta a cada uno de ustedes. Pero por ahora tomaria algo de espacio del fic y no creo que quieran que le de demasiado preambulo al asunto (además de que estoy actualizando en mi trabajo :S). Así que ya saben por si tienen alguna duda o si quieren que les responda alguna revi, solo dejenme su mail o ponganmelo por escrito en la misma; estare encantada de hacerlo en mi tiempo libre. Pero sino, creanme que atesoro mucho cada uno de sus comentarios y los agradezco. Bye y nos vemos en el proximo capitulo el cual esperos sea mucho mas pronto que este.

Ocaso eterno

Capitulo 6

"Acuerdos"

Parte II

El resto de la tarde siguió lenta. Sabía que en cuanto terminara, yo caminaría fuera de aquí con la propuesta de ya no volver.

Me debería de sentir humillada o como una estupida por haberle insistido tanto. Pero en cambio me sentía triste.

Esta era la última fila que acomodaría. Cada libro había sido acomodado alfabéticamente, con su respectiva ficha guardada en el archivero detrás del mostrador principal de roble. Todo estaba impecable y listo. Al menos me podía sentir orgullosa de mi trabajo.

Él ultimo libro estaba en mis manos ya. Sabía que una vez colocado ya no tendría nada que hacer aquí.

Desearía haberme despedido de Esme. Y de Alice. Y Edward... desearía no haberle causado tanto problema.

Me reprendí a mi misma por mi tristeza. Ya sabía yo que no podría quedarme por mucho tiempo. Aun como una trabajadora normal ¿De que serviría si no puedo atender a los clientes? Si tenía que guardar el bochornoso secreto de mi familia, nunca podría haber hecho eso. Ni tampoco el esperar que una familia lo guardara también.

Esta era la verdad que no había querido ver por mi obstinación a con Edward. Pero hasta aquí llegaba todo. Si. Hasta "sueño de una noche de verano" que se encontraba en mis manos. Pues bien, despierta Bella, no estas en un sueño, y mucho menos en verano.

El pequeño hueco reservado en la sección de la letra "s" se encontraba a medio metro de mi y de la enorme escalera que utilice para alcanzar el anaquel. Decidida a no posponer mas el tiempo y a acortar mas la espera porque o sino me haría mas daño mi misma; alargue mi mano e intente adivinar con el tacto el lugar exacto del libro.

Estaba algo lejano así que saque una de mis piernas la seguridad de la escalera y la apoye contra uno de los estantes cuidando de no patear los libros. Normalmente no habría realizado una maniobra así, porque hubiese sido una tentación irresistible para mi mala suerte. Pero ¿En serio el día podría ponerse peor?

-Bella –me llamo su dulce voz desde la nada.

Absolutamente.

Tal vez si hubiese escuchado a Edward caminar no me habría sobresaltado tanto y no me habría resbalado y tropezado con uno de los escalones, dejando mi único apoyo en el anaquel que ahora se tambaleaba peligrosamente conmigo en el.

-¡Dios, Bella! ¡Agarrate fuerte! –le oí gritar mas cerca.

-¿¿De que?? –le respondí.

Pero lo cierto es que de lo único que me podía agarrar era de este estante engañoso, y cubierto por libros que hace unas horas tanto me había esmerado por acomodar y que ahora los tiraba sin miramientos ahora estaba tirando; la escalera cayó cuando me tropecé.

-¡Mantente calmada! ¡Y suéltate, Bella! –me ordeno.

-¡¿Qué, que?!

-¡No te preocupes, yo te atrapare! ¡Confía en mí!

La estantería se sacudió con más violencia debajo de mis pies, era ahora o nunca, pero...

-¡¿Cómo podría confiar en ti, si ni siquiera me has dicho una sola verdad?!

Le oí soltar un gruñido molesto.

-¡No estamos para eso, Bella!

-¡Exactamente!

A pesar del ruido atronador que hacia mi corazón desembocado por el peligro pude escuchar los pasos de Edward dando vueltas e intentando encontrar la mejor forma de atraparme, o de darle vuelta a mi petición. Al final decidió romper su pequeño silencio.

-Si yo fuese la persona que tu crees que soy, ¿Cómo podrías confiar en mi?

-Porque yo ya lo hago –musite y me solté.

El suelo se acercaba más a mí, y mi cuerpo termino golpeando algo solido. Sin embargo no era lo que temía.

Los brazos de Edward eran fríos pero fuertes; y crearon un nicho para mi pequeño y tembloroso cuerpo, cuando el me atrapo prácticamente en el aire. Los ojos negros y preocupados de Edward estaban a solo centímetros de mi cara. Su hechizo era tal que me impidió ver cuando todo el estante empezó a tambalearse para al final caer sobre nosotros.

Le escuche decir una maldición, no muy dada de su personalidad; y entonces llego el impacto.

Los libros se encontraron desperdigados por el suelo, algunos con hojas rotas, y otros simplemente sucios.

