Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Últimos diez capítulos de la historia, parece mentira. Quiero agradecerles a todos por el apoyo y la compañía.

Cuando conté los galanes que necesitaría (23) pensé que podría abarcarlo fácilmente con los personajes más conocidos, pero al final me seguían faltando. Por eso tuve que apelar a ciertos personajes de Akatsuki y de aldeas vecinas, como en el presente caso. Y para que se sepa de una vez por todas: los galanes aparecen en orden alfabético. LA VERDAD SE HA REVELADO XDDD Quizá ya se hayan dado cuenta o quizá no. Como quedan poquitos ya podrán deducir quiénes faltan.

Me queda saludar a los anónimos Vicky: me alegra que te haya gustado la historia, gracias por leer y comentar n.n Hina-Hyuuga: qué bueno que te guste, ya veremos qué hace Hinata, muchas gracias! kds: y por eso no hay que leer fics con los sobrinos al lado jajajaja Parece mentira pero sí, ya estamos en el tramo final, gracias por seguir allí n.n

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


21 de abril

Omoi


Había transitado por demasiadas emociones fuertes, por vaivenes anímicos que todavía la tenían demasiado alterada como para sobrellevar esa nueva jornada con normalidad. Tuvo un mal día en la escuela, regresó estresada y distraída, se olvidó de tomar un baño y ahora estaba ahí, en el café, con un chico lindo pero terrible e inflexiblemente pesimista.

-Mientras estamos aquí sentados, un sinnúmero de desgracias están ocurriendo en el mundo sin que nos demos por enterados –lamentó Omoi.

-Su-Supongo que así es –admitió Hinata, nerviosa.

-Quién habrá llorado, quién se habrá accidentado y quién se habrá despedido para siempre de un ser querido en este minuto que pasó.

-Eh…¿eh? –articuló ella, a medias interrogativa y a medias espantada.

Luego, inquieta, miró por la ventana buscando inspiración para disuadirlo de esa apocalíptica forma de ver el mundo, pero por más que lo intentó no encontró ninguna táctica apaciguadora. Definitivamente no estaba en su mejor momento, su corazón se hallaba en otra parte.

Como Hinata permanecía en silencio, Omoi continuó:

-Bebemos café tranquilamente, pero tal vez más tarde, cuando las angustias del día desciendan sobre nosotros, nos caerá como una patada en el estómago.

-Sólo es un café –se atrevió a decir ella.

-No importa, a veces las cosas aparentemente más inofensivas son las que terminan con nuestra salud o con nuestra felicidad.

La joven, perpleja, asintió lentamente con la cabeza. Omoi tenía un rostro dulce y una mirada transparente, parecía un niño, pero de niño sólo tenía la ingenuidad. En realidad el tipo cargaba con años y años de frustraciones, reveses, decepciones, penalidades y tragedias, llevaba sobre sus hombros el fatídico peso de las desgracias universales y no parecía muy dispuesto a abandonarlo.

Hinata se resignó. Luego Omoi empezó a enumerar una serie de calamidades posibles dadas las mil y una contingencias que podrían presentarse una vez que salieran de allí. Muy poco espacio le dejó a la incertidumbre, pues él ya había trazado un exhaustivo plano mental de causas y consecuencias –en mayor medida desastrosas- que ocurrirían si Hinata, por ejemplo, doblaba en tal esquina o andaba por tal calle. El mundo era realmente un lugar aterrador.

Lo toleró cuanto pudo, ayudándose con algún que otro guiño cómplice que Naruto le lanzaba a la distancia. Casi había olvidado que allí tenía un refugio, aunque a Sasuke le brotaran ulceraciones cada vez que lo veía.

Nada mejor que una fugaz mirada alegre para combatir dos horas de apoteósico pesimismo, o la que saldría vulnerable a todo tipo de catástrofe sería ella. ¿Y luego quién juntaría los pedazos?