Las manos blancas de Edward aferraron mi espalda con fuerza, y su pecho duro se convirtió en mi escudo. Levante la cabeza mientras el se sacudía unas cuantas hojas.

-¿Estas bien? –me pregunto preocupado y zarandeándome levemente.

Asentí débilmente con la cabeza.

En algún lejano de mi cabeza pude escuchar el reloj de la plaza anunciando las seis. Mi hora de salida. Pero no le preste atención.

-Que reflejos. –fue lo mas sensato que se me ocurrió decir.

Edward soltó un bufido y se sentó frente a mí cuidando de alejarse al menos medio metro, todavía con sus ojos pegados a los míos y observándome con aire preocupado; aunque también tenso.

Nos quedamos unos minutos más observándonos. Dios, estaba tan tenso que de nuevo parecía no respirar. Bien, ya no valía la pena posponerlo,

-Eras tú. En verdad, fuiste tu quien me salvo en Londres.

Su rostro se volvió duro e indescifrable, con un ligero tinte de frustración cerro los ojos y se llevo una mano a su puente nasal para apretarlo. Espere.

-Si –acepto al final

Suponer algo era totalmente diferente a tener la afirmación, aun si ya la sabía de antemano.

-¿Por qué lo hiciste? –pregunte como una tonta.

Sus ojos negros se abrieron tan rápido que me sobresaltaron.

-¿Cómo que porque? –pregunto modulando su voz lo mejor que podía frente al enfado.

-Quiero decir... arriesgaste tu vida ¿Por qué te molestaste?

Una sonrisa se encubro en sus labios, aunque el enfado de sus ojos seguia presente. Finalmente dejando pasar ese pequeño chiste privado que le dio gracia, suspiro y se levanto para tenderme una mano.

-Lo siento, Bella. Pero hasta aquí te puedo dejar que llegues.

Lo mire unos segundos confundida mientras me levantaba; hasta que por fin les entido de sus palabras me golpeo.

-Este secreto tuyo en verdad puede poner en peligro a tu familia –asegure.

-Si. Por eso...

-No se lo diré a nadie. Te lo juro. Y te prometo que de ahora en adelante ya no te molestare mas y...

Por primera vez observe a mí alrededor. A los libros tirados, al estante postrado en el suelo, y al trabajo de semanas tirado por la borda. La ironía me golpeo al minuto. Hace pocas horas me retorcía en mis adentros porque mi trabajo se había acabado; y ahora tenía todo un estante por volver a arreglar. Un acontecimiento como este me debería de haber puesto feliz, en alguna forma retorcida; pero en cambio estaba enojada y avergonzada. Enojada conmigo misma por ser tan torpe. Y avergonzada con los Cullen.

-Dios, mió –musite- Dios, Edward. Lo lamento tanto –esta vez no pude retener las lagrimas- lo siento por todo.

-No llores por favor –pidió con voz templada- esto ha sido mi culpa.

Ahora se estaba echando la culpa. ¿Podía hacerme sentir peor?

-No. Tú me has ayudado; tu madre me ha ayudado y mira como se los pago a los dos.

-No te preocupes por esto, yo lo arreglare. Fue mi culpa por asustarte –me aseguro con una mano indecisa en torno a mí. Pero al final la dejo caer con languidez.

-No, yo lo hare. La única culpable soy yo. Déjame arreglar esto.

-No, Bella. En serio…

-Por favor… déjame que remedie esto –le pedí removiendo las manos de mi cara.

Él me miro por un largo minuto con sus ojos, ahora de color onix. No me importaba la razón por la cual cambiaran, pero los extrañaría. Los extrañaba desde ahora, por las palabras que le diría ahora.

-Si quieres, no tienes por que venir –le asegure. Era lo justo, era la única forma- yo lo arreglare, y te prometo que ya nunca te tendrás que preocupar por mi. Te dejare en paz de una vez por todas.

-Bella…

El reloj por fin dejo de sonar.

-Ya es tarde –me recordó intentando cambiar el tema- tu familia…

-Vendré mañana. Y arreglare esto...

Me dirigí a la puerta con la decisión de quedarme con la última palabra. Edward no hizo nada para detenerme. No me sorprendió pero me siguió doliendo.

-Lo siento… -murmure dejando que el viento se llevase mis palabras. Y salí.

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Esa mañana no me preocupe por la discreción, ni por los quehaceres; Anna prometió hacer un esfuerzo por mi y realizar la mayoría el día de hoy. Corrí lo más rápido que pude a través de la casa hacia los establos; me tropecé dos veces, pero al final logre montar a Red adecuadamente. Aunque a pesar de mi insistencia no logre que el caballo fuese mas rapido de lo que sus años le permitían.

Termine llegando al pueblo como a las ocho. Pocos mercaderes había en as calles. Nadie me presto atención.

Deje a Red en el establo del pueblo y corrí como si en verdad mi vida dependiese de ello hasta la librería. Busqué a tientas la llave debajo de maceta en la entrada, temiendo que tal vez Edward la hubiese removido; pero por suerte todavía seguia ahí. Aunque cuando entre me di cuenta que había otras cosas que no estaban como las deje ayer.

El familiar olor a libros me golpeo el rostro en cuanto entre. Me sentí aun peor, al saber que no lo volvería a oler. O tal vez fuese porque el aroma dulce de Edward estaba mezclado con ellos.

Pero lo que me sorprendió no fue que los libros ya no estaban esparcidos en el suelo; sino que estaban apilados en columnas perfectamente alineadas. Y mi sorpresa fue aun mayor cuando me acerque a una y descubrí que se encontraban en un orden alfabético.

Esto debió haber sido un trabajo de más de una noche entera. Y el único en quien podía ser capaz de hacer esto era Edward, quien probablemente las había arreglado así para que no me tardase mucho acomodando.

No sabia si tomarlo como un gesto de amabilidad, o un deseo para que me fuese lo más pronto posible. Probablemente lo mejor seria interpretarlo de las dos formas.

La columna de libros que estaba a mi lado izquierdo llamo m atención porque tenía un pequeño objeto blanco hasta arriba. Entre toda esa pulcritud de libros marrones y de colores fríos fue extraño ver una sola hoja doblada y fuera de su lugar. La tome y leí en ella las palabras "Ten cuidado" con su pulcra y estilizada letra. De nuevo me quede entre la ambigüedad si se refería a los libros o hacia mi. Pero decidí tomarlo de igual forma y doble el papel para guardarlo con cuidado en uno de los bolsillos de mi vestido.

Realmente no tarde tanto como lo esperaba, y termine acomodando más de la mitad de los libros ya para las 3. El deseo contradictorio de acabar lo mas pronto y el de nunca hacerlo se volvieron a anidar en mi interior, como la tarde pasada. El mismo motivo: Edward. Pero ahora solo había la vaga esperanza de que el se presentase. Lo cual dudaba porque ayer lo había liberado de tal tarea.

Intente tomarlo del lado positivo. Si no se presentaba podía tomarlo como un signo de que su familia sentía confianza hacía mí y la promesa que le hice. Y si lo hacia… bueno si lo hacia, simplemente me volvería a despedir de él.

La decisión ya estaba tomada. Tarde demasiado para hacerlo pero ya estaba. Todo se acababa este día. Edward no se tendría que preocupar nunca más por mí. El secreto de lo que hizo aquella noche, se iría conmigo a la tumba. Y la presencia de esta chica insoportable se borraría de una vez por todas de su vida. Desde el principio no se que pensaba conseguir con todo esto. Una parte de mi se sentía satisfecha por saber la verdad. Pero otra se encontraba sumida en la depresión.

Edward no solo era hermoso y perfecto. También era un justiciero; un héroe.

Alguien como yo nunca podría aspirar a estar cerca de alguien como él.

-Isabella… -una voz terriblemente conocida me llamo en medio de mis cavilaciones.

Me voltee lentamente y ahí en el marco de la puerta vi a Abuela Charlotte, con todo su porte de carcelera del infierno. Esperando por una nueva alma a la cual atormentar.

Y aquí estaba yo, con libros entre mis manos y un vestido lleno de polvo, y evidencias de trabajo. ¿Cuál seria mi excusa?

-Puedo explicarlo –susurre. Pero ¿en verdad podría?

-Ya veo que esto es lo que haces en las tardes –hablo bajo y amenazadoramente. Signo de que lo peor estaba a penas por comenzar.

En verdad que fui una tonta al creer que podría haberla burlado estas pasadas semanas.

Entro con paso lento a la tienda y observo todo con aire de asco y superioridad.

-¿De quien es la librería? –pregunto con rudeza.

Me mordí un labio indeciso.

-¿De quien es? –exigió ante mi silencio.

-De la Sra. Esme Cullen –termine revelando.

Una sonrisa sarcástica se abrió en sus labios.

-Así que en verdad te has metido con un Cullen. En verdad me sorprende de alguien –me barrió con la mirada- como tú.

-Espere un segundo ¿De que esta hablando? –pregunte sinceramente confusa.

Abuela charlotte dejo caer su fachada calmada y dejo salir su furia. Un segundo después su bastón dio contra mi nuca tirándome al suelo de un solo golpe.

Estire mi mano hasta mi cuello y mis dedos dieron contra un liquido que se iba esparciendo entre ellos. Sangre. Él olor a oxido y sal me mareo al instante, sentía mi cabeza bailar y mi estomago querer devolver mi inexistente desayuno.

-No me lo trates de negar, estupida. Ayer te vieron paseándote por todo el pueblo con él. Seré vieja pero no sorda. Haz hecho que la familia caiga en desgracia.

-¿Con él? –pregunte todavía sin entender.

-Con Edward Cullen. Ramera.

La comprensión ilumino mi mareado cerebro. Ella creía que Edward y yo éramos… (Dios, hazme el favor) amantes.

-¡Yo no tengo nada que ver con él de esa forma!

-Entonces ¿qué haces aquí?