-o-

De camino a casa, nada raro sucedió. Llegó hasta la puerta del edificio sana y salva, cabeceó para ver si lo veía en los alrededores o en el taller, pero no lo encontró. Contrariada, decidió seguir caminando por si él la veía a ella, luego giró en la esquina –atenta a las posibles desgracias- y siguió caminando hasta dar la vuelta completa a la manzana sin que Sasuke diese señales de vida.

Desilusionada, se armó de valor y cruzó. La única manera de disculpar la "grosería" de no haberla buscado sería si lo encontraba trabajando, y fue así, precisamente, como lo encontró.

Sasuke estaba inclinado sobre un enrevesado motor descompuesto, por lo que al principio no reparó en su presencia. Entonces Hinata carraspeó y por fin obtuvo su atención.

-Hyuuga –dijo él, asombrado. Estiró la mano para tomar un paño y se limpió mientras se acercaba a ella.

Hinata contempló su remera sin mangas manchada de grasa, su pelo revuelto, la parte superior del overol caída en torno a su cintura, y se le cortó el aliento. En verdad era guapo, recién ahora empezaba a reparar en el detalle. Si sus amigas, las primeras en notarlo aquel lejano primero de abril, supieran de su negligencia visual crónica, le habrían propinado unos cuantos correctivos.

-Me-Me parecía raro que no vi-vinieras a…

-¿A buscarte? –completó él.

-¿Mucho t-trabajo?

-¿Una cita interesante?

Durante unos instantes se midieron con la mirada, impasible la de él, desconcertada la de ella. Esta vez fue Hinata, no Sasuke, quien inició el contacto, por lo que uno se limitó a esperar y la otra empezó a pensar en lo que debería decir.

-Interesante –mintió Hinata, porque tenía un orgullo que proteger.

-Bien por ti –repuso él, que también tenía el suyo.

-Era un chico m-muy inteligente.

-Genial.

-Y lindo.

-Qué bueno.

-Y considerado –se regodeó ella.

La irritación de Sasuke fue en aumento.

-Mujer afortunada –masculló entre dientes.

Y luego se produjo otro lapso de incómodo silencio, fijos los ojos de uno en el otro cual pareja de dorama coreano: reclamo versus compromiso, indolencia versus determinación, vanidad masculina vapuleada versus dignidad femenina autosuficiente. Sasuke, sin duda, sobresalía en la puja, pero Hinata hacía grandes esfuerzos para estar a la altura y le salía bastante bien.

Ninguno de los dos quería ceder y ninguno de los dos retrocedería. Cada uno de ellos, por diversas razones, se mantuvo firme ante la inquebrantable resolución ajena, convencido de que la instancia que atravesaba su problemática relación le daba derecho a enfurruñarse.

El doramesco combate visual se prolongó durante unos instantes más hasta que Sasuke, ceñudo, arrojó el paño a cualquier parte y volvió a su trabajo sin emitir vocablo. Hinata, por su lado, aún permaneció allí parada para seguir marcando… alguna clase de territorio. No estaba muy segura de lo que sucedía, pero supuso que con eso iniciaban una nueva etapa.

La etapa de ver quién flaqueaba primero, supuso. Evidentemente, Sasuke tomó la decisión de abstenerse de ir a buscarla, resentido con su forma de conducirse a pesar de que prácticamente había aceptado sus sentimientos. Y ella, aunque lo comprendía, no se dejó amilanar, pues estaba más que dispuesta a seguir adelante según lo pactado.

-Con que esas t-tenemos –murmuró-. Bien, nos veremos mañana.

-Haz lo que quieras, Hyuuga.

-Eso es p-precisamente lo que haré, Sasuke-kun.

Y se marchó. Él, disgustado e insatisfecho, la observó de reojo mientras cruzaba la calle.


Quiero aclarar que Omoi me gusta mucho, es muy lindo así de negativo y todo n.n