Uh-oh.

Ahora tenía ante mí el predicamento. Era mejor dejarla creer que había perdido mi virtud con Edward. O decirle la verdad; que los Cullen me habían ofrecido un empleo en vista de que les había contado todos los problemas por los que mi familia pasaba.

Si decía eso estaba muerta; pero por otro lado no pensaba comprometer a Edward en ningún sentido.

Ahora todo lo que deseaba era sacar al huracán Charlotte de una librería que no era mía. Con una sola Swan basto para que el día anterior ese lugar quedase como zona de guerra.

-Aquí no, por favor, abuela –le implore.

Las aletas de la nariz de mi abuela se abrían y cerraban con furiosa rapidez. Creí que me iba a golpear de nuevo, pero en cambio se llevo una mano a los ojos y me dio la espalda.

-Toma tus cosas nos vamos ahora.

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El lugar al que debería de llamar hogar, significaba más para mí una cámara de tortura que lo que la palabra en verdad significaba. En cuanto salimos del coche abuela Charlotte no escatimo tiempo en zarandearme y tirarme al suelo en repetidas ocasiones.

Mi cabeza todavía estaba mareada por el olor a sangre, que ahora se acrecentaba con los nuevos rasguños y heridas que coleccionaba; así que de su discurso solo escuche palabras como "perdida", "deshonra", "mujer sucia"; y supongo que un mayor numero de adjetivos degradantes.

-¡Dios y yo sabemos que eres un esperpento! –me gritaba mientras me seguía golpeando con su bastón de hierro en la espalda- ¡Pero esto! ¡¿Entregarte a un hombre con el que no estas casada?! ¡Lo único en ti que podría significar un atractivo para otro hombre es tu "virtud"! ¡Y ahora…! ¡¿Cómo esperas conseguir marido?!

-Yo no he hecho nada con Edward Cullen –le volví a asegurar. Aunque sabía que todo iba a oídos sordos.

-¿Y entonces que hacías en esa tienda víbora mentirosa? –me volvió a preguntar de forma baja.

-Estaba… yo estaba… trabajando.

Ya, lo dije. Ahora no había marcha atrás.

-Yo conocí a la Sra. Cullen por equivocación y ella me ofreció un trabajo en su tienda, como ayudante.

Su rostro se volvió mas libido de lo que parecía normalmente y sus ojos dilatados me miraron con odio.

-¿Y por que te daría ella un trabajo?

Esa era la pregunta que temía. Y la que sabía tendría que contestar con la verdad.

-Porque yo le he dicho la verdad de nuestra situación.

Su mano se fue directa a su corazón y por un segundo creí que su expresión desencajada se debía a algún tipo de ataque al corazón. Pero al momento siguiente su temible bastón volvió a dar contra mi pierna. El golpe fue tan fuerte que esta vez si me hizo aullar de dolor, y creer que tal vez me la habría roto.

-¡Eres una maldita deshonra para esta familia! –me gritaba mientras me seguia golpeando.

Su bastón furioso volvió a erguirse cuando un par de manos lo detuvieron.

-No, madre –pidió Tía Charlotte. Sorprendiéndome por su acto de altruismo- a la cara no.

-¡Pero ella…!

-Lo se, pero a la cara no. Recuerda el baile. –le susurro

Su pequeña conversación me confundió aun más, pero pareció calmar a Abuela Charlotte quien bajo el brazo con lentitud, y se me quedo viendo todavía con odio inyectado en sus pequeños ojos. Y finalmente sonrió. Fría y sombríamente. Era una promesa de que esto todavía no se había acabado.

-Dentro de dos días habrá un baile. Y en el conocerás a tu prometido.

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Debí haber sabido de antemano que este seria el resultado final; que nunca podría burlar a la carcelera; que este era mi único tipo de vida. Pero la idea de escaparme de la realidad por unas pocas horas en ese mundo de los Cullen donde el tiempo parecía detenerse, sonó tan tentadora que no pude evitar caer en su encanto.

A la mañana siguiente ni me pude levantar de lo adolorida que estaba. Tenía moretones y cortadura en mis piernas y mis brazos, pero como mi tía había prometido, mi cara quedo intacta, solo demacrada por el dolor y la angustia. Y todo gracias a un baile.

Claro que en cuanto estuve lo suficientemente lucida le pregunte a Ana que es lo que sucedía. Y para mi sorpresa ella resulto estar más informada de lo que sucedía en Forks de lo que yo creía.

Lauren Maloy finalmente se había comprometido con Tyler Crowley, el hijo del afamado dueño de una larga extensión de plantaciones en el sur. Al parecer él por fin se decidió a dejar a tras ese enamoramiento que teñí a conmigo y sentar cabeza de una buena vez.

La familia de la Srita. Maloy se encontraba rebozante de alegría. Tal vez por eso no les importaba hacer un baile que tiraba todos sus ahorros por la ventana. Y al que todo Forks pensaba asistir. Aun los que no lo querían.

Aunque no temiese que mi abuela me había roto una pierna, me habría disgustado de igual manera el tener que ir. Pero lo que en verdad me aterrorizo fue e hecho de que mi nana me confeso que mientras yo hacia mis escapadas a la librería de los Cullen, recibí cierta correspondencia.

Tres cartas de amor, que obtuvieron su respuesta. No necesitaba leerlas para saber la clase de cosas que tendrían en su contenido, pero lo que me aterraba era el pensar el tipo de contestaciones que habría hecho mi tía.

-Dios mió, no puedo creer lo que esas dos mujeres son capaces de hacer –dije escondiendo mi rostro entre mis manos.

-No se preocupe, Srita., su tía no se fue mas allá de prometerles una pieza de baile.

-¿Pero te imaginas como lo debió haber endulzado? Tendré suerte si para estas horas pasado mañana, Mike Newton no viene con un anillo en la mano listo para mí.

-Eso no suena tan malo. –comento nerviosa.

-¡Claro que lo es!-alce mi voz mas de lo que deseaba- lo lamento.

Ana me sonrió con su singular sabiduría en sus ojos.

Suspire. Al menos lo había intentado. Tratando de prever esta situación Ana intento interceptar a los mensajeros ates de que entregaran su contenido a malas manos. Pero el pasar ante la autoridad de mi abuela es una tarea difícil. Y más para una mujer enferma y que no es omnipresente. Y al final la insistencia de mis admiradores le termino ganando.

-Esta bien, Ana. No te culpo. Pero... ¿Cómo voy a bailar una pieza con ellos? Ni siquiera puedo levantarme de la cama.

-Ay, señorita –suspiro, compadeciéndose de mi- pero créame que si pasado mañana, el Sr. Newton le ofrece matrimonio creo que seria lo mejor que le podría pasar. Créame que hay opciones peores.

La mire sin entender.

-¿A que te refieres con eso, nana? ¿No es el Sr. Newton quien mi abuela ha elegido para mí?

-Me temo que no. Quien ha elegido para usted es el Sr. Rogers

Ni toda la suerte del cielo me ayudaría si mi abuela ya se había decidido. Durante los siguientes veinte minutos Ana me volvió a informar de cómo el viejo Sr. Rogers había venido a mi casa a buscar cortejarme formalmente. Mi padre no estaba informado, pero poco podría hacer cuando mi abuela me amenizase para que aceptara a su propuesta de esposo.

De todos lo hombres de Forks, la pregunta era ¿Por qué él? ¿Por qué ese viejo? Yo solamente tenía diecisiete.

Ana me dio la respuesta literal de mis tutoras, si me casaba con un hombre mayor significaba que pronto enviudaría; y entonces tendría no solo su fortuna sino la oportunidad de volverme a casar.

Pero mientras tanto. ¿Acaso a ellas les importaba realmente un bledo mis sentimientos? ¿Les importaba que tuviese que vivir por quien sabe cuantos años con un hombre mayor y con necesidades que yo no deseaba llenar? Dios mió, el pensamiento me estremecía.

Yo no quería casarme con él. Yo no quería casarme con nadie. Lo único que quería es que las cosas siguiesen como estaban. El problema seque la única cosa que quería hacer con mi vida era una total estupidez. Porque lo que quería era ir a la librería y ver a Edward. Yo no quería a nadie mas que el.

Y entonces la resolución me golpeo.

Yo quería a Edward Cullen.

No importaba cuando ni como. No importaba si fue desde que el me salvo la vida en Londres, o desde que me empezó a volver a hablar.

Yo lo quería. Y era una estupida por hacerlo.

Era claro que el día anterior Edward me dejo las cartas sobre la mesa muy bien barajadas cuando me dijo que ya no quería saber nada de mi. Y ese simple recuerdo no hizo nada más que abrir aun más el vacio en mi interior.

E l resto de la tarde me la pase enfuruñada y sin comer. Mi cuerpo me dolía y no hizo mucha protesta por la falta de alimento. Aunque mi cabeza me empezó a jugar bromas; como cuando a mitad de la noche me levante a cerrar mi ventana abierta en medio de un aguacero; y entre los arboles vi una figura alta y blanca observándome. Debió haber sido una alucinación, porque al instante desapareció enfrente de mis ojos. Inclusive en la mañana creí ver en las manchas de agua que habiten el piso, huellas de zapatos.

Cada vez estaba peor.

Ana fue algunas veces a visitarme. Que irónico el asunto, ahora era ella quien cuidaba de mi y no al revés. Aunque eso me trajo recuerdos de mi niñez, y de cómo ella me cuidaba igual cada vez que me enfermaba o que mi tía o abuela se pasaban de alguna reprimenda.

Y como en esas ocasiones Ana se preocupo por mi. Máxime cuando vio que no quería probar bocado. Estaba siendo caprichosa.

Tal vez esperaba ilusamente, que si no estaba lo suficientemente fuerte, me fuese a morir, o al menos no tuviese que ir a esa absurda fiesta de compromiso. Pero sabía que después de la revelación que hizo mi abuela, era imposible para mí el no asistir. Ni aunque me hubiese roto la pierna de verdad.

Maldición, Lauren. ¿Por qué te tenias que casar?

Sabía que era ilógico culparla por algo de lo que ella no estaba ni conciente. Pero me sentía tan frustrada y débil que me di el gusto de ser irracional. Incluso cuando Ana me exigió comer o sino llamaría a un medico. De igual forma no lo hice, tal y como una niña chiquita. Esta no era mi forma de actuar, pero honestamente ya no deseaba nada.

Ni tía Charlotte ni mi abuela me fueron a molestar; sabían hasta donde empujar los límites de mi resistencia física. No les servia de nada atormentar a una moribunda. Así que el resto de la calmada tarde me la pase contando las pelusas de mi dormitorio. Cambiando de posición para no hacer tanta presión donde los moretones en mi cuerpo eran un símbolo de extremo y real dolor. E imaginando que estuviese haciendo Edward en ese momento. Probablemente un baile de la alegría por haber se librado de Isabella "la molestia" Swan.

Me dio un retortijón en el estomago que poco tenia que ver con el hambre. E intente hacer de lado a Edward de mis pensamientos. Lo cual fue inútil, pero al menos el intento me valió mucho cansancio y termine dormida.

No recuerdo que soñé, pero fueron los sonidos del vestíbulo los que me levantaron alrededor de las cinco. Eran varias voces, y para mi sorpresa no todas eran conocidas, ni femeninas. Al cabo de un rato las voces se fueron acallando y un sonido de pasos cercanos me indico que alguien subía.

Con todo lo que pude mover mi cuerpo me intente colocar en una posición menos patética y más aceptable; así como me intente preparar mentalmente para el hecho de que pronto tocarían a mí puerta. No necesitaba ser clarividente para saber que si alguien caminaba por la parte mas alejada de la casa, solo era para subir a mi habitación.

-Srita., tiene visitas del medico.

Suspire. No podía creer que Ana si hubiese llamado a un medico.

-Esta, bien. Puede pasar –conteste con voz apagada.

La trampilla se abrió y el medico entro. Estaba preparada para eso, y también tenia preparada alguna excusa que ameritara el porque vivía en el desván y de la cintura para abajo estaba casi totalmente morada. Peor para lo que no estaba preparada era para ver un rey rubio entrando a mi sucia fosa, que llamaba cuarto.

-Buenas tardes, Srita Swan. Soy el Dr. Cullen. Y he venido a atenderla

Un Cullen. No tenia duda de ello, claro que su cabello dorado no era nada parecido al hermoso cobre del de Edward. Pero las facciones blancas y la belleza indiscutible de un Cullen estaban ahí.

-No se debió haber molestado –balbuce y me sonroje.

-Si, es lo mismo que me dijeron su tía y su abuela –pronuncio sus títulos con una fruncían de la boca- pero vera, usted tiene muy preocupada a muchos miembros de mi familia. Era mi obligación venir aquí y no solo cuidar de usted, sino que también traer calme en mi casa.

Me colore.

-Lamento haber creado ese estruendo en su casa. Realmente Ana no debió llamarlo, estoy perfectamente.

-Realmente, no fue la Sra. Ana quien me pidió que viniera. Fue el insistente de mi hijo.

Una sensación burbujeante nació en la boca de mi estomago. Pero me obligue ha hacerla atrás; el Sr. Cullen tenía muchos hijos.

Ja. Dándole la vuelta a las obviedades.

-¿Su hijo? –pregunte con la garganta seca, y ansiosa por la respuesta.

-Ya se lo dije Srita. Swan, cuando usted se encuentra mal, hace que mucha gente se encuentre incomoda en mi casa. Especialmente mi hijo Edward –me dijo con total naturalidad mientras sacaba de su maletín de piel, algunas gasas, frascos, y un estetoscopio.

Hubiese deseado verme tan lívida como en la mañana, tal vez así habría tenido una oportunidad de esconder mi sonrojo, pero la inesperada visita del Dr. Cullen me subió mucha sangre a la cabeza. Y esta revelación termino desarmando cualquiera de mis defensas.

-No me malentienda –continuo mientras se ponía el estetoscopio para escuchar los latidos de mi corazón que se acrecentaron al recordar a su hijo- mi esposa también esta muy preocupada por usted; ella me ha pedido que explique su situación a su familia. Aunque parece que algunas cosas son inevitables.

Su mirada de disgusto y reprobación se dirigió hacia mi cuello donde una marca larga y rojiza escondía una cicatriz en plena cauteración.

-Esto –dije cubriéndome instintivamente- ha sido un accidente.

-Señorita, Swan. Soy medico y se mucho de accidentes; por lo cual le puedo decir que lo suyo no ha sido nada de eso.

Mi sonrojo se acrecentó, y creí poder ver en las facciones perfectas del patriarca de los Cullen una sonrisa de compadecencia.

-Srita. Swan, yo he venido a atenderla. No ha juzgarla; aunque quiero que sepa que estoy en contra de cualquier método de disciplina física y violenta. No importa la razón. Y mucho menos si usted ha buscado hacer un bien por su familia.

-¿Usted sabe lo del trabajo? –pregunte sin mirarle a los ojos.

-Solo superficialmente. Pero lo suficiente como para entender por que mi esposa me pidió venir y explicarle a su familia que usted muy amablemente se ofreció a ayudar a mi enferma esposa a arreglar su nueva librería. Que por cierto va a abrir el siguiente lunes. Esta demás decir que mi esposa la espera ansiosamente.

Lo mire con súbita sorpresa.

-¿Enferma? –pregunte asustada. En todo el tiempo que conocí a la Sra. Cullen nunca me pareció que ella pudiese estar enferma.

-Bueno, como dije eso fue lo que me pidieron que dijese –acepto con un guiño pícaro.

Me debería de sentir aliviada. Este hombre acababa de salvarme del mayor predicamento de mi existencia; pero en cambio sentía una extrema culpa y tristeza. Estas personas sin conocerme realmente me habían dado un trabajo, escuchado a mis problemas, ayudado cuando estaba en problemas, y de forma involuntaria brindado su amistad. Eso sin contar que uno de sus hijos me salvo la vida.

La balanza estaba totalmente descolocada. No había nada en mí que pudiese compensar sus atenciones. Ni siquiera mi conciencia podía tener el consuelo de haber cumplido la promesa que le hice a la Sra. Cullen. No acabe el trabajo encomendado.

-Desearía poder hacer algo por ustedes –comente con una voz pequeña y rota, mientras el Dr. Cullen deponía un termómetro en mi boca y después chequeaba mi pierna adolorida.

-Recupérese –dijo con simplicidad.

Lo hacia sonar tan fácil. Y era tan simple que no podía ser suficiente.

-Bien, su pierna no esta rota, por pura suerte-dijo todavía indignado. Su expresión me recordó un poco a la de la Sra. Esme- solo esta bastante hinchada. Le recomiendo absoluto reposo; varias compresas frías y una alimentación con mucho color.

Me le quede viendo a su sonriente rostro, digno de cualquier rey, sin entender; al final él comprendió mi confusión y se echo a reír.

-Frutas y verduras, Srita. Swan,

-Claro, frutas y verduras, entendido –musite otra vez colorada como un jitomate.

-Al menos parece que ya le regreso el color –observo con una sonrisita el Doctor.

No podía creer que este hombre fuese el padre de Edward. Bueno, realmente no lo era. Pero al menos eran familia; y ambos tan diferentes. Aun cuando conservaban las mismas características físicas, su belleza irracional, su misteriosa aura, sus ojos ocre. La personalidad irradiante y sabia de uno se comparaba con la misteriosa e introvertida del otro. Como el sol y la luna.

Y sien embargo, viendo a este hombre alegre no podía creer en la advertencia de Edward. ¿Cómo podía una familia encabezada por un hombre tan bueno y compuesta por personas de tan buen corazón ser peligrosa? Era irracional.

-Hablando en serio, este no ha sido ningún accidente Srita. Swan –comento sorprendiéndome por su repentino cambio de estado de ánimo. Tal vez si había cierta resemblanza entre el y su hijo- ¿Quién fue el que le hizo esto? ¿Fue acaso… su padre? –pregunto con una gran intensidad en su mirada.

Sudor frio recorrió mi espalda.

-¡No! ¡Claro que no! –Dije mas alto de lo que esperaba- Lo siento, no fue mi intensión gritarle.

-No se preocupe –acepto amable aunque seguia serio- de todas formas, dudaba que un hombre tan recto como él fuese el causante de esto.

-Es verdad, él ni siquiera sabe lo que me ha pasado. No ha venido a casa en varios días.

-Si –acepto él, cambiando de tema para mi alegría- parece que hay un problema con una panda de criminales en los alrededores. Demasiado trabajo para un solo hombre.

Su comentario se acompaño de un aire sombrío, haciendo que el asunto sonase más grande de lo que era. O tal vez lo era. Por un minuto me permití entrar en pánico al pensar en los peligros que mi padre pudiese estar afrontando. Pero el llevaba treinta cinco años en el servicio. Y hasta ahora ningún criminal le había logrado dar jaque.

Me recordé eso para calmarme cuando la voz del Dr. Cullen me trajo de vuelta a la realidad.

-La razón que sea Srita. Swan, usted no debe dejar que este tipo de incidentes sucedan más. Debe hacer algo.

-No hay mucho que se pueda hacer ante la torpeza –intente poner una sonrisa y la cara mas inocente que tenía, pero mi mentira se olía a kilómetros.

Él suspiro frustrado. Y termino de ponerme as últimas compresas en los brazos. Yo me sentía incomoda y apenada. Deseaba decirle la verdad que me pedía, pero ¿Qué bien le haría a él o a mi?

Cuando empezó a empacar de nuevo sus utensilios supe que debía utilizar esa oportunidad para quitarme una duda que me estaba matando.

-Dr. Cullen hay algo que todavía no entiendo –balbucee.

-¿Y que sería eso, Srita Swan?

-Es… bueno… ¿Cómo es que supo Edward que estaba enferma?

El Dr. Cullen se detuvo en sus labores y después con aire misterioso me contesto.

-Edward tiene sus métodos… además usted esta bajo su constante vigilia.

-¿Yo? –pregunte confundida yd e nuevo sonrojada.

-Si -se rasco la barbilla y miro hacia el techo esperando encontrar las palabras correctas- usted ha despertado un interés en él que no había visto desde… bueno, nunca.

Para ninguna sorpresa de los dos me sonroje de nuevo.

-Vaya, no veo como. Soy la persona menos interesante del mundo.

-Usted se sorprendería de saber lo equivocada que esta –me dijo con una sonrisa y levantándose de su asiento.

-¿Cuánto será por la consulta? –pregunte apenada. No podía dejar que un medico del calibre de él, que inclusive mi padre se dirigía con respeto y admiración, viniese hasta esta casa y se fuera con las manos vacías.

-Ya se lo dije, solo recupérese –me pidió con paciencia a pesar de mi fastidiosa obstinación. Pero un segundo después frunció los labios y añadió.

-Su tía parecía bastante obstinada en que se recuperase antes de la fiesta de compromiso de la Srita. Lauren. Como su medico yo le recomiendo que aunque se sienta mejor, no debería asistir.

-Si estuviese en mis manos no lo haría –añadí con tristeza.

-Es extraño porque ellas fueron las que me comentaron su entusiasmo por ir. Pero ya veo la verdadera causa –me comprendió con un asentimiento y suspiro- realmente lo lamento que este obligada a asistir. Intente no esforzarse mucho.

-Créame que yo también.

Ambos nos quedamos silenciosos por un momento hasta que el doctor sonrió y removió su maletín, buscando algo en el interior.

-Sabe, si hay un favor que quiero pedirle. Aunque no es para mí.

-¿Cuál seria? –acepte de buena gana. Le debía bastante que con un favor no bastaba.

-Mi familia si va a asistir al baile. Y mi hijo quería saber si usted le daría el honor de bailar una pieza con él.

-¡¿Qué?! –pregunte atónita.

-Claro, no esta obligada –se corrigió apenado.

-No, no es eso. Es solo que yo siempre he creído que no soy del agrado de su hijo.

-Ahí se equivoca otra vez, Srita. Swan. ¿Lo aceptara?

Deseaba advertirle de los peligros que se sufrían cuando yo me acercaba a una pista de baile; y que si bailaba con su hijo seria capaz de crear una escena tan vergonzosa que su familia podría recordarlo por generaciones.

Pero yo no podía negármele. No después de todo lo que habían hecho por mí. Así que asentí con un ligero rubor en mis mejillas y las manos temblorosas.

-Perfecto –exclamo con una sonrisa- ah, casi se me olvidaba.

Por fin saco su mano de su maleta y me extendió un libro color café. Lo tome indecisa y lo examine. Era algo grande y estaba un poco roído de las esquinas, se veía bastante antiguo, aunque su titulo todavía relucía con letras doradas en la portada.

-¿Hamlet? –pregunte extrañada.

-Es un regalo de mi hijo. ¿Conoce la historia?

-Si. Siempre me ha gustado Shakespeare –esa era una verdad- Pero se me hace un poco extraña la selección.

-Tal vez se un poco rara para las circunstancias. Pero… -su vista se perdió extrañamente detrás de mi- creo que mi hijo quiere que le comprenda un poco.

-¿Qué le comprenda?

-Si, siempre he tenido la impresión de que él se identifica con el personaje de Hamlet.

Eso me dejo perpleja y sin habla. Aunque el saber cualquier dato desconocido, aunque mínimo que sea, acerca de Edward siempre me dejaba en la misma posición.

-Bien, Srita. Swan cuídese y espero verla recuperada pronto. Nos veremos en el baile.

-Si nos veremos.

Cuando por fin escuche los pasos del Dr. Cullen y las falsas preguntas de preocupación de mi tía alejarse por el pasillo de la entrada, me permití descansar un poco y observe con curiosidad el libro regalado.

Suspire y me deje perder entre los campos bañados por la nieve y el rojo del ocaso que se lograban ver por el pequeño espacio de mi ventana.

Este seria un largo día para recuperarme, pero por sobre todas las cosas al hecho de saber que tendría que bailar con Edward Cullen.

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El avance del siguiente capitulo es el mismo, pero ahora si. El baile se viene ¿como hará Bella para evitar a sus futuros prospectos y bailar con´èl unico chico que le interesa?

Gracias por sus revis n.n y esta vez espero poder actualizar en una semana o dos a lo mucho. XD examenes OVER; lo malo es que los proyectos finales se vienen en puerta T.T Damn my life... y mi escuela que no me da vacaciones